Eventos históricos del

Movimiento revolucionário internacional

La guerra civil española

1936-1939

 

ESPAÑOL


 

 

 

ENVER HOXHA

"Eurocomunismo es anticomunismo"

[cita sobre la guerra civil española]

En lo que concierne a España, es preciso señalar que las directrices del VII Congreso de la Internacional Comunista han tenido mayores resultados que en Francia y en Italia. Su efecto se hizo sentir especialmente en el curso de la Guerra Civil. En un comienzo los comunistas no participaron en el gobierno del Frente Popular, sino que le concedieron su apoyo. No obstante, el partido comunista criticaba al gobierno por su falta de determinación y exigía que tomase medidas frente al peligro fascista, contra la actividad que desarrollaban los fascistas, particularmente la casta de los oficiales, que en aquel entonces constituían el peligro inmediato.

El 17 de julio de 1936 estalló el «Pronunciamiento» de los generales fascistas. El complot de los fascistas estaba bien coordinado. Habían actuado bajo las narices del gobierno de la izquierda y de las autoridades designadas por un gobierno surgido de la coalición del Frente Popular. Contra este peligro se alinearon todas las fuerzas antifascistas. En noviembre se creó el gobierno encabezado por Largo Caballero, del que pasaron a formar parte dos ministros comunistas. Así se constituyó un frente común para defender la República, incluso con las armas. El gobierno concedió la autonomía a los vascos, confiscó a favor de los campesinos pobres las tierras de los fascistas y nacionalizó todas las riquezas de éstos.

El partido comunista llamó desde un primer momento a la clase obrera y al pueblo a oponer resistencia. Pero el partido comunista no se contentó con llamamientos, se lanzó a la acción. Los miembros del partido se introdujeron en los cuarteles, lugar donde permanecían los soldados, para aclarar a éstos la situación señalándoles lo que eran los fascistas y la amenaza que constituían para los obreros, los campesinos y el pueblo. En la capital de España, en Madrid, el golpe fascista fracasó.

En otras ciudades, el pueblo y en primer lugar la clase obrera atacaron las unidades militares que se habían sublevado contra la República, paralizándolas en su acción. En Asturias, la lucha de los mineros contra las tropas fascistas prosiguió por un mes y esta región permaneció en manos del pueblo. Los fascistas no pasaron. Lo mismo ocurrió en Vascongadas y en muchas otras zonas de España.

En los primeros días de agosto se vio que los generales fascistas caminaban hacia el abismo y su derrota hubiera sido total de no haber acudido de inmediato en su ayuda las tropas de la Italia fascista y de la Alemania nazi y junto a éstas las fuerzas reclutadas en el Marruecos español, así como las enviadas por el Portugal fascista.

En un país donde el ejército estaba bajo el mando de una vieja casta de oficiales reaccionarios, realistas y fascistas, los destinos del país no podían confiarse en aquél, una parte del cual siguió a los generares fascistas y el resto avanzaba hacia su disgregación. Por eso, el partido comunista hizo un llamamiento para la creación de un ejército nuevo, un ejército del pueblo. Los comunistas volcaron sus esfuerzos en la creación de este ejército y en breve lapso de tiempo lograron levantar el V Regimiento. Sobre la base de este regimiento, que cobró una gran fama en el curso de la Guerra de España, se creó el ejército popular de la República española.

La resuelta actitud del partido comunista frente al ataque fascista, el audaz ejemplo que dio colocándose al frente de las masas para impedir que el fascismo pasara, el ejemplo de sus militantes, el 60 por ciento de los cuales fueron enviados a los diversos frentes de lucha, aumentaron en gran medida la autoridad y el prestigio del partido entre las masas del pueblo.

Un partido crece, gana autoridad y se convierte en dirigente de las masas cuando cuenta con una línea clara y se lanza audazmente a la lucha por llevarla a la práctica. El Partido Comunista de España se convirtió en un partido tal en el curso de la Guerra Civil. Desde la insurrección fascista en julio de 1936 hasta finales de ese mismo año, el partido comunista triplicó el número de sus miembros. Y, aunque en aquellos días la gente se integraba en el partido para ofrendar su vida, y no para dar su voto en las elecciones, jamás ni nadie, ni el llamado partido comunista de Carrillo, ni los otros partidos revisionistas, que han abierto sus puertas a todo aquel que quiera ingresar en ellos, laico o religioso, obrero o burgués, podrá hablar de un crecimiento de la autoridad e influencia como las que adquirió el Partido Comunista de España en el período de la Guerra Civil.

La Guerra de España tocó a su fin a comienzos del año 1939, cuando la dominación de Franco se extendió a todo el territorio nacional En aquella guerra el Partido Comunista de España no escatimó esfuerzos ni energías para derrotar al fascismo. Y si el fascismo venció, fue debido, aparte de los diversos factores internos, en primer lugar a la intervención del fascismo italiano y alemán y a la política capítulacionista de «no intervención» de las potencias occidentales con respecto a los agresores fascistas.

Muchos militantes del Partido Comunista de España inmolaron sus vidas durante la Guerra Civil. Otros fueron víctimas del terror franquista. Otros miles y miles fueron arrojados a las cárceles donde permanecieron por largos años o murieron en ellas. Después del triunfo de los fascistas, en España reinó el más feroz terror.

Los demócratas españoles, que lograron escapar de los campos de concentración y de los arrestos, tomaron parte en la resistencia francesa donde combatieron heroicamente, mientras que los demócratas españoles que se fueron a la Unión Soviética se integraron en las filas del Ejército Rojo y muchos de ellos dieron su vida combatiendo al fascismo.

Pese a las Condiciones sumamente graves, los comunistas continuaron su lucha guerrillera y la organización de la resistencia también en España. La mayor parte cayeron en manos de la policía franquista y fueron condenados a muerte.

Franco golpeó duramente la vanguardia revolucionaria de la clase obrera y de las masas populares de España y esto tuvo consecuencias negativas para el partido comunista. Al haber desaparecido en la lucha armada y bajo los golpes del terror fascista los elementos más sanos, más preparados ideológicamente, más resueltos y valientes, en el Partido Comunista de España cobró supremacía y ejerció su influencia negativa y destructora el elemento cobarde pequeñoburgués e intelectual como Carrillo y compañía. Estos fueron transformando gradualmente al Partido Comunista de España en un partido oportunista y revisionista.

* * *

Cuando estalló la Guerra de España, el Partido Comunista Francés ayudó activamente con agitación y propaganda, y con medios materiales, al Partido Comunista de España y al pueblo español en su lucha contra Franco. Hizo llamamientos para el envío de voluntarios a España, llamamientos a los que respondieron miles de sus militantes Y otros antifascistas franceses, tres mil de los cuales inmolaron sus vidas en tierras de España. Dirigentes principales del partido participaron directamente en la lucha o fueron a España en varias ocasiones. La mayor parte de los voluntarios que salían de muchos países para integrarse en las Brigadas Internacionales en España, pasaban por Francia. El Partido Comunista Francés organizaba su tránsito.

Durante la Guerra de España, los comunistas y la clase obrera franceses ganaron una nueva experiencia en las batallas, que se vino a sumar a la antigua tradición de las luchas revolucionarias del proletariado francés. Esto constituía un capital preciado, una experiencia revolucionaria adquirida en luchas de clase frontales y organizadas contra la feroz reacción franquista, Contra los fascistas italianos y los nazis alemanes, así como contra la propia reacción francesa y mundial. Este capital revolucionario debía servir al partido en los momentos críticos de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación de Francia, pero en realidad no fue aprovechado.

 

 

 

 

 

 

Jose Diaz

1941

tres años

 

 

 

Jose Diaz

Victorio Codovilla

 

 

 

 

La guerra nacional revolucionaria del pueblo espanol contra el fascismo

PCE/ML - 1969

 

 

Galería - Guerra civil española 1936 - 1939

 

España en Llamas

(Iberia 1967)

 

 

 

 

MESSAGE OF THE COMINTERN (SH)


ON OCCASION OF THE 75TH ANNIVERSARY


OF FASCIST VICTORY IN THE SPANISH CIVIL WAR




March 28, 1939 – March 28, 2014


Today, 75 years ago, the fascist forces of Franco finally occupied Madrid on March 28, 1939, after a three-year war that transformed Spain into an amount of ruins entirely vulnerable to the harshest capitalist exploitation and oppression.


When the Popular Front won the bourgeois elections in Spain, the darkest forces of reaction couldn’t accept it. The large landowners, the industrial tycoons and their fascist lackeys that were already present in Spain were worried about a government that, although not Marxist-Leninist neither communist, was however a bourgeois-democratic government which wanted to provide workers with some formal “social and labour rights”. These “rights” and the overall policy of the Spanish Popular Front had a bourgeois character and they never represented any kind of serious menace to capitalist mode of production, as the Popular Front never aimed at changing the bourgeois socio-economic order through revolutionary violence. On the contrary, it defended “peaceful ways” and it included reformists and opportunists of many types: Trotskyists, anarchists, social-democrats, republicans, etc. It is true that it also included some communists, but it must be stated that communist participation at the Spanish Popular Front was already influenced by the revisionist tendencies of the “popular front” theories that would culminate in the VII World Congress of the Comintern. Indeed, the Spanish Popular Front could even be positive to bourgeois-capitalist interests, because it would have allowed them to provide proletarians, workers and other exploited and oppressed classes with some fake “rights” that difficult the acquisition of a truly communist consciousness, because it could submerge them in the illusion that capitalist state was now concerned about their “welfare rights” and had not oppressive class nature anymore, all this without basically touching profit accumulation and maximization.


This could have indeed been the case if it was not for the character of Spanish exploitative capitalist-aristocratic classes, which are among the most aggressive and backward of Europe. Spanish exploitative classes have spent their history soaked in the blood of the oppressed classes and peoples. In the XIV and XV centuries, in search for gold and for cheap labour force, they invaded American continent, brutally enslaving Amerindian populations and causing an immensurable genocide that left dead tens of million of native Americans. And it was not by chance that Spain was the last country in the world to abolish Inquisition. In the early XXth century, there were still people in Southern Spain who received harsh physical punishments for having offended the rules of the “Holy Office”. And we could give many other examples of extreme reactionarism by Spanish exploitative classes. Therefore, they were not eager to let workers get with not even some alms provided by the bourgeois “social rights” advocated by the Popular Front. And so they launched a civil war relying on one of their most faithful and valuable instruments: the army. In 1936, Spanish army was full of fascist officials and it was led by generals like Franco who didn’t even try to hide their sympathy for Nazi Germany and fascist Italy. In their war plans, Spanish exploitative classes also counted with another useful ally: Portuguese exploitative classes, who had established their own fascist regime some years earlier and were willing to provide all means to overthrow the Popular Front and replace it with a fascist rule similar to their own and which, in their perspective, was the best manner to prevent socialist revolution.


And so, during three years, Spanish working classes were condemned to suffer the horrors of a deadly Civil War that eventually ended up with the victory of Franco’s fascist forces at the service of capitalist-aristocratic ruling classes. But what led to this situation? Many factors can be listed. One of them was the practical and ideological division that existed among the forces fighting at the side of the Popular Front and that ultimately weakened them in face of fascist offensive. But the most important reason that permitted fascist forces to win the war was undoubtedly the lack of the leadership by the Communist Party, which should have played the role of proletarian vanguard of Spanish toiling masses. Only in this manner could fascist inevitability be defeated and avoided. It is true that Franquist troops were being helped by the Nazi-fascist countries that already existed at the time. But the argument of the “enemy’s superiority” does not hold any water. In Albanian National Liberation War, nazi-fascist forces were also numerically superior and had much better weaponry than Albanian partisans led by the Communist Party. But contrary to what happened in Spain, Albanian communists always managed to keep themselves leading the armed fighting, never sharing this position with anyone else. And so, they expelled the nazi-fascist invaders, won the war, implemented proletarian dictatorship and started to successfully construct socialism:


Despite the innumerable difficulties we encountered on our road we scored success one after another. We achieved these successes, in the first place, because the Party thoroughly mastered the essence of the theory of Marx and Lenin, understood what the revolution was, who was making it and who had to lead it, understood that at the head of the working class, in alliance with the peasantry, there had to be a party of the Leninist type. The communists understood that this party must not be communist only in name but had to be a party which would apply the Marxist-Leninist theory of the revolution and party building in the concrete conditions of our country, which would begin the work for the creation of the new socialist society, following the example of the construction of socialism in the Soviet Union of the time of Lenin and Stalin. This stand gave our Party the victory, gave the country the great political, economic and military strength it has today. Had we acted differently, had we not consistently applied these principles of our great theory, socialism could not have been built in a small country surrounded by enemies, as ours is.” (Enver Hoxha, Imperialism and the Revolution, Tirana, 1979, edition in English)


If the Spanish Communists and their Bolshevist Party had been leading the armed struggle, it would have transformed the civil war launched by the exploiters into a civil war against the exploiters. But this didn’t happen and during the Civil War in Spain, fascist forces were almost always on the offensive, while the troops loyal to the Popular Front were almost always on the defensive. And in the end, Spanish workers were condemned to endure decades of the dreadful fascist tyranny of Franco that transformed Spain into a slave labour camp in benefit of internal and external exploiters. Spanish communists received the severest treatment of all, with many slaughtered or treated like “sub-human mentally ill” and interned in “therapeutic camps” where fascist doctors used them in their “medical experiments”.


Already during the Civil War, together with the Nazi-fascists, also Anglo-American and French imperialists supported Franco in direct or indirect manners. And after that, they continued to actively support him as a bulwark against communism. The only country which provided some kind of sustenance to the anti-fascist forces was Bolshevist Soviet Union of comrade Stalin fulfilling its duties of proletarian internationalism.


The Spanish Civil War left half million dead and exercised heavy influence in the subsequent course of the Spanish Communist Party. Already before the war, it had been affected by opportunist and reformist deviations, but after the War this situation substantially worsened because most of the authentically communist cadres of the party were killed in the combats. Writing about the revisionist path embraced by the S “C” P, comrade Enver Hoxha remarked:


Many members of the Communist Party of Spain gave their lives during the Civil War. Others fell victim to the Francoite terror. Thousands and thousands of others were thrown into prison where they languished for many years or died. The terror which prevailed in Spain after the victory of the fascists was extremely ferocious. Franco dealt a heavy blow to the revolutionary vanguard of the working class and the masses of the Spanish people and this had negative consequences for the Communist Party. Losing its soundest, most ideologically prepared, most resolute and courageous element in the armed struggle and during the fascist terror, the Communist Party of Spain came under the negative and destructive influence of the cowardly petty-bourgeois and intellectual element, such as Carrillo and company, who became dominant. They gradually transformed the Communist Party of Spain into an opportunist and revisionist party.” (Enver Hoxha, Eurocommunism is Anti-communism, Tirana 1980, edition in English)


With revisionist disease affecting it more and more, the S “C” P was de facto liquidated in the 90’s, already after the Franquist-fascist form of bourgeois dictatorship had been replaced by a somewhat more “democratic” form of it. And that is how Spain is now under a capitalist-monarchist regime submitted to the interests of American imperialism and whose main representatives are still ideological heirs of Franco’s fascism. For example, in many places of Spain, it is possible to find statues of Franco and until 2005 the general-governor of the region of Galicia was no other than a former minister of Franco. Today, Spain is one the European countries were workers have worst living conditions. They lack even some of the most basic bourgeois “social rights” like free healthcare, subsidy of unemployment, etc. Spain is almost deprived of social security, another characteristic inherited from Franquist period. So, Spanish capitalist-aristocratic exploitative classes can be very grateful for everything that fascism has done for them. But their “happiness” cannot last much longer.


In the Spanish civil war the Spanish People in unity with the internationalists from all over the world sacrificed their life for the anti-fascist struggle against Franco and Hitler-fascists. It is our duty as proletarian internationalists to honor this great internationalist anti-fascist struggle of the people and learn from the negative (and also positive!) experiences for the world-proletarian struggle against world-fascism of today -  as a united action of global  anti-fascist class-struggle as part and lever of the socialist world revolution.


Thus, the historical internationalist significance of the International Brigades for the world revolutionary struggle of the Comintern (SH) could not go unmentioned. In the near future, the formation of International Brigades will be centrally organized by the Comintern (SH). We uphold the experiences of this internationalist historical event especially for the military solution of the socialist world revolution. But the main lesson of 1936-1939 is that the lack of the proletarian struggle for transformation of democratic revolution into socialist revolution and for the dictatorship of the proletariat has dreadful consequences.


Nowadays more than ever, it is urgent to found the Spanish Section of the Comintern (SH) which will be the organized vanguard of the Spanish proletariat. Only by marching together with the proletarian detachments from all other countries under the global centralized leadership of the Comintern (SH) can Spanish oppressed and exploited classes successfully accomplish socialist revolution, proletarian dictatorship, socialism and communism not only in their country but at a global scale.



Spanish workers – unite!


The times when you suffered defeat are gone!


Now, you have to prepare your final victory as part of the world socialist revolution!


Death to all your internal and external exploiters and oppressors!


Down with the capitalist-monarchist pro-fascist regime that still prevails in Spain!


Don’t let Franco’s ideological heirs detach you from the only way to your liberation: Marxism-Leninism-Stalinism-Hoxhaism!


Don’t be deceived by reformist and opportunist illusions!


Found the Spanish Section of the Comintern (SH)!


Fascist form of bourgeois dictatorship is something inevitable under capitalism!


Only world communism can ensure the abolition of the inevitability of fascism!


Long live world proletarian and socialist revolution!


Long live world proletarian dictatorship!


Long live world socialism and world communism!


Long live the teachings of the 5 Classics of Marxism-Leninism:

Marx, Engels, Lenin, Stalin and Enver Hoxha!


Long live the Comintern (SH) – the only authentically anti-fascist and communist organization!

 

 

 

 

La Internacional Comunista
[ Barcelona ]

 

Comunicado sobre la XII Sesión Plenaria del C.E. de la I.C.

 

A primeros de septiembre se ha celebrado en Moscú el XII Pleno del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

El XII Pleno de la C.E. de la I.C. ha oído:

1.º El informe del camarada KUSINEN, sobre la situación internacional y las tareas de las secciones de la Internacional Comunista.

2.º Informe del camarada THAELMANN (del P.C. alemán), sobre las enseñanzas de las huelgas económicas y la lucha de los sintrabajo y los coinformes del camarada LENSKY (P.C. polaco) y GOTTWALD (P.C. checoeslovaco), sobre el movimiento huelguístico y la lucha de los sintrabajo en Polonia y Checoeslovaquia.

3.º Informe del camarada OKANO (P.C. japonés), sobre las tareas de los comunistas en la lucha contra la guerra imperialista y la intervención armada, en relación, con la guerra que ha comenzado en Extremo Oriente.

4.º Informe del camarada MANUILSKI, sobre la edificación socialista en la U.R.S.S., en conexión con la realización del primer plan quinquenal y los elementos fundamentales examinados para el segundo plan quinquenal.

El Pleno ha oído el informe del camarada BELA-KUN sobre el L aniversario de la muerte de Karl Marx, que tendrá lugar el 13 de marzo de 1933 y ha encargado al Presidium del C.E. de la I.C. de preparar y realizar, con ocasión de este aniversario, una campaña de masas por la popularización del marxismo-leninismo.

El Pleno ha elegido los miembros que faltaban para completar el Presidium y ha aprobado el informe financiero del C.E. de la I.C.

Todas las decisiones han sido adoptadas en el Pleno por unanimidad.

La tesis, resoluciones y «decisiones» del XII Pleno son publicadas al mismo tiempo que el presente comunicado.

EL SECRETARIADO POLÍTICO DEL C.E. DE LA I.C.

 

 

 

 

 

 

Dirijamos el fuego bolchevique contra el oportunismo

EL FIN DE LA ESTABILIZACIÓN CAPITALISTA, consecuencia de tres años de crisis económica mundial, del impetuoso crecimiento del ascenso revolucionario en los países capitalistas y de formidables victorias del socialismo en la U.R.S.S., que comienza a construir en el segundo plan quinquenal la sociedad socialista sin clases, significa una nueva etapa, más elevada, del desarrollo de la lucha revolucionaria de clase del proletariado. Esta nueva etapa incita a la socialdemocracia a nuevas maniobras «izquierdistas» y, por lo tanto, plantea DE UNA MANERA NUEVA las cuestiones de la lucha entre la vanguardia comunista y la socialdemocracia por las masas proletarias, lucha que se lleva a cabo desde la fundación de la Internacional Comunista. En el transcurso de trece años de existencia de la I.C., cada vez que se agudizaba la crisis de la socialdemocracia cuando los partidos comunistas se hallaban frente a la necesidad de un viraje táctico, en consonancia con la nueva etapa de desarrollo del movimiento obrero internacional, cada vez que ocurría esto se formaba dentro de los partidos comunistas una agencia de la burguesía para refrenar el proceso del acrecentamiento de la lucha revolucionaria. En vez de un avance, en lugar de una rápida adaptación a las nuevas condiciones para preparar a la clase obrera a los futuros combates revolucionarios de clase; en vez de intensificar el papel INDEPENDIENTE de los partidos comunistas en la dirección de estas batallas y de ACENTUAR la lucha contra la socialdemocracia, los elementos oportunistas dentro de la Internacional Comunista, en tales períodos de viraje, arrastraban abiertamente a los partidos comunistas PARA ATRÁS, ADAPTÁNDOSE A LA SOCIALDEMOCRACIA, a sus maniobras «izquierdistas», ayudándola, a través de su agencia «izquierdista» y «ultraizquierdista», a embaucar a las masas obreras que se apartaban de ella, insinuándoles que la socialdemocracia se halla DE ESTE lado de la barricada, que no hay diferencia ESENCIAL alguna entre el comunismo y la socialdemocracia, que los líderes de la socialdemocracia «izquierdista» EVOLUCIONAN HACIA EL COMUNISMO O FLUCTÚAN entre el comunismo y la socialdemocracia.

El sentido de la lucha contra los derechistas y los conciliadores, a partir del VI Congreso de la Internacional Comunista, que ha trazado las perspectivas de la crisis de la estabilización capitalista y del nuevo incremento revolucionario, consistía precisamente en la necesidad de realizar la movilización de las masas para la LUCHA, para la preparación de una CONTRAOFENSIVA Y OFENSIVA de la clase obrera, [4] mientras que los derechistas y los conciliadores veían en ello solamente el afianzamiento del capitalismo, la derrota de la clase obrera, y, reflejando el estado de espíritu de la aristocracia obrera, extraían de la serie de derrotas proletarias anteriores la enseñanza oportunista sobre el aplazamiento de la revolución proletaria por un largo plazo.

Ya en el XV Congreso del Partido Comunista Soviético, el camarada Stalin, al analizar el desarrollo de los antagonismos de la estabilización parcial del capitalismo, señaló que el hecho de haber alcanzado y sobrepasado los países capitalistas el nivel de la preguerra en la producción y en el comercio no significa en modo alguno que la estabilización del capitalismo haya tornado a ser sólida y estable, sino, al contrario,

«esa misma estabilización, ese mismo hecho de que la producción siga en aumento, de que el comercio vaya ascendiendo, ese mismo hecho de que vayan creciendo el progreso técnico y las posibilidades productivas, mientras que el mercado mundial, los repartos de ese mercado y las zonas de influencia de diversos grupos imperialistas quedan más o menos estables, precisamente de todo esto SURGE LA MAS PROFUNDA Y AGUDA CRISIS DEL CAPITALISMO MUNDIAL, PREÑADO DE NUEVAS GUERRAS Y AMENAZANDO LA EXISTENCIA DE TODA ESTABILIZACIÓN.»

A la sazón, los derechistas y los conciliadores negaban tal perspectiva. Y el proyecto de tesis del camarada Bujarin y su discurso de clausura del VI Congreso de la I.C. contenían una subestimación de la inestabilidad de la estabilización capitalista y del desarrollo de las contradicciones internas del capitalismo, una subestimación del auge de la lucha revolucionaria de clase del proletariado. En su ataque contra la línea de la I.C., los derechistas y los conciliadores, con Humbert-Droz y Serra a la cabeza (sesión del secretariado político del Comité Ejecutivo de la I.C. del 4 de diciembre de 1928), partían del memorándum de los conciliadores alemanes, que afirmaba «EL AFIANZAMIENTO ECONÓMICO DE LAS BASES DE LA ESTABILIZACIÓN RELATIVA ACTUAL Y, POR ENDE, DEL PODER POLÍTICO DE LA BURGUESÍA».

Desde aquel entonces han pasado tres años de devastadora crisis económica mundial del capitalismo. Han reventado, como una pompa de jabón, las teorías socialdemócratas sobre el capitalismo organizado, la «democracia económica», sobre el «crecimiento del bienestar material de la clase obrera sobre la base de la racionalización capitalista». Asimismo han fracasado y quebrado las teorías socialdemócratas (repetidas por los derechistas y conciliadores) sobre «la exclusividad» y toda otra «armonía capitalista». Actualmente, no hay, y no puede haber, teóricos socialdemócratas que nieguen la existencia de la crisis de la estabilización capitalista. El papel histórico de la socialdemocracia y de su agencia oportunista dentro de las filas comunistas en la obra de servir al capitalismo, es ahora muy DISTINTO. El fin de la estabilización capitalista ha [5] determinado un formidable crecimiento del ascenso revolucionario de las masas obreras. Pero ese ascenso se efectúa en forma desigual. El desarrollo de la lucha revolucionaria de clase del proletariado, elevándose a un GRADO SUPERIOR, incita a la burguesía a recurrir a las formas más agudas de ataque contra la clase obrera, a los métodos más agudizados de terror fascista. Y todo el campo socialfascista grita sobre un nuevo período de «retroceso» del movimiento obrero. Dentro de las filas de la vanguardia comunista surge de nuevo, como en los períodos precedentes al del acrecentamiento de crisis en la socialdemocracia, un destacamento auxiliar de ésta, el cual «interpreta» el desarrollo desigual del ascenso revolucionario, no desde el punto de vista del desenvolvimiento general, del movimiento revolucionario HACIA ADELANTE, sino desde el punto de vista de golpes aislados, que la clase obrera tiene que soportar en su movimiento general de ataque de parte del enemigo de clase, convirtiendo esos factores en línea PRINCIPAL del desarrollo. Es muy característico y nada fortuito el hecho de que los más marcados y concretos portadores de ese estallido de oportunismo y de capitulación frente a la socialdemocracia sean los mismos «comentaristas» de las decisiones del VI Congreso de la I.C., los cuales, en el umbral del tercer período, desnaturalizaban en una forma groseramente oportunista la línea del VI Congreso de la I.C., arrastrando a la vanguardia comunista a la ciénaga socialdemócrata.

En vísperas del XII plenum del Comité Ejecutivo de la I.C., que tenía que fijar la táctica de la I.C. en las condiciones del fin de la estabilización capitalista, estableciendo en particular los métodos de lucha contra las maniobras «izquierdistas» de la socialdemocracia, que intenta actualmente, bajo la bandera de falsa palabrería sobre «la gran perspectiva del socialismo» y «de la preparación de la huelga general», DISTRAER a las masas obreras de la lucha efectiva, concreta y revolucionaria, bajo la dirección del exconciliador Humbert Droz, se redactan en el Partido Comunista suizo resoluciones que testimonian el peligro que representa el oportunismo, singularmente el oportunismo derechista, en los momentos de pasar a un grado nuevo, más elevado del desarrollo revolucionario.

«Es preciso confesar –reza la resolución elaborada por el camarada Humbert Droz– que durante los últimos años de crisis… los partidos comunistas no han dado pasos decisivos hacia adelante. AL CONTRARIO. Este hecho debe ser sometido a una rigurosa autocrítica bolchevique, y la próxima sesión plenaria del C.E. de la I.C. debe encontrar los medios para liquidar ese estado de cosas.»

De modo que el eterno refrán de los oportunistas es: «¡Catástrofe!», y mientras que, a favor del desarrollo de la crisis del capitalismo y del crecimiento del ascenso revolucionario, crece casi por doquier la influencia de la vanguardia comunista, y en una serie de países se forman potentes partidos comunistas de masas, que son LOS ÚNICOS organizadores y dirigentes del ascenso revolucionario de las masas, el camarada [6] Humbert Droz, en vez de una verdadera autocrítica bolchevique de las causas de la utilización insuficiente por la vanguardia comunista de todas las posibilidades objetivas ofrecidas por el desarrollo de la crisis económica mundial y de todas las contradicciones del capitalismo, clama a voz en cuello «derrotas» de la Internacional Comunista.

Prácticamente, según Humbert Droz, esto significa:

a) En vez de recalcar la AGUDIZACIÓN de todos los antagonismos del imperialismo, como resultado de todos los intentos hechos hasta ahora de superarlos por medio de convenios capitalistas «organizados» (lo que en ningún modo significa una teoría de la bancarrota automática del capitalismo), es decir, en vez de fijar las PERSPECTIVAS DE UNA SALIDA REVOLUCIONARIA de la crisis, se subraya otra perspectiva, la salida CAPITALISTA DE LA CRISIS. «La guerra, la pauperización y la esclavización de los pueblos oprimidos y de las clases trabajadoras, tal es el único camino posible para la burguesía con el objeto de superar temporalmente la actual crisis», reza la resolución del camarada Humbert Droz.

b) En lugar de aprovechar la lucha económica del proletariado, que SE ENTRECRUZA cada vez más (hasta en Suiza, el país menos afectado por la crisis, y ahí está el ejemplo de las barricadas levantadas hace poco en Zurich durante la huelga de los montadores) con la lucha POLÍTICA inmediata contra el aparato estatal burgués, se ejerce una restricción artificial TRADEUNIONISTA de la lucha huelguística del proletariado en marcos puramente ECONÓMICOS, lo que está ligado con la célebre teoría de los derechistas sobre DEFENSA PURA de la clase obrera. Precisamente en ese espíritu está redactada toda una serie de documentos de la oposición sindical revolucionaría bajo la dirección del camarada Humbert Droz y del camarada Bodeman, en su tiempo compañero de armas del primero en la oposición derechista.

c) En vez de lucha contra las ILUSIONES DEMOCRÁTICAS, se repiten las canciones socialdemócratas sobre el tema de que «para movilizar a la clase obrera y hallarse en condiciones de conducirla a combates victoriosos, es menester conquistar previamente la mayoría de la clase obrera y de sus aliados». Desde nuestro punto de vista leninista, se puede conquistar la clase obrera solamente al movilizarla para la lucha. Hasta para un alzamiento, según Lenin, es suficiente conquistar las capas decisivas del proletariado en un lugar decisivo. Desde el punto de vista de Humbert Droz, no se puede movilizar la clase obrera para la lucha, sino después de haber conquistado previamente la mayoría de la misma y la mayoría de sus aliados. Y esto es precisamente lo que pregonaba ahora Otto Bauer, al cimentar el 20 de julio una «base ideológica» bajo la más grande traición de la socialdemocracia alemana a la clase obrera, que había motejado el llamamiento del partido comunista alemán a la huelga comunista de masas contra el golpe de Estado fascista de von Papen como una PROVOCACIÓN. Según Bauer, no se podía declarar la huelga, porque para declarar un paro político se requiere la mayoría de la clase obrera y de todo el pueblo, y ahora aun se carece de tal mayoría, como lo habían demostrado las elecciones presidenciales y las prusianas. [7]

Esto es precisamente lo que alegaban los mencheviques rusos contra la revolución de Octubre, y a lo que contestó Lenin más de una vez, antes y después de la revolución de Octubre, (artículos: «Los bolcheviques deben tomar el poder». «Sobre las elecciones a la Asamblea Constituyente» y otros), que para las luchas decisivas por el poder, es suficiente tener asegurada la mayoría de los más importantes destacamentos del proletariado y en los centros decisivos del país.

«Los bolcheviques pueden y deben tomar el poder estatal en sus manos –escribía Lenin en vísperas de Octubre–, pues la mayoría activa de los elementos revolucionarios del pueblo de las dos capitales es suficiente para arrastrar las masas, vencer la resistencia del enemigo, destrozarlo, conquistar el poder y mantenerlo. La mayoría en los Soviets de las dos capitales es el FRUTO de la evolución del pueblo A NUESTRO LADO.»

d) En lugar de INTENSIFICAR la lucha contra la socialdemocracia, de desenmascarar el carácter verdaderamente traidor de la socialdemocracia de «izquierda» y de «ultraizquierda» ante las grandes masas obreras, tenemos actitudes de «CONFIANZA» en esas maniobras y una CAPITULACIÓN de hecho frente a la misma socialdemocracia. Según Humbert Droz, el socialfascista ginebrino Nicol es el flanco de la extrema izquierda (sin comillas), que tiene en una serie de cuestiones esenciales internacionales y en primer término, en la cuestión de la lucha contra la guerra imperialista, «OBJETIVOS IDÉNTICOS AL COMUNISMO». Según Humbert Droz, el socialdemócrata ginebrino Nicol, de la «extrema izquierda», «evoluciona hacia el comunismo», y todo su «error» consiste en que él «no desenmascara suficientemente a los líderes derechistas de la socialdemocracia y no expulsa a los burócratas sindicales de los sindicatos reformistas». De ahí, el silencio que se nota en el artículo general sobre la socialdemocracia en la resolución del camarada Humbert Droz sobre la misión histórica de la socialdemocracia de «izquierda» en su calidad de canal para desviar a los obreros de la influencia comunista. De ahí, la posición de capitulación en la táctica del frente único: «BLOQUE» con el socialdemócrata «ultraizquierdista» Nicol, en lugar de INTENSIFICAR LA CAMPAÑA DE DESENMASCARAMIENTO contra el mismo entre los obreros socialdemócratas ginebrinos que tenían confianza en él y con un estado de ánimo revolucionario. De ahí, finalmente, la proposición monstruosa para un comunista, de organizar una fracción comunista DENTRO del partido socialdemócrata ginebrino «ultraizquierdista» de Nicol: el camarada Humbert Droz ha olvidado, por lo visto, las 21 condiciones de la I.C. La diferenciación entre las distintas alas del campo socialfascista, claro está, es imprescindible. Pero esto debe ser una DIFERENCIACIÓN TAN SOLO EN LOS MÉTODOS DE LUCHA Y EN EL DESENMASCARAMIENTO de los diversos grupos socialdemócratas en CONSONANCIA CON LOS MÉTODOS DE SU EMBAUCAMIENTO DE LA CLASE OBRERA.

e) En vez de una decisiva denunciación implacable del renegado [8] derechista Brinholf, que se había apoderado por medio del engaño de la organización del partido de Schffhouse y que practicó durante dos años un trabajo provocador de zapa contra el partido comunista de Suiza, estamos frente a una actitud de «confianza», con respecto a los rumores que lanzaba este agente socialfascista sobre su deseo de reingresar en las filas del Partido Comunista y un planteamiento de la cuestión sobre «las condiciones de su readmisión» ante la I.C. (si podría ser admitido en caso de disolver su organización). Exactamente lo que habían hecho los conciliadores alemanes en 1928-1929 cuando exigían «la concentración de todas las fuerzas comunistas», incluyendo a los renegados Brandler y Talheimer, expulsados del partido.

¡Camarada Humbert Droz, ha olvidado usted las 21 condiciones de la I.C.!

f) En lugar de intensificación del papel DIRIGENTE del Partido Comunista, se hace un planteamiento TRADE-UNIONISTA de la cuestión de las relaciones entre el partido y los sindicatos. De acuerdo con Humbert Droz, la decisión del partido relativa a la táctica de la organización sindical revolucionaría, no puede ser llevada a la práctica, debiendo ser retirada para su «revisión» («hasta si esa decisión es acertada») – aclara para mayor exactitud la resolución del camarada Humbert Droz–, si los comunistas que trabajan en las organizaciones sindicales están contra esa resolución. Aquí estamos en presencia de la negación directa del papel de las fracciones comunistas en las organizaciones de masa sindicales y de otra índole de la clase obrera.

¡Camarada Humbert Droz, ha olvidado usted las 21 condiciones de la Internacional Comunista!

Ahora ya vemos por qué necesitaba el camarada Humbert Droz actuar con afirmaciones calumniosas, según las cuales «durante los últimos años de crisis… los Partidos Comunistas no han dado ningún paso decisivo hacia adelante. AL CONTRARIO…» ¡Lo necesitaba para llamar a un retroceso frente a las dificultades y a una adaptación a la socialdemocracia!

El camarada Humbert Droz ha reconocido, bajo el fuego de la crítica del C.E. de la I.C. su resolución como oportunista. Ese reconocimiento debe confirmarlo con los hechos. Pero esto no nos exime de la obligación de someter dicha resolución a la crítica pública. Pues estamos frente a una nueva PLATAFORMA INTERNACIONAL de los derechistas sometida por el camarada Humbert Droz al XII plénum de C.E. de la I.C. Se trata aquí de la PLATAFORMA INTERNACIONAL que constituye una prolongación directa de la lucha contra la línea general de la Internacional Comunista, que los derechistas y los conciliadores llevaban a cabo en el intervalo entre el segundo y el tercer período, en 1928-1929. Se trata aquí de una nueva plataforma internacional derechista oportunista en los momentos en que se opera un nuevo viraje político en el seno de la vanguardia comunista. La XII sesión plenaria del C.E. de la I.C. tendrá que exhortar en todas las sesiones de la Internacional Comunista a ejercer la más estricta vigilancia en la preparación actual de las masas para decisivos combates revolucionarios y para una lucha [9] despiadada contra el oportunismo derechista resucitado, ese peligro capital, como también contra el sectarismo «izquierdista» que lo nutre, pues ellos conducen a la pasividad, a la renuncia a la lucha revolucionaria, a la capitulación frente a la socialdemocracia.

¡MAS ALTA LA ENSEÑA BOLCHEVIQUE DE LA LUCHA POR LA DICTADURA DEL PROLETARIADO! ¡A INTENSIFICAR EL FUEGO BOLCHEVIQUE SOBRE EL OPORTUNISMO!

 

 

 

 

El Pleno de la preparación de las luchas por el poder,
por la dictadura del proletariado

(Balance del XII Pleno del C.E. de la I.C.)

Las tesis del XII Pleno sobre la situación internacional y las tareas de las secciones de la Internacional Comunista comprueban, que «la acentuación de la crisis general del capitalismo se opera mediante enormes saltos que la conducen a un nuevo grado de acentuación»; que en el desarrollo de esta crisis se está revelando un «cierto cambio»; que «HA LLEGADO EL FIN DE LA RELATIVA ESTABILIZACIÓN DEL CAPITALISMO»; que «aun no hay una situación revolucionaria inmediata en los países capitalistas más importantes y decisivos», pero que «actualmente se realiza precisamente la transición hacia un nuevo ciclo de grandes colisiones entre las clases y entre los Estados, hacia un nuevo ciclo de revoluciones y guerras»{1}.

¿En qué consiste lo nuevo en la situación internacional, en comparación con la situación del XI Pleno, que ha permitido a la I.C. destacar esa tesis, de excepcional importancia y significación, sobre el fin de la estabilización parcial del capitalismo?

Lo nuevo consiste en que «en determinados puntos, excepcionalmente importantes, las fuerzas antagónicas se están desencadenando ya para la colisión».

Lo nuevo consiste en que «se ha producido un enorme desplazamiento en la correlación de las fuerzas entre el mundo socialista y el capitalista». La U.R.S.S. se ha consolidado definitivamente en las posiciones del socialismo, el segundo plan quinquenal traza la definitiva liquidación de las clases. Al mismo tiempo, en el otro polo, la crisis económica ha llegado a tal agudeza que hasta fuera de las filas comunistas las masas comienzan a convencerse de que la dominación del capital monopolista en putrefacción «dificulta extraordinariamente… la liquidación de la crisis económica mediante recursos habituales para el capitalismo del período de libre competencia», y que esas enormes dificultades, en conexión [5] con el crecimiento del ascenso revolucionario «impulsan a la burguesía por el camino de la solución violenta de los antagonismos, tanto dentro del país como en escala internacional».

Lo nuevo consiste en la agudización sin precedentes de los antagonismos entre los rapaces imperialistas, agudización más intensa que en vísperas de 1914. El plan Young ha fracasado; ha comenzado la crisis del sistema de Versalles. El derrotado imperialismo alemán exige la igualdad en los armamentos. Se recrudecen en este terreno los antagonismos entre Alemania y Francia, se agudizan a raíz de esto las contradicciones entre Alemania y Polonia a causa del corredor polaco y Dantzig. La anexión de Manchuria por el Japón, acto que constituye «el principio de una nueva guerra mundial imperialista», ha malogrado el convenio anterior entre Estados Unidos, Japón e Inglaterra sobre el reparto de las zonas de influencia en China; ha fracasado el convenio de Washington; está madurando un conflicto armado entre Estados Unidos y el Japón. Una ola de nacionalismo y chauvinismo ha invadido todo el mundo capitalista. «La nueva guerra imperialista se convierte en un peligro inmediato.»

Lo nuevo consiste en que, a raíz de la anexión de la Manchuria por el Japón en el Extremo Oriente, los preparativos de una intervención contra la U.R.S.S. «han entrado en una nueva fase. Manchuria constituye actualmente el foco de la intervención militar; se ha convertido, por los esfuerzos del imperialismo japonés, con el apoyo de Francia, en una plaza fuerte, para atacar a la U.R.S.S.; sobre ésta se cierne el peligro de una intervención inmediata.

Lo nuevo consiste en que la crisis de la titulada «era de la democracia burguesa» entra en una etapa aguda, como lo testimonia la instauración de «una de las formas de la dictadura fascista» en Alemania.

Lo nuevo consiste en que «la ulterior intensificación de la reacción política y de la fascización del Estado», no sólo no trae consigo la consolidación de la dominación burguesa, sino al contrario, viene acompañada de «una reducción de la base de dicha dominación y la aparición de resquebrajamientos y disgregación». «En los países donde la dictadura fascista fue instaurada antes de la crisis económica mundial, se observan procesos de desmoronamiento del fascismo bajo la acción del creciente ascenso revolucionario de las masas (Polonia, Yugoeslavia, Italia)». Y en los países en que la fascización del Estado se eleva actualmente a un grado más alto, como Alemania, surgen y se intensifican también los rozamientos y conflictos en el campo de la burguesía dominante, tras las bambalinas de la dictadura fascista. El gobierno de Papen-Schleicher representa una forma determinada de la dictadura fascista, cuyo camino fue preparado por la socialdemocracia y por el partido del Centro, y que fue instaurada con el concurso del Reichswehr, los «Cascos de Acero» y los nacionalsocialistas. Es la dictadura fascista de los tiburones del capital financiero, que han entrado en una alianza estrecha con los agrarios y con los generales del Reichswehr. [6] Pero esa alianza estrecha comenzó desde su mismo principio a presentar resquebrajamientos en todas sus costuras. Están en lucha la industria pesada del Rhin-Westphal y el trust químico, relativamente menos afectado por la crisis. Están en lucha esos dos trusts, de una parte, y los agrarios del sur de Alemania, de otra. Esas reyertas internas en el campo burgués han hallado su reflejo en la disolución del Reichstag. Son aún más pronunciados los síntomas de desmoronamiento que se notan ahora en el movimiento de masas de los nacionalsocialistas, por las dos causas siguientes: De una parte, la burguesía no se decide a permitir que Hitler asuma el poder, para no comprometer su reserva, e Hitler, que amenazaba hasta hace poco con una «marcha sobre Berlín» cumple la voluntad de la industria pesada que lo subvenciona y la del gobierno de Papen; por otra parte, en una fracción de los «destacamentos de asalto» fascistas crece el descontento por la política de Hitler, que es la del gran capital; en otra fracción se nota también el descontento por su legalismo, y ambas comienzan a sublevarse contra la dirección hitleriana. En el movimiento fascista, heterogéneo por su composición, forjado como un agudo instrumento para la ofensiva contrarrevolucionaria de la burguesía y que resta como tal hasta hoy, crecen al mismo tiempo elementos de disgregación que debilitan la dictadura burguesa. «El desarrollo ulterior o el desmoronamiento de esa dictadura dependen de la lucha revolucionaria de la clase obrera contra el fascismo en todas sus formas.»

Son también muy sintomáticos para el fin de la relativa estabilización del capitalismo los novísimos procesos que se operan dentro de la socialdemocracia, surgidos en conexión con el debilitamiento de la situación de la aristocracia obrera, de una parte, y el crecimiento del ascenso revolucionario de las masas, por otra. «La influencia de masas de los socialfascistas ha disminuido casi en todos los países, pero precisamente por eso tanto más intensas y múltiples son las maniobras que emplean» (encabezamiento de las huelgas para su decapitación, la proclamación en ciertos casos hasta de huelgas generales demostrativas, lucha ficticia contra el fascismo, por la paz, en defensa de la U.R.S.S., el retiro del partido obrero independiente británico del partido laborista, charlas de la Federación del Sena del Partido Socialista sobre un frente único antimilitarista con la I.C. y la I.S.R., &c., &c.).

A la par de esas maniobras, en las que se ingenian particularmente los socialdemócratas «izquierdistas», toda la socialdemocracia apoya de hecho y encubre ideológicamente la política actual parasitaria y de crisis de la oligarquía financiera, como asimismo sus intensos preparativos para la guerra. La socialdemocracia encubre la política de los subsidios gubernamentales a las empresas capitalistas en quiebra, a expensas de la expoliación de las masas trabajadoras, con el nombre de «capitalismo de Estado», y hasta los ultrarreaccionarios proyectos de trabajos forzados son defendidos por los líderes de la II Internacional, velándose con [7] charlas hueras sobre la instauración del «socialismo» bajo el Estado burgués y por medio de ese Estado. Esa combinación de la política más infame y reaccionaria del socialfascismo con su demagogia «izquierdista» es muy sintomática del fin de la estabilización capitalista.

Pero lo más esencial, lo más capital que caracteriza el fin de la relativa estabilización del capitalismo, y que constituye su causa directa, es el grado de desarrollo y de difusión del ascenso revolucionario de las masas y de aquellas formas que adopta ahora ese ascenso.

Sobre los nuevos rasgos de la situación contemporánea que caracterizan el fin de la estabilización capitalista se ha detenido minuciosamente en su discurso el camarada Manuilsky. Se debe prestar singular atención al carácter del actual ascenso revolucionario.

«En la China tenemos actualmente una situación revolucionaria.» Allí se desenvuelve el movimiento soviético. El heroico Ejército Rojo chino rechazó ya cuatro ataques del Kuomintang y actualmente está rechazando el quinto. Simultáneamente, se produce allí un ascenso de masa de la lucha antiimperialista. «El Japón puede resultar muy en breve en una situación de crisis revolucionaria.» España está en revolución y tenemos allí actualmente un impetuoso ascenso del movimiento de masas con tendencias a evolucionar hacia una insurrección popular armada. Polonia «se acerca directamente a la crisis revolucionaria». Tenemos en este país «una ola de huelgas de masas, numerosas manifestaciones combativas de campesinos y el acrecentamiento de una nueva ola de movimiento nacionalrevolucionario en los confines del país». El camarada Lensky, al caracterizar en su informe la situación de Polonia, dijo:

«Un vasto movimiento huelguístico, en combinación con otras formas agudas, constituye actualmente el eslabón inicial del ascenso revolucionario. Ese eslabón ha dado la posibilidad a nuestro Partido de sacar toda la cadena de los combates de masas… Comienza un nuevo período de huelgas políticas, que se entrelazan con paros económicos. Este es actualmente el rasgo capital del desarrollo del movimiento proletario en Polonia. Es cierto, que ese entrelazamiento es aún débil… Pero la tendencia fundamental que se abre camino pone a la orden del día la cuestión de la huelga revolucionaria de masas como un arma de la hegemonía del proletariado en la lucha de las vastísimas masas trabajadoras.»

Al caracterizar de este modo que Polonia «se acerca directamente a la crisis revolucionaria», el camarada Lensky ha subrayado al mismo tiempo con todo acierto:

«Sin embargo, es incuestionable que el nudo de la revolución proletaria internacional, en crecimiento desigual, lo es Alemania

En Alemania, durante los últimos tiempos, el fascismo crecía con mayor rapidez que el movimiento revolucionario del proletariado. Pero nuestro Partido Comunista alemán ha logrado desenvolver sobre la base de un amplio frente único desde abajo la autodefensa antifascista, en la [8] cual nuestros camaradas han demostrado arrojo y valor, y como resultado, nuestro Partido ha obtenido en las elecciones 5.300.000 votos. El heroísmo de nuestros cuadros comunistas en Alemania se había exteriorizado ya un año antes de esos acontecimientos, en que, a una llamada del Partido, fueron presentadas 18.000 candidaturas rojas para las elecciones a los Comités de fábrica, dentro de un ambiente de terror por parte de los patronos, y de una enorme desocupación. El retraso de nuestro Partido en Alemania consistía, principalmente, en que no había logrado desenvolver un movimiento huelguístico como respuesta a los decretos de emergencia. Esto, simultáneamente a la insuficiente manifestación de iniciativa, fue la causa de que el 20 de julio, durante el golpe fascista producido en Prusia, no haya encontrado eco el acertado llamamiento de nuestro Partido a una huelga general, no obstante hallarse en una situación favorable. Pero nuestro Partido Comunista alemán ha comprendido plenamente esos defectos, y vemos actualmente en Alemania una ola ascendente de huelgas, aunque relativamente pequeñas. El camino de la revolución alemana no es un camino fácil. La lucha allí será desesperada, porque a ambos lados de las barricadas están concentradas grandes fuerzas. Pero el proletariado alemán, bajo la dirección de nuestro Partido, comienza ya a pasar de la defensa a la ofensiva. Por esto allí también nos acercamos precipitadamente a la crisis revolucionaria.

En Checoeslovaquia, se levanta rápidamente la ola del movimiento huelguístico. Tenemos allí la huelga general de los obreros mineros de la Bohemia del norte; se acrece allí el movimiento revolucionario de los obreros y de los campesinos en la Ucrania de los Cárpatos. En Bélgica estalló súbitamente la huelga general de los obreros mineros. En Inglaterra tuvo lugar en otoño de 1931 la huelga de los marinos de la armada, sin precedentes en la historia de Gran Bretaña, conjuntamente con impetuosas manifestaciones de los obreros, y actualmente acaba de estallar el movimiento huelguístico en Lancashire. En Francia habían estallado grandes huelgas en el norte. En Holanda, la huelga de Tuent, &c. Nuestro Partido ha tenido grandes éxitos en Francia, en el dominio de la agitación y propaganda, en la lucha contra las maniobras aéreas militares, en los preparativos del congreso antimilitarista celebrado en Ámsterdam, en la agitación cuando el proceso Gorgulof, &c. Pero nuestro Partido francés lucha aún débilmente por los intereses cotidianos de los obreros, y no ha liquidado definitivamente los hábitos anarcosindicalistas. Y por eso, está aún débil allí el avance del movimiento. «En la India y en los países de América Latina, el desarrollo de la crisis revolucionaria se detiene, en primer término, por la débil organización del proletariado y la poca madurez de los Partidos Comunistas».

La crisis revolucionaria crece en forma desigual, pero tenemos en todas partes el auge del ascenso revolucionario. Pero no se deduce en modo alguno de esa desigualdad del desarrollo revolucionario y del retraso de una serie de países hasta de tanta importancia como Francia, [9] Inglaterra, Estados Unidos, que la revolución debe aguardar a los retrasados, para marchar a compás de estos últimos, como lo creen los oportunistas. El desarrollo desigual es una ley del imperialismo. Pero el camarada Stalin ya dijo hace tiempo lo siguiente, a propósito de esa ley:

«El desarrollo futuro de la revolución mundial se efectuará lo más probable, no por el camino de la maduración simultánea de todos los países imperialistas, sino por el del adelanto de unos países a otros, mediante la ruptura de la cadena imperialista por sus más débiles eslabones.»

Son excepcionalmente típicas para el fin de la estabilización parcial las formas revolucionarias y la tirantez del movimiento huelguístico, que anega actualmente cual una vasta ola a todo el mundo capitalista, y su combinación con las manifestaciones políticas de masas. Las tesis «sobre la situación mundial, &c.», presentan la afirmación sobre la cual deben meditar mucho aquellos «izquierdistas» que encubren actualmente su pasividad oportunista con actitudes desdeñosas respecto a las huelgas que surgen a raíz de reivindicaciones económicas parciales; «en las condiciones del fin de la estabilización capitalista y de la brusca reducción de la base material del reformismo, la lucha por las necesidades elementales de las masas hace posible poner éstas en contacto con las mismas bases de la existencia del capitalismo». De esa tesis se deducen los rasgos del movimiento huelguístico actual que señala la otra resolución del XII Pleno:

«La lucha económica del Proletariado adquiere cada vez más acentuadamente un carácter revolucionario, y, en combinación con diversos elementos y formas de manifestaciones políticas, constituye, en una serie de casos, y también en la etapa presente, y en una aplastante mayoría de los países capitalistas, el eslabón fundamental para conducir a las masas a las grandes batallas revolucionarias venideras.»

El movimiento huelguístico de los obreros, debido a su volumen y a su carácter combativo (colisiones con la policía, la gendarmería y las tropas, produce una potente resonancia en las grandes capas de la población trabajadora, despierta simpatías por el proletariado en lucha, da un impulso para el desencadenamiento del movimiento revolucionario de los campesinos (Polonia) y atrae al campo del proletariado amplias capas de la pequeña burguesía urbana (Polonia, Checoeslovaquia).

En las condiciones del fin de la estabilización capitalista, las pequeñas huelgas económicas se transforman a menudo en paros económicos y políticos de masas. Ya en el X Pleno del C.E. de la I.C. fue planteada la cuestión sobre el paro político de masas. Pero esa consigna ha quedado por mucho tiempo en el aire. Actualmente, ésta puede encarnarse en hechos con mayor facilidad, porque las masas obreras de algunos países ya están preparadas mediante huelgas generales económicas y por una serie de pequeños paros políticos. [10]

Sería completamente erróneo y oportunista considerar el actual crecimiento del ascenso revolucionario solamente como un proceso espontáneo. Precisamente, en el último año es, sobre todo, característico y significativo el rápido crecimiento de la influencia de los Partidos Comunistas. Crece con rapidez el número de éstos, crece asimismo el número de votos que esos partidos obtienen en las elecciones, y, lo que es singularmente importante: ha comenzado a crecer notablemente el papel organizador de los Partidos Comunistas. El número de los afiliados de las secciones de la I.C., sin contar el Partido Comunista de la U.R.S.S., se ha duplicado en un solo año: de 550.000 a 914.000 afiliados. En Alemania, durante tres meses, desde el 24 de abril hasta el 31 de julio, el número de votos obtenidos por el Partido Comunista ha crecido casi en un millón, y en condiciones difíciles y bajo la amenaza de prohibición, ha juntado 5.300.000 votos en las elecciones al Reichstag. En Bulgaria, nuestro Partido ha conquistado ya la mayoría de la clase obrera y considerables capas de los campesinos. En Sofía, obtuvo la relativa mayoría de los votos y la absoluta mayoría de los mandatos. En Grecia, nuestro Partido ha obtenido el triunfo en las elecciones, &c.

Mucho más importante que esto, como ya lo hemos dicho, es el hecho de que algunos de nuestros Partidos hayan intervenido el año último con todo éxito como dirigentes del movimiento de masas en desarrollo. Ya no hablaremos de nuestro Partido Comunista chino. El camarada Van-Min explicó en el Pleno, entre aplausos atronadores, que los progresos y éxitos del Partido Comunista chino se miden no solamente por el crecimiento del número de sus afiliados, sino también por el rápido aumento del número de las divisiones del Ejército Rojo, y por el número de las victorias obtenidas en los campos de batalla. El Ejército Rojo de los Soviets chinos tiene ya actualmente 26 cuerpos; tiene, además, quince divisiones autónomas en guarniciones locales y organizaciones militares de masas, como también un destacamento bien equipado de la G.P.U. Un carácter singular y específico tienen también los éxitos de nuestro pequeño y heroico Partido japonés, el cual, en las condiciones de la guerra del Japón contra China, ha lanzado desde el principio de la guerra consignas derrotistas, encabezando las manifestaciones combativas de los obreros, de los campesinos, de los soldados y de los estudiantes que rompen los marcos del terror militar y policíaco. Esto es algo nuevo e inaudito en la historia de las guerras del imperialismo japonés.

En la mayoría de los países capitalistas, donde no hay aún en los presentes momentos una situación revolucionaria, sino solamente una maduración de las premisas para una crisis revolucionaria, donde existe la guerra, la medida del éxito de los Partidos Comunistas es su dirección de las elecciones de masas en otro orden. Hemos remarcado ya el gran éxito del Partido Comunista alemán en la vasta campaña antifascista organizada por él sobre la base del frente único por abajo; es necesario señalar singularmente la heroica autodefensa de masas en Altona. [11] Pero lo más significativo y prometedor son los ejemplos de los Partidos Comunistas que habían logrado por primera vez, minando la influencia de la socialdemocracia y de los sindicatos reformistas, encabezar y dirigir eficazmente las huelgas de masas, elevándolas a un alto grado. En este sentido el primer puesto corresponde incuestionablemente a nuestro Partido Comunista polaco, el cual, no sólo supo utilizar la situación sumamente favorable, para apoderarse de la dirección de una serie de grandes huelgas iniciadas por él mismo, desencadenadas a causa de consideraciones demagógicas del partido socialfascista polaco (P.S.P.), sino que ha desarrollado también una enorme labor en el campo, donde ahora maduran elementos de revolución agraria. Un gran éxito ha tenido durante el último año también nuestro Partido checoeslovaco, encabezando la huelga general de Brucks. Hasta nuestro pequeño Partido Comunista belga, al tomar una parte activa en la huelga general de los obreros mineros, ha sabido aumentar, durante el breve tiempo de la misma, su influencia a tal punto que casi duplicó el número de sus afiliados, y aumentó en siete veces el tiraje de su diario.

Claro está, que todo eso, si no se cuenta la huelga del Rhur en Alemania y la de los metalúrgicos berlineses en 1930 y 1931, son tan sólo los primeros éxitos, en lo que respecta a la posesión de la dirección del movimiento huelguístico, sobre la base de una hábil aplicación de la táctica del frente único por abajo. Y si estos éxitos se comparan con las posibilidades que existen ahora y con las enormes tareas que se plantean actualmente ante nuestro Partido, sería necesario reconocer que esos éxitos, son insuficientes. Pues no nos hemos puesto aún en ninguna parte a pie firme en las grandes empresas, donde están concentradas las masas decisivas del proletariado industrial, no hemos logrado aún transformar esas empresas en «fortalezas del comunismo». También en los sindicatos reformistas es aún sumamente débil nuestro trabajo. Y no debemos experimentar un vértigo a raíz de nuestros éxitos, tanto más que, en algunos Partidos, como, por ejemplo, el Partido Comunista norteamericano, hasta notamos ahora un cierto movimiento de retroceso. Pero no cabe duda de que también podemos notar un gran avance en este sentido durante el último año. Y negar ese gran avance sería tan oportunista como el descansar sobre los laureles. El camarada Piatnitsky nos ha ilustrado sobre esto con gran elocuencia en el XII Pleno. Hablando sobre la intervención del camarada checoeslovaco, el camarada Piatsnitsky, dijo: «Comparad su discurso en el XI Pleno con el discurso de ahora, del XII Pleno. ¿Tienen acaso punto de comparación? Aquí habla la misma vida.» Y con respecto al discurso del camarada británico, dijo: «En todo caso, antes hablábamos nosotros y él escuchaba (de paso sea dicho, no sólo él), mientras que ahora habla él y nosotros le escuchamos con satisfacción.» [12]

* * *

Todo el cúmulo de las condiciones descritas más arriba, condiciones que se resumen en una sola frase: «fin de la relativa estabilización del capitalismo», ha sido lo que ha movido al XII Pleno del C.E. de la I.C. a plantear «con toda su agudeza la cuestión sobre el cumplimiento de la tarea principal en estos momentos de los Partidos Comunistas: La preparación de la clase obrera y de las masas explotadas en el curso de la lucha económica y política para los venideros combates por el poder, por la dictadura del proletariado». Las tesis del XII Pleno recalcan que esa tarea fundamental –la preparación para los combates por el poder– será realizada precisamente «en el curso de la lucha económica y política». Y esta idea se repite más de una vez en las tesis. En conexión con la tarea de la conquista de la mayoría de la clase obrera, las tesis declaran:

«El eslabón inicial, del que los Partidos Comunistas deben asirse al realizar esa tarea, es la lucha por los intereses cotidianos, económicos y políticos, de las grandes masas contra la creciente miseria, el desamparo, la violencia y el terror… Solamente apoyándose en los intereses cotidianos de las masas, los Partidos Comunistas podrán defender y consolidar las posiciones de la clase obrera, conducirla a formas de lucha cada vez más elevadas y a combates decisivos por la dictadura del proletariado. Contando con las condiciones adecuadas, la preparación y la realización de la huelga política de masas constituye uno de los más importantes eslabones en la lucha revolucionaria del proletariado.»

En conclusión, a raíz de la ofensiva encarnizada de la contrarrevolución y de los preparativos de la intervención, las tesis repiten:

«A este desafío de la burguesía mundial, las secciones de la Internacional Comunista deben contestar con una categórica intensificación en todo lo posible de su trabajo bolchevique: deben acelerar la revolucionarización de las grandes masas, desenvolver y encabezar los combates de clase de los trabajadores sobre la base del frente único por abajo, conduciendo a la clase obrera hacia la huelga política de masas», &c.

¿Es acaso nueva en la I.C. la idea de «luchar por los intereses cotidianos, económicos y políticos, de las grandes masas» y «desenvolver y encabezar los combates de clase de los trabajadores»? No, esta idea no es nueva. Pero lo nuevo es, que el Pleno, al destacar como tarea fundamental del momento actual la preparación del proletariado para los combates decisivos por el poder, ha recalcado, que esa preparación debe ser acelerada en todo lo posible, puesto que los «plazos para la maduración de la crisis revolucionaria son breves». Pero lo nuevo es que el Pleno, en sus resoluciones y en los discursos de toda una serie de delegados de distintos países, subraya insistentemente que en la presente etapa el eslabón fundamental de esa preparación es el desarrollo y la organización de los combates económicos y políticos que se preparan, su elevación a un [13] grado más alto de la huelga política y la subordinación de toda nuestra propaganda y agitación a este fin.

Del mismo principio del tercer período de postguerra, en conexión con el recrudecimiento de los antagonismos interiores y exteriores del capitalismo, la Internacional Comunista había lanzado la consigna de «clase contra clase», conjuntamente con la consigna de «dirección autónoma de las luchas de clase». Sin embargo, el éxito de nuestros Partidos en lo que respecta a la dirección autónoma de los combates de clase, era muy insignificante hace unos años. Es por esto, que en 1930, en el XVI Congreso del Partido Comunista de la U.R.S.S., el informante de la delegación rusa ante el C.E. de la I.C., en su discurso de conclusión planteó en forma aguda y precisa este problema:

«Los hechos demuestran que en una serie de países nuestros Partidos han aprendido bastante bien a organizar las manifestaciones políticas de masa y las demostraciones obreras… Sin embargo, son aún insignificantes los éxitos de nuestros Partidos en lo que atañe a la dirección de los combates de clase, comenzando por las huelgas económicas… Entre tanto, la organización de los combates de clase, bajo la dirección de los Partidos Comunistas, constituye precisamente la tarea esencial del presente período. Si anteriormente, el trabajo de los Partidos Comunistas se reducía con preferencia al trabajo de agitación y propaganda, ahora el centro de gravedad se halla en la organización de las batallas de clases bajo la dirección comunista. Solamente sobre esta base, sobre la base de organización bolchevique de la lucha huelguística y de las otras formas de batalla de clase libradas contra la ofensiva del capital, los Partidos Comunistas pueden y deben conquistar debidamente la autoridad y la confianza de los obreros en la dirección comunista de toda la lucha revolucionaria del proletariado.»

Esto se decía en 1930. Pero aun después de esto, no se notaba gran adelanto. Mucho se ha hablado sobre este asunto, pero muy poco se ha hecho. Y esto lo señalan las tesis del Pleno:

«Es preciso deslindarse resueltamente, de una parte, del “seguidismo” oportunista derechista… De otra parte, del subjetivismo “izquierdista”-oportunista, que tiende a substituir el trabajo necesario y difícil de educación bolchevique y de movilización de las masas, por frases hueras sobre el desarrollo de combates revolucionarios, en vez del desarrollo efectivo de esos combates». &c.

¿Hay acaso motivo para esperar que, después del Pleno, se produzca en las secciones de la Internacional Comunista el necesario viraje decisivo? Sí, tenemos todos los motivos para esperarlo, pues actualmente estamos en presencia de una nueva situación; ha llegado el fin de la parcial estabilización del capitalismo; «los plazos para la maduración de la crisis revolucionaria son breves»; ahora «es preciso, sin perder ni un instante, intensificar y acelerar el trabajo bolchevique de masas para la conquista [14] de la mayoría de la clase obrera». En algunos partidos (por ejemplo, en el polaco y en el checoeslovaco), ya se ha realizado en este sentido un cambio considerable.

Precisamente, porque la situación ha cambiado profundamente durante el año último, y sobre todo porque nuestros Partidos han acumulado, durante el tiempo transcurrido desde el XI Pleno, una rica y abundante experiencia, esas consignas tácticas han hallado una resonancia vivísima en el XII Pleno, concentrando sobre ellas su atención.

Se ha hablado en forma concreta en el Pleno de cómo hay que llevar a las masas obreras de las fábricas a la huelga, de modo que las mismas masas obreras la reconozcan como la única salida, y cómo hay que organizar, bajo la dirección del Partido, un amplio frente único desde abajo, al realizar la huelga. Se ha hablado en el Pleno sobre la manera de combinar los combates económicos y políticos. Ya hoy, las huelgas económicas, llevando por doquiera a colisiones con la policía y la gendarmería, imprimen un impulso hacia la organización de manifestaciones políticas de simpatía o de protesta. Se ha indicado en el Pleno, singularmente respecto a Alemania, donde el movimiento huelguístico estaba retrasado hasta los últimos tiempos con respecto a las manifestaciones políticas, cómo se pueden transformar las manifestaciones políticas en puntos de partida para los movimientos huelguísticos. El camarada Piatnistky, al hablar de la buena ejecución de la campaña de frente único en Alemania en el dominio de la lucha contra el fascismo, ha planteado, entre otras, la siguiente tarea:

«Es menester ampliar y consolidar el frente único de los obreros, el que ha comenzado en las calles en la lucha contra los nacionalsocialistas, mediante su traslado a las fábricas, dentro de los sindicatos reformistas y a las bolsas de trabajo, al medio de los parados.»

Y el camarada Knorin dijo lo siguiente con respecto al problema apuntado:

«Casi la mitad del proletariado industrial de Alemania, y el 50% de la parte revolucionaria de éste, ha sido arrojada a la calle. La calle se ha convertido, lo mismo que las fábricas, en lugar de frente único. Es necesario combinar la lucha en las calles con la lucha en las fábricas. La calle debe ayudar a sublevar las fábricas; las colisiones y las manifestaciones callejeras tienen que ayudar a desenvolver las huelgas, deben combinarse con las huelgas.»

Se ha hablado en el Pleno sobre la manera de elevar los combates parciales económicos y políticos, a un nivel más alto, preparando paros políticos de masas. El cámara Thaelmman ha dicho en su discurso de clausura:

«Debemos pasar de la agitación y propaganda al desencadenamiento efectivo de las acciones y combates de masas. La huelga de masas y el paro general político deben ser considerados en la etapa presente como las armas capitales más importantes de lucha.» [15]

En el Pleno se ha dicho cómo se debe subordinar nuestra agitación y propaganda a la obra de la organización de las manifestaciones de masa y combates de clase. Leemos, entre otras cosas, en la proposición de la delegación francesa, respecto a los métodos de la realización de las decisiones del XII Pleno, lo siguiente:

«En esta situación, el Partido Comunista francés, con el fin de colocarse a la cabeza del movimiento de masas, para dirigirlo y organizarlo, con el objeto de obstaculizar la política de guerra y de intervención armada contra la U.R.S.S. por parte del imperialismo francés, debe concentrar toda su atención sobre el problema de las reivindicaciones parciales, debe formular en cada caso las reivindicaciones mínimas de carácter económico y político de los obreros, campesinos y todos los explotados, para ganar la confianza de las masas, arrastrarlas a la lucha, y elevar progresivamente esos combates parciales (huelgas, manifestaciones de parados, de campesinos, &c.) al nivel de grandes batallas revolucionarias. Esto exige un cambio resuelto en el trabajo de los sindicatos unitarios, en el trabajo de la fracción parlamentaria y de las fracciones municipales, y en el trabajo de las organizaciones de masa que se hallan bajo la influencia del Partido.»

Y más adelante dice:

«L’Humanité y la prensa provincial son hasta ahora principalmente el arma de agitación. Esta prensa, y en primer plano L'Humanité, debe convertirse en organizadora del movimiento de masas.»

Por último, se ha hablado en el Pleno sobre las tareas de organización que surgen de esa orientación táctica.

Esto evidencia con toda claridad, que esa orientación táctica en las condiciones del rápido acrecentamiento del ascenso revolucionario puede y debe hallar su poderoso reflejo en el trabajo de los partidos y de sus éxitos. Nuestros Partidos sufren ahora a causa de la fluctuación y de la debilidad de nuestras células de empresa, sobre todo, en las grandes fábricas. Una de las causas principales de esas debilidades consiste en que las células solamente se reúnen y discuten, y que los obreros, sin sentirse satisfechos de esto, no quieren a causa de esas discusiones ser arrojados a la calle en estos momentos de desocupación más horrorosa. Es indudable, que cuando nuestras células de fábrica reciban una orientación combativa, los obreros comunistas irán a ellas sin temer sacrificios. Nuestros Partidos sufren también a causa de la debilidad del trabajo en los sindicatos reformistas. No cabe duda de que al haber una orientación táctica fundamental hacia la organización de combates de clase, nuestros Partidos se verán obligados a penetrar en forma intensiva en los sindicatos reformistas y en otras organizaciones de masas. La orientación hacia una organización directa de los combates de clase nos facilitará extraordinariamente la lucha contra la socialdemocracia, pues, durante el proceso de esos combates, será más fácil desenmascararla ante las masas, [16] si no se llega a cometer errores derechistas-oportunistas, olvidando que la socialdemocracia es el apoyo social principal de la burguesía o si no se llega a deslizamientos hacia el campo «izquierdista»-oportunista, identificando a los obreros socialdemócratas con sus jefes, identificando a los social-demócratas con los fascistas.

La principal orientación táctica hacia una organización directa de los combates parciales de clase y su elevación a un nivel más alto dentro de las condiciones actuales del ascenso revolucionario es el camino mejor y más breve hacia la realización de nuestras tareas estratégicas: ganarse la mayoría de la clase obrera e incorporar al campo revolucionario a los aliados del proletariado, a las masas trabajadoras y explotadas. Pero, para realizar ese viraje táctico, son necesarias ciertas premisas y antes que nada un contacto hábil con las masas. Sobre estas premisas necesarias han hablado minuciosamente los camaradas Kusinen y Gottwald en sus informes.

Esas premisas están formuladas de la siguiente manera en las tesis del XII Pleno:

«La realización eficaz de esta tarea reclama que cada Partido Comunista establezca, amplíe, consolide y robustezca ligazones permanentes, vivas, con la mayoría de los obreros en todas partes donde haya masas trabajadoras. Para tal objeto, es necesario antes que nada: a) una regulación efectiva y permanente del trabajo bolchevique entre las masas obreras, no comunistas, en las fábricas, dentro de los sindicatos reformistas y de otras tendencias y entre los desocupados; desenmascarar sistemáticamente la traición de los líderes socialdemócratas y reformistas, reconquistar a los obreros caídos bajo la influencia del fascismo; b) defender los intereses cotidianos de los obreros, saber reaccionar a cada ataque del enemigo de clase, lanzando cada vez consignas concretas, susceptibles de movilizar efectivamente las masas para la lucha; ejecución sistemática de la línea del frente único por abajo; regulación de la alianza entre el proletariado y el pequeño campesino; incorporación a la lucha, bajo la dirección del proletariado, de los empleados y las masas explotadas de la pequeña burguesía; c) robustecimiento del mismo Partido comunista sobre la base de la formación de cuadros estrechamente ligados con la masa y que gocen de su confianza.»

Una atención especial ha prestado el Pleno a la táctica del frente único por abajo. De esto han hablado detalladamente los camaradas checoeslovacos y alemanes, sobre la base de la experiencia propia, muy amplia. La cuestión sobre la manera de conseguir la más amplia incorporación de los obreros socialdemócratas y sin partido al frente único de la lucha de clases, evitando errores derechistas-oportunistas e «izquierdistas»-sectarios, sin ocultar la fisonomía de nuestro partido, desenmascarando en el curso de la lucha a los líderes socialdemócratas y elevando la lucha a un nivel más alto, fue ilustrado en forma ampliamente concreta [17] en los debates, siendo luego resumido en los discursos de clausura de los camaradas Gottwald y Thaelmman. Ese balance de la discusión rico por su material concreto, debe convertirse en patrimonio de los elementos activos de nuestros partidos.

Partiendo de la tarea principal del momento actual –preparación de la clase obrera para las luchas decisivas por el poder– fueron planteadas por el Pleno una serie de capitales tareas en lo que atañe a la organización. De esas tareas merecen ser singularmente señaladas una liquidación resuelta del supercentralismo, del mero reparto de órdenes, de la inflación de los aparatos centrales y de la descarnación de los órganos del Partido locales y de base». El sentido del planteo de esta cuestión sobre «supercentralismo» consiste en lo siguiente: con la maduración rápida de la crisis revolucionaria de una parte, y con la intensificación del terror fascista y policíaco y del peligro de la guerra, por otra, la situación puede modificarse rápidamente, de modo, que habrá que adoptar en forma precipitada decisiones de responsabilidad en la periferia, en las distintas localidades. Entre tanto, es muy posible, dentro de esas condiciones, que, no solamente nuestros Partidos se vean aislados de la dirección de la Internacional Comunista, sino que las organizaciones locales podrán ser también aisladas de los centros de los Partidos. En semejantes condiciones; los Partidos podrán funcionar bien, evitando el peligro del retraso; solamente en tal caso las organizaciones del Partido, tanto locales como de base, gozarán del derecho de iniciativa revolucionaria en amplia escala si éstas están provistas suficientemente de cuadros capaces de manifestar dichas iniciativas acertadamente.

Refiriéndose a las tareas de las distintas secciones, el Pleno ha prestado una atención excepcional a dos partidos: el alemán y el francés. Y esto surgía plenamente de la tarea principal del presente período: la preparación del proletariado para los combates venideros por el poder. Nuestro Partido Comunista alemán es el Partido más numeroso, más vigoroso y de mayor influencia de todos los Partidos de los países capitalistas. Alemania puede entrar muy pronto en la era de la crisis revolucionaria, debido a la extraordinaria tensión de sus antagonismos interiores, como también a causa de que Alemania es el eslabón más flojo en la cadena de las potencias imperialistas. Y la revolución en Alemania tendrá una importancia decisiva para la revolución mundial. En lo que respecta al P.C.F., éste ocupa un puesto de excepcional responsabilidad, por cuanto el imperialismo francés es el imperialismo más agresivo en Europa y el principal inspirador y organizador de la intervención contra la U.R.S.S. Precisamente por esto, el Pleno ha prestado una atención preferente y excepcional a la preparación combativa de esos dos Partidos. Precisamente por esto, el camarada Piatnitsky dedicó la parte principal de su discurso a un minucioso análisis del trabajo de esos dos Partidos, abordando, claro está, en formas distintas la característica de sus éxitos, de sus lagunas y de los métodos de liquidación de las mismas. [18] Precisamente por esto, el camarada Lensky se ha detenido también al analizar la situación de Alemania, y el camarada Knorin al analizar el trabajo del Partido Comunista alemán. Precisamente por esto, tanto el camarada Thaelmman, como todos los demás delegados alemanes, han hecho un examen detallado de esa situación. Y también por esto, la delegación francesa ante el Pleno ha elaborado una instrucción detallada sobre la manera de adaptar las decisiones del XII Pleno en Francia.

En el orden del día del Pleno estaba la cuestión sobre la guerra en el Extremo Oriente y sobre las tareas de los comunistas en la lucha contra la guerra imperialista y en la intervención militar. Habiendo trazado en forma concreta las tareas de las distintas secciones, en lo que concierne a esta lucha y a la defensa de la U.R.S.S., el Pleno señaló al mismo tiempo las grandes omisiones de los Partidos en este dominio:

«Reconociendo algunos resultados positivos, en lo que respecta a la movilización de las masas contra la guerra imperialista y contra la intervención, el XII Pleno constata, que los Partidos Comunistas de los países capitalistas no han sabido impedir por medio de concretas acciones revolucionarias el transporte de tropas a China y de material bélico al Japón; que no han sabido conducir tras de sí a las masas obreras de las empresas de carácter bélico. El XII Pleno del C.E. de la I.C. llama la atención especial sobre las debilidades inadmisibles en las ligazones de los Partidos Comunistas con las más importantes empresas de carácter bélico, como también sobre el hecho de que el trabajo de los Partidos Comunistas en el ejército, en la armada y en las formaciones especiales de clase militares de tipo fascista y pogromista se hallaba en un estado de intolerable abandono, que los Partidos y las Juventudes Comunistas en su totalidad no están incorporados a ese trabajo.»

Fue escuchado en el Pleno por último el informe del camarada Manuilsky, en nombre de la delegación rusa, sobre el tema: «La U.R.S.S. y el proletariado mundial.» El mismo camarada Manuilsky ha resumido brevemente el sentido de su informe:

«Sobre el fondo de ese balance (balance de la declinación y reacción capitalista. Red.) aparece con mayor nitidez el balance del desarrollo del país de la dictadura proletaria durante los últimos años, balance que nutre en enorme grado el ascenso revolucionario de la clase obrera… en esto reside el sentido y la importancia del informe sobre el balance del primer plan quinquenal y sobre las perspectivas del segundo quinquenio… La significación de la realización del primer plan quinquenal consiste, camaradas, en que, hemos colocado una potente base material bajo la causa de la revolución proletaria mundial, que el peso específico de los Partidos Comunistas más pequeños crece increíblemente, a consecuencia de esa victoria del proletariado de la U.R.S.S.; que el proletariado de los países capitalistas apoyándose en esta fortaleza, podrá destruir con mayor facilidad [19] a su burguesía, derrocar el capitalismo e instaurar la dictadura proletaria como condición para la conquista del socialismo… Y si el papel del primer plan quinquenal ha sido grande en el viraje de los obreros de los países capitalistas hacia el comunismo, el papel del segundo plan quinquenal debe ser y será decisivo

Describiendo cómo el Partido Comunista de la U.R.S.S. va de triunfo en triunfo, superando incalculables dificultades en su camino, el camarada Manuilsky se ha detenido minuciosamente sobre el papel de su jefe, y dijo entre otras cosas:

«Con el nombre de Stalin está ligada en la consciencia de los trabajadores de nuestro país y del proletariado internacional toda la era de la construcción del socialismo y sus victorias en la U.R.S.S. Sobre la base de la ley de la desigualdad del desarrollo del imperialismo, el camarada Stalin ha elaborado, encarnándola en hechos, la doctrina leninista sobre la construcción del socialismo en un sólo país. En esa orientación stalinista, que vino a ser el patrimonio de toda la Internacional Comunista, se realizaba de hecho y se daba cumplimiento a la tarea capital de la preparación del proletariado internacional a un nuevo turno de revoluciones y de guerras.»

El XII Pleno, al movilizar las secciones de la Internacional Comunista para la preparación de los combates decisivos, ha recordado la necesidad de fortalecer, en las actuales condiciones mucho más que en ningún otro momento, la disciplina férrea, llevando una lucha resuelta contra el oportunismo de derecha y contra la conciliación con él, como el peligro principal, y también contra toda clase de sectarismo «izquierdista». El Pleno ha condenado las tendencias derechistas en algunos partidos, tendencias que han hallado su exteriorización en la plataforma de Humbert Droz. El Pleno ha condenado también las incalculables manifestaciones del sectarismo, de que padece especialmente nuestro Partido americano, y las tendencias anarcosindicalistas dentro del Partido Comunista español. El Pleno ha desenmascarado y estigmatizado las tentativas de unir a todos los añicos de las distintas oposiciones bajo la dirección ideológica sin principios del renegado Trotsky (Polonia).

El camarada Ercoli, que ha clausurado el Pleno de la preparación acelerada para los combates decisivos, ha resumido en una forma concisa y clara toda su labor.

El XII Pleno del C.E. de la I.C. dio una característica clara a la situación internacional actual, apreciándola como el fin de la relativa estabilización del capitalismo, trazando nítidamente las tareas combativas de las secciones de la Internacional Comunista en el presente momento, de extrema responsabilidad. Nuestras secciones deben, «sin perder ni un instante, intensificar y acelerar el trabajo bolchevique de masas por la conquista de la mayoría de la clase obrera, por la elevación de la actividad revolucionaria de la misma», pues, «los plazos para la maduración de la crisis revolucionaria son breves».

——

{1} Todas las palabras entre comillas se citan por nosotros de las Tesis y Resoluciones del XII Pleno del C.E. de la I.C., salvo las que se indican de otras procedencias.

 

 

 

 

 

Las tareas que debe resolver la revolución española

(Hacia el IV Congreso del Partido Comunista Español)

 

1. La situación política general en el país

Los acontecimientos revolucionarios que se han desarrollado recientemente en España, han confirmado plenamente las directivas de la Internacional Comunista, contenidas en la Carta del Bureau occidental del C.E. de la I.C. a todos los miembros del Partido Comunista de España.

«Las perspectivas inmediatas –leemos en esta carta– aportarán no la “paz social”, no un “equilibrio” político estable, sino encarnizadas batallas de clase, nuevas explosiones de tormentas revolucionarias»…

El movimiento revolucionario del proletariado español, después de algunos meses de ritmo de desarrollo relativamente lento, se encuentra otra vez en un momento ascensional.

¿Qué es lo que caracteriza, en realidad, la verdadera situación política de España?

En España asistimos a una constante agravación de las contradicciones y conflictos de clase.

La agravación de la lucha de clases ha hallado su más clara expresión, en una serie de huelgas generales de masas en las ciudades más importantes y en los centros industriales del país (Barcelona, Sevilla, Bilbao, Málaga, Coruña, &c., &c.), en movimientos políticos locales de los obreros agrícolas y campesinos (huelga política de los obreros agrícolas de la provincia de Badajoz, en la que participaron decenas de miles de obreros, toma de la tierra de los latifundistas por los campesinos en La Almarcha, Feria, Zalamea, &c.), en las tentativas espontáneas de los obreros y campesinos de desarmar a la guardia civil y de armarse ellos mismos (desarme de la guardia en Manresa; Coruña, Sagunto, desarme de la guardia civil de Castilblanco por los campesinos, confiscación de municiones en Sallent, asalto del arsenal en Suria, toma de las armas por los mineros de Solsona y Fígols, &c.), en la toma de los establecimientos del Estado y municipales por las masas revolucionarias (Berga, Suria, &c.).

La huelga general de Sevilla, lo mismo que el movimiento huelguístico en Pontevedra, Alicante, Córdoba, todos ellos de carácter combativo, han sido dirigidos enteramente por el Partido Comunista de España. Estos movimientos se han hecho bajo las siguientes consignas: por la satisfacción inmediata de las reivindicaciones de los ferroviarios; por la expulsión inmediata de los grandes terratenientes y la entrega de la [6] tierra, sin ningún trámite ni indemnización, a los campesinos pobres y obreros agrícolas; por la elevación en un 100% de los salarios de los obreros agrícolas; por el 25% de aumento en los salarios de todo el proletariado; por la jornada de siete horas; contra la ley de defensa de la república; contra la prohibición y persecución de que son objeto el Partido Comunista de España, la Federación Anarquista Ibérica y otras organizaciones de obreros y campesinos; por la libertad inmediata de todos los presos políticos de la clase obrera; por la disolución inmediata de la guardia civil; por la disolución y expulsión de las órdenes religiosas; contra el gobierno del hambre, de la miseria y del paro forzoso; por el gobierno revolucionario de los obreros y campesinos –lo que acredita que el P.C. de España aprende rápidamente a enlazar, en la lucha de masas, las reivindicaciones parciales de los obreros con las consignas políticas actuales.

Al mismo tiempo, ya antes del nuevo ascenso del movimiento de masas de fines de enero de 1932, se advertían en el movimiento obrero actos encaminados a crear un frente único revolucionario por abajo, dirigido y organizado por el P.C. de España.

Toda una serie de huelgas (por ejemplo, la oleada huelguística de noviembre en Bilbao, en la que participaron más de 8.000 obreros de tres fábricas que habían sido hasta entonces fortalezas de los sindicatos reformistas) han sido sostenidas con éxito sobre la base de la táctica del frente único hecho por abajo, en la lucha contra los patronos y los jefes de la U.G.T.

En Zaragoza fue impedido un mitin del sindicato ferroviario reformista, porque los auditores no dejaron hablar a uno de los líderes del partido socialista, Trifón Gómez, al que acogieron con gritos de «¡Abajo Prieto!», «¡Viva el frente único!», «¡Viva la huelga!»

El sindicato reformista de impresores ha pedido la disolución de la guardia civil y la abolición de la ley de defensa de la república, aprobada por los ministros socialistas contra los comunistas y los sindicatos revolucionarios.

A la convocatoria lanzada por los sindicatos de San Sebastián, que se encuentran bajo la dirección del P.C. de España, a todos los sindicatos del país para que participen en la conferencia pro-unidad sindical que ha de celebrarse en febrero, han respondido manifestando su conformidad más de 80 organizaciones con 170.000 afiliados, algunos de los cuales pertenecen a la U.G.T. y a la C.N.T.

El Partido Comunista y los sindicatos revolucionarios han dado los primeros pasos hacia la conquista de la mayoría de la clase obrera. La táctica del frente único por abajo para la lucha por las reivindicaciones inmediatas y la unidad sindical, allí donde ha sido aplicada, ha suministrado al partido la posibilidad de extender su influencia, de penetrar entre las masas y de arrastrarlas a la lucha bajo su dirección. La iniciativa de la unidad sindical revolucionaria tomada por el Partido, ha tenido grandes resultados en los sindicatos autónomos y hasta en los afectos a la U.G.T. y la C.N.T., a pesar del franco sabotaje de los jefes, y ha encontrado una entusiasta acogida entre las masas no organizadas.

El Partido y los sindicatos revolucionarios preparan cada vez más [7] activamente las huelgas y estimulan a los obreros al combate (ferroviarios, metalúrgicos, &c.); penetran gradualmente en las empresas y se esfuerzan en arraigarse en fábricas y talleres.

El Partido extiende su organización por las diferentes regiones del país y va adquiriendo una base en escala nacional. El número de sus afiliados aumenta. El diario del Partido, Mundo Obrero, suprimido ya varias veces por las autoridades republicanas, ha pasado a ser un verdadero órgano de las masas obreras y campesinas. La más clara demostración del sostén del periódico comunista por parte de las masas trabajadoras, es la suscripción abierta por Mundo Obrero en diciembre, y en la que se recaudaron en pocos días cerca de 20.000 pesetas. La tirada del diario se eleva a 35.000 ejemplares, superando la tirada del órgano de los socialistas y equiparándose con la del órgano de los anarco-sindicalistas.

Sin embargo, a pesar de los triunfos de la táctica del frente único y del robustecimiento de la influencia del Partido, el movimiento sigue siendo de todos modos en gran parte espontáneo. Las ilusiones y las formas de lucha anarco-sindicalistas están aún muy extendidas entre las masas e impiden todavía en un grado considerable la lucha organizada. El Partido Comunista no dirige suficientemente la consolidación, desde el punto de vista de organización, de los triunfos alcanzados por el proletariado. Es muy característico, y no constituye el único ejemplo, la inactividad de los comités de fabrica elegidos en Sevilla con motivo de una huelga del verano pasado. Y la tarea de organizar al proletariado, de organizar y dirigir la revolución, es la tarea central más importante del momento.

El nivel alcanzado por el movimiento en el país es desigual. Al lado de lugares con un movimiento de vanguardia, donde el Partido Comunista ha alcanzado un influjo decisivo en las masas del proletariado (Sevilla) o donde va camino de ello (Bilbao), y en los cuales la lucha del proletariado se distingue por sus consignas económicas y políticas relativamente claras y da ejemplo de organización y de disciplina (es de señalar, sin entrar en la apreciación de la táctica del Partido en el último movimiento, que la huelga general de Sevilla y otros lugares comenzó el 25 de enero, es decir, el día fijado previamente por el Partido Comunista), hay comarcas de movimiento atrasado (por su nivel de conciencia y organización).

A estas últimas pertenece Cataluña y particularmente el centro proletario más potente, Barcelona, donde los comunistas, a pesar de las condiciones favorables, a pesar de la gran amplitud del movimiento revolucionario espontáneo, no han logrado hasta ahora, a causa de su insuficiente estimación de la significación de la cuestión nacional y de sus errores sectarios en la aplicación del frente único, una influencia directora entre las masas del proletariado y donde, a consecuencia de esto, la dirección del movimiento de masas de la clase obrera es ejercida por la C.N.T. anarco-sindicalista, que se encuentra en estado de disgregación. Sin embargo, la dirección anarco-sindicalista en esta región –decisiva para la suerte del movimiento proletario en España– desorganiza al proletariado, lo aparta tanto de la lucha política contra el gobierno [8] republicano, como de la lucha por sus reivindicaciones económicas parciales, sometiéndole por tanto al influjo de la burguesía, lo extenúa con sus manifestaciones estériles y desorganizadas bajo consignas sin persistencia e imprecisas.

Asimismo, en otro gran centro proletario, Bilbao, donde la influencia del Partido crece, donde en los últimos tiempos el Partido ha sabido dirigir con acierto una serie de huelgas en empresas donde antes eran fuertes los reformistas, el influjo de los socialistas no ha sido aún enteramente eliminado.

Sin embargo, es absolutamente evidente que sin conquistar la mayoría de la clase obrera en las regiones decisivas del país –y a ellas pertenecen indiscutiblemente Barcelona y Bilbao–, es imposible la lucha victoriosa, triunfal por el derrocamiento del régimen burgués-agrario, por el establecimiento de la dictadura democrática del proletariado y los campesinos en forma de Soviets.

El retraso del Partido se manifiesta visiblemente, sobre todo, en que no dirige aún el movimiento huelguístico de masas, que estalla espontáneamente muy a menudo, contra la voluntad de los jefes socialistas y anarco-sindicalistas, en las diversas regiones del país. En realidad ¿quién dirige la ola de huelgas que se extiende casi por toda España? En la mayoría de los casos, no la dirige el Partido, ni nuestras organizaciones sindicales, sino las organizaciones anarco-sindicalistas, que conducen las huelgas a la derrota. Cierto, las huelgas recientes de Sevilla las han dirigido el Partido y nuestros sindicatos. El trabajo del Partido durante la última huelga de Bilbao fue muy serio. El Partido trabaja activamente en la preparación del movimiento huelguista en Madrid. Pero en el resto del país, dirigen las huelgas y las traicionan los jefes de la C.N.T.

Ahora bien, sin dirigir el movimiento y deshacer las maniobras efectuadas por la burguesía y los jefes socialistas y anarco-sindicalistas para romper las huelgas, es imposible dirigir acertadamente la revolución.

Es indudable también que el proletariado español (a causa, en primer término, de la debilidad de su vanguardia política: el Partido Comunista), no ha sabido todavía organizar y llevar a la lucha a los campesinos, cuyo movimiento, aunque se ha intensificado en los últimos meses, permanece aún en la mayoría de las comarcas en un bajo nivel y no abraza sus capas esenciales en las regiones decisivas de España. Las supervivencias socialdemócratas y anarquistas, así como la insuficiente lucha contra los que se inclinan al trotskismo y contra los confusionistas en el propio Partido, explica la escasa actividad del trabajo de este último entre los campesinos. A pesar de que en los últimos tiempos se advierte un viraje en este dominio, incluso los recientes llamamientos del Partido a los campesinos son muy poco concretos y, lo que tiene mayor importancia, no son lo suficientemente aptos para organizar y desarrollar el movimiento agrario revolucionario. Así, por ejemplo, en dichos llamamientos, el Partido no determina su posición frente a las consignas de los campesinos en las regiones donde existe un movimiento de masas, frente a la toma de la tierra de los grandes propietarios, a su reparto, a la toma y reparto de las cosechas de los grandes terratenientes, [9] a la organización de la resistencia contra los latifundistas y la guardia civil, a la defensa armada de las tierras arrebatadas a los grandes propietarios. Y, sin embargo, el eslabón fundamental capaz de fomentar y organizar la revolución agraria, consiste ahora precisamente en esas exigencias de los campesinos y en la tarea de crear comités de campesinos.

La debilidad del trabajo de los comunistas entre los campesinos no podía dejar de reflejarse en el estado del ejército, el cual, a pesar de que el Partido Comunista ha logrado organizar en una serie de ciudades manifestaciones en los cuarteles y de que entre las masas de soldados reina un gran descontento, sigue, en lo esencial, sometido a sus jefes y participa en la lucha de clases al lado de los terratenientes y de la burguesía contra el pueblo. La pasividad del Partido explica en gran parte este retraso del movimiento de soldados con respecto a los acontecimientos revolucionarios. Y, sin embargo, la lucha por el ejército, al lado de la lucha por el armamento de los obreros, es una tarea práctica del momento actual.

El propio Partido dista mucho de haberse transformado en un Partido Comunista bolchevique de masas. Durante mucho tiempo «se hallaba y desgraciadamente se halla aún, presa del sectarismo y de las tradiciones anarquistas» (carta del Bureau occidental del C.E. de la I.C.). Precisamente estas circunstancias internas (así como los errores y tendencias oportunistas de derecha), le impiden su enlace con las masas.

* * *

Todas estas debilidades del movimiento no amenguan en modo alguno, sin embargo, la significación de la lucha creciente del proletariado. Los acontecimientos muestran las gigantescas posibilidades revolucionarias que encierran las masas del heroico proletariado español, muestran qué vigor será capaz de manifestar, bajo la dirección del Partido Comunista, cuando se logre destruir definitivamente su confianza en los jefes anarco-sindicalistas y socialistas, cuando consiga desarraigar de raíz sus ilusiones democráticas y anarco-sindicalistas, aun fuertes, aunque se debiliten cada día más, que corroen su energía e iniciativa, que encarrilan su lucha por una vía falsa que no abre ninguna perspectiva no sólo para el abatimiento revolucionario de la dominación de la burguesía y los terratenientes, sino hasta para la organización de una resistencia con las menores probabilidades de éxito, frente al ataque creciente de la burguesía y los terratenientes contra el nivel de vida del proletariado y las masas trabajadoras, contra sus libertades políticas elementales, contra sus organizaciones revolucionarias (y, en primer lugar, contra el Partido Comunista). Y, sin embargo, este ataque creciente de las clases explotadoras es cada día más enérgico y tenaz.

La constante agravación de la crisis económica y agraria, la baja de la cotización de la peseta, la reducción de la producción industrial, la mengua de la fertilidad de los cultivos agrícolas, la catastrófica disminución de la exportación, todas estas manifestaciones de la crisis económica, van acompañadas de despidos en masa de obreros en las fábricas y explotaciones agrícolas (el número de parados completos en la ciudad [10] y en el campo se aproxima al millón), de un ataque contra los salarios, tanto por una reducción efectiva de los salarios impuesta por los patronos, como por el establecimiento de impuestos sobre los salarios para cubrir los gastos de los seguros sociales (decreto del ministro “obrero” y “socialista” Largo Caballero sobre el seguro de maternidad obligatorio a costa de los obreros), de la destrucción sistemática de los sindicatos revolucionarios por parte de las autoridades republicanas locales, de detenciones en masa de comunistas, en fin, del terror blanco cada día más agudo, ejercido por la guardia civil y los oficiales.

La burguesía española sostiene este ataque utilizando también todo el atraso cultural y de organización del proletariado español, azuzando a sus organizaciones profesionales una contra otra, luchando por todos los procedimientos contra la atracción de las masas obreras hacia la unidad. La burguesía se esfuerza en encender la guerra civil entre los obreros, provocando sistemáticamente colisiones entre sus diversas organizaciones, utilizando el pistolerismo, &c., para impedir el desarrollo de la guerra civil entre el proletariado y la burguesía. Los jefes de los sindicatos reformistas y anarco-sindicalistas intervienen en calidad de vehículos directos de este ataque en el interior de la clase obrera, ora actuando abiertamente como organizadores del esquirolaje y escisionistas del movimiento sindical, ora encubriendo su traición con toda suerte de razonamientos sobre «la imposibilidad de sostener luchas económicas en período de crisis», sobre la «inadmisibilidad de las reivindicaciones excesivas de los obreros que amenazan las conquistas de la revolución», &c., &c.

La burguesía y el gobierno republicano burgués-agrario, no están contentos, sin embargo, con estos servicios de los rompehuelgas y embaucadores socialistas y sindicalistas, y empiezan a emplear cada vez más tenazmente los métodos del ataque franco contra toda suerte de manifestaciones de lucha, entre otras, contra la lucha económica de la clase obrera española. Los meses que han precedido a los últimos acontecimientos testimonian el refuerzo de la reacción política y el robustecimiento simultáneo del revolucionarismo de las masas obreras y campesinas, el comienzo de un ataque feroz de los patronos y del Estado burgués-agrario (con el apoyo del partido socialista y de los líderes anarco-sindicalistas) contra la clase obrera y los campesinos. La ola de fusilamientos en masa de manifestantes pacíficos por la guardia civil, de represiones sangrientas de los campesinos revolucionarios, de asesinatos de obreros revolucionarios desarmados, culpables únicamente de haber tratado de mejorar sus salarios por medio de la huelga, se extiende por todo el país.

Así, a principios de diciembre del año pasado, la guardia civil trató de ahogar en sangre la gran huelga de Gijón (4 obreros muertos y 12 heridos); en Zaragoza, la huelga contra el seguro obligatorio costó un obrero muerto y otro gravemente herido; el 14 de diciembre la guardia civil dispara contra una manifestación pacífica, organizada por los sindicatos de la C.N.T. de Huesca en honor de los héroes locales de la revolución burguesa-democrática, caídos en la lucha contra la monarquía; hiriendo a muchos obreros y matando a uno; el 27 de diciembre, [11] ametrallamiento de una manifestación de obreros agrícolas y campesinos en La Almarcha: 2 muertos y muchos heridos; la misma guardia civil se esfuerza en sofocar por las armas el movimiento de los obreros agrícolas y campesinos de la provincia de Badajoz, en el que participan 80.000 personas; sin embargo, como la guardia civil asesinara a un viejo campesino, las masas revolucionarias respondieron desarmando a la guardia civil. En enero, la represión se intensifica. El 2 es ametrallada por la guardia civil una manifestación pacífica en Zalamea (2 muertos y muchos heridos); en Puertollano, 1; el 3, la guardia civil hace correr un río de sangre en Arnedo, donde ametralla a una manifestación pacífica de huelguistas afiliados a los sindicatos reformistas, 4 mujeres, 1 hombre y 1 niño de tres años muertos; 30 hombres y mujeres heridos, tres de los cuales mueren al día siguiente. El 17 de diciembre se produce en Bilbao una colisión sangrienta entre obreros socialdemócratas y católicos tradicionalistas, provocada por los últimos: 3 obreros y un católico muertos. A raíz de esto se declara en Bilbao la huelga general y se organizan manifestaciones populares de masas.

La burguesía y los terratenientes desencadenan la guerra civil, esforzándose por ahogar en sangre el movimiento revolucionario de los obreros y campesinos, por extenuar al proletariado, por impedir, mediante detenciones en masa, la preparación de sus cuadros directores revolucionarios, en reducir sus organizaciones revolucionarias (y en primer lugar el Partido Comunista) a la ilegalidad.

La lucha revolucionaria creciente del proletariado –huelgas generales en Sevilla, Bilbao, Barcelona y otras localidades– iniciada el 20 de enero de 1932, que acredita la constante agravación de la crisis, obliga a la burguesía y a los terratenientes a movilizar todas sus fuerzas para sofocar en sangre el movimiento revolucionario.

El gobierno burgués-agrario de Azaña-Largo Caballero efectúa detenciones en masa de comunistas (en Barcelona, Sevilla, &c.). Toda la prensa comunista está prohibida. Se envían grandes fuerzas armadas a las regiones donde los combates son más agudos; en Barcelona y Sevilla y las localidades circundantes, el gobierno republicano concentra escuadrones de caballería, baterías de artillería, escuadrillas de aviones, buques de guerra. En Sevilla, la víspera de la huelga general fijada por el Partido Comunista y los sindicatos para el 25, todos los puntos estratégicos de la ciudad estaban ocupados por las tropas; se apostaron ametralladoras en las azoteas; los locales de las organizaciones obreras fueron clausurados. El jefe del gobierno contrarrevolucionario, Azaña, al que las Cortes republicano-socialistas de la burguesía y los terratenientes dieron un voto de confianza y plenos poderes dictatoriales, declara que reprimirá enérgicamente todo alzamiento, el jefe de la expedición punitiva de Barcelona amenaza con castigar brutalmente al pueblo y dice que no tolerará ofensas ni amenazas “no sólo de hecho o de palabra, sino ni con la mirada”. El ejército y la guardia civil toman por asalto las fortificaciones levantadas por el pueblo revolucionario. En Berga, Sallent, Manresa, las colisiones armadas entre los obreros y las tropas gubernamentales duran varios días.

El partido socialista, partido gubernamental, interviene en calidad [12] de fusilero de vanguardia de la contrarrevolución. Dicho partido excita al gobierno, al ejército, a la guardia civil, a que castiguen más brutalmente a los obreros y campesinos, a los comunistas. Su órgano central, El Socialista, considera que el gobierno de verdugos presidido por Azaña, que ametralla a los obreros y campesinos, da pruebas de una «tolerancia que los enemigos de la república toman por impotencia». Toda su agitación va dirigida contra el Partido Comunista, el único partido del proletariado, contra la huelga general política fijada por el Partido Comunista para el 25 de enero y realizada por él en Sevilla.

«Se alzan los elementos rojos más extremos –escribe El Socialista–; estos posesos se aprovechan arteramente de la libertad que no han merecido… Confiamos en que el gobierno republicano cesará en su actitud de tolerancia y en que no permitirá que una provincia tras otra, una ciudad tras otra sean teatro de acontecimientos dolorosos, que amenazan degenerar en guerra civil.»

Los cuadros directivos del anarco-sindicalismo, en medio del desarrollo de la lucha revolucionaria de masas en el país, se han aproximado aún más al partido socialista gubernamental, sosteniéndolo desde fuera, rompiendo las huelgas junto con él e interviniendo junto con el contra la huelga general del 25 de enero.

Así, por ejemplo, los sindicatos anarco-sindicalistas de Asturias, Galicia, Zaragoza, han publicado una declaración pidiendo a los obreros que no participen en la huelga general organizada por el Partido Comunista. Los líderes anarco-sindicalistas han puesto así al descubierto su traición, su papel de auxiliares del gobierno burgués-agrario de Azaña-Caballero, de auxiliares de los verdugos, de la guardia civil republicana, papel que encubren únicamente con frases demagógicas y con su aventurerismo práctico, nocivos para la causa de la clase obrera y beneficiosos para la acción de la burguesía.

* * *

¿A qué obedece este paso franco de las autoridades burguesas-agrarias a la política de aplastamiento y destrucción del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos?

A la creciente polarización de las fuerzas de clase en movimiento, a la creciente revolucionarización de las masas trabajadoras que comienzan a perder sus viejas ilusiones, su confianza en los capitalistas y terratenientes, su fe en los jefes socialistas y anarco-sindicalistas; a la creciente insolencia de la burguesía contrarrevolucionaria y de parte de la pequeña burguesía urbana arrastrada por ella. En esto se diferencia la situación política actual, de la que se formó inmediatamente después de los acontecimientos revolucionarios del 14 de abril de 1931.

«La reagrupación de las clases y los partidos que comenzó cuando las jornadas de abril, ha adquirido ya contornos bien precisos. Nos hallamos en frente de una nueva disposición de las fuerzas de clase y de partidos. El papel dirigente está desempeñado, en el campo de la contrarrevolución, por la gran burguesía republicana apoyada por las fuerzas de la contrarrevolución monárquica –los terratenientes, la iglesia, el cuerpo de oficiales, &c.–, que someten a la pequeña burguesía urbana [13] y sus partidos, los partidos burgueses y pequeño burgueses de los nacionalistas catalanes, &c. El campo de la revolución está constituido por el proletariado y los campesinos» (carta del Bureau Occidental del C.E. de la I.C.).

La burguesía, que ocupa el poder formando un bloque con los agrarios desde la caída de la monarquía, no ha resuelto uno solo de los problemas fundamentales de la revolución burguesa democrática. La república burguesa española, bautizada en la Constitución como “República de trabajadores de todas las clases”, ha conservado en forma casi idéntica las castas y privilegios de clase existentes antes del derrumbamiento de la monarquía.

El problema de las nacionalidades y pueblos oprimidos y colonias no ha sido resuelto. La autonomía cultural otorgada a Cataluña no es otra cosa que una transacción entre el gobierno central imperialista español y la gran burguesía regional, hecha con el fin de reforzar la explotación de las masas trabajadoras de las nacionalidades oprimidas y el aplastamiento del movimiento revolucionario.

La separación de la Iglesia y el Estado, adoptada en principio por las Cortes Constituyentes, no ha sido llevada a la práctica, y la Iglesia conserva casi todos sus privilegios. Sólo en los últimos tiempos, y bajo la presión del movimiento revolucionario, el gobierno español ha engañado hábilmente a las masas, promulgando un decreto sobre la expulsión de los jesuitas y la confiscación de los bienes de la Orden. Conviene, sin embargo, tener en cuenta que todos los capitales jesuitas, ya en tiempos de la monarquía, figuraban en los bancos a nombre de personas no profesas en la orden, con lo cual el reciente decreto gubernamental resulta una farsa destinada a engañar a las masas.

¿En qué estado se encuentra hoy la cuestión agraria en España, el problema central de la revolución burguesa-democrática?

Hay una intensa y constante agudización de todas las contradicciones de clase, sobre la base del mantenimiento de todas las antiguas relaciones sociales en el campo. En el campo perduran vestigios semi-feudales. La Constitución no ha abolido una sola de las cargas feudales. El foro, la rabassa morta, el condominio, &c., siguen existiendo. La reforma agraria del gobierno republicano está encaminada, como comprenden claramente todos los obreros agrícolas y campesinos trabajadores, a conservar el poder y las rentas de los terratenientes y caciques en el campo. Estos últimos, al mismo tiempo, cuentan con el paso del insignificante sector de la burguesía agraria (campesinos ricos) al lado de los partidos contrarrevolucionarios de “orden” burgués.

A través de la envoltura brillante, pero ya ajada, de todas las promesas y votos posibles de los politicastros republicanos de izquierda, socialistas, anarco-sindicalistas, va perfilándose la siguiente tendencia fundamental de todas las reformas burguesas: ayudar al terrateniente español a capitalizar sus rentas, por lo menos de parte de sus posesiones, a expensas de una ulterior explotación de las masas campesinas fundamentales (tal es precisamente el fondo de clase de los proyectos de indemnización por las tierras de los grandes propietarios); crear una pequeña capa de “propietarios acomodados” entre los mismos campesinos, [14] una capa de burguesía campesina directamente interesada en mantener la dominación de la burguesía y en buen acuerdo con los grandes terratenientes. Por tal procedimiento se espera conjurar el desarrollo de la revolución agraria.

Es absolutamente indudable que esta reforma agraria así concebida está condenada a una bancarrota indiscutible. El Parlamento ha rechazado ya como extraordinariamente “radical” el proyecto sobre la expropiación de una parte de los bienes de los grandes propietarios y su reparto, mediante indemnización, entre una capa insignificante de la población campesina. El nuevo proyecto de “reforma” prevé ya sólo la expropiación de una parte de las tierras “incultas” o “en barbecho” de los grandes propietarios, y sólo “tomando en consideración la situación financiera del Estado”. Además, los mismos terratenientes deben establecer el precio y la extensión de las tierras que hayan de serles expropiadas.

El decreto sobre el arrendamiento “colectivo” se propone perpetuar y extender el sistema feudal de la caución solidaria de los campesinos ante los terratenientes, mediante el pago integral y a tiempo del arrendamiento, adaptando únicamente este sistema a las nuevas condiciones del crédito burgués. Los decretos sobre el arbitraje obligatorio en el campo y sobre las comisiones mixtas agrícolas, tienen como fin colocar fuera de la ley la mayoría de las huelgas de obreros agrícolas y someter la solución de los conflictos entre obreros agrícolas y campesinos, por una parte, y terratenientes por otra, a la arbitrariedad de los caciques locales, de la guardia civil, de la policía y de los propios terratenientes. Al mismo tiempo, los proyectos de crédito agrícola tienden a conceder parte de estos créditos a los campesinos ricos del agro español y a sobornar a esta capa explotadora del campo.

Es absolutamente claro que todas estas reformas no sólo no atenúan la crisis agraria, no sólo no resuelven el problema agrario, no sólo no alivian las necesidades y padecimientos inverosímiles de las masas, sino que, por el contrario, ahondan las contradicciones de clase, contribuyen al incremento ulterior de la miseria, de la desesperación, pero también de la lucha revolucionaria en el campo.

Es indiscutible la absoluta ineptitud de los socialistas y anarco-sindicalistas para resolver la cuestión agraria. Los jefes socialistas defienden los decretos del gobierno republicano encaminados al enriquecimiento de los latifundistas y de los campesinos acomodados a expensas de la explotación de las masas campesinas fundamentales. Y precisamente al mismo tiempo que el gobierno republicano, por medio de expediciones punitivas y de la guardia civil, sofoca las explosiones de la cólera popular y defiende con las armas la gran propiedad fundiaria contra la toma inmediata de la tierra por los campesinos mismos, los jefes anarcosindicalistas se pronuncian contra la pequeña propiedad privada de la tierra y su usufructo individual por los campesinos, contra la reivindicación revolucionaria de los campesinos concerniente al reparto de las tierras de los grandes propietarios.

«Todo lo que se ha dicho acerca de posible repartos carece de sentido –dice el anarco-sindicalista Vallina, tranquilizando a los latifundistas–; [15] el obrero andaluz, apolítico y revolucionario, sabe que el reparto es la bancarrota.»

Esta hostilidad a la consigna revolucionaria de los campesinos –expropiación sin indemnización de las grandes propiedades en beneficio de los obreros agrícolas y de los campesinos pobres y medianos– unifica al jefe anarco-sindicalista Pestaña con los republicanos de derecha Alcalá Zamora y Maura, que se han pronunciado también por la forma “colectiva” de posesión y usufructo de la tierra. Los anarco-sindicalistas descifraron esta fórmula de Pestaña y Alcalá Zamora, declarando por boca de Vallina que “los campesinos serán sindicados a la fuerza” y que “al terrateniente se le ofrecerá una indemnización pagada en “valores amortizables”. El gobierno republicano ha aplicado esta fórmula en su decreto sobre los arrendamientos “colectivos”, es decir, en el decreto sobre el mantenimiento de la servidumbre feudal y de la caución solidaria feudal.

¿Qué se desprende de lo más arriba dicho?

Que la revolución agraria, como contenido esencial de la revolución burguesa democrática, es hoy, no menos, sino más actual en España;

que el proletariado tiene plena posibilidad de congregar en torno suyo a todas las capas trabajadoras del campo y, en primer lugar y particularmente, a los campesinos pobres;

que todos los partidos burgueses, incluyendo los socialistas y los jefes anarco-sindicalistas, defienden la forma burguesa-latifundista de explotación de las masas campesinas fundamentales, en beneficio de los terratenientes y de la capa insignificante de campesinos ricos que se aburguesan;

que el único partido en España que puede dirigir victoriosamente la revolución agraria en beneficio de los obreros y campesinos, que puede destruir por completo y consecuentemente todos los vestigios del feudalismo y desembarazar el camino para la lucha inmediata por el socialismo, que puede garantizar la rápida transformación de la revolución burguesa democrática en revolución socialista, es el partido del proletariado, el Partido Comunista.

¿Puede, pues, sorprender que en una situación de agudizamiento de la crisis económica, sobre la base de la agravación constante de todas las contradicciones no resueltas de la revolución burguesa democrática, surja un nuevo movimiento potente del proletariado y los campesinos, azotado por bárbaras represiones y por el terror blanco de la contrarrevolución insolente, pero que amenaza derrumbar los cimientos mismos del régimen burgués-latifundista?

* * *

La situación política está preñada de posibilidades de grandes colisiones de clase en el futuro más inmediato. Las masas revolucionarias ansían el combate, y, por la experiencia de la lucha de clases, se convencen cada vez más de la necesidad de una dirección comunista. Las ilusiones democráticas y las tradiciones anarco-sindicalistas de lucha se debilitan, aunque todavía hoy representen un obstáculo considerable para las acciones revolucionarias triunfales de las masas trabajadoras. [16] La influencia del Partido crece, pero el movimiento espontáneo desborda su capacidad de dirigir las más amplias manifestaciones del pueblo revolucionario. El partido socialista y los líderes anarco-sindicalistas, hacen todo lo posible por romper el impulso del pueblo revolucionario y someter el movimiento al influjo de la burguesía contrarrevolucionaria. Las clases directoras desencadenan la guerra civil, tratando de extenuar a la clase obrera y de reducir a la ilegalidad sus organizaciones revolucionarias.

¿Qué necesitan hacer, en primer término, los comunistas, en tales condiciones para organizar la resistencia victoriosa contra la contrarrevolución insolente, para garantizar el paso organizado del proletariado y de las masas laboriosas dirigidas por él al contraataque victorioso, para que el movimiento deje de tener los rasgos de las explosiones anarco-sindicalistas y conduzca al triunfo decisivo de la revolución burguesa demócrata, al establecimiento de la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos en forma de Soviets?

Para esto es necesario:

En primer lugar, dirigir el movimiento contra la contrarrevolución efectiva, representada por las fuerzas que defienden el parlamento y el gobierno burgués-latifundista de Azaña-Largo Caballero, es decir, contra el bloque burgués-latifundista, y para ello destruir sistemática y perseverantemente las ilusiones democráticas y sindicalistas de las masas proletarias, ilusiones que frenan el movimiento; organizar un amplio movimiento huelguístico-económico y desarrollar la iniciativa revolucionaria de las masas en la lucha contra los órganos del poder burgués-latifundista. (Desarme de la guardia civil, armamento de los obreros, etcétera, etcétera.)

En segundo término, en el desarrollo de la lucha revolucionaria de masas, conquistar la mayoría de la clase obrera sobre la base de la aplicación justa de la táctica del frente único por abajo y de la consolidación, desde el punto de vista de organización, de los éxitos obtenidos (creación de oposiciones sindicales en la U.G.T. y la C.N.T., formación de comités de fábrica y, cuando existan las condiciones necesarias, de Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados, como órganos de movilización de masas para la lucha inmediata por la toma del poder, y para ello destrucción de las tradiciones y métodos anarco-sindicalistas de desorganización del movimiento de la clase obrera).

En tercer lugar, conquistar aliados para el proletariado en la revolución burguesa-democrática –los campesinos y la pequeña burguesía urbana pobre–, y para ello desencadenar la revolución agraria, extender el movimiento de los campesinos dirigido ya ahora, en los distritos de vanguardia, hacia la ocupación y el reparto de las tierras de los grandes propietarios, hacia la confiscación de las existencias de cereales de los terratenientes, y dirigir la lucha de las masas trabajadoras de las nacionalidades, pueblos oprimidos y colonias, contra la burguesía imperialista española y su Estado.

Es indudable que es condición necesaria para la solución de estos grandes problemas políticos la ulterior bolchevización del Partido Comunista, su transformación en un Partido bolchevique de masas, con [17] una vida política activa y organizado sobre la base del centralismo democrático, la liquidación, tanto en la teoría como en la práctica, de las organizaciones del partido, de las desviaciones sectarias, trotskistas, anarco-sindicalistas y oportunistas de derecha.

2. La lucha contra las ilusiones constitucionales-democráticas y anarco-sindicalistas.

La amplia difusión entre las masas de obreros y campesinos españoles de las ilusiones democráticas y anarco-sindicalistas, es el obstáculo principal y más fuerte para el ulterior desenvolvimiento de los combates revolucionarios victoriosos en España.

¿Qué vía prefiere seguir en la actualidad la burguesía para embaucar a la clase obrera?

El método más eficaz de engaño de los obreros por parte de la burguesía –método que emplean, en primer lugar, los socialistas, pero que tampoco desdeñan de utilizar los jefes anarco-sindicalistas– consiste en intimidar a las masas con la perspectiva de la “reacción”, con la perspectiva de la contrarrevolución monárquica, en comparación con la cual el actual gobierno republicano de “izquierda” de Azaña y compañía es presentado no sólo como un “mal menor”, sino punto menos que como la “democracia de trabajadores de todas las clases” más perfecta que exista en el mundo.

El Partido Comunista está obligado a desenmascarar del modo más paciente y perseverante esta gran maniobra política de la burguesía contrarrevolucionaria española, este impúdico engaño, esta intimidación que tiene como único fin someter al proletariado, en las actuales circunstancias de crisis revolucionaria en desarrollo, al gobierno contrarrevolucionario, antipopular y de verdugos de Azaña-Largo Caballero, que dirige activamente la contrarrevolución burguesa-latifundista, que se alía con todas las viejas fuerzas de la contrarrevolución monárquica y desembaraza así el camino para el restablecimiento de la monarquía borbónica.

«El peligro de la contrarrevolución de derecha» – es decir, la restauración de la monarquía– a propósito del cual grita tanto la prensa social-fascista y anarco-sindicalista, lo crea la propia burguesía española que en alianza con los terratenientes ocupa el poder.

Por un motivo análogo, Lenin escribía en 1917, en el intervalo entre la revolución de marzo y la de noviembre:

«Para la burguesía es útil y necesario para perpetuar su dominación, engañar al pueblo, presentando las cosas como si ella representase “la revolución en general” y a la derecha amenazase la contrarrevolución zarista.»

Y más lejos: «los charlatanes agitan e inflan a propósito el espantajo de la revolución burguesa con el fin de asustar al pueblo, con el fin de proporcionar una emoción política a los filisteos, con el fin de apartar la atención del pueblo de la verdadera contrarrevolución seria.» («Los árboles impiden ver el bosque», t. 21, pág. 83-84.)

El Partido Comunista debe, por tal razón, explicar a las masas trabajadoras, [18] denunciando el engaño burgués de los socialistas y la burguesía, que fuera de la lucha revolucionaria abierta contra la “verdadera contrarrevolución seria”, contra el gobierno de Azaña-Largo Caballero, que ha congregado y organizado en torno suyo todas las fuerzas esenciales e influyentes contrarrevolucionarias de España, es imposible toda lucha victoriosa contra la posibilidad de una restauración monárquica creada por la propia burguesía contrarrevolucionaria que ocupa el poder (en alianza con los latifundistas). Hay que abrir el fuego más decisivo contra la especulación de los socialistas sobre el peligro de una reacción de derecha, a la que se opondría el gobierno democrático de Azaña-Largo Caballero. El Partido Comunista debe desenmascarar sistemáticamente la calumnia de los republicanos burgueses, de los socialistas, &c., hasta Maurín, que trata de presentar la lucha consecuente e implacable del Partido Comunista contra la dictadura burguesa-latifundista, personificada por el Parlamento y el gobierno de Azaña-Largo Caballero, como una “acción conjunta de los comunistas y los monárquicos”.

Algunas organizaciones comunistas locales, cediendo a esta presión “democrática”, contrarrevolucionaria en el fondo, incurren en errores, aplicando el frente único por arriba (como en Bilbao, donde fue organizada una manifestación contra los asesinos católicos, en la cual los comunistas iban al lado de los jefes de las organizaciones locales socialistas y anarco-sindicalistas y hasta de las autoridades civiles locales con los gobernadores a la cabeza). Es necesario luchar resueltamente contra tales errores como contra la más peligrosa manifestación del oportunismo de derecha.

Sólo se puede arrancar a las masas de la influencia de los socialistas (que se refuerzan en algunos lugares a expensas de la C.N.T. en descomposición), denunciando implacablemente su engaño democrático, su especulación contrarrevolucionaria sobre el peligro de una contrarrevolución de derecha. Precisamente el gobierno actual de radicales de “izquierda” y socialistas, es el gobierno de la contrarrevolución burguesa, que se oculta, en las circunstancias especiales de la revolución en marcha, bajo la hoja de parra de la “democracia de trabajadores de todas las clases”. El gobierno organiza el asesinato en masa de los obreros y el ametrallamiento de las manifestaciones obreras y campesinas, aplasta las huelgas obreras, promulga decretos declarando las huelgas fuera de la ley si surgen sin que los obreros las anuncien especialmente a los capitalistas y a los órganos del poder con 8 días de anticipación. El gobierno envía destacamentos punitivos al campo, para el aplastamiento de los campesinos que empiezan a adueñarse por sí mismos de las tierras de los grandes propietarios y a incendiar sus casas señoriales. El gobierno ha infestado los centros obreros de guardia civil monárquica y de fuerzas armadas contrarrevolucionarias. El gobierno prosigue la política imperialista de sojuzgamiento y explotación de las masas populares de Marruecos, orientándose en la política internacional hacia el imperialismo francés, digno continuador del zarismo ruso en el puesto de gendarme de Europa. [19]

3. La revolución debe ser organizada

La justeza de la línea política del Partido (en la apreciación del carácter de la revolución, de sus fuerzas motrices, de la naturaleza del poder, &c.), no garantiza por sí sola los éxitos del Partido en el movimiento de masas.

La revolución debe ser organizada por los comunistas.

Las tradiciones anarquistas y sectarias en el seno del Partido, la actitud de desdén y menosprecio con respecto al trabajo de organización política, el temor sectario a las masas, la desconfianza en la energía e iniciativa creadoras de las grandes masas del proletariado, no deben ser toleradas más en el partido. Hay que declarar una guerra implacable al “remolquismo”, a la espontaneidad anárquica.

El P.C., en fin, debe comprender con la situación política, que se ha modificado después del derrocamiento de la monarquía y de la incorporación de masas de millones a la lucha, exige una modificación correspondiente de los métodos y formas de trabajo del Partido de los métodos y formas de movilización y organización de las masas.

¿Qué es lo que ha cambiado?

Millones de personas se incorporan al movimiento. Millones de personas se despiertan a la vida y a la lucha políticas. El Partido debe instruirles para el combate. Hay que organizarlas: en el Partido, en los sindicatos, en las grandes organizaciones simpatizantes del Partido. Esas personas deben ser dirigidas por una organización precisa, flexible, ramificada, capaz de movilizarlas rápidamente. El Partido debe transformarse en un brevísimo período de tiempo en un Partido de masas. Cada empresa debe pasar a ser una fortaleza del Partido. Si en cada empresa influyente no se forma un comité de fábrica, si en los pueblos no se crean comités de lucha elegidos por los mismos campesinos, comités de campesinos, y estos comités no están ligados del modo más estrecho con el Partido Comunista y no se hallan bajo su dirección, el P.C. seguirá siendo un Estado mayor sin fuerzas de base.

Nuevas fuerzas gigantes se lanzan al movimiento.

«En tales momentos sobre todo, aumenta el significado de la organización…» «No hay que retractarse de la tarea de organizar la revolución.» (Lenin)

Pero organizar la revolución significa, en primer término, organizar un partido bolchevique.

La consideración de que no hay gentes para desarrollar un trabajo comunista es un oportunismo podrido, un repugnante sectarismo, un vestigio del espíritu de grupo. Al contrario, precisamente en tiempos de ascensión revolucionaria, el partido revolucionario posee en las masas reservas inagotables de donde sacar nuevas fuerzas.

En España ahora, lo mismo que en Rusia en 1905, hay una «terrible dilatación del movimiento. Hay aflujos desconocidos, aliados innumerables e infinitos, camaradas, amigos y simpatizantes incontables». (Lenin)

Pero «dad una mayor extensión a las empresas más diversas, a los grupos y círculos más diferentes, recordando que la rectitud de su [20] camino, aun aparte de nuestros consejos, está garantizada por las exigencias inexorables del curso mismo de los acontecimientos revolucionarios…» «Es menester reclutar audaz, amplia y rápidamente a los jóvenes combatientes en las filas de todas nuestras organizaciones de toda suerte.» (Lenin)

Es completamente inadmisible, y además perjudicial para la revolución, la pasividad sectaria en lo que concierne al reclutamiento de nuevos miembros para el P.C. Los diez mil miembros del P.C. de España son una gota de agua en el Océano revolucionario. Existen todas las condiciones objetivas para triplicar, para quintuplicar la organización en un brevísimo lapso de tiempo. Falta únicamente audacia y saber reclutar a los mejores proletarios revolucionarios, a los mejores campesinos pobres revolucionarios. En torno de nuestro Partido se han formado ya amplios cuadros de simpatizantes en las ciudades y en el campo. Es menester abrirles de par en par las puertas. Es preciso efectuar el más perseverante y amplio trabajo explicativo contra las tendencias secretas, anarquistas y oportunistas de derecha en el interior del Partido. Al mismo tiempo, hay que tomar medidas de organización contra los sectarios incorregibles, contra los filisteos torpes que se encubren con frases de “izquierda” sobre el Partido, el cual debiera estar según ellos, formado por un puñado de revolucionarios puros absolutamente conscientes, y que temen el acceso de nuevos proletarios revolucionarios al Partido; hay que tomar contra ellos medidas de organización llegando hasta su apartamiento de los órganos del Partido y a su exclusión en caso de que continúen defendiendo tenazmente su postura política, a pesar de las decisiones del Partido. Es necesario no sólo reclutar audazmente obreros, sino también incorporar valientemente a los nuevos miembros a los puestos responsables del trabajo del Partido, instruyéndoles sistemáticamente, comprobando su trabajo, corrigiendo sus errores sobre la marcha.

Y esto hay que hacerlo rápidamente, porque la revolución no espera.

«Los años de crisis revolucionaria han sido años en que se daban todas las condiciones objetivas… para que el P.C. conquistara la influencia decisiva y posiciones de organización inquebrantables, no sólo entre los obreros de las ciudades, sino también entre el proletariado rural y los campesinos. El P.C. no ha conseguido esto.» (Carta del Bureau Occidental del C.E. de la I.C.)

¿Cuál es la causa esencial, radical, de este retraso del Partido? Son las tendencias sectarias, los métodos anarquistas de trabajo, el espíritu de grupo en el trabajo del Partido.

El IV Congreso del Partido debe imponer un viraje en los métodos de trabajo del Partido, desde la célula a los comités regionales y central. Es necesario acabar decididamente con una situación en que las organizaciones no son dirigidas por los órganos del Partido, elegidos y formados sobre la base del centralismo democrático, ni actúan siguiendo los principios del trabajo colectivo, sino que están dirigidas por grupos de amigos que se formaron en los largos años de existencia clandestina del Partido, que están desligados de las masas, que a menudo mandan, [21] pero que no dirigen. Es menester acabar decididamente con una situación en que los órganos del Partido, en vez de seguir una única línea política, flexible y disciplinada, en vez de estar ligados estrechamente con las masas, con las empresas, y de poseer una autoridad dirigente real entre todos los miembros del Partido, representan hasta ahora en una medida considerable un sistema propio de “grupos de propagandistas sectarios”, de “comunistas” “escogidos” (Carta del Bureau Occidental del C.E. de la I.C.).

Es indiscutible que el espíritu de grupo dominante en el Partido sirve de base tanto para el oportunismo de derecha como para el anarquismo, que coinciden en la sumisión a la espontaneidad.

Y al contrario: «ambas tendencias, los oportunistas y los “revolucionarios”, se abstienen ante la pequeña burguesía dominante, no creen en la posibilidad de liberarse de ella, no comprenden nuestra primera y más imperiosa tarea práctica: crear una organización de revolucionarios capaz de garantizar la energía, constancia y aplicación de la lucha política». (Lenin, t. IV, pág. 441.)

¿Qué hace falta ahora, en vísperas y en el curso mismo del trabajo del IV Congreso, para efectuar el viraje en el trabajo del Partido?

Hace falta, en primer lugar que todas las células discutan la carta del Bureau Occidental del C.E de la I.C. a todos los miembros del P.C. de España. Es necesario, desde el punto de vista de esta carta, controlar el trabajo de cada organización sobre la base de una autocrítica valiente, poner al descubierto los errores sectarios, anarquistas, trotskistas y oportunistas de derecha, sosteniendo una lucha constante e implacable contra todas las desviaciones de la línea del Partido y por la ideología bolchevique monolítica del Partido. Es necesario garantizar no sólo durante la campaña que ha de preceder al congreso, sino en todo el período posterior, la discusión sistemática de todos los problemas políticos en todas las células, intentando dar a todos los miembros una clara conciencia de la línea y de las tareas del Partido, tratando al mismo tiempo de aplicar disciplinadamente las decisiones ya adoptadas. Es preciso a la par, analizar y estudiar la experiencia del trabajo del Partido, la experiencia del desarrollo de cada huelga, de cada manifestación, de los métodos de agitación y organización de masas, &c., pues el espíritu de grupo, la rutina, &c., en las organizaciones del Partido obedecen no sólo a la pasividad anarco-sectaria y oportunista, sino muy a menudo también a la ignorancia de los miembros acerca de cómo debe efectuarse el trabajo, a su desconocimiento de la experiencia del trabajo bolchevique y de la organización de masas. Una de las más importantes consignas del Partido debe ser la de aprender a dirigir de un modo bolchevique las huelgas, las manifestaciones, las acciones de los campesinos, etcétera, etcétera, la de aprender a organizar de un modo bolchevique los sindicatos, la oposición sindical, los comités de fábrica, los comités campesinos, &c.

En segundo término, es necesario, durante la campaña que preceda al congreso y después de la terminación de este último, crear sistemática y perseverantemente una dirección del Partido firme y activa, compuesta en su mayoría de proletarios, que trabaje colectivamente y [22] esté estrechamente ligada con las masas; no ligada con las masas “en general”, sino concretamente: con tales grandes empresas determinadas, con los más importantes distritos agrícolas, &c.).

Es menester crear y fortalecer los órganos del Partido en la escala local, de radio y regional.

Debe apartarse sin vacilación de los órganos directores del Partido a los sectarios incorregibles y a los oportunistas que impiden que el Partido efectúe el viraje sobre la base de las directivas de la I.C.

Todo el trabajo de antes y después del Congreso debe ir acompañado del esclarecimiento de las tareas y de la línea fijadas por el congreso ante el problema de la conquista de grandes masas de obreros sin partido y del más audaz reclutamiento de nuevos miembros, así como de la incorporación de estos últimos a los puestos de trabajo responsable.

* * *

Sólo en tales condiciones el P.C. de España obtendrá triunfos decisivos en lo que concierne a la bolchevización de sus filas, a su transformación en un Partido centralizado bolchevique de masas, en la verdadera vanguardia política del proletariado español.

Indudablemente sólo se puede organizar el Partido sosteniendo al mismo tiempo una lucha por la conquista de la mayoría de la clase obrera, por la dirección de su lucha, por la conquista de aliados del proletariado en la revolución. Organizar la revolución quiere decir, en primer término, saber señalar en cada etapa de la lucha las tareas centrales y esenciales, concentrar en ellas la atención principal del Partido y de las masas trabajadoras dirigidas por él; organizar la revolución quiere decir concentrar como es debido todas las fuerzas para resolver los problemas fundamentales en los lugares decisivos.

La conquista por el Partido de la mayoría de la clase obrera exige, en primer lugar, concentrar la atención en el trabajo en Cataluña. El Partido no puede conquistar la mayoría de la clase obrera española, sin conquistar esa región, donde existen las ramas más importantes y más concentradas de la industria.

Sin embargo, la falsa posición del Partido en lo que concierne a la cuestión nacional le impide conquistar la mayoría de la clase obrera en Cataluña, impide el paso de los campesinos al lado del proletariado, impide aislar a los partidos nacionalistas e impide, por consiguiente, encauzar el movimiento revolucionario de las nacionalidades por la senda general de la lucha contra el gobierno burgués-latifundista español.

El Partido subestima indiscutiblemente la importancia del problema nacional para el desarrollo de la revolución burguesa-democrática. Hasta los anarquistas han rectificado su posición. Solidaridad Obrera, por primera vez desde su fundación (antes era adversaria de la independencia de Cataluña y hasta habló de la necesidad de declarar una huelga para impedirla), preconiza la independencia nacional, afirmando que «los más destacados representantes del anarquismo y de la C.N.T. han predicado siempre la plena autonomía». (Solidaridad Obrera, de 19-12-31.)

Nuestro Partido mantiene aún su viejo punto de vista sectario en [23] la cuestión nacional, y, en vez de efectuar un enérgico trabajo entre las masas obreras y campesinas de Cataluña, en vez de defender abnegadamente el derecho de las nacionalidades a disponer de sí mismas hasta la separación del Estado central y la formación de Estados independientes, nuestro Partido opone a la autonomía burguesa la Constitución soviética, declarando que la independencia de Cataluña sólo será posible en un régimen soviético. Adopta en la cuestión nacional la antigua posición sectaria de los “ultra izquierdas”. Pero ¿puede conquistarse el puesto de director en el movimiento revolucionario de Cataluña y demás nacionalidades si se continúa permaneciendo en posiciones antileninistas en la cuestión nacional, contribuyendo así a robustecer la influencia de la burguesía catalana sobre el proletariado y las masas trabajadoras campesinas?

Naturalmente, es imposible. Una línea justa en la cuestión nacional es la condición indispensable para la conquista por el Partido de la mayoría de la clase obrera española y para el paso de los campesinos al lado de ella.

Indudablemente, la palanca esencial para la lucha por la conquista de la mayoría de la clase obrera es la táctica del frente único por abajo contra el capital y contra los jefes de los sindicatos reformistas y anarcosindicalistas, que desempeñan el papel de lacayos de la burguesía en las filas de la clase obrera. Sólo siguiendo este camino el P.C. obtendrá éxitos considerables.

Sin embargo, el Partido desenmascara muy insuficientemente «la táctica nefasta de los anarquistas y anarco-sindicalistas de la C.N.T., su resistencia a la lucha huelguística, sus directivas prohibiendo a los obreros declarar simultáneamente dos huelgas en la misma ciudad, su teoría de la identidad de la huelga general y de la revolución proletaria, sus métodos de sustitución de la lucha organizada de masas por acciones efectuadas por militantes aislados, por una élite, su teoría de la imposibilidad y de la inutilidad en período de crisis económica de la lucha huelguística por las reivindicaciones parciales, su despreocupación con respecto a los parados». (Carta del Bureau Occidental del C.E. de la I.C.)

Sin embargo, la aplicación justa de la táctica del frente único por abajo supone, como condición indispensable, el desenmascaramiento y la lucha más enérgica contra los cuadros dirigentes traidores de la U.G.T. y la C.N.T., la más rápida liberación del proletariado del influjo de los socialistas y de los líderes anarco-sindicalistas. Al mismo tiempo, el Partido debe desarrollar una lucha consecuente contra las tentativas de escindir la C.N.T., por la unificación inflexible de los obreros en una única organización sindical, y para ello debe tratar de organizar un frente único de combate con los obreros socialistas y anarco-sindicalistas y también con aquellos anarquistas destacados que luchan realmente contra el régimen contrarrevolucionario burgués-latifundista de los republicanos, socialistas y anarquistas, aunque sin hacerles ninguna concesión de principio y criticando sus errores.

Nuestro Partido dista mucho de haberse asimilado esta táctica y a menudo manifiesta una pasividad inadmisible en su trabajo en los [24] sindicatos reformistas y anarco-sindicalistas. En la conferencia de Lérida, donde los jefes de la C.N.T. hicieron el balance de su trabajo durante los últimos meses, se puso de manifiesto que la C.N.T. se encontraba en Cataluña en un estado de plena descomposición. En dos o tres meses había perdido casi el 50% de sus miembros (120.000); el Sindicato Metalúrgico de Barcelona, dirigido por los anarquistas, había visto disminuir sus efectivos de 20.000 afiliados a 8.000. En dicha conferencia se puso de relieve la indigencia política de los jefes anarquistas y anarco-sindicalistas y su ineptitud para fijar fines concretos a los combates obreros de masas. Todo esto debería haber sido puesto al desnudo ante las masas; a la táctica criminal de los jefes anarquistas y anarco-sindicalistas hubiera debido oponerse nuestra táctica revolucionaria de la unidad de combate. Y, sin embargo, los comunistas estuvieron ausentes de esta conferencia, desdeñando por consiguiente la importantísima tarea de organizar la oposición sindical contra los jefes anarco-sindicalistas sobre la base de la unidad de clase.

* * *

El partido no podrá forjar la unidad proletaria ni conquistar la mayoría de la clase obrera, más que en las luchas revolucionarias… Las masas, en período de crisis revolucionaria, aprenden en el combate. Debe el partido y los sindicatos dirigidos por él defender también las reivindicaciones parciales, desarrollar la lucha económica por las necesidades cotidianas de los obreros y colocar estas reivindicaciones en la base del frente único. No sólo deben, sino que sin ello es imposible elevar la vida política de las capas atrasadas de trabajadores. Pero sería el más claro oportunismo limitar el movimiento, en las actuales circunstancias de crisis revolucionaria, únicamente a la lucha por las reivindicaciones parciales. Toda huelga, incluso económica, debe ser considerada en los momentos revolucionarios como una preparación para la lucha por el poder. No en menor medida es necesario ahora un audaz impulso revolucionario que hermane la lucha por las necesidades económicas de los obreros (contra el ataque a los salarios por parte de los patronos, por el seguro de paro a costa del Estado y los patronos, &c.), con reivindicaciones políticas tales que lleven al proletariado en la lucha inmediata contra el gobierno burgués-latifundista a conquistar la hegemonía en la revolución, que lo eleven al papel de organizador y guía de la lucha de los campesinos, de las masas trabajadoras contra el régimen burgués-latifundista. Hay que extirpar resueltamente de la práctica de las organizaciones revolucionarias el pistolerismo anarquista, así como todo aventurerismo y terrorismo pequeño-burgués, al mismo tiempo que se fomenta enérgicamente la lucha de masas del proletariado por la calle, por la organización de manifestaciones revolucionarias por encima de todo, por la formación de comités de fábrica, contra los asesinatos y el terror blanco de la guardia civil, contra las persecuciones y detenciones de huelguistas y de militantes revolucionarios y sindicales, por su inmediata liberación, por el desarme de la guardia civil (en caso de una lucha de masas y de un amplio movimiento), por la formación de piquetes de huelga combativos para luchar contra los esquiroles y la policía, por la preparación disciplinada de la lucha por el poder. [25]

Sin descuidar el apoyo y la extensión de la lucha de los campesinos contra las diferentes cargas feudales (rabassa morta, &c.) e impuestos, antes al contrario, extendiendo y ahondando esta lucha, el P.C. debe al mismo tiempo tomar en consideración la experiencia del movimiento de las regiones avanzadas y excitar a los campesinos y obreros agrícolas, allí donde madure un amplio movimiento de masas, a la toma inmediata de las tierras de los grandes propietarios, de los conventos y del Estado, a la cesión gratuita de la tierra a los obreros agrícolas y campesinos pobres por medio de los comités de campesinos, a la organización de una resistencia armada contra las tentativas de los terratenientes y de la guardia civil de rescatar la tierra repartida y de aplastar con expediciones punitivas el movimiento campesino creciente.

El Partido debe al mismo tiempo tener en cuenta los errores cometidos por él en los meses pasados, cuando estaba muy lejos de utilizar las posibilidades revolucionarias existentes para intentar seriamente, allí donde las circunstancias estaban suficientemente maduras (como acaeció, por ejemplo, durante la huelga de Sevilla del verano de 1931), pasar a la aplicación práctica de la consigna relativa a la creación de los Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados, en tanto que órganos de movilización y organización de las masas para la lucha por el poder. También es necesario explicar claramente que la red de comités de fábrica y comités revolucionarios de obreros agrícolas y campesinos, que realizan prácticamente el frente único de lucha del proletariado urbano con los campesinos, pueden transformarse gradualmente, si el Partido sigue una política justa en circunstancias favorables de desarrollo del movimiento revolucionario, en los Soviets que han de formarse en el curso ulterior de la lucha revolucionaria. Esto no excluye la posibilidad o la imposibilidad del paso a la creación inmediata de Soviets de diputados obreros, campesinos y soldados en caso de que existan las premisas necesarias para ello. Por lo demás, es indudable que el Partido debe contar (dada la desigualdad del desenvolvimiento del movimiento revolucionario) con la posibilidad de organizar Soviets en una perspectiva inmediata, e incluso con la posibilidad de organizar las fuerzas armadas de la revolución, al principio, en una parte del país, lo que exige sin embargo al mismo tiempo una tensión de todas las fuerzas para el desarrollo y la dirección del movimiento de masas de todo el país y la concentración de fuerzas en los centros esenciales, decisivos, o sea, la conquista de la mayoría del proletariado por el Partido.

Para hermanar las consignas parciales del movimiento con las fundamentales, el partido debe sostener una lucha en dos frentes:

«Los economistas y terroristas se inclinan ante los diversos polos de la corriente espontánea: los economistas, ante la espontaneidad del “movimiento puramente obrero”; los terroristas ante la espontaneidad de la más ardiente rebelión de los intelectuales que tienen o no la posibilidad de ligar el trabajo revolucionario con el movimiento obrero.»

El partido debe sostener esta lucha recordando que:

«Tanto los terroristas como los economistas, menosprecian la actividad revolucionaria de las masas.» (Lenin, t. IV. ¿Qué hacer?, páginas 419-422.)

 

 

 

 

 

 

El P. C. de España en la revolución española

 

(Discurso del delegado español en el XII Pleno de la I. C.)

CAMARADAS: en los momentos del XI Plenum, el P.C. de E. contaba apenas de 1.200 a 1.400 afiliados. En tales condiciones el P.C. no tenía una ligazón con las grandes masas. En los momentos del XII Plenum, se puede asegurar que nuestro Partido tiene hoy de 15 a 16.000 miembros. En el transcurso de este año y medio el Partido ha dirigido grandes movimientos de masas, llevando a cabo la campaña de Unidad Sindical, que ha abarcado casi a 300.000 obreros y campesinos.

Esto quiere decir que nuestro Partido se va transformando en un verdadero Partido de masas y en un significativo factor político en la lucha de clases que se desarrolla en España.

Cada revolución significa un viraje brusco en la vida de las grandes masas del pueblo. Tal viraje brusco se ha realizado en España; ha tenido lugar el despertar político de millones de proletarios y campesinos; ha empezado un proceso de cambio en las relaciones de fuerza de las clases.

La revolución española de 1931, empieza en el momento de la agudización de las contradicciones entre el sistema capitalista y el país del socialismo.

El año de 1931 es el año de la agudización de la crisis del capitalismo, de la crisis industrial y de la crisis agraria, es el año del aumento de las premisas de la crisis revolucionaria en muchos países y, por otro lado, del desarrollo rápido de la economía socialista en la U.R.S.S. Como dicen las tesis presentadas al Congreso, estamos en vísperas de un nuevo ciclo de guerras y revoluciones. La revolución española es un acontecimiento político extremadamente característico para este período.

La revolución española está íntimamente ligada con la revolución mundial, pues el capitalismo español, como capitalismo imperialista, está ligado con todo el sistema imperialista y comparte su destino. El proletariado español está ligado con el proletariado internacional. De este modo, la revolución española es una parte integral de la revolución proletaria mundial, pero naturalmente, es una parte que tiene sus particularidades propias y su propio carácter de clase.

España es un país económica y políticamente atrasado. La producción agrícola predomina sobre la producción industrial, y en la economía agrícola hasta el último tiempo dominaban todavía los latifundios y otros diferentes restos de explotación feudal de los campesinos. Basta indicar, por ejemplo, que en las tierras catastradas, 7,9 millones de fincas de menos de una hectárea, concentran en su poder 2,9 millones de hectáreas, mientras que 27.000 fincas concentran en su poder (teniendo más de 100 hectáreas cada una), 9,7 millones de hectáreas. Algunos propietarios concentran en sus manos de 5.000 a 25.000 hectáreas, y hay municipios rurales que casi totalmente pertenecen a [99] uno o dos grandes señores. En la región de Galicia se ha conservado el sistema feudal de «foros», o sea los pagos señoriales de los campesinos a los señores. En Cataluña se ha conservado la dependencia del campesino en forma de «rabassa morta», donde el campesino tiene que entregar al señor la mitad y aun más de su cosecha.

Al lado de este problema agrario existe el problema nacional y colonial. Sin hablar de Marruecos y otras colonias de España, se puede indicar que en la península, más del 30% de la población pertenece a las nacionalidades oprimidas, como los catalanes, gallegos y vascos.

La monarquía española, que se ha conservado hasta el año 1931, apoyaba y defendía todo lo opresor, todo lo atrasado en la vida del país, es decir, que era una monarquía semiabsolutista o semifeudal, que ya se aliaba con la burguesía, o ya la admitía parcialmente en el poder; pero siempre conservando la preponderancia de los latifundistas, de la aristocracia, de los militares y del alto clero, de la iglesia, que ocupaba, sobre todo, una situación privilegiada.

De esta manera se pone de manifiesto el rasgo fundamental de la revolución española, la no terminación de la revolución democrático-burguesa, sobre todo de la revolución agraria. Esto significa que en España, en 1931, estaba en sazón la revolución democrático-burguesa, eminentemente agraria. Pero es absolutamente claro que esta revolución se desarrollaba en tales condiciones nacionales e internacionales, que definían el papel preponderante del proletariado en esta revolución, que tenía que llevarla a cabo, no sólo contra los latifundistas, sino también contra la burguesía contrarrevolucionaria, es decir, que la revolución democrático-burguesa tenía que ser realizada bajo la hegemonía del proletariado, con la perspectiva de su transformación rápida en revolución socialista.

Vino el 14 de abril, que trajo la caída de la monarquía y la instauración de una República burguesa, en cuyo gobierno, los puestos de Presidente y ministro de Gobernación, pertenecían a dos viejos monárquicos: Alcalá Zamora y Miguel Maura, los cuales, de completo acuerdo con el resto del Gobierno, incluso los socialistas, se plantearon como tarea principal la salvación del aparato del Estado y de la base social de la monarquía y la salvación de los latifundistas en general.

La burguesía ha creado una leyenda alrededor del 14 de abril, intentando presentarlo como un idilio de armonía de clases y de un cambio de régimen sin efusión de sangre y sin luchas, con un completo acuerdo de todos.

El Partido y los hechos desenmascaran esta leyenda burguesa. La caída de la monarquía del 14 de abril fue preparada por el empuje revolucionario de los obreros, de los campesinos y de una capa de la pequeña burguesía de la ciudad.

El rey se vio obligado a abandonar el país para evitar males mayores. Bajo la presión de las masas, las clases dominantes realizaron una maniobra para aplazar la revolución. El bloque latifundista burguésmonárquico se transformó en bloque burgués-latifundista republicano. El sentido y fin de esta maniobra consistía en engañar a las masas revolucionarias con el nombre de la República, con ilusiones democráticas, con promesas demagógicas, y evitar de este modo el desenlace de la revolución.

Pero la realidad ha demostrado muy pronto toda la justeza de la teoría marxista-leninista de la lucha de clases. La revolución empezó y no termino con el 14 de abril. El Gobierno republicano ha demostrado su carácter contrarrevolucionario desde sus primeros días. El mismo 14 y 15 de abril ametralló en Sevilla y otros lugares a obreros revolucionarios.

El Gobierno se opuso directamente al desarrollo de la revolución agraria, [100] a la liberación nacional, a la disolución de las órdenes religiosas, a la destrucción del aparato del Estado monárquico, a la disolución de la guardia civil, &c., &c. Las masas revolucionarias por su parte, a pesar de sus ilusiones democráticas, han demostrado un deseo sincero e insistente de luchar por la realización de las tareas fundamentales de la revolución.

Los acontecimientos del 10 de mayo de 1931, quemas de conventos, etcétera, son un momento político importantísimo, son un momento de viraje que ha demostrado la imposibilidad de evitar la revolución, que era el fin principal de la maniobra del 14 de abril. En Madrid los monárquicos provocaron a la clase obrera, atreviéndose a salir a la calle con su bandera y sus consignas. Siendo la reacción de la masa obrera rápida y unánime, la manifestación fue rápidamente disuelta y el empuje revolucionario fue desarrollándose, los obreros asaltaron la casa del periódico «ABC», periódico monárquico-clerical, pasando a quemar el convento de los odiados jesuitas y demás instituciones religiosas. Este hecho acontecido en Madrid tuvo un gran reflejo en todas las provincias de España; los conventos e iglesias ardieron en todas partes. De hecho este movimiento era, no sólo dirigido contra la iglesia, el monárquico y viejo régimen, en general, sino también contra la República burguesa, contra Alcalá Zamora, que se puso a la defensa de la iglesia y dirigió contra las masas revolucionarias las fuerzas del ejército y la policía.

Otro momento político importantísimo de desencadenamiento de la revolución, es la «semana sangrienta» de julio de 1931 en Sevilla; aquel movimiento surgió sobre la base de los conflictos económicos. El Gobierno, defendiendo la propiedad capitalista, se puso en contra de la ola de huelgas económicas que empezó a desarrollarse; la policía disparaba contra cualquier intento de manifestación o agrupación de obreros. El asesinato de un obrero, muy conocido entre las masas, produjo una gran indignación; y en estas condiciones nuestro Partido tomó la iniciativa, guiando el frente único de todos los obreros y declaró una huelga general de 48 horas que fue realizada de forma absoluta. Las autoridades aumentaron la represión, a la cual los obreros contestaron con una resistencia armada, surgiendo de este modo una serie de luchas armadas que duraron una semana, del 20 al 25 de julio. Para sofocar este movimiento el Gobierno movilizó grandes fuerzas de aviación, y la artillería, destruyendo a cañonazos la casa donde se reunían los comunistas.

El reflejo de los acontecimientos de Sevilla fue enorme en todo el país, la simpatía de los obreros era claramente para sus compañeros de clase y la posición contrarrevolucionaria del Gobierno ayudó a muchos millares de obreros a libertarse de sus ilusiones democráticas. Después de los acontecimientos de Sevilla se puede afirmar en cierto modo que España entró en plena lucha revolucionaria. La ola de huelgas económicas y políticas se desarrolló con una fuerza hasta entonces no conocida. La huelga general de septiembre en Barcelona marchó a la par con los acontecimientos de Sevilla. Al mismo tiempo se desarrolló el movimiento revolucionario en el campo; se produjeron huelgas de obreros agrícolas; se realizaron asaltos a las tierras de los latifundistas, efectuándose el reparto de las cosechas, máquinas, &c.

Se manifiesta también el movimiento nacional sobre todo en Cataluña. Se elaboran proyectos de estatutos regionales y se desarrolla el movimiento en favor de ellos.

La crisis económica a la par que la política contrarrevolucionaria del Gobierno, intensifican el movimiento revolucionario. El balance pasivo del comercio exterior, en los 11 meses del año 1931, era 204.890.000. El curso de la peseta bajó de 9 pesetas, valor del dólar, hasta 13. Bajó considerablemente, sobre todo, la producción de la industria pesada. Millares de obreros eran [101] despedidos de las empresas de Vizcaya, como altos hornos Walco & Wilcox. La cantidad de parados al fin del año 1931 alcanza la cifra de un millón, sin incluir a los ocupados parcialmente y a la desocupación encubierta en el campo.

En enero y febrero del año 1932 el movimiento revolucionario se eleva a un grado superior y mayor que anteriormente. En la aldea de Castilblanco, los campesinos, indignados por la represión, matan a 4 guardias civiles; 5 días después en Arnedo los guardias civiles disparan sobre una manifestación pacífica matando a 10 manifestantes e hiriendo a muchos, entre los que se encontraban mujeres y niños. La indignación por el crimen cometido en Arnedo era unánime en todo el país. El Partido desarrolló una fuerte campaña contra la guardia civil y el gobierno, declarando una huelga general de protesta para los días 25 y 26 de enero. En ésta atmósfera política tan densa el día 19 de enero empieza la huelga en la cuenca minera del Llobregat, huelga que se transforma rápidamente en una insurrección. Los obreros de Manresa, Fígols y otros pueblos ocuparon los ayuntamientos y desarmaron la guardia civil, declarándose en abierta rebeldía. El Gobierno se hallaba muy alarmado y concentró grandes fuerzas del ejército que cercaron el radio sublevado, obligando a los obreros a rendirse. El 23 de enero se declara la huelga general en Barcelona, el 25 empieza la huelga general proclamada en todo el país, llevada a cabo con gran éxito sobre todo en Sevilla y otras ciudades del Sur de España. La cantidad de huelguistas en este mes de enero alcanzo la cifra de un millón. El Gobierno desencadenó una fuerte represión. Se aplicó rigurosamente la ley de «Defensa de la República», adoptada en el mes de octubre y que permite a las autoridades gubernativas hacer lo que quieren. La prensa del Partido fue suprimida, los sindicatos revolucionarios clausurados, los obreros son deportados en masa a África, pero el movimiento no decae pese a todas éstas medidas. El movimiento de febrero, en protesta contra todas estas deportaciones, tiene un alcance aún mayor que en la huelga de enero; la cantidad de huelguistas, en éste, asciende a un millón 300 mil. Y si el Gobierno, al fin y al cabo, ha logrado sofocar este movimiento, el empuje revolucionario en su totalidad no ha terminado. Las huelgas de Toledo, Galicia, Antequera, los días 1 y 29 de mayo, la insurrección campesina de Villa de don Fadrique, las luchas de los obreros contra el golpe de Estado de Sanjurjo nos marcan las etapas de su empuje revolucionario continuado.

El resultado indudable del desarrollo de la revolución obtenido hasta la fecha, es la extrema agudización de las contradicciones de clase, es el debilitamiento considerable de las ilusiones democráticas, el desengaño de las masas de la república burguesa; para ellas se hace cada vez más claro el carácter contrarrevolucionario del gobierno. El Partido Comunista toma y plantea como punto principal de su propaganda y agitación el desenmascaramiento del gobierno de Azaña-Caballero. El Partido combate cualquier matiz de concesión a éste gobierno, cualquier intento de estimarlo como gobierno revolucionario o semirrevolucionario, pequeñoburgués e kerenkista; oponiendo a estas estimaciones oportunistas su estimación clara, que caracteriza al gobierno como contrarrevolucionario burgués latifundista.

El rasgo característico de la dictadura contrarrevolucionaria burguesa-latifundista que reina en España es que ella intenta ocultar su carácter contrarrevolucionario adaptando una máscara democrática. Continuando la maniobra empezada el 14 de abril, es decir, el intento de paralizar la revolución con gestos demagógicos, el gobierno altera su política de represiones brutales y de terror con la política de reformas pseudodemocráticas, que tienen por objeto fomentar las ilusiones republicanas que ya empiezan a desvanecerse. En estos momentos, en el parlamento está a punto de aprobarse la reforma [102] agraria y el Estatuto de Cataluña; lo que está ligado con los dos problemas más agudos de la revolución española; la cuestión agraria y la cuestión nacional. Ni que decir tiene que las reformas adoptadas no resuelven estos problemas en un sentido favorable para las masas oprimidas. La reforma agraria promete realizar dentro de algunos años una colonización para algunos millares de familias campesinas. La promesa, bastante vaga, que deja sin contestar la cuestión de cómo podrán realizar esta colonización los campesinos pobres privados de los capitales necesarios, demuestra su carácter contrarrevolucionario, sobre todo por el hecho de dejar en realidad intactos los grandes latifundios y los derechos feudales. De tal modo el fin de la reforma es defender la propiedad de los latifundistas, intentando calmar al campesinado rebelde con promesas falsas. Lo mismo ocurre con el Estatuto de Cataluña. La autonomía que este estatuto concede a Cataluña es una autonomía nominal, ficticia. Todo el poder real queda en las manos de Madrid y la redención nacional continúa planteándose como problema agudísimo de la revolución. Otras regiones no tienen siquiera una autonomía nominal. Ni que decir tiene que Marruecos y otras colonias continúan en el mismo estado de esclavitud que antes. Lo mismo ocurre también con todas las medidas adoptadas por el Gobierno en todas las actividades de la vida política, Iglesia, aparato del Estado, Ejército, legislación social, &c., &c. Se publican leyes que no satisfacen las demandas de las masas revolucionarias y conceden algo, muy poco (sólo para maniobrar mejor), para evitar la explosión de la revolución.

Para la situación actual de España, es característico también otro momento: que las «reformas» del Gobierno, que no satisfacen a las masas revolucionarias por su carácter moderado no satisfacen tampoco a una parte considerable de las clases dominantes.

La burguesía que ha pasado al lado de la República el 14 de abril, queriendo con esta maniobra detener el curso de la revolución, viendo ahora el fracaso de sus deseos, viendo el desarrollo rápido del empuje revolucionario de las masas, se asusta cada vez más de los gestos demagógicos de su gobierno y evoluciona a la derecha con la esperanza de utilizar el desengaño de las masas en la República burguesa para volver a una dictadura abierta e incluso a una dictadura monárquica. Después de la maniobra burguesa de izquierda se manifiesta en los momentos actuales una maniobra burguesa de derecha. La forma contrarrevolucionaria encarnada en el gobierno Azaña-Caballero no satisface completamente a toda la burguesía. Esta teme el fracaso de esta arma y por eso crea otros destacamentos y reservas de la contrarrevolución. En octubre de 1931 abandonaron el Gobierno Alcalá Zamora y Maura, descontentos por la necesidad de adoptar bajo la presión de las masas algunas medidas contra los privilegios de la iglesia. En diciembre de 1931 abandonó el Gobierno Lerroux; el jefe del mayor partido burgués, el partido radical, descontento del papel preponderante de los socialfascistas en el gobierno, de los intentos de legislación social. Maniobrando prudentemente Lerroux empezó a desarrollar una campaña contra el Gobierno, exigiendo sobre todo la salida de los socialfascistas de él, porque, ante todo la burguesía quiere conservar a los socialfascistas como su reserva fuera del gobierno para que estos no se desacrediten demasiado. Al mismo tiempo se han animado diferentes grupos monárquico-clericales y fascistas.

El reciente golpe de Sanjurjo el 10 de agosto último es una de las manifestaciones más importantes de la tendencia burguesa a la agudización extrema de la contrarrevolución. Hay algo sintomático en el hecho de que este Sanjurjo, el antiguo jefe de la guardia civil monárquica, haya entregado el 14 de abril su espada al gobierno republicano y ahora la retire. El movimiento de Sanjurjo tiene sus particularidades propias. Su base fundamental la constituyen [103] los elementos monárquicos y clericales, en primer término militares, que demuestran una impaciencia contrarrevolucionaria por sus propios intereses de grupos, por la pérdida de su situación particularmente privilegiada dentro de las clases dominantes.

Pero este movimiento de Sanjurjo constituye al mismo tiempo una parte del movimiento más amplio y más general de la burguesía y de los latifundistas españoles hacia la acentuación de la contrarrevolución. La ligazón política entre Sanjurjo y Lerroux es evidente. Lerroux mismo ha reconocido que Sanjurjo le propuso entrar en su gobierno. Claro está que si Lerroux se negó a aceptar esta proposición, no fue por falta de simpatía, sino por falta de seguridad en el triunfo del movimiento. De esta manera se ven los lazos estrechos que los iniciadores de un movimiento eminentemente monárquico con los republicanos de derecha, es decir, que se desenmascara más y más cuál es el republicanismo burgués. Y la importancia de ese desenmascaramiento es todavía mayor si tomamos en cuenta que con este frente Lerroux-Sanjurjo está ligado en fin de cuentas el propio gobierno Azaña-Caballero. Este gobierno dejó intacta la base económica, política y militar de la restauración de la monarquía, y de la dictadura abiertamente contrarrevolucionaria, en general. Con su benevolencia hacia los elementos reaccionarios y la represión contra los elementos revolucionarios, el gobierno Azaña-Caballero se ha mostrado como un cómplice y ayudante de la intentona de Sanjurjo. Y si Sanjurjo no triunfó, si huyó cobardemente de Sevilla, el mérito pertenece en primer término a los obreros revolucionarios de Sevilla, que declararon la huelga general y se lanzaron a la calle.

El fracaso del golpe de Estado de Sanjurjo tiene una importancia enorme, porque revela dos hechos fundamentales: 1) La acentuación de la contrarrevolución burguesa latifundista. La fuerza principal de esta contrarrevolución es el gobierno Azaña-Caballero. Pero a parte de él y a su lado se organizan otras fuerzas de la contrarrevolución menos inclinadas a los gestos demagógicos, más importantes, más impacientes en lo que se refiere a la represión brutal del movimiento revolucionario. Esto significa que el proletariado tiene que estar preparado para combatir la contrarrevolución burguesa latifundista en todas sus formas, empleando todas las armas de lucha. 2) El ambiente revolucionario de las masas obreras y campesinas es tan grande, es tan unánime, que se puede dominar sólo por medio de engaños. Donde un enemigo de clase pone su cara al descubierto o bien utiliza un disfraz muy visible (como ha hecho Sanjurjo en Sevilla) allí recibe un golpe terrible.

Los últimos acontecimientos demuestran que la energía revolucionaria del proletariado español está alerta y que nos encontramos en vísperas de nuevos combates de clases de mayor envergadura y agudeza que hasta ahora.

EL EMPUJE REVOLUCIONARIO DE LAS MASAS

Desde la celebración del XI Plenum las luchas obreras en España se han caracterizado, entre otras características esenciales, por el desarrollo de un heroísmo formidable, puesto a prueba en cada combate, participando de dicho heroísmo los campesinos trabajadores también. Las condiciones de vida de los obreros por la enorme crisis económica que se agudizó en el país, que tuvo como consecuencia la derrocación de la monarquía borbónica y la implantación de la República del 14 de abril, hizo que las masas entraran en lucha y que pronto, en un plano nacional, tuvieran lugar combates de masas de verdadera envergadura. Si comprobamos que en un principio la proclamación de la República logró frenar algo el desarrollo de las luchas a causa de la existencia [104] de bastantes ilusiones democráticas entre los obreros y campesinos trabajadores, no podemos olvidar que este respiro fue muy corto, porque nuevamente se reproducen las luchas con toda su intensidad en la ciudad y en el campo, y una ola general de movimientos obreros invade a España. No así con la misma intensidad en el campo, porque los trabajadores campesinos, profundamente ilusionados, esperan de las Constituyentes el tan prometido reparto de la tierra. Aun sin tener cifras exactas podemos señalar como el movimiento huelguístico era intensísimo cuando en Sevilla, en junio de 1931, había 37,55% de obreros en lucha (las premisas de la jornada formidable de julio), en Barcelona se lanzan a la lucha los obreros metalúrgicos en número de 38.000; en Córdoba, cerca de 5.000; en Málaga, hubo una huelga general en la que participaron más de 30.000; en Asturias, los mineros van a la lucha en número de 8.500; en Zaragoza, también los obreros metalúrgicos van a la huelga en número de 4.000, y otras muchas en el campo, especialmente por la solución del paro. Caso de Ecija, &c., y ya no hay región, capital o población alguna de España donde las masas obreras y campesinas no se encuentren en lucha constantemente para conseguir mejores condiciones de vida y contra el empleo de medidas terroristas por el gobierno contra la clase obrera y los campesinos.

Con la huelga de Sevilla en julio, se inicia en toda España una serie de huelgas generales formidables, en Málaga, Córdoba, Granada, Zaragoza, Barcelona, Cádiz, Valencia, &c., acompañadas de constantes luchas por reivindicaciones inmediatas y diarias. Esta característica es la respuesta más contundente que puede esgrimirse contra la posición de los oportunistas sobre su afirmación de que en períodos de crisis no puede haber huelgas.

España entera es un hervidero de luchas y aunque carecemos de estadísticas necesarias para mejor demostración de ésta caracterización, tomando argumentos escogidos de la prensa burguesa, podemos señalar haberse desarrollado más de 3.543 huelgas, entresacando de ellas 30, que han sido generales, de carácter político, llegando a la lucha armada y a la insurrección con la toma del poder en algunas localidades, aunque por corto tiempo. Podemos señalar que solamente en la provincia de Sevilla, desde el mes de septiembre de 1931 hasta junio de 1932 se han desarrollado más de 1.700 huelgas casi todas con éxito para los obreros de la ciudad y del campo.

La mayoría de las huelgas son marcadamente ofensivas, desarrolladas por las masas, ya que la burguesía y el gobierno aun utilizan procedimientos terroristas para combatir las huelgas y movimientos de masas, y no se encuentra con una base que le permita hacer frente a la ofensiva de las mismas con posibilidades de triunfar. Y esto hace que desde abril hasta octubre, el proletariado se mantenga en toda España a la ofensiva, y es en esta época cuando el gobierno se apunta los primeros éxitos contra las masas, a partir de la huelga general de Barcelona, por la traición descarada de los jefes anarcoreformistas que le permite iniciar el tanteo de su ofensiva con la promulgación de la ley de «Defensa de la República» y la ley de «seguros de maternidad» del ministro socialista Caballero, por el que se impone a las obreras el pago de una parte del seguro deduciéndolo de su salario.

En Sevilla también se inicia por el Gobierno la ofensiva contra los sindicatos rojos, empezando por el del transporte, al que le intentan arrebatar las principales conquistas que tiene.

Esta ofensiva del gobierno en Sevilla, se lleva en alianza con los grandes navieros, algunos de ellos magnates de la banca española, pero no puede tener efecto porque el empujé vigoroso del valiente proletariado revolucionario de Sevilla dirigido por nuestro Partido hace retroceder la ofensiva gubernamental burguesa y por lo tanto Sevilla mantiene en lo alto la ofensiva de los obreros [105] que continúan su ruta con el movimiento de los panaderos, que constituyen uno de los triunfos más formidables para el Partido, ya que su organización logró romper la coalición de fuerzas que había contra este movimiento, que se sabía estaba organizado y dirigido por nuestro Partido. Pero por una parte, si Sevilla mantiene su carácter ofensivo en las luchas de los obreros, tenemos que señalar también cómo el gobierno logró quebrantar la lucha de los parados con la disolución del sindicato que había constituido. Este error de organización hizo que los obreros parados tomaran como forma de organización la del sindicato y que dejaran de ir a los Comités cuando éstos se constituyeron después de la clausura. Es decir se creó entre los parados toda una mentalidad legalista, consecuencia del sindicato y con ello surgió una paralización considerable en su aspecto combativo por la conquista de sus diarias reivindicaciones. Esto determinó que el Ayuntamiento se aprovechara de esta situación para cerrar la bolsa de trabajo en la que diariamente ocupaba 550 obreros. Ahora el movimiento de parados, no solamente se deja abandonado en Sevilla, y a merced de la ofensiva del gobierno, sino que también este case se repite en Málaga, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza, &c., donde no solamente se cometen errores en el sentido de organización, sino, que como lo ocurrido en Bilbao, se llegó a plantear por nuestro Partido que los parados rechazaran los bonos de comida, por no estar ésta en buenas condiciones, en lugar de plantear la lucha porque fuera mejorada en calidad y en cantidad. En este aspecto de la lucha nuestro Partido no ha realizado una política de organización acertada, si bien últimamente, en algunos lugares ya se inició el llevar a efecto la realización del viraje para la constitución de los Comités de Parados. Con nuestros errores se contribuyó a que la política desastrosa de los socialfascistas y anarcosindicalistas surtiera efecto entre los parados, ayudando con ello a la burguesía.

Muchas de las huelgas de carácter económico desarrolladas en nuestro país han pasado a un plano superior de lucha, se han convertido en huelgas políticas. Se puede observar cómo de una lucha parcial se pasa inmediatamente a una lucha de carácter general. Tenemos un ejemplo en la huelga de los obreros panaderos de Sevilla en cuyo curso a las reivindicaciones económicas se le fueron agregadas reivindicaciones de carácter político.

Esta huelga se inició por la petición de aumento de salarios y mejoras en las condiciones de trabajo, y fue dirigida por el Partido. Los patronos se negaron rotundamente a dar aumento alguno y a hacer concesiones de ninguna especie. Organizaron el suministro a las tahonas por medio de soldados del cuerpo de Intendencia, y, ayudados por los familiares de los patronos pretendieron hacer que los obreros después de muchos días de huelga se rindieran. Los obreros desde el primer día, con sus piquetes de huelga formados, se lanzaron a impedir a todo trance que por las calles de la capital se repartiera pan, llegando a la lucha para arrebatárselo a los repartidores de los patronos, que así contribuían directamente a perjudicar los intereses de los huelguistas. El gobernador no solamente se conformó con ayudar a los patronos movilizando soldados de intendencia, sino que también puso al servicio de cada repartidor de los patronos una pareja de la guardia civil, para impedir que los huelguistas asaltaran los carros. Esta actitud descarada del gobierno hace que los obreros en la lucha no sólo plantearan la lucha contra los patronos, por sus reivindicaciones, sino que inmediatamente plantearan en un mitin que celebraron el pedir la destitución del gobernador, la libertad de los obreros que habían sido detenidos por asaltos a las tahonas y contra la minoría socialista del Ayuntamiento que proporcionaba a los patronos obreros traídos de otras localidades distantes de Sevilla. Después de 19 días de huelga, los obreros consiguieron un triunfo formidable, alcanzando mejores condiciones de [106] trabajo y un aumento de un 19% sobre los salarios en general, desde los aprendices hasta los maestros y consiguiendo que todos los presos fuesen puestos en libertad y haciendo retroceder al gobernador y a la minoría socialista del Ayuntamiento que pretendían dar la batalla al movimiento por encontrarse éste dirigido por el Partido Comunista.

En el campo, la lucha adquiere grandes proporciones y desde octubre hasta febrero se desarrollan grandes luchas en todos los campos de Andalucía y Castilla principalmente, porque los obreros no se avienen a transigir con los salarios de hambre que siempre han venido percibiendo. En la recolección de las aceitunas, una de las cosechas principales de la agricultura del país, los obreros plantean percibir alza de salarios y no conformarse con las bases, que los socialistas, de acuerdo con los terratenientes en los jurados mixtos agrícolas, tratan de imponerles. Con esto se llevan grandes luchas en Ecija, Osuna, Antequera, Aguilar de la Frontera, Morón de la Frontera, en la provincia de Toledo, &c. Los obreros no solamente llevaron la lucha en el terreno del alza de salarios, sino que incluso en algunas partes (Villafranca de Córdoba, Espejo, Villanueva de Córdoba) los que quedaban sin trabajo, formaban grupos y marchaban al campo a trabajar presentándose por la noche a cobrar. En otras ocasiones se llevaban parte de las cosechas a sus lugares. Durante los meses de marzo y abril, los obreros agrícolas han asaltado cotos de caza y ganado para comer (caso de Úbeda, Castilblanco, de los Arroyos, etcétera), y últimamente se han desarrollado grandes luchas en todas las zonas de importancia de la agricultura. En la provincia de Sevilla, aunque nuestro Partido, retrasado por los efectos de la formidable represión que sobre él había descargado el gobierno, no pudo organizar la lucha de los obreros, y a pesar de estar el campo completamente tomado por las fuerzas represivas del gobierno (guardia civil, asalto, &c.), los obreros han estado en lucha contra las bases que les pretendieron imponer durante 15 días en los pueblos de Carmona, Dos Hermanas, Brenes, Villa Manrique, Morón de la Frontera, Cazalla, Lora del Río, el Coronil, Constantina, &c., habiéndose movilizado más de 25.000 obreros y habiendo logrado nuestro Partido triunfar solamente en los dos lugares donde logró apoderarse de la dirección del movimiento (Santiponce y Gelves). En Córdoba, donde fueron a la huelga unos 6.000 que fueron traicionados por los dirigentes anarcosindicalistas, sin que el Partido, que tiene bajo su influencia la parte del proletariado agrícola que más combatividad ha demostrado en todas las luchas que se han desarrollado en la provincia, no hiciera nada por recoger a los obreros que se encontraban en lucha, abandonados por los anarcosindicalistas. En la provincia de Cádiz también se desarrolló una lucha en la que intervinieron más de 22.000 obreros, que se lanzaron a ella por encima de todas las trabas que los jefes anarcosindicalistas les ponían y, no obstante haberse llevado 8 días en huelga, nuestro Partido hizo por aproximarse a los huelguistas, pero no logró ligarse a ellos y éstos volvieron al trabajo con las bases que impuso la comisión nombrada por el gobierno.

También en Toledo hubo una huelga general donde solamente nuestro Partido conquistó mejores bases que las presentadas por la comisión del gobierno en Villa de don Fadrique, en Villa de Almoradiel y Villacañas, ya que el ministro de Agricultura, el radical socialista Domingo, logro intervenir en la huelga acompañado de los socialistas y hacer que los obreros volvieran al trabajo con las bases que habían elaborado en el Gobierno Civil de Toledo.

Pero nuestro Partido ha hecho algo en lo que se refiere a su dirección de las luchas de los obreros agrícolas, si realmente ha estado ligado a los obreros del campo. Podemos decir que es en cambio casi nulo el trabajo realizado entre los campesinos trabajadores. Esta fuerza revolucionaria actualmente se encuentra en gran parte dirigida por elementos reaccionarios (Galicia), [107] o elementos liberales pequeñoburgueses (Cataluña y Córdoba), en otras partes completamente abandonados (Extremadura).

Aunque, ya en este aspecto, se tiende a mejorar con la realización de un trabajo sistemático, nuestro Partido no ha hecho nada «acerca de ellos ni por dirigir sus luchas». En Cataluña, en la comarca del Panadés, se lanzaron a la lucha, por encima de todas las amenazas de la guardia civil y los de asalto, y lograron paralizar todo el comercio de la comarca, negándose a satisfacer las exigencias de los terratenientes y forzando al gobierno a tener que adoptar resoluciones sobre su situación para impedir que la lucha se extendiera. En Badajoz son los terratenientes quienes, apoyados por la guardia civil, van por las tierras amenazando a los campesinos a que paguen las rentas desde los años de la monarquía borbónica. Los campesinos de la provincia de Badajoz también se niegan a pagar la renta, llegando incluso a desoír todas las resoluciones de los jefes socialistas. Indudablemente que los campesinos trabajadores tienen aún esperanzas en la Reforma agraria y esperan que de esta salga la solución a sus problemas; esta esperanza es innegable que subsiste, porque nuestro Partido ha hecho poco trabajo para hacer comprender a los campesinos el significado de la lucha del Decreto Ley y organizarlos contra los terratenientes. Es por lo que todavía los campesinos no se han lanzado abiertamente a la lucha contra los terratenientes y los impuestos del gobierno.

Existen organizaciones de campesinos bastante importantes en Galicia, Vasconia, Cataluña y Andalucía. En Galicia existe la Federación Católica Agraria, con 50.000 afiliados. También existe la Unión de Solidaridad que agrupa a 3.000; la otra organización de campesinos que existe, y en la cual nuestro Partido conquista posiciones, es la Unión Campesina, que agrupa a 15.000 afiliados. También en Cataluña existen diversas organizaciones para la compra de instrumentos agrícolas, abonos, &c., que tiene 5.422 afiliados; una caja de Socorros Mutuos que tiene 3.500. Existiendo también pequeñas organizaciones en muchas poblaciones y que alcanzan el número de 400. En Córdoba existe también una organización de campesinos que agrupa en su seno a más de 22.000 trabajadores campesinos, y que está dirigida por los jefes radicales del partido de Lerroux. También en Vasconia existen organizaciones de campesinos que se encuentran dirigidas por elementos reaccionarios.

En las luchas del campo, también los campesinos han cumplido un papel revolucionario porque han luchado al lado de los obreros agrícolas, como lo demuestran los casos de Villanueva de Córdoba, Antequera y Villa de don Fadrique. Los campesinos han luchado incluso con las armas en todos estos sitios al lado de los obreros agrícolas y contra la guardia civil, demostrando con ello sus ansias de lucha, frente a la situación irritante de miseria en que se encuentran.

Actualmente los campesinos se encuentran abocados a grandes luchas, especialmente en Extremadura y Cataluña. Nuestro Partido se ha trazado una serie de medidas con el fin de evitar que nuevamente se produzcan luchas al margen de su dirección. Esperamos que nuestro Partido, en las luchas que han de surgir en el campo, sepa conquistarse la confianza de los campesinos trabajadores y haga ver a éstos que únicamente guiados por el Partido Comunista lograrán librarse de todas las cargas y miserias que les hace la vida insoportable. Al mismo tiempo, nuestro Partido impulsará con estas acciones la revolución agraria hacia sus finales consecuencias. [108]

EL PAPEL DE LOS AGENTES DE LA BURGUESÍA EN LAS LUCHAS DE LA CLASE OBRERA

Es natural que después de esta revista de grandes luchas económicas y políticas, transformadas muchas de ellas en luchas armadas, os preguntéis: ¿por qué un derroche tal de energía revolucionaría no ha dado por resultado la toma del poder? Esto se explica porque la burguesía española, como la de todos los países, cuenta en las filas de la clase obrera con poderosos auxiliares que de distintas formas hacen su política contrarrevolucionaria y sirven perfectamente a sus fines.

Comenzaré por señalar algunas de ellas, destacando en primer lugar a los socialfascistas. El partido socialista tiene en el Parlamento 112 diputados, y 3 de sus exponentes más autorizados están en el gobierno Azaña y constituyen el nervio dirigente. Desde el gobierno y desde el Parlamento son los campeones decididos de la contrarrevolución.

La participación de los socialfascistas en el campo de las actividades contrarrevolucionarias ocupa un primer plano que es necesario explicar.

Los socialistas, los jefes de la U.G.T. han preparado y han hecho votar la ley fascista de «Defensa de la República», destinada exclusivamente a destruir las organizaciones revolucionarias. En virtud de esta ley, y con el asentimiento unánime de la fracción socialista en el Parlamento, han sido deportados a las regiones del desierto africano cientos de obreros revolucionarios anarquistas y comunistas. La política represiva del gobierno contra las organizaciones revolucionarias es dirigida especialmente desde el ministerio del Trabajo, representado por el socialfascista Largo Caballero, Secretario General de la U.G.T. Son ellos los más fieles mantenedores del aparato represivo de la monarquía. Pero aun han hecho más: no sólo ha sido reforzada la guardia civil con modernos medios técnicos de represión, sino que han armado un nuevo cuerpo llamado «guardias de asalto», dedicado exclusivamente a ahogar en sangre las huelgas y manifestaciones obreras. Estos últimos días el número de guardias ha sido aumentado de 2.500 a 24.000. Pero los socialfascistas en el poder no sólo trabajan en el campo de represión sangrienta, sino que conjugan esta política con la política de las leyes sociales. Y así vemos como los viejos comités paritarios de la dictadura Primo-Anido creados con la colaboración de los socialfascistas, renacen con los nombres de jurados mixtos con el fin exclusivamente de combatir las huelgas y el movimiento revolucionario, tratando de esta forma de imponer los métodos fascistas de colaboración de clases.

Ha sido dictada una ley que impone a la organización obrera la obligación de aceptar los arbitrajes de los jurados mixtos siendo disuelta y puesta fuera de la ley en caso contrario. Asimismo, como corolario de esta ley, crean el cuerpo especial de los delegados del Trabajó con atribuciones omnímodas para imponer los fallos de las leyes sociales y dirigir la represión contra las organizaciones revolucionarias. Con el proyecto de «reforma agraria», los socialistas niegan a los campesinos la tierra que se les prometió el 14 de abril. Para imponer esta medida los jefes socialfascistas recurren a toda clase de represiones gubernamentales, al igual que los países de la dictadura fascista Italia y Polonia. A medida que la U.G.T. y el partido socialista se desenmascaran ante las masas, como organizaciones con ideología contrarrevolucionaria nace en el seno de estas mismas un ala «izquierda» que políticamente puede ser caracterizada como una división de trabajo. Así, vemos cómo a la huelga de obreros agrícolas de Badajoz, que significó un momento de la revolución agraria y el distanciamiento de las masas del partido socialista y de la U.G.T., mientras el gobierno con su participación de 3 ministros socialistas y 112 diputados [109] de su fracción en el Parlamento manda a la guardia civil para ahogar en sangre la huelga, dos diputados socialistas: Margarita Nelken y Muiño, realizan en esta provincia una campaña demagógica «izquierdista», llegando ante la presión de las masas a declarar la huelga general, para mejor traicionar el movimiento.

La U.G.T., prolongación del partido socialista, es asimismo un instrumento precioso en manos de estos señores para romper las huelgas. Los jefes socialistas quieren convertir a toda costa la U.G.T. en una organización que sirva a estos fines. El ministro del Trabajo y la Casa del Pueblo de Madrid son los centros de contratación y organización de los pistoleros y rompehuelgas, que en Vizcaya, Asturias, Cataluña, &c., han reforzado la policía y la guardia civil en la lucha contra los obreros huelguistas. Son también los dirigentes del partido socialista y de la U.G.T. los que llevan a efecto la clausura de los sindicatos revolucionarios; son los que después de aprobar e inspirar las deportaciones de los obreros anarquistas y comunistas, han facilitado por medio de sus sindicatos amarillos en Barcelona, una tripulación especial para conducir en el «Buenos Aires» a las costas africanas, a los obreros que habían participado en enero en el movimiento del Llobregat. Además, vemos como los dirigentes del sindicato ferroviario, en íntima colaboración con el ministro socialista Prieto, con su campaña demagógica, han entregado a los obreros atados de pies y manos a las grandes empresas ferroviarias.

El papel principal de la U.G.T., dirigida por los socialfascistas en España y que representa la Internacional de Ámsterdam, consiste en la participación activa en la ofensiva contra el nivel de vida de los trabajadores, y constituye uno de los principales obstáculos para la victoria de la revolución.

Pero no son solamente los socialfascistas los que en el campo obrero representan los intereses de la burguesía. Es preciso destacar también con toda su enorme importancia a los anarcosindicalistas.

Los jefes anarcosindicalistas que con ayuda del dictador Berenguer lograron apoderarse de la dirección de la C.N.T., han hecho fracasar todas las luchas heroicas de esta central sindical, destruyendo toda su potencia. Peiró, Pestaña y los llamados treintistas que dirigen, en colaboración con los anarquistas la F.A.I. y la C.N.T., han practicado a pesar de su sedicente «apoliticismo» la política más asquerosa de colaboración con la burguesía, han pactado con Sánchez Guerra, con Lerroux y con los politicastros de la «Esquerra».

El aparato de la C.N.T. en Cataluña ha sido puesto a disposición de Maciá y compañía, y otros representantes de la burguesía catalana. Todas las huelgas del proletariado revolucionario de la C.N.T. han sido traicionadas y entregadas por los líderes, tanto de la F.A.I. como del grupo de «los treinta», unas veces por el sabotaje directo, y otras entablando conversaciones con los agentes del gobierno a pesar de su «acción directa», como lo muestran los casos de la Telefónica, Mineros de Asturias, Metalúrgicos de Barcelona, y las huelgas generales de Zaragoza y Barcelona, huelgas generales de enero y febrero. Otras veces han ahogado las huelgas con su táctica sectaria y lucha fratricida, llegando hasta el esquirolaje cuando los obreros en huelga han escapado de su control y dirección, como lo demuestra el intento de boycot a los obreros revolucionarios del puerto de Sevilla; azucareros de la Rinconada, huelga general de mayo en Sevilla, lucha contra el frente único ferroviario, lucha organizada a tiros en el puerto de Barcelona, culminando estos hechos en la traición a sus propios compañeros anarquistas, víctimas de la represión de la insurrección del Llobregat, condenando públicamente este movimiento y negándose a declarar la huelga general en Barcelona cuando con insistencia lo pedían las masas. Para demostrar su traición y completa incapacidad para dirigir el movimiento revolucionario de las masas es conveniente [110] decir algunas palabras sobre la huelga de teléfonos que marca el proceso de descomposición de la C.N.T. y el movimiento del Llobregat, que agudizó más este proceso.

La huelga de Teléfonos, que fue un poderoso movimiento de masas, fue traicionada desde el primer momento por los líderes de la C.N.T., negándose a declarar la huelga en la fecha que estaba fijada por los obreros, para no impedir la marcha de las elecciones al Parlamento de la contrarrevolución; después la táctica sectaria de lucha de no preocuparse por abarcar a los obreros pertenecientes a la U.G.T. y los inorganizados en un frente único de lucha, dividiendo al proletariado y facilitando el triunfo de los intereses del gobierno y de la compañía. Después, cuando a pesar de estas traiciones los huelguistas sostenían una heroica lucha contra las fuerzas represivas que el gobierno movilizó al servicio de la compañía, se desentendieron completamente de la huelga, negándose a darle un carácter más amplio de lucha para su triunfo, y cuando nuevamente se hicieron cargo del movimiento fue para entregarlo al gobierno, culminando en este acto su traición a los obreros telefónicos.

De otro lado tenemos el movimiento de Fígols, movimiento que surge sin ninguna preparación especial, pero que es un poderoso movimiento de masas que adquiere carácter de insurrección y que sirvió al ser canalizado y dirigido por los anarquistas para demostrar ante las masas obreras y campesinas la completa incapacidad de éstos para dirigir el movimiento revolucionario de masas hacia la conquista del poder y su consolidación. Hay una consecuencia lógica que sacar de las enseñanzas de este movimiento. Los anarquistas de la F.A.I. no son una fuerza revolucionaria opuesta a los reformistas. Cuando los obreros del Llobregat pedían el auxilio de las masas obreras en Barcelona, para que éstas declararan la huelga general y ampliaran de esta forma el frente de lucha, y cuando las masas la declararon, ya el movimiento del Llobregat estaba vencido, traicionado por los dirigentes de la F.A.I. y el grupo de los «treinta», y no tenía eficacia la moción de las masas de Barcelona.

Los anarquistas de la F.A.I. y los anarcosindicalistas representan en la C.N.T. dos partes del mismo cuerpo. Mientras unos se manifiestan continuadores declarados de la socialdemocracia, los otros, los de la F.A.I., en íntima ligazón con los anteriores, encubren con su aventurerismo y sus frases de «izquierda» su contenido ideológico pseudorevolucionario. Para demostrar nuestra afirmación vamos a mencionar un hecho que caracteriza cómo los anarquistas entienden la lucha de clases y cómo orientan a la clase obrera para la lucha contra la burguesía.

Con el título de «Para que aprenda la burguesía», publica Solidaridad Obrera un suelto, comunicando, cómo durante la ausencia del patrono de una fábrica, los obreros de la misma «han sabido regentar ésta, demostrando su más completa competencia». Solamente con esta declaración por parte de los dirigentes anarcorreformistas nos bastaría para demostrar la colaboración asquerosa que llevan a cabo con la burguesía y las maniobras que desde hace mucho tiempo realizan con los intereses de los obreros.

Pero veamos más adelante.

En la carta que el patrón envía a su regreso a la fabrica se dice lo siguiente:

Barcelona, 7-6-32.

«Durante las dos semanas de actuación del Comité Directivo Obrero, ha sabido éste estar a la altura de las circunstancias, y es para mí muy grato reconocer lo acertado de su gestión, así como testimonio a todos los operarios mi satisfacción por la forma en que han sabido todos ellos cumplir con su deber. Es de desear y ello sería una gran satisfacción para [111] mí (y espero que para vosotros también), que esta mutua armonía perdure muchos años.»

¡Que diga un burgués esto, que le ha sido muy grato reconocer lo acertado de la gestión de los obreros, no nos debe extrañar, pero lo que sí tenemos que resaltar, es que, si le es grato al burgués, es debido precisamente, a la sumisión que existe por parte de los dirigentes anarcorreformistas a esa burguesía, en contra de los obreros y sus reivindicaciones!

Y para colmo de su traición termina el «articulito» con el siguiente párrafo, que nos da idea de todo su reformismo:

«No hacemos comentarios. Solamente publicamos las anteriores líneas para satisfacción de los operarios de la casa Smith y para enseñanza de burgueses tacaños y desconfiados.»

Si estas palabras las hubieran pronunciado Azaña o Largo Caballero, no tendría nada de extraño, pero que se manifiesten en un órgano oficial de elementos que se dicen (pero que en la práctica, la clase obrera va comprendiendo que es mentira), «dirigentes y defensores» de los trabajadores, nos da la prueba más categórica y contundente, de como estos «jefes» y su anarquismo, son directa e indirectamente los colaboradores más firmes de la burguesía; y de como hay que orientar a la clase obrera para triunfar de su enemigo, el capitalismo. Y además, que demuestran bien a las claras cómo ellos, combatiendo al Partido Comunista y a la dictadura del proletariado, están con los partidos burgueses y por la dictadura de la burguesía.

No es necesario dedicar mucho tiempo en lo que se refiere al odio que sienten los anarquistas hacia el país de la dictadura del proletariado. Sólo mencionáremos de ligero, que los anarquistas españoles como los de todo el mundo, son los paladines más ardientes de las campañas que hace la burguesía contra la Unión Soviética.

Esta política traidora de los «jefes» faístas y reformistas de la C.N.T. ha encontrado su expresión más elocuente en la retirada de las masas de los sindicatos de la C.N.T. Esta que a poco de venir la República llegó a tener cerca de un millón de afiliados, hoy cuenta con menos de 500.000 en toda España, o sea en un año escaso sus fuerzas han disminuido en más del 50 por 100.

Quiero señalar a otros agentes de la burguesía dentro del campo obrero.

Uno de éstos es la «Alianza de Izquierda Republicana», con el nombre de P.R.R.S.R. (Partido Republicano Radical Socialista Revolucionario) y conocido por el grupo de Balbontín-Franco, &c. Este grupo surgió después del 14 de abril de 1931 de las filas de la burguesía contrarrevolucionaria, y como uno de los destacamentos de vanguardia.

Este grupo no tiene un programa concreto, se apoya en una descarada demagogia, al grito de «revolución popular», siendo toda su política de acercamiento y conexión con los anarcosindicalistas y con las masas de la C.N.T. en general.

Esto le ha dado una gran influencia entre las masas «apolíticas» y varios triunfos electorales, con la ayuda de los jefes anarcoreformistas. Para su campaña toman varios puntos de nuestro programa (reparto de tierras, expropiación de los bienes de la iglesia, &c., &c.), pero al mismo tiempo para mejor atraerse a las masas de la C.N.T. el «líder» del grupo Balbontín, dijo en Sevilla: [112]

«Nosotros somos comunistas, pero no aceptamos, como los comunistas oficiales, la dictadura del proletariado, porque sabemos que esta dictadura irá sólo y exclusivamente contra las masas libertarias de la C.N.T.»

Con este lenguaje este grupo, representa una de las fuerzas más peligrosas para nuestro movimiento revolucionario.

Otro grupo que no juega un rol menos importante en el conjunto de estos agentes de la burguesía es el grupo Maurin, el cual lucha contra la Internacional Comunista e interviene activamente contra el movimiento revolucionario en favor de la burguesía.

No menos importante es el grupo trotskista capitaneado por Nin, el cual desarrolla una labor de descrédito de la Internacional Comunista y de la Unión Soviética, y, apoyándose en sus teorías pseudorrevolucionarias, presta un apoyo consciente a la contrarrevolución.

LAS ACTIVIDADES DEL PARTIDO

Ante una situación como la que se ha señalado, las tareas que se presentan frente a nuestros Partidos son de una responsabilidad enorme, fundamentalmente, la lucha contra estos agentes de la burguesía dentro del campo de la revolución, que desvía el desarrollo de ésta y dificultan la realización por parte del Partido de su misión como organizador y director de la revolución en curso.

No obstante, aquí hemos de reconocer que el Partido no ha sabido mantenerse a la altura de las exigencias que la revolución nos plantea constantemente; que nuestro Partido no ha sido capaz de cumplir sistemáticamente sus tareas fundamentales.

Dos aspectos principales reflejan la debilidad de nuestro Partido: 1.º Este persistía y persiste en su vieja concepción de considerarse como un Partido de propagandistas y agitadores, que emprendió determinadas campañas pero que no puede cristalizarse en una organización que le sirva de base para un ulterior desarrollo de las luchas; 2.º Como consecuencia de esta concepción el Partido no sabía desarrollar suficientemente una amplia iniciativa y participación en las luchas parciales de diferentes índoles, económicas, políticas, etcétera, y no supo transformar estas luchas parciales concretas, en luchas generales de mayor envergadura.

Uno de los problemas que tenemos planteados hoy internacionalmente es la realización del frente único en la base. En todos los documentos de nuestro Partido y de nuestro IV Congreso se ha planteado y convenido en la necesidad imperiosa de llegar a su realización. Pero en la interpretación de esta consigna se han manifestado concepciones completamente falsas. La primera, el Partido no obstante todas sus declaraciones ha subestimado este problema. De otra parte la consigna de frente único fue interpretada por una gran parte del Partido de una manera sentimental; se planteaba este problema de la unidad por la unidad, sin comprender que la unidad sólo se podía hacer en las luchas y que la tarea está en la conquista de las masas de la influencia de los jefes socialfascistas y anarcoreformistas. Otra de las corrientes también manifestadas era la interpretación formal del frente único, que consistía en crearlo de una manera mecánica sin dotarlo de un contenido de lucha.

Otra de las faltas de nuestro trabajo radica en la incomprensión de la importancia de las organizaciones de masas. Nuestro Partido no ha demostrado la suficiente actividad e iniciativa para aprovechar todas las coyunturas [113] favorables y crear organizaciones de masa. (Sindicatos, comités de parados, comités de fábrica, soviets, &c.)

Si se tiene en cuenta la importancia de los comités de fábrica en España donde éstos juegan un papel eminentemente político, pues son órganos revolucionarios que conquistan en la lucha el derecho a la existencia, se comprenderá que el primer gran error en este aspecto se cometió al no lanzar esta consigna hasta varios meses después de comenzada la revolución. El Partido ha logrado crear algunos comités de fábrica, pero éstos se han desarrollado sin ninguna vida propia, todo por falta de insistencia y continuidad en el trabajo del Partido. La organización de éste en Madrid no hizo todo lo preciso para darle vida y sostén a los comités de fábrica de la «Comercial de Hierro», y aprovechar su experiencia para crear otros. Pero un caso más típico lo encontramos en Sevilla, donde, en abril, se convoca a una reunión de comités de fábrica, nombrándose un Consejo Central, el cual, comenzó sus funciones decretando la suspensión de pagos de alquileres a los obreros parados y otro rebajando los alquileres a los demás obreros, ese acontecimiento no fue aprovechado por el Partido para realizar una campaña Pro Comités de fábrica, sino que aun se le ha dejado languidecer rodeado de tal silencio que ha impedido toda difusión del ejemplo y de la significación de este avance revolucionario de los obreros de Sevilla.

El sostén del movimiento que significa la constitución del Consejo de Comités de fábrica, amplia organización de masas, fácil de ser transformada en un órgano ejecutivo de poder de los obreros y campesinos, no supo aprovecharse en los días 11 y 12 de agosto, cuando los trabajadores luchaban en las calles contra la reacción y vencían a Sanjurjo, y cuando durante unas horas estaba Sevilla a merced de los obreros.

El Partido ha perdido el momento de constitución de los Soviets, particularmente en Sevilla, donde ya por tercera vez el Partido ha sido el dueño de la ciudad y no ha sabido organizar los Soviets. Estos hechos responden a una incomprensión general existente en el Partido de los momentos en que los soviets pueden y deben ser creados. El curso de la revolución nos ha ofrecido sobradas ocasiones para organizar con éxito los soviets y el Partido ha permanecido pasivo. Aquí podemos citar algunas fechas en las cuales, por el carácter y envergadura de las luchas, esto ha sido posible: el 14 de abril, 18 de mayo, 24 y 25 de junio, en Sevilla; 19 de enero en Bilbao y finalmente 10 y 11 de agosto en Sevilla.

Ahora voy a pasar aunque sea muy brevemente a la organización interna de nuestro Partido.

A pesar de los grandes progresos realizados por nuestro Partido en este aspecto, aun hoy no podemos presentar un balance muy satisfactorio, no obstante la lucha llevada bajo las indicaciones contenidas en la Carta de la Internacional Comunista para desterrar todo resto de sectarismo y oportunismo existente en nuestro Partido; aun no hemos podido formar los cuadros medios y de base completamente aptos para cumplir las tareas de organización propias de un partido bolchevique y para convertirlo en un verdadero partido organizador.

Las relaciones interiores de nuestro Partido, a pesar de los esfuerzos realizados por nuestro Congreso Nacional, son todavía muy anormales. No existe una verdadera ligazón entre la dirección y la base. Los informes de organización y actividad política son todavía muy deficientes. Los Comités Regionales informan raramente al Comité Central e incluso nuestro Bureau Político no mantiene una relación normal con la I.C. Las células en la mayoría de los casos no tienen vida política, ejecutan mecánicamente las instrucciones del centro, que no siempre llegan a tiempo. Las células que trabajan lo hacen de [114] un modo desigual como lo demuestran los siguientes hechos: En Villarrubia (Córdoba), existe una célula en la fábrica metalúrgica «Terra». Esta célula cuenta con 12 afiliados de 250 obreros que integran la fábrica. Esta célula se reúne muy anormalmente. Tiene constituido un Comité de fábrica al cual pertenece un miembro de esta célula y están adheridos al Sindicato Metalúrgico de Córdoba, autónomo, bastante influenciado por nuestro Partido. A estos compañeros les fue pedida su solidaridad por parte de los obreros de otra fábrica de Sevilla de la misma compañía que se encontraba en huelga y se negaron a prestársela. Esta célula se desarrolla muy deficientemente y demuestra que sólo es una célula de fábrica por el sitio que está constituida, pero no por el trabajo que realiza. Contrasta con ésta la actividad de una célula de Sevilla de la misma empresa (la que pidió solidaridad) que cuenta con 75 miembros en un total de 400 obreros.

Merced al trabajo de esta célula se constituyó el Comité de fábrica y organizaron la huelga para impedir el despido de 14 montadores. Una vez en huelga reclamaron la admisión de 70 despedidos anteriormente y a los 18 días de lucha lograron el reingreso de los 14 montadores más 49 de los 70 anteriormente despedidos y a los 21 restantes el pago de tres semanas de salario.

Ejemplo característico del mal trabajo en los órganos dirigentes del Partido es el siguiente: un camarada responsable de la organización de Madrid convoca a una reunión a todos los secretarios de célula y les dice: el Comité Ejecutivo quiere saber qué es lo que vosotros pensáis sobre la consigna de frente único. Uno de los reunidos contesta diciendo: «Que estamos completamente identificados y de acuerdo con esta consigna y que lo que deseamos son instrucciones concretas de cómo proceder para realizar esa tarea». Entonces el camarada responsable contestó diciendo que aquello no estaba en el orden del día y que por medio de una circular a su debido tiempo se les daría las indicaciones necesarias.

He aquí un caso típico de la interpretación burocrática de las instrucciones de los órganos directores.

Pero a pesar de todos esos errores y deficiencias el Partido ha logrado éxitos y tiene ejemplos de un buen trabajo realizado.

El Partido crece y refuerza su organización numéricamente, afianza su alianza con las masas, eleva su actividad política, destaca nuevos cuadros jóvenes de revolucionarios audaces, y, en general, en el Partido, la actividad política de masas ha comenzado ya. Marcha hacia su transformación en un verdadero Partido de masas. El Partido, que a principio de 1931 contaba con 1.200 miembros y estaba compuesto de grupos dispersos débilmente ligados con las masas, ha aumentado sus efectivos en proporciones bastante serias. En la actualidad el número de afiliados excede de 16.000. Millares de obreros llaman a las puertas de la organización del Partido. El Partido existe ya en todos los lugares de España como lo ha demostrado ya nuestro IV Congreso; ha crecido su influencia en Andalucía, en primer término en Sevilla, y se ha dilatado enormemente en Galicia, Aragón, Asturias, Vizcaya y otras regiones y provincias. Las Juventudes Comunistas también se han desarrollado enormemente. En abril de 1931 contaba 400 miembros, en la actualidad tiene más de 10.000.

La actividad política del Partido se ha acrecentado también considerablemente. Los combates de julio de 1931 en Sevilla, librados bajo su inmediata dirección, son los exponentes del comienzo de un viraje en toda su actividad. En toda una serie de huelgas y manifestaciones, en diversas provincias, el Partido Comunista ha participado activamente como destacamento de vanguardia y de dirección. La huelga del 25 y 26 de enero de 1932 organizada [115] directamente por el Partido, aunque puso de manifiesto muchas debilidades, fue, sin embargo, un paso enorme en la actividad de éste y una prueba indiscutible de su influjo creciente en la escala nacional. La huelga y manifestaciones de estos días dieron a conocer al Partido en todo el país.

El movimiento del 1.º de mayo de este año y el del 12 de junio, Jornada Internacional contra la Guerra, dirigida también por el Partido Comunista, muestran que la influencia del Partido crece invariablemente.

Nuestro trabajo en el campo comienza a darnos positivos resultados; una serie de Sindicatos agrícolas adheridos a la U.G.T. defienden abiertamente la plataforma de nuestro Partido; igualmente la C.N.T. Considerables capas de obreros comienzan, no sólo a escuchar al Partido, sino a acercarse francamente a él.

Pero donde con más relieve se evidenció la enorme influencia del Partido entre las grandes masas obreras, fue en la campaña pro Mundo Obrero, donde en cuatro días, a la llamada de auxilio del Partido, porque el periódico iba a dejar de salir si en este término no se recaudaban 14.000 pesetas, las masas respondieron elevando estas cifras hasta cerca de 20.000. Otro éxito es la campaña pro «Unidad Sindical», en torno a la cual se agruparon 329 sindicatos representando 267.000 trabajadores. Igualmente merece destacarse la movilización de masas realizada por nuestro Partido en torno a nuestro IV Congreso, por el que desfilaron más de 20.000 obreros.

Camaradas: Vamos a terminar manifestando que nuestro Partido siente verdadero deseo de autocrítica y está deseoso de escuchar la crítica y los consejos del Plenum, para que con la experiencia de todo el proletariado internacional podamos corregir rápidamente nuestros errores.

El empuje del proletariado español continua. El golpe dado a Sanjurjo es una prueba de ello. La crisis se agudiza cada día. Las contradicciones de clase se agudizan. La contrarrevolución encarnada en Azaña y Largo Caballero se desenmascara más y más ante las masas, no sólo por su política interna, sino también por su política exterior (la alianza con el imperialismo francés, sus manifestaciones públicas de preparar al Ejército español para una guerra interimperialista y de agresión contra la U.R.S.S., &c.).

El Partido Comunista de España consciente de la responsabilidad histórica que pesa sobre él, lucha con todas sus fuerzas por el derrumbamiento del poder burgués y por la instauración en España del poder de los Soviets.

* * *

«El leninismo es la teoría y la táctica de la revolución proletaria en general y de la dictadura del proletariado en particular.» STALIN.