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Correspondencia entre

Marx y Engels

1847 - 1882


1847

Engels

CARTA A KARL MARX

París, 23-24 de noviembre de 1847  

 

PIENSA un poco sobre la profesión de fe.[1] Creo que sería mejor abandonar la forma de catecismo y llamar la cosa así: Manifiesto Comunista. Como es preciso hacer un relato histórico de cierta extensión, la forma que ha tenido hasta ahora es bastante inapropiada. Llevaré conmigo lo que he hecho aquí[2] ¡es simplemente una narración, pero miserablemente compuesta en terrible prisa! Comienzo así: ¿Qué es el comunismo? Y luego voy derecho al proletariado: la historia de su origen, su diferencia con obreros anteriores, el desarrollo de la contradicción entre el proletariado y la burguesía, las crisis, los resultados. Mechado con esto, toda clase de asuntos secundarios, y finalmente la política de partido de los comunistas, en la medida en que pueda hacerse pública. Lo que aquí tengo, todavía no ha sido sometido a aprobación, pero a excepción de unos pocos y pequeños detalles, espero terminarlo en una forma en que por lo menos no haya nada contrario a nuestras opiniones...

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[1] En borrador del Manifiesto Comunista.

 

[2] Engels se encontró con Marx en Ostende, el 27 de noviembre, de donde partieron juntos para asistir al Segundo Congreso de la Liga Comunista, verificado el 29 de noviembre. (N. Ed. Ingl.)

 

 

 

1848

F. Engels

CARTA A KARL MARX  

Barmen, 25 de abril de 1848

 

PODEMOS contar muy poco con la participación de este lugar, Blanc, a quien ya le había escrito sobre el asunto, y que sigue siendo el mejor del grupo, se ha transformado en la práctica en un burgués, y los otros todavía más, ahora que están establecidos y han entrado en conflicto con los obreros. La gente rehúye como la peste cualquier discusión sobre problemas sociales; la llaman incitación. He malgastado las más finas flores de la oratoria y he ejercido toda forma posible de diplomacia, pero siempre he obtenido respuestas titubeantes. Ahora haré un intento final, y si fracasa, todo terminará. Dentro de dos o tres días sabrás definitivamente el resultado. En el fondo, la cosa es que también estos burgueses avanzados ven en nosotros a sus principales enemigos del futuro, y no quieren poner en nuestras manos armas que muy pronto volveríamos contra ellos.

 

 

1851

K. Marx

CARTA A FRIEDRICH ENGELS

Londres, 7 de enero de 1851

TE escribo hoy para que te plantees una questiuncula theoretica [un pequeño problema teórico], desde luego naturae politico-economicae [de naturaleza político-económica]. Tú sabes, para empezar por el principio, que de acuerdo a la teoría de Ricardo, la renta no es más que la diferencia entre el costo de la producción y el precio del producto de la tierra; o, como también lo expresa, la diferencia entre el precio a que debe vender la peor tierra a fin de cubrir los gastos (el beneficio del agricultor y el interés siempre van incluidos en los gastos), y el precio a que puede vender la mejor tierra.

De acuerdo a su propia exposición de su teoría, el aumento de la renta demuestra:

1) Que se producen tipos de tierras cada vez más pobres, o que la misma cantidad de capital, aplicada sucesivamente a la misma tierra, no produce el mismo resultado. En una palabra: la tierra se deteriora en la misma medida en que la población se ve obligada a exigir más de ella. Se torna relativamente menos fértil. Aquí es donde Malthus encontró el fundamento real de su teoría de la población, y donde sus discípulos buscan ahora su tabla de salvación.

2) La renta sólo puede subir cuando sube el precio del cereal (al menos con legalidad económica); debe caer con la caída de este último.

3) Cuando aumenta el arrendamiento en todo un país, esto únicamente puede explicarse por el hecho de que ha sido sometida a cultivo una gran cantidad de tierra relativamente más pobre.

Pues bien: estas tres proposiciones son contradichas en todas partes por la historia:

1) No cabe duda de que a medida que progresa la civilización, son sometidos a cultivo tipos de tierras cada vez más pobres. Pero tampoco cabe duda de que, como resultado del progreso de la ciencia y de la industria, estos tipos más pobres de tierras son relativamente buenos en comparación con los buenos tipos anteriores.

2) Desde 1815, el precio del cereal ha bajado —irregular, pero constantemente— de 90 a 50 shillings[*] y todavía menos, y esto antes de la derogación de las Corn Laws (Leyes sobre los Cereales). La renta ha subido continuamente. Esto, en Inglaterra. En el continente, teniendo en cuenta la diferencia de condiciones, ha ocurrido en todas partes lo mismo.

3) En cualquier país encontramos, como ya lo había notado Petty, que cuando bajaba el precio del cereal subía el arrendamiento total del país. El punto principal de todo esto consiste en ajustar la ley de la renta al progreso de la fertilidad de la agricultura en general; esta es la única manera en que pueden explicarse los hechos históricos y la única de superar la teoría de Malthus del deterioro, no sólo por la fuerza de trabajo, sino también del suelo.

Creo que el asunto se puede explicar sencillamente del siguiente modo:

Supongamos que, en una etapa dada de la agricultura, el precio del trigo sea de siete shillings el cuarto de quintal, y que un acre de tierra de la mejor calidad, que pague una renta de diez shillings, produzca 20 bushels.[**] El rendimiento del acre es, pues, de 20 por 7, o sea 140 shillings. En este caso, el costo de producción es de 130 shillings luego, 130 shillings es el precio del producto del peor suelo sometido a cultivo.

Supongamos que tenga ahora lugar un progreso general de la agricultura. Al suponer esto damos por descontado, al mismo tiempo, que la ciencia, la industria y la población también crecen. Un aumento general de la productividad del suelo, debido a progresos, presupone estas condiciones, a diferencia de la productividad debida simplemente al accidente de una estación favorable.

Digamos que el precio del trigo cae de 7 a 5 shillings por cuarto de quintal, y que la mejor tierra, la No. 1, que antes producía 20 bushels, ahora produce 30 bushels. Por consiguiente produce, en lugar de 20 por 7, o sea 140 shillings, 30 por 5, o sea 150 shillings. Es decir, una renta de 20 shillings en lugar de la anterior de 10 shillings. La tierra más pobre, que no da renta, debe producir 26 bushels, pues, de acuerdo a nuestra suposición anterior, el precio necesario de estos es 130 shillings, y 26 por 5 es igual a 130. Si el mejoramiento, es decir, el progreso general de la ciencia, que va mano a mano con el progreso general de la sociedad, la población, etcétera, no es tan general que la tierra más pobre que deba someterse a cultivo pueda producir 26 bushels, entonces el precio del cereal no puede caer a 5 shillings por cuarto de quintal.

Como antes, los 20 shillings de renta expresan la diferencia entre el costo de producción y el precio del cereal en el mejor suelo, o entre el costo de producción en la peor tierra y en la mejor. Relativamente, una de las porciones de tierra sigue siendo tan poco fértil como antes, en comparación con la otra. Pero, la fertilidad general ha aumentado.

Todo lo que se presupone es que si el precio del cereal cae de 7 shillings a 5, el consumo aumenta en la misma proporción, o que la productividad no excede la demanda que puede esperarse al precio de 5 shillings. Si bien esta suposición sería enteramente falsa si el precio hubiese caído de 7 a 5 shillings debido a una cosecha excepcionalmente abundante, es igualmente necesaria ahí donde el aumento de la productividad es gradual y promovido por los productores mismos. En todo caso, sólo estamos tratando de la posibilidad económica de esta hipótesis.

Se sigue que:

1) La renta puede subir aun cuando caiga el precio de los productos del suelo, y sin embargo la ley de Ricardo conserva su validez.

2) La ley de la renta, tal como fuera expresada por Ricardo en su forma más simple, aparte de su aplicación, no supone la fertilidad decreciente del suelo, sino (a pesar del hecho de que la fertilidad general del suelo aumenta según se desarrolla la sociedad) que presupone únicamente diferentes grados de fertilidad en diferentes trozos de tierra, o diferentes resultados de la aplicación sucesiva del capital a la misma tierra.

3) Cuanto más general es el mejoramiento del suelo, tanto mayor número de tipos de tierra comprenderá, y el arrendamiento de todo el país puede subir aun cuando haya bajado el precio del cereal en general. Tomando el ejemplo anterior, el único problema será saber qué cantidad de tierra produce más de 26 bushels a 5 shillings sin tener que producir exactamente 30; es decir, qué variedad hay en la calidad de la tierra, comprendida entre el mejor y el peor grado. Esto no tiene nada que ver con la tasa de la renta de la mejor tierra. No afecta directamente a la tasa de renta en general.

Tú sabes que el principal punto acerca de la renta es que se produce igualando el precio de los resultados de diferentes costos de producción, pero que esta ley del precio del mercado no es sino una ley de la competencia burguesa. Pero aun si la producción burguesa fuese suprimida, quedaría el problema crucial de que el suelo se vuelve relativamente menos fértil y que el mismo trabajo produce sucesivamente menos, aunque ya no se daría el caso, del sistema burgués, que el producido de la mejor tierra fuese tan caro como el de la peor. Conforme a lo que ha sido dicho más arriba, esta objeción caería por tierra.

Te ruego me des tu opinión sobre el tema.

 

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[*] Shilling (chelín), moneda inglesa. (N. de la Red.)

 

[**] Bushel, unidad de medida para granos, legumbres y otros frutos secos. (N. de la Red.)

 

 

 

F. Engels

CARTA A KARL MARX

[Manchester], 29 de enero [de 1851]

 

DE todos modos, tu nuevo material sobre la renta del suelo es perfectamente correcto. Nunca me pudo convencer la afirmación de Ricardo de que la improductividad de la tierra crece junto con la población, y tampoco pude hallar nunca una confirmación de su afirmación de que el precio del cereal aumenta, pero con mi conocida pereza en cuestiones teóricas tomé con calma los rezongos interiores de mi mejor yo y nunca fui al fondo del asunto. No cabe duda de que tu solución es la correcta y de que has adquirido de este modo nuevo derecho al título de el economista de la renta del suelo. Si quedara en el mundo algún derecho o justicia, la renta del suelo de toda la Tierra debiera ser tuya al menos durante un año, y aun esto sería lo menos que tendrías el derecho de reclamar.

Nunca pude meterme en la cabeza cómo era que Ricardo. en su definición sencilla, representa la renta del suelo como la diferencia de productividad entre las diferentes clases de tierra, pero en prueba de su proposición: 1) no reconoce otro factor' que la inclusión de tipos de tierras cada vez más pobres; 2) ignora totalmente el progreso de la agricultura; y 3) termina por abandonar prácticamente por entero el punto referente al sometimiento al cultivo de los peores tipos de tierra, y en cambio trabaja todo el tiempo con la premisa de que el capital aplicado sucesivamente a un campo dado contribuye continuamente menos al aumento de rendimiento. La proposición a probar era tan clara como remotas las razones propuestas para la prueba, y tú recordarás que en los Deutsch-Franzósische Jahrbücher[1] yo ya había puesto en duda la teoría de la productividad creciente, fundándome en el progreso de la agricultura científica; desde luego que muy crudamente y sin desarrollo coherente. Tú has aclarado ahora el asunto, y esta es una razón más por la cual debieras apurarte a completar y publicar la Economía[2] Si se pudiera publicar la traducción de un artículo tuyo sobre la renta del suelo en un periódico inglés, atraería una enorme atención. Piénsalo; yo me encargaré de la traducción.

 

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[1] Anales Francoalemanes (1843-1844).

 

[2] La Crítica de la economía política, de Marx (1859).

 


 

 

F. ENGELS

CARTA A MARX

[Manchester], 5 de febrero de 1851 

 

LOS librecambistas están haciendo uso de la prosperidad, o semi-prosperidad, para comprar al proletariado, y John Watts está haciendo de comisionista. Tú conoces el nuevo plan de Cobden: una Asociación Nacional de la Escuela Gratuita para hacer pasar una ley que autorice a los municipios a imponer por su cuenta impuestos locales para la creación de escuelas. La cosa está siendo espléndidamente impulsada. En Salford ya se han establecido una biblioteca gratuita y un museo. El préstamo de libros y la sala de lectura son gratis. En Manchester, La Casa de la Ciencia —y en este caso, como lo reconoció con la mayor gracia el alcalde, Watts fue realmente el corredor— fue adquirida por suscripción pública (cerca de 7 000 £ en total) y también será transformada en una biblioteca gratuita. Será abierta a fines de julio y contará al comienzo con 14 000 volúmenes. Todas las reuniones y asambleas realizadas a estos propósitos atruenan con elogios a los obreros y especialmente al benemérito, modesto, útil Watts, quien está ahora en los mejores términos con el Obispo de Manchester. Ya preveo el estadillo de indignación ante la ingratitud de los obreros, que se desbandarán por todos los costados al primer choque.

 

K. Marx

CARTA A ENGELS

Londres, 2 de abril de 1851

 

LO peor de ello es que me ha interrumpido súbitamente mis estudios en la biblioteca.[1] He llegado tan lejos que podré terminar con toda la porquería económica en cinco semanas. Hecho esto elaboraré la economía en casa  y arremeteré contra otra ciencia en el Museo. Esto está empezando a aburrirme. En esencia, esta ciencia no ha progresado desde A. Smith y D. Ricardo, si bien tanto se ha hecho en lo que respecta a investigaciones especiales y con frecuencia superdelicadas.

 

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[1] Marx trabaja en la Sala de lectura del Museo Británico. La interrupción se debla al parto y enfermedad de su mujer en un momento de desesperada estrechez pecuniaria. (N. Ed. Ingl.)

 

 

 

 

F. ENGELS

CARTA A MARX

[Manchester], 23 de mayo de 1851  

 

CUANTO más pienso sobre el asunto, tanto más claramente se me aparece que los polacos como nación están acabados y sólo pueden ser empleados como instrumentos hasta que la propia Rusia sea arrastrada a la revolución agraria. A partir de ese momento, Polonia no tendrá en absoluto razón de existir. Los polacos nunca han hecho en la historia otra cosa que jugar a la estupidez fanfarrona y camorrera. Y no se puede señalar un solo ejemplo de que Polonia haya representado exitosamente el progreso, siquiera en relación con Rusia, y que haya hecho cosa alguna de importancia histórica. En cambio, Rusia es realmente progresista en relación con el Oriente. A pesar de su bajeza y de la roña eslava, la dominación rusa es un elemento civilizador en el Mar Negro, en el Caspio y en Asia Central y entre los bashkires y tártaros, y Rusia ha absorbido muchos más elementos civilizadores, y especialmente industriales, que los polacos, cuya naturaleza entera es la del ocioso caballero. El sólo hecho de que la aristocracia rusa —desde el Zar y el Príncipe Demidov hasta el más piojoso boyardo de la clase decimocuarta, que sólo es blahorodno (bien nacido)—, fabrica, trafica, entrampa, se permite ser corrupta y hacer toda clase posible de negocios, cristianos o judíos, es ya una ventaja. Polonia nunca ha sido capaz de nacionalizar elementos extranjeros. Los alemanes de las ciudades son y siguen siendo alemanes. Todo germano-ruso de la segunda generación es un ejemplo viviente de la facultad rusa de rusificar alemanes y judíos. Incluso los judíos adquieren ahí pómulos eslavos.

Las guerras napoleónicas de 1807 y 1812 ofrecen notables ejemplos de la “inmortalidad” de Polonia. Lo único inmortal de Polonia fue su hábito de recoger camorras infundadas. A esto se agrega que la mayor parte de Polonia, la llamada Rusia Blanca —es decir, Byelostok, Grodno, Vilna, Smolensk, Minsk, Moghilev, Volhynia y Podolia— se han dejado gobernar por los ruso,; tranquilamente, con pocas excepciones, desde 1772; a excepción de unos pocos ciudadanos y nobles aquí y allá, nunca se han agitado. Una cuarta parte de Polonia habla el lituano, otra cuarta parte el ruteno y una pequeña parte semirruso, mientras que de la zona polaca propiamente dicha, una tercera parte está germanizada.

Afortunadamente, en la Neue Rheinische Zeitung, nunca contrajimos ninguna obligación positiva para los polacos, excepto la inevitable de su restauración con fronteras adecuadas; y aun esto sólo a condición de una revolución agraria. Estoy seguro de que esta revolución se llevará completamente a cabo antes en Rusia que en Polonia, debido al carácter nacional y a que los elementos burgueses están más desarrollados en Rusia. ¿Qué son Varsovia y Cracovia comparadas con Petersburgo, Moscú, Odesa, etcétera?

Conclusión: quitar todo lo posible de la Polonia occidental, ocupar con alemanes sus fortalezas, especialmente Posen, so pretexto de la defensa, dejarlos que se hagan un lío, conducirlos al fuego, comerles su país, alimentarlos con esperanzas acerca de Riga y Odesa, y, si puede lograrse que se muevan los rusos, contraer con ellos una alianza y obligar a los polacos a irse. Cada pulgada del límite desde Memel a Cracovia que se les conceda a los polacos, arruina por completo a esta frontera ya miserablemente débil desde el punto de vista militar, y expone toda la costa báltica hasta Stettin.

Más aún: estoy convencido de que cuando ocurra la próxima pendencia, toda la insurrección polaca se limitará a los nobles de Posen y Galitzia con unos pocos adherentes del reino, pues el país está tan espantosamente exhausto que no puede hacer nada más; y las pretensiones de esos caballeros, a menos que sean apoyadas por franceses, escandinavos, etc., y fortalecidas por una trifulca en Checoslovaquia, se desplomarán a consecuencia de su miserable ejecución. Una nación que a lo sumo puede poner en pie de guerra veinte a treinta mil hombres, no cuenta. Y Polonia no puede ciertamente hacer mucho más que eso.

 

K. Marx

CARTA A ENGELS 

Londres, 13 de julio de 1851

... De tu carta deduzco que mientras tu viejo[1] estuvo en Manchester, tú nunca supiste que en la Kólnische Zeitung (La Gaceta de Colonia) se publicó un segundo documento con el título de “La Liga Comunista”.[2]

Se trata del mensaje a la Liga que redactamos juntos; en el fondo, nada más que un plan de guerra contra la democracia. Desde cierto punto de vista su publicación fue buena, en contraste con el documento de Bürgers con su forma más o menos absurda y su asunto no muy consolador. Pero, por otra parte, varios pasajes podrán hacer las cosas más difíciles para los actuales presos.[3]

Me enteran (...) desde Colonia que Bürgers escribe muy lúgubremente desde Dresden. Por otra parte, hay en Colonia la creencia general de que Daniels será puesto en libertad; no hay nada contra él y todos los gritones de la ciudad sagrada gritan en su favor. Naturalmente que lo consideran incapaz de tales “payasadas”.

Miquel  ha escrito de . Su casa ha sido registrada varias veces. No se encontró nada. No ha estado arrestado.

Cinco nuevos emisarios —caballeros— han ido de Göttingen a Berlín, etc. La persecución de los judíos aumenta, naturalmente, el celo y el interés. Lo más gracioso de esto es que el imbécil Augsburger Allgemeine Zeítung (Gaceta General de Augsburg) prohíja el documento que les escribimos a los señores Mazzini y Ruge, se golpea repetidamente el pecho y no puede hallar.,mejor modo de expresar el shock mental que gritando “¡Locura! “ repetidas veces. "¡Locura! ¡Locura!"

El periódico de Tréveris[4] —es decir, Karl Grün— ha asumido naturalmente una actitud arrogante probando, mediante el primer documento, la impotencia material, y mediante el segundo, la impotencia “espiritual” del partido. Desde luego, no faltan frases ilustradas y de lo más extremadamente “anarquistas”. ¡Todo ha de hacerse desde arriba! ¡Un estado policial! ¡Aquellos cuyas opiniones difieren deben ser formalmente excomulgados y excluidos! ¡Mon Dieu! ¡Esto es más de lo que uno pueda aguantar!

 

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[1] El padre de Engels.

 

[2] Mensaje del Comité de Londres de la Liga Comunista (marzo de 1850), en el que Marx y Engels, analizando la revolución de 1848-1849, explicaban sus opiniones sobre los problemas tácticos a los demás miembros del partido.

 

[3] Once mie

mbros de la Liga Comunista de Alemania habían sido arrestados en mayo de 1851. El mensaje de Marx y Engels fue publicado por la Kolnische Zeitung como prueba contra los presos. El proceso tuvo lugar en Colonia, de octubre a noviembre de 1852. Tres de los presos fueron sentenciados a prisión por tres años (por “intentar alta traición”), tres a cinco años y uno a tres años. El resto fue absuelto. El folleto de Marx sobre el proceso, Revelaciones sobre el Proceso a los comunistas en Colonia, fue publicado en febrero de 1853.

 

[4] El Trier'sche Zeitung

 

 

 

F. ENGELS

CARTA A MARX

[Manchester, aprox. 20 de julio de 1851]

ME gusta la carta de Miguel. Al menos piensa el muchacho, y sin duda resultaría muy bueno si viniera al extranjero durante un tiempito. Sus temores acerca de los efectos desfavorables que tendrá sobre los demócratas nuestro documento recientemente publicado[1] son, sin duda, bastante justificados en su distrito; pero esos primitivos campesinos medianos de tendencia democrática de la Baja Sajonia, cuyos traseros ha estado besando últimamente la Kölnische Zeitung, ofreciéndoles una alianza, no están tramando nada y están situados muy por debajo de los demócratas pequeño-burgueses de las grandes poblaciones, por las cuales, son sin embargo, dominados. Y esta democracia pequeñoburguesa, normal, aunque evidentemente muy molesta por este documento, está por su parte demasiado agobiada y exprimida para no llegar, mucho antes que la gran burguesía, a la conclusión de la necesidad de cruzar el mar “rojo”. Los tipos se resignarán cada vez más a la necesidad de un reinado temporario del terror bajo el proletariado; ¡después de todo no puede durar mucho, porque el contenido positivo del documento es tan carente de sentido que no puede imaginarse la dominación permanente de esa gente o la ejecución de tales principios hasta sus últimas consecuencias! En cambio, los campesinos pequeños o medianos de Hannover, que no tienen más que su tierra, y cuya casa, tierra, granero, etc., están expuestos a todos los daños por la rutina de todas las compañías de seguros, desde ya previsible; y que, además de esto, desde los tiempos de Ernesto Augusto han tenido un gran gusto por todas las delicias de la resistencia legal; este labrador alemán acomodado tendrá mucho cuidado en no meterse en el mar “rojo” a menos que se vea obligado...

Volvamos al efecto producido por nuestro documento sobre los demócratas. Miguel debiera recordar, empero, que continua e ininterrumpidamente hemos atacado a esos caballeros en escritos que después de todo eran, más o menos, manifiestos del partido. ¿Por qué, entonces, todo este griterío acerca de un programa que sólo resume lo que ya ha sido publicado hace mucho tiempo? ¿Acaso nos repudiaron en esa ocasión nuestros partidarios del continente y se comprometieron con los demócratas más de lo que permitían la política y el honor del partido? Si los demócratas chillaban en forma tan revolucionaria por pura ausencia de resistencia, ¿quién es responsable de su falta de resistencia? Por cierto que no nosotros, sino a lo sumo los comunistas alemanes en Alemania. Y esto parece ser ciertamente el nudo de la cuestión. Cualquier demócrata con alguna inteligencia debe haber sabido de antemano qué podía esperar de nuestro partido; el documento no podía contener mucho que fuera nuevo para él. Si ellos hicieron una alianza temporaria con los comunistas, tenían perfecta conciencia de las condiciones y de la duración de la alianza, y a nadie que no fuese un campesino medio o un abogado hanoverianos podría haberle sorprendido que, desde 1850, los comunistas habían cambiado los principios y la política de la Neue Rheinische Zeitung. Es verdad que Waldeck y Jacoby nunca se permitieron pensar en tales cosas. De todos modos, ninguna publicación de esta clase puede a la larga, hacer nada contra “la naturaleza de las cosas” o contra “la concepción de la relación”, como diría Stirner, y la gritería y las intrigas democráticas oscilarían nuevamente y actuarán mano a mano con los comunistas. Y nosotros sabíamos desde hace tiempo que los tipos le jugarán algunas sucias pasadas al movimiento al día siguiente; ninguna diplomacia puede detener esto.

Por otra parte, el hecho de que, como yo lo había presumido, se están formando pequeños grupos comunistas en todas partes en base al Manifiesto, me ha causado gran placer. Teniendo en cuenta la debilidad de nuestra dirección hasta ahora, esto es justamente lo que nos hacía falta. Siempre se pueden hallar soldados si la situación está bastante desarrollada, pero es muy agradable tener la perspectiva de una dirección que no consista de Straubingers[2] y que permita una selección mejor que la actual, que es tan sólo de un hombre de alguna educación por cada veinticinco. Sería bueno hacer una recomendación general de que se lleve a cabo propaganda entre los oficinistas. Si tuviera que formarse una administración, estos hombres serían indispensables: están acostumbrados al trabajo duro y a la contabilidad inteligible, y el comercio es la única escuela práctica para empleados útiles. Nuestros abogados, etc., no sirven para esto. Empleados para la contabilidad y el trabajo de oficina, hombres con talento y bien educados para redactar despachos, cartas, documentos: esto es lo que necesitamos. Con seis empleados yo podría organizar una rama administrativa infinitamente más sencilla, amplia y práctica que con sesenta consejeros de Estado y expertos en finanzas. Estos últimos ni siquiera saben escribir en forma legible, y emporcan todos los libros en forma tal que nadie podría hacer nada con ellos. En vista de que se estará cada vez más obligado a prepararse para esta eventualidad, el asunto no carece de importancia. Además, estos oficinistas están acostumbrados a la continua actividad mecánica y tienen menos exigencias; es más fácil alejarlos de la holgazanería y, si no sirven, librarse de ellos.

 

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[1] Mensaje del Comité de Londres de la Liga Comunista (marzo de 1850), en el que Marx y Engels, analizando la revolución de 1848-1849, explicaban sus opiniones sobre los problemas tácticos a los demás miembros del partido.

 

[2] Straubingers. Artesanos y obreros de consciencia de clase atrasada y sin desarrollar.

 

 

 

F. ENGELS

CARTA A MARX

[Manchester], 21 de agosto de 1851

HE leído a Proudhon[1] hasta la mitad y encuentro muy acertada tu opinión. Su llamamiento a la burguesía, su retorno a Saint Simon y a otras cien cosas, incluso en la parte crítica, demuestra que considera a la clase industrial, a la burguesía y al proletariado, como realmente idénticos, y puestos en conflicto únicamente por la circunstancia de que la revolución no ha sido completada. La construcción histórica seudofilosófica es evidente: antes de la revolución, la clase industrial en sí; 1789-1848, en contradicción, la negación; luego la síntesis de Proudhon para enlazarlo todo con un floreo. Todo el asunto me parece ser un intento final de retener teóricamente a la burguesía; nuestras premisas acerca de la iniciativa histórica decisiva de la producción material, de la lucha de clases, etc., son adoptadas en gran medida, tergiversadas en su mayoría, y sobre esto se basa una tentativa de dar, por una prestidigitación seudohegeliana, la apariencia de una vuelta del proletariado al seno de la burguesía. Todavía no he leído la sintética sección 1. En los ataques a L. Blanc, Robespierre, Rousseau, hay algunas cosas buenas, pero tomados en conjunto no se puede hallar nada más pretensiosamente superficial que esta crítica política; por ejemplo, sobre la democracia, en que —como la Neue Preussische Zeitung y toda la vieja escuela histórica— se pierde en minucias y no se avergüenza de construir sistemas a partir de minúsculas consideraciones prácticas dignas de un escolar. Y ¡qué gran idea esa de que el poder y la libertad son contradicciones inconciliables y que ninguna forma de gobierno puede darle a él suficiente fundamento moral para obedecerlo! Entonces ¿para qué diablos se necesita el poder?

 

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[1] El libro de Proudhon Ideé Génerále de la Revolutión au XIX siècle.

 

 

 

K. MARX

CARTA A ENGELS

Londres, 13 de setiembre de 1851

EL comité italiano se ha dividido. Una considerable minoría ha renunciado de él. Mazzini describe como pena este acontecimiento en la Voix du Peuple (La Voz del Pueblo). Se dice que las principales razones son: en primer lugar Dios. Ellos no quieren Dios. Después, y esto es más serio, acusan a Maese Mazzini de trabajar en favor de Austria, insisten en un llamamiento directo a los intereses materiales de los campesinos italianos, lo que no pueden hacer sin atacar, por otra parte, los intereses materiales de la burguesía y de la aristocracia liberal, que constituyen la principal falange de los partidarios de Mazzini. Este último punto es muy importante. Si Mazzini o cualquier otro que se ponga a la cabeza de la agitación italiana no transforma esta vez franca e inmediatamente a los campesinos, de métayers (arrendatarios) en propietarios libres (la posición de los campesinos italianos es horrorosa; ahora me he enterado por completo del sucio asunto) el gobierno austríaco recurrirá, en caso de revolución alos métodos galizianos.[1] Ya ha amenazado “con un cambio completo en las condiciones vigentes de la propiedad” y con “la destrucción de la turbulenta nobleza”. Si los ojos de Mazzini todavía no se han abierto, es un buey. Es cierto que deben ser tenidos en cuenta los intereses de la agitación. ¿De dónde ha de conseguir sus diez millones de francos si ofende a la burguesía? ¿Cómo ha de retener los servicios de la aristocracia si deben informarla de que la cuestión siguiente es su expropiación? Estas son dificultades para demagogos de la vieja escuela como es él...

 

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[1] “Métodos Galizianos”. Después de la incorporación de Galizia a Austria, el gobierno austríaco abrogó gran parte de los privilegios feudales de la aristocracia galiziana, a fin de disponer a los campesinos, de una manera demagógica en contra de los rebeldes aristócratas, y de crear así una base social para la explotación de esta provincia, que seguía siendo dominada por los grandes terratenientes. Austria había introducido un sistema de la más espantosa opresión nacional en el norte de Italia.

 

 

F. ENGELS

CARTA A MARX  

[Manchester], 23 de setiembre de 1851

LA división de los italianos es maravillosamente bella. Es espléndido que un visionario tan astuto como Mazzini se haya detenido por fin en consideraciones materiales, y ello en su propio país. Uno de los buenos resultados de la revolución italiana ha sido que también ahí las clases más aisladas han sido arrastradas al movimiento, y que se está formando un nuevo partido, más avanzado que los viejos émigrés de Mazzini, y que está suplantando gradualmente al señor Mazzini.

También de acuerdo con las noticias periodísticas, il mazzinimo parece perder terreno incluso entre gente que no es constitucionalista ni reaccionaria y que está utilizando lo que queda de libertad de prensa en el Piemonte para atacar a Mazzini; el gobierno no comprende la importancia de esto. La revolución italiana sobrepasa en mucho a la alemana en su pobreza de ideas y riquezas de frases. Es una suerte que un país que en lugar de proletarios no tiene prácticamente otra cosa que lazzaroni (pordioseros), posea al menos métayers (arrendatarios). Las demás razones dadas por los disidentes italianos son también satisfactorias; y, finalmente, está muy bien, también, que el otro bando de exiliados que hasta ahora ha permanecido, al menos públicamente, sin divisiones, esté también en desacuerdo...

 

 

1856

 

C. Marx

CARTA A ENGELS

En Manchester

Londres, 16 de abril [de 1856]

...Anteayer se celebró un pequeño banquete con motivo del aniversario de "People's Paper" [1]. Esta vez acepté la invitación, pues me pareció oportuno, con mayor motivo por haber sido yo el único (así lo comunicó el periódico) invitado entre toda la emigración. Me correspondió pronunciar el primer brindis. Brindé por la souveraineté du proletariat dans tous les pays (soberanía del proletariado en todos los países). Hice un pequeño speech en inglés, sin embargo, no pienso publicarlo en la prensa [2]. El objetivo que me proponía ha sido logrado. El señor Talandier, que tuvo que pagar por su entrada 2,5 chelines, así como el resto de la banda francesa y demás emigrados, se han convencido de que nosotros somos los únicos aliados «íntimos» de los cartistas y que si nos abstenemos de manifestaciones públicas y dejamos a los franceses coquetear con los cartistas a la vista de todo el mundo, podemos en cualquier momento volver a ocupar el lugar que ya nos corresponde históricamente. Ello se ha hecho tanto más necesario porque en el mitin del 25 de febrero, presidido por Pyat, el (old boy) iletrado alemán Scherzer hizo uso de la palabra y, con un espíritu de espantosa limitación gremial, denunció a los «sabios» alemanes, a los «trabajadores del cerebro», de que han abandonado a los iletrados y les han constreñido a cubrirse de vergüenza ante las demás naciones. Tú, claro está, conoces a Scherzer ya de París. He vuelto a ver unas cuantas veces al amigo Schapper y lo he visto en el papel de pecador muy arrepentido. La vida cerrada que lleva en los últimos dos años parece haber ejercido una influencia bastante benéfica en sus facultades mentales. Comprenderás que, por si acaso, siempre vale la pena tenerle a mano; más importante aún es arrancarle de la influencia de Willich. Schapper está ahora muy furioso contra los alcornoques de Windmill Street [3].

Pasaré tu carta a Steffen. La carta de L. [4] deberías quedártela. Puedes hacer lo mismo con todas las cartas cuya devolución no te pida. Cuanto menos vayan danzando por correos, tanto mejor. Estoy de completo acuerdo con tu juicio acerca de la región del Rin. Lo fatal para nosotros es que, avizorando el futuro, veo asomar allí algo que huele a «traición a la patria». Del giro que tomen las cosas en Berlín dependerá el que nos veamos o no en una posición similar a la de los del Club de Mainz en la vieja revolución [5]. Ça sera dur. ¡Nosotros conocemos bien a nuestros bizarros hermanos franceses del otro lado del Rin! En Alemania todo dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con alguna segunda edición de la guerra campesina. Entonces todo saldrá a pedir de boca...

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NOTAS

[1]  El 14 de abril de 1856, en un banquete organizado en Londres en honor del cuarto aniversario del periódico cartista "The People's Paper", Marx, haciendo uso del derecho que se le concedía de hablar el primero, pronunció un discurso sobre el papel histórico mundial del proletariado. La participación de Marx en el aniversario de "The People's Paper" fue uno de los ejemplos más brillantes de la conexión de los fundadores del marxismo con los cartistas ingleses, de la aspiración de Marx y Engels de ejercer influencia ideológica en el proletariado inglés y apoyar a los dirigentes cartistas para hacer resurgir el movimiento obrero en Inglaterra sobre una base nueva, marxista.

The People's Paper ("El periódico del pueblo"): semanario cartista que apareció desde mayo de 1852 hasta junio de 1858 en Londres; Marx y Engels colaboraron en él desde octubre de 1852 hasta diciembre de 1856, ayudando también a redactarlo. En junio de 1858, el periódico pasó a manos de unos hábiles negociantes burgueses.-

 

[2] Véase el presente tomo, págs. 513-515.

 

[3] Se refiere a la "Sociedad Londinense de Instrucción de los Obreros Alemanes" que tenía sede, en los años 50 del siglo XIX, en la calle Great-Windmill. Esta sociedad la fundaron en febrero de 1840 C. Schapper, J. Moll y otros afiliados a la Liga de los Justos. Marx y Engels participaron activamente en sus labores en 1849 y 1850. El 17 de septiembre de 1850, ellos y varios adeptos suyos se salieron de esta Sociedad debido a que su mayor parte se puso del lado de la fracción sectaria y aventurera de Willich y Schapper. Cuando en 1864 se fundó la Internacional, esta Sociedad pasó a ser la sección alemana de la Asociación Internacional de los Trabajadores, en Londres. La Sociedad de Instrucción existió hasta 1918, cuando fue clausurada por el Gobierno inglés.

 

[4] Lewi.

 

[5]  Después de la toma de Maguncia por el ejército revolucionario francés, los demócratas republicanos alemanes fundaron en octubre de 1792 en esta ciudad un club denominado de los amigos de la igualdad y la fraternidad. Los miembros de este club de Maguncia hacían propaganda en pro de la destrucción del viejo sistema feudal, de la instauración del régimen republicano y de la incorporación de la orilla izquierda del Rin a la Francia revolucionaria. Sus opiniones no contaron con la simpatía ni el apoyo de la población urbana ni de los campesinos. En julio de 1793, cuando los prusianos tomaron Maguncia, cesó la actividad de los miembros de este club.

 

 

 

1857

 

C. Marx

CARTA A ENGELS

Londres, 25 de septiembre de 1857

...Tu "Army" [*] está muy bien y únicamente sus dimensiones me han producido el efecto de un estacazo, pues sé cuán perjudicial es para ti esforzarte mucho. Si hubiera sabido que ibas a trabajar hasta tan altas horas de la noche, hubiera mandado al cuerno todo el asunto.

La historia del ejército prueba, con mayor evidencia que nada, la justeza de nuestro punto de vista acerca de la conexión entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. En general, el ejército tiene importancia en el desarrollo económico. El salario, por ejemplo, se desarrolló plenamente y por primera vez en el ejército de los antiguos. El peculium castrense [**] es también, en Roma, la primera forma jurídica en que se reconoce la propiedad mobiliaria de los no cabezas de familia. Lo mismo puede decirse del régimen gremial, que surgió por primera vez en las corporaciones de los fabri [***]. También aquí observamos por primera vez la aplicación de las máquinas en gran escala. Incluso el valor especial de los metales y su uso como dinero parece remontarse originariamente -apenas superada la Edad de Piedra de Grimm- a su importancia militar. También la división del trabajo dentro de una misma rama de la industria parece haberse aplicado por primera vez en los ejércitos. En ellos observamos además, resumida y palmariamente, toda la historia de la sociedad civil. Si algún día tienes tiempo, debes analizar el problema desde este punto de vista.

Los únicos puntos que has dejado por tocar en tu escrito son, a mi entender, los siguientes:

1) la aparición de auténticas tropas mercenarias, por primera vez, en gran escala, y de golpe, entre los cartagineses (para nuestro uso privado consultaré un libro sobre el ejército de Cartago escrito por un berlinés [****] y de cuya existencia me he enterado hace poco).

2) El desarrollo del ejército en Italia en el siglo XV y comienzos del XVI. Aquí, precisamente, nacieron las argucias militares de carácter táctico. Por cierto, en su "Historia de Florencia" Maquiavelo describe muy graciosamente cómo peleaban los condottieri [1]. (Copiaré este trozo y te lo remitiré. Pero no, cuando vaya a verte a Brighton --¿cuándo?-- te llevaré el libro de Maquiavelo. Su "Historia de Florencia" es una obra maestra.) Y por fin,

3) el sistema militar asiático, tal como apareció originariamente entre los persas y, después, en las más diversas variedades, entre los mongoles, los turcos, etc....

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NOTAS

[*]Se refiere al artículo de Engels "El Ejército" publicado en la Nueva Enciclopedia Americana. Este artículo no está incluida en la selección de textos militares de Engels.

 

[**] Peculio del soldado 

 

[***] Artesanos agregados al ejército. 

 

[****] W. Boetticher. 

 

[1] Condottieri: jefes de soldados mercenarios en Italia durante los siglos XIV y XV.

 

 

 

1862

 

Carlos Marx  

Carta a F.  Engels

  [Londres,] 2 de agosto de 1862

Es un verdadero milagro que yo haya podido proseguir, como lo he hecho, con el trabajo teórico. Después de todo, me propongo incluir la teoría de la renta ya en este volumen, como capítulo suplementario, es decir, como «ejemplo» de un principio sentado anteriormente. Te diré en pocas palabras lo que, cuando elaborada, será una larga y complicada historia, a fin de que puedas darme tu opinión.

Tú sabes que distingo dos partes del capital: El capital constante (materia prima, matières instrumentales [materias auxiliares], maquinaria, etc.) . cuyo valor reaparece meramente en el valor del producto; y en segundo lugar, el capital variable, es decir, el capital invertido en salarios, que incluye menos trabajo que el que devuelve el obrero. Por ejemplo, si el salario diario = 10 horas y si el obrero trabaja 12, aquél reemplaza al capital variable + 1/5 (2 horas). A este último excedente lo llamo plusvalía.

Supongamos una tasa de plusvalía dada (es decir, la extensión de la jornada de trabajo y el excedente de trabajo sobre el necesario para la reproducción de la paga del obrero) y digamos que es igual al 50 por ciento. En este caso, con una jornada de trabajo de, por ejemplo, 12 horas, el obrero trabajaría 8 horas para sí y 4 (8/2) para el empleador. Y supongamos esto para todas las industrias, de modo que cualesquiera diferencias en el tiempo medio de trabajo son simplemente una compensación de la mayor o menor dificultad del trabajo, etc.

En estas circunstancias, con igual explotación del obrero en diferentes industrias, capitales diferentes del mismo volumen producirán cantidades muy diferentes de plusvalía en diferentes esferas de la producción, y por consiguiente muy diferentes tasas de beneficio, ya que la ganancia no es sino la proporción de la plusvalía respecto del capital total aplicado. Esto dependerá de la composición orgánica del capital, esto es, de su distribución en capital, constante y variable.

Supongamos, como antes, que el trabajo excedente = 50 por ciento. Entonces, si por ejemplo 1 Libra = 1 jornada de trabajo (el resultado no altera si tomas la duración de la jornada como una semana), la jornada de trabajo = 12 horas y el trabajo necesario (para la reproducción de la paga) = 8 horas, los salarios de 30 obreros (o jornadas de trabajo) serán entonces = 20 Libras, y el valor de su trabajo = 30 Libras; el capital variable por obrero (diana o semanalmente) = 2/3 de Libra, y el valor que éste produce = 1 Libra. La cantidad de plusvalía producida en diferentes industrias por un capital de 100 Libras será muy diferente según las proporciones de capital constante y variable en que se divida ese capital. Llamemos c al capital constante, y v al variable. Si en la industria del algodón, por ejemplo, la composición fuese c = 80, v = 20 el valor del producto sería = 100 (dada una plusvalía o trabajo excedente del 50 por ciento. La cantidad de plusvalía = 10 y la tasa de beneficio = 10 por ciento, ya que en beneficio = relación de 10 (plusvalía) a 100 (el valor total del capital gastado). Supongamos que en la sastrería al por mayor la composición sea c = 50, v = 50; entonces el producto = 125, la plusvalía (a una tasa del 50 por ciento, como antes) = 25, y la tasa de beneficio = 25 por ciento. Tomemos otra industria, en que la proporción sea c = 70, v = 30; entonces el producto = 1/5, y la tasa de beneficio = 15 por ciento. Y finalmente, una industria en que la composición sea c = 90, v = 10; el producto = 105 y la tasa de beneficio = 5 por ciento.

Aquí tenemos, con igual explotación del trabajo, cantidades muy diferentes de plusvalía para iguales sumas de capital invertidas en distintas industrias, y en consecuencia tasas de beneficio muy diferentes. Pero si sumamos los cuatro capitales anteriores, obtenemos :

Valor del Producto %
 l) c = 80, v = 20 210  Tasa de beneficio = 10
2) c = 50, v = 50  125  ” ” ” = 25
3) c = 70, v = 30  115  ” ” ” = 15
4) c = 90, v = 10  105  ” ” ” = 5
 Capital = 400  Beneficio = 55

Tasa de plusvalía en todos los casos = 50

Sobre 100, esto da una tasa de beneficio del 133/4 por ciento.

Considerada como capital total de la clase (400), la tasa de beneficio sería = 133/4 por ciento. Y los capitalistas son hermanos. La competencia (transferencia o retiro de capital de una industria a otra) provoca que iguales sumas de capital en diferentes industrias produzcan, a pesar de su diferente composición orgánica, la misma tasa media de beneficio. En otras palabras: el beneficio medio que produce un capital de 100 libras, por ejemplo, en cierta industria, no proviene de la aplicación de este capital particular ni está vinculado, en consecuencia, a la finalidad con que se produce la plusvalía, sino que constituye una parte alícuota del capital total de las clases capitalistas. Es una participación en la cual se pagan los dividendos, en proporción a su volumen, mediante la totalidad de la plusvalía (o trabajo no pagado) que produce el capital variable total (invertido en salarios) de la clase.

Ahora bien, a fin de que los cuatro tipos de capital de la clase anterior produzcan el mismo beneficio medio, cada uno de ellos debe vender sus mercancías a 1133/4 Libras. Las industrias 2 y 3 las venden por encima de su valor, y las 1 y 4 por debajo de su valor. El precio regulado de esta manera = gastos del capital + beneficio medio; por ejemplo, el 10 por ciento es lo que [Adam] Smith llama precio natural, precio de costo, etc. Es a este precio medio que reduce los precios en las diferentes ramas la competencia (por transferencia o retiro del capital) entre las diferentes industrias. Por consiguiente, la competencia no reduce a las mercancías a su valor, sino a su precio de costo, que es superior, inferior, o igual a su valor, según la composición orgánica de los respectivos capitales.

Ricardo confunde valor con precio de costo. Por consiguiente, cree que si existiera la renta absoluta (esto es, una renta independiente de la diversa productividad de los diferentes tipos de suelos) los productos agrícolas, etc., se venderían siempre por encima de su valor, porque se venderían por encima de su precio al costo (capital invertido + tasa media). Esto echaría por tierra su ley fundamental. Por eso niega la existencia de la renta absoluta y sólo admite la renta diferencial.

Pero esta identificación del valor de las mercancías con su precio de costo es fundamentalmente errónea y viene siendo aceptada tradicionalmente desde A. Smith.

El hecho es éste:

Supongamos que la composición media de todo el capital no agrícola sea c = 80, v = 20, de modo que el producto (a una tasa de plusvalía del 50 por ciento) = 110, y la tasa de beneficio = 10 por ciento.

Supongamos además que la composición media del capital agrícola sea c = 60 y v = 40. (Estas cifras son estadísticamente bastante correctas para Inglaterra; las rentas ganaderas, etc., no comportan diferencias en este caso porque están determinadas por las rentas del cereal y no por ellas mismas.) Entonces el producto, con la misma explotación del trabajo que antes, será = 120, y la tasa de beneficio = 20 por ciento. Por consiguiente, si el agricultor vende su producto a su valor, lo vende a 120 y no a 110, que es su precio de costo. Pero, la propiedad de la tierra le impide al agricultor, equivalente de los capitalistas hermanos, ajustar el valor del producto a su precio de costo. La competencia entre los capitales no puede modificar esto. Interviene el terrateniente y extrae la diferencia entre el valor y el precio de costo. En general, una baja proporción del capital constante al variable es expresión de un bajo (o relativamente bajo) desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo en una esfera particular de la producción. Por consiguiente, si la composición media del capital agrícola, por ejemplo, es c = 60, v = 40, en tanto que la del capital no agrícola es c = 80, v = 20, esto demuestra que la agricultura todavía no ha alcanzado el mismo grado de desarrollo que la industria. (Lo que es muy fácil de explicar, ya que, prescindiendo de todo lo demás, la industria presupone a la antigua ciencia de la mecánica, y la agricultura presupone a las ciencias enteramente nuevas de la química, la geología y la fisiología). Si la proporción es en la agricultura c = 80, v = 20 (como supusimos antes), la renta absoluta desaparece. Sólo queda la renta diferencial, la que, sin embargo, expongo en forma tal que la suposición de Ricardo, del continuo deterioro de la agricultura, se manifiesta de lo más ridícula y arbitraria.

En la determinación anterior del precio de costo, en cuanto distinto del valor, debe señalarse también que, además de la distinción entre capital constante y capital variable —la que surge del proceso inmediato de producción en que interviene el capital—, hay también una distinción entre capital fijo y capital circulante, distinción que proviene del proceso de circulación del capital. Pero la fórmula se volvería demasiado complicada si yo tratase de introducir también esto en lo dicho más arriba.

Aquí tienes —a grandes rasgos, porque la cosa es bastante complicada— la crítica de la teoría de Ricardo. Admitirás, al menos, que la atención a la composición orgánica del capital termina con una pila de lo que hasta ahora parecían ser contradicciones y problemas...

 

 

1868

 

Carlos Marx  

Carta a F.  Engels

[Londres,] 8 de enero de 1868.

Con respecto a Dühring. Es mucho para este hombre el que acepte casi positivamente el capítulo sobre la Acumulación Primitiva. Es todavía joven. Como discípulo de Carey, en completa oposición a los librecambistas. A esto se agrega que es profesor universitario. y por ello no es de lamentar que el Professor Roscher, quien bloquea el camino de todos ellos, reciba algunos palos. Una cosa de su exposición me ha llamado mucho la atención. Es ésta: en tanto que la determinación del valor por medio del tiempo de trabajo quede «indeterminada», como en Ricardo, no hace temblar a la gente. Pero, tan pronto como se la pone en exacta conexión con la jornada de trabajo y sus variaciones, cae sobre ellos una luz muy desagradable. Creo que una de las razones de Dühring al comentar mi libro fue su rabia contra Roscher. Por cierto que se percibe muy fácilmente su temor de ser tratado como Roscher. Es extraño que el tipo no se dé cuenta de los tres elementos fundamentalmente nuevos del libro:

(1) Que en contraste con todos los sistemas anteriores de economía política, que empiezan los fragmentos particulares de plusvalía con sus formas fijas de renta, beneficio e interés como ya dadas, yo empiezo por tratar la forma general de la plusvalía, en la cual se hallan todavía sin diferenciación todos esos elementos (como si dijéramos en solución).

(2) Que, sin excepción, los economistas no han advertido el simple punto que si la mercancía tiene un doble carácter -valor de uso y valor de cambio- entonces el trabajo encarnado en la mercancía también debe tener un doble carácter; en tanto que el análisis simplemente malo del trabajo, como el de Smith, Ricardo, elc., está obligado a enfrentarse en todas partes con lo inexplicable. Este es, en efecto, todo el secreto de la concepción crítica.

(3) Que por primera vez los salarios se muestrarn como la forma irracional en que aparece una relación oculta, y esto está exactamente representado en las dos formas del pago de salarios: salario por tiempo de trabajo y por pieza. (Me fue de ayuda el hecho de que fórmulas similares se encuentran a menudo en matemática superior.)

Y en cuanto a las modestas objeciones de Dühring contra la definición del valor. se asombrará cuando vea en el Volumen II cuán poco cuenta «directamente» para la sociedad burguesa la determinación del valor. Por cierto que ninguna forma de la sociedad puede impedir el hecho que, en una u otra forma, el tiempo de trabajo a disposición de la sociedad regule la producción. Pero, mientras esta regulación no se cumpla por el control directo y consciente de la sociedad sobre su tiempo de trabajo -lo que sólo es posible bajo el sistema de la propiedad común-, sino por el movimiento de los precios de las mercancías, las cosas quedan como tú las describiste muy correctamente ya en los Deutsch-Französische-Jahrbücher.

 

 

1882

 

F. ENGELS

CARTA A KARL MARX

Londres, 19 de diciembre de 1882

MI opinión sobre el asunto Podolinsky[1] es la siguiente. Su verdadero descubrimiento es que el trabajo humano tiene el poder de fijar la energía solar sobre la superficie de la tierra permitiendo que su acción dure más de lo que duraría sin él. Todas las conclusiones económicas que deduce de esto son equivocadas. No conseguí el trabajo original, pero lo leí recientemente en italiano en la Plebe.[2] El problema es este: ¿cómo una cantidad dada de energía radicada en una cantidad dada de alimento puede dejar tras de sí una cantidad de energía mayor? Lo resuelvo así: supongamos que la ración alimenticia diaria que necesita una persona representa una cantidad de energía expresada en 10 000 calorías. Estas 10 000 calorías siguen siendo siempre 10 000 calorías, y en la práctica, como se sabe, pierden, en el curso de su transformación en otras formas de la energía —por fricción, etc.—, una parte de su total. Esta pérdida es considerable en el cuerpo humano. El trabajo físico aplicado al trabajo económico nunca puede ser, en consecuencia, = 10 000 calorías, sino siempre menor.

Pero esto no significa que el trabajo físico sea trabajo económico; lejos de esto. El trabajo económico realizado por las 10 000 calorías no consiste en modo alguno en la reproducción de las mismas 10 000 calorías, total o parcialmente, en esta forma o aquella. Por el contrario, la mayor parte de esta se pierde en el creciente calor y radiación del cuerpo etc., y lo que de ellas queda son las potencialidades fertilizantes de los excrementos. El trabajo económico que ejecuta un hombre al emplear estas 10 000 unidades de calor consiste más bien en la fijación, durante un tiempo más o menos largo, de nuevas unidades de calor que le irradia el sol, y que tienen únicamente esta conexión de trabajo con las primeras 10 000 unidades de calor. Pero el que la nueva cantidad de calor fijada por aplicación de las 10 000 unidades de calor de la alimentación diaria lleguen a alcanzar 5 000, 10 000, 20 000 ó 1 000 000 de unidades, únicamente depende del grado de desarrollo alcanzado por los medios de producción.

Aritméticamente, esto sólo puede representarse en las ramas más primitivas de la producción: la caza, la pesca, la ganadería, la agricultura. En la caza y en la pesca ni siquiera se fija nueva energía solar: únicamente se emplea la ya fijada. Al mismo tiempo, es evidente que, suponiendo que el pescador o el cazador estén normalmente alimentados, la cantidad de proteína o de grasa que obtiene cazando o pescando es independiente de la cantidad de estos elementos alimenticios que consume.

En la ganadería, la energía se fija en el sentido de que la materia vegetal, que de otro modo disminuiría, decaería y se descompondría rápidamente es sistemáticamente transformada en proteína animal, grasa, piel, huesos, etc., y con ello se fija por largo tiempo. Ya aquí es complicado el cálculo.

Tanto más en la agricultura, en la que también interviene en el cálculo, el valor energético de los materiales auxiliares, abonos, etcétera.

En la industria se acaba todo cálculo: en la mayor parte de los casos, el trabajo aplicado al producto ya no puede expresarse en unidades de calor. Si, por ejemplo, esto sigue siendo posible en el caso de una libra de hilo, debido a que su tesura y resistencia pueden reducirse, con mucho trabajo, a una fórmula mecánica, ya aquí esto se manifiesta como una pedantería totalmente inútil; y en el caso de una pieza de género en bruto, y tanto más en el caso del género teñido y estampado, se vuelve absurdo. El valor energético de un martillo, de un tornillo o de una aguja, calculado de acuerdo al costo de producción, es una cantidad carente de sentido. En mi opinión, es absolutamente imposible tratar de expresar las relaciones económicas en magnitudes físicas.

Lo que Podolinsky ha olvidado por completo es que el hombre, en cuanto obrero, no es simplemente un fijador del calor solar actual, sino un derrochador muchísimo mayor del calor solar del pasado. Las reservas de energía, carbón, minas, bosques, etcétera, que hemos logrado despilfarrar, las conoces mejor que yo. Desde este punto de vista, incluso la pesca y la caza no se manifiestan como fijación de nuevo calor solar, sino como gasto e incipiente derroche, de la energía solar ya acumulada.

Más: lo que el hombre realiza deliberadamente con el trabajo, lo hace en forma inconsciente la planta. Las plantas —y esto también es cuento viejo— son los mayores absorbentes y depósitos de calor en forma transformada. Por consiguiente, mediante el trabajo, en cuanto fija calor solar (lo que no ocurre en la industria y otras ramas de la producción), el hombre logra unir las funciones naturales del animal consumidor de energía con las de la planta, coleccionista de energía.

Podolinsky, partiendo de este descubrimiento muy valioso, se ha extraviado por caminos equivocados porque estuvo tratando de encontrar en la ciencia de la naturaleza una nueva demostración de la verdad del socialismo, y con ello ha confundido la economía con la física.  

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[1] Serger Podolinsky, un socialista ucraniano.

 

[2] Organo oficial de la sección italiana de la Primera Internacional.

 

 

 

F. ENGELS

CARTA A KARL MARX  

Londres, 22 de diciembre de 1882

VOLVIENDO a Podolinsky: debo hacer una corrección la de que el almacenaje de energía por medio del trabajo, en realidad, sólo ocurre en la agricultura; en la ganadería la energía acumulada en las plantas es simplemente transferida en conjunto a los animales, y sólo puede hablarse de almacenaje de energía en el sentido de que sin ganadería las plantas nutritivas mueren inútilmente, mientras que con ellas son utilizadas. En cambio, en todas las ramas de la industria, la energía es únicamente gastada. Lo que más tiene que tenerse en cuenta es el hecho de que los productos vegetales, la madera, el forraje, el lino, etc., y los productos animales en que se almacena la energía vegetal, son puestos en uso cuando se los trabaja, y en consecuencia se conservan por más tiempo que si fueran abandonados a su desintegración natural. De manera que, si se quiere, se puede traducir al mundo físico el viejo hecho económico de que todos los productores industriales se ven obligados a vivir de los productos de la agricultura, de la ganadería, de la caza y de la pesca; pero difícilmente se ganaría mucho con esto...

Estoy contento de que en lo que respecta a la historia de la servidumbre hayamos “procedido de acuerdo”, como se dice en el lenguaje de los negocios. Es seguro que la servidumbre y la prestación de servicios no son una forma exclusiva del medioevo feudal; las encontramos en o casi en todas partes donde los conquistadores hacen que los antiguos habitantes cultiven la tierra (por ejemplo, en Tesalia, en la remota antigüedad). Este hecho me ha conducido a error a mí y a muchos otros en lo que respecta a la servidumbre en la edad media; se estaba demasiado inclinado a fundarla simplemente sobre la conquista, la que todo lo tornaba tan claro y fácil. Véase, entre otros a Thierry.

La situación de los cristianos en Turquía durante la culminación del viejo sistema semifeudal turco fue algo parecida. 

 

 

 

 

 



 

 

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