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15 de enero 1919

 

 

KARL LIEBKNECHT

 


Karl Liebknecht

 

 

 

 

 

 

Karl Liebknecht

 

Qué hace la Liga de Espartaco?

 

Discurso en los salones de baile de la Unión en Berlín,

 

23 de Diciembre de 1918

 

Remise d'une caserne au conseil des ouvriers et soldats

 

 

Por el apoyo a la revolución rusa


Karl Liebknecht


1 de noviembre de 1905.

 

 En Die Neue Zeit, 24º año, 1er. Volumen, nº 6 - 1905 - 1906


Fragmento de Discurso al Congreso Socialdemócrata de Mannheim, 1906:


[...] En su informe, Bebel declaró: "Hay situaciones en la vida de los partidos como en la de los pueblos en donde les es necesario alentar el combate enérgicamente, incluso a riesgo de una derrota". ¿Cuál es ahora nuestra actitud con respecto a la revolución rusa, en un momento en que la contrarrevolución se libra a orgías de crueldad y de bajeza tales como la historia nunca ha conocido? La sangre que derraman nuestros hermanos allá, es por nosotros, por todo el proletariado del mundo entero (¡Bravo!), y todo lo que hemos hecho hasta ahora por ellos no es más que una limosna por los sacrificios que consintieron para nosotros en el Este. A pesar de todo lo que hemos hecho hasta aquí, tenemos una deuda enorme con nuestros hermanos y hermanas rusos. No cabe ninguna duda que a nosotros también, socialdemócratas alemanes, debe aplicarse la palabra: "Más vale ser colgados por los verdugos del zarismo y sus auxiliares que ser los auxiliares de los verdugos del zarismo" (¡Bravo!). Sobre esto no debe quedar ninguna duda, ni en Alemania ni en Rusia. Es esto lo que dirá Bebel también, cuyas declaraciones ayer eran más el efecto de la edad ya que no vienen de su corazón siempre joven, es lo que gritará con una claridad inequívoca a quienes deben escucharlo. No es solamente el gobierno alemán y el gobierno ruso, sino el conjunto del movimiento de liberación rusa quienes tienen la vista fija en la actitud del proletariado alemán en esta cuestión (Interrupciones). Bebel ha hablado ayer de la posibilidad de una intervención. Las declaraciones contra las que me levanto tratan precisamente de esta posibilidad, de cuya extrema improbabilidad no cabe ninguna duda, por otra parte. Por eso debemos destacar unánimemente que ningún sacrificio nos parecerá demasiado pesado a favor de nuestros amigos rusos. Si se quiere tratar de hacer del pueblo alemán el verdugo de la libertad rusa, lo que equivaldría a una autorreprobación, a una autodestrucción cultural del pueblo alemán, esto sería simplemente el fin de todo, y se daría una de esas situaciones de las que Bebel hablaba ayer en la frase citada más arriba. No se dirá que el movimiento de liberación rusa será aplastado por el pueblo alemán, que posee la más grande y la más fuerte organización del proletariado internacional. Debemos preservarnos de este pecado mortal. Seríamos pobres tipos, dignos de irnos al diablo, si no tratáramos de que toda tentativa en Alemania de golpear en el lomo a la revolución rusa termine en una derrota completa de la reacción germano-prusiana. (Grandes aplausos).

 

 

 

Karl Liebknecht

 

El voto contra los créditos de guerra

   En diciembre de 1914.

 

En la segunda Sesión de guerra del Reichstag, del 2 de diciembre de 1914, Karl Liebknecht no sólo votó contra el Presupuesto de Guerra, siendo el único que lo hizo en el Reichstag, sino que también elevó un documento con la explicación de su voto, al que el Presidente del Reichstag se negó a autorizar su lectura en el recinto, y que tampoco fue impreso en el informe de sesiones del Parlamento. El presidente lo prohibió con el pretexto de que el mismo provocaría llamadas al orden.
  El documento fue posteriormente enviado por Liebknecht a la prensa alemana, pero ningún periódico lo publicó.  Finalmente, el texto completo de la protesta se conoció vía Suiza, en el Berner Tagewacht.

 

 

"Mi voto contra el proyecto de Ley de Créditos de Guerra del día de hoy se basa en las siguientes consideraciones: Esta guerra, deseada por ninguno de los pueblos involucrados, no ha estallado para favorecer el bienestar del pueblo alemán ni de ningún otro. Es una guerra imperialista, una guerra por el reparto de importantes territorios de explotación para capitalistas y financieros. Desde el punto de vista de la rivalidad armamentística, es una guerra provocada conjuntamente por los partidos alemanes y austríacos partidarios de la guerra, en la oscuridad del semifeudalismo y de la diplomacia secreta, para obtener ventajas sobre sus oponentes. Al mismo tiempo la guerra es un esfuerzo bonapartista por desorganizar y escindir el creciente movimiento de la clase trabajadora.

"El grito alemán "¡Contra el zarismo!" fue inventado para la ocasión -de la misma forma que fueron inventadas las actuales consignas inglesas y francesas- para explotar las más nobles inclinaciones y las tradiciones e ideales revolucionarios del pueblo en beneficio de agitar el odio hacia otros pueblos.

"Alemania, la cómplice del zarismo, el modelo de la reacción hasta este mismo día, no tiene ninguna autorida para erguirse en liberadora de los pueblos. La liberación tanto del pueblo ruso como alemán debe ser obra de sus propias manos.

"La guerra no es tampoco una guerra en defensa de Alemania. Sus bases históricas y su curso desde el comienzo hacen inaceptables las pretensiones del gobierno capitalista de que el propósito por el cual demanda créditos es la defensa de la Patria.

"Una pronta paz, una paz sin anexiones, esto es lo que debemos exigir. Todo esfuerzo en esta dirección debe ser apoyado. Sólo fortaleciendo en forma conjunta y continua las corrientes de todos los países beligerantes que tienen tal paz como su objetivo puede esta sangrienta carnicería ser llevada a su fin. "sólo una paz basada sobre la solidarida internacional de la clase obrera y sobre la libertad de todos los pueblos puede ser una paz duradera. Por lo tanto, es el deber de los proletariados de todos los países llevar adelante durante la guerra una labor socialista común a favor de la paz.

"Yo apoyo los créditos de ayuda a las víctimas con las siguientes reservas: voto gustosamente por todo lo que pueda llevar un alivio a nuestros hermanos en el campo de batalla así como a los heridos y enfermos, por los cuales siento la más profunda compasión. Pero como protesta contra la guerra, contra aquéllos que son responsables por ella y que la han causado, contra aquéllos que la dirigen, contra los propósitos capitalistas para los cuales está siendo usada, contra los planes de anexión, contra el abandono y el olvido total de los deberes solicales y políticos por los cuales el gobierno y las clases son todavía culpables, voto contra la guerra y los créditos de guerra solicitados. 

 

KARL LIEBKNECHT.
BERLIN, 2 de diciembre de1914.

 

 

 


Karl Liebknecht


¡A PESAR DE TODO!


En enero de 1919.

 

En "Die Rote Fahne", 15 de enero de 1919.



¡Asalto general contra Espartaco!


"¡Mueran los espartaquistas!", se grita por todas partes.


"¡Agarradlos, fustigadlos, ensartadlos, disparadles, remachadlos, pateadlos, hacedlos añicos!


Se perpetran abominaciones que eclipsan las abominaciones de las tropas alemanas en Bélgica.


"¡Espartaco vencido!" Se felicita toda la prensa, desde el Post a Vorwärts.


"¡Espartaco vencido!" Y los sables, los revólveres y las carabinas de la policía germánica reestablecida, junto al desarme de los obreros revolucionarios, aseguran su derrota.


¡Espartaco vencido! Bajo las bayonetas del Coronel Reinhardt, las metralletas y los cañones del general Lüttwitz, deben celebrarse las elecciones al Parlamento nacional -un plebiscito para Napoleón-Ebert.


"¡Espartaco vencido!" ¡Sí! ¡Los obreros revolucionarios de Berlín han sido derrotados! ¡Sí! ¡Muertos una centena de los mejores de entre ellos! ¡Sí! ¡Encarcelados varios cientos de los más entregados!


¡Sí, los han derrotado!. Porque han sido abandonados por los marineros, los soldados, los guardias de seguridad, el ejército popular, con cuya ayuda contaban. Y sus fuerzas se han visto paralizadas por la indecisión y la pusilanimidad de sus dirigentes. Y los ha sumergido la inmensa ola de cieno contrarrevolucionario de los elementos atrasados del pueblo y de las clases poseedoras.


¡Sí, los han derrotado! Y era una necesidad histórica que fueran derrotados. Porque el tiempo no había llegado todavía. Y, sin embargo, la lucha era inevitable. Porque librar sin combate a los Eugen y Hirsch la jefatura de policía, ese baluarte de la revolución, hubiera sido una derrota deshonrosa. La lucha le fue impuesta al proletariado por los bandidos de Ebert; y arrastró a las masas berlinesas por encima de toda duda y sin vacilar.


Sí, los obreros revolucionarios de Berlín ha sido derrotados! Y los Ebert-Scheidemann-Noske han vencido. Han vencido porque el generalato, la burocracia, los aristócratas de chimeneas y campos, los curas y los sacos de dinero, y todo lo que es estrecho, mezquino y atrasado, les han ayudado. Han vencido con obuses, bombas de gas y lanzagranadas.


Pero hay derrotas que son victorias; y victorias más funestas que las derrotas.


Los derrotados de la semana sangrienta de enero han resistido gloriosamente, han combatido por algo grande, por el objetivo más noble de la humanidad sufriente, por la liberación material e intelectual de las masas pobres; han derramado por este fin sagrado su sangre, que de ese modo se ha santificado. Y de cada gota de esa sangre, esta simiente de dragón para los vencedores de hoy, surgirán vengadores de los caídos; de cada fibra desgarrada, nuevos luchadores de la gran causa, que es eterna e imperecedera como el firmamento.


Los vencidos de hoy serán los vencedores de mañana. Porque aprenden de la derrota. El proletariado alemán carece todavía de tradiciones y experiencia revolucionaria. Y sólo con ensayos a tientas y errores juveniles, dolorosos contratiempos y fracasos se puede adquirir la experiencia que garantice el éxito futuro.


Para las fuerzas vivas de la revolución social, cuyo crecimiento ininterrumpido es una exigencia de la ley de desarrollo social, una derrota es un estimulante. Y, de derrota en derrota, su camino conduce hacia la victoria.


¿Pero, y los vencedores de hoy? Han ejecutado su infame trabajo sangriento para una causa infame. Para los poderes del pasado, para los enemigos mortales del proletariado.


¡Y ya son inferiores! Porque ya hoy son prisioneros de aquéllos a quienes pensaban que podrían instrumentalizar, y de quienes ya eran de hecho los instrumentos.


Todavía dan su nombre a la empresa. Pero les queda un corto período de gracia.


Ya están en la picota de la historia. Jamás hubo en el mundo Judas como ellos, que no sólo han traicionado lomás sagrado que tenían, también lo han clavado con sus propias manos en la cruz. Del mismo modo que en agosto de 1914 la socialdemocracia oficial alemana cayó más bajo que cualquier otra, ahora presenta, al alba de la revolución social, la imagen más abominable.


La burguesía francesa se vió obligada a tomar de entre sus propias filas a los carniceros de junio de 1948 y de mayo de 1971. La burguesía alemana no ha necesitado molestarse a sí misma: son los "socialdemócratas" quienes realizan el trabajo sórdido, despreciable, cobarde, sangriento; su Cavaignac, su Gallifet, su Noske, el "Deutsche Arbeiter".


Repique de campanas llamó a la masacre; música y pañuelos al viento, gritos de victoria de los capitalistas salvados del "horror bolchevique", festejan a la salvadora soldadesca. La pólvora todavía humea, todavía está en brasas el incendio de la matanza de obreros, están tendidos todavía los muertos, todavía gimen los proletarios heridos y ya los Ebert, Scheidemann y Noske pasan revista a las tropas asesinas, hinchadas de orgullo victorioso.


¡Simiente de dragón! Ya el proletariado mundial les da la espalda, estremecido, ¡a ellos, que se atreven a tender hacia la Internacional sus manos todavía humeantes de sangre de obreros alemanes! A ellos, que son rechazados con repulsión y desprecio incluso por quienes, en el vendaval de la guerra mundial, traicionaron ellos mismos los deberes del socialismo. Infectos, excluidos de las filas de la humanidad respetable, expulsados de la Internacional, odiados y abominados por todos los obreros revolucionarios, así se presentan ante el mundo.


Y toda Alemania se sumerge por su culpa en el deshonor. Traidores de hermanos, fraticidas, gobiernan al pueblo alemán. "¡Mi cuaderno, que debo escribirlo!"


¡Oh!, su magnificencia no durará mucho: un plazo de gracia y serán juzgados.


Un incendio arroja sus argumentos sobre millones de corazones, un incendio de indignación.


La revolución del proletariado, a la que han creído ahogar en sangre, se alzará sobre sí misma, gigantesca. Su primera consigna será: ¡Abajo los asesinos de obreros Ebert-Scheidemann-Noske !


Los apaleados de hoy han aprendido. Están curados de la ilusión de que podrían encontrar su salvación en la ayuda de las masas confusas de soldados; curados de la ilusión de que podrían fiarse de sus jefes, que se han rebelado débiles e incapaces; curados de la confianza en la Socialdemocracia Independiente, que los ha abandonado vilmente. Contando sólo con ellos mismos darán sus futuras batallas, alcanzarán sus futuras victorias. Y la frase "la emancipación de la clase obrera sólo podrá ser obra de la clase obrera misma" ha adquirido para ellos, a causa de la amarga lección de esta semana, un nuevo, profundo significado.


Y también los soldados engañados comprenderán pronto a qué juego se les ha empujado, cuando sientan de nuevo sobre ellos el látigo del militarismo reestablecido; también ellos despertarán de la embriaguez en que están sumidos.


"¡Espartaco vencido!" ¡Despacio! ¡Nosotros no hemos huido, no estamos derrotados! Incluso si nos encadenáis, ¡estamos aquí, y nos quedamos aquí! Y la victoria será nuestra.


Porque Espartaco significa: fuego e inteligencia, es decir, alma y corazón, es decir voluntad y acción de la Revolución del proletariado. Y Espartaco significa todas las miserias y aspiraciones a la felicidad, toda la determinación para la lucha del proletariado con conciencia de clase. Porque Espartaco significa socialismo y revolución mundial.


La marcha al Gólgota de la clase obrera alemana no ha finalizado todavía, pero el día de la liberación se acerca. El día del juicio para los Ebert-Scheidemann-Noske y para los potentados capitalistas que hoy se ocultan detrás de ellos. Hasta la altura del cielo golpean las olas de los acontecimientos: estamos acostumbrados a ser arrojados desde la cumbre a las profundidades.


Pero nuestro barco prosigue firme y orgulloso, derecho por su rumbo, hasta el objetivo final.


Y, espero que todavía vivamos cuando ocurra, nuestro Programa vivirá, regirá el mundo de la humanidad liberada. ¡A pesar de todo!


Bajo el estruendo del hundimiento económico que se aproxima, las masas todavía soñolientas del proletariado despertarán como si oyeran las trompetas del juicio final, y los cadáveres de los luchadores asesinados resucitarán y exigirán cuentas de los malditos. Hoy todavía, el bramido subterráneo del volcán; mañana hará erupción y enterrará todo bajo cenizas y ríos de lava incandescentes. 

 

 

 

Karl Liebknecht 

"El enemigo principal está en casa"  

Volante de mayo de 1915 

 

Redactado:  En mayo de 1915.
  Como volante, distribuido en mayo de 1915.

 

 

"Lo que se esperaba día tras día durante los últimos diez meses, desde la invasión austríaca a Serbia, ha sucedido. Comenzó la guerra contra Italia.

"Las masas de los países en guerra han comenzado a liberarse de las telarañas oficiales de mentiras. El pueblo alemán también ha adquirido una percepción de las causas y objetivos de la guerra mundial, sobre quién es directamente responsable de su estallido. Los locos desvaríos sobre las "sagradas armas" de la guerra han perdido cada vez más su ímpetu, el entusiasmo por la guerra se ha debilitado, el deseo de una pronta paz ha crecido poderosamente por todas partes... ¡incluso en el ejército!

"Esto fue un problema engorroso para los imperialistas alemanes y austríacos, que estaban buscando en vano una salvación. Ahora parece que la han encontrado. La intervención de Italia en la guerra debería ofrecerles una oportunidad muy bienvenida para agitar nuevos frenesíes de odio nacionalista, para malograr el deseo por la paz, y para desdibujar las huellas de su propia culpa. Están apostando a la fragilidad de memoria del pueblo alemán, desafiando su condescendencia, que ha sido puesta a prueba demasiadas veces.

"Si este plan tiene éxito, el balance de diez meses de sangrienta experiencia será en vano, y el proletariado internacional será una vez más desarmado y descartado completamente como factor político independiente.

"Este plan debe ser destruido, y lo será siempre que la porción del proletariado alemán que ha permanecido fiel al socialismo internacional siga siendo consciente y merecedora de su misión histórica en estos tiempos monstruosos.

"Los enemigos del pueblo están contando con el olvido de las masas... nosotros combatimos esto con el siguiente recurso:

"¡Averigüen todo, no se olviden de nada!

"¡No perdonen nada!

"Hemos visto como, cuando la guerra estalló, las masas fueron sometidas a los objetivos capitalistas de la guerra, con embaucadoras melodías de las clases dominantes. Hemos visto como las brillantes burbujas de la demagogia han explotado; como los tontos sueños de agosto se desvanecieron; cómo, en cambio de felicidad, cayeron sobre el pueblo el sufrimiento y la miseria; cómo las lágrimas de las viudas y los huérfanos de la guerra se hincharon hasta formar grandes torrentes, como el mantenimiento desgraciado de las tres clases; la canonización inmisericorde de la regla de las cuatro verdades -semiabsolutismo, gobierno de los junkers (nobles, N.T.), militarismo, y despotismo policial- se erigieron como la amarga verdad.

A través de esta experiencia hemos sido advertidos: ¡sepámoslo todo, no nos olvidemos de nada!

Ofensivos son los discursos con los cuales el imperialismo italiano se regodea hablando de sus pillajes, ofensivas son esas escenas de tragicomedia romántica en las cuales se presenta la máscara ya conocida de los amigos del pueblo ( la "tregua civil"). Pero más ofensivo todavía es que en todo esto podemos reconocer, como reflejados en un espejo, los métodos alemanes y austríacos de julio y agosto de 1914.

Los instigadores italianos de la guerra se merecen todas las denuncias. Pero ellos no son sino copias de los instigadores alemanes y austríacos, que son los principales responsables por el estallido de la guerra. ¡Pájaros del mismo plumaje (vuelan juntos...)! (Este es un dicho inglés que correspondería al "Dios los cría y ellos se juntan" del castellano. N.T.).

¿A quiénes pueden agradecerle los alemanes por esta nueva desgracia?
¿A quiénes pueden exigirles una explicación por las nuevas pilas de cadáveres que se van a amontonar?

Todavía esto es cierto: el ultimátum austríaco a Servia del 23 de julio de 1914 fue la chispa que prendió fuego al mundo, aunque este fuego se haya propagado más tarde a Italia.

Todavía esto es cierto: Este ultimátum fue la señal para la redistribución del mundo, y necesariamente convocó a todos los estados capitalistas bandoleros a que participaran en el plan de saqueo.

Todavía esto es cierto: Este ultimátum contenía en sí la cuestión de la dominación sobre los Balcanes, Asia Menor, y todo el Mediterráneo, y por lo tanto contenía todos los antagonismos entre Austria-Alemania e Italia, en un solo trazo.

Si los imperialistas alemanes y austríacos tratan ahora de ocultarse detrás del escenario de pillaje de los italianos y el latiguillo de la deslealtad italiana, auto-adjudicándose la toga de la indignación moral y la inocencia agraviada -mientras que en Roma no han encontrado sino sus iguales-, entonces merecen el más cruel de los sarcasmos.

La norma: "¡No olvidar, no perdonar nada!" se aplica a cómo el pueblo alemán fue simplemente manipulado en la cuestión italiana por los muy honorables patriotas alemanes.

El Tratado de la Triple Alianza con Italia no ha sido nunca más que una farsa: ¡todos Uds., han sido engañados con él!

Los expertos siempre han sabido que, en caso de guerra, Italia sería un oponente seguro de Alemania y de Austria ¡y Uds., fueron llevados a creer que sería un aliado seguro!

Una buena parte del destino de Alemania en la política mundial se decidió en el Tratado de la Triple Alianza, que fue firmado y renovado sin consultarlos a Uds. ¡hasta el día de hoy, ni una sola letra de ese tratado ha sido compartida con Uds.!

El ultimátum austríaco a Servia, con el cual una pequeña camarilla tomó a toda la humanidad por sorpresa, rompió el tratado entre Austria e Italia ¡Nadie les dijo a Uds., nada de esto!

Este ultimátum fue lanzado con la expresa condena de Italia... Esto se mantuvo en secreto para que Uds., no lo supieran.

El 4 de mayo de este año, Italia disolvió su alianza con Austria, y hasta el 18 de mayo este hecho crucial se mantuvo oculto del conocimiento del pueblo alemán y austríaco; sí, y a pesar de que esto era verdad, fue directamente negado por los funcionarios: una repetición de la burla al pueblo alemán y al Reichstag (Parlamento Federal, N.T.) sobre el ultimátum a Bélgica por parte de Alemania el 2 de agosto de 1914.

Nadie les dio a Uds., la más mínima influencia sobre las negociaciones entre Alemania y Austria con Italia, de las cuales dependía la intervención de Italia. Uds., fueron tratados como ovejas en esta cuestión vital, mientras que el partido de la guerra, la diplomacia secreta, un puñado de gente en Berlín y Viena tiraban los dados sobre el destino de Alemania.

El torpedeo del (buque) Lusitania no solo consolidó el poder de los partidos de la guerra en Inglaterra, Francia, y Rusia: invitó a un grave conflicto con los EE.UU., y puso a todos los países neutrales en contra de Alemania con apasionada indignación; también facilitó el trabajo desastroso del partido de la guerra de Italia en el momento crítico... el pueblo alemán debía permanecer en silencio también sobre esto: el puño de hierro del estado de sitio se cerró sobre sus gargantas.

Ya en marzo de este año pudieran haberse iniciado las negociaciones de paz -la oferta fue hecha por Inglaterra-, pero la ambición de ganancias de los imperialistas alemanes llevaron a que se rechazara. Las prometedoras negociaciones de paz fueron arruinadas por los partidos alemanes interesados en conquistas coloniales a gran escala y en la anexión de Bélgica y la Lorena francesa, por los capitalistas de las grandes compañías navieras, y por los agitadores de la industria pesada alemana.

Esto también permaneció en secreto, lejos de los oídos del pueblo alemán, una vez más Uds., no fueron consultados sobre esto.

Preguntamos: ¿a quién puede el pueblo alemán agradecer por la continuación de la horrenda guerra y por la intervención de Italia? ¿A quién más que a la gente irresponsable de aquí, que es la responsable?

¡Averígüenlo todo, no se olviden de nada!

Para la gente que piensa, la imitación italiana de las acciones de Alemania del verano del año pasado no puede ser un aliciente para nuevas locuras guerreras, sólo un golpe para ahuyentar temerosamente las esperanzas fantasmales en una nueva aurora de justicia política y social, sólo una nueva luz que ilumina las responsabilidades políticas y el desenmascaramiento del peligro público que significan los partidarios austríacos y alemanes de la guerra, sólo una nueva acusación contra ellos.

Pero la regla "Averigüen y no olviden" se aplica más que nada a la heroica lucha contra la guerra que libraron y aún libran los camaradas italianos. Luchas en la prensa, en reuniones, en manifestaciones callejeras, luchas con energía y audacia revolucionarias, desafiando con alma y corazón el choque rabioso de las oleadas nacionalistas con las cuales fueron fustigados y abatidos por las autoridades. Nuestras más entusiastas felicitaciones por su lucha. ¡Que su espíritu sea nuestro ejemplo! ¡Ojalá ese fuera el ejemplo de la Internacional!

Si lo hubiera sido desde esos días de agosto, el mundo estaría en mejores condiciones. El proletariado internacional estaría mejor.

¡Pero la voluntad resuelta de luchar no puede llegar demasiado tarde!

La absurda consigna "aguantemos" ha tocado fondo. Sólo nos lleva más y más hondo dentro del vórtice del genocidio. La lucha de clases del proletariado internacional contra el genocidio imperialista internacional es el mandato socialista de la hora.

¡El enemigo principal de cada uno de los pueblos está en su propio país!

El enemigo principal del pueblo alemán está en Alemania. El imperialismo alemán, el partido alemán de la guerra, la diplomacia secreta alemana. Este enemigo que está en casa debe ser combatido por el pueblo alemán en una lucha política, cooperando con el proletariado de los demás países cuya lucha es contra sus propios imperialistas.

Pensamos en forma aunada con el pueblo alemán -no tenemos nada en común con los Tirpitzes y Falkenhayns (líderes militaristas, N.T.) alemanes, con el gobierno alemán de opresión política y esclavitud social. Nada con ellos, todo con el pueblo alemán. Todo para el proletariado internacional, para beneficio del proletariado alemán y la humanidad escarnecida.

Los enemigos de la clase trabajadora están contando con el olvido de las masas -ojalá que el suyo sea un cálculo totalmente equivocado. Están apostando a la tolerancia de las masas -pero nosotros elevamos este grito vehemente:

¿Por cuánto tiempo los tahúres imperialistas abusarán de la paciencia de los pueblos? ¡Basta de carnicería, es más que suficiente! ¡Abajo los instigadores de la guerra, de aquí y del extranjero!

¡Que termine el genocidio!

Proletarios de todos los países, ¡sigan el ejemplo heroico de vuestros hermanos italianos! ¡únanse a la lucha de clases internacional contra la conspiración de la diplomacia secreta, contra el imperialismo, contra la guerra, por la paz, en el espíritu del socialismo!

¡El enemigo principal está en casa!

 


Karl Liebknecht

 

A los trabajadores y soldados de los países Aliados

 

Escrito:  En 1919.
En La Internacional Comunista, Vol 1, 1919.

 

¡Amigos, camaradas, hermanos!

Bajo los golpes de la guerra mundial, en medio de la ruina creada por la sociedad imperialista zarista, el proletariado ruso ha levantado su estado, la República Socialista de Obreros, Campesinos y Soldados. Y fue creada a pesar de las falsedades, los odios y las calumnias. Esta república representa la base más grande para ese orden socialista universal, cuya creación es en los tiempos presentes la tarea histórica del proletariado internacional.

La Revolución Rusa fue hasta un grado sin precedentes la causa de que el proletariado mundial se volviera más revolucionario. Bulgaria y Austria-Hungría están ya en los umbrales de la revolución; la revolución se está despertando en Alemania. Pero existen obstáculos en el camino a la victoria del proletariado alemán. Las masas del pueblo alemán están con nosotros, el poder de los enemigos señalados de la clase trabajadora ha colapsado; pero sin embargo ellos están haciendo todo tipo de intentos por engañar a la gente, con el objetivo de demorar la hora de la liberación del pueblo alemán.

El latrocinio y la violencia del imperialismo alemán en Rusia, así como la violenta paz de Brest-Litovsk y la paz de Bucarest han consolidado y fortalecido a los imperialistas de los países aliados... y esta es la razón por la cual el gobierno alemán está tratando de utilizar el ataque aliado sobre la Rusia socialista con el propósito de retener el poder.

Sin duda habrán oído decir que Guillermo II -quien, ahora que el zarismo ha perecido, es el representante de la forma más despreciable de reacción-, hace unos días aprovechó la intervención de los Imperios Aliados en los asuntos de la Rusia proletaria para tratar de levantar una nueva oleada de agitación guerrerista entre las masas trabajadoras.

No debemos permitir que nuestros innobles enemigos utilicen ningún medio ni institución democráticos para sus propósitos; el proletariado de los países aliados no debe permitir que tal cosa ocurra. Sabemos que Uds., ya han levantado vuestra voz para protestar contra las maquinaciones de vuestros gobiernos, pero el peligro está creciendo cada vez más. Un frente único del imperialismo mundial está surgiendo contra el proletariado, en primer lugar, en la lucha contra la República Soviética Rusa. Contra esto es que los estoy alertando hoy.
El proletariado mundial no debe permitir que la llama de la Revolución Socialista se extinga, o todas sus esperanzas y toda su potencia perecerá. El fracaso de la República Socialista Rusa será la derrota del proletariado del mundo entero.

Amigos, camaradas, hermanos ¡levántense contra vuestros dominadores! ¡Vivan los obreros, soldados y campesinos rusos! ¡Viva la revolución del proletariado francés, inglés, norteamericano! ¡Viva la liberación de los trabajadores de todos los países del abismo infernal de la guerra, la explotación y la esclavitud!

 

 

Karl Liebknecht, 1919-1920, Käthe Kollwitz

 

 

 

Rosa Luxemburgo

Karl Liebknecht.

 

ROSA LUXEMBURG

 

1871 - 1919

Clara Zetkin

Rosa Luxemburg

 

Trás la muerte de Rosa Luxemburg, en 1919.
No nos consta, pero apareció en inglés en la revista The Communist International, No. 5, 1 de septiembre de 1919, pág. 5.

 

 

En Rosa Luxemburgo vivía una indomable voluntad. Dueña siempre de sí, sabía atizar en el interior de su espíritu la llama dispuesta a brotar cuando hiciese falta, y no perdía jamás su aspecto sereno e imparcial. Acostumbrada a dominarse a sí misma, podía disciplinar y dirigir el espíritu de los demás. Su sensibilidad exquisita la movía a buscar asideros para no dejarse arrastrar por las impresiones externas; pero bajo aquella apariencia de temperamento reservado, se escondía un alma delicada, profunda, apasionada, que no sólo abrazaba como suyo a todo lo humanos, sino que se extendía también a todo ser viviente, pues para ella el universo formaba un todo armónico y orgánico. ¡Cuántas veces aquella a quien llamaban "Rosa la sanguinaria", toda fatigada y abrumada de trabajo, se detenía y volvía atrás para salvar la vida de un insecto extraviado entre la hierba! Su corazón estaba abierto a todos los dolores humanos. No carecía nunca de tiempo ni de paciencia para escuchar a cuantos acudían a ella buscando ayuda y consejo. Para sí, no necesitaba nunca nada y se privaba con gusto de lo más necesario para dárselo a otros.

Severa consigo misma, era toda indulgencia para con sus amigos, cuyas preocupaciones y penas la entristecían más que sus propios pesares, Su fidelidad y su abnegación estaban por encima de toda prueba. Y aquella a quién se tenía por una fanática y una sectaria, rebozaba cordialidad, ingenio y buen humor cuando se encontraba rodeada de sus amigos. Su conversación era el encanto de todos. La disciplina que se había impuesto y su natural pundonor le habían enseñado a sufrir apretando los dientes. En su presencia parecía desvanecerse todo lo que era vulgar y brutal. Aquel cuerpo pequeño, frágil y delicado albergaba una energía sin igual. Sabía exigir siempre de sí misma el máximo esfuerzo y jamás fallaba. Y cuando se sentía a punto de sucumbir al agotamiento de sus energías, imponíase para descansar un trabajo todavía más pesado. El trabajo y la lucha le infundían alientos. De sus labios rara vez salía un "no puedo"; en cambio, el "debo" a todas horas. Su delicada salud y las adversidades no hacían mella en su espíritu. Rodeada de peligros y de contrariedades, jamás perdió la seguridad en sí misma. Su alma libre vencía los obstáculos que la cercaban. 

Mehring tiene harta razón cuando dice que Luxemburgo era la más genial discípula de Carlos Marx. Tan claro como profundo, su pensamiento brillaba siempre por su independencia; ella no necesitaba someterse a las fórmulas rutinarias, pues sabía juzgar por sí misma el verdadero valor de las cosas y de los fenómenos. Su espíritu lógico y penetrante se enriquecía a con la instrucción de las contradicciones que ofrece la vida. Sus ambiciones personales no se colmaban con conocer a Marx, con dominar e interpretar su doctrina; necesitaba seguir investigando por cuenta propia y crear sobre el espíritu del maestro. Su estilo brillante le permitía dar realce a sus ideas. Sus tesis no eran jamás demostraciones secas y áridas, circunscritas en los cuadros de la teoría y de la erudición. Chispeantes de ingenio y de ironía, en todas ellas vibraba su contenida emoción y todas revelaban una inmensa cultura y una fecunda vida interior. Luxemburgo, gran teórica del socialismo científico, no incurría jamás en esa pedantería libresca que lo aprende todo en la letra de molde y no sabe de más alimento espiritual que los conocimientos indispensables y circunscritos en su especialidad; su gran afán de saber no conocía límites y su amplio espíritu, su aguda sensibilidad, la llevaban a descubrir en la naturaleza y en el arte fuentes continuamente renovadas de goce y de riqueza interior.

En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha. Con una voluntad férrea, con un desprecio total de sí misma, con una abnegación que no hay palabras con qué expresar, Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional.

 

 

 

Rosa Luxemburgo


Navidad en el Asilo de Noche


Fuente: Amauta, No. 22, abril de 1929, Lima - Perú


Un acontecimiento acaba de turbar cruelmente la atmósfera de fiesta de nuestra capital. Las almas piadosas venían justamente de entonar el bello canto tradicional: "Navidad de alegría, Navidad de misericordia" cuando se esparció bruscamente la noticia de que un envenenamiento en masa acababa de producirse en el asilo municipal. Las víctimas eran de diversas edades: Joseph Geihe, empleado, 21 años, Karl Melchior, obrero, de 47 anos, Lucien Scieptarorski, 65 anos, etc. Cada dia se traían nuevas listas de hombres sin albergue, victimas del envenenamiento: La muerte los finiquitaba por todas partes: en el asilo, en la prisión, en el "chaufoir" público o simplemente en la calie, acurrucados En cualquier rincón. Antes que el ano nuevo naciera, al son de las campanas, 150 se retorcian presas de los espantos de la agonia y 70 estaban ya muertos.

Durante muchos dias, el modesto edificio de la calle de Froebel, que todo el mundo rehuye en tiempo ordinarlo, concentra boy sobre el, la atención general. ¿Cual era, pues, la causa de este envenenamiento en masa? ¿Se trataba de una epidemia o de un envenena- miento provocado por el consumo de alimentos en descomposición? La policía se dió prisa en restablezer la tranquilidad de la población: No se trataba de una enfermedad contagiosa. Mejor dicho, el hecho no presentaba ningun peligro para la población docente, para las gentes distinguidas de la ciudad. La muerte no tocaba más que a los "habitués" del asilo de noche, los cuales, con ocasión de la fiesta de Navidad habian ingerido, arenques podridos o aguardiente infectado, "a trés bon marché". Pero aquellas gentes ¿dónde se habian conseguido esos arenques podridos? ¿Los habían comprado a un vendedor ambulante de pescado? ¿o los habían recogido de los montones de basura en el mercado? Esta ultima hipótesis fue inmediatamente descartada por la perfecta razon de que los desechos de los mercados, no constituyen, como podrian imaginarlo las gentes superficiales ignorantes de las sanas medidas de la economia política, un bien sin dueno, del cual el primer vagabundo que llega se puede apropiar. Estos desechos son reunidos y vendidos a grandes empresas que les utilizan para el engorde de puercos. Se les desinfecta y muele cuidadosamente. Asi sirven de alimento a ese rebaño. Individuos vigilantes de la policía de mercados velan para evitar que los vagabundos vengan a tomar sin autorización el alimento de los puercos, para comerlo así sin desinfectar y sin moler. Era, pues, imposible que, como algunos lo imaginan fácilmente, los sin albergue hubieran recogido su festín de Navidad entre los montones de basura de los mercados. Es por esto que la policía buscaba al vendedor ambulante o al pulpero que ha vendido el aguardiente infectado, que determinó el envenemiento.

En el trascurso de toda su existencia Joseph Gehie, Karl Melchior, Lucien Sciptoriopski*, no habían nunca atraído la atención, tanto Como hoy. Pensad, pues, que gran felicidad! Verdaderas juntas médicas secretas investigan prolijamente entre los intestinos de las recientes víctimas. El contenido de sus estómagos, para los cual es el mundo Había hasta entonces manifestado tanta indiferencia, es ahora examinado minuciosamente y hecho objeto de apasionadas discusiones en toda la prensa. Los periódicos anuncian que diez de "esos" señores se ocupan en preparar líquidos para el cultivo del bacilo, causa del envenenamiento. Por otro lado, se quiere saber de una manera precisa dónde cayó enfermo cada uno de esos miserables; ¿en el "Tenil" donde la policía encontró muerto a alguno de ellos o en el asilo donde otros habían pasado la noche? Lucien Sciptierovski, ha devenido subitamente una importante personalidad y si él no fuera en este momento cadáver de olor nauseabundo sobre la mesa de disección, seguramente tendria para inflarse de vanidad.

Si, el emperador mismo --que ¡Dios sea bendito!, está preservado de peores males, gracias al aumento por la vida cara, de tres millones de marcos que le ha sido acordada sobre su pensión civil que recibe en calidad de rey de Prusia-- el emperador mismo, pide insistentemente noticias de los envenenados en tratamiento en el hospital municipal. Y su alta esposa, femenina y enternecidamente, hace por intermedio del chamberlán von Winterfeld, expresar su condolencia a M. Kirschner, burgomaestre de la ciudad. En verdad, el burgomaestre Kirschner, no ha comido arenque a pesar de su baratura y se encuentra él con su familia en excelente salud. No es tampoco que nosotros lo sepamos parientes o relacionado de Joseph Gehie o de Lucien Sciptierovski. Pero después de todo ¿a quién el señor chamberlán Von Winterfeld, debía expresar las condolencias de la emperatriz? No podía evidentemente trasmitir las salutaciones de su majestad a los pedazos de cadáveres que yacían sobre la mesa de disección. En cuanto a los miembros de sus familias ¿hay alguien que los conocía? ¿Quién podría encontrarlos en los cabarets, los hospicios, los barrios de prostitución, y tambien en las usinas y las minas donde ellos trabajan? Es por esto que el burgomaestre M. Kirschner acepta en nombre de ellos la condolencia de la emperatriz, lo que le da fuerzas para hacer suyo y soportar estoicamente el dolor de los parientes de Scipterovski.

Ante la catástrofe, en el Concejo Municipal igualmente, se dió pruebas de sangre fria viril. Se hizo investigaciones. Se redactó comunicados cubriendo de tinta innumerables fojas de papel. Pero a pesar de todo, se tuvo siempre la cabeza en alto y contra los espantos de la agonía en los cuales otros hombres se debatían, ae permaneció con valor también, con el estoicismo de los héroes antiguos delante de su propia muerte.

Y sin embargo, todo este suceso ha puesto una nota discordante en la vida pública. Ordinariamente nuestra sociedad conserva cierto carácter de decencia exterior. Ella observa la honorabilidad, el orden y buenas costumbres. Aunque es cierto que hay lagunas o imperfecciones en la estrúctura y en la vida del Estado.

¿Pero después de todo, el Sol tambien no tient manchas? ¿Y existe aqui, abajo, alguna cosa perfecta? Los obreros mismos, yo entiendo los mejor pagados, los que están organizados, creen de Buena voluntad que la existencia y la lucha del proletariado se prosiguen dentro de límites de honorabilidad y compostura. ¿La gris teoría del pauperismo no ha sido refutada ya desde hace tiempo? Todos saben bien que existen asilos de noche, mendigos, prostitutas, "soplones", criminales y otros elementos de perturbación. Pero se piensa ordinariamente en esto, como en algo lejano, existente en alguna parte, fuera de la sociedad propiamente dicha.

Entre la clase obrera ciecente y sus parias, hay un muro y se piensa raramente en los miserables que se arrastran en el fango, al otro lado del muro. Pero, bruscamente algo sucede, algo que hace el mismo efecto que si en un círculo de gentes bien educadas, amables y distinguidas, alguien descubriera por casualidad en medio de los mueblescraros y preciosos, las huellas de un crimen abominable o de innobles corrupciones. Bruscamente un horrible espectro arranca a nuestra sociedad su máscara de compostura y enseña a todos que su honorabilidad no es más que el atavio de una prostituta. Bruscamente aparece que la superficie brillante de la civilización cubre un abismo de miseria, de sufrimiento y de barbarie. Verdaderos cuadros del infierno surgen, en los que se ven criaturas humanas hurgando en los montones de basura. Buscan los desechos, retorciendose en los espantos de la agonía. Se les ve así, agonizando, enviar a lo alto su aliento pestilente.

Y el muro que nos separa de este siniestro reinado de sombras aparece bruacamente como un simple decorado de papel pintado

¿Quienes son, pues, estos habitués del asilo de noche envenenados por el arenquc podrido o el aguardiente infecto? Un dependiente de almacen, un albañil, un tornero, un herrero, obreros, obreros, nada más que obreros. ¿Y quienes son, pues, los sin nombre que no han podido ser identificados por la policía? Obreros, siempre; nada más que obreros, en todo caso que lo eran todavía no hace mucho tiempo.

Y, en verdad, ningún obrero está garantizado contra el asilo, o el arenque podrido. Ahora, vigoroso todavia, honesto, trabajador, ¿qué devendrá mañana si ya no es recibido en su trabajo porque habrá alcanzado el fatal limite de edad o que su patrón lo declara inutilizable? ¿Qué será de esta vida si mañana cae víctima de un accidente que hará de él un inválido, un mendigo? Se dice: las gentes fracasadas en el asilo, no son en su mayor parte más que débiles y malos elementos. Viejos con el espíritu débil, jóvenes criminales, de atenuada responsabilidad. Es posible, pero los malos elementos de las clases superiores no caen nunca en el asilo sino son enviados a los sanatorios o al servicio de las colonias donde puedan satisfacer con toda libertad sus perversos instintos en las personas de los negros y de las negras. Ancianas reinas y grandes duquesas que devienen idiotas, pasan el resto de sus dias en palacios suntuosos rodeadas de una muchedumbre de respetuosos servidores. Para el viejo sultán Abdul Amid, ese monstruo abyecto que tiene sobre su conciencia millares Y millares de víctimas y en el que, sus crímenes innumerables y sus excesos sexuales han entorpecido sus sentidos, la sociedad lo tiene preparado como último refugio una explendida villa con magnificos jardines, cocineros de primer orden y un harem de florecientes mujeres, de doce anos para arriba. Para el joven criminal Prosper Eherenberg, una prisión confortable, bien provista de champagne, de ostras y una gozosa socieciad. Para los príncipes de instintos pervertidos, la indulgencia de los tribunales la abnegación de esposas heroicas y la dulce consolación de una buena y añeja cara. Para Madame d'Kbestein, C- sa mujer que tiene sobre su conciencia un asesinato y un suicidio, una confortable existencia burguesa, "toilettes" de seda y la simpatía dicreta de la sociedad.

Pero los viejos proletarios en los que la edad y el trabajo y las privaciones, han debilitado el espíritu, revientan como los perros de constantinopla, en las calles, contra las palizadas, en los asilos, el arroyo y al lado de ellos se encuentra por todo rastro una cola de arenque podrido. La división de clases se prosigue duramente, cruelmente, hasta en la locura, hasta en el crimen, hasta en la muerte. Para la canalla aristocrática, la indulgencia de la sociedad y los goces hasta el último sorbo. Para el Lázaro proletario, el hambre y el bacilo de la muerte en los montones de basura.

Es así como se acaba la existencia reservada al proletario en la sociedad capitalista. Apenas sale de la infancia, comienza como un obrero trabajador y honesto en el infierno del servicio paciente y cotidiano en provecho del capital. Por millones y decenas de millones la recolta de oro se aumenta en las granjas de los capitalistas. Una ola de riquezas de más en más formidable se vierte en los Bancos y las bolsas de valores. En tanto, los obreros en masas grises y silenciosas atraviesan cada tarde las puertas de las usinas y de las construcciones, coma las pasaron en las mañanas, miserables, vagabundos, comerciantes eternos que llevan al mercado el solo bien que poseen: su propia piel.

De tiempo en tiempo un accidente, una tempestad los barre por docenas y por centenas de la superficie de la tierra. Una pequena interlínea en el periódico, una cifra redonda, hacen conocer brevemcnte el accidente. Al cabo de algunos días se les ha olvidado y su ultimo suspiro es apagado por el jadeo y las trepidaciones de la carrera de las ganancias. Al cabo de algunos dias, nuevas decenas y centenas, ocupan sus plazas bajo el yugo del capital,

De tiempo en tiempo sobreviene una crisis, semanas y semanas de paro, de lucha desesperada con el hombre. Siempre el obrero consigue prenderse a cierta capa infernal, feliz de poder tender de nuevo sus musculos y sus nervios al servicio del capital.

Sin embargo, las fuerzas disminuyen poco a poco. Un prolongado "chómage", un accidente, la vejez que se aproxima y he aquí, al obrero obligado a aceptar la primera ocupación que encuentra. Pierde su profesión y cae cada vez más bajo irremediablemente. El azar domina hien pronto su existencia, la desgracia lo persigue. El encarecimiento de la vida lo golpea cada vez más duramente. La energía constantemente desplegada en la lucha por el pan, se relaja al fin; su amor propio desaparece y he aquí que bien pronto se encuentra ante la puerta del asilo de noche y en otros casos ante la de la prisión.

Todos los años, millares de existencias proletarias, se desplazan así, fuera de las condiciones de existencia normal de la clase obrera, hacia los bajos fondos de la miseria. Se desplazan insensiblemente como un sedimento, sobre el suelo de la sociedad, igual que las sustancias inútiles, de los que el capital no puede sacar ya ningún provecho: igual que un montón de basura humana que la sociedad barre despiadadamente con su escoba de fierro. El brazo de la ley, el hambre y el frío proceden aquí a su entera comodidad. Y en fin de cuentas, la sociedad burguesa tiende a sus parias la copa de veneno que hace desaparecer.

"El Sistema de asistencia pública, dice Carlos Marx en "El capital", está representado por la casa de invalidos, los obreros ocupados y el peso muerto de los "sin trabajo". En la sociedad capitalista el trabajo está indisolublemente ligado al paro. El uno y el otro son igualmente necesarios; el uno y el otro son una condición indispensable de la producción capitalista. Más son cansiderables la riqueza social, el capital explotador, las dimensiones y velocidad de su crecimiento y por consecuencia la plenitud absoluta dcl proletariado y del rendimiento de su trabajo y más considerable es la capa de sus desocupados. Pues, mientras más considerable es esta capa de desocupados en relación a la masa de obreros ocupados, es más considerable también la capa de obreros en excedente, reducidos a la miseria. Es esta una ley ineluctable de la producción capitalista".

Lucien Scipterovski que muere en la calle envenenado por un arenque podrido pertenece al proletariado, tanto coma el obrero calificado que recibe buen salario, compra cartas postales de nuevo año y una dorada cadena de reloj. El asilo de noche y el "violon" son los dos pivotes de la sociedad actual, así coma el palacio del canciller del Reich y la Banca de Alemania. Y el festín de arenque padrido y de aguardiente envenenada en el asilo de noche es el fierro invisible del caviar y del champagne en la mesa del millonario. Esos señores de los consejos médicas secretos pueden seguir buscanda mucha tiempo al micróscopio el germen de muerte en los intestinos de los envenenados y preparar líquidos de cultivo. El verdadero bacilo del que han muerto las gentes del asilo municipal, es la sociedad capitalista con sus cultivos.

Cada día los sin albergue mueren de hambre y de frío. Nadie se ocupa de ellos, a no ser el parte cuotidiano de la policía. La emoción provacada esta vez par este fenómeno banal se explica únicamente por su carácter de masa. Pues no es más que cuando su miseria adquiere un carácter de masa que el praletario puede obligar a la sociedad e interesarse por él. Hasta el mismo sin albergue en su aspecto de masa a simplemente tomada coma un montón de cadavers adquiere una verdadera importancia pública.

En tiempo ordinario, una cadáver es una cosa muda, sin la menor importancia. Pero hay cadáveres que hablan más alto que las trompetas e iluminan aventajando a las antorchas. Después del combate de barricadas del 18 de marzo de 1848, las obereros de Berlín, levantando en sus brazos los cadáveres de sus hermanos caídos en el curso de la lucha, las condujeran delante del palacio real y obligaron al despotismo a saludar a sus víctimas. Ahora se trata de levantar los cadáveres de los "sans-logis" de Berlín envenenados, que son la carne de nuestra carne, y la sangre de nuestra sangre, sobre nuestros brazos, nuestros millones de brazos proletarios y de conducirlos en la nueva jornada de lucha que se abre ante nosotros, a los gritos mil veces repetidos: "¡Abajo el orden social infame que engendra tales horrores!"

 

 

Rosa Luxemburg

 

La huelga de los mineros ingleses

 

(noviembre - diciembre de 1893)



En noviembre-diciembre de 1893.
Publicado por primera vez en polaco en Sprawa Robotnicza, París, nov-dic. 1893.



El 17 de noviembre finalmente terminó la gran huelga de 300.000 mineros, una huelga que duró cuatro meses y que fue de una importancia nunca vista antes. Ya hemos escrito que fue causada por la decisión de los dueños de las minas de carbón de reducir los jornales, a partir de agosto, en un 25 por ciento. Los capitalistas manifestaron que en vista de que sus ganancias habían disminuido por los actuales precios del carbón, los obreros debían renunciar a una cuarta parte de sus jornales. El siguiente informe, hecho por un socialista inglés, muestra el beneficio de los capitalistas ingleses al lado de los jornales de los obreros:

     El número de capitalistas mineros es de 3.000. En 1892, su beneficio neto era de 170 millones de rublos. La cantidad de obreros en las minas de carbón en el centro de Inglaterra es de 300.000. Su ingreso anual suma en total 150 millones de rublos. O sea, que un capitalista tiene una entrada semanal de 1.090 rublos y a un obrero le toca un jornal semanal de 9,60 rublos. ¡De esta forma, un barrigón que durante toda su vida no hace nada recibe el mismo importe que 115 obreros que realizan un trabajo duro, que permanentemente ponen en peligro su vida y su salud!

Pero incluso esos modestos jornales fueron logrados solamente con enormes esfuerzos de los obreros y docenas de huelgas.

Porque todavía en el año 1888 sus jornales eran un 40 por ciento más bajos y los mineros pasaban por grandes miserias. Se quejaban de que sus hijos “andaban medio muertos de hambre”.  En 1890, después de una ardua lucha, los mineros lentamente llegaron a los jornales actuales, y ahora, tres años más tarde, los capitalistas deciden de nuevo bajar los jornales a 7,20 rublos. Sin embargo, los mineros manifestaban que menos que eso no aceptarían, y que prefieren dejar de trabajar del todo y morir de hambre, antes que volver a la miseria del año 1888.

Al principio se creía que la huelga iba a abarcar a todas las masas mineras, que en Inglaterra junto con Escocia suman más de 660.000 hombres. Parece que en agosto hubo efectivamente un  momento en el que 500.000 hombres fueron a la huelga. Pero muy pronto 200.000 de ellos abandonaron la idea del paro, y quedaron 300.000 mineros, que aguantaron hasta el final. Esa falta de concordancia entre los mineros ingleses se debía a las fundamentales diferencias de opiniones y organización. En Inglaterra los mineros se dividen en tres grandes organizaciones principales: la Unión de las zonas de Durham y Northumberland, que abarcan a unos 100.000 obreros, la Unión de las Zonas de Gales del Sur y Monmouthshire, con  65.000, y finalmente la llamada Federación de los Mineros de Inglaterra Central, con más de 300.000 trabajadores. Esas organizaciones tienen características totalmente diferentes entre sí. Las dos primeras uniones están bajo la influencia de los mineros mejor pagados, que están conformes con su destino y rechazan la idea de una lucha. Los obreros de esas zonas se dejaban engañar por los capitalistas mediante la llamada “escala de jornales flexibles”. El engaño reside en el hecho de que existe una comisión, formada parcialmente por obreros, que suele calcular los jornales tomando como base los precios del carbón. Entonces, el capitalista aparece como una persona totalmente inocente, quien al fijar los jornales depende totalmente de los precios de mercado de su mercadería. Pero es evidente que con los precios del carbón, sean  altos o bajos, el capitalista fija los jornales de tal forma que siempre le queda una gran ganancia, mientras que los obreros salen perdiendo.

Cuando hace algunos años los mineros aceptaron la engañosa instauración de los jornales flexibles, los obreros de aquellas zonas se quedaron como petrificados, ya que por haber luchado habían cerrado las vías para mejorar su situación. Confiando en la exactitud del mensaje de sus explotadores, repetían como loros que un aumento de los jornales sólo podría producirse como consecuencia del aumento del precio del carbón; pero como esos precios eran bajos, la lucha no tendría éxito. Confiando pues en la Divina Providencia y en precios más altos, los obreros de ambas regiones están mal organizados y no quieren ser solidarios con los otros mineros de Inglaterra; más aun: los molestan en su lucha y hacen las veces de herramientas de los capitalistas. Cabe mencionar que justo esos obreros son los que se oponen a la instalación de la jornada de ocho horas en Inglaterra en forma de una ley obligatoria, ya que opinan que eso es una contradicción de la “libertad” del obrero mayor de edad. Vemos, entonces, en qué medida los obreros son tomados por tontos por sus explotadores.

Bien diferentes son los obreros del centro de Inglaterra, organizados en la llamada “Federación de Mineros”. Ellos no se dejaron avasallar por los jornales flexibles. No creen que el jornal dependa del precio de la mercadería y dicen: “A nosotros no nos importa el precio del carbón del mercado. Nuestro trabajo debe darnos lo suficiente como para vivir, lo demás no es asunto nuestro”. Por ese motivo se unieron en una asociación minera, sólida y perfectamente organizada, para mejorar su situación. Hasta el año 1888, que era el peor período para los mineros, hubo algunas pequeñas asociaciones en Inglaterra. Pero en vista de la miseria de aquella época, las asociaciones de mineros se unieron formando una federación y la meta de esa federación era, como ya se ha dicho, lograr un aumento del jornal del 40 por ciento. La disminución de los jornales planeada en último término, otra vez tocaba principalmente a los mineros del centro de Inglaterra. En el primer momento convocaron a las otras dos uniones de mineros para que se uniesen solidariamente a su lucha. Pero los obreros de esas uniones, fieles a sus falsos fundamentos, rechazaron la propuesta, porque en vista de los bajos precios del carbón consideraban una fantasía esa lucha por jornales más altos. Ni siquiera se avergonzaban de trabajar horas extra, perjudicando a los compañeros en huelga. También se negaban a ayudarlos con dinero, a pesar de que los mineros del centro de Inglaterra anteriormente los habían ayudado con cientos de miles. Abandonados a su suerte, los mineros de la Federación no perdieron el ánimo. Apelaron a la solidaridad de los mineros franceses, belgas, alemanes y austriacos, quienes en un congreso resolvieron no producir carbón para exportar a Inglaterra. Los mineros franceses y belgas incluso hicieron una huelga, pero por mala organización y otros motivos tuvieron que abandonar la lucha en forma parcial o total.

Ahora muchos se preguntarán: ¿Cómo fue posible que 300.000 mineros, que junto con sus familias suman aproximadamente medio millón de personas, pudiesen aguantar cuatro meses? Debido a la excelente organización de los mineros. Las cajas, alimentadas constante y abundantemente, contenían varios millones de rublos. A esto se sumaba la ejemplar disciplina de los mineros en huelga, quienes, unidos y en armonía,  evitaban choques sangrientos con los militares, y cada decisión tomada por los dirigentes era aceptada por todos. Ese cuidado y esa disciplina de los mineros asustaron a los capitalistas, que entonces desistieron de tomar represalias. Por ejemplo, la mayoría de los mineros ingleses vive en casas de los dueños de las minas. A pesar de la huelga, no se atrevían a desalojarlos, ya que los obreros amenazaban que en ese caso correría la sangre, y los capitalistas vieron que debían creerles.

Más que el miedo a sus puños, a los mineros los ayudó la situación política. En Inglaterra, donde los obreros pueden votar y donde constituyen una enorme mayoría, el poder político de los partidos depende de la relación de los obreros con los partidos. Porque justo ese año decidieron fundar un partido obrero independiente en el Parlamento, y elegir sus representantes. Desgraciadamente, hasta ese entonces las masas obreras siempre elegían uno de los partidos burgueses. Dos partidos principales dominan desde hace un siglo el parlamento inglés, turnándose: el liberal, que lucha por los derechos de los industriales y comerciantes, y el conservador, que defiende los intereses de los terratenientes. Esos dos partidos, en constante conflicto, ganan por turno las elecciones, según para quién votan los obreros. Como resultado de esa dependencia de los obreros ambos partidos compiten en atraerlos, pero lógicamente también deben hacer algo por los obreros mismos. Entonces se comprende por qué los dueños de las minas, que pertenecen al partido conservador (vencido en las últimas elecciones), temen, más que a los puños, el hecho de que en el futuro los obreros podrían votar por los contrarios, y por eso no desalojan a los mineros huelguistas que viven en sus casas. También se entiende entonces por qué el partido liberal, que nuevamente llegó al poder gracias a los votos de los obreros, desistió de atacar a los huelguistas con la fuerza militar, y si bien hubo abundancia de militares y policías en las zonas mineras, en ninguna parte se han producido disturbios, como los que hubo por ejemplo en la huelga minera en Francia. Se produjo el milagro de que casi toda la sociedad capitalista inglesa les hizo llegar considerable ayuda económica a los huelguistas. Altos dignatarios, pastores, obispos, ¡y hasta los mismos dueños de minas aportaron a veces miles de rublos para ayudar a los mineros! Tales milagros demuestran que la burguesía depende de la clase obrera.

 Es de lamentar que los obreros ingleses no hayan elegido sus propios representantes socialistas para integrar el Parlamento y que la burguesía haya tenido que hacer concesiones al considerarlos como adversarios políticos independientes, en lugar de tratar de atraerlos hacia su lado. Pero eso permite ver la ventaja que significan los derechos políticos de la clase trabajadora, antes aun de que ésta sepa aprovechar a fondo esos derechos.

La competencia de los partidos burgueses para lograr el favor de los trabajadores significó el aporte de una suma considerable que ingresó en la caja de los huelguistas. No hace falta mencionar que los obreros de todas las demás ramas de la industria inglesa también han ayudado dentro de sus posibilidades. ¡Así esa enorme masa, que agrupaba más de un millón de hombres, pudo soportar con gran esfuerzo las dieciséis semanas! Ante el poder de resistencia de los huelguistas, los capitalistas comenzaron ya en agosto a proponerles un arreglo mediante un tribunal arbitral. Pero los obreros no querían saber nada de eso y seguían repitiendo que no aceptarían ninguna disminución del jornal. Gracias a la libertad de reunión, los mineros organizaron miles de reuniones al aire libre y los más elocuentes los animaron con discursos enardecidos para seguir resistiendo y para la lucha; apasionadas, las masas manifestaban su acuerdo. Especialmente las mujeres de los mineros se destacaban  por su firmeza y proclamaban a los gritos que antes de permitirles a sus maridos e hijos regresar al trabajo y aceptar la miseria que les ofrecían, matarían a sus chicos... En cada una de las reuniones se decidió: continuar la huelga.

Mientras tanto, las reservas de los barones del carbón empezaban a agotarse, los precios del carbón subían tremendamente. Muchas factorías del hierro, los ferrocarriles, etc., tuvieron que parar por falta de combustible. El temor de perder ventas en el exterior por no poder hacer entregas por mucho tiempo, impulsó a varios capitalistas a instar a terminar la huelga lo antes posible. La población también sufría por el encarecimiento del combustible. El invierno se estaba acercando. La gente consideraba a los capitalistas como los causantes de la huelga y las voces que decían que los obreros tenían razón se hacían oír cada vez con más frecuencia. Sin embargo, los obreros no tenían intención de ceder. Entonces, en la Sociedad de los Dueños de Minas empezó a reinar el descontento y se repetían las quejas contra los jefes de la Sociedad, que habían causado la huelga y que por su terquedad cargaban con el enojo de todo el país. Los capitalistas abandonaban, uno tras otro, la Sociedad y empezaban a hacer concesiones a los obreros por su cuenta. Uno tras otro se mostraban dispuestos a volver a emplear a los obreros, sin rebajar los jornales. En sus reuniones, los obreros en conjunto estaban de acuerdo en que aquellos compañeros que trabajaban con esos capitalistas pudieran volver al trabajo, pero con la condición de que todos serían reincorporados y que ninguno sería despedido por huelguista. Al mismo tiempo, cada obrero que regresaba al trabajo se comprometía a aportar inmediatamente medio rublo por día a la caja de huelga para sostener a los compañeros que continuaban el paro. Es decir, que también de este lado venía parte de la ayuda y las masas seguían con la huelga. Entre tanto, la Sociedad de los capitalistas corría el peligro de perder la mayoría de sus miembros y eso terminó definitivamente su resistencia. En vista de ese hecho y por el peligro de otra huelga que ponía en peligro la existencia de toda la “industria local”, el gobierno ofreció nombrar a uno de los ministros como mediador entre obreros y capitalistas. Ambas partes aceptaron la propuesta y el 17 de noviembre se fijaron los resultados del convenio, como sigue:

Los obreros pueden reasumir su trabajo bajo las condiciones anteriores; se formará una comisión, constituida por 14 capitalistas y 14 mineros, que elegirá en forma conjunta un presidente, y que a partir del 1° de febrero de 1894 definirá los futuros jornales de los mineros. Esa comisión actuará, a modo de prueba, durante un año.

Después de esa decisión, que constituye una total y brillante victoria de la masa obrera, los dirigentes de la huelga decidieron terminarla y volver al trabajo. La victoria y el fin de la huelga provocaron una enorme alegría en todos los distritos mineros. Las minas y las casas fueron decoradas con hojas, los niños bailaban y saltaban. Los obreros se felicitaban unos a otros. También en el resto del país ese hecho fue celebrado como una gran fiesta. En el Parlamento la noticia del fin de la huelga fue recibida con un aplauso cerrado; el primer ministro respiró aliviado y dijo: ¡“Gracias a Dios”! La prensa toda comentó ese hecho, tal fue la importancia lograda por los mineros ingleses con su extraordinaria lucha.

Realmente, los resultados de la huelga pueden ser considerados como una victoria. Ante todo, los obreros obligaron a sus explotadores a pagarles los jornales anteriores. En cuanto a la comisión, que va a determinar los jornales del año próximo, se puede estar tranquilo de que no hará nada a la manera del comité de los jornales flexibles. Eso lo garantiza el inmenso poder mostrado por los obreros en la huelga, con quienes los capitalistas no querrán tener conflictos nuevamente. También lo garantiza la tenacidad con la que los mineros retuvieron los sueldos anteriores, diciendo que “no tienen nada que objetar que los jornales se fijen según los precios del carbón, si éstos significan un aumento  de los jornales”. Finalmente, los obreros aprobaron solamente un año de  prueba. En el caso de que no estuvieren satisfechos con el trabajo de la comisión después de un año, volverán a la lucha con fuerzas redobladas.

Esa victoria representa un hecho que no existe muchas veces en la historia de la masa obrera. Hasta ahora, no se ha visto en Europa una huelga tan formidable. Y eso que el enemigo de los trabajadores —la Sociedad de los Dueños de Minas en Inglaterra— pertenece a su vez a las organizaciones capitalistas más fuertes del mundo. Pero lo más importante, lo que hace que esa huelga sea tan significativa, es el principio en que se basaba esa lucha. Se trataba del convencimiento de que: o bien es posible defender y lograr un mejor jornal aunque bajen los precios del producto, o bien si bajan los precios de la mercadería —como sostenían aquellos mineros ingleses anticuados y desorientados, que se negaban a participar de la huelga— es inevitable bajar los jornales. En otras palabras: si la organización y la lucha de los obreros hoy día puede lograr algo, o si el trabajador debe someterse a todas las oscilaciones del mercado de consumo y soportar humildemente su miseria. La victoria de los mineros en el centro de Inglaterra demuestra que lo expresado en segundo término es erróneo, que el obrero sí tiene la posibilidad de protegerse, al menos de la extrema miseria, cuando dispone de una organización fuerte y de libertad política.

Por lo tanto, los resultados de la huelga y de su finalización abarcan mucho más que las ventajas materiales inmediatas de los mineros del centro de Inglaterra. Como suele suceder después de una batalla ganada, se duplicó la influencia de la Federación de Mineros y la confianza que le tienen las masas obreras. Los aportes a las cajas de las diversas zonas entrarán con más fluidez que antes. Las decisiones serán aceptadas con más seriedad y rapidez. Y hay más: los obreros de otros distritos mineros, que se negaban a participar en la huelga, ahora tienen que admitir que la Federación del Centro de Inglaterra tenía razón, tienen que reconocer su superioridad y poco a poco seguirán su ejemplo. Ya durante la huelga las masas mineras de esos distritos apoyaban a sus compañeros de la Federación. No hay duda de que, tarde o temprano, todos se incorporarán a la victoriosa Federación. Y, finalmente, la victoria de los huelguistas derrotó  a  la “Sociedad de Dueños de Minas de Carbón”, esa poderosa organización capitalista, y la ha debilitado en la medida en que robusteció la organización obrera. Ya hemos visto que dicha Sociedad prácticamente fue la víctima de la huelga.

Así fue como gracias a la perfecta organización y las especiales condiciones políticas, los mineros ingleses lograron una victoria total, batieron a sus enemigos y atrajeron a miles de sus compañeros de infortunio a la participación en la lucha conjunta por un futuro mejor.

 

Rosa Luxemburg


 

 

Rosa Luxemburg

 

El origen del Primero de Mayo

 

 

  En enero o febrero de 1894.
Publicado por primera vez en polaco en Sprawa Robotnicza, París, febrero 1894.

 

La feliz idea de instaurar un día de fiesta proletaria para lograr la jornada laboral de ocho horas nació en Australia, donde ya en 1856 los obreros habían decidido organizar un día completo de huelga, con mitines y entretenimiento, como una manifestación a favor de la jornada de ocho horas. Se eligió el 21 de abril para esa celebración.

Al principio los obreros australianos pensaban en una única celebración, aquel 21 de abril de 1856. Pero como esa primera celebración tuvo un efecto muy fuerte sobre las masas proletarias de Australia, animándolas con ideas agitadoras, se decidió repetirla todos los años.

 Efectivamente: ¿Qué podría proporcionarles a los trabajadores más coraje y fe en su propia fuerza que un paro masivo, decidido por ellos mismos?

¿Qué podría proporcionarles más valor a los eternos esclavos de las fábricas y de los talleres que el reconocimiento de su propia gente?

Por eso, la idea de una fiesta proletaria fue rápidamente aceptada y comenzó a extenderse de Australia a otros países, hasta conquistar finalmente todo el mundo proletario.

Los primeros en seguir el ejemplo de los obreros australianos fueron los norteamericanos. 

En 1886 se fijó el 1º de mayo como el día de la huelga universal. Ese día, 200.000 trabajadores abandonaron sus lugares de trabajo y exigieron la jornada laboral de ocho horas. Más tarde, la policía y el hostigamiento legal impidieron por muchos años la repetición de esa gran manifestación.

Sin embargo, en 1888 restablecieron su decisión y fijaron el 1º de mayo de 1890 como el día de la siguiente celebración.

Mientras tanto, el movimiento obrero en Europa se había fortalecido notablemente.  La expresión más poderosa de este movimiento ocurrió en el Congreso Internacional Obrero de 1889. En ese Congreso, al que asistieron 400 delegados, se decidió que la jornada de ocho horas debía ser la primera reivindicación. El delegado de los sindicatos franceses, el obrero Lavigne de Burdeos, propuso difundir esa reivindicación en todos los países mediante un paro universal. El delegado de los trabajadores estadounidenses llamó la atención de sus camaradas sobre la decisión de ir a la huelga el día 1º de mayo de 1890, por lo que el Congreso fijó esa fecha para la fiesta proletaria universal.

Los obreros, al igual que treinta años antes en Australia, pensaban solamente en  una única manifestación. Ese 1º de mayo de 1890 el Congreso había decidido que los trabajadores de todos los países se manifestarían juntos por la jornada de ocho horas. Nadie había hablado de repetir la celebración en años siguientes. Naturalmente, nadie podía predecir el enorme éxito que tendría esa idea ni la rapidez con que sería adoptada  por la clase obrera. Sin embargo, fue suficiente celebrar el 1º de mayo tan sólo una vez para que todos comprendieran y sintieran que debía convertirse en una institución anual y permanente.

El 1º de mayo significaba establecer la jornada de ocho horas. Pero aún después de haber logrado este objetivo, ese 1º de mayo no fue abandonado. Mientras continúe la lucha de los obreros contra la burguesía y la clase dominante, mientras todas las exigencias no hayan sido satisfechas, el 1º de mayo continuará siendo la manifestación anual de esos reclamos. Y cuando lleguen días mejores, cuando la clase obrera del mundo haya logrado su objetivo, es probable que la humanidad entera también celebre el 1º de mayo, honrando las amargas luchas y los sufrimientos del pasado.

Rosa Luxemburg
(febrero 1894)

 

 

Rosa Luxemburg

ANARQUISTAS, SOCIALDEMÓCRATAS Y HUELGA GENERAL

 

17 de abril de 1912
Aparecido en Ouvrier communiste, nº 1, agosto de 1929. La fuente alemana no se precisa y no figura en nuestra edición de las Gesammelte Werke

 

Para el pensamiento anarquista la especulación directa sobre la Revolución es un hecho superficial y accesorio. Lo que es esencial es la forma abstracta y antihistórica de plantear la huelga general como medio que condiciona toda la lucha proletaria. Para los anarquistas existen solo dos cosas como premisas materiales de sus especulaciones revolucionarias: el sueño utópico y la buena voluntad y el coraje para sacar a la humanidad del valle de miseria en el que la mantiene el capitalismo. Del sueño destaca el razonamiento, con sesenta años de vida ya, que la huelga general es el medio más expeditivo, más seguro y más fácil, para saltar a un orden social mejor. Es en el sueño donde encuentra su justificación la especulación mediante la cual la lucha económica se plantea como la única y verdadera "acción directa de las masas" y, en consecuencia, la única lucha revolucionaria (aquí está el nuevo antojo de los "sindicalistas" franceses e italianos). Lo que ha resultado fatal para los anarquistas no ha sido solamente la vertiente utópica de sus métodos de lucha improvisados en el sueño sino la realidad imprevista que los transfirió del terreno de las especulaciones revolucionarias al de la práctica, donde se convirtieron de hecho en agentes de la reacción.

Quienes han querido fijar en Alemania, mediante la deliberación de una dirección, el día preciso para desencadenar la huelga general, y quienes igualmente, en los congresos sindicales de Colonia, han pretendido (prohibiendo la propagación de esta solución del problema) hacer desaparecer del mundo la huelga general, se colocan en el mismo terreno y consideran el problema del mismo modo abstracto y antihistórico. Estas dos tendencias, retomando la concepción anarquista, pretenden que la huelga general es un simple medio técnico de lucha que se puede desencadenar o prohibir a su gusto. La huelga general es para ellos una especie de navaja de bolsillo que se guarda y de la que uno se sirve cuando quiere.

Los adversarios de la huelga general pretenden tener en cuenta el terreno histórico y las condiciones materiales de la actual situación en Alemania, en oposición a los "románticos de la revolución" que vuelan entre las nubes y no quieren tener en cuenta la realidad y sus posibilidades e imposibilidades. "Hechos y cifras, hechos y cifras", gritan como el personaje de la novela de Dickens. Lo que los adversarios sindicales de la huelga general entienden por "terreno histórico" y "condiciones materiales" es, por una parte, la debilidad del proletariado, por la otra, la fuerza del militarismo prusiano alemán. La insuficiencia de las organizaciones obreras, la situación de la caja y la amenaza de las bayonetas prusianas, he ahí los "hechos y cifras" sobre los que esos dirigentes de los sindicatos basan en un momento determinado su política práctica. Ahora bien, las cajas de los sindicatos y las bayonetas prusianas son fenómenos muy materiales e históricos, pero la concepción basada en esos elementos no es un materialismo histórico en el sentido de Marx sino un materialismo policíaco en el sentido de Puttkamer. Los representantes del estado policiaco y capitalista tienen en cuenta ellos mismos la fuerza real del proletariado organizado y al mismo tiempo de la fuerza material de las bayonetas y, habiendo considerado dos series de cifras, no siempre extraen la conclusión tajante que vemos aquí: el movimiento obrero revolucionario siempre es provocado por los instigadores y cabecillas de disturbios, pues tenemos en nuestras prisiones y con nuestras bayonetas un medio suficiente para controlar este desagradable "fenómeno pasajero".

La clase obrera consciente de Alemania ha comprendido desde hace mucho tiempo el papel burlesco de la teoría de los policías, teoría que pretende que todo el movimiento obrero moderno es el producto artificial y arbitrario de hechos y gestas de un puñado de cabecillas y agitadores sin conciencia.

Pero es justamente la misma concepción la que ve la luz cuando bravos camaradas se asocian para poner al proletariado alemán en guardia contra la propaganda peligrosa de algunos "románticos de la revolución", y contra su concepción de la huelga general; o bien cuando, por otra parte, se abre camino a una campaña lagrimosa de esas gentes que se mecen en ilusiones sobre la posibilidad de un desencadenamiento de la huelga general a consecuencia de acuerdos confidenciales entre la dirección del partido y la comisión general de las organizaciones sindicales.

Si las huelgas generales dependiesen de la "propaganda incendiaria" de los románticos de la Revolución o de las decisiones confidenciales o públicas de los jefes de partidos no habríamos tenido en Rusia ni una sola huelga general. En ningún país se soñaba tan poco como en Rusia (como lo probé ya en marzo de 1905 en la Sachs Arbeiter Zeitung). En Rusia no se trataba ni de propagar, ni incluso de "discutir", la huelga general. Y han fracasado los ejemplos aislados de decisiones y acuerdos de la dirección del partido ruso, que deberían haber provocado la huelga general, como por ejemplo la última tentativa de agosto de este año tras la disolución de la Duma.

Si la revolución rusa nos enseña algo es sobretodo esto: que la huelga general no es un producto artificial, programado y decretado, sino un fenómeno histórico que se produce necesariamente en un momento determinado sobre la base de las relaciones sociales existentes. Este problema no podría ser considerado y discutido a través de especulaciones abstractas sobre la posibilidad e imposibilidad, la utilidad o la influencia dañina de la huelga general sino solamente mediante el examen de las condiciones sociales e históricas, de donde proviene ese fenómeno particular de la fase actual de la lucha de clases. Con otras palabras, se trata no de un juicio subjetivo determinado por lo que es deseable sino de un análisis de las fuentes de la huelga general desde el punto de vista de la necesidad histórica.

En la libertad del análisis lógico y abstracto se puede demostrar igualmente la imposibilidad absoluta y la cierta debacle o bien, por el contrario, la total posibilidad y la indudable victoria de la huelga general. El valor de la demostración es, en consecuencia, el mismo en ambos casos, es decir nulo. Así como el miedo a la propagación de la huelga general que provoca tantos anatemas contra los pretendidos culpables de ese crimen, es el simple resultado de un educado quid pro quo. Es tan imposible propagar la huelga general como medio abstracto de lucha como lo es propagar la revolución. "Revolución" y "huelga general" son ideas que representan simplemente una forma exterior de la lucha de clases y que sólo tienen una significación y contenido en relación con el conjunto de las situaciones políticas.

Quien se propusiese hacer de la huelga general, en tanto que forma de la acción proletaria, el objeto de una agitación preordenada, y difundiese esa "idea" para ganarse para ella, según él, poco a poco a la clase obrera, perdería su tiempo en una actividad absurda e insensata. Sería lo mismo si alguien quisiera hacer de la idea de la revolución y de la lucha de barricadas un objeto de agitación. La huelga general ha devenido hoy en día el punto central del interés vital de la clase obrera alemana e internacional, pues es una nueva forma de combate y como tal el síntoma de una profunda revolución en las relaciones y condiciones de la lucha de clases. Es una buena prueba del sano instinto revolucionario y de la viva consciencia de la masa obrera alemana que, a pesar de la resistencia encarnizada de sus dirigentes sindicales, se gira hacia ese nuevo problema con un interés tan caluroso. No se puede responder a este interés, a esta noble sed intelectual y a este entusiasmo revolucionario por la acción, que se produce entre los obreros, mediante una abstracta gimnasia cerebral sobre la posibilidad e imposibilidad de la huelga general. Por el contrario, se debe responder clarificando el desarrollo de la revolución rusa, sobre el significado internacional de esta revolución, sobre la agudeza de los contrastes de clases en la Europa Occidental, sobre las perspectivas ulteriores de la lucha de clases en Alemania y el papel y tareas de las masas en la próxima lucha. Solo bajo esta forma puede la discusión sobre la huelga general contribuir a ampliar el horizonte del proletariado, agudizar su consciencia de clase, profundizar su pensamiento y hacer resplandecer su fuerza de acción.

Si nos colocamos en este punto de vista, se verá todo el ridículo de los procedimientos de que se sirven los adversarios de la huelga general para condenar a aquellos que no han tratado el problema siguiendo al pie de la letra la resolución de Jena. Los "hombres políticos con sentido práctico" están completamente de acuerdo en declarar que esta resolución junta la cuestión de la huelga general y la cuestión del sufragio universal, lo que les permite creer que primero se debe asegurar por este medio un carácter defensivo a la huelga general y, segundo, que ésta queda subordinada al parlamentarismo y que la transforma en un simple accesorio del parlamentarismo.

La verdadera sustancia de la resolución de Jena en relación con esta cuestión consiste en afirmar que un atentado de la reacción contra el sufragio universal, en la actual situación, marcaría el principio de un período de luchas políticas tempestuosas en el que se aplicarían seguramente, por primera vez, la huelga general como medio de lucha. No podría delimitarse o acotarse el campo de acción social e histórico de la huelga general por un congreso del partido. Es una empresa que está tan limitada como la prohibición de discusión sobre esta cuestión que fue planteada en el congreso sindical de Colonia. En la resolución del partido de Jena, la socialdemocracia alemana ha levantado oficialmente acta del gran cambio que la revolución rusa ha aportado a las condiciones internacionales de la lucha de clases, y ha constatado su posibilidad de desarrollo y de adaptación a las nuevas exigencias de la próxima fase de la lucha de clases. Aquí radica la significación del congreso de Jena. En lo que concierne a la aplicación de la huelga general en Alemania, será la historia quien decidirá, como ya ha decidido en Rusia; la historia, en la cual la socialdemocracia sin duda alguna, con sus decisiones, es un factor importante pero solamente un factor entre otros.

En la actual discusión en Alemania se considera a la huelga general como alguna cosa muy simple, clara y netamente precisada. Se habla de una huelga general política. Se plantea un único y grandioso despliegue de las fuerzas del proletariado industrial, preparado de antemano y desatado en un momento determinado. Debería ser el resultado de un plan bien establecido, sobre la base de un entendimiento entre la dirección del partido y la de las organizaciones sindicales, plan en el que estaría ya preordenado el balance material de la huelga general.

Si se compara este esquema teórico con la huelga general en la realidad, como se produce en Rusia desde hace cinco años, se tendrá que estar de acuerdo en que el plan que forma el substrato de la actual discusión en Alemania no se corresponde casi en nada con las numerosas huelgas que se han producido en Rusia; en que, por otra parte, esas huelgas tienen un aspecto tan variado que es imposible hablar de "la" huelga de masas y de una huelga de masas abstractamente esquematizada. Todos los momentos de la huelga general, así como su carácter, no son diferentes en las diferentes ciudades y regiones del territorio nacional sino que su carácter general ha cambiado en repetidas ocasiones durante la revolución. Las huelgas de masas han tenido y tienen aún en Rusia su historia particular. Quien habla de la huelga general en Rusia debe tener, ante todo, su historia delante.

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

El voto femenino y la lucha de clases

 

    «Frauenwahlrecht und Klassenkampf»,

discurso pronunciado en las Segundas Jornadas de Mujeres Socialdemócratas. Stuttgart, 12-mayo-1912.

Traducido de Gesammelte Werke, vol 3, Dietz Verlag, Berlín, 1973, pp. 159-165.

 

 

«¿Por qué no hay organizaciones de mujeres trabajadoras en Alemania? ¿Por qué se sabe tan poco del movimiento de mujeres obreras?». Con estas palabras Emma Ihrer, una de las fundadoras del movimiento de mujeres proletarias en Alemania, introducía en 1898 su obra Mujeres obreras en la lucha de clases. Apenas han transcurrido catorce años desde entonces, y el movimiento de mujeres proletarias ha conocido una gran expansión. Más de ciento cincuenta mil trabajadoras sindicadas constituyen el núcleo más activo en la lucha económica del proletariado. Muchos miles de mujeres políticamente organizadas se han alineado tras la bandera de la socialdemocracia: el órgano de las mujeres socialdemócratas [Die Gleichheit, editado por Clara Zetkin] tiene más de cien mil suscriptoras; el voto femenino es uno de los puntos vitales del programa de la social democracia.

Pero es posible que precisamente estos datos lleven a algunos a subestimar la importancia de la lucha por el sufragio femenino. Pueden pensar: aun sin la igualdad de derechos políticos del sexo débil hemos hecho enormes progresos tanto en la educación como en la organización de las mujeres. Por lo tanto, el voto femenino no es ninguna necesidad urgente. Quien piense así, se equivoca. El extraordinario despertar político y sindical de las masas proletarias femeninas en los últimos quince años ha sido posible sólo gracias a que las mujeres trabajadoras, a pesar de estar privadas de sus derechos, se interesaron vivamente por las luchas políticas y parlamentarias de su clase. Hasta este momento, las mujeres proletarias viven del voto masculino, en el que indudablemente toman parte, aunque de forma indirecta. Las campañas electorales son una causa común de los hombres y de las mujeres de la clase obrera. En todos los mítines electorales de la social-democracia las mujeres constituyen ya una gran parte, a veces incluso la mayoría. Siempre están interesadas y se sienten apasionadamente implicadas. En todos aquellos distritos en que existe una fuerte organización socialdemócrata, las mujeres ayudan en la campaña. Y son las mujeres las que llevan a cabo el inestimable trabajo de distribuir panfletos y recoger suscripciones para la prensa socialdemócrata, esa arma tan importante en las campañas.

El estado capitalista no ha podido evitar que las mujeres del pueblo asuman todas estas obligaciones y esfuerzos en la vida política. Faso a paso, el Estado se ha visto obligado a garantizarles los derechos de asociación y de reunión. Sólo les niega el último derecho político: el derecho al voto, que les permita elegir directamente a los representantes populares en el parlamento y en la administración, y que les permita ser, asimismo, un miembro electo de estos cuerpos. Pero aquí, como en todos los ámbitos de la sociedad, el lema es: «¡Ojo con empezar cosas nuevas!» Pero las cosas ya han empezado. El actual Estado claudicó ante las mujeres proletarias al admitirlas en las asambleas públicas y en las asociaciones políticas. Pero el Estado no cedió aquí por voluntad propia, sino por necesidad, bajo la presión irresistible del auge de la clase obrera. Y fue también el apasionado empuje de las mujeres proletarias mismas lo que forzó al Estado policíaco pruso-germano a renunciar al famoso «sector de mujeres» [el «sector de mujeres» instituido en 1902 por el ministro prusiano Von Hammerstein obligaba a reservar en las reuniones políticas una sección especial para las mujeres] en las reuniones y abrir las puertas de las organizaciones políticas a las mujeres. La bola de nieve empezaba a rodar más deprisa. Gracias al derecho de asociación y de reunión las mujeres proletarias han tomado una parte activísima en la vida parlamentaria y en las campañas electorales. La consecuencia inevitable, el resultado lógico del movimiento es que hoy millones de mujeres proletarias reclaman desafiantes y llenas de confianza: ¡Queremos el voto!

Hace tiempo, en la maravillosa era del absolutismo pre-1848, se decía que la clase obrera no estaba lo «suficientemente madura» para tener derechos políticos. Esto no puede decirse de las mujeres proletarias actualmente, porque han demostrado sobradamente su madurez política. Todo el mundo sabe que sin ellas, sin la ayuda entusiasta de las mujeres proletarias, el partido socialdemócrata no habría alcanzado la brillante victoria del 12 de enero [1912], no habría obtenido los 4 1/4 millones de votos. En cualquier caso la clase obrera siempre ha tenido que demostrar su madurez para las libertades políticas por medio de un movimiento de masas revolucionario. Sólo cuando el Emperador por la Gracia de Dios y cuando los mejores y más nobles hombres de la nación sintieron realmente el calloso puño del proletariado en su carne y su rodilla en sus pechos, sólo entonces entendieron inmediatamente la «madurez» política del pueblo. Hoy les toca a las mujeres proletarias evidenciar su madurez al estado ca-pitalista; y ello mediante un constante y poderoso movimiento de masas que debe utilizar todos los medios de la lucha proletaria.

El objetivo es el voto femenino, pero el movimiento de masas para conseguirlo no es tarea para las mujeres solamente, sino una responsabilidad común de clase, de las mujeres y de los hombres del proletariado. Porque la actual ausencia de derechos de las mujeres en Alemania es sólo un eslabón de la cadena de la reacción: la monarquía. En la moderna Alemania, de capitalismo avanzado y altamente industrializada, del siglo veinte, en la era de la electricidad y de los aviones, la falta de derechos políticos para la mujer es un residuo del pasado muerto pero también el resultado del dominio del Emperador por la Gracia de Dios. Ambos fenómenos -el instrumento divino como el poder más importante de la vida política, y la mujer, casta en un rincón de su casa, indiferente a las tormentas de la vida pública, a la política y a la lucha de clases- hunden sus raíces en las podridas condiciones del campo y de los gremios en la dudad. En aquellos tiempos eran justificables y necesarios. Pero tanto la monarquía como la falta de derechos de la mujer, han sido desbordados por el desarrollo del capitalismo moderno, son hoy ridículas caricaturas. Pero siguen en pie en nuestra sociedad moderna no porque la gente olvidara abolirlos, ni tampoco a causa de la persistencia e inercia de las circunstancias. No, todavía existen porque ambos -la monarquía, y la mujer privada de sus derechos- se han convertido en instrumentos poderosos en manos de los enemigos del pueblo. Los peores y más brutales defensores de la explotación y esclavización del proletariado se atrincheran tras el trono y el altar, pero también tras la esclavitud política de las mujeres. La monarquía y la falta de derechos de la mujer se han convertido en los instrumentos más importantes de la dominación capitalista de clase.

En realidad se trata para el Estado actual de negar el voto a las mujeres obreras, y sólo a ellas. Teme, acertadamente, que puedan ser una amenaza para las instituciones tradicionales de la dominación de clase, por ejemplo, para el militarismo (del que ninguna mujer obrera con cabeza puede dejar de ser su enemiga mortal), la monarquía, el sistema fraudulento de impuestos sobre la alimentación y los medios de vida, etc. El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque tras él están los millones de mujeres que reforzarían al enemigo interior, es decir, a la socialdemocracia. Si se tratara del voto de las damas burguesas, el Estado capitalista lo considerará como un apoyo para la reacción. La mayoría de estas mujeres burguesas, que actúan como leonas en la lucha contra los «privilegios masculinos», se alinearían como dóciles corderitos en las filas de la reacción conservadora y clerical si tuvieran derecho al voto. Serían incluso mucho más reaccionarias que la parte masculina de su clase. A excepción de las pocas que tienen alguna profesión o trabajo, las mujeres de la burguesía no participan en la producción social. No son más que co-consumidoras de la plusvalía que sus hombres extraen del proletariado. Son los parásitos de los parásitos del cuerpo social. Y los consumidores son a menudo mucho más crueles que los agentes directos de la dominación y la explotación de clase a la hora de defender su «derecho» a una vida parasitaria. La historia de todas las grandes luchas revolucionarias lo confirma de una forma horrible. La gran Revolución francesa, por ejemplo. Tras la caída de los jacobinos, cuando Robespierre fue llevado al lugar de la ejecución, las mujeres de la burguesía triunfante bailaban desnudas en las calles, bailaban de gozo alrededor del héroe caído de la revolución. Y en 1871, en París, cuando la heroica Comuna obrera fue aplastada por los cañones, las radiantes mujeres de la burguesía fueron incluso más lejos que sus hombres en su sangrienta venganza contra el proletariado derrotado. Las mujeres de las clases propietarias defenderán siempre fanáticamente la explotación y la esclavitud del pueblo trabajador gracias al cual reciben indirectamente los medios para su existencia socialmente inútil.

Económica y socialmente, las mujeres de las clases explotadoras no son un sector independiente de la población. Su única función social es la de ser instrumentos para la reproducción natural de las clases dominantes. Por el contrario, las mujeres del proletariado son económicamente independientes y socialmente tan productivas como el hombre. Pero no en el sentido de que con su trabajo doméstico ayuden a que los hombres puedan, con su miserable salario, mantener la existencia cotidiana de la familia y criar a los hijos. Este tipo de trabajo no es productivo en el sentido del actual orden económico capitalista, a pesar de que, en mil pequeños esfuerzos, arroje como resultado una prestación gigantesca en autosacrificio y gasto de energía. Pero éste es asunto privado del proletariado, su felicidad y su bendición, y por ello inexistente para nuestra sociedad actual. Mientras domine el capital y el trabajo asalariado, sólo el trabajo que produce plusvalía, que crea beneficio capitalista, puede considerarse trabajo productivo. Desde este punto de vista, la bailarina del music-hall cuyas piernas suponen un beneficio para el bolsillo del empresario, es una trabajadora productiva, mientras que el del grueso de mujeres y madres proletarias dentro de las cuatro paredes de sus casas se considera improductivo. Esto puede parecer brutal y demente, pero corresponde exactamente a la brutalidad y la demencia del actual sistema económico capitalista, y aprehender clara y agudamente esta realidad brutal es la primera tarea de las mujeres proletarias.

Porque precisamente desde este punto de vista la reivindicación de la mujer proletaria por la igualdad de derechos políticos está firmemente anclada sobre bases económicas. Hoy millones de mujeres proletarias crean beneficio capitalista como los hombres -en las fábricas, en las tiendas, en el campo, en la industria doméstica, en las oficinas, en almacenes. Son, por lo tanto, productivas en el sentido estricto de la sociedad actual. Cada día aumenta el número de mujeres explotadas por el capitalismo, cada nuevo progreso industrial o técnico crea nuevos puestos de trabajo para mujeres en el ámbito de la maquinaria del beneficio capitalista. Y con ello cada día y cada avance industrial supone una nueva piedra en la firme fundamentación de la igualdad de derechos políticos de las mujeres. La educación y la inteligencia de la mujer se han hecho necesarios para el mecanismo económico. La típica mujer del «círculo familiar» patriarcal ya no responde a las necesidades de la industria y del comercio ni a las necesi-dades de la vida política. Claro que también en este aspecto el Estado capitalista ha olvidado sus deberes. Hasta ahora han sido los sindicatos y las organizaciones socialdemócratas las que más han hecho por el despertar espiritual y moral de las mujeres. Hace décadas que los obreros socialdemócratas eran ya conocidos como los más capaces e inteligentes. También hoy han sido los sindicatos y la socialdemocracia los que han sacado a las mujeres proletarias de su estrecha y triste existencia, de su miserable e insípida vida doméstica. La lucha de clases proletaria ha ampliado sus horizontes, las ha hecho más flexibles, ha desarrollado su mente, y les ha ofrecido grandes objetivos que justifiquen sus esfuerzos. El socialismo ha supuesto el renacimiento espiritual para las masas proletarias femeninas y con ello también las ha convertido, sin duda alguna, en una fuerza de trabajo más capaz y productiva para el capital.

Considerando todo lo dicho, la falta de derechos políticos de la mujer proletaria es una vil injusticia, porque además ha llegado a ser, hoy en día, una verdad a medias, dado que las mujeres masivamente toman parte activa en la vida política. Sin embargo, la socialdemocracia no utiliza en su lucha el argumento de la «injusticia». Ésta es la diferencia sustancial entre nosotros y el socialismo utópico, sentimental, de antes. Nosotros no dependemos de la justicia de la clase dominante, sino sólo del poder revolucionario de las masas obreras y del curso del desarrollo social que abona el camino para este poder. Así pues, la injusticia, en sí misma, no es ciertamente un argumento para acabar con las instituciones reaccionarias. Pero cuando el sentimiento de injusticia se apodera cada vez más de amplios sectores de la sociedad -dice Friedrich Engels, el cofundador del socialismo científico- es siempre una señal segura de que las bases económicas de la sociedad se tambalean considerablemente, y de que las actuales condiciones están en contradicción con el curso del desarrollo. El actual y poderoso movimiento de millones de mujeres proletarias que consideran su falta de derechos políticos como una vergonzosa injusticia, es una señal infalible de que las bases sociales del orden existente están podridas y de que sus días están contados.

Hace cien años, el francés Charles Fourier, uno de los primeros grandes pro-pagadores de los ideales socialistas, escribió estas memorables palabras: «En toda sociedad, el grado de emancipación de la mujer es la medida natural de la emancipación general». Esto es totalmente cierto para nuestra sociedad. La actual lucha de masas en favor de los derechos políticos de la mujer es sólo una expresión y una parte de la lucha general del proletariado por su liberación. En esto radica su fuerza y su futuro. Porque gracias al proletariado femenino, el sufragio universal, igual y directo para las mujeres supondría un inmenso avance e intensificación de la lucha de clases proletaria. Por esta razón la sociedad burguesa teme el voto femenino, y por esto también nosotros lo queremos conseguir y lo conseguiremos. Luchando por el voto de la mujer, aceleramos al mismo tiempo la hora en que la actual sociedad se desmorona en pedazos bajo el martillo del proletariado revolucionario.

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

Huelga política de masas

  Julio de 1913

Primera Publicacion: 22 de julio de 1913

 

En Alemania, el problema de la huelga política de masas se discutió anteriormente, bajo la poderosa presión de la gran Revolución Rusa de 1905, una revolución en la que la aplicación de la huelga de masas llevó tanto la derrota y la victoria del proletariado ruso. La resolución de Partido del Congreso de Jena [septiembre 1905] fue el resultado de este debate. Esta resolución declaró la huelga política de masas como un arma del proletariado también aplicable en Alemania. A ello siguió un período en el debate sobre este problema desapareció. Luego, en 1910 se produjo una nueva y animada discusión sobre de la huelga política de masas en relación con nuestra acción para garantizar el derecho al voto en Prusia. Las acciones de masas fueron suspendidas deliberadamente y nuestra atención se dirigió hacia las elecciones al Reichstag de 1912. La huelga de masas de nuevo desapareció de discusión. Ahora vemos que el tema de nuevo se está discutiendo en las reuniones y en las conferencias regionales y de distrito. Incluso el congreso del partido no será capaz de evitar la adopción de una posición seria sobre la cuestión. Cuando se ve que la huelga de masas despierta el interés activo de los camaradas de partido, nadie va a ser capaz de asumir que toda la discusión se ha presentado en sólo unos pocos partidarios de la huelga de masas. Tiene sus raíces en la situación económica. Tales discusiones siempre se originan cuando el partido se siente la necesidad de impulsar el movimiento para dar un paso significativo hacia adelante, y cuando los camaradas de partido se dan cuenta de que no podemos hacer ningún progreso con los críticos que escribían fuera toda la discusión como un engaño perpetrado por un unos maniobreros.

¿Cómo y cuándo empezó esta discusión? ¿En la reunión Wilmersdorf? Eso es un error, pero que puede ser perdonado a aquellos que sólo leen Vorwärts. Para ello ha hecho cierto que el camarada Frank promovió el debate sobre la huelga política de masas en la reunión de Wilmersdorf. Mucho antes de la huelga de masas se discutió en Berlín, los camaradas de partido en muchos otros lugares estaban concernidos en ella. Si bien es cierto que el poder elemental de las masas ahora, por tercera vez, ha colocado la cuestión de la huelga política de masas en el programa, entonces, hay que acogerlo y ver en esto un síntoma de que no podemos evitar más que aplicar ya este método tan valioso para la lucha de clases. Es por esto que es necesario examinar la cuestión de la huelga de masas en todos sus aspectos. La cuestión está lejos de ser resuelta. Todavía debe ser discutido en detalle por lo que las masas están familiarizadas con la forma en que esta nueva forma de lucha será aplicada.

Si tenemos en cuenta la actual discusión, vemos por un lado, a los ardientes defensores de la huelga de masas que están a favor de la conferencia del partido, en consulta con la Comisión General de los sindicatos, facultando al ejecutivo del partido para preparar el camino para la huelga de masas. De hecho, también exigen que debamos comenzar a educar a los trabajadores a la huelga de masas. Aconsejan además la preparación de la huelga de masas según el modelo belga. Estas son las demandas de un grupo. El Otro grupo expresó de inmediato las reservas más fuertes en contra de cualquier "coqueteo con la idea de la huelga de masas". Dijeron que esto es extremadamente peligroso para la vida del partido, ya que en Alemania estamos lejos de estar listos para participar en una huelga de masas. Continúan argumentando que El partido sufriría una derrota, de la que no se recuperaría durante décadas.

Los defensores de la aplicación de la huelga de masas, tan pronto como sea posible pertenecen a diferentes corrientes políticas. El Camarada Frank, quien ha salido de la huelga de masas, representa a la escuela de oportunismo político. En Badén, él aboga por la formación de una gran coalición con los nacional liberales. Su política es muy simple. El persigue esta grandiosa política en el Parlamento con todos los métodos y tácticas de estadista, primero llegar a un acuerdo con los partidos burgueses, una moda para hacer un gran bloque de toda la izquierda. Sin embargo, cuando esta política no funcione, ya que está obligado a actuar, y promover la causa del proletariado, un paso más allá, ¡ah! entonces los trabajadores deben entrar en acción tomando las calles y comenzar una huelga de masas. Esta proclamación de Frank es un ejemplo perfecto de cómo no se debe organizar una huelga de masas.

La huelga de masas no es algo que uno puede hacer cuando la política de los embaucadores parlamentarios fracasa. Una huelga de masas provocada en tales circunstancias es una causa perdida desde el comienzo. Los estafadores políticos que creen que pueden evocar una huelga de masas y luego terminar con un manotazo están en un error. Esto no se puede hacer. Las Huelgas de masas sólo pueden tener lugar cuando las condiciones históricas que están a la mano. Ellas no se pueden hacer con un simple llamado. Las Huelgas de masas no son un método artificial que se puede aplicar cuando se ha estropeado la política del partido, con el fin de sacarnos durante la noche del cenagal. Cuando los conflictos de clase se han vuelto tan pronunciados a y la situación política tan tensa, que la vía parlamentaria ya no es suficiente para hacer avanzar la causa del proletariado, entonces la huelga de masas es necesaria y urgente, y luego, aunque no pueda llevarnos a una ineluctable victoria, es inmensamente útil para la causa del proletariado. Sólo cuando la situación es tan extrema que no hay más esperanza para la cooperación con los partidos burgueses, especialmente con los liberales, el proletariado debe obtener el impulso necesario para el éxito de la huelga de masas. En consecuencia, la huelga de masas no es conciliable con una política centrada en el parlamentarismo.

El movimiento belga es un depósito de información sobre el problema de la huelga de masas. Después de haber abolido el voto plural a través de la huelga de masas, nuestros camaradas belgas han centrado sus esfuerzos en el parlamento. Esto significaba que la huelga de masas fue puesta en congelador. Todas las acciones proletarias fueron suspendidas como parte de un plan general en alianza con la izquierda burguesa, con el fin de lograr el sufragio universal. Pero las elecciones de 1912 provocaron el colapso total del liberalismo, y lo que quedo de él se acercó al campo de la reacción. Luego de una tormenta de indignación estalló. Inmediatamente después de las elecciones la cuestión de la huelga de masas reaparecido. Pero los dirigentes de la socialdemocracia belga, que había basado su política de cooperación con los liberales trataron de apaciguar a las masas con la promesa de organizar la huelga de masas más tarde. Entonces comenzó el aplazamiento sistemático de la huelga de masas. En lugar de una erupción elemental, se inició una nueva táctica, se hicieron los preparativos para una nueva huelga de masas, que se celebrará en un mes. Después de los preparativos cuya duración fue de nueve meses, las masas ya no podían ser contenidas. La huelga finalmente estalló y durante diez días se llevaba a cabo con admirable disciplina. El resultado fue el siguiente: la huelga se suspendió en la primera concesión ilusoria hecha, una concesión que representó una ganancia de casi nada. Los camaradas belgas no sentían que habían logrado una victoria. Vemos entonces, que la huelga de masas, empleado en combinación con la política de una gran coalición solo resultó nada más que reveses. En vista de esto, debemos rechazar cualquier posible recomendación de que formamos una gran coalición en el sur, mientras que al mismo tiempo iniciemos una huelga de masas en Prusia.

Por otro lado, se dice que estaríamos actuando prematuramente si propagamos la huelga de masas en Alemania, porque somos menos maduros para ello que el proletariado de otros países. En Alemania tenemos las organizaciones más fuertes, las más amplias arcas, el partido parlamentario más grande, y sin embargo, sólo entre el conjunto del proletariado internacional, ¿No se supondría entonces que estamos ya maduros? Se dice que, a pesar de su fuerza, nuestra organización es sólo una minoría del proletariado. Según esta idea, estaríamos maduros sólo cuando el último hombre y la última mujer habrían pagado sus cuotas a sus asociaciones distritales. Este sería un momento maravilloso, pero el cual no tenemos necesidad de esperar. Tan pronto como instiguemos una acción importante, no sólo contamos con aquellos que estén organizados, pero también debemos asumimos que vamos a arrastrar a las masas no organizadas junto con ellos. ¿Cuál sería el estado del rezago proletario? ¡Si solamente contamos con los organizados!

Durante la huelga general de diez días en Bélgica, al menos dos tercios de los huelguistas que participaron eran no organizados. Por supuesto, no hay que deducir de ello que la organización no tenía ninguna importancia. El poder de la organización radica en su comprensión de cómo perfilar a los no organizados en las acciones en el momento adecuado. La explotación de este tipo de situaciones es un buen método para lograr un gran crecimiento de las organizaciones del partido y los sindicatos. El reclutamiento para las organizaciones fuertes debe basarse en una política a gran escala y con visión de futuro, de lo contrario las organizaciones silenciosamente decaerán. La historia del partido y de los sindicatos demuestra que nuestras organizaciones se desarrollan sólo en el ataque. Solo entonces la multitud desorganizada apreciara nuestra bandera. El tipo de organización que calcula de antemano y hasta el último centavo los costos necesarios para la acción, es inútil, y no podrá capear el temporal. Todo esto debe quedar claro, y la línea divisoria no debe ser tan bien definida entre la masa de proletarios organizados y la masa de los no organizados.

Si se exige que el ejecutivo del partido, junto con la Comisión General, deba preparar la huelga de masas, entonces hay que decir que la huelga de masas no se puede hacer. Sin embargo, es necesario reconocer que en Alemania nos estamos acercando a una situación en que la huelga de masas es inevitable. Acabamos de asistir a una nueva victoria del imperialismo con el paso de la enorme factura militar. Después de que muchos en nuestras filas, tenía la esperanza de cooperar con los liberales, vemos que estos mismos liberales son los sirvientes del imperialismo. Si lamentablemente nuestro grupo parlamentario apoya los impuestos de propiedad en el proyecto de ley fiscal, entonces esto no era más que un intento de coalición con los progresistas y los nacional liberales para eliminar el Bloque Azul-Negro. Pero los liberales, en alianza con el Bloque Azul-Negro, en realidad nos eliminan y, a espaldas de los socialdemócratas, estropeando miserablemente el impuesto a la propiedad. Nuestro grupo parlamentario finalmente sobre el proyecto de ley fiscal ha evocado fuertes reacciones en la prensa socialdemócrata en el extranjero y en nuestras propias reuniones. Por ello tendremos debates muy animados sobre este tema en el congreso del partido.

El triunfo del imperialismo en el proyecto de ley militar trajo a casa una vez más la dolorosa lección de que ya no podemos confiar en los liberales. Por esta razón, es necesario abrir los ojos de las masas. Es un hecho que nuestros parlamentarios viven en la ilusión de que podrían formar una coalición con los liberales contra el Bloque Azul y Negro, y que esta ilusión se tradujo en un miserable fracaso. Esta victoria para el imperialismo era un nuevo paso hacia la intensificación de los conflictos de clase. Vivimos en una época en la que no hay más ventajas que se puedan obtener en el parlamento para el proletariado. Esta es la razón del porque las masas mismas deben entrar en el teatro de acción. La situación ha dado un giro de tal manera que la huelga de masas no va a desaparecer de la agenda en Alemania. No es una cuestión de la preparación de la huelga de masas, en cambio, debemos asegurarnos de que nuestra política exprese la máxima fuerza necesaria en la situación actual.

La última fase de la política de nuestro partido data de la victoria electoral de 1912. Nosotros habíamos puesto nuestras mayores esperanzas en ella. Un artículo de Kautsky, impreso en Vorwärts, mencionó que estaba emergiendo un nuevo liberalismo. Esa fue una ilusión desastrosa, pero explicable en función de la consigna de la moderación emitida por los votos

La moderación es una política inaceptable. Como resultado de la moderación teníamos vagas esperanzas de un nuevo liberalismo y entonces la exuberante anticipación unida a la posibilidad de que un socialdemócrata sea elegido presidente del Reichstag. Todas estas esperanzas se han desvanecido, y han demostrado que nuestra política y tácticas están pasadasde moda. Hemos presenciado el tumulto de las celebraciones jubilares y la visita del zar sangriento ante el Tribunal de Berlín. Esta oportunidad debería haberse utilizado para instigar algún tipo de acción republicana. ¿Tenemos cuatro millones de socialdemócratas sólo para poder meterse en una ratonera cuando el zar sangriento viene de visita? ¡Cuántos simpatizantes podríamos haber ganado si hubiéramos organizado una manifestación!

Si queremos demostrar que somos dignos de los grandes acontecimientos que vienen a continuación, no hay que empezar por el extremo equivocado al tratar de hacer los preparativos técnicos para la huelga de masas. Cuando la situación está madura, la táctica de la huelga de masas se presentará. No atormentemos sobre cómo será el apoyo que daremos en el momento adecuado. Lo que es necesario es mirar la prensa del partido para asegurarnos de que es su [de las masas] instrumento y expresa su opinión y su estado de ánimo. También se debe velar por que nuestros parlamentarios sientan la presión de las masas detrás de ellos, para que no se tracen un camino tan desastroso como en el caso del proyecto de ley militar. Dar forma a la organización de manera que no sea necesario esperar hasta que se da la orden de arriba, sino para que se tenga las riendas del mando en sus propias manos. No se debe perder en sí misma en los detalles técnicos, tales como la reorganización de las reuniones, o en el pago de cuotas y del sistema de delegados. Todo esto es muy importante, pero la atención se debe dirigir sobre todo a los principios rectores generales de nuestra política en el parlamento y en todo el país. La política no debe ser formulada de tal manera que las masas siempre se enfrentan a hechos consumados. Sobre todo hay que velar por que la prensa sea un arma agudamente afilada que corte cualquier oscuridad en las mentes de la gente. Las masas deben hacer oír su voz con el fin de impulsar la nave del partido hacia adelante. Entonces seremos capaces de afrontar el futuro con confianza. La Historia hará su trabajo. Miremos que ellas también hagan su trabajo.

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

Las Idea del Día del Trabajo

  abril de 1913.

Liepziger Volkszeitung, 30 de abril de 1913.

 

 

En medio de las orgías más salvajes del imperialismo, la fiesta mundial del proletariado se vuelve a repetir por vigésimo cuarta vez. Lo que ha tenido lugar en el cuarto de siglo transcurrido desde la decisión que hizo época para celebrar el Primero de Mayo es una parte inmensa de la trayectoria histórica. Cuando se celebró la manifestación del Primero de Mayo por primera vez, la vanguardia de la Internacional, la clase obrera alemana, estaba rompiendo las cadenas de una ley de excepción vergonzosa y de entrar en la senda de un desarrollo libre, y legal. El período de larga depresión en el mercado mundial, desde la caída de los años setenta, había sido superado y la economía capitalista había entrado en una era de desarrollo resplandeciente de que iba a durar casi una década. Del mismo modo después de veinte años de paz ininterrumpida, desde los recuerdos de ese período de la guerra en la que el sistema de Estado moderno europeo había recibido su bautismo de sangre, el mundo se había recuperado dando un suspiro de alivio, El camino parecía libre hacia un desarrollo cultural tranquilo; las ilusiones, las esperanzas de un arreglo pacífico entre el capital y trabajo brotaron abundantemente entre las filas de los socialistas. Propuestas como "resistir con las manos abiertas con buena voluntad " marcaron el inicio de los años noventa; promesas de una imperceptible, "evolución gradual" hacia el socialismo marcaron este fin. Las crisis, guerras y revoluciones se consideraron como teorías caducas, simples zapatos de bebe de la sociedad moderna; el parlamentarismo y el sindicalismo y la democracia en el Estado, la democracia en la industria abrirían las puertas a un nuevo y mejor orden.

El curso de los acontecimientos ha presentado a todas estas ilusiones a una prueba terrible. A finales de la década de 1890, en lugar del prometido desarrollo reforma social y cultural, inicio un período de los más violentos, en extremo agudizado por conflictos capitalistas, un período de tormenta y tensión, de choques y disturbios, que hacen vacilar y temblar los cimientos mismos de la sociedad. En la década siguiente, el período de prosperidad económica ascendente de los 10 años anteriores, se vio apagada por dos crisis que convulsionaron mundo. Después de dos décadas de paz mundial le siguieron en la última década del siglo pasado seis guerras sangrientas y en la primera década del nuevo siglo cuatro revoluciones sangrientas. En lugar de reformas sociales se vieron leyes sobre la sedición, leyes penales para el encarcelamientos; en lugar de la democracia se vio la poderosa concentración industrial del capital en los carteles y las asociaciones de empleadores y la práctica internacional de los cierres gigantes patronales. Y en lugar del nuevo desarrollo ascendente de la democracia en el Estado, se vio un colapso miserable de los últimos vestigios del liberalismo burgués y la democracia burguesa. Sólo en Alemania la suerte de los partidos burgueses desde los años noventa ha traído: el ascenso y la inmediata disolución sin esperanza del Partido Nacional Socialista, la desintegración de la oposición liberal y de la reunión de sus escisiones en el pantano de la reacción, y por último, la transformación del Partido del Centro de un partido de gente radical en un partido de gobierno conservador. Y el cambio en el desarrollo de los partidos en otros países capitalistas ha sido similar. En todas partes la clase obrera revolucionaria hoy se ve sola confrontada por la reacción compacta, hostil de las clases dominantes y por sus ataques energéticos.

El "signo " en virtud del cual todo este desarrollo tanto económico como político se ha llevado a cabo, la fórmula tras la cual sus resultados pueden ser rastreados es: IMPERIALISMO. Esto no es un elemento nuevo, no es un viraje inesperado en el curso histórico general de la sociedad capitalista. El armamentismo y las guerras, los conflictos internacionales y las políticas coloniales han acompañado la historia de capital desde su cuna. Es el aumento en extremo de estos elementos, su concentración y explosión gigantesca de estas contradicciones, los que han dado lugar a una nueva época en el curso de la moderna sociedad de hoy en día. En dialéctica interacción, siendo al mismo tiempo causa y efecto de la potente acumulación de capital y de la consiguiente agudización e intensificación de las contradicciones entre el capital y el trabajo dentro y entre los Estados capitalistas - el donde imperialismo ha entrado en su fase final, la violenta división del mundo por el asalto del capital. Una cadena de preparativos continuos y sin precedentes en la competencia militar sobre la tierra y el mar en todos los países capitalistas, una cadena de guerras sangrientas, que se han extendido desde África hacia Europa y que en cualquier momento puede avivar la brillante chispa de una conflagración mundial y, además, avivar por años el fantasma de la carestía de la vida, del hambre masiva en todo el mundo capitalista, que ya no puede ser desterrado- éstas son los "signos " bajo los cuales el día mundial del trabajo, pronto celebrara el vigésimo quinto aniversario de su existencia. Y cada uno de estos "signos" es un testimonio de fuego de la verdad viviente y el poder de las ideas del día del trabajo.

La brillante idea principal de la celebración del día del trabajo en Mayo es la acción autónoma de las masas proletarias, es la acción política de masas de los millones de trabajadores, quienes de otro modo que de otra manera por las barreras del estado se atomizan en los asuntos parlamentarios del día a día, que en su mayoría pueden dar expresión a su propia voluntad sólo a través de la votación, a través de la elección de sus representantes. La excelente propuesta del francés Lavigne en el congreso internacional en París agrego a esta manifestación parlamentaria indirecta de la voluntad del proletariado, una manifestación masiva directa internacional, la huelga y como una demostración del significado de lucha táctica por la jornada de ocho horas, la paz mundial y el socialismo.

Y en efecto como una expansión de esta idea, ¡esta nueva forma de lucha ha tenido lugar en la última década! La huelga de masas ha sido reconocida internacionalmente, como arma indispensable de la lucha política. Como una demostración de un arma en la lucha, que vuelve otra vez en innumerables formas y gradaciones en todos los países durante casi quince años. Tal como lo muestra la reanimación revolucionaria del proletariado en Rusia, como un medio de lucha tenaz en las manos del proletariado belga, que sólo ahora ha demostrado su poder viviente. Y la siguiente, la cuestión más candente en Alemania -los derechos de voto de Prusia - obviamente, debido a su tratamiento descuidado anterior, apunta a una acción de masas creciente del proletariado prusiano hasta la huelga de masas como la única solución posible.

¡No es extraño! Todo el desarrollo, toda la tendencia mundial del imperialismo en la última década ha sido la de llevar cada vez más claro y de manera más tangible ante los ojos de la clase obrera internacional, que sólo la acción independiente y autónoma de las masas más amplias, que solo sus propias acciones políticas, sus manifestaciones de masas, que solo sus huelgas de masas, que deben estallar tarde o temprano adelante en un período de lucha revolucionaria por el poder del Estado; pueden dar la respuesta correcta del proletariado a la presión sin precedentes de la política imperialista. En este momento de locura armamentista y orgía guerrerista, sólo la voluntad decidida de lucha de las masas trabajadoras, su capacidad y disposición para poderosas acciones de masas, pueden mantener la paz mundial y alejar la conflagración mundial que nos amenaza.Y con mayor razón que la idea del Día del Trabajo, es la idea de la acción de masas resuelta como muestras de solidaridad internacional y como una táctica de la lucha por la paz y por el socialismo, que se está enraizando en la parte más fuerte de la Internacional, en la clase obrera alemana, esta es la mayor garantía de que tendremos para salir de la guerra mundial, que tendrá lugar inevitablemente, tarde o temprano, y que tendrá finalmente una victoriosa lucha entre el mundo del trabajo y el del capital. ●

Leipzig, 30 de abril de 1913.

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

La proletaria

 5 de marzo de 1914

 

 

El día de la Mujer trabajadora inaugura la semana de la Socialdemocracia. Con el duro trabajo de estas jornadas el partido de los desposeídos sitúa su columna femenina a la vanguardia para sembrar la semilla del socialismo en nuevos campos. Y la igualdad de derechos políticos para la mujer es el primer clamor que lanzan las mujeres con el fin de reclutar nuevos defensores de las reivindicaciones de toda la clase obrera.

Así, la moderna proletaria se presenta hoy en la tribuna pública como la fuerza más avanzada de la clase obrera y al mismo tiempo de todo el sexo femenino, y emerge como la primera luchadora de vanguardia desde hace siglos.

La mujer del pueblo ha trabajado muy duramente desde siempre.

En la horda primitiva llevaba pesadas cargas, recogía alimentos; en la aldea primitiva sembraba cereales, molía, hacía cerámica; en la antigüedad era la esclava de los patricios y alimentaba a sus retoños con su propio pecho; en la Edad Media estaba atada a la servidumbre de las hilanderías del señor feudal. Pero desde que la propiedad privada existe la mujer del pueblo trabaja casi siempre lejos del gran taller de la producción social y, por lo tanto, lejos también de la cultura, quedando confinada a los estrechos límites domésticos de una existencia familiar miserable. El capitalismo la ha arrojado al yugo de la producción social, a los campos ajenos, a los talleres, a la construcción, a las oficinas, a las fábricas y a los almacenes separándola por primera vez de la familia. La mujer burguesa, en cambio es un parásito de la sociedad y su única función es la de participar en el consumo de los frutos de la explotación: la mujer pequeño-burguesa es el animal de carga de la familia. Sólo en la persona de la actual proletaria accede la mujer a la categoría de ser humano (Mensch) [1], pues solo la lucha, solo la participación en el trabajo cultural, en la historia de la humanidad, nos convierte en seres humanos (Menschen).

Para la mujer burguesa su casa es su mundo. Para la proletaria su casa es el mundo entero, el mundo con todo su dolor y su alegría, con su fría crueldad y su ruda grandeza. La proletaria es esa mujer que migra con los trabajadores de los túneles desde Italia hasta Suiza, que acampa en barrancas y seca pañales entonando canciones junto a rocas que, con la dinamita, vuelan violentamente por los aires. Como obrera del campo, como trabajadora estacional, descansa durante la primavera sobre su modesto montón de ropa en medio del ruido, en medio de trenes y estaciones con un pañuelo en la cabeza y a la espera paciente de que algún tren le lleve de un lado a otro. Con cada ola de miseria que la crisis europea arroja hacia América, esa mujer emigra, instalada en el entrepuente de los barcos, junto con miles de proletarios, junto con miles de proletarios hambrientos de todo el mundo para que, cuando el reflujo de la ola produzca a su vez una crisis en América, se vea obligada a regresar a la miseria de la patria europea, a nuevas esperanzas y desilusiones, a una nueva búsqueda de pan y trabajo.

La mujer burguesa no está interesada realmente en los derechos políticos, porque no ejerce ninguna función económica en la sociedad, porque goza de los frutos acabados de la dominación de clase. La reivindicación de la igualdad de derechos para la mujer es, en lo que concierne a las mujeres burguesas, pura ideología, propia de débiles grupos aislados sin raíces materiales, es un fantasma del antagonismo entre el hombre y la mujer, un capricho. De ahí el carácter cómico del movimiento sufragista.

La proletaria, en cambio, necesita de los derechos políticos porque en la sociedad ejerce la misma función económica que el proletario, trabajo de la misma manera para el capital, mantiene igualmente al Estado, y es también explotada y dominada por éste. Tiene los mismos intereses y necesita las mismas armas para defenderse. Sus exigencias políticas están profundamente arraigadas no en el antagonismo entre el hombre y la mujer, sino en el abismo social que separa a la clase de los explotados de la clase de los explotadores, es decir, en el antagonismo entre el capital y el trabajo.

Con la Socialdemocracia podrá introducirse en el taller de la Historia para así poder conquistar, con esas poderosas fuerzas, la igualdad real, aunque sobre el papel de una Constitución burguesa se le niegue este derecho. Aquí, la mujer trabajadora, junto con el hombre, sacudirá las columnas del orden social existente y, antes de que ésta le conceda algo parecido a sus derechos, ayudará a enterrarlo bajo sus propias ruinas.

El taller del futuro necesita de muchas manos y de un aliento cálido. Todo un mundo de dolor femenino espera la salvación.

 

Notas

 

[1] Mensch - Voz del alemán y el yiddish, originalmente "persona" (hijo de Adán) pero que cobra el significado de "persona íntegra y honorable", alguien con "carácter, rectitud, sentido del deber, responsabilidad y decoro". ¡Son esas cosas de Rosa!

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

TESIS SOBRE LAS TAREAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA INTERNACIONAL     

Por Rosa Luxemburgo
Escritos Políticos (1916)

 

     Un número apreciable de camaradas de todas las partes de Alemania ha adoptado las siguiente tesis, que representan una aplicación del Programa de Erfurt a los problemas actuales del socialismo internacional.

 

     1.      La guerra mundial ha destrozado los resultados de cuarenta años de labor del socialismo europeo al aniquilar la relevancia de la clase obrera revolucionaria en tanto que factor de poder político, así como el prestigio moral del socialismo, ha hecho saltar en pedazos la Internacional proletaria llevando a sus diversas secciones a la guerra fratricida y encadenando a la nave del imperialismo los deseos y las esperanzas de las masas populares de los más importantes países de desarrollo capitalista.

 

     2.      Al votar positivamente los créditos de guerra y al proclamar la paz civil, los jefes oficiales de los partidos socialistas de Alemania, Francia e Inglaterra (con la excepción del Partido obrero independiente) han cubierto las espaldas del imperialismo, han inducido a las masas populares a soportar pacientemente la miseria y el horror de la guerra, contribuyendo así al desencadenamiento desenfrenado del delirio imperialista, a la prolongación de la carnicería y a la multiplicación de sus víctimas, compartiendo por consiguiente la responsabilidad por la guerra y sus consecuencias.

 

     3.      Esta táctica de las instancias oficiales de los partidos de los países beligerantes, en primerísimo lugar en Alemania, el país hasta ahora guía de la Internacional, supone una traición a los más elementales principios del socialismo internacional, a los intereses vitales de la clase obrera, a todos los intereses democráticos de los pueblos. Por culpa de ella la política socialista se ha visto condenada a la impotencia también en los países en los que los dirigentes de los partidos han sido fieles a sus deberes: Rusia, Serbia, Italia y -con una excepción- Bulgaria.

 

     4.      Abandonando la lucha de clases durante la guerra y dejándola para la época postbélica, la Socialdemocracia oficial de las grandes potencias ha dado tiempo a las clases dominantes de todos los países para que éstas refuercen económica, política y moralmente sus posiciones inmensamente a costa del proletariado.

 

     5.      La guerra mundial no sirve ni para la defensa nacional ni a los intereses económicos o políticos de las masas populares de ningún país: es única y exclusivamente un engendro de las rivalidades imperialistas entre las clases capitalistas de diversos países en lucha por el dominio a escala mundial y por el monopolio en la explotación y la opresión de las zonas todavía no dominadas por el capital. En esta era de imperialismo desatado ya no pueden haber guerras nacionales. Los intereses nacionales sirven únicamente como pretexto para poner a las masas populares al servicio de su enemigo mortal: el imperialismo.

 

     6.      De la política de los estados imperialistas y de las guerras imperialistas no puede surgir la libertad y la independencia para ninguna nación oprimida. Las pequeñas naciones, cuyas clases dominantes son apéndice y cómplices de sus compañeros de clase de los grandes estados, no son sino piezas en el tablero de ajedrez sobre el que desarrollan su juego imperialista las grandes potencias y, al igual que sus masas trabajadoras, son instrumentalizadas durante la guerra para ser sacrificadas cuando ésta acabe a los intereses capitalistas.

 

     7.      En estas condiciones, la derrota o la victoria en la presente guerra mundial serán por igual una derrota para el socialismo y la democracia. Sea cual sea su resultado -exceptuando la intervención revolucionaria del proletariado internacional- conducirá al reforzamiento del militarismo, de los antagonismos nacionales, de las rivalidades económicas a escala mundial. La guerra agrava la explotación capitalista y la reacción interna debilita el control público y rebaja a los parlamentos al papel de instrumentos cada vez más serviles del militarismo. La guerra mundial actual desarrolla así al mismo tiempo todos los presupuestos para que se produzcan nuevas guerras.

 

     8.      La paz mundial no puede asegurarse por medio de planes utópicos o en el fondo reaccionarios como tribunales arbitrales internacionales de diplomáticos capitalistas, acuerdos diplomáticos sobre "desarme", "libertad de los mares", abolición del derecho de botín en el mar, "federaciones de estados europeos", "uniones aduaneras centroeuropeas", Estados nacionales-tapón y similares. El imperialismo, el militarismo y las guerras no podrán ser eliminados o limitados mientras las clases capitalistas sigan ejerciendo incontestablemente su dominio de clase. El único medio capaz de oponerse con éxito a ellos y la única garantía de la paz mundial son la capacidad de acción política y la voluntad revolucionaria de proletariado para hacer sentir en la balanza el peso de su fuerza.

 

     9.      El imperialismo, como fase última y desarrollo extremo del dominio político mundial del capital, es el enemigo mortal común del proletariado de todos los países. Pero comparte con las fases anteriores del capitalismo el sino de fortalecer las energías de su mortal enemigo en la misma medida en que se desarrolla él mismo. El imperialismo acelera la concentración del capital, la erosión de las capas medias, la multiplicación del proletariado, despierta la resistencia creciente de las masas y conduce así a la agudización intensiva de los antagonismos de clase. La lucha de clases proletaria ha de concentrarse, tanto en la paz como en la guerra, contra el imperialismo. La guerra con él es para el proletariado internacional al mismo tiempo lucha por el poder político del estado, enfrentamiento decisivo entre el socialismo y el capitalismo. La meta final socialista sólo será alcanzada por el proletariado internacional si le hace frente en toda la línea al imperialismo y en un supremo esfuerzo y con máxima abnegación pone como norte de su política práctica la consigna: "guerra a la guerra".

 

     10.  A este fin, la tarea principal del socialismo es unificar al proletariado de todos los países en una fuerza revolucionaria viva, hacer de él un factor decisivo de la vida política, a lo que está llamado por la historia, por medio de una fuerte organización internacional dotada de una visión homogénea de sus intereses y tareas, de una táctica homogénea y de capacidad de acción política tanto en la paz como en la guerra.

 

     11.  La II Internacional ha saltado con la guerra. Sus insuficiencias se han demostrado por su incapacidad para oponer un dique eficaz contra el fraccionamiento nacional en la guerra y para llevar a la práctica una táctica y una acción comunes del proletariado en todos los países.

 

     12.  Considerando la traición de las representaciones oficiales de los partidos socialistas de los países-guía a las metas e intereses de la clase obrera, considerando su defección del terreno de la Internacional proletaria al terreno de la política burguesa-imperialista, es una necesidad vital para el socialismo construir una nueva Internacional obrera que asuma la dirección y la unificación de la lucha de clases revolucionaria contra el imperialismo en todos los países.

 

 

     Para cumplir sus tareas históricas ha de basarse en los siguientes principios:

 

     1.      La lucha de clases en el interior de los estados burgueses contra las clases dominantes y la solidaridad internacional de los proletarios de todos los países son dos reglas vitales inseparables de la clase obrera en su lucha de liberación histórico-mundial. No hay socialismo sin lucha de clases. El proletariado internacional no puede renunciar, ni en la guerra ni en la paz, a riesgo de suicidarse, a la lucha de clases y a la solidaridad internacional.

 

     2.      La acción de clase del proletariado de todos los países ha de orientarse, en la paz como en la guerra, a combatir al imperialismo y a impedir las guerras en tanto que su meta principal. La acción parlamentaria, la acción sindical y en general toda actividad del movimiento obrero deben subordinarse al objetivo de oponer al máximo en todos los países al proletariado con la burguesía nacional, de destacar en todo momento el antagonismo político y espiritual entre ambos, así como, al mismo tiempo, poner en un primer plano y fomentar el sentimiento de comunidad internacional de los proletarios de todos los países.

 

     3.      El centro de gravedad de la organización de clase del proletariado está en la Internacional. La Internacional decide en la paz acerca de la táctica de las secciones nacionales en cuestiones de militarismo, política colonial, 1º de mayo y además sobre toda la táctica a seguir en guerra.

 

     4.      El deber de ejecutar las resoluciones de la Internacional es prioritario sobre todos los demás deberes de organización. Las secciones nacionales que contravengan las resoluciones de la Internacional se colocan fuera de ella.

 

     5.      En las luchas contra el imperialismo y la guerra, la fuerza decisiva sólo puede provenir de las compactas masas del proletariado de todos los países. El objetivo principal de la táctica de las secciones nacionales ha de consistir por tanto en educar a las amplias masas para la capacidad de acción política y para la iniciativa decidida, en asegurar la conexión internacional de las acciones de masas, en construir las organizaciones políticas y sindicales de modo que por su mediación se garantice en todo momento la rápida y eficaz colaboración de todas las secciones y de realizar la voluntad de la Internacional en la práctica de las más amplias masas obreras de todos los países.

 

     6.      La tarea más inmediata del socialismo es la liberación espiritual del proletariado de la tutela de la burguesía, que se manifiesta en la influencia de la ideología nacionalista. Las secciones nacionales han de orientar su agitación en los parlamentos igual que en la prensa a denunciar la fraseología tradicional del nacionalismo en tanto que instrumento burgués de dominación. La única defensa de toda verdadera libertad nacional es hoy la lucha de clases revolucionaria contra el imperialismo. La patria de los proletarios, a cuya defensa ha de subordinarse todo lo demás, es la Internacional socialista.

     

(Reproducido de Rosa Luxemburg, Escritos Políticos, citado, pp. 401-406.
Publicado como anexo al folleto "Junius" [1916])

 

 

Rosa Luxemburg

 

La responsabilidad histórica

  Spartakusbriefe, n° 8, Enero 1918

 

 

 

Después del armisticio, la paz separada entre Alemania y Rusia es sólo una cuestión de tiempo. Entre las instantáneas de la guerra mundial, la historia futura sin duda pondrá las caras del semi-absolutismo alemán cuando reconozca como "soberanos legal", los "mendigos y conspiradores", que han proclamado solemnemente el principio de la no-intromisión en los asuntos de un Estado extranjero y que se compromete a proteger a los insurgentes del Neva contra la "difamación de la Entente" El proceso de Königsberg, agentes provocadores lanzados en persecución de los rusos, los servicios prestados mercenarios zarismo, todo se olvida. ¿Y por qué no? Si la socialdemocracia alemana se ha olvidado el Programa de Erfurt, [*] ¿por qué el gobierno alemán no olvidaría estas nimiedades como el juicio de Königsberg? Uno conduce a lo otro.

Sólo una sólida confianza solida como la roca en la estupidez inquebrantable de las masas populares alemanas permitió a la reacción alemana intentar un experimento audaz: aliarse con los "criminales incendiarios" de San Petersburgo que acaban de mandar al diablo, el trono y el altar, el pago de intereses sobre los préstamos extranjeros, los Estado, títulos y varias otras cosas sacrosantas, colgando a los comandantes en jefe recalcitrantes en las ventanas de los vagones de tren y meter a los príncipes de sangre importunos al calabozo, esto por sí solo les permitió estrechar la mano "malvada". El semi absolutismo prusiano-alemán, negoció cordialmente con Lenin y Trotsky, ¡quienes debían hace unos años, hacer un gran rodeo para evitar pasar frente a la sede de la policía en Berlín! ...Quién no recuerda con esto la escena deliciosa de Mi tío Benjamín, [**] donde el señor Comte orgulloso y arrogante, habiendo cogido por la garganta, besa, al médico burgués que desprecia, en una parte del cuerpo generalmente cubierta, con el único fin de asegurar su ayuda salvadora. La necesidad hace ley, decía el canciller del Imperio Bethmann-Hollweg. Los Hindenburg y los Ludendorff preferían, ¡oh cuanto! Deje hablar su gran Berta con la "banda" de San Petersburgo... ¡Pero con calma! Debía reservar sus deseos íntimos para una ocasión posterior. Provisionalmente, la "banda" de San Petersburgo llega al punto, su evangelio subversiva de paz se convierte en música celestial para los oídos del imperialismo alemán.

De acuerdo con los comentarios de la prensa, Trotsky pronunció en repetidas ocasiones al Comité Central de los soviets sus discursos sobre la situación internacional, donde pintó la influencia de la oferta de paz de Rusia en todos los países con los colores más suaves. De acuerdo con la Europa Occidental que demuestra que "las esperanzas más audaces" de los soviets se cumplieron y la paz general esta buena marcha.

Si estos comentarios de la prensa son exactos, se debe haber una gran cantidad de agua en el vino espumoso de Trotsky. Es psicológicamente comprensible que los bolcheviques en su situación, ahora sienten la necesidad de considerar su política es coronada con el éxito en la cuestión decisiva de la paz y del presentarla, como tal al pueblo ruso. Una observación lúcida, las cosas se iluminan de manera diferente.

Primera consecuencia del armisticio en el Este: Las tropas alemanas serán simplemente transferido del este a oeste. Incluso me atrevería a decir que ya se ha hecho. Trotsky y sus amigos también pueden consolarse y consolar al Soviet diciendo que deseaban obtener como condición del armisticio, la obligación de no llevar a cabo desplazamientos de tropas contra las potencias occidentales, todo al revés. Los militares alemanes se han reído ante el anuncio de este requisito, porque saben muy bien qué tipo de madera los calienta. Incluso antes de la firma del armisticio, las tropas alemanas fueron transportadas por cientos de miles de Rusia a Italia y Flandes. Los últimos avances sangrientos de los alemanes cerca de Cambrai y al Sur, los últimos y "brillantes" éxitos en Italia, ya son los efectos de la insurrección bolchevique de noviembre en San Petersburgo.

Los corazones aún calientes de las escenas de confraternización con los soldados revolucionarios rusos, fotos de grupos comunes cantando vivas a la gloria de la Internacional, los "camaradas" alemanes se precipitan ya en el fuego de las acciones de masas heroicas a fin de asesinar por su parte a los proletarios franceses, ingleses e italianos. El aporte de masas frescas de carne de cañón alemán será diez veces más fuerte que el calor de la matanza en los frentes occidental y meridional. Es obvio que Francia, Inglaterra y Estados Unidos serán obligados a hacer los últimos esfuerzos desesperados. Por lo tanto, el armisticio ruso y la paz separada del Estado que le siga tendrán por primeros resultados, no la aceleración de la paz general, sino ante todo la extensión del genocidio y el aumento monstruoso en carácter sangriento; frente a los sacrificios que costara en ambas partes, que ya han sido consentidos y ridiculizado. Un reforzamiento considerable de la posición militar de Alemania, y por lo tanto de sus apetitos y sus proyectos de anexión de los más audaces serán el siguiente resultado.

En el Este, la anexión de Polonia, Lituania y Curlandia es algo acordado entre los Imperio centrales, de manera explícita o no, al menos por el momento, y dada esta situación de hecho en Rusia, el imperialismo alemán no espera, por supuesto, tener ninguna resistencia durante las conversaciones de la paz separada.

Pero ahora que todo el cuidado en el Este fue tomado y está dotado de nuevas reservas, el piensa cambiar las reglas del juego en Occidente. Se lanzará primero, burlándose, en la cara de los Scheidemann de máscara de moderación virtuosa que había impuesto la precaria situación en que se encontraba hasta ahora, y si Dios lo quiere, pues Dios, tal como sabemos, está en el lado de los batallones más fuertes, el dictará una "paz alemana." Los últimos discursos de Czernin [***]y consortes cuentan otra historia completamente diferente, como la hora pontifical de la paz.

Esta es la situación, y los bolcheviques se engañan si piensan que ven en la luz de la paz por separado, un cielo de paz general donde se escuchen los violoncelos. En la Revolución Rusa, los "que ríen al último" son hasta ahora el Hindenburg y el Pan-germanistas.

Si las cosas y sus efectos deviene en lo contrario de lo que deberían ser, la culpa no es, en primer lugar, de los rusos. Ellos al principio de una situación fatal y deben elegir entre dos tipos de vacunas: servir como refuerzo a la Entente o al imperialismo alemán. Esto requiere la firma de la paz, o la prolongación de la guerra. ¿Es un milagro si eligieron la primera solución?

Todo el cálculo de la lucha por la paz rusos, de hecho, reposa en el supuesto de que la revolución en Rusia sería la señal de la insurrección revolucionaria del proletariado en Occidente: Francia, Inglaterra, Italia, pero sobre todo en Alemania. En éste único caso, pero sin ninguna duda, la revolución rusa habría sido el punto de partida de la paz general. Esto no es lo que sucede. Salvo algunos valientes esfuerzos del proletariado italiano[****], los proletarios de todos los países han faltado a su cita con la Revolución Rusa. Pero, internacional por su propia naturaleza como en su esencia más profunda, la política del proletariado sólo puede lograrse a nivel internacional. Si se limita a un solo país, mientras que los obreros de otros países practican la política burguesa, la acción de la vanguardia revolucionaria estará descarriada en sus consecuencias posteriores. Es por eso que el único efecto internacional que ha producido, hasta ahora, la Revolución Rusa es un aumento considerable en el poder del imperialismo alemán y un empeoramiento general de la guerra mundial. La culpa de este malentendido trágico de historia recae principalmente en el proletariado alemán. Es sobre él donde descansa ante la historia, la responsabilidad principal de los ríos de sangre que se derrama ahora las consecuencias de la vida social y política de una eventual derrota de los estados occidentales por el imperialismo alemán triunfante. Debido a que sólo el proletariado alemán perseverante en hacerse el occiso ha obligado a los revolucionarios rusos a concluir la paz con el imperialismo alemán, único poder soberano en Alemania. Y sólo esta misma actitud de cadáver, ha permitido al imperialismo alemán de explotar para sus propios fines la Revolución Rusa.

Los trabajadores alemanes no sienten el golpe que se les ha infligido: sus gobernantes comienzan descaradamente a ponerse firmes frente al rojo gorro frigio de Petersburgo, al mismo tiempo que envían "representación popular" alemán -perdón por la expresión- como un perro en su perrera y ¿dónde se le aprieta el bozal al pueblo alemán? "Los líderes obreros" alemanes parecen, en todo caso, no darse cuenta de la caricia. Ello siguen -incluso los "independientes"- buscando vigorosamente convencer al gobierno alemán de no dejar pasar la oportunidad, no para mostrarse feroz, no empujar "la mano pacíficamente tendida por de los rusos" No témanos, la gente buena del imperialismo alemán ciertamente no dejó pasar la oportunidad de dejar los jacobinos Petersburgo lanzar castañas del fuego. "Los líderes obreros" no tienen absolutamente ninguna necesidad hacer esfuerzo alguno.

Y teniendo en cuenta este cambio -la conclusión de la paz dio lugar a la prolongación de la guerra y la victoria revolucionaria del proletariado ruso se ha traducido en un fortalecimiento extremo de la potencia del semi-absolutismo alemán- incluso la gente de la " "Arbeitsgemeinschaft"[Comunidad del trabajo] no encontró nada más urgente que hacer que exigir al gobierno alemán a dar a conocer sus ¡"objetivos de guerra"! ¿Dónde están los objetivos de guerra alemán"? escribió el Leipziger Volkszeitung. [*****]Los gramófonos "independientes" no tienen ahora más que un solo disco que tocar y no saben más que repetirlo sin cesar. "Si el Gobierno alemán mantiene la política que ha hecho hasta el momento, un peligro nos amenaza: la búsqueda de la guerra hasta la orgía de sangre, hasta el completo desastre en Europa -¡a pesar de la deseo de los rusos por la paz!" Así, es como el órgano del partido en Leipzig termina, amenazante, su centésima su advertencia al gobierno alemán.

¡Grandes dioses! El gobierno alemán seguirá, por supuesto, "la política que ha practicado hasta ahora" En tanto que "Comisión gerente de los negocios de las clases dominantes" no tiene, que yo sepa, ninguna razón para cambiar su política. Quien tiene todas las razones para cambiar la su política seguida y hasta ahora, es la clase obrera alemana. Si no se desea que guerra termine en el aniquilamiento general o el triunfo de la reacción alemana más negra, ella debe revertir "la política llevada a cabo hasta el ahora" a saber la política de carne de cañón y la de "hacer saber" públicamente sus "objetivos de guerra" contra el imperialismo.

El general de paz no se puede lograr sin el derrocamiento del poder gobernante en Alemania. Sólo la antorcha de la revolución, sólo la lucha de masas abierta por el poder político, por la dominación del pueblo y la República alemana evitará retroceso del genocidio y el triunfo del anexionismo alemán en el este y Oeste. Los obreros alemanes están llamados ahora a llevar al este al oeste el mensaje de la revolución y la paz. Hacer finos discursos no sirve para nada, tenemos que actuar.

 

Spartakusbriefe, N º 8, Enero 1918, p. 148-151.

 

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Notas

 

[*] Programa de Erfurt: Programa de los socialdemócratas alemanes adoptada en 1891.

 

[**] Mi tío Benjamín: la novela publicada en 1841 por Claude Tillier, era un panfleto Liberal.

 

[***] Conde Ottokar Czernin von und zu Chudenitz (1872-1932). Fue nombrado en diciembre 1916 Ministro austro-húngaro de Asuntos Exteriores. En 1917, para ganara a Francia para la causa de la paz, ofreció darle algunos territorios, Alsacia-Lorena. En la primavera de 1918, participó en el tratado de Brest-Litovsk.

 

[****] El 13 de agosto de 1917, Goldenberg y Smirnov enviados del gobierno de Kerensky, frente a 40 000 personas en Turín, ofrecieron un discurso traducido por Seratti, para ganarlo a la izquierda, por lo que los manifestantes gritaban: "¡Viva Lenin"! El 22 de agosto por la noche, ante el desabasto de pan, una huelga general estalló en Turín. Al día siguiente y los días que siguieron, se lanzaron tanques militares contra los manifestantes. Después de los disturbios, se podían contar 50 muertos, 200 heridos y 1500 detenidos. Véase Robert Paris, historia del fascismo en Italia, vol. I, París, Maspero, 1962, pág.97-98.

 

[*****] Leipziger Volkszeitung: Órgano del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, donde que colaboró Rosa Luxemburgo y Franz Mehring. Fue un Diario de 1894-1933, Desde 1917 hasta 1922 fue el Órgano del USPD. Después de 1922, se convirtió una voz más de la mayoría socialdemócrata.

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

El principio 

18 de Noviembre de 1918.

 

18 de noviembre 1918 - "Die Rote Fahne" No. 3

 

La revolución ha comenzado. El llamado por ahora no es de júbilo por lo que ha sido conseguido ni el triunfalismo sobre el enemigo, un enemigo aplastado, sino en su lugar, una estricta autocrítica y una férrea concentración de la energía, para continuar el trabajo. Para nosotros el éxito obtenido es pequeño, y el enemigo no sido vencido.

¿Qué se ha logrado? La monarquía ha sido aniquilada, el supremo poder gubernamental ha pasado a manos de los Consejos de Obreros y Soldados. Pero la monarquía no era el enemigo real, era sólo la fachada, era el frontispicio del imperialismo. No son los Hohenzollern quienes han desatado la guerra mundial, poniendo en llamas al mundo en todos los lados y colocando a Alemania al borde del colapso. La monarquía era como cualquier gobierno burgués el ejecutivo de las clases dominantes. La burguesía imperialista, la clase dominante capitalista es el criminal que debe hacerse responsable del genocidio.

La abolición de la dominación del capitalismo, la realización del orden socialista: esto y nada menos es el tema histórico de la revolución actual. Esta es una gran obra, que no puede ser completada por un abrir y cerrar de ojos por unos pocos decretos desde arriba; ella solo puede surgir de la acción consciente de las masas, de los trabajadores de la ciudad y del campo, llevado exitosamente a través del laberinto de dificultades por la más alta madurez intelectual e inagotable idealismo de las masas del pueblo.

El sendero de la revolución se muestra claramente por sus fines y el método consecuente de sus tareas. Todo el poder en manos de las masas trabajadoras, en manos de los Consejos de obreros y Soldados, asegurando el trabajo de la revolución en contra sus enemigos ocultos: esa es la pauta para todas las medidas que debe tomar el gobierno revolucionario.

Cada paso, cada acto del gobierno como una brújula deben apuntar en esta dirección:

Reelección de los Consejos Obreros y Soldados locales formados desde el inicio por gestos caótico e impulsivos, intentando su mejoramiento a través de un proceso consciente de comprensión de los objetivos, las tareas y los métodos de la revolución.

Reuniones regulares de estos representantes de las masas y la transferencia real del poder político desde los pequeños Comités del Consejo Ejecutivo a la base más amplia de los Consejos de Obreros y Soldados.

Urgente convocatoria del Consejo Nacional de los Obreros y Soldados que constituyen al proletariado de toda Alemania, como clase, como un poder político compacto y transformarlo en un parapeto impetuoso de la Revolución.

Inmediata Organización no de los "granjeros", sino de los proletarios agrícolas y los pequeños propietarios, quienes como grupo están tan lejos de la revolución.

La formación de una guardia roja proletaria para una protección permanente de la revolución y la formación de milicias obreras para preparar a todo el proletariado y estar en guardia todo el tiempo.

Eliminación de los viejos órganos de administración, poder judicial y el ejército absolutista y de la Policía Militar del Estado.

Confiscación inmediata de la propiedad y posesiones dinásticas, así como de los terratenientes, como medidas temporales para garantizar el sustento de la gente, porque el hambre es el más peligroso aliado de la contrarrevolución.

Inmediata convocación del Congreso Mundial de Trabajadores en Alemania para enfatizar el carácter internacional de la revolución, ya que en la Internacional, la revolución mundial del proletariado esta el futuro de la revolución alemana a la cual está anclada.

Hemos enumerado aquí sólo los primeros pasos más necesarios. ¿Pero que es esta haciendo gobierno revolucionario actual?

Ha dejado los órganos administrativos del Estado como instancias superiores de gobierno, tranquilamente intactos en manos de los pilares de ayer del absolutismo de los Hohenzollern y de las herramientas de mañana de la contrarrevolución.

Hizo un llamamiento a la Asamblea Nacional Constituyente, lo que crea un contrapeso contra las representaciones de Obreros y Soldados, y con esto desvía la revolución hacia el camino de una revolución burguesa, alejándose de los objetivos socialistas de la revolución;

No está haciendo nada para aplastar el poder todavía persistente de la dominación de la clase capitalista;

Está haciendo todo lo posible para tranquilizar a la burguesía, proclamando y asegurando la sacro santidad e integridad de la propiedad privada para salvaguardar la inviolabilidad de la distribución del capital.

Está permitiendo una activa contrarrevolución la cual esta ferozmente a cada paso yendo a su propia salida, llamando a las masas sin entusiasmo y advirtiendo contra ella.

Ley! Orden! Ley! Es el grito que resuena por todas partes, en todas las declaraciones del gobierno, es el jubiloso eco de todos los estratos burgueses. El clamor estridente contra el fantasma de la "anarquía" y el "golpismo", la famosa música infernal de los burgueses preocupados por sus cajas de seguridad, su propiedad y su ganancia es la nota más fuerte del día, y el Gobierno Revolucionario de Obreros y Soldados esta plácidamente tolerando este avance general para el asalto contra el socialismo, es decir está participando en el con palabras y hechos.

El resultado de la primera semana de la revolución es: el Estado de los Hohenzollern esencialmente no ha cambiado mucho, en cualquier gobierno de Obreros y Soldados está actuando como diputado del gobierno imperialista, que ha ido a la quiebra. Todos sus actos y omisiones se rigen por el temor a las masas trabajadoras. Incluso antes de la revolución todavía alcanzara su entusiasmo, e impulso, su fuerza vital; su carácter socialista y proletaria ha sido negado.

Todo está en orden. El Estado reaccionario del mundo civilizado no puede cambiar en 24 horas al Estado revolucionario del pueblo. Los soldados, que ayer como gendarmes de la reacción, asesinaban al proletariado revolucionario en Finlandia, Rusia, Ucrania, el Báltico muertos de los proletarios revolucionarios de reacción, y los trabajadores, que en silencio permitieron que eso sucediera, no se convierten en seguidores del socialismo o claramente conscientes de sus objetivos.

La imagen de la revolución alemana corresponde a la madurez interna de las condiciones alemanas. El gobierno de la revolución alemana en su estado actual está en las manos de Ebert-Scheidemann y de quienes en Die Freiheit solemnemente creen que se puede compartir con ellos un "gobierno puramente socialista" presentándolos a sí mismos como los co-fundadores de esta obra en esta primera etapa provisional.

Pero las revoluciones no se detienen. Su tarea vital es avanzar rápidamente y superar sus primeras etapas. Esto está ya siendo dirigido hacia delante por sus propias contradicciones internas. La situación actual es comprensible solo como el inicio como una condición insostenible a largo plazo. Si la contrarrevolución no está ganando en todos los ámbitos, entonces las masas se resisten.

El comienzo está hecho. Lo que suceda después no está en manos de los enanos, que deseaban detener el curso de la revolución, colocando un rayo en de la rueda de la historia mundial. Hoy en el orden del día de la historia del mundo esta: la realización del objetivo socialista. La revolución alemana ha terminado iluminando su camino por esta estrella brillante. Paso a paso, a través de la tormenta y el estrés a través de la lucha y el sufrimiento, a través de la miseria y el triunfo debe alcanzar este objetivo.

¡Esto debe hacerse. Es imprescindible!

 

 

Rosa Luxemburg

 

El Aqueronte en movimiento

 Noviembre de 1918.

"Die Rote Fahne ", 27 noviembre 1918

 

 

El hermoso y pequeño plan para una revolución alemana muy agradable, "de acuerdo con la Constitución", que mantiene el "orden y la tranquilidad", y considera como su tarea primera y urgente la protección de la propiedad privada capitalista, se va al diablo: ¡Aqueronte ha comenzado a moverse! Mientras que en lo alto, en los círculos del gobierno, un acuerdo cordial con la burguesía se mantiene por todos los medios, por abajo, la masa del proletariado se levanta y agita el puño amenazadoramente, ¡las huelgas han comenzado! Se ha hecho huelga en la Alta Silesia, en Daimler, etc. Esto es sólo el comienzo. El movimiento va extenderse, como es natural, en oleadas cada vez mayores y más potentes.

¿Cómo podía ser de otra manera? Una revolución ha tenido lugar. Los obreros, los proletarios, en uniforme o en overoles de trabajo, la han hecho. En el gobierno, se sientan socialistas, los representantes de los obreros.

¿Y qué ha cambiado para la masa de los trabajadores en sus condiciones de salario diario, en sus condiciones de vida? Nada, o casi nada. Apenas aquí y allá algunas concesiones miserables se han hecho, y sin duda la patronal estará buscando arrebatar al proletariado estas migajas.

Se consuela a las masas diciéndoles que sus condiciones mejoraran cuando la Asamblea Nacional se reúna. Que debemos arrastrarnos lentamente y "tranquilamente" a la tierra prometida del socialismo con largos debates, discursos y resoluciones de la mayoría parlamentaria.

El sano instinto del proletariado insurrecto se manifiesta contra este esquema de cretinismo parlamentario. "La emancipación de los trabajadores será obra de los propios trabajadores", se ha planteado en el Manifiesto Comunista. Y "los trabajadores" no son algunas centenas de funcionarios electos que dirigen los destinos de la sociedad con sus discursos y contra discursos, son aun menos de dos o tres docenas de líderes que ocupan puestos de gobierno. La clase obrera, es la propia masa, en toda su extensión. Y sólo a través de su cooperación activa en la superación de las relaciones capitalistas se podrá preparar la socialización de la economía.

En lugar de esperar el acierto de los decretos del Gobierno o de las resoluciones de la famosa Asamblea Nacional, las masas instintivamente recurren a la única forma que realmente conduce al socialismo: la lucha contra el capital. El gobierno hasta ahora ha hecho todo lo posible para castrar a la revolución, para establecer la armonía entre las clases, alzándose a grandes gritos contra todas las amenazas que pesan sobre el "orden y la tranquilidad"

La masa del proletariado arroja tranquilamente en el castillo de naipes de la armonía revolucionaria de las clases, y blande la terrible bandera de la lucha de clases.

El movimiento de huelga que se inicia es una prueba de que la revolución política ha penetrado en la base social de la sociedad. La revolución toma consciencia de sus propios fundamentos. Ella deja a un lado el decorado de cartón de los cambios de personal, que aún no han cambiado nada en la relación social entre el capital y el trabajo, y ella se monta sobre la escena de los acontecimientos.

La burguesía siente muy bien que se ha tocado su punto más sensible, que aquí se detienen las inofensivas bromas gubernamentales, y comienza la terriblemente seria confrontación, a cara descubierta, entre dos enemigos mortales. De ahí la angustia mortal y la furia desatada contra las huelgas. Luego vienen los esfuerzos febriles de los dirigentes sindicales dependientes para tomar entre las redes de sus vetustos medios burocráticos la tormenta que se desata, y para paralizar y encadenar a las masas.

¡Vano esfuerzo! Los pequeños canales de la diplomacia sindical al servicio de la dominación del capital han sido muy efectivos en el período de estancamiento político antes de la Guerra Mundial. En el período de la revolución, ellos fracasaran lamentablemente.

Ya, todas las revoluciones burguesas en los tiempos modernos han ido acompañadas de potentes movimientos huelguísticos: tanto en Francia a principios del siglo XIX, durante la revolución de julio y febrero en Alemania, Austria-Hungría e Italia.

Toda gran agitación social hace surgir naturalmente de una sociedad basada en la explotación y la opresión, luchas de clases violentas. Mientras que la sociedad burguesa mantenga el equilibrio de su tren parlamentario, el proletariado, también permanecerá pacientemente en el engranaje de los salarios, y sus huelgas no tendrán más que el carácter de pequeñas correcciones a la esclavitud asalariada, que se considera inmutable.

Pero cuando el equilibrio entre clases es roto por una tormenta revolucionaria, el suave chapoteo de la superficie se convierte en espada amenazante. Las profundidades mismas se ponen en movimiento, el esclavo no se levanta sólo contra la presión demasiado doloroso de sus cadenas, se rebela en contra las cadenas mismas.

Así, hasta ahora ha sido, en todas las revoluciones burguesas. Al final de las revoluciones, que se han traducido siempre en el fortalecimiento de de la sociedad burguesa, la revuelta de los esclavos proletarios se hunde, el proletariado permanece en los engranajes, bajando la cabeza.

En esta revolución, las huelgas que acaban de estallar no constituyen un conflicto "sindical" concerniente a las condiciones de remuneración. Ellas son la respuesta natural de las masas para el poderoso choque que las relaciones capitalistas han sufrido como resultado del colapso del imperialismo alemán y de la breve revolución política de los obreros y soldados. Ellos son el inicio de una confrontación general entre el capital y el trabajo en Alemania, que anuncia el comienzo del formidable combate directo entre las clases, cuyo resultado puede no puede ser más que la eliminación de las condiciones capitalistas del salariado y la introducción de economía socialista.

Ellas liberan la fuerza social viviente de la revolución actual: la energía revolucionaria de clase de la masa proletaria. Ellas abren el período de actividad inmediata de la masa en su conjunto, de esta actividad cuyos decretos y medidas de socialización de cualquier órgano de representación o gobierno sólo puede constituir el fondo.

Este movimiento de huelga que ha iniciado es al mismo tiempo, la crítica más sucinta que las masas enviar a sus quimeras, los llamados "jefes" de "Asamblea Nacional". Que ellas ya tienen la "mayoría". ¡Los proletarios en huelga en las fábricas y las minas! ¡Los groseros! ¿Por qué no invitan a sus patrones a un pequeño debate, para pasar a continuación, sobre él por una "abrumadora mayoría", e imponer todas sus exigencias, sin alguna duda "respetando el orden? ¿No se trata primero, y formalmente, de verdaderas bagatelas, simples detalles de las condiciones del salario?

Que el Sr. Ebert o Haase ensayen ir a proponer este deplorable plan a los mineros en huelga de la Alta Silesia: seguramente recibirán una respuesta contundente. ¡Pero quien estalle como pompas de jabón cuando se trata de bagatelas, debería temblar cuando se trate de derrumbar todo el edificio social!

La masa proletaria, por su mera aparición en la lucha social de clases, más allá de sus insuficiencias, de cada medida a medias y las cobardías anteriores de la revolución, pasa a la orden del día. El Aqueronte se ha puesto en movimiento, y los abortos que dirigen su pequeño juego en la punta de la revolución serán barridos, a menos que finalmente comprendan el enorme tamaño del drama de la historia del mundo en el que se han mezclado.

 

"Die Rote Fahne, 27 de noviembre 1918

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

Un llamamiento a los trabajadores del mundo

Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht, Klara Zetkin y Franz Mehring

 

Escrito a fines de noviembre de 1918.

Die Rote Fahne (La bandera Roja), del 25 de noviembre de 1918.

 

 

¡PROLETARIOS!

¡Hombres y Mujeres del Trabajo! ¡Camaradas!

¡ Ha llegado la revolución a Alemania! Las masas de soldados que durante años han sido conducidos al matadero por el bien de las ganancias capitalistas, las masas de trabajadores que por cuatro años fueron explotadas, aplastadas y hambreadas, se han sublevado. El militarismo prusiano, esa temible herramienta de la opresión, ese azote de la humanidad- yace roto en el suelo. Sus más notorios representantes, y por lo tanto los más notorios de los responsables de esta Guerra, el Kaiser y el Príncipe Coronado[*] han huido del país. Los consejos de trabajadores y soldados se han formado por todos lados.Trabajadores de todos los países, no decimos que en Alemania todo el poder reside en la actualidad en manos del pueblo trabajador, que el completo triunfo de la revolución proletaria se ha logrado. Todavía se sientan en el gobierno todos aquellos socialistas que en agosto de 1914, abandonaron nuestra más valiosa posesión, la Internacional, quienes durante cuatro años traicionaron a la clase trabajadora alemana y a la Internacional.

Pero, trabajadores de todos los países, ahora el proletariado alemán mismo les habla a ustedes. Creemos que tenemos el derecho de aparecer ante vuestro foro en su nombre. Desde el primer día de esta Guerra procuramos cumplir con nuestro deber internacional peleando contra ese gobierno criminal con todas nuestras fuerzas marcándolo como el único verdaderamente culpable de la Guerra.

Ahora, en este momento, estamos justificados ante la historia, ante la Internacional y ante el proletariado alemán. Las masas coinciden con nosotros entusiastamente, constantemente amplían círculos del proletariado compartiendo la convicción que ha llegado la hora de un ajuste de cuentas con el gobierno de la clase capitalista.Pero esta gran tarea no puede ser realizada sólo por el proletariado alemán, sólo puede pelear y triunfar apelando a la solidaridad de los proletarios de todo el mundo.

Camaradas de los países beligerantes, estamos conscientes de su situación. Sabemos sobradamente que sus gobiernos, ahora que han ganado la victoria, están encandilando los ojos de muchos estratos del pueblo con la brillantez superficial de su triunfo. Sabemos que tal éxito se debe al éxito del asesinato de hacer olvidar sus causas y objetivos.

Pero sabemos también que en vuestros países el proletariado realizó los más temibles sacrificios de carne y sangre, que está harto de la horrorosa carnicería, que el proletariado está ahora regresando a casa, y que encuentra necesidad y miseria allí, mientras las fortunas que ascienden a billones se amontonan en las manos de unos pocos capitalistas. Él ha reconocido, y continuará reconociendo que vuestros gobiernos, también han llevado a cabo la guerra por el bien de los grandes ricos. Y él luego percibirá que cuando vuestros gobiernos hablan de "civilización y justicia" y de "la protección de las naciones pequeñas", se refieren a las ganancias capitalistas tan ciertamente como lo han hecho los nuestros cuando hablaban de la "defensa del hogar", que la paz de "la justicia" y de la "Liga de las Naciones" no son sino parte del mismo tipo de crápulas que generaron la paz de Brest-Litovsk. Aquí tanto como allá la misma desvergonzada lujuria por el botín, el mismo deseo de opresión, la misma determinación de explotar al límite el predominio brutal del acero asesino.

El imperialismo de todos los países no sabe de "entendimientos", sólo reconoce un derecho- las ganancias del capital: conoce sólo un lenguaje- la espada: sabe sólo de un método- la violencia. Y si está ahora hablando en todos los países, en los vuestros tanto como en los nuestros, acerca de la "Liga de las Naciones", "del desarme", "de los derechos de las naciones pequeñas", "de la autodeterminación de los pueblos", es meramente usando las frases trilladas de los gobernantes con el propósito de arrullar hasta el sueño la vigilia del proletariado.

¡Proletarios de todos los países! ¡Esta debe ser la última Guerra! Se lo debemos a los doce millones de víctimas asesinadas, se lo debemos a nuestros hijos, se lo debemos a la humanidad.

Europa ha sido arruinada por esta masacre maldita. Doce millones de cuerpos cubren las escenas de este crimen imperialista. La flor de la juventud y lo mejor del poder de los hombres de los pueblos han sido arrancados. Incontables fuerzas productivas han sido aniquiladas. La humanidad está al borde de la muerte por un derramamiento de sangre sin precedentes en la historia. Vencedores y vencidos están al borde del abismo. La humanidad está amenazada por el hambre, un detenimiento de todo el mecanismo de producción, las plagas y la degeneración.

Los grandes criminales de esta temible anarquía, de este caos desencadenado-las clases dominantes-no son capaces de controlar su propia creación. La bestia del capital que evocó el infierno de la guerra mundial es incapaz de desterrar, de restaurar el orden real, de asegurar pan y trabajo, paz y civilización, justicia y libertad, a la humanidad torturada.

Lo que las clases gobernantes preparan como paz y justicia es sólo una nueva obra de la fuerza brutal desde la cual la Hidra de la opresión, levanta sus miles de frescas y odiadas cabezas.

Sólo el socialismo está en posición de completar el gran trabajo de la paz permanente, de curar los miles de heridas por las que sangra la humanidad, de transformar los claros de Europa, pisoteados por el paso del jinete apocalíptico de la guerra, en jardines florecientes, de conjurar diez fuerzas productivas por cada una destruida, de despertar todas las energías físicas y morales de la humanidad, y de reemplazar odio y disenso con solidaridad interna, armonía y respeto por cada ser humano.

Si los representantes de los proletarios de todos los países pudiesen sujetarse las manos bajo la divisa del socialismo con el fin de hacer la paz, entonces la paz se conseguiría en unas pocas horas. Entonces no habría disputas acerca de la orilla izquierda del Rin, la Mesopotamia, de Egipto o las colonias. Entonces sólo habrá un pueblo: los esforzados seres humanos de todas las razas y lenguas. Entonces sólo habrá un derecho: la igualdad de todos los hombres. Entonces sólo habrá un objetivo: prosperidad y progreso para todos.

La humanidad enfrenta la alternativa: disolución y caída en la anarquía capitalista, o regeneración a través de la revolución social. Ha llegado el hora de decidir. Si creen en el socialismo, ahora es el momento de demostrarlo en los hechos. Si son socialistas, ahora es el momento de actuar.

Proletarios de todos los países, si ahora los sumamos para un esfuerzo común no se hará por el bien de los capitalistas alemanes quienes, bajo la etiqueta de "la Nación Alemana", están tratando de escapar a las consecuencias de sus propios crímenes: se estará haciendo por vuestro bien tanto como por el nuestro. Recuerden que si los capitalistas vencen, están dispuestos a ahogar en sangre nuestra revolución, a la cual temen tanto como a la propia. Ustedes mismos no se han vuelto más libres a partir de la "victoria", sólo se han vuelto aún más esclavos. Si vuestras clases gobernantes tienen éxito en estrangular la revolución proletaria en Alemania, y en Rusia, entonces se volverán contra ustedes con redoblada violencia. Vuestros capitalistas esperan que la victoria sobre nosotros y sobre la Rusia revolucionaria les dará el poder para azotarnos con un látigo de siete colas.

Por esto el proletariado de Alemania mira hacia ustedes en esta hora. Alemania está preñada de la revolución social, pero el socialismo sólo puede ser realizado por el proletariado mundial.

Y de allí, que los llamamos: "¡Levántense para luchar! ¡Levántense para la acción! ¡El tiempo de los manifiestos vacíos, las resoluciones platónicas, y las palabras rimbombantes se ha ido! ¡La hora de la acción ha dado la Internacional!" Les pedimos que elijan consejos de trabajadores y de soldados en todas partes que tomarán el poder político, y junto a nosotros, restableceremos la paz.

Ni Lloyd George[**] ni Poincaré[***], ni Sonnino[****], ni Wilson[*****], ni Ersberger[******] ni Scheidemann[*******], serán admitidos para hacer la paz. La paz debe concluirse bajo la divisa ondeante de la Revolución Socialista mundial.

¡Proletarios de todos los países! Los convocamos a completar el trabajo de la liberación socialista, a darle un aspecto humano al mundo desfigurado y a hacer verdad aquellas palabras con las cuales a menudo nos saludábamos unos a otros en los viejos días y que cantábamos mientras partíamos: "y la Internacional será la raza humana".

 

 

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Notas

 

[*] Kaiser es el título alemán que significa "Emperador". Guillermo de Prusia (1882 - 1951) fue el último príncipe coronado de Prusia y Alemania. Era el hijo mayor de Guillermo II, emperador de Alemania.

 

[**] David Lloyd George (1863-1945) Liberal, primer ministro de Gran Bretaña desde 1916 hasta 1922. Co-autor del Tratado de Versalles y uno de los organizadores de la intervención militar contra la Rusia soviética.

 

[***] Presidente de Francia (1913-1920) y primer ministro (1912, 1922-1924, 1926-1929).

 

[****] Sidney Sonnino (1847 - 1922) fue un político italiano. Fue primer ministro de Italia en 1906 y en 1909-1910. Se definía como político aperturista y partidario del sufragio universal.

 

[*****] Wodrow Wilson (1856-1924): en 1911 fue elegido Gobernador de Nueva Jersey por el Partido Demócrata, cargo que desarrolló hasta 1913. Candidato presidencial por Partido Demócrata en las elecciones 1913, elecciones que ganó y que le convirtió en el 28º Presidente de los Estados Unidos. Su presidencia estuvo marcada por el intervencionismo hacia Iberomérica.

 

[******] Matthias Erzberger (1875-1921) Político y economista alemán. Dirigió el grupo político católico zentrum. Una vez instalada la república, alcanzó puestos importantes dentro del gobierno, entre ellos la vicepresidencia en 1919. Poco a poco varió su política representando la izquierda del movimiento católico. En 1921 fue asesinado por militares nacionalistas.

 

[*******] Scheidemann, Philipp (1865-1939): fue un político alemán. De orientación socialdemócrata, en 1918 fue nombrado secretario de Estado en el Gabinete del príncipe Maximiliano de Baden; exigió la abdicación de Guillermo II y, tras dimitir, el 9 de noviembre de 1918 proclamó, junto con Ebert, la República alemana. Miembro del Consejo de los Delegados del Pueblo, y en 1919 de la Asamblea Nacional de Weimar, así como primer ministro del Reich, dimitió de su cargo en protesta por el Tratado de Versalles.

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

¿Qué están haciendo los jefes?

  Rote Fahne, 7 de enero de 1919.

 

En la atmósfera encendida de la revolución, la gente y cosas maduran con rapidez increíble. Hace solamente apena tres semanas, cuando el Congreso de los Concejos de Obreros y Soldados terminó, parecía que Ebert y Scheidemann estaban en el cenit de su poder. Los representantes de las masas revolucionarias de obreros y soldados en toda Alemania se habían rendido ciegamente a sus jefes. Con la convocación de la Asamblea Nacional las manifestaciones en las calles fueron estériles, de esta manera se degrado el Consejo Ejecutivo, y con él los Concejos, impotentes figuras ridículas -¡que un triunfo para la contrarrevolución en toda la línea! Los frutos del 9 de noviembre parecían ser desperdiciados y derrochados, así la burguesía dio un suspiro de alivio otra vez, y las masas estaban perplejas y desarmadas, amargadas y, efectivamente, dudando. Ebert y Scheidemann se imaginaron ellos mismos en el máximo apogeo de su poder.

¡Tontos ciegos! Aún no han pasado veinte días desde entonces, y su poder ilusorio ha empezado a tambalearse de la noche a la mañana. Las masas son el poder real, el poder verdadero, en virtud de la acerada compulsión de la historia. Se uno encadenar por el momento, se puede oficialmente despojar a sus organizaciones de todo poder - pero necesita solamente se moverse, solamente enderezar sus espaldas obstinadamente, y la tierra temblará bajo los pies de la contrarrevolución.

Alguien que presenciara la demostración masiva de ayer en el Siegesallee, que sintió esta inflexible convicción revolucionaria, este humor magnífico, esta energía que las masas transmitieron, debe llegar a la conclusión de que políticamente los proletarios han crecido enormemente a través de su experiencia de las recientes semanas, en los más recientes eventos. Se han dado cuenta de su poder, y todo lo que se necesita es aprovechar este poder.

Ebert Scheidemann y sus clientes, la burguesía, que gimen incesantemente golpe de Estado, están en este momento experimentando la misma desilusión sentida por el último Borbón cuando su Ministro respondió a su llanto indignado sobre la "Rebelión" de las gente de París con estas palabras, "Señor, ésta no es una rebelión, es una revolución!"

Sí, es una revolución con todo su desarrollo caótico exterior, con su alternada disminución y flujo, con sus oleadas momentáneas hacia la toma del poder y los reflujos igualmente momentáneos de las oleadas revolucionarias. Y esta revolución está caminando paso a paso a través de todos estos movimientos de zig zag evidentes y está marchando irresistiblemente hacia adelante.

Las masas deben aprender a combatir, actuar en la lucha misma. Y hoy uno puede intuir que los trabajadores de Berlín en gran parte han aprendido a actuar; tienen sed de actos decididos de situación claras, de medidas radicales. No son las mismas de cómo lo eran el 9 de noviembre; saben lo que quieren y lo que deben hacer.

Sin embargo, ¿sus jefes, los organismos ejecutivos de su voluntad, están bien informados? ¿Tienen los jefes y delegados revolucionarios los grandes objetivos, y tienen la energía y la resolución de los elementos radicales del USPD que están creciendo mientras tanto? ¿Su capacidad para la acción está a la altura de la energía en crecimiento de las masas?

Tememos no poder responder a estas preguntas con uno fuerte y sencillo SI. Tememos que los jefes todavía están como lo estaban en el 9 de noviembre, que han aprendido muy poco. Han pasado 24 horas desde que el gobierno de Ebert atacó a Eichhorn[1]. Y Las masas respondieron espontánea y entusiastamente al llamado de sus líderes, con su propia fuerza forzaron la reinstalación de Eichhorn. Con su propia iniciativa espontánea tomaron Vorwärts y se apoderaron de las editoriales burguesas y el W.T.B. [La agencia telegráfica de Wolff] y, tan lejos como les fue posible se armaron ellas mismas. Y están a la espera de instrucciones adicionales y movimientos de sus líderes.

¿Y mientras tanto, qué han hecho estos líderes? ¿Qué han decidido? ¿Qué medidas han tomado para proteger la victoria de la revolución en esta situación tensa en que el destino de la revolución será determinado, por lo menos por la próxima época? ¡No hemos visto ni escuchado nada! Quizás los delegados de los trabajadores están conferenciando extremadamente y productivamente. Ahora, sin embargo, la época de actuar ha llegado.

Ebert, Scheidemann, y cía., con toda certeza no están perdiendo su tiempo en conferencias. Indudablemente no que están dormidos. Están preparando sus intrigas silenciosamente con la energía acostumbrada y circunspección de la contrarrevolución; están afilando sus espadas para tomar la revolución por sorpresa, y asesinarla.

Mientras tanto los otros elementos débiles ya están diligentemente preparando el terreno para las "Negociaciones", planteando compromisos, lanzando un puente al otro lado del abismo que se ha abierto entre las masas de trabajadores y los soldados del gobierno de Ebert, induciendo a la revolución para establecer un "Acuerdo" con sus enemigos mortales.

Ahora no hay tiempo que perder. Las medidas radicales deben ser emprendidas inmediatamente. Directivas claras y veloces deben ser dadas a las masas, a los soldados fieles a la revolución. Su energía, su combatividad debe ser dirigida hacia objetivos claros. Los elementos vacilantes entre los soldados pueden ser ganados para la causa sagrada del pueblo por medio de acciones decididas y claras tomadas por los cuerpos revolucionarios.

¡Actuar! ¡Actuar! Valientemente, resueltamente, conscientemente - ése es el "maldito" deber y la obligación de los líderes revolucionarios y los auténticos líderes de partido socialista. Desarmar a la contrarrevolución, armar las masas, ocupar todo los puestos de poder. ¡Actuar rápidamente! La revolución obliga. Las horas cuentan como meses, los días como años en la historia del mundo. ¡Los organismos de la revolución beben tomar consciencia de sus altas obligaciones!

 

 

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Nota

 

[1] Emil Eichhorn, un Diputado de USPD que se hizo Jefe de Policía en Berlín en la Revolución de noviembre, fue destituido de su cargo por el gobierno provisional de SPD el 4 de enero debido a sus simpatías con la izquierda revolucionaria.

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

Tareas incumplidas

 

Rote Fahne (Berlín) 8 de enero de 1919.

 

Desde 09 de noviembre la ola revolucionaria choca periódicamente contra el mismo muro misma pared: El gobierno Ebert-Scheidemann. La razón, la forma y la fuerza de estos enfrentamientos, a ha sido diferente para cada una de las crisis de la revolución que hemos experimentado en las últimas ocho semanas. Pero el grito de: ¡Abajo Ebert y Scheidemann ha sido el santo y seña e hilo conductor de todas estas crisis y, todo desemboca en esta consigna que suena cada vez más, al unánime y cada vez más insistente en las masas.

Tal insistencia es muy natural. Pues el desarrollo de la Revolución está luchando contra el error básico del 9 de noviembre que puso a la cabeza de un gobierno revolucionario a personas, que hasta el último minuto habían hecho todo lo que estuvo en su poder para impedir el estallido de la revolución, y después de su irrupción ha tomado la vanguardia con la obvia intención de sofocar la revolución en la primera oportunidad disponible.

Si la revolución debe continuar, tiene que proseguir su desarrollo avanzando paso a paso, a fin de cumplir sus tareas históricas: la abolición de la dominación de clase burguesa y realizar el socialismo; entonces el muro que se interpone en el camino debe ser eliminado; el Gobierno Ebert-Scheidemann debe ser abatido

Esta tarea especial, no será podrá ser llevada a cabo por la revolución, sino aprendemos las lecciones de toda la experiencia de las últimas ocho semanas de la historia de la revolución. Principalmente las provocaciones del gobierno: 06 de diciembre[*], juramento de las tropas de la guardia[**], el 24 de diciembre[***], el reciente ataque el cuartel la policía[****] todo esto hace que las masas revolucionarias directamente se enfrenten a la dura, desnuda e inexorable alternativa: o bien la revolución tiene que renunciar a su carácter proletario y a su misión socialista, o el gobierno Ebert y Scheidemann debe, ser expulsado del poder.

Esto también es cierto tanto para la gran masa del proletariado tanto en Berlín, como de los centros principales de la insurrección en provincia del reino. Esta toma de conciencia adquirida es tan aguda y clara, que en cada momento se eleva el grito apasionado y poderoso de cientos de gargantas: ¡Abajo Ebert y Scheidemann! Sin duda ello es el premio a la madurez, que con el paso que los acontecimientos recientes hemos obtenido.

Sin embargo, lo que está lejos de ser claro, es la cuestión de cómo se conduce la lucha con el fin de eliminar el gobierno de Ebert, cómo la revolución va a poner en práctica la madurez interna ya alcanzada, y esta falta de claridad demuestra brutalmente cuán débil e inmadura es aun revolución. Los eventos de los últimos tres días han arrojado la luz más brillante posible en torno a estas debilidades.

La eliminación del gobierno Ebert-Scheidemann no significa asaltar el Palacio de la cancillería del Reich y ahuyentar o detener unas cuantas personas que encontremos por ahí: significa sobre todo, capturar todas las posiciones reales de poder, mantenerlas y usarlas.

¿Pero que hemos visto durante estos tres días? Todo lo que hemos logrado en términos de posiciones conquistadas se reduce: reocupación de la Prefectura de policía, la ocupación de la ocupación "Vorwärts", ocupación de la WTB y ocupación las editoriales burguesas[*****] estas últimas como obra espontánea de las masas. ¿Pero cuáles son los órganos propios, que en aquellos días encabezaban a las masas o pretendían hacerlo?: Los delegados revolucionarios de fábrica y la Comité Central de USPD del Gran Berlín, los cuales han dejado de lado las reglas más elementales de toda acción revolucionaria, a saber:

1. Cuando las masa ocupan "Vorwärts", los Delegados Revolucionarios[******] y el Comité Central del USPD del Gran Berlín -que pretendían oficialmente representar a los obreros de Berlín- debieron asegurar inmediatamente un equipo de redacción que actuara en conformidad con los deseos de estas masas trabajadoras. ¿En que se han convertido los jornalistas? Que hacen Däumig y Ledebour[*******], periodistas de gran renombre, quienes no tiene ningún órgano editorial para su tendencia de izquierda dentro del USPD, ¿por qué han dejado las masas con este vacío? ¿Qué era realmente lo más importante, Discutir o Actuar?

2 Cuando las masas han ocupado la agencia telegráfica Wolff, el deber de los organismos dirigentes de los trabajadores revolucionarios es utilizar la agencia para los propósitos revolucionarios, proporcionando al público y a toda la masas de los compañeros en provincia, información de lo que está sucediendo en Berlín, para orientarlos claramente sobre la situación y lo que se debe hacer. Sólo de esta manera se puede crear la cohesión moral y coordinación entre los trabajadores de Berlín y el movimiento revolucionario en provincia, y sin la cual esta revolución no podrá ganar en ninguna parte.

3 Cuando se está comprometido en un abierto conflicto con el gobierno Ebert-Scheidemann, no comienzan al mismo tiempo, "negociaciones" con este gobierno. Como lo hace los partidarios de Haase: Oskar Cohn, la Zietz, Kautsky, Breitscheid[********] y todas estas figuras vacilantes llamadas, tomar todas las oportunidades para hacer nuevos contactos con Ebert y sus amigos de los cuales se separaron con un dolor en el corazón[*********] Los delegados revolucionarios, por su parte, que está en contacto con las masas, deben ser conscientes de que Ebert y Scheidemann son enemigos mortales de la revolución. Por qué Negocian con sus enemigos mortales? Estas negociaciones pueden, por supuesto, sólo conducen a una de dos cosas: o bien a un compromiso, -o más probablemente- a una dilación, que Ebert y su gente usaran para preparar las medidas de represión más brutales.

4. Cuando las masas son llamadas a salir a la calle, cuando se les ha puesto en estado de alerta, se debe decir clara y netamente lo que tienen que hacer, o al menos lo que está ocurriendo, lo que se está haciendo y planificado entre amigos y enemigos. En tiempos de crisis revolucionarias, cuando las masas están en las calles. Ellas son el único bastión, la única defensa de la revolución. Si la revolución está en peligro -¡Y ahora está en gran medida!- entonces es el deber de las masas proletarias estar en guardia, y utilizar su poder en la calle. Su sola presencia, y su contacto mutuo, son una amenaza y una advertencia para todos los enemigos evidentes y encubiertos de la revolución: ¡Cuidado!

Las masas no sólo han de llamadas a manifestarse, sino también ponerse activas en las actividades políticas. Ellas también deben participar y decidir qué debe hacerse u omitirse. Nos sentimos realmente que los delegados y el Comité Central de USPD del Gran de Berlín creen superfluo comparecer ante las masas reunidas en Siegesallee informando sobre su decisión de participar en las "negociaciones" con Ebert y Scheidemann. Habían obtenido una respuesta tan fuerte y unánime, que habían perdido todo deseo de negociar!

Las masas están dispuestas a apoyar toda acción revolucionaria, están dispuestas a pasar por el fuego y el agua por y para la causa del socialismo. Por tanto, debemos darles consignas claras y demostrar una actitud consistente, coherente y decidida. El idealismo de los Trabajadores y la lealtad de soldados de la revolución sólo pueden ser fortalecidos por una política decidida y clara de sus órganos de dirección. Y eso se traduce hoy en una política sin vacilaciones o medias tintas, que solo conoce la consigna: ¡Abajo Ebert y Scheidemann!

¡Una última lección!

Alemania fue hasta ahora el país clásico de la organización e incluso el fanatismo por la organización, por no decir la arrogancia organización. Por el bien "de la organización" hay que dejar de espíritu del movimiento, sus objetivos y su capacidad de acción. ¿Y qué es lo que estamos viviendo hoy en día? Durante los momentos decisivos de la revolución este famoso "talento organizativo" ha resultado engañoso, y ha fracasado de la manera más despreciable. Organizar las acciones revolucionarias es algo muy distinto a "organizar" la elección o elecciones a las diputaciones del Reichstag o de Comités judiciales. Para organizar las acciones revolucionarias, solo se puede en la revolución misma, tal como se aprender a nadar, solo tirándose al agua. ¡Por supuesto esto muestra, también la experiencia histórica! Aquí también se aplica que para aprender algo solo tenemos tomar la experiencia.

La experiencia de los últimos tres días invoca a los órganos dirigentes de la clase obrera en voz alta ¡No discutir! No abogar indefinidamente, no negociar! ¡actuemos!

 

 

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Notas:

 

[*] Provocación armada: el 6 de diciembre de 1918, un grupo de oficiales hicieron un intento de golpe de Estado, deteniendo al Comité Ejecutivo de Obreros y Soldados de Berlín y proclamado presidente a Ebert. También dispararon sobre una manifestación pacífica matando a 14 personas e hiriendo a otras 30. También allanaron la redacción de la Rote Fahne Líderes socialdemócratas como Otto Wels participaron en este intento de golpe.

 

[**] El juramento de las tropas de la Guardia: ocurrió el 10 de diciembre de 1918, la gardestrupper, armada contrarrevolucionaria entró en Berlín, recibida por el presidente del gobierno Friedrich Ebert, el alcalde de Berlín, Adolf Wermuth y el Secretario de Guerra Henry Scheiich, el teniente general Arnold Lequis y sus hombres presentaron juramento de lealtad a la "República" y a su presidente Ebert.

 

[***] Ataque a la Marina del Pueblo: El 24 de diciembre, las fuerzas armadas contrarrevolucionarias bajo el mando de Lequis, con el apoyo de artillería atacaron la llamada División marina del Pueblo, que, sin embargo, con ayuda de manifestaciones de obreros que rodearon las fuerzas de Lequis, logró repeler el ataque.

 

[****] Destitución Eichhorn: El 4 de enero de 1919, el Gobierno socialista de tendencia derechista destituyo de la Prefectura de policía de Berlín a Emil Eichhorn, que pertenecía izquierda USPD. Fueron las violentas protestas en contra de este evento, convocadas por el USPD y el naciente KPD, esto condujo a intento de insurrección que Rosa Luxemburgo aun en contra de su posición política que condenaba una acción como esa, apoyo de principio a fin.

 

[*****] Ocupaciones después del 4 de enero. Fue ocupada la WTB [Oficina o Agencia de Telégrafos Wolff]. Esta ya había sido ocupada una vez antes, el 24 de diciembre por espartaquistas para protestar por el ataque del ejército de ese día. La segunda ocupación se produjo el 6 de enero y fue levantada el 11 de enero, cuando los soldados bajo Noske irrumpieron en el edificio.

 

[******] Militantes sindicalistas: que habían creado en 1917 en las fábricas de Berlín una organización clandestina. Estos militantes jugaron un papel importante en las huelga de principios de 1918, y en la preparación de los eventos de noviembre en también en Berlín, políticamente son muy próximos al USPD pero mostraban gran respeto por el KPD

 

[*******] Däumig y Ledebour: Militantes del USPD (los independientes) y que eran parte de su ala izquierda.

 

[********] Haase: Oskar Cohn, la Zietz, Kautsky, Breitscheid: Militantes de USPD del ala derecha.

 

[*********] Después de que el ataque militar a División de Marines del pueblo, el 24 de diciembre, los tres miembros del USPD del gobierno dimitieron en señal de protesta.

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

Carta a Clara Zetkin

 

Enero de 1919. 11 janvier 1919

 

Querida Clara

Hoy he recibido tu larga carta, que finalmente pude leer en el ocio y, lo que es aún más increíble, te puedo contestar. Es que no sabría describir la vida que yo -que estamos aquí durante semanas, el torbellino, el perpetuo cambio de domicilio, las noticias alarmantes continúan, y en medio de todo esto, el trabajo es agotador, las reuniones... En la carta, no he tenido tiempo para escribirte! No veo mi departamento más que de tiempo en tiempo durante dos o tres horas por la noche. Tal vez voy hoy que logre escribirte en una carta. Pero no sé por dónde empezar, ya que tengo tantas cosas que decirte.

Ante todo, la cuestión de la no participación en las elecciones: tu sobreestimas enormemente el rango de aplicación de esta resolución. No hay partidarios de Rühle[1]. En la conferencia[2], Rühle no ha sido del todo un "líder". Nuestra "derrota" fue la victoria de un extremismo bastante infantil (pueril), en plena fermentación, sin matices. Pero esto fue sólo en el comienzo de la conferencia. Durante esta, se estableció contacto entre nosotros (la Dirección Central[3]) y los delegados, y mientras que en mi informe brevemente he vuelto sobre la cuestión de la participación en las elecciones, sentí una resonancia muy diferente que en el comienzo. Recuerda que los espartaquistas son en gran medida una nueva generación, en la que no pesan las tradiciones embrutecedoras del "viejo partido", del partido "que ha sido probado"[4] , y del que es necesario aceptar de hecho con sus luces y sus sombras. Nosotros[5] por unanimidad hemos decidió no hacer de esto una cuestión clave y no lo tomaremos en serio.

En realidad, los acontecimientos actuales, que se precipitan, lanzando por completo a un segundo plano la cuestión de la Asamblea Nacional, y si las cosas siguen como hasta ahora, parece muy dudoso que tengamos tales elecciones y una Asamblea Nacional[6]. Tu asumes sobre la cuestión (quiero decir sobre la tragedia de esa resolución) un juicio diferente a nosotros porque, lamentablemente, hasta ahora tú no tienes ningún contacto con nosotros, y no conoces los detalles, o más bien tu no las sientes situación como se sabe, por las impresiones directas.

Mi primer impulso cuando leí tu carta y tu telegrama sobre la cuestión de las elecciones, fue telegrafiarte: ven aquí tan pronto como sea posible. Estoy segura de que quieres pasar una semana aquí y participar directamente en nuestro trabajo y en los debates para tener un completo acuerdo entre nosotros sobre las cuestiones grandes y pequeñas. Pero me vi obligada a decirte lo contrario: espera un poco más para venir, hasta que tengamos días un poco más tranquilos. Vivir en esta vorágine y el peligro de cada hora, con estos cambios de domicilio, esta cacería y esta persecución, no tendrías nada y sobre todo no tendrías absolutamente ninguna manera de trabajar correctamente o incluso sólo para discutir.

Espero que dentro de una semana, la situación será más clara, de un sentido u otro, y que volverá a ser posible trabajar con regularidad. Así que tu venida aquí sería el comienzo de una colaboración sistemática que dará lugar, naturalmente, el intercambio de opiniones y acuerdos.

Nota: no hemos aceptado en nuestras filas a ningún "borchardiano". Por el contrario, Borchardt[7] ha sido expulsado por los "comunistas internacionalistas", y esto a petición nuestra.

Los "comunistas int" eran esencialmente de Hamburgo y Bremen[8]: esta adquisición es tienen duda inconvenientes[9], pero son en todo caso, puntos secundarios, sobre los cuales es necesario pasar y que se resolverán con el progreso del movimiento.

En total, nuestro movimiento se desarrolla magníficamente, y en todo el Reich. La separación del USPD se había convertido en absolutamente necesaria, por razones políticas, porque si los hombres son siempre los que estaban en Gotha[10], la situación es ahora es totalmente muy diferente.

La violenta agitación política que vivimos aquí en Berlín, cada dos semanas o a menudo más frecuentes, dificulta notablemente del desarrollo de un trabajo sistemático de formación y organización, pero al mismo tiempo constituye una enseñanza maravillosa para las masas. Y a fin de cuentas, debemos tomar la historia como tal como se desarrolla...

Que tan rara vez tu recibes la Rote Fahne, es algo terrible! Me aseguraré de que te la envíen todos los días. Por ahora, la lucha continúa en Berlín, muchos de nuestros valientes muchachos han caído. Meyer, Ledebour [11] y (nosotros lo tememos) Leo[12], han sido detenidos. ●

Debo detenerme aquí por hoy. Te abrazo mil veces.

Tu R.

 

 

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Notas

 

[1] Otto Ruhle: diputado Saxon, fuel primero en seguir el ejemplo de Liebknecht en votar contra los créditos de guerra. En el congreso de fundación del KPD, se pronunció contra la participación en las elecciones a la Asamblea Nacional.

 

[2] Se refiere al congreso de fundación del KPD.

 

[3] En la dirección de KPD había un Comité la Zentral compuesta por alrededor de 11 militantes.

 

[4] Ironía respecto al SPD

 

[5] Parece que se refiere a los militantes que integraron la Zentral

 

[6] Rosa contagiada por el clima insurreccional de Berlín no creía que se elegiría esta Asamblea Nacional, pero en realidad tal Asamblea se celebró 4 días después de su asesinato, el 19 de enero.

 

[7] Julian Brorchad, director de la revista Rayos de luz (Lichstrahlen), participante en la conferencia de Zimerwald.

 

[8] Ciudades donde se agrupaban los Comunistas Internacionalistas, que desde mucho antes proclamaban la necesidad de formar un partido aparte.

 

[9] Se refiere quizás a las divergencias de matices sobre algunos aspectos como el de los sindicatos

 

[10] Lugar Fundación USPD en 1917.

 

[11] Ernst Meyer de la Zentral y Georg Ledebour de la dirección del USPD fueron en realidad arrestados en la noche del 10 al 11 enero.

 

[12] Información incorrecta, Leo Jogiches fue arrestado hasta el 10 de marzo 1919.

 

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

 

La fallas de los jefes

 

Enero de 1919.

Die Rote Fahne (Berlín), 11. Enero 1919.

 

 

Las cosas en Berlín han tomado un rápido giro, que provoca la más fuerte crítica y la más seria preocupación de las masas obreras.

Hemos expresado en el transcurso de los últimos días a menudo, de forma abierta y diáfana, que la dirección del movimiento de masas berlinés de estaba dejando que se perdiera toda fuerza, determinación, unidad e impulso revolucionario. Hemos proclamado claramente que la dirección iba muy atrás de la madurez y combatividad de las masas. Hicimos todo lo posible dentro de estos organismos dirigentes mediante iniciativas y exhortaciones, como también desde fuera -en la "Rote Fahne"- mediante una crítica completa, para impulsar el movimiento, para trasladar el afán revolucionario de las grandes empresas al escenario de actividades.

Pero todos los esfuerzos e intentos han fracasado finalmente por las vacilaciones y las posiciones tímidas de este organismo dirigente. Después de que se hubiera parado y dejado perder durante cuatro días la determinación práctica y la energía combativa de las masas mediante una completa falta de dirección, después de que mediante dos Rondas de negociaciones con el gobierno Ebert-Scheidemann, se debilitaran las perspectivas de lucha revolucionaria y que la posición del gobierno se hubiera fortalecido de forma efectiva, los dirigentes revolucionarios decidieron finalmente la noche del miércoles al jueves a suspender las negociaciones y a adoptar la lucha con todas sus consecuencias. Pronunciaron la palabra huelga general y el grito a las armas!

Pero este fue, por lo demás, la única conquista a la que llegaron los dirigentes revolucionarios.

Se entiende enseguida de lanzar el llamado a la huelga general y al armamento a las masas, se debe hacer todo lo posible para asegurar el cumplimiento más enérgico de esta consigna. ¡Nada parecido emprendieron los dirigentes! Tuvieron suficiente con las palabra desnudas y, ... decidieron igualmente el jueves por la noche ¡emprender por tercera vez negociaciones con Ebert-Scheidemann!

Esta vez el movimiento de unidad que llegó entre los trabajadores de la Schwartzkoppf y de algunas otras grandes empresas del río, proporcionó el deseado pretexto para romper la lucha emprendida anteriormente en todas las formas. El personal laboral de la Schwartzkopff, del AEG, de la Knorr-Bremse pertenece a las tropas centrales del proletariado revolucionario berlinés, y no hay ninguna duda de las sus mejores intenciones. Pero los trabajadores, en este caso, fueron objeto de la manipulación de una de los Haase: Oskar Cohn, Dittmann y otros. Estos individuos trabajando de forma demagógica con las muy estimadas palabras clave de "unidad", "ningún derramamiento de sangre", buscan de desvanecer la combatividad de las masas, confundirlas y disolver la decisiva crisis revolucionaria en un falso compromiso con la contrarrevolución.

Es claro para todos los que no se quieran dejar engañar, que esta rimbombante unidad que el USP ingenió es indudablemente el mejor servicio que podían ofrecer a Ebert-Scheidemann en la situación presente. Incluso cuando colgaban del aire, temblando, y recibían el apoyo indeciso y poco placentero de tropas vacilantes, y la desconfianza de la burguesía, los traidores del socialismo hacían una prueba de fuerza con los obreros en los últimos días de las horas más pesadas de su breve gloria gubernamental. La impresionante salida de las masas en la calle, el giro que tomaba la brutal provocación gubernamental en la cuestión de las provocaciones, había pasado por encima de la cabeza de estos aventureros. Y al darse ya por medio derrotados: esto se mostraba claramente en toda la indecisión y la creciente incertidumbre de las medidas contrarrevolucionarias de los últimos días.

Después llegaron como período salvador las negociaciones y finalmente el movimiento de unidad. El USP se evidenció aquí de nuevo como el ángel salvador de la contrarrevolución. Haase-Dittmann abandonaron el gobierno de Ebert, pero continúan en las calles con la misma política de cobardía de los Scheidemann.

¡Y la izquierda del USP acepta y hace esta política! Las condiciones para las negociaciones decididas recientemente con el gobierno, que fueron aceptadas por los dirigentes revolucionarios, fueron formuladas por Ledebour. Se pide por una parte, como precio, la capitulación de los trabajadores, y por otra, la destitución de Ebert, Scheidemann, Noske y Landsberg del gobierno. ¡Como si se tratara solo de personas y no de una determinada política! Como si no resultara en una pura confusión y equivocación de las masas sustituir los típicos y declarados representantes de la política infame de Scheidemann por cualquier estadista gris que haga únicamente de hombre de paja, la misma política, mientras los Ebert-Scheidemann se esconden tras el telón moviendo los hijos y eludiendo el juicio de las masas!

De una manera u otra la totalidad del USP transformó una política de negociaciones a través de los dirigentes revolucionarios en una capitulación del obrerismo revolucionario para esconder los antagonismos y las contradicciones internas. Es la política del 9 de noviembre, al que se ha de retroceder después de ocho meses de situación madurada y de unidad política de las masas!

El Partido Comunista no toma parte obviamente en esta lamentable política y la rechaza toda responsabilidad. Consideramos aún como nuestro deber hacer avanzar la cuestión de la revolución, de enfrentarnos a todos los intentos de confusión con una energía férrea y alertar a las masas con una crítica implacable de los peligros tanto de la política vacilante de los dirigentes revolucionarios como de la política empantanada del USPD.

La crisis de los últimos días hace de la mayor importancia y urgencia que las masas extraigan una lección. La situación anterior de ausencia de dirección, de falta de un centro organizativo de los berlinéses se hace insostenible. Si la cuestión de la revolución debe continuar hacia adelante, si la victoria del proletariado y el socialismo deben ser algo más que un sueño, entonces los obreros revolucionarios debe crear órganos de dirección, que desde lo alto sepan conducir y emplear la energía combativa de las masas. Por encima de todo el período inmediato dedicarse a la liquidación de la USPD, este cuerpo en decadencia que puede con sus productos de descomposición envenenar la revolución. El enfrentamiento con la clase capitalista adopta la forma en Alemania en primer término de colisión con Scheidemann-Ebert, quienes son la guardia de seguridad de la burguesía. Y la colisión con los Scheidemann plantea la liquidación del USPD, que actúa como guardia de seguridad de Ebert-Scheidemann.

Claridad, dureza, lucha implacable contra todos los intentos de ocultar, de vuelta y de confundir, acopio de la energía revolucionaria de las masas y creación de los órganos correspondientes para dirigirla en la lucha: estas son las tareas más candentes del período inmediato, estas son las lecciones más importantes de los últimos cinco días de destacados avances de las masas y deplorables fallas de los dirigentes.

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

Castillo de naipes

 

enero de 1919

Die Rote Fahne, 13 de enero de 1919

 

Encima de las ruinas humeantes, entre los charcos de sangre y cadáveres de "espartaquistas asesinados, los héroes del "Orden" se apresuran a afianzar su dominio nuevamente. El gobierno Ebert está trabajando con energía frenética para consolidar su poder: en adelante regirá por la bayoneta. Al igual que César, antes de él, Ebert pasa revista a las tropas de la guardia que desfilan y luego se dirige a ellos. En presencia de los muertos y heridos en las calles de Berlín, que ofrece "la gratitud del gobierno a los valientes soldados", y les asigna la tarea de velar por la Asamblea Nacional por la fuerza de las armas. El día 11, en su "Orden del día", Noske "comandante supremo" ocupa el catálogo bien conocido compilado por Hindenburg, von Kessel y todos los bedeles o alguaciles del régimen Hohenzollern: "En el este, carros llenos de espartaquistas, revólver en mano, están saqueando una casa tras otra ... La última ilusión de que este es un movimiento político ha estallado, el robo y el pillaje se revelan como el único objetivo de la rebelión ..." La paciencia del gobierno está agotada, y ahora su ametralladoras y su "artillería pesada" tendrán su voz." La clase obrera debe ser unánime en su oposición a la Liga Espartaco', concluye el advenedizo manchada de sangre.

Así es como Scheidemann y cia. esperan restablecer su poder gubernamental -con la ayuda material del ejército contrarrevolucionario, con el apoyo moral de la burguesía y sobre los cadáveres de los obreros revolucionarios de Berlín.

Hay, sin embargo, una falla en este cálculo, el ejército y la burguesía, que hoy están ayudando a Ebert y Scheidemann a salir del pantano, quieren ellos mismos disfrutar de los frutos de la cosecha sangrienta. Estos elementos apoyan el gobierno "socialista" solamente mientras crean que este puede mantener un férreo control sobre las masas proletarias agitando la falsa bandera del socialismo, y pueda estrangular la revolución y el socialismo por medio de su influencia "moral". Pero ahora, el hechizo se ha roto. La semana pasada ha mostrado el abismo que se abre entre el gobierno de Ebert y la revolución. Hoy en día es obvio que Ebert y Scheidemann pueden gobernar sólo por la bayoneta. Si este es el caso, sin embargo, a continuación, las bayonetas también gobernaran sin Ebert y Scheidemann. La burguesía esta haciendo todo por una proclamación abierta de la dictadura del sable, para el pleno restablecimiento de la antiguo "orden": "Los alborotadores deben ser aplastados o encarcelados, exclamó el Tägliche Rundschau, "no tienen derecho para ser puestos en libertad ... la Ley y el orden deben ser restablecidos hasta el más mínimo detalle, la policía, que prácticamente dejó de existir después de 09 de noviembre, debe ser restaurada a su nivel anterior y lo más importante, la policía debe ser rearmada y dotada de plenos poderes ".

Al mismo tiempo, el líder de la Guardia Noske, el coronel Reinhardt, declara que él proclamará la ley marcial, él no necesita recibir órdenes de nadie -ni siquiera por parte del gobierno- porque él es un soldado y decidirá por su cuenta. Y el Tercer Regimiento de Guardia declaró bajo su propia responsabilidad que estaba "decidido a llevar a cabo" la Asamblea Nacional "por la fuerza de las armas". En Berlín y sus alrededores, los oficiales están haciendo arrestos bajo su propia responsabilidad.

Así, el contrarrevolucionario oficial-cuerpo se rebela contra el gobierno de Ebert y se lo hará saber claramente que todo el asunto estaba destinado a la inversa: Ebert y Scheidemann se suponía que tirar castañas de la burguesía en medio del fuego, y no al revés. En caso de que llegado al punto en que la burguesía tiene que salvar el gobierno "socialista" de los obreros revolucionarios, entonces el juego habrá terminado, entonces la burguesía bien podrá pensar, y no sin razón, que tienen los candidatos más aptos para la dictadura del sable en los advenedizos, Ebert y Noske.

En la tercera parte, sin embargo, el partido de Haase está tratando de aprovechar la crisis para establecer un gobierno de coalición "de todas las tendencias socialistas". Esto está muy en consonancia con la solapada política de Haase de ahogar todas las contradicciones internas de la revolución en una mezcla indiscriminada, de ocultamiento de todas las contradicciones y de disolución de la energía combativa de las masas en un compromiso podrido. Sólo Ebert, Scheidemann, Landsberg, Noske, en tato que "líderes comprometidos" deben abandonar la escena. Sólo un cambio en el personal necesita se debe realizar, pero al igual que antes las políticas de Scheidemann deben permanecer a la cabeza, y "todas las tendencias socialistas" deben formar un gobierno conjunto con ellos.

Hoy en día, a la vista de los cuerpos de proletarios asesinados, a la vista de las orgías sangrientas de Scheidemann cia, los "espartaquistas" tiene un desprecio decuplicado y el puño cerrado contra esta política miserable compromiso y traición a la causa de la revolución. Las frases vacías de Haase sobre una coalición de todas las tendencias socialistas "son, en realidad, sólo una repetición de la anterior y bien conocida combinación: Scheidemann y los independientes. Todo lo que hace el gran USPD para acceder a esa "unificación" no es otra cosa que la resurrección del gobierno Ebert-Haase con solo un cambio en el personal. Y los fuertes términos con los que Ebert y Scheidemann son vituperados en Freiheit, con toda seguridad preparan la caída ignominiosa del USPD porque son un falso cañoneo. Y el USPD, a pesar de todas las lecciones que ha aprendido, a pesar de que se vio obligado a renunciar a esta asociación con Scheidemann y, el 28 de diciembre, simplemente quiere volver a este compromiso -solamente en compañía de nuevos ejecutivos.

Así, la presente crisis da lugar a tres combinaciones:

Ebert y Scheidemann quieren continuar con el orden existente, su propio gobierno, con el apoyo de las bayonetas de la burguesía;

El USPD quiere volver atrás al desarrollo del 9 de noviembre, para un gobierno Ebert-Haase, pero con los nombres diferente;

La burguesía, por último, hacer todo para volver a la situación anterior al 9 de noviembre, a la dictadura desnuda del sable.

Las tres combinaciones son castillos de naipes, sólo porque todas ellas están basadas en etapas históricas obsoletas y anticuadas. La revolución no puede dar marcha atrás, e invertirse, como el 09 de noviembre, y mucho menos a la era maravillosa anterior al 9 de noviembre. Y es igual de imposible que el cetro de Ebert para inmovilizarlo firmemente bajo una situación de estancamiento.

Todo el significado político y el contenido histórico de la crisis de la semana pasada se encuentra precisamente en el hecho de que la revolución está siendo impulsada hacia adelante por su fuerza interior y su desarrollo lógico para lograr la conquista del poder por proletariado, la realización del socialismo, a pesar de que hoy en día factores de oposición terribles han dado muchos pasos. Si estas fuerzas de oposición ganan la mano por el momento por medio de la fuerza bruta, ellos, sin embargo, serán incapaces de frenar el curso posterior del desarrollo, la marcha hacia la victoria de la revolución.

Y esto es lo mejor manifiesto por el hecho de que ni una sola combinación podría durar por mucho tiempo construido sobre las ruinas de esta semana. Cualquiera poder que venga el día de mañana o el día siguiente como resultado y solución de la crisis, será un arreglo provisional, un castillo de naipes. Deje que la fuerza bruta de las ametralladoras o la ambigüedad del plan engañoso del USPD ganen la mano -en el menor tiempo posible, la fuerza primigenia de la revolución, es decir, las luchas económicas, pondrá fin a todos estos juegos. Una y otra vez la revolución traerá a primer plano la cuestión de fondo: el arreglo de cuentas entre el trabajo y el capital. Y este arreglo de cuentas es un conflicto histórico mundial entre dos enemigos mortales que solo pueden combatir en una larga lucha de poder a poder, ojo a ojo, mano a mano.

Apenas se las ruinas y los cadáveres de este último episodio sean limpiados cuando la revolución se ocupará de nuevo en su trabajo cotidiano incansablemente. Los "espartaquistas" seguirán su propio camino con su propósito inquebrantable. El número de sus camaradas muertos va en aumento cada semana, pero el número de sus partidarios está creciendo cien veces más rápidamente. Bajo la situación de la ley marcial durante la guerra, se llenaron las cárceles y prisiones, bajo el gobierno "socialista" de Ebert y Scheidemann, se están llenando las tumbas en el cementerio de Friedrichshain. Pero las masas del proletariado están pululando en grandes multitudes cada vez más cerca de la bandera de la implacable lucha revolucionaria. Por el momento, algunos grupos pueden estar intoxicados y cautivados por la demagogia y el aplauso de la trampa de la "Unidad", todo lo que esto significa es que mañana, después de las decepciones y desencantos aun frescos, ellas apoyaran aún más firme y fielmente al único partido que no conoce ningún compromiso, ninguna vacilación, que está tomando el camino prescrito por la historia sin mirar hacia la izquierda o hacia la derecha, sin contar a sus enemigos y peligros - hasta la victoria.

 

 

 

Rosa Luxemburg

 

EL ORDEN REINA EN BERLIN

 

14 de enero de 1919


Escrito en alemán por Rosa Luxemburgo el 14 de enero de 1919, la víspera de ser asesinada por los soldados de la Caballería de la Guardia d el Gobierno del SPD.

 

"El orden reina en Varsovia", anunció el ministro Sebastiani a la Cámara de París en 1831 cuando, después de haber lanzado su terrible asalto sobre el barrio de Praga, la soldadesca de Paskievitch había entrado en la capital polaca para dar comienzo a su trabajo de verdugos contra los insurgentes.

"¡El orden reina en Berlín!", proclama triunfante la prensa burguesa, proclaman Ebert y Noske, proclaman los oficiales de las "tropas victoriosas2 a las que la chusma pequeñoburguesa de Berlín acoge en las calles agitando sus pañuelos y lanzando sus ¡hurras! La gloria y el honor de las armas alemanas se han salvado ante la historia mundial. Los lamentables vencidos de Flandes y de las Ardenas han restablecido su renombre con una brillante victoria sobre...los 300 "espartaquistas" del Vorwärts. Las gestas del primer y glorioso avance de las tropas alemanas sobre Bélgica, las gestas del general von Emmich, el vencedor de Lieja, palidecen ante las hazañas de Reinhardt y Cía., en las calles de Berlín. Parlamentarios que habían acudido a negociar la rendición del Vorwärts asesinados, destrozados a golpes de culata por la soldadesca gubernamental hasta el punto de que sus cadáveres eran completamente irreconocibles, prisioneros colgados de la pared y asesinados de tal forma que tenían el cráneo roto y la masa cerebral esparcida: ¿quién piensa ya a la vista de estas gloriosas hazañas en las vergonzosas derrotas ante franceses, ingleses y americanos? "Espartaco" se llama el enemigo y Berlín el lugar donde nuestros oficiales entienden que han de vencer. Noske, el "obrero", se llama el general que sabe organizar victorias allí donde Ludendorff ha fracasado.

¿Cómo no pensar aquí en la borrachera de victoria de la jauría que impuso el "orden" en París, en la bacanal de la burguesía sobre los cadáveres de los luchadores de la Comuna? ¡Esa misma burguesía que acaba de capitular vergonzosamente ante los prusianos y de abandonar la capital del país al enemigo exterior para poner pies en polvorosa como el último de los cobardes! Pero frente a los proletarios de París, hambrientos y mal armados, contra sus mujeres e hijos indefensos, ¡cómo volvía a florecer el coraje viril de los hijitos de la burguesía, de la "juventud dorada", de los oficiales! ¡Cómo se desató la bravura de esos hijos de Marte humillados poco antes ante el enemigo exterior ahora que se trataba de ser bestialmente crueles con indefensos, con prisioneros, con caídos!

"¡El orden reina en Varsovia!", "¡El orden reina en París!", "¡El orden reina en Berlín!", esto es lo que proclaman los guardianes del "orden" cada medio siglo de un centro a otro de la lucha histórico-mundial. Y esos eufóricos "vencedores" no se percatan de que un "orden" que periódicamente ha de ser mantenido con esas carnicerías sangrientas marcha ineluctablemente hacia su fin. ¿Qué ha sido esta última "Semana de Espartaco" en Berlín, qué hatraído consigo, qué enseñanzas nos aporta? Aun en medio de la lucha, en medio del clamor de victoria de la contrarrevolución han de hacer los proletarios revolucionarios el balance de lo acontecido, han de medir los acontecimientos y sus resultados según la gran medida de la historia. La revolución no tiene tiempo que perder, la revolución sigue avanzando hacia sus grandes metas aún por encima de las tumbas abiertas, por encima de las "victorias" y de las "derrotas". La primera tarea de los combatientes por el socialismo internacional es seguir con lucidez sus líneas de fuerza, sus caminos.

¿Podía esperarse una victoria definitiva del proletariado revolucionario en el presente enfrentamiento, podía esperarse la caída de los Ebert-Scheidemann y la instauración de la dictadura socialista? Desde luego que no si se toman en consideración la totalidad de los elementos que deciden sobre la cuestión. La herida abierta de la causa revolucionaria en el momento actual, la inmadurez política de la masa de los soldados, que todavía se dejan manipular por sus oficiales con fines antipopulares y contrarrevolucionarios, es ya una prueba de que en el presente choque no era posible esperar una victoria duradera de la revolución. Por otra parte, esta inmadurez del elemento militar no es sino un síntoma de la inmadurez general de la revolución alemana.

El campo, que es de donde procede un gran porcentaje de la masa de soldados, sigue sin estar apenas tocado por la revolución. Berlín sigue estando hasta ahora prácticamente asilado del resto del país. Es cierto que en provincias los centros revolucionarios -Renania, la costa norte, Braunschweig, Sajonia, Württemberg- están con cuerpo y alma al lado de los proletarios de Berlín. Pero lo que sobre todo falta es coordinación en la marcha hacia adelante, la acción común directa que le daría una eficacia incomparablemente superior a la ofensiva y a la rapidez de movilización de la clase obrera berlinesa. Por otra parte, las luchas económicas, la verdadera fuerza volcánica que impulsa hacia adelante la lucha de clases revolucionaria, están todavía -lo que no deja de tener profundas relaciones con las insuficiencias políticas de la revolución apuntadas- en su estadio inicial.

De todo esto se desprende que en este momento era imposible pensar en una victoria duradera y definitiva. ¿Ha sido por ello un "error" la lucha de la última semana? Sí, si se hubiera tratado meramente de una "ofensiva " intencionada, de lo que se llama un "putsch". Sin embargo, ¿cuál fue el punto de partida de la última semana de lucha? Al igual que en todos los casos anteriores, al igual que el 6 de diciembre y el 24 de diciembre: ¡una brutal provocación del gobierno! Igual que el baño de sangre a que fueron sometidos manifestantes indefensos de la Chausseestrasse e igual que la carnicería de los marineros, en esta ocasión el asalto a la jefatura de policía de Berlín fue la causa de todos los acontecimientos posteriores. La revolución no opera como le viene en gana, no marcha en campo abierto, según un plan inteligentemente concebido por los "estrategas". Sus enemigos también tienen la iniciativa, sí, y la emplean por regla general más que la misma revolución.

Ante el hecho de la descarada provocación por parte de los Ebert-Scheidemann, la clase obrera revolucionaria se vió obligada a recurrir a las armas. Para la revolución era una cuestión de honor dar inmediatamente la más enérgica respuesta al ataque, so pena de que la contrarrevolución se creciese con su nuevo paso adelante y de que las filas revolucionarias del proletariado y el crédito moral de la revolución alemana en la Internacional sufriesen grandes pérdidas.

Por lo demás, la inmediata resistencia que opusieron las masas berlinesas fue tan espontánea y llena de una energía tan evidente que la victoria moral estuvo desde el primer momento de parte de la "calle".

Pero hay una ley vital interna de la revolución que dice que nunca hay que pararse, sumirse en la inacción, en la pasividad después de haber dado un primer paso adelante. La mejor defensa es el ataque. Esta regla elemental de toda lucha rige sobre todos los pasos de la revolución. Era evidente -y haberlo comprendido así testimonia el sano instinto, la fuerza interior siempre dispuesta del proletariado berlinés- que no podía darse por satisfecho con reponer a Eichhorn en su puesto. Espontáneamente se lanzó a la ocupación de otros centros de poder de la contrarrevolución: la prensa burguesa, las agencias oficiosas de prensa, el Vorwärts. Todas estas medidas surgieron entre las masas a partir del convencimiento de que la contrarrevolución, por su parte, no se iba a conformar con la derrota sufrida, sino que iba a buscar una prueba de fuerza general.

Aquí también nos encontramos ante una de las grandes leyes históricas de la revolución frente a la que se estrellan todas las habilidades y sabidurías de los pequeños "revolucionarios" al estilo de los del USP, que en cada lucha sólo se afanan en buscar una cosa, pretextos para la retirada. Una vez que el problema fundamental de una revolución ha sido planteado con total claridad -y ese problema es en esta revolución el derrocamiento del gobierno Ebert-Scheidemann, en tanto que primer obstáculo para la victoria del socialismo- entonces ese problema no deja de aparecer una y otra vez en toda su actualidad y con la fatalidad de una ley natural; todo episodio aislado de la lucha hace aparecer el problema con todas sus dimensiones por poco preparada que esté la revolución para darle solución, por poco madura que sea todavía la situación. "¡Abajo Ebert-Scheidemann!", es la consigna que aparece inevitablemente a cada crisis revolucionaria en tanto que única fórmula que agota todos los conflictos parciales y que, por su lógica interna, se quiera o no, empuja todo episodio de lucha a su mas extremas consecuencias.

De esta contradicción entre el carácter extremo de las tareas a realizar y la inmadurez de las condiciones previas para su solución en la fase inicial del desarrollo revolucionario resulta que cada lucha se salda formalmente con una derrota. ¡Pero la revolución es la única forma de "guerra" -también es ésta una ley muy peculiar de ella- en la que la victoria final sólo puede ser preparada a través de una serie de "derrotas"!

¿Qué nos enseña toda la historia de las revoluciones modernas y del socialismo? La primera llamarada de la lucha de clases en Europa, el levantamiento de los tejedores de seda de Lyon en 1831, acabó con una severa derrota. El movimiento cartista en Inglaterra también acabó con una derrota. La insurrección del proletariado de París, en los días de junio de 1848, finalizó con una derrota asoladora. La Comuna de París se cerró con una terrible derrota. Todo el camino que conduce al socialismo -si se consideran las luchas revolucionarias- está sembrado de grandes derrotas.

Y, sin embargo, ¡ese mismo camino conduce, paso a paso, ineluctablemente, a la victoria final! ¡Dónde estaríamos nosotros hoy sin esas "derrotas", de las que hemos sacado conocimiento, fuerza, idealismo! Hoy, que hemos llegado extraordinariamente cerca de la batalla final de la lucha de clases del proletariado, nos apoyamos directamente en esas derrotas y no podemos renunciar ni a una sola de ellas, todas forman parte de nuestra fuerza y nuestra claridad en cuanto a las metas a alcanzar.

Las luchas revolucionarias son justo lo opuesto a las luchas parlamentarias. En Alemania hemos tenido, a lo largo de cuatro decenios, sonoras "victorias" parlamentarias, íbamos precisamente de victoria en victoria. Y el resultado de todo ello fue, cuando llegó el día de la gran prueba histórica, cuando llegó el 4 de agosto de 1914, una aniquiladora derrota política y moral, un naufragio inaudito, una bancarrota sin precedentes. Las revoluciones, por el contrario, no nos han aportado hasta ahora sino graves derrotas, pero esas derrotas inevitables han ido acumulando una tras otra la necesaria garantía de que alcanzaremos la victoria final en el futuro.

¡Pero con una condición! Es necesario indagar en qué condiciones se han producido en cada caso las derrotas. La derrota, ¿ha sobrevenido porque la energía combativa de las masas se ha estrellado contra las barreras de unas condiciones históricas inmaduras o se ha debido a la tibieza, a la indecisión, a la debilidad interna que ha acabado paralizando la acción revolucionaria?

Ejemplos clásicos de ambas posibilidades son, respectivamente, la revolución de febrero en Francia y la revolución de marzo alemana. La heroica acción del proletariado de París en 1848 ha sido fuente viva de energía de clase para todo el proletariado internacional. por el contrario las miserias de la revolución de marzo en Alemania han entorpecido la marcha de todo el moderno desarrollo alemán igual que una bola de hierro atada a los pies. Han ejercido su influencia a lo largo de toda la particular historia de la Socialdemocracia oficial alemana llegando incluso a repercutir en los más recientes acontecimientos de la revolución alemana, incluso en la dramática crisis que acabamos de vivir.

¿Qué podemos decir de la derrota sufrida en esta llamada Semana de Espartaco a la luz de las cuestiones históricas aludidas más arriba? ¿Ha sido una derrota causada por el ímpetu de la energía revolucionaria chocando contra la inmadurez de la situación o se ha debido a las debilidades e indecisiones de nuestra acción?

¡Las dos cosas a la vez! El carácter doble de esta crisis, la contradicción entre la intervención ofensiva, llena de fuerza, decidida, de las masa berlinesas y la indecisión, las vacilaciones, la timidez de la dirección ha sido uno de los datos peculiares del más reciente episodio.

La dirección ha fracasado. Pero la dirección puede y debe ser creada de nuevo por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, ellas son la roca sobre la que se basa la victoria final de la revolución. Las masas han estado a la altura, ellas han hecho de esta "derrota" una pieza más de esa serie de derrotas históricas que constituyen el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y por eso, del tronco de esta "derrota" florecerá la victoria futura.

"¡El orden reina en Berlín!", ¡esbirros estúpidos! Vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya "se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto" y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas:

¡Fui, soy y seré!

 

 

 

 

Rosa Luxemburg

Nuestro programa y la situación política

Discurso en el Congreso de fundación del Partido Comunista Alemán (Liga Espartaco)-KPD(s)

 

31 de diciembre de 1918.

 

 

25 janvier 1919

 

 

Karl Liebknecht

 

Rosa Luxemburgo



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