Vladimir Maiakovski

19. 07. 1893 - 14. 04. 1930


 

"Maiakovski es un héroe de la revolución"

"Él es el mejor y más talentoso poeta de nuestra época soviética."

"La indiferencia a su memoria y su obra es un delito."

1935 Stalin "

 

 

POEMAS



Gritan al poeta:
“quisiéramos verte al torno.
¿Los versos?
¡Bobadas!
Eso es para no dar el callo”
Tal vez
para nosotros
el trabajo
es la tarea mas afín.
Yo también soy fábrica,
aunque sin chimeneas,
pero quizá
sin ellas
se pasa peor.
Sé--
odiáis la palabrería.
Talar el alcornoque es vuestro quehacer.
¿Y nosotros?
¿No somos ebanistas'
Transformamos el alcornoque de las cabezas humanas.
Sin duda,
pescar es cosa distinguida.
Sacar la red
y en ellas el pescado.
Pero el trabajo del poeta es más delicado:
pesca a gentes, que no a peces.
Enorme trabajo arder ante el horno,
el rojo hierro templar.
¿pero quién
nos tilda de holgazanes?
Con la lima de la lengua desbastamos los cerebros.
¿quién es mas-- poeta
o el perito
que al hombre el bien material?
Iguales.
El corazón es otro motor.
El alma es otro ingenio.
Somos parejos.
Compañeros, dentro de la masa obreras.
Proletarios de cuerpo u alma.
Sólo juntos
hermosearemos el mundo
y lo impulsaremos con himnos.
Pondremos un dique a los chorros verbales,
¡A la obra!
El trabajo es vivo y nuevo.
Y los oradores ociosos--
¡AL molino!
¡Con los molineros!
A girar las muelas con el torrente de las palabras.

 

 

¿SE ATREVE?



Yo emborronaré el mapa de lo vulgar
vertiendo la pintura en un vaso.
En un plato de gelatina mostré
los pómulos oblícuos del océano.

En las escamas de un pez de hojalata
leí la llamada de nuevos labios.
Y usted
¿se atreve
a tocar un nocturno
en la flauta de los canalones?

 

 



Jamás comprenderéis
por qué yo,
tranquilo,
entre el vendaval de burlas.
Llevo en un plato el alma
al festín de los años futuros.
Por el carrillo rasposo de las calles,
resbalando como lágrima inútil,
yo,
quizá sea
el último poeta.
¿Habéis visto?
En las avenidas pedregosas
se contonea
la cara listada de la abulia ahorcada,
y sobre la cerviz espumajosa
de los ríos veloces
retuercen los puentes sus brazos de hierro.
El cielo llora
desconsolado,
sonoro;
una nubecilla
una mueca en la comisura de los labios
parece una mujer que esperaba un niño
y Dios le dio un idiota tuerto.
Con dedos rollizos, cubierto de vello rojo,
el sol acarició con la insistencia del tábano
vuestras almas fueron esclavizadas a besos.
Yo, intrépido,
mantuve en los siglos el odio a los rayos de día;
con el alma tensa, como nervios de cable,
soy
el rey de las lámparas.
Vengan a mí
los que rasgaron el silencio,
los aullaron
cuando el dogal del mediodía apretó,
les mostraré,
con palabras
sencillas,. Como un mugido,
nuestras nuevas almas,
zumbantes,
como arcos de lámparas.
Apenas toque con los dedos vuestra cabeza
os crecerán los labios
para enormes besos
y una lengua
afín a todos los pueblos.
Yo, con el lama renqueante,
me retiraré a mi trono
con agujeros de estrellas en las bóvedas gastadas.
Me acostaré
luminoso
con ropas hechas de indolencia
sobre el blando lecho de estiércol legítimo
y silencioso,
besando las rodillas de las traviesas
me abrazará por el cuello la rueda de un tren.

 



ADOLESCENTE





La juventud tiene mil ocupaciones.
Estudiamos gramática hasta atontarnos.
A mí,
me echaron del quinto año,
y fui a apolillar las cárceles de Moscú.
En nuestro pequeño mundo doméstico,
para las camas aparecen poetas de pelo rizado.
¿Qué saben estos líricos anémicos?

A mí, pues,


me enseñaron a amar en la cárcel.
¿Qué vale comparado con esto,
la tristeza del bosque de Boulogne?
¿Qué vale comparado con esto,
los suspiros ante un paisaje de mar?

Yo, pues,


me enamoré de la ventanilla de la cámara 103,
de la "oficina de pompas fúnebres".
Hay gente que mira al sol todos los días
y se enorgullece.
"No valen mucho sus rayos" -dicen.
Pero yo,

entonces,


por un rayito de sol amarillo,
reflejado sobre mi pared,
hubiera dado todo en el mundo.

 

 

MI UNIVERSIDAD




¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?

Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero oiga,
¿acaso usted podría cantar a dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con

/importantes preguntas:


-¿Era o no era roja la barba de Barbarroja?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con

/telaraña.


Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus

/historias.


Hablan de Dobroliubov (para que lo odien)
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua eran mis interlocutoras.
Con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sin hueso".

 

 

AMO




COMÚNMENTE ES ASI

El amor le es dado a cualquiera
pero...
entre el empleo,
el dinero y demás,
día tras día,
endurece el subsuelo del corazón.
Sobre el corazón llevamos el cuerpo,
sobre el cuerpo la camisa,
pero esto es poco.


Sólo el idiota,
maneja puños
y el pecho lo cubre de almidón.
De viejos se arrepienten.


La mujer se maquilla.
El hombre hace ejercicios con sistema Müller,
pero ya es tarde.
La piel multiplica sus arrugas.
El amor florece,
florece,
y después se deshoja.





Oigan



Oigan;
si encienden
las estrellas
es porque alguien las necesita. ¿verdad?
Es que alguien desea que estén,
es que alguien llama perlas a esas escupitinas.
Resollando
entre tormenta de polvo al mediodía
penetras hasta Dios,
tema haber llegado tarde
llora,
le besa las mano carniseca,
implora
que pongan sin falta una estrella
jura
que no soportará ese tormento inestelar.
Y luego
anda preocupado,
aunque aparenta calma.
Dice a alguien:
¿ahora no estás mal, eh?
¿A que ya no tienes miedo?
Oigan, si encienden
las estrellas
es porque alguien las necesita ¿verdad?
Es indispensable
que todas las noches
sobre los tejados
arda
aunque sea una sola estrella.


_____



Cartel propagandístico de V. Mayakovsky

 

 

ASCENSION



Yo soy poeta.
Enseñad a los niños que el sol se levanta

/detrás de los pilares del Este.


En el tálamo de amor aparece la cabeza

/querida con sus pocos pelitos.


Lancé a lo alto una flecha de desafío.
¡Quítate esa sonrisa!
Mi corazón busca el balazo, y la garganta

/delira con una navaja.


Es la pesadilla deshilvanada del demonio,
en la que crece mi angustia.
Me persigue,
me atrae con su abismo el agua del mar.
Me arrojaría también desde cualquier techo.
Las nieves me rodean.
Las nieves me cubren,
crecen, hacen espuma, caen,
de nuevo en el hielo cae una esmeralda

/escarchada.


Tiembla mi alma.
Entre los hielos está ella aprisionada,
y no puede salir.
Así embrujado,
iré caminando por las orillas del Neva.
Doy un paso,
y nuevamente estoy en el mismo lugar.
Corro,
pero es en vano.
De pronto me encontré ante un edificio.
Se alzó detrás de las ventanas de hielo,
en un amanecer redondo.
Allá voy.
Maulló un gato.
Arde la luz nocturna,
de la farmacia de turno.
Toco el timbre.
¡Boticario!
¡Boticario!
Esperé colgado de mis propios hombros.
Crecieron,se turbaron mis pensamientos,
crecieron enredados,
como cuernos de ciervos.
Manché el piso de llanto.
Me hinqué de rodillas,
llorando mi paraíso perdido.
¡Boticario!
¡Boticario!
¡Boticario!
¡Déme de beber algo!
Cómo puedo hacer,
para beberme hasta el fin la angustia del

/corazón.


¡Habrá en el cielo virgen, infinito,
o en el Sahara delirante,
o en un desierto enloquecido,
habrá un asilo para celosos?
Detrás de los frascos y las probetas,
hay tantos secretos.
Tú conoces la más alta justicia.
¡Boticario!
Ayúdame para que sin dolor,
emigre mi alma al cielo.

Me extiende un frasco,
veo un cráneo.
"Veneno"
debajo dos huesos cruzados.
¿A quién se lo da?
Si yo soy inmortal,
tu huésped es extraordinario.
Los ojos ya no ven.
Estoy mudo,
cierro la puerta detrás de él,
y bien,
¿qué hacer ahora?
¡No faltaba más,
con un veneno perecer intoxicado!
Una turbia suposición
cruzó la mente del tonto boticario.
En las ventanas, los curiosos.
Se oyen voces.
Y de pronto,
asciendo a los aires,
pasando los mostradores.
El techo se abre solo, sin dificultad.
Chillidos.

Ruido.


¡Sobre la casa hay uno colgado!
Ya estoy sobre la casa. ¡Paso!
Veo la iglesia al atardecer,
la cruz iluminada. ¡Paso!
La cima de los árboles y el bosque.
Graznan los cuervos. ¡Paso!
¡Estudiantes!
Todo lo que aprendimos es un cuento.
Y también todo lo que enseñamos.
La Física, la Química y la Astronomía son un

/cuento.


Si se me antoja volar,
vuelo por las nubes.
Y voy a todas partes,
y puedo estar donde quiero,
asombrando la rutina de todas las baladas

/poéticas.


Cantad ahora al nuevo demonio con alas,
de abrigo americano,
y brillo en sus zapatos amarillos.

 

 

NACIMIENTO




Que aprendan los contemporáneos a escribir,
y también los historiadores imbéciles.
"Un notable poeta vivió una vida mezquina y
sin interés."

Yo sé,


no pronunciarán mi nombre los pecadores,
asfixiándose en el infierno.
Mi telón en el Gólgota,
no se bajará con el aplauso de los popes.
Mejor,
me beberé mi café por la mañana,
en este espléndido parque de verano.
En el día de mi llegada,
en el cielo de Belén,
no encenderán ninguna señal.
Nadie molestó las tumbas,
donde duermen los magos de pelo rizado.
El día de mi llegada,
fue como todos los días,
absolutamente igual,

 

 


Conversación con el inspector fiscal sobre poesía





Ciudadano inspector:

perdone la molestia...


Gracias...

no se preocupe...


estoy bien de pie...


vengo a tratar

de un asunto


delicado:


el sitio

del poeta


en las filas obreras.


Junto a

los que tienen


tiendas y fincas


ha sido gravado

y debo pagar.


Usted

me exige


quinientos por semestre


y veinticinco

por no declarar.


Mi trabajo

es semejante


a cualquier otro.


Mire

mis perdidas,


los gastos

de mi producción


y cuánto se invierte

en los materiales.


Usted,

por supuesto,


no sabe qué es una “rima


Si la primera línea

pongamos


acaba en


“atún”


entonces

en la tercera repitiendo las sílabas,


ponemos

algo así como


“tacatún”.


Empleando su lenguaje

la rima


es un cheque.


Cóbrese el verso alternado-

dice la disposición.


Y buscas

la calderilla de sufijos y flexiones


en la caja exigua

de las declinaciones


y conjugaciones.


Intentas meter

una palabra


en la estrofa


y como no entre

las fuerzas y se rompe.


Ciudadano inspector:

le doy mi palabra,


el poeta

paga caras las palabras.


Empleando nuestro lenguaje,

la rima


es un barril.


Un barril de dinamita

la estrofa es la mecha.


Se consume la estrofa,

estalla la rima


y la ciudad

vuela


como un verso.
¿Dónde encontrar,

a qué precio,


rimas

que maten al primer estallido?


Quizá

sólo queden


unas cinco rimas

sin estrenar


en Venezuela.


Y me lanzo a viajar

haga frío o calor.


Me lanzo

trabado por anticipos y préstamos.


Ciudadano

tenga en cuenta el billete es de trasbordo.


-La poesiía

toda-


es un viaje a los desconocido.


La poesía

es como la extracción del radio.


Un gramo de producto

por un año de trabajos.


Por una palabra

transformas


miles de toneladas

de mineral verbal


Pero, ¡qué abrasador

es el calor de esas palabras


comparadas

con el chisporroteo


de la palabra cruda!


Esas palabras

mueven


millones de corazones

durante milenios.


Claro

hay poetas de calidad distinta.


Algún poeta

con destreza de manos


saca

como el malabarista


el verso de la boca,


de la propia

y de la ajena.


¿Y para qué hablar

de los castrados líricos?


Pone un verso

ajeno


y es feliz.


Es

otro robo y despilfarro


entre los despilfarro que azotan el país.
Estos

versos y odas


de ahora


que son aplaudidos

a rabiar


pasarán

a la historia


como gastos accesorios


sobre lo hecho

por nosotros


por dos o tres.


Consumes

una arroba de sal


y fumas un centenar de cigarrillos


hasta

extraer


la palabra preciosa


de las profundidades artesanas

de la humanidad.


Por eso baje

la suma del impuesto.


Quite

de la imposición


la rueda de un cero.


Uno noventa

cien cigarrillos,


uno sesenta

la arroba de sal.


En una encuesta

hay un cúmulo de preguntas:


¿Ha viajado

o no ha viajado?


Y si

en los últimos 15 años


reventé

una docena de Pegasos,


¿qué?


Usted

-`póngase en mi caso-


pregunta por criados

y bienes-


¿Y

si soy


caudillo popular


y a la vez

criado del pueblo


La clase

se expresa


con nuestras palabras


somos proletarios,

propulsores de la pluma.


La máquina

del alma


con los años se desgasta.


Te dicen:

-estás pasado,


fuera.


Cada vez amas menos

te arriesgas menos,


y el embate

del tiempo


golpea mi frente.


Llega

el más terrible de los desgastes-


el desgaste

del corazón y del alma.


Y cuando

este sol


cerdo cebado,


se levante

sobre el futuro


sin pobres ni tullidos-


yo

ya


estaré podrido


muerto en la cuneta,


junto

a una decena


de mis colegas.


Haga

mi balance mortuorio,


afirmo

seguro que no miento:


en medio

de los actuales


bribones y pelotilleros


seré

el único


con deudas impagables.


Nuestro deber

es tronar


como sirena de bronce


entre la neblina de filisteos

entre el bullir de tormentas.


El poeta

siempre


es deudor del universo,


paga por el dolor

intereses


y multas.
Soy

deudor


de los lampiones de Broadway,


de vosotros

cielos de Bagdadi,


del ejercito rojo

de los cerezos de Japón_


de todo

sobre lo que


no tuve tiempo de escribir.


Al cabo

¿ Para qué


necesito este jaleo?


¿Para disparar rimas

y enfurecer el ritmo?


La palabra del poeta

es un resurrección


su inmortalidad

ciudadano burócrata.


Dentro de siglos,

en el marco de la cuartilla


cogerán el verso

y resucitarán el tiempo.



Y surgirá

este día


con inspectores fiscales


con brillo de asombros

y hedor a tinta.


Usted, habitante convencido

del presente,


saque en el Comisariado de Caminos

un billete para la eternidad


calcule

el efecto de mis versos


y reparta


mis ganancias

en trescientos años.


Pero la fuerza del poeta

no sólo está


en que le recuerden a usted

y les de un respingo.


No.

Hoy también


la rima del poeta


es caricia

y lema


bayoneta


y látigo.


Ciudadano inspector,

pagaré cinco,


quitando los ceros

detrás.


Yo,

por derecho,


reclamo un hueco


en las filas

de los obreros y campesinos


más pobres.


Y si

ustedes se imaginan


que mi trabajo


consiste en utilizar

palabras ajenas,


aquí tienen

camaradas


mi estilográfica
y escriban

ustedes


si quieren.

 

LA FLAUTA ESPINAZO

Por todas
las que me gustaron o me gustan,
guardadas como imagen guardados en la cueva del alma,
igual que la copa de vino en un brindis,
alzaré mi cráneo colmado de versos.


Pienso más y más
si no sería mejor poner
un punto con bala a mi final.
Hoy,
por si acaso,
doy un concierto de despedida.

¡Memoria!
Junta en la sala de la frente
los turnos incontables, mis amores.
Trasiega la risa de un ojo a otro,
adorna la noche con sartas de pasadas bodas.
Que nadie olvide esta noche:
hoy tocaré la flauta
en mi propio espinazo.


1

Las lenguas de las calles aplasto con los pasos
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann
te inventó, maldita?

A la borrasca del gozo las calles le quedan estrechas.
Del día festivo salen y salen, acicalados todos.
Yo pienso.
Pensamientos, coágulos,
malsanos, espesos, me escurren del cráneo.


Yo,
obrador de todo lo festivo,
yo no tengo con quien ir a celebrar.
Ahora mismo me caeré de espaldas,
me saltarán los sesos en las piedras del Nevski.

He blasfemado, sí,
voceado que no hay Dios;
pero Dios, de las honduras infernales sacó
a la que estremecería las montañas
subió y ordenó:
¡Quiérela!


Dios está contento.
Bajo el cielo, en un candil,
un hombre agotado , se apaga.
Dios se frota las manitas.
Piensa Dios:
-¡Ya veras, Vladímir!

A él, sí, a él,
para que no adivinase quién eras,
se le ocurrió darte marido de verdad
y en el piano poner humanas notas.

Si alguien se deslizara de pronto a la puerta de la alcoba,
si hiciera el signo de la cruz sobre la colcha y
tú y él,
lo sé:
olería a lana quemada,
como azufre humearía la carne del diablo.


Pero en vez de eso, hasta que fue mañana,
de horror, que te llevaban a quererte,
anduve errante,
y gritos en líneas tallaba,
joyero loco a medias ya.

¡Jugar con los naipes!
¡Con vino
enjuagarte el gaznate al corazón devuelto en un


¡No me haces falta!
¡No quiero!
Da igual;

que pronto me iré al carajo.


Si es verdad que existes tú,
Dios,
Dios mío;
si la alfombra de estrellas por ti fue tejida;
si este dolor
multiplicado cada día
es la tortura que mandas, Señor,
cuélgate la cadena de juez.
Espera mi visita.
Soy puntual,
no tardo nada.
¡Escucha,
supremo inquisidor!
Me sellaré la boca;
ni un grito escapará de mis labios mordidos.
Átame a cometas como a colas caballunas,
y que me arrastren
desgarrándome entre los dientes de las estrellas.


O sí no,:
cuando mi alma se vaya
pasmón enfurruñado,

alza la Vía Láctea como una horca,
préndeme y cuélgame: delincuente.

Haz lo que quieras.
Si quieres, descuartízame.
Yo mismo a ti, justiciero, las manos te lavaré.




Pero
-¿me oyes?-
¡llévate a la maldita esa
que has hecho mi amada!


Las lenguas de las calles aplasto con los pasos
¿Adónde ir, consumiendo este infierno?
¿Qué celeste Hoffmann
te inventó, maldita?


2


El cielo,
olvidando su azul entre los humos,
las nubes, prófugas en jirones,
amanecen en mi último amor,
animado como el rubor de un tísico.

Gustoso acallaré el rugido
de la multitud,
olvidados hogar y bienestar.
¡Escuchad!
¡Salid de las trincheras!
ya seguiréis luchando.


Aun si
revolcándose en sangre, como un Baco,
cunde la batalla ebria,
aun entonces no están gastadas las palabras del amor.

Queridos alemanes!
Yo sé
que está en vuestros labios
la Gretchen de Goethe.
El francés
sonriendo muere en la bayoneta,
el aviador también sonríe y se desploma
si recuerdan
en el beso la boca
tuya, Traviata.

.

Mas no estoy para esa pulpa de carne rosada
que siglos han mascado.
¡ Rendíos Hoy a nuestros pies!
A ti te canto,
pintada,
pelirroja.

Tal vez de estos días,
dolorosos, como filos de bayonetas,
cuando a los siglos les blanqueen las barbas,
sólo quedaremos

y yo,
lanzado tras de ti de ciudad en ciudad.

Esposada más allá del mar,
te ocultas en la madriguera de la noche,
mis besos te llegaran entre las nieblas de Londres
en los labios lucientes de los faroles.

En el ardor del desierto,
donde acechan leones extenderás caravanas
y tú,
bajo el polvo que levanta el viento
sentirás mi quemante mejilla de Sahara.


Envainada la risa en la boca
mirarás:
-¡Qué gran torero!
Y yo de pronto
te lanzaré al tendido los celos
desde el ojo moribundo del toro.


Si te lleva al puente tu paso perdido
y piensas
que el río es hermoso,
seré yo,
que bajo el puente, disfrazado de Sena,
te llamo
con una mueca de dientes cariados.

EN el fuego de caballos trotones quemaras con otro
la Strelka, el Sokol'niki:
yo, desde arriba, encaramado
seré como la luna atormentadora, impaciente y desnuda.


Soy fuerte;
me necesitan
para mandarme:
-¡Muere en la guerra!
Lo último será
tu nombre
cuajado en el labio deshecho por la bala.



¿Acabaré en un trono?
¿En Santa Elena?
Montando las oleadas de la vida en tormenta
soy, igual aspirante
al dominio del mundo
y
al grillete.


Me tocará ser zar:
tu perfil
en el oro soleado de mis monedas
ordenaré a mi pueblo:
-¡Estampadla!


Pero allá,
donde el mundo se disuelve en tundra,
donde con el viento norte trafica con el río,
en la cadena rgrabaré un nombre: ¡Lilia!
para besarlo en la tiniebla del presidio.

¡Escuchen pues, los que olvidan que el cielo es azul,
erizados
como fieras!
Éste, acaso,
es el amor último del mundo,
amaneciendo como el carmín de un tísico.



3


Olvidaré año, el día, la fecha.

Me encerraré a solas con este papel.
¡Nace con sufrimiento de palabras lúcidas,
magia más que humana!

Hoy llegué de visita;
sentí
algo mal en la casa.
Y qué ocultabas en tu vestido de seda.
Olía a incienso en el aire.

-¿ Estás contenta?
Tú, frío:
---”Mucho”.
El muro de la razón turbada se derrumba,
y yo, ardiendo en fiebre, acumulando angustia.



Escucha,
da igual:
no ocultarás un cadáver
-¡atroz palabra, lava en la cabeza!-
Da igual:
cada músculo tuyo
como por una bocina
lo clama:
¡muerta, muerta, muerta!


No;
contesta.
¡No mientas!
(¿Cómo irme así?)
los agujeros de dos tumbas
abren los ojos en tu rostro.
Escucha,


Las tumbas se ahondan.
No llega allí la luz.
Sin duda
caeré desde el cadalso de los días.
He tendido mi alma como una soga sobre el precipicio,
con malabarismos de palabras me he columpiado en ella.

Lo sé,
a él lo ha gastado ya el amor.
Adivino tedio en tantos indicios.
Vuelve a ser joven en mi alma,
presenta el corazón a la fiesta del cuerpo.

Lo sé,
cada quien paga por mujer.
Qué importa
si mientras tanto,
en vez de la elegancia parisiense,
te vistiera con humo de tabaco.


El amor mío,
como un apóstol de aquellos tiempos,
lo llevaré por miles y miles de caminos.
Los siglos te conceden la corona
y en la corona mis palabras,
arco iris de espasmos.

Como los elefantes con juegos de quintales
remataron el triunfo de Pirro,
yo a paso de genio devasté tu cerebro.
Para nada.
No pude arrancarte..

¡Alégrate,
alégrate!
¡Acabaste conmigo!
Ahora
con tanta tristeza.
Correría al río
a meter en el agua la cabeza y su mueca.


Me diste los labios:
qué cruel con ellos.
Al tocarlos sentí frío
como si pusiera mi beso penitente
en un monasterio labrado en roca helada.

Sonaron
puertas.
Entró él,
calado de regocijo callejero.
Yo,
partido en dos por mi queja,
le grité:
-¡Está bien!
¡Me voy!
¡Está bien!
Tuya quedará.
Cósele con trapos,
tímidas alas entre sedas: que engorden.
Cuida, no se te vaya.
Como piedra al cuello,
cuélgale a tu esposa un collar de perlas.


¡Oh, aquella
noche!
Apreté la desesperación, más y más.
Con los lamentos míos, con mi risa,
el hocico del cuarto en se torció de miedo.
Y la visión surgía, imagen de ti arrebatada,
con los ojos la encendías en la alfombra,
cual si soñara algún nuevo Byalik
a la radiante reina del Sión hebreo..

Torturado,
ante aquella a la que me rendí
caí de rodillas.
El rey Alberto,
todas sus ciudades
era, comparado conmigo, un obsequiado.


Dórense al sol flores y hierbas!
¡Primavera en las vidas de tantos elementos!
Yo sólo quiero un veneno
beber y beber versos.

Ladrona del corazón,
todo te lo llevaste,
atormentaste mi alma en delirio;
recibe este regalo, amiga,
tal vez nunca imaginaré más nada.

Pintad de fiesta la fecha de hoy.
¡Crea,
magia o crucifixión!
Miradme:
con clavos de palabras
clavado al papel estoy.

 

 

¡ESCUCHEN!

 

¡Escuchen!
Si se encienden las estrellas
¿no será porque alguien las precisa?
¿No será porque alguien desea que existan?
¿No será porque alguien llama perlas a esos diminutos escupitajos?

Y, sollozando inconteniblemente,
entre la ventisca y el polvo del mediodía,
irrumpe en el lugar donde está Dios,
temiendo haber llegado tarde,
llora,
besa su mano robusta,
y le implora
¡que siempre haya una estrella!
Y jura
que no soportaría el tormento de vivir sin ellas.

Y después
se paseará alarmado
aunque sereno en apariencia.
Y preguntará a un amigo:
¿No te sientes mejor ahora?
¿Verdad que ya no temes?
¡¿No es cierto?!
¡Escuchen!
Si se encienden
las estrellas
¿no será porque alguien lo necesita?
¿No será porque es indispensable,
para que cada tarde,
sobre los tejados,
se encienda al menos una?

Vladimir Maiakovski