ENVER HOXHA


(OBRAS ESCOGIDAS)

I


Conferencia del Partido de Tirana

4 de octubre de 1948


NUESTRAS RELACIONES CON LA UNION SOVIETICA Y LA ACTITUD DE LA DIRECCION YUGOSLAVA CON RESPECTO A ESTAS RELACIONES


Nuestro Partido y su Comité Central no han cometido errores en su actitud hacia e Partido Bolcheviqeu y la Unión Soviética. La heroica lucha de la Unión Soviética contra el fascismo ha sido uno de los principales factores que han acelerado la formación de nuestro Partido. El ataque hitleranio contra la Unión Soviética fur al mismo tiempo un golpe tenbién para todos los miembros de los diversos partidos comunistas, que veían en la Unión Soviética la glorioso Patria del socialismo, la gran fuerza que defendía la paz, a los pueblos oprimidos, a los pueblos coloniales y semicoloniales, a toda la humanidad progresista. La Unión Soviética era el único apoyo y la única ayuda para todos los pueblos progresistas del mundo. Nos infundía esperanzas < nos daba la fuerza para combatir la esclavitud impuesta por los capitalistas y por los vampiros terretenientes. La Unión Soviética y el Partido Bolchvique de Lenin-Stalin eran para los comunistas albaneses y para todos los oprimidos de Albania el varco que iluminaba nuestro camino. Nuestro Partido unió la lucha de nuestro pueblo con la de la Unión Soviética. Desde la distribución de su primera octavilla hasta el coronamiento de la Lucha de la Liberación Nacional,, nuestro Partido el amor por la Unión Soviética, por el Partido Bolchevique y el camarada Stalin. El Partido explicó al pueblo desde las primeras horas de la lucha que la victoria sería nuestra, porque la Alemania fascista sería derrotada y que la Unión Soviética era invencible. Nuestro pueblo sabía muy bien que su victoria estaba indisolublemente ligada a las victorias de los pueblos de la Unión Soviética. Cada día las organizaciones de nuestro Partido informaban a nuestro pueblo y a nuestro ejército de la marcha de la guerra en la Unión Soviética, de sus éxitos, y asi cada día crecia el afecto de nuestro pueblo por la Unión Soviética, por el Ejército Rojo, por el camarada Stalin. Toda esta obra se debía a nuestro Partido y a su justa causa.

En los primeros meses después de la Liberación, cuando nuestro Partido y nuestro joven Estado echaban las bases de su política exterior y daban los primeros pasos en la construcción del país, la Unión Soviética nos prestó una ayuda directa. En cada conferencia internacional defendía a nuestro pueblo. En todas partes se eschuchaba la poderosa voz de la Unión Soviética en defensa de los derechos de nuestro pueblo y de su libertad contra las codicias de los anglonorteamericanos, en defensa de la independencia y de la integridad territorial de nuestro país contra los designiois agresivos de los ingleses y los norteamericanos y de sus satélites, los monarcofascistas griegos. Eran momentos difíciles, qie fueron superados gracias a la indoblegable resistencia de nuestro pueblo. Pero estos éxitos los debemos también a la existencia y al apoyo de la Unión Soviética. En estas circunstancias, nuestro pueblo se unió más estrechamente a esta última y para ello fue orientado por nuestro Partido y su Comité Central que siguieron una línea política justa. La ayuda de la Unión Soviética y del Partido Bolchevique no faltó jamás a nuestro Partido. Además de su gran apoyo moral, nos prestaron asimismo una ayuda económica importante.

Los dirigentes trostskistas yugoslavos no veían con buenos ojos el afecto que nuestro Partido sentía por la Unión Soviética, por el Partido Bolchevique, por el camarads Stalin así como por los camaradas soviéticos que se encontraban en Albania, ni tampoco la gran condianca que tenía en ellos. El Comité Central del Partido Comunista de Yugoslavia estimaba que Albania debía estar bajo su tutela. Según los dirigentes yugoslavos, nosotros éramos un país pequeño que no podía defenderse ni desarrollarse sin la ayuda de Yugoslavia. Además, para ellos la Unión Soviética estaba lejos, era un grande y poderoso Estado y, por tanto, no podía interesarse directamente por Albania”.

Como la ayuda económica de la Unión Soviética nos llegaba e través de Yugoslavia, la dirección del PCY especulaba con este hecho dando entender que el CC del PCY y Tito se habían puesto de acuerdo con la Unión Soviética para que Albania formara parte de la esfera de influencia de Yugoslavia. Esta era la actitud que los dirigentes yugoslavos observaban con respecto a nosotros, mientras que delante de la Unión Soviética se esforzaban, recurriendo a la demagogia, en disimular su juego.

La actitud de la Unión Soviética hacia los otros pueblos era completamente diferente de la de Yugoslavia. Stalin, con ocasión de la cena ofrecida en horor, de los delegados del gobierno de Finlandia, desoués de la firma del tratado soviético-finlandés, entre otras cosas dijo:

Muchos no creen que puedan existir relaciones de igualdad entre una nación grande y una nación pequeña. Pero nosotros, los soviéticos, concideramos que tales relaciones pueden y deben existir. Los hombres soviéticos consideran que toda nación, grande o pequeña, tiene sus particularidades, sus características específicas, que pertenecen sólo a ella y que las otras naciones no tienen. Estas particularidades constituyen la contribución que cada una de ellas aporta al gran patrimonia de la cultura mundial. Completándola y enriqueciéndola. En este sentido todas las naciones,pequeñas o grandes, se ecuentran en posiciones indénticas y son iquales entre si” (Stalin; Pravda, N.o 104 (10845), 13 de abril de 1948).

Los hombres soviéticos han considerado las relaciones con nuestro país bajo el ángulo indicado por Stalin. Y en ningún momento hemos perdido nuestra confianza en ellos. Los trotskistas yugoslavos nos atacaron con todo el arsenal de sus armas para quebrantar la confianza que nuestro Partido depositaba en la Unión Soviética, en el Partido Bolchevique y en los soviéticos residentes en Albania. Los trotskistas yugoslavos manifestaron abiertamente su descontento. Tito en persona y sus más cercanos colarboradores se habían quejado de que nosotros “recibíamos ayudas de Yugoslavia, sin renunciar, por ello, a los lazos con la Unión Soviética”.

La lucha de los trotskistas yugoslavos contra la correcta línea de nuestro Partido era una lucha frontal y se extendía a todos los sectores claves de la vida de nuestro Estada. Esta lucha buscaba influir en la orientación política general del Partido y del Gobierno y tenía como blanco nuestra economía y nuestro ejército.

En lo que concierne a la orientación política de nuestro Partido, los yugoslavos no lograron obtener ningún éxito. En el terreno económica, donde contaban con ejercer su presión, lograron quebrar algo la confianza del Comité Central de nuestro Partido e cuanto a la oportunidad de la permanencia de los consejeros soviéticos en nuestro país. Después de los análisis del VIII Pleno, como concecuencia de las presiones y de los chantajes de la dirección yugoslava, acabamos por aceptar su tesis según la cual nosotros no teníamos necesidad de los consejeros soviéticos, sino solamente de técnicos soviéticos constituían un todo único. Pero a pesar de que aceptamos la tesis, no estábamos convencidos de ello.

Al mismo tiempo, los trotskistas yugoslavos nos atacaron tembíen en relación al Ejército, pero sin éxito. Con obstinación y recurriendo a chntajes de toda clase, se esforzaron por alejar a los consejeros del Ejército. La presencia de los consejeros militares soviéticos frustraba todos sus planes antosoviéticos y antimarxistas. Los dirigentes yugoslavos queian en efecto que aceparamos y adoptáramos los conceptos del Comité Central del PCY sobre e arte, ilitar y sobre la organización del Ejército. Los ataques de los trotskistas yugoslavos en este terreno se habían manifestado incluso antes de los análisis del VII Pleno. Al comienzo estos ataques eran indirectos y consistían en Críticar < golpear a nuestro jefe del Estado Mayor, camarada Mehmut Shehu [later on he was demasked by Enver Hoxha as an agent of imperialist secret service – remark from Comintern (SH)]. Pero, poco a poco, sus críticas se volvieron tembíen contra mi. Aunque con respecto a mi persona sus críticas no fuesen abiertas, venían a parar en lo mismo, porque yo apoyaba al camarada Mehmet y era yo quien lo había propuesta como miembro del Buró Político, y tambíen porque yo era el Comandante en Jefe del Ejército.

Los yugoslavos lograron ejercer influencia sobre varios camaradas de la Dirección Política de nuestro ejército. El primero fue Pëllumb Dishnica, que se expresó explícitamente en favor de un cambio de orientación en el Ejército y presentó tesis para su reorganización. Eran las de los yugoslavos. El camarada Mehmet Shehu me hizo un informe verbal sobre esta cuestión y encontré su punto de vista justo. Las tesis de Pëllumb Dishnica eran erróneas en principio. No se trataba de adoptar la experiencia del ejército yugoslavo, sino de cambiar la orientación política de nuestro ejército, de rechazar la experiencia del ejército soviético. Me di cuenta immediatamente del peligro y convoqué a Pëllumb Dishnica para aclarar esta cuestión. Le dije que las orientaciones en el Ejército habían sido fijadas por el Comité Central, qie no se podía jugar con ellas y que yo no permitiría que se las pusiera en discusión.Pëllumb Dishnica , después de haber escuchado mis consejos, me dijo que había comprendido”, mientras más tarde, en la reunión del VIII Pleno, pretendió que en realidad no se había aclarado. Además, de manera provocadora, preguntó al general Shule sobre el mismo asunto y, después de haber constatado que sus opiniones concardoban, añadió: pero el Comandante no es de nuestra opinión”.

Los dirigentes yugoslavos habían influido gravemente en nuestros compañeros de la Dirección Política, levantándolos, contra la justa orientación del Partido en el Ejército y, lo que era aún más peligroso, habían hecho vacilar la confienza de esta Dirección en el Comandante en Jefe. A partir de estas posiciones, los compañeros de la Dirección Política serían llevados a cometer graves errores. Más tarde, los camaradas Shule y Pëllumb Dishnica, haciéndose los portavoces de la dirección yugoslava, pidieron con isistencia el alejamiento de los consejeros soviéticos de nuestro ejército.

Después del VIII Pleno la situación se agravó aún más. Los yugoslavos creyeron que había llegado el momento para cambiar la situación tembíen en el Ejército. Consideraban nuestro ejército, el ejército de un pueblo independiente, como una parte del yugoslavo. Y los camaradas de nuestra Dirección Política actuaban como si nuestro ejército fuese efectivamente un cuerpo de ejército entre los otros que companían el yugoslavo. Vukmanovich Tempo, en ocasión de una visita hecha a nuestra Dirección Política, criticó abiertamente a los dirigentes de nuestro ejército, como si los yugoslavos fuesen sus verdaeros dirigentes.

Después del VIII Pleno, la popularización de la Unión Soviética pasó a segundo plano. Por el contrario, Yugoslavia, en nuestra propaganda, emergía sobre todo el mundo. Los yugoslavos despreciaban y se burlaban descaradamente de los instructores soviéticos, además hicieron uso de las más infamantes injurias antisoviéticas. Consideraban a los consejeros soviéticos como un obstáculo para su actividad, y lo eran effectivamente. Declaraban abiertamente que el trabajo en el Ehército no podia progresar si se mantenía a los consejeros soviéticos, que era imposible trabajar con dos clases de cosejeros”. Sumestimaban a los consejeros soviéticos y hacían lo imposible por ofenderlos con su actitud arrogante y altiva. Se esforzaban en difundir tal espíritu incluso entre nuestros camaradas. Intentaron persuadirnos de que no estábamos en grado de aprovechar la experiencia soviética, que los yugoslavos debían estudiar esa experiencia y, después de una minuciosa elaboración, adaptarla a las condiciones de nuestros países y de nuestros ejércitos. No nos quedaba pues otra cosa que tomar el arte militar yugoslavo y aplicarlo, ya que se adaptaba mejor a nuestro ejército”. Pero nuestro Comité Central no estaba de acuerdo y estas tentativas fracasaron. Los yugoslavos esperaban impaciemtemente el alejamiento de los soviético, pero cuando vieron que ningún consejero soviético partía, dieron inicio a la más infame lucha contra nosotros. La cólera de la camarilla titoísta y de los delegados yugoslavos en Albania llegó al colmo. Con falsos pretextos rompieron las relaciones que existian entre nuestros dos ejércitos.


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