HISTORIA DEL PARTIDO COMUNISTA (BOLCHEVIQUE)

[ STALIN ]

Versión castellana de Ediciones de Lenguas Extranjeras
Moscú, 1939




"Sin teoría revolucionaria, no hay movimiento revolucionario" - V.I. Lenin







1883-1901

LA LUCHA POR LA CREACIÓN DEL PARTIDO OBRERO

SOCIALDEMÓCRATA EN RUSIA



1.

Abolición del régimen de la servidumbre y desarrollo del capitalismo industrial en Rusia. - Aparición del proletariado industrial moderno.



La Rusia zarista emprendió el camino del desarrollo capitalista después que otros países. Hasta la década del 60 del siglo pasado, existían en Rusia muy pocas fábricas y empresas industriales. En la economía rusa predominaba el régimen de la servidumbre al servicio de los terratenientes nobles. Este régimen de servidumbre no dejaba que la industria se desarrollara como era debido. El trabajo forzado de los siervos daba un bajo rendimiento de producción en la agricultura. Toda la marcha del desarrollo económico empujaba a la abolición de este régimen. El gobierno zarista, quebrantado por la derrota sufrida en la guerra de Crimea y asustado de las "revueltas" campesinas contra los terratenientes, vióse obligado a abolir en 1861 el régimen de la servidumbre.

Más, no por ello dejaron los terratenientes de seguir oprimiendo a los campesinos. Los terratenientes despojaron a los campesinos, arrebatándoles, escamoteándoles, al concederles su "liberación", una parte considerable de las tierras que venían disfrutando y que los campesinos comenzaron a designar con el nombre de "recortes". Además, les obligaron a pagar a los terratenientes un rescate por su "liberación", por un valor total de cerca de 2.000 millones de rublos.

Después de la abolición del régimen de la servidumbre, los campesinos veíanse obligados a tomar en arriendo las tierras de los terratenientes en las condiciones más inicuas. No pocas veces, además de pagar una renta en dinero al terrateniente, el campesino quedaba obligado a trabajar de balde y con sus propios aperos y ganado de labor, determinada cantidad de tierras de aquél. A esto le llamaban "pago de trabajo", "prestación personal". Pero lo más frecuente era que el campesino quedase obligado a pagar la renta al terrateniente en especie, entregándole la mitad de la cosecha. Esto se denominaba "aparcería".

Como se ve, la situación seguía siendo casi la misma que antes, bajo el régimen de la servidumbre, con la única diferencia de que ahora el campesino era personalmente libre y no se le podía vender ni comprar como si fuese un objeto.

Los terratenientes apelaban a diversos métodos de rapiña (la renta, las multas, etc.) para estrujar hasta la última gota de jugo a sus atrasadas explotaciones campesinas. La gran masa de los campesinos veíase en la imposibilidad de mejorar sus explotaciones, porque se lo impedía la opresión de los terratenientes. De aquí el enorme atraso de la agricultura en la Rusia de antes de la revolución, atraso que se traducía en malas cosechas y en rachas de hambre.

Los residuos del régimen de la servidumbre, las enormes contribuciones al Estado, y los rescates agobiadores que había que abonar por la tierra a los terratenientes, que no pocas veces excedían los ingresos arrojados por la explotación agrícola, conducían a la ruina y al empobrecimiento de las masas campesinas y obligaban a los campesinos a marcharse de la aldea a ganar un jornal. Se iban a las fábricas y a las empresas industriales, suministrando a los fabricantes mano de obra barata.

Sobre las espaldas de los obreros y de los campesinos se alzaba todo un ejército de jefes de policía, guardias rurales, gendarmes, polizontes, encargados de defender al zar, a los capitalistas y a los terratenientes contra los trabajadores, contra los explotados. Hasta el año 1903, estuvieron en vigor las penas corporales. No obstante haberse abolido la servidumbre, el campesino era apaleado por el más pequeño desliz o por falta de pago de las contribuciones. Los gendarmes y los cosacos asesinaban y martirizaban a los obreros, sobre todo durante las huelgas, cuando éstos abandonaban el trabajo por no poder soportar las vejaciones de los patronos. En la Rusia zarista, los obreros y campesinos carecían hasta de los derechos políticos más elementales. La autocracia zarista era el peor enemigo del pueblo.

La Rusia zarista era una cárcel de pueblos. Las numerosas nacionalidades no rusas de la Rusia zarista hallábanse completamente privadas de derechos, sometidas sin cesar a todo género de ultrajes y humillaciones. El gobierno zarista había enseñado a la población rusa a ver en los pueblos indígenas de los territorios nacionales razas inferiores, a las que se daba el calificativo oficial de gente "de otras razas", y le había inculcado el desprecio y el odio hacia ellos. El zarismo encendía conscientemente las discordias nacionales, azuzaba a unos pueblos contra otros, organizaba pogromos de judíos y matanzas entre tártaros y armenios en la Transcaucasia.

En los territorios nacionales, todos o casi todos los cargos públicos eran desempeñados por funcionarios rusos. El ruso era la lengua obligatoria en todas las instituciones y ante los tribunales. Estaba prohibido publicar periódicos y libros en las lenguas nacionales o enseñar en las escuelas sirviéndose de la lengua materna. El gobierno zarista esforzábase en ahogar todas las manifestaciones de la cultura nacional y seguía la política de "rusificar" a la fuerza a las nacionalidades no rusas. El zarismo actuaba como verdugo y tirano de pueblos no rusos.

Después de la abolición del régimen de la servidumbre, el desarrollo del capitalismo industrial en Rusia siguió una marcha bastante rápida, a pesar de que los residuos del régimen feudal seguían entorpeciendo este desarrollo. Durante 25 años, de 1865 a 1890, el número de obreros, solamente en las grandes fábricas y en los ferrocarriles, aumentó de 706.000 a 1.443.000, es decir, en más del doble.

Más rápido aun fue el desarrollo que comenzó a adquirir en Rusia la gran industria capitalista durante la década del 90. Hacia el final de esta década, el número de obreros que trabajaba en las grandes fábricas, en las empresas industriales, en la industria minera y en los ferrocarriles, solamente en las 50 provincias de la Rusia europea, había ascendido a 2.207.000, y en toda Rusia a 2.792.000.

Y éste era ya un proletariado industrial moderno, que se distinguía radicalmente de los obreros de las fábricas del periodo de la servidumbre y de los operarios de la pequeña industria, del artesanado y de toda otra industria, tanto por su concentración en grandes empresas capitalistas como por su combatividad revolucionaria.

Este rápido progreso industrial de la década del 90 fue unido, en primer lugar, a la intensa construcción de ferrocarriles. Durante esta década (de 1890 a 1900), se tendieron más de 21.000 kilómetros de nuevas vías férreas. Estos ferrocarriles absorbían una cantidad enorme de metal (para los rieles, las locomotoras, los vagones) y exigían un volumen cada vez mayor de combustible, carbón de hulla y petróleo. Esto condujo al desarrollo de la metalurgia y de la industria del combustible.

En la Rusia anterior a la revolución, lo mismo que en todos los países capitalistas, los años de prosperidad industrial se alternaban con años de crisis industriales y de estancamiento de la industria, crisis que castigaban duramente a la clase obrera, lanzando al paro forzoso y a la miseria a cientos de miles de proletarios.

Aunque el desarrollo del capitalismo siguió en Rusia, después de la abolición del régimen de la servidumbre, un ritmo bastante rápido, el país marchaba, en su desarrollo económico, muy a la zaga de otros países capitalistas. La inmensa mayoría de la población seguía viviendo de la agricultura. En su famosa obra "El desarrollo del capitalismo en Rusia", Lenin cita algunas cifras importantes del censo general de la población rusa efectuado en 1897. De estas cifras resulta que cerca de cinco sextas partes de la población total del Rusia trabajaban en la agricultura y la sexta parte restante se distribuía entre la grande y la pequeña industria, el comercio, el transporte ferroviario, fluvial y marítimo, la construcción y los trabajos forestales.

Esto indica que, a pesar del desarrollo que había adquirido aquí el capitalismo, Rusia era un país agrario, un país económicamente atrasado, un país pequeñoburgués; es decir, un país en el que predominaba aún la explotación campesina individual, basada en la pequeña propiedad, de escaso rendimiento.

El capitalismo se desarrollaba no solamente en la ciudad, sino también en el campo. Los campesinos, que eran la clase más numerosa en la Rusia prerrevolucionaria, se fueron diferenciando, fueron formándose entre ellos diversas capas sociales. Del sector de los campesinos más acomodados se destacó una capa superior, los kulaks, la burguesía de la aldea, mientras que de otra parte muchos campesinos se iban arruinando y pasaban a engrosar el número de los campesinos pobres, de los proletarios y semiproletarios de la aldea. El número de campesinos medios iba disminuyendo de año en año.

En 1903, había en Rusia unos 10 millones de explotaciones campesinas. En su folleto "A los pobres de la aldea", Lenin calculaba que dentro de esta cifra había, por los menos, tres millones y medio de explotaciones campesinas sin ganado de labor. Estos campesinos, los más pobres de todos, sólo sembraban, por lo general, un puñado insignificante de tierra, entregando el resto a los kulaks y yéndose ellos a ganar un jornal. La situación de estos campesinos pobrísimos era la que más los acercaba al proletariado. Lenin les llamaba proletarios o semiproletarios de la aldea.

De otra parte, había (dentro de aquella cifra total de 10 millones) un millón y medio de explotaciones campesinas ricas, de kulaks, que concentraban en sus manos la mitad de todas las sementeras campesinas. Estos burgueses del campo prosperaban, oprimiendo a los campesinos pobres y medios, se enriquecían a costa del trabajo de los peones y de los jornaleros agrícolas y se iban convirtiendo en capitalistas agrarios.

La clase obrera de Rusia comenzó a despertar y a luchar contra el capitalismo ya en la década del 70, y sobre todo en la del 80 del siglo pasado. La situación de los obreros en la Rusia zarista era extraordinariamente penosa. En la década del 80, la jornada de trabajo, en las fábricas y empresas industriales, no era nunca inferior a 12 horas y media, y en la industria textil llegaba hasta 14 y 15 horas. El trabajo de la mujer y el niño se explotaba en grandes proporciones. Los niños trabajaban el mismo horario que los adultos, pero cobrando, al igual que las mujeres, salarios muy inferiores. El nivel de los salarios era extraordinariamente bajo. Había muchos obreros que no ganaban más que 7 u 8 rublos al mes. Los obreros mejor pagados de las fábricas metalúrgicas y de fundición no cobraban más de 35 rublos mensuales. No se tomaba ninguna medida de protección del trabajo, lo que originaba accidentes en masa y constantes muertes de obreros. No se conocía el seguro obrero, y la asistencia médica sólo la obtenía el que pagaba. Los obreros vivían en condiciones horribles, hacinados en tugurios, en casas de vecindad, a razón de 10 a 12 hombres en cada habitación. Muy a menudo, los patronos engañaban a los obreros al hacerles la cuenta de los jornales, les obligaban a comprar en la tiendas patronales de la fábrica artículos tres veces más caros de los que valían y les saqueaban por medio de multas.

Los obreros comenzaron a ponerse de acuerdo unos con otros y a presentar conjuntamente al patrono sus reivindicaciones para el mejoramiento de las condiciones insoportables en que vivían. Abandonaban el trabajo, es decir, declaraban el paro, se ponían en huelga. Las primeras huelgas, en las décadas del 70 y del 80 del siglo pasado, estallaban, por lo general, como protesta contra las multas desmedidas, contra las estafas y los engaños de que se hacía objeto a los obreros al liquidarles el jornal, contra la reducción de las tarifas del salario.

En la primeras huelgas, los obreros, agotada ya la paciencia, destrozaban a veces las máquinas, rompían los cristales de las fábricas, destruían las tiendas patronales y las oficinas.

Los obreros más conscientes comenzaron a comprender que, para luchar con éxito contra el capitalismo, era necesario organizarse. Y así, surgieron las primeras asociaciones obreras.

En 1875, se organizó en Odesa la "Unión de obreros del Sur de Rusia". Esta organización obrera, la primera de todas, no vivió más que 8 ó 9 meses, siendo aniquilada por el gobierno zarista.

En Petersburgo, organizóse, en 1878, la "Unión de obreros rusos del Norte", a cuyo frente se hallaban un carpintero llamado Jalturin y un cerrajero llamado Obnorski. En el programa de esta organización se decía que sus objetivos eran análogo a los de los partidos obreros socialdemócratas de los países occidentales. Su meta final era llevar a cabo la revolución socialista, "derribar el régimen político y económico del Estado existente, como un régimen de todo punto injusto". Uno de los organizadores de esta Unión, Obnorski, había vivido algún tiempo en el extranjero, donde tuvo ocasión de conocer la actuación de los partidos socialdemócratas marxistas y de la Primera Internacional, dirigida por Marx. Esta circunstancia imprimió su sello al programa de la "Unión de obreros rusos del Norte". El objetivo inmediato que esta organización se propuso alcanzar era la conquista de la libertad y los derechos políticos del pueblo (la libertad de palabra y de prensa, el derecho de reunión, etc.). Entre las reivindicaciones inmediatas, figuraba también, la reducción de la jornada de trabajo.

El número de afiliados a esta organización era de 200, contando con otros tantos simpatizantes. La Unión comenzó a tomar parte en las huelgas obreras y a dirigirlas. También esta organización fue destruida por el gobierno zarista.

Pero el movimiento obrero seguía desarrollándose y extendiéndose a nuevas y nuevas regiones. En la década del 80, aumenta el número de huelgas. Durante cinco años (de 1881 a 1886), se produjeron más de 48 huelgas, con un total de 80.000 huelguistas.

En la historia del movimiento revolucionario, ocupa un lugar especialmente importante la gran huelga que estalló en 1885 en la fábrica "Morosov" de Oréjovo-Súievo.

En esta fábrica trabajaban cerca de 8.000 obreros. Las condiciones de trabajo iban empeorando de día en día: de 1882 hasta 1884 el salario fue reducido cinco veces, y en 1884 el tipo de salario fue reducido de golpe en una cuarta parte, es decir, en un 25 por ciento. Por si esto fuera poco, el fabricante Morosov no dejaba vivir en paz a los obreros a fuerza de multas. Según se demostró ante los tribunales después de la huelga, de cada rublo que el obrero ganaba, le quitaban en concepto de multa de 30 a 50 céntimos de rublo, que iban a parar al bolsillo del patrono. Los obreros, dispuestos a no seguir tolerando este robo, se declararon en huelga en enero de 1885. La huelga fue organizada de antemano. La dirigió un obrero avanzado, llamado Piotr Moiseienko, que había estado afiliado a la "Unión de obreros rusos del Norte", y que tenía ya una experiencia revolucionaria. En vísperas de la huelga, Moiseienko formuló, en unión de otros tejedores de los más conscientes, una serie de reivindicaciones que habían de ser presentadas al patrono y que fueron aprobadas en una reunión secreta de los obreros. Estos exigían, ante todo, que cesase el saqueo de las multas.

La huelga fue aplastada por la fuerza de las armas. Fueron detenidos más de 600 obreros y algunas decenas de ellos, procesados.

Huelgas parecidas a ésta se produjeron también en el año 1885 en las fábricas de Ivánov-Vosnesensk.

Al año siguiente, el gobierno zarista, asustado ante el desarrollo del movimiento obrero, vióse obligado a dictar una ley sobre las multas. En esta ley, se disponía que el dinero de las multas no se lo pudieran apropiar los patronos, sino que habría de invertirse en las necesidades de los propios obreros.

Sobre la experiencia de la huelga de la fábrica "Morosov" y otras semejantes, los obreros comprendieron que podrían conseguir mucho luchando organizadamente. En el movimiento obrero comenzaban a destacarse dirigentes y organizadores capaces, dispuestos a defender firmemente los intereses de la clase obrera.

Por esta misma época, a base del desarrollo del movimiento obrero y bajo la influencia del movimiento obrero del occidente de Europa, comienzan a crearse en Rusia las primeras organizaciones marxistas.





2.

El populismo y el marxismo en Rusia. - Plejanov y su grupo "Emancipación del Trabajo".



Hasta la aparición de los grupos marxistas, la labor revolucionaria, en Rusia, corrió a cargo de los populistas, que eran adversarios del marxismo.

El primer grupo marxista ruso se creó en 1883. Fue el grupo que, bajo el nombre "Emancipación de Trabajo", organizó G. V. Plejanov en el extranjero, en Ginebra, adonde se había visto obligado a emigrar, huyendo de las persecuciones del gobierno zarista por su actuación revolucionaria.

El propio Plejanov había sido, antes de esto, populista. Pero, en la emigración, después de iniciarse en el conocimiento del marxismo, rompió con el populismo y se convirtió en un notable propagandista de la doctrina marxista.

El grupo "Emancipación del Trabajo" realizó una gran labor en pro de la difusión del marxismo en Rusia. Tradujo al ruso varias obras de Marx y Engels: el "Manifiesto del Partido Comunista", "Trabajo asalariado y capital", "Del socialismo utópico al socialismo científico" y otras, que imprimían en el extranjero y hacían circular clandestinamente en Rusia. G. V. Plejanov, Sasulich, Axelrod y otros miembros de este grupo escribieron también una serie de obras, explicando la doctrina de Marx y Engels, las ideas del socialismo científico.

Marx y Engels, los grandes maestros del proletariado, fueron, por oposición a los socialistas utópicos, los primeros que pusieron en claro que el socialismo no es el fruto de las cavilaciones de unos soñadores (utopistas), sino el resultado necesario del desarrollo de la moderna sociedad capitalista. Pusieron de relieve que el régimen capitalista se hundirá, lo mismo que se hundió el régimen feudal, y que el propio capitalismo engendra, con el proletariado, la fuerza que habrá de enterrarle. Y señalaron que sólo la lucha de clases del proletariado, sólo el triunfo del proletariado sobre la burguesía, liberará a la Humanidad del capitalismo, de la explotación.

Marx y Engels enseñaron al proletariado a tener conciencia de sus fuerzas, a tener conciencia de sus intereses de clase y a unirse para la lucha decisiva contra la burguesía. Descubrieron las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad capitalista y demostraron científicamente que el desarrollo de la sociedad capitalista y la lucha de clases dentro de ella tiene necesariamente que conducir al hundimiento del capitalismo y al triunfo de la clase obrera, a la dictadura del proletariado.

Marx y Engels enseñaron que el derrocamiento del poder del capital y la transformación de la propiedad capitalista en propiedad social, no pueden realizarse en modo alguno por la vía pacífica, que la clase obrera sólo conseguirá esto mediante la aplicación de la violencia revolucionaria contra la burguesía, por medio de la revolución proletaria, instaurando su dominación política, la dictadura del proletariado, la cual deberá aplastar la resistencia los explotadores y crear una nueva sociedad, la sociedad comunista sin clases.

Marx y Engels enseñaron que el proletariado industrial es la clase más revolucionaria y, por tanto, la más avanzada de la sociedad capitalista, y que sólo una clase como el proletariado puede agrupar en torno a ella a todas las fuerzas descontentas del capitalismo y conducirlas al asalto contra éste. Pero, para vencer al viejo mundo y crear una nueva sociedad sin clases, el proletariado tiene que disponer de su propio partido obrero, al que Marx y Engels dieron el nombre de Partido Comunista.

La difusión de las ideas de Marx y Engels fue la tarea que se asignó el primer grupo marxista ruso, el grupo "Emancipación del Trabajo", de Plejanov.

Este grupo levantó la bandera del marxismo en la prensa rusa del extranjero, cuando aun no existía en Rusia un movimiento socialdemócrata. Era necesario, ante todo, abrir el camino a este movimiento mediante una labor teórica, ideológica. El principal obstáculo ideológico que se alzaba ante la difusión del marxismo y del movimiento socialdemócrata en Rusia, en aquel tiempo, eran las ideas populistas que, por aquel entonces, predominaban entre los obreros avanzados y los intelectuales de tendencia revolucionaria.

Con el desarrollo del capitalismo en Rusia, la clase obrera se había convertido en una poderosa fuerza de vanguardia, capaz de organizar la lucha revolucionaria. Pero los populistas no comprendían el papel de vanguardia de la clase obrera. Los populistas rusos entendían, erróneamente, que la fuerza revolucionaria fundamental no era la clase obrera, sino los campesinos, que el poder del zar y de los terratenientes se podía derrocar pura y simplemente por medio de "revueltas" campesinas. Los populistas no conocían a la clase obrera y no comprendían que, sin aliarse a ésta y ser dirigidos por ella, los campesinos por sí solos no podían vencer al zarismo y a los terratenientes. No comprendían que la clase obrera es la clase más revolucionaria y avanzada de la sociedad.

Al principio, los populistas intentaron poner en pie a los campesinos para la lucha contra el gobierno zarista. Con este fin, la juventud intelectual revolucionaria, vistiendo la ropa campesina, se lanzó a la aldea, "al pueblo", como entonces se decía. Y de aquí les viene el nombre de "populistas". Pero los campesinos no les siguieron, cosa natural, ya que aquellos hombres no les conocían ni les comprendían como es debido. En su mayoría los populistas eran detenidos por la policía. En vista de esto, decidieron proseguir la lucha contra la autocracia zarista con sus solas fuerzas, sin el pueblo, lo que les arrastró a errores todavía más graves.

La sociedad populista clandestina llamada "Narodnaia Volia" ("Voluntad del Pueblo") comenzó a preparar el asesinato del zar. El 1º de marzo de 1881, unos afiliados a esta sociedad consiguieron arrojar una bomba contra el zar Alejandro II, matándolo. Pero esto no reportó ningún beneficio al pueblo. Con matar a unos cuantos individuos sueltos, no se derrocaba la autocracia zarista, ni se destruía la clase de los terratenientes. La vacante del zar muerto fue ocupada por otro zar, Alejandro III, bajo el cual los obreros y los campesinos vivían aún peor.

El camino que los populistas habían elegido para luchar contra el zarismo, el camino de los asesinatos individuales, el camino del terror individual, era falso y perjudicial para la revolución. La política del terror individual respondía a la falsa teoría populista de los "héroes" activos y la "multitud" pasiva, que aguarda las hazañas de los "héroes". Esta falsa teoría preconizaba que sólo unos cuantos individuos destacados hacen la historia y que la masa, el pueblo, la clase, la "multitud", como la llamaban despectivamente los escritores populistas, es incapaz de realizar acciones conscientes y organizadas y no puede hacer más que seguir ciegamente a los "héroes". Por eso, los populistas renunciaron a realizar un trabajo revolucionario de masa entre los campesinos y la clase obrera, y emprendieron el camino del terror individual. Los populistas obligaron a uno de los mejores revolucionarios de aquel tiempo, Stepán Jalturin, a abandonar su labor de organización de una Liga obrera revolucionaria para entregarse por entero al terrorismo.

Los populistas desviaban la atención de los trabajadores de la lucha contra la clase opresora con el asesinato, inútil para la revolución, de unos cuantos representantes individuales de dicha clase. Con esto, frenaban el desarrollo de la iniciativa y las actividades revolucionarias de la clase obrera y de los campesinos.

Impedían a la clase obrera comprender su papel dirigente en la revolución y entorpecían la creación de un partido de la clase obrera independiente.

Aunque la organización clandestina de los populistas fue destruida por el gobierno del zar, las ideas del populismo se mantuvieron todavía durante mucho tiempo entre los intelectuales de tendencias revolucionarias. Los restos del populismo oponían una resistencia tenaz a la difusión del marxismo en Rusia y entorpecían la organización de la clase obrera.

He aquí por qué, en Rusia, el marxismo sólo podía desarrollarse y fortalecerse luchando contra el populismo.

El grupo "Emancipación del Trabajo" desplegó la lucha contra las falsas ideas de los populistas, señalando el daño que esta doctrina y sus métodos de lucha causaban al movimiento obrero.

En sus trabajos dirigidos contra los populistas, Plejanov puso de manifiesto que sus doctrinas no guardaban la menor relación con el socialismo científico, aunque sus portavoces se llamasen también socialistas.

Plejanov fue el primero que hizo una crítica marxista de las falsas ideas del populismo. Al descargar certeros golpes contra las ideas populistas, Plejanov hacía, al mismo tiempo, una brillante defensa de las ideas marxistas.

¿En qué consistían las falsas ideas fundamentales de los populistas, a las que Plejanov asestó un golpe motal?

En primer ligar, los populistas afirmaban que en Rusia el capitalismo era un fenómeno "casual", que en este país no se desarrollaría el capitalismo ni, por tanto, crecería ni se desarrollaría el proletariado.

En segundo lugar, los populistas no veían en la clase obrera la clase más avanzada de la revolución. Soñaban con la realización del socialismo sin el proletariado. Para ellos, la fuerza revolucionaria principal eran los campesinos, dirigidos por los intelectuales, y la comunidad campesina, a la cual consideraban como el germen y la base del socialismo.

En tercer lugar, los populistas profesaban ideas falsas y nocivas en cuanto a la marcha de la historia humana en general. No conocían ni comprendían las leyes que rigen el desarrollo económico y político de la sociedad. Eran, en este respecto, gente completamente atrasada. Según ellos, la historia no la hacen las clases ni la lucha de clases, sino unas cuantas personalidades ilustres, los "héroes", detrás de los cuales marchan a ciegas las masas, las "multitudes", el pueblo, las clases.

Luchando contra los populistas y desenmascarándolos, Plejanov escribió una serie de obras marxistas, que sirvieron para enseñar y educar a los marxistas rusos. Algunos de sus trabajos, como: "El socialismo y la lucha política", "Nuestras discrepancias", "Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia", prepararon el terreno para el triunfo del marxismo en Rusia.

En sus obras, Plejanov expuso los problemas fundamentales del marxismo. Su libro "Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia", publicado en 1895, ocupa un lugar muy importante. Lenin indicó que este libro "ha educado a toda una generación de marxistas rusos" (Lenin, t. XIV, pág. 357, ed. rusa).

En sus obras dirigidas contra los populistas, Plejanov demostró que era necio plantear el problema como ellos los planteaban, a saber: ¿Debe o no debe desarrollarse el capitalismo en Rusia? Pues Rusia, decía Plejanov, demostrándolo con hechos, marcha ya por el camino del desarrollo capitalista, sin que haya fuerza capaz de apartarla de este camino.

La misión de los revolucionarios no consistía en impedir el desarrollo del capitalismo en Rusia -aparte de que tampoco hubieran conseguido nada con pretenderlo-, sino en apoyarse en la poderosa fuerza revolucionaria que engendra el desarrollo del capitalismo, en la clase obrera, en desarrollar su conciencia de clase, en organizarla, en ayudarle a crear su partido obrero.

Plejanov destruyó también la segunda falsa idea fundamental de los populistas, que consistía en negar el papel de vanguardia del proletariado en la lucha revolucionaria. Los populistas consideraban la aparición del proletariado en Rusia como una especie de "desgracia histórica" y hablaban de la "llaga del proletarismo". Defendiendo la doctrina marxista y la posibilidad de aplicarla plenamente a Rusia, Plejanov demostró que, a pesar de la supremacía numérica de los campesinos y del número relativamente reducido de los proletarios, era precisamente en el proletariado y en su desarrollo donde los revolucionarios debían cifrar sus principales esperanzas.

¿Y por qué precisamente en el proletariado?

Porque el proletariado, a pesar de representar, por aquel entonces, una fuerza numéricamente pequeña, es la clase de los trabajadores que se halla vinculada a la forma más progresiva de la Economía, a la gran producción, razón por la cual tiene ante sí un gran porvenir.

Porque el proletariado, como clase, crece de año en año y se desarrolla políticamente, es fácilmente susceptible de organización, gracias a las condiciones de su trabajo en la industria, y es, además, por su misma situación proletaria, la clase más revolucionaria, pues no tiene nada que perder con la revolución, como no sean sus cadenas.

No ocurre lo mismo con los campesinos.

Los campesinos, (bien entendido, que esto se refiere a los campesinos individuales. N. de la R.), pese a su gran masa numérica, son una clase de trabajadores que se halla vinculada a la forma más atrasada de la Economía, a la pequeña producción, por cuya razón no tiene ni puede tener un gran porvenir.

Los campesinos, no sólo no crecían como clase, sino que, lejos de ello, se disgregaban de año en año, pasando unos (los kulaks) a la burguesía y otros a los campesinos pobres (proletarios y semiproletarios). Además, el hecho de hallarse diseminados constituía una traba para su organización, y sus situación de pequeños propietarios, hacía que fuesen más reacios que el proletariado a entrar en el movimiento revolucionario.

Los populistas afirmaban que en Rusia el socialismo no se realizaría por medio de lña dictadura del proletariado, sino a través de la comunidad campesina, en la que ellos veían el germen y la base del socialismo. Pero esta comunidad no era ni podía ser la base ni el germen del socialismo, ya que en ella imperaban los kulaks, los "sanguijuelas", que explotaban a los campesinos pobres, a los braceros del campo y a los campesinos medios poco pudientes. El hecho que existiese formalmente un régimen comunal de posesión de la tierra y un reparto de ésta con arreglo al número de bocas, reparto que se realizaba de vez en cuando, no cambiaba en nada la situación. Quienes se aprovechaban de la tierra eran aquellos miembros de la comunidad que disponían de ganado de labor, de aperos de labranza y de simiente; es decir, los campesinos medios acomodados y los kulaks. Los campesinos que carecían de ganado de labor, los campesinos pobres y los campesinos poco pudientes, en general, veíanse obligados a dejar la tierra a los kulaks y a trabajar por un jornal, como braceros. En realidad, la comunidad campesina era una forma cómoda para encubrir el predominio de los kulaks y un medio barato puesto en manos del zarismo para la recaudación de las contribuciones, según el principio de la caución solidaria. Por eso, el zarismo dejaba intacta a la comunidad campesina. Era ridículo considerar esta comunidad como el germen o la base del socialismo.

Plejanov destruyó también la tercera idea falsa fundamental de los populistas: la del papel primordial que éstos asignaban en el desarrollo social a los "héroes", a las personalidades ilustres y a sus ideas, al que correspondía el papel insignificante que atribuían a la masa, a la "multitud", al pueblo, a las clases. Plejanov acusaba a los populistas de ser idealistas, demostrando que la verdad no estaba en el idealismo, sino en el materialismo de Marx y Engels.

Plejanov desarrolló y fundamentó el punto de vista del materialismo marxista. Demostró, con arreglo a esta doctrina, que el desarrollo de la sociedad se determina, en última instancia, no por los deseos y las ideas de las personalidades eminentes, sino por el desarrollo de las condiciones materiales de existencia de la sociedad, por los cambios operados en los métodos de producción de los bienes materiales necesarios para la existencia de la sociedad, por los cambios operados en las relaciones de clase dentro del campo de la producción de bienes materiales y por la lucha de clases en torno al papel y al puesto que éstas desempeñan en el terreno de la producción y distribución de esos bienes materiales. No son las ideas las que determinan la situación económicosocial de los hombres, sino que la situación económicosocial de los hombres es la que determina sus ideas. Las personalidades más eminentes pueden quedar reducidas a la nada, si sus ideas y sus deseos se oponen al desarrollo económico de la sociedad, si se oponen a las exigencias de la clase avanzada. Y, por el contrario, los grandes hombres pueden realmente llegar a ser grandes cuando sus ideas y sus deseos traducen acertadamente las necesidades del desarrollo económico de la sociedad, las de la clase avanzada.

A la afirmación de los populistas de que la masa no es más que una grey y de que son los héroes los únicos que hacen la historia y convierten a la grey en pueblo, los marxistas contestaban: no son los héroes los que hacen la historia, sino que es ésta la que hace a los héroes; por lo tanto, lejos de ser los héroes los que crean el pueblo, es el pueblo el que crea a los héroes e impulsa el progreso de la historia. Los héroes, los grandes hombres, pueden desempeñar un papel importante en la vida de la sociedad sólo en la medida en que sepan comprender acertadamente las condiciones del desarrollo de la sociedad, comprender cómo modificarlas para mejorarlas. Los héroes, los grandes hombres, pueden caer en el ridículo y convertirse en personas inútiles y fracasadas si no saben comprender certeramente las condiciones de desarrollo de la sociedad y pretenden arremeter contra las exigencias históricas de ésta, considerándose fatuamente como los "creadores" de la historia.

A esta categoría de héroes fracasados pertenecían, precisamente, los populistas.

Los trabajos literarios de Plejanov, su lucha contra los populistas, socavaron profundamente la influencia de éstos entre los intelectuales revolucionarios. Pero la destrucción ideológica del populismo no era todavía completa, ni mucho menos. Esta tarea -la de acabar con el populismo, como enemigo del marxismo- le tocó en suerte a Lenin.

La mayoría de los populistas, seguidamente al aniquilamiento del partido "Voluntad del Pueblo", renegó de la lucha revolucionaria contra el gobierno zarista y comenzó a predicar la reconciliación y la armonía con el zarismo. En las décadas del 80 y del 90, los populistas eran ya portavoces de los intereses de los kulaks.

El grupo "Emancipación del Trabajo" adolecía también de errores graves. En su primer proyecto de programa quedaban aún residuos de las concepciones populistas, se admitía la táctica del terror individual. Plejanov no tenía en cuenta tampoco que, en el transcurso de la revolución, el proletariado puede y debe arrastrar consigo a los campesinos y que sólo aliado a éstos podía el proletariado triunfar sobre el zarismo. Además, Plejanov consideraba a la burguesía liberal como una fuerza capaz de prestar una ayuda, aunque no muy firme, a la revolución, y en cambio, en algunos de sus trabajos, dejaba de lado completamente a los campesinos, declarando, por ejemplo, que:

"Fuera de la burguesía y del proletariado, no vemos otras fuerzas sociales en las que puedan apoyarse, en nuestro país, las combinaciones oposicionistas o revolucionarias." (Plejanov, t. III, pág. 119. ed. rusa).

Estas falsas ideas de Plejanov fueron el germen de sus futuras concepciones mensheviques.

Tanto el grupo "Emancipación del Trabajo" como los círculos marxistas de aquella época se desenvolvían, prácticamente, al margen del movimiento obrero. Era aún el periodo de gestación y afianzamiento en Rusia de la teoría marxista, de la idea del marxismo, de las tesis programáticas de la socialdemocracia. En al década de 1884 a 1894, la socialdemocracia rusa estaba formada todavía por una serie de pequeños grupos y círculos desligados o muy poco en contacto con el movimiento obrero de masas. Como el niño que aun no ha nacido pero se desarrolla ya dentro del vientre materno, la socialdemocracia rusa atravesaba, como escribe Lenin, por un "proceso de desarrollo intrauterino".

El grupo "Emancipación del Trabajo" "echó solamente los cimientos teóricos de la socialdemocracia y dio el primer paso para salir al encuentro del movimiento obrero", dice Lenin.

Había de ser Lenin quien cumpliese la misión de fundir el marxismo con el movimiento obrero de Rusia, corrigiendo al mismo tiempo los errores del grupo "Emancipación del Trabajo".





3.

Lenin comienza su actuación revolucionaria.



Vladimir Ilich Lenin, fundador del bolshevismo, nació en la ciudad de Simbirsk (hoy Ulianovsk) en el año 1870. En 1887, ingresó en la Universidad de Kazán, pero a poco de esto fue detenido y expulsado de la Universidad por tomar parte en el movimiento revolucionario estudiantil. En Kazán, Lenin ingresó en el círculo marxista organizado por Fedoseiev. Al trasladarse Lenin a Samara, se formó en seguida en torno a él el primer círculo marxista de esta ciudad. Ya entonces Lenin asombraba a cuantos le conocían por su conocimiento del marxismo.

A fines de 1893, Lenin se trasladó a Petersburgo. Sus primeras intervenciones produjeron una fuerte impresión en los que asistían a los círculos marxistas de Petersburgo. Su conocimiento extraordinariamente profundo de la obra de Marx, su capacidad para aplicar el marxismo a la situación económica y política de la Rusia de aquel tiempo, su fe ardiente e inquebrantable en el triunfo de la clase obrera, si formidable talento de organizador: todo esto convirtió a Lenin en el dirigente indiscutible de los marxistas de Petersburgo.

Los obreros más avanzados, a los que enseñaba en los círculos de estudios, sentían por Lenin un gran cariño.

"Nuestras lecciones -cuenta en sus recuerdos el obrero Babushkin, hablando de la actuación de Lenin en los círculos obreros- tenían un carácter muy animado, muy interesante; todos estábamos contentísimos de aquellas lecciones y no nos cansábamos de admirar la inteligencia de nuestro profesor".

En 1895 Lenin unificó todos los círculos obreros marxistas que funcionaban en Petersburgo (eran ya cerca de 20) en la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera". Era un paso preparatorio hacia la creación de un Partido obrero marxista revolucionario.

Lenin trazó a esta "Unión de lucha" la misión de vincularse más estrechamente con el movimiento obrero de masas y dirigirlo políticamente. Propuso pasar de la propaganda del marxismo entre el número reducido de obreros avanzados, congregados en círculos de propaganda, a la agitación política candente entre las grandes masas de la clase obrera. Este viraje hacia la agitación de masas tuvo una importancia muy grande para el desarrollo posterior del movimiento obrero en Rusia.

En la década del 90 del siglo pasado, la industria rusa atravesaba por un periodo de prosperidad. Aumentaba el número de obreros. El movimiento proletario se fortalecía. De 1895 a 1899 no bajó de 221.000, según datos incompletos, el número de obreros que se pusieron en huelga. El movimiento obrero se convirtió en una fuerza importante en la vida política del país. La misma realidad se encargaba de confirmar las ideas de los marxistas, defendidas por éstos en su lucha contra los populistas, acerca del papel de vanguardia de la clase obrera en el movimiento revolucionario.

Bajo la dirección de Lenin, la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", combinaba la lucha de los obreros por sus reivindicaciones económicas -mejoramiento de las condiciones de trabajo, limitación de la jornada de trabajo, aumento de salario, etc.- con la lucha política contra el zarismo. La "Unión de lucha" educaba políticamente a los obreros.

La "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de Petersburgo fue, bajo la dirección de Lenin, la primera organización de Rusia que llevó a cabo la fusión del socialismo con el movimiento obrero. Cuando estallaba una huelga en cualquier fábrica, la "Unión", que conocía magníficamente, a través de los obreros que tomaban parte en sus círculos de estudios, la situación de cada empresa, reaccionaba inmediatamente con la publicación de hojas y proclamas socialistas. En estas hojas, se denunciaban los abusos de que los patronos hacían objeto a los obreros, se explicaba cómo debían luchar éstos para defender sus intereses y se reproducían sus reivindicaciones. Estas hojas contaban toda la verdad acerca de los horrores del capitalismo, de la mísera vida de los obreros, de su trabajo brutal y agotador, con jornadas de 12 a 14 horas, de su carencia total de derechos. Y en estas mismas hojas se formulaban las reivindicaciones políticas correspondientes. A fines de 1894, Lenin redactó, con intervención del obrero Babushkin, la primera de estas hojas de agitación y una proclama dirigida a los huelguistas de la fábrica de Semianikov, de Petersburgo. En otoño de 1895, Lenin escribió otra proclama a los obreros en huelga de la fábrica de Thornton. Esta fábrica era propiedad de unos capitalistas ingleses, que obtenían millones de ganancias. La jornada de trabajo, en esta empresa, era de más de 14 horas, y los tejedores ganaban unos 7 rublos al mes. La huelga terminó con el triunfo de los obreros. En poco tiempo, la "Unión de lucha" editó decenas de hojas y de proclamas de éstas, dirigidas a los obreros de diversas fábricas. Cada una de ellas levantaba y fortalecía el espíritu de los obreros. Estos veían que los socialistas les apoyaban y les defendían.

En el verano de 1896 se desarrolló, en Petersburgo, bajo la dirección de la "Unión de lucha", una huelga de 30.000 obreros textiles. La reivindicación principal de los huelguistas era la reducción de la jornada de trabajo. Bajo la presión de esta huelga, el gobierno zarista vióse obligado a dictar la ley del 2 de junio de 1897, limitando la jornada de trabajo a 11 horas y medio. Antes de dictarse esta ley, no existía limitación alguna.

En diciembre de 1895 fue detenido Lenin por el gobierno zarista. Pero aun dentro de la cárcel, prosiguió su lucha revolucionaria. Ayudaba a la "Unión" con sus consejos e indicaciones, enviándoles desde su celda folletos y proclamas. En la cárcel, escribió Lenin su folleto "Sobre las huelgas" y la proclama "Al gobierno zarista", en la que se ponía al desnudo el despotismo salvaje de aquel régimen. Lenin escribió también en la cárcel un proyecto de programa del Partido (hubo de escribirlo con leche entre las líneas de un libro de medicina).

La "Unión de lucha" de Petersburgo imprimió un poderoso impulso a la fusión de los círculos obreros en agrupaciones análogas en otras ciudades y regiones de Rusia. A mediados de la década del 90, aparecieron las primeras organizaciones marxistas en Transcaucasia. En 1894, se formó en Moscú la "Unión obrera" de esta ciudad. A fines de siglo, se constituyó la "Unión socialdemócrata" de Siberia. En la década del 90 surgieron también grupos marxistas en Ivánovo-Vosnesensk, Yaroslavl y Kostromá, las cuales se unieron después para formar la "Unión del Partido socialdemócrata del Norte". En la segunda mitad de esta misma década, se crearon también agrupaciones socialdemócratas en Rostov sobre el Don, Ekaterinoslav, Kiev, Nikolaiev, Tula, Samara, Kazán, Oréjovo-Súievo y otras ciudades.

La importancia de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de Petersburgo, estribaba en que esta organización era, según la expresión de Lenin, el primer comienzo serio de un partido revolucionario apoyado en el movimiento obrero.

La experiencia revolucionaria de la "Unión" de Petersburgo había de servir a Lenin, en su actuación posterior, de base para la creación de un Partido socialdemócrata marxista en Rusia.

Después de la detención de Lenin y de sus más cercanos compañeros de lucha, se renovó considerablemente la dirección de la "Unión de lucha" de Petersburgo. Apareció gente nueva, que se llamaba a sí misma "joven", denominando a Lenin y a sus compañeros de lucha "los viejos". Esta gente comenzó a seguir una línea política falsa. Declaraba que a los obreros había que llamarlos solamente a la lucha económica contra los patronos y que la lucha política incumbía a la burguesía liberal, a la que correspondía la dirección de la misma.

A esta gente se le comenzó a conocer por el nombre de "economistas".

Los "economistas" fueron el primer grupo conciliador, oportunista, que se formó dentro de las filas de las organizaciones marxistas, en Rusia.





4.

Lucha de Lenin contra el populismo y el "marxismo legal".



Aunque Plejanov había asestado ya, en la década del 80, un rudo golpe al sistema de las ideas populistas, a comienzos de la década del 90 estas ideas encontraban aún acogida en una parte de la juventud revolucionaria. Una parte de la juventud seguía creyendo que Rusia podría sustraerse a la trayectoria capitalista y que serían los campesinos y no la clase obrera quienes desempeñarían el papel fundamental de la revolución. Los populistas que aun quedaban esforzábanse en entorpecer por todos los medios la difusión del marxismo en Rusia, luchaban contra los marxistas y procuraban desacreditarlos a toda costa. Para asegurar una más amplia difusión del marxismo y la posibilidad de crear un Partido socialdemócrata, era necesario aplastar definitivamente al populismo en el terreno ideológico.

Esta labor fue realizada por Lenin.

En su libro titulado "¿Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas?" (publicado en 1894), Lenin puso al desnudo hasta el fin la verdadera faz de los populistas, como falsos "amigos del pueblo" que laboraban en realidad contra éste.

En la década del 90, los populistas habían renegado ya, en el fondo, desde hacía mucho tiempo, de toda lucha revolucionaria contra el gobierno zarista. Los populistas liberales predicaban la reconciliación con el zarismo. "Piensan sencillamente -escribía Lenin, refiriéndose a los populistas de aquel tiempo- que si se le implora sumisamente y con dulzura, este gobierno podrá arreglarlo todo de buena manera" (Lenin, t. I, pág. 161, ed. rusa).

Los populistas de la década del 90 cerraban los ojos ante la situación de los campesinos pobres, ante la lucha de clases en el campo, ante la explotación de los campesinos pobres por los kulaks y ensalzaban el desarrollo de las haciendas de éstos. En realidad, actuaban como portavoces de los intereses de los kulaks.

Al mismo tiempo, en su prensa, los populistas mantenían una campaña de difamación contra los marxistas. Desfigurando y tergiversando conscientemente las ideas de los marxistas rusos, hacían creer a sus lectores que los marxistas buscaban la ruina del campo, que querían "hacer pasar cada mujik por el horno de la fábrica". Lenin desenmascaró estas supercherías de la crítica populista y demostró que lo que importaba no eran los "deseos" de los marxistas, sino el proceso real del desarrollo del capitalismo en Rusia, que hacía crecer inevitablemente el contingente del proletariado. Y que el proletariado sería el enterrador del régimen capitalista.

Lenin puso de manifiesto que los verdaderos amigos del pueblo, que querían acabar con la opresión de los capitalistas y de los terratenientes y destruir el zarismo, no eran los populistas, sino los marxistas.

En su libro "¿Quiénes son los "amigos del pueblos"?", Lenin destaca por vez primera, la idea de la alianza revolucionaria entre los obreros y los campesinos como medio fundamental para derrocar el Poder del zarismo, de los terratenientes y de la burguesía.

En una serie de trabajos de este periodo, Lenin somete a crítica los medios de lucha política de que se servían los militantes del grupo más importante de los populistas - el de la "Voluntad del Pueblo"- y que más tarde habían de utilizar los socialrevolucionarios - continuadores de los populistas-, en particular la táctica del terror individual. Lenin consideraba esta táctica perjudicial para el movimiento revolucionario, ya que suplantaba la lucha de las masas por la lucha de unos cuantos héroes individuales. Esta táctica reflejaba la falta de fe en el movimiento revolucionario del pueblo.

En la obra "¿Quiénes son los "amigos del pueblo"?", Lenin traza las tareas fundamentales de los marxistas rusos. A su juicio, éstos debían, ante todo, tomando como base los dispersos círculos marxistas, organizar un Partido obrero socialista único. Señalaba, además, que habría de ser precisamente la clase obrera de Rusia, aliada con los campesinos, la que derribe la autocracia zarista, después de lo cual el proletariado ruso, aliado a las masas trabajadoras y explotadas y juntamente con los proletarios de otros países, marcharía por el camino derecho de la lucha política abierta hacia la revolución comunista victoriosa.

Así, pues, Lenin señalaba certeramente, hace más de 40 años, el camino de lucha por el que había de marchar la clase obrera, definía su misión como fuerza revolucionaria avanzada de la sociedad, y de definía asimismo la misión de los campesinos, como aliados de la clase obrera.

La lucha de Lenin y de sus partidarios contra el populismo condujo, ya en la década del 90, al completo y definitivo aplastamiento ideológico del populismo.

Una importancia inmensa tuvo también la lucha de Lenin contra el "marxismo legal". En todos los grandes movimientos sociales de la historia hay gente que se suma temporalmente al movimiento para luego separarse de él. Tal fue lo que ocurrió con los llamados "marxistas legales". Ante la gran difusión que el marxismo iba adquiriendo en Rusia, algunos intelectuales burgueses comenzaron a vestirse también con este ropaje, publicando artículos en los periódicos y revistas legales, es decir, autorizados por el gobierno zarista. De aquí el nombre de "marxistas legales" con que se les empezó a designar.

Esta gente luchaba a su modo contra los populistas. Pero intentaba utilizar esta lucha y la bandera del marxismo para supeditar y adaptar el movimiento obrero a los intereses de la sociedad burguesa, a los intereses de la burguesía. Para ello, descartaban de la doctrina de Marx los puntos fundamentales: la teoría de la revolución proletaria, de la dictadura del proletariado. El representante más destacado de los marxistas legales, Piotr Struve, ensalzaba a la burguesía, y, en vez de preconizar la lucha revolucionaria contra el régimen capitalista, invitaba a los obreros a "reconocer nuestra incultura y aprender del capitalismo".

En la lucha contra los populistas, Lenin consideraba lícito establecer un acuerdo temporal con los "marxistas legales" para utilizarlos contra aquellos, editando, por ejemplo, una selección de trabajos contra los populistas. Pero, al mismo tiempo, Lenin criticaba con toda crudeza a los "marxistas legales", poniendo al desnudo su médula liberal burguesa.

Muchos de estos "compañeros de viaje" se convirtieron luego en kadetes (nombre del partido más importante de la burguesía rusa) y, durante la guerra civil, en guardias blancos rabiosos.

A la par con las "Uniones de lucha" de Petersburgo, Moscú, Kiev, etc., se crearon también organizaciones socialdemócratas en las nacionalidades enclavadas en el occidente de Rusia. En la década del 90, se desgajaron del partido nacionalista polaco algunos elementos marxistas y formaron la "Socialdemocracia de Polonia y Lituania". A fines de siglo se crearon organizaciones socialdemócratas en Letonia. En octubre de 1897 se constituyó, en las provincias occidentales de Rusia, la Unión general socialdemócrata judía, el "Bund".

En 1898, algunas "Uniones de lucha", las de Petersburgo, Moscú, Kiev, Ekaterinoslav y el "Bund", hicieron el primer intento de unificarse para formar un Partido socialdemócrata. Con este fin se reunieron en marzo de 1898, en Minsk, en el primer Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (P.O.S.D.R.).

A este primer Congreso del P.O.S.D.R. asistieron, en total, 9 delegados. Lenin no asistió, pues por aquel entonces se hallaba deportado en Siberia. El Comité Central del Partido elegido en dicho Congreso no tardó en ser detenido. El "Manifiesto" lanzado en nombre del Congreso adolecía aún de muchos defectos. En él, no se señalaba la misión de la conquista del Poder político por el proletariado, y se rehuía el problema de los aliados de éste en su lucha contra el zarismo y la burguesía.

En sus acuerdos y en el "Manifiesto", el Congreso proclamaba la fundación del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.

En este acto formal, que desempeñó un gran papal en el plano de la propaganda revolucionaria, residió la importancia del primer Congreso del P.O.S.D.R.

Pero, a pesar de haberse celebrado este primer Congreso, en Rusia no existía aún, en realidad, un Partido socialdemócrata marxista. El Congreso no había logrado unir y enlazar orgánicamente los diversos grupos y organizaciones marxistas. No existía aún una línea única de trabajo entre las organizaciones locales; no existía un programa del Partido, ni estatutos de éste, ni un centro único de dirección.

Estas causas, unidas a toda otra serie de razones, hicieron que la dispersión ideológica entre las diversas organizaciones locales fuese en aumento, lo cual creaba condiciones propicias para que se fortaleciese dentro del movimiento obrero la corriente oportunista del "economismo".

Fueron necesarios varios años de intensa labor de Lenin y del periódico "Iskra" ("La chispa"), organizado por él, para acabar con aquella dispersión ideológica, superar las vacilaciones oportunistas y preparar la creación del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.





5.

Lucha de Lenin contra el "economismo".



Lenin no asistió al primer Congreso del P.O.S.D.R. Hallábase, por aquel entonces, deportado en Siberia, en la aldea de Sushenkoe, adonde le había desterrado el gobierno zarista, después de una larga prisión el la cárcel de Petersburgo, por su labor en la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera".

Pero Lenin proseguía su labor revolucionaria desde el destierro. Fue allá donde terminó su importantísima obra científica "El desarrollo del capitalismo en Rusia", que venía a rematar el aplastamiento ideológico del populismo. También escribió en el destierro su conocido folleto titulado "Las tareas de los socialdemócratas rusos".

A pesar de hallarse aislado de la labor práctica revolucionaria directa, Lenin sabía mantener contacto con activistas revolucionarios, sostenía correspondencia con ellos, se informaba por ellos y les daba consejos. Durante este tiempo, Lenin se ocupó especialmente del problema de los "economistas". Comprendía mejor que nadie que el "economismo" era la célula fundamental de la doctrina conciliacionista, del oportunismo y que el triunfo del "economismo" en el movimiento obrero significaría el socavamiento del movimiento revolucionario del proletariado, la derrota del marxismo.

Por eso, Lenin comenzó a combatir a los "economistas" desde el primer día de su aparición.

Los "economistas" afirmaban que los obreros sólo debían luchar en el terreno económico, dejando la lucha política a cargo de la burguesía liberal, a la que los obreros debían apoyar. Lenin reputaba estas prédicas de los "economistas" como propias de renegados del marxismo, como la negación de la necesidad de un partido político independiente para la clase obrera, como un intento de convertir a la clase obrera en un apéndice político de la burguesía.

En 1899, un grupo de "economistas" (Prokopovich, Kuskova y otros, que más tarde se hicieron kadetes) lanzó un manifiesto. En él se declaraban en contra del marxismo revolucionario y exigían que el proletariado renunciase a crear un partido político independiente, que la clase obrera renunciase a sus reivindicaciones políticas propias. Los "economistas" entendían que la lucha política era de incumbencia de la burguesía liberal y que los obreros tenían bastante con ocuparse de la lucha económica contra los patronos.

Después de conocer este documento oportunista, Lenin convocó una conferencia de los deportados políticos marxistas en las inmediaciones de la aldea en que él se hallaba, y 17 camaradas, con Lenin a la cabeza, formularon una enérgica protesta, denunciando las ideas de los "economistas".

Esta propuesta, redactada por Lenin, circuló por las organizaciones marxistas de toda Rusia y tuvo una importancia formidable para el desarrollo del marxismo y del partido marxista en Rusia.

Los "economistas" rusos predicaban las mismas ideas que, en los partidos socialdemócratas del extranjero, los adversarios del marxismo, los llamados "bernsteinianos", es decir, los partidarios del oportunista Bernstein.

Por eso, la lucha de Lenin contra los "economistas" era, al mismo tiempo, una lucha contra el oportunismo internacional.

La lucha fundamental mantenida contra el "economismo" por la creación de un partido político independiente del proletariado, corrió a cargo del periódico clandestino ""Iskra", creado por Lenin.

A comienzos de 1900, Lenin y otros afiliados a la "Unión de lucha" regresaron del destierro de Siberia a Rusia. Lenin se formó el propósito de crear un gran periódico marxista ilegal para todo el país. Existía ya una multitud de pequeños círculos y organizaciones marxistas, pero sin enlace alguno entre sí. En aquel momento, en que, para decirlo con palabras del camarada Stalin, "la labor a la manera artesana y el mal de círculos aislados roían al partido de arriba abajo y en que la dispersión ideológica era el rasgo característico de la vida interna del partido", la creación de un periódico clandestino para toda Rusia era la tarea fundamental que se planteaba a los marxistas revolucionarios. Sólo este periódico podía enlazar entre sí a las dispersas organizaciones marxistas y preparar la creación de un verdadero partido.

Pero un periódico así era imposible organizarlo en la Rusia zarista, por razón de las persecuciones policíacas. Al mes o a los dos meses, habría sido descubierto por los sabuesos de la policía zarista y destruido. Lenin decidió, pues, editarlo en el extranjero. El periódico, impreso en un papel fino y resistente, era introducido clandestinamente en Rusia. Algunos números de la "Iskra" se reproducían dentro del país, en las imprentas clandestinas de Bakú, de Kishinev, de Siberia, etc.

En el otoño de 1900, Lenin salió al extranjero para entrevistarse con los camaradas del grupo "Emancipación del Trabajo" respecto a la publicación de un periódico político para toda Rusia. Esta idea había sido perfilada por Lenin en el destierro, en todos sus detalles. A su paso por estos sitios, de vuelta de la deportación, Lenin celebró en Ufá, Pskov, Moscú y Petersburgo una serie de entrevistas sobre el periódico proyectado. En todos estos puntos se puso de acuerdo con los camaradas acerca de las claves para cambiar clandestinamente correspondencia y de las señas para el envío de publicaciones, y examinó con ellos el plan para la lucha futura.

El gobierno zarista dábase cuenta de que tenía en la persona de Lenin un enemigo peligrosísimo. En su correspondencia secreta, el agente de la "ojrana"

[ * ] Departamento de policía política secreta, en la Rusia zarista, creado para combatir el movimiento revolucionario. -(N. del T.).

zarista, el gendarme Subatov, escribía: "Hoy, no hay nadie más importante que Ulianov (Lenin) en el campo de la revolución", por cuya razón juzgó oportuno tomar medidas para organizar el asesinato de Lenin.

A su llegada al extranjero, Lenin se entrevistó con el grupo "Emancipación del Trabajo", es decir, con Plejanov, Axelrod y Sasulich, con quienes trató la edición en común de la "Iskra". Todo el plan de esta publicación había sido concebido y trazado por Lenin desde el principio hasta el fin.

En el mes de diciembre de 1900 apareció en el extranjero el primer número del periódico "Iskra". Debajo del título del periódico figuraba este lema: "De la chispa nacerá la llama". Eran palabras tomadas de la respuesta de los dekabristas

[ * ] Revolucionarios de la nobleza que se sublevaron contra la autocracia y la servidumbre en diciembre de 1825. (N. del T.).

al saludo que el poeta Pushkin les había dirigido a su destierro siberiano.

En efecto, la "Iskra", es decir, la chispa encendida por Lenin, había de provocar, andando el tiempo, la llama del gran incendio revolucionario que arrasó hasta los cimientos a la monarquía zarista de la nobleza y de los terratenientes y el Poder de la burguesía.





RESUMEN



El Partido Obrero Social Demócrata marxista de Rusia surgió, en primer lugar, de la lucha contra el populismo, contra sus ideas falsas y nocivas para la causa de la revolución.

Sólo destruyendo ideológicamente las concepciones de los populistas podía prepararse el terreno para la creación del Partido obrero marxista en Rusia. Plejanov y su grupo "Emancipación del Trabajo" asestaron un golpe decisivo al populismo en la década del 80 del siglo pasado.

En la década del 90, Lenin remató el aplastamiento ideológico del populismo y acabó con el.

El grupo "Emancipación del Trabajo", fundado en 1883, realizó una gran labor de difusión del marxismo en Rusia, echó los cimientos teóricos de la socialdemocracia y dio el primer paso para salir al encuentro del movimiento obrero.

Con el desarrollo del capitalismo en Rusia, creció rápidamente el contingente del proletariado industrial. A mediados de la década del 80, la clase obrera comenzó a marchar por la senda de la lucha organizada, por la senda de la actuación de masas y bajo la forma de huelgas organizadas. Pero los círculos y grupos marxistas sólo se ocupaban de propaganda, sin comprender bien la conveniencia de pasar a la labor de agitación de masas dentro de la clase obrera, por cuya razón no se hallaban aún en contacto práctico con el movimiento obrero, no lo dirigían.

La "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", creada por Lenin en Petersburgo en el año 1895, que desplegó una labor de agitación de masas entre los obreros y dirigió huelgas de masas, representaba una nueva etapa, el paso a la agitación de masas entre los obreros y a la fusión del marxismo con el movimiento obrero. Esta "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" fue el primer germen del partido obrero revolucionario en Rusia. Siguiendo las huellas de la "Unión de lucha" de Petersburgo, se crearon organizaciones marxistas en todos los principales centros industriales de Rusia y en las nacionalidades enclavadas en la periferia.

En 1898 se hizo el primer intento, que no prosperó, de unificar las organizaciones socialdemócratas marxistas en un partido, reuniéndose el primer Congreso del P.O.S.D.R. Pero este Congreso no logró crear todavía el Partido: no existía programa ni estatutos del Partido, ni centro único de dirección, ni casi ningún enlace entre los distintos círculos y grupos marxistas.

Para unir y enlazar entre sí las organizaciones marxistas dispersas, formando un partido único, Lenin concibió y realizó el plan de creación del primer periódico revolucionario marxista para toda Rusia: la "Iskra".

Los principales adversarios de la creación de un partido político obrero único eran, en este periodo, los "economistas". Estos negaban la necesidad de semejante partido. Apoyaban la dispersión y la labor a la manera artesana y el mal de círculos aislados. Contra ellos, precisamente, era contra quienes dirigían sus golpes Lenin y la "Iskra", creada por él.

La aparición de los primeros números de la "Iskra" (1900-1901) representó el paso al nuevo periodo, al periodo de la verdadera creación, a base de los grupos y círculos dispersos, del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.





1901-1904

FORMACIÓN DEL PARTIDO OBRERO SOCIAL DEMÓCRATA DE

RUSIA. EN EL PARTIDO SURGEN DOS FRACCIONES: LA

BOLSHEVIQUE Y LA MENSHEVIQUE



1.

Auge del movimiento revolucionario en Rusia en los años de 1901 a 1904.



A fines del siglo XIX estalló en Europa una crisis industrial. Esta crisis no tardó en extenderse también a Rusia. Durante los años de la crisis -1900 a 1903- se cerraron hasta 3.000 grandes y pequeñas empresas. Fueron lanzados a la calle más de 100.000 obreros. Los salarios de los que siguieron trabajando experimentaron una brusca disminución. Los capitalistas apresuráronse a revocar las concesiones insignificantes que los obreros les habían arrancado a fuerza de tenaces huelgas de carácter económico.

Pero la crisis industrial y el paro forzoso no paralizaron ni debilitaron el movimiento obrero. Lejos de ello, la lucha de los obreros comenzó a adquirir un carácter cada vez más revolucionario. Los obreros fueron pasando de las huelgas de carácter económico a las huelgas de tipo político. Por último, pasaron a la etapa de las manifestaciones, formulando diversas reivindicaciones políticas en torno a las libertades democráticas y lanzando la consigna de "¡Abajo la autocracia zarista!".

La huelga del Primero de Mayo de 1901 en la fábrica de material de guerra "Obujov", de Petersburgo, se convirtió en un choque sangriento entre los obreros y las tropas. Los obreros sólo podían hacer frente a los destacamentos armados del zarismo, con piedras y trozos de hierro. Fue vencida la tenaz resistencia de los obreros, y tras ella vino una terrible represión: fueron detenidos cerca de 800 obreros, muchos de los cuales se vieron lanzados a la cárcel o sepultados en el presidio. Pero la heroica "defensa de Obujov", ejerció una gran influencia sobre los obreros de Rusia y despertó entre ellos una oleada de simpatía.

En marzo de 1902 se produjeron las grandes huelgas y la manifestación de los obreros de Batum, organizadas por el Comité socialdemócrata de aquella ciudad. La manifestación de Batum puso en pie a los obreros y a las masas campesinas de Transcaucasia.

En el mismo año de 1902 se planteó una gran huelga en Rostov del Don. Al principio, sólo abandonaron el trabajo los ferroviarios, pero pronto se unieron a ellos los obreros de muchas fábricas. Esta huelga puso en pie a todos los obreros de Rostov, y en mítines organizados en las afueras de la ciudad durante varios días se reunieron más de 30.000 proletarios. En estos mítines leíanse en voz alta las proclamas socialdemócratas y hacían uso de la palabra diversos oradores. Ni la policía ni los cosacos eran los suficientemente fuertes para dispersar los muchos miles de obreros congregados en aquellas asambleas. La policía mató a varios obreros; al día siguiente, su entierro se convirtió en una inmensa manifestación. El gobierno zarista vióse obligado a traer tropas de las guarniciones vecinas para poder aplastar la huelga. La lucha de los obreros de Rostov fue dirigida por el Comité del Don del P.OS.D.R.

En el año 1903, las huelgas cobraron proporciones aun mayores. Durante este año se produjeron varias huelgas políticas de masas en el Sur, extendiéndose a toda Transcaucasia (Bakú, Tiflis, Batum) y a las principales ciudades de Ucrania (Odesa, Kiev, Ekaterinoslav). Las huelgas presentaban un carácter cada vez más tenaz y más organizado. A diferencia de lo que había ocurrido en otras acciones anteriores de la clase obrera, ahora casi toda la lucha política de los obreros comenzaba a estar dirigida por Comités socialdemócratas.

La clase obrera de Rusia se iba alzando a la lucha revolucionaria contra el poder zarista.

El movimiento obrero repercutía entre los campesinos. En la primavera y el verano de 1902 estalló un movimiento campesino en Ucrania (en las provincias de Poltava y Jarkov) y en la región del Volga. Los campesinos pegaban fuego a las fincas señoriales, se apoderaban de las tierras y daban muerte a los "zemskie nachalniki"

[ * ] Funcionarios destacados de la nobleza e investidos de Poder judicial y administrativo sobre los campesinos. (N. del T.).

y terratenientes más odiados. Se enviaron contra los campesinos sublevados fuerzas armadas que entraron a tiros en las aldeas; cientos de campesinos fueron detenidos y los dirigentes y organizadores del movimiento encarcelados, pero el movimiento revolucionario campesino seguía su marcha ascendente.

La actuación revolucionaria de los obreros y de los campesinos indicaba que en Rusia se estaba gestando y se acercaba la revolución.

Bajo la influencia de la lucha revolucionaria de los obreros, se robusteció también el movimiento de oposición entre los estudiantes. Como réplica a la manifestaciones y a las huelgas estudiantiles, el gobierno clausuró las Universidades, metió en la cárcel a cientos de estudiantes, y, por último, discurrió la idea de movilizar como soldados a los estudiantes rebeldes. Como respuesta a esto, los alumnos de todos los centros superiores de enseñanza organizaron, durante el invierno de 1901 a 1902, una huelga general de estudiantes que afectó a 30.000 personas.

El movimiento revolucionario de los obreros y campesinos y, sobre todo, la represión contra los estudiantes, pusieron también en pie a la burguesía y a los terratenientes liberales que tenían su plataforma en los llamados "zemstvos"; les obligaron a levantar la voz "protestando" contra el "rigor" del gobierno zarista, que castigaba duramente a sus hijitos, los estudiantes.

El punto de apoyo de estos liberales eran las "zemskie upravi". Llamábanse así los organismos de tipo local cuya competencia se hallaba circunscripta a cuestiones puramente municipales, relacionadas con la población rural (construcción de caminos, de hospitales y escuelas, etc.). En dichos organismos desempeñaban un papel bastante destacado los terratenientes liberales. Estos se hallaban estrechamente vinculados y casi fusionados con la burguesía liberal, pues comenzaban a pasar, en sus propiedades, del sistema semifeudal al capitalista, más beneficiosos para sus intereses. Ambos grupos de liberales eran, naturalmente, partidarios del gobierno zarista, aunque no estaban de acuerdo con el "rigor" del zarismo, precisamente porque temían que este "rigor" pudiese robustecer el movimiento revolucionario. Y, aunque les alarmaba el "rigor" del gobierno zarista, les alarmaba aún más la revolución. Con sus protestas contra el "rigor" del zarismo, los liberales perseguían dos fines: en primer lugar, hacer "entrar en razón" al zar; en segundo lugar, aparentar farisaicamente un "gran descontento" con el zarismo, para de este modo ganarse la confianza del pueblo, desviar a éste o a una parte de él de la revolución y debilitar así el movimiento revolucionario.

El movimiento liberal de los "zemstvos" no representaba, evidentemente, ningún peligro para la existencia del zarismo, pero era, a pesar de todo, un indicio de que éste no estaba muy bien avenido con los puntales "seculares" del régimen zarista.

El movimiento liberal de los "zemstvos" condujo, en 1902, a la organización del grupo burgués denominado "Liberación", que había de ser el núcleo constitutivo del futuro partido principal de la burguesía rusa, del partido de los kadetes.

Viendo que el movimiento obrero y campesino se extendía por todo el país como un torrente cada día más amenazador, el zarismo tomó todas las medidas encaminadas a detener el movimiento revolucionario. Las huelgas y las manifestaciones obreras eran reprimidas, y cada vez más frecuentemente, por la fuerza de las armas; las balas y el látigo se convirtieron en la respuesta normal del gobierno zarista a las acciones de los obreros y los campesinos; las cárceles y los lugares de deportación se llenaron de revolucionarios.

Pero, a la par con estas represiones violentas, el gobierno zarista intentó aplicar otras medidas más "flexibles", no represivas, para desviar a los obreros del movimiento revolucionario. Hiciéronse tentativas para crear falsas organizaciones obreras bajo la tutela de los gendarmes y la policía. Estas organizaciones se conocían con el nombre de organizaciones del "socialismo policíaco" u organizaciones Subatov (nombre del coronel de la gendarmería a quien se debió la creación de estas entidades obreras de tipo policíaco). Por medio de sus agentes, la "ojrana" zarista esforzábase en inculcar a los obreros la creencia de que el gobierno del zar estaba dispuesto, por su propio impulso, a ayudar a los obreros y a satisfacer sus reivindicaciones económicas. "¿Para qué necesitáis meteros en política, para qué vais a organizar la revolución, si el propio zar está al lado de los obreros?" - decían a los proletarios los agentes de Subatov. Estos crearon sus organizaciones en varias ciudades. Tomando como modelo el método Subatov y persiguiendo idénticos fines, el cura Gapón fundó, en 1904, una organización titulada "Asociación de los obreros fabriles rusos de Petersburgo".

Pero el intento de la policía secreta zarista, de adueñarse de la dirección del movimiento obrero, fracasó. El gobierno zarista no lograba atajar, con semejantes medidas, el creciente movimiento de las masas obreras. El movimiento revolucionario de la clase obrera, cada vez más poderoso, se encargó de barrer de su camino estas organizaciones policíacas.





2.

Plan de Lenin para la organización de un Partido Marxista.



- El oportunismo de los "economistas".





A pesar de haberse celebrado en 1898 el primer Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, en el que se había proclamado la creación del Partido, la realidad era que éste no estaba formado aún. No tenía programa ni estatutos. El Comité Central del Partido elegido en el primer Congreso, fue detenido y no volvió ya a reconstituirse, pues no hubo quien lo reconstituyera. Más aún; después del primer Congreso, la dispersión ideológica y la desarticulación orgánica del Partido, lejos de disminuir, aumentaron.

Los años de 1884 a 1894 habían sido el periodo de triunfo sobre el populismo y de preparación ideológica de la socialdemocracia; durante los años de 1894 a 1898, se hicieron una serie de intentos, ciertamente infructuosos, para crear, sobre la base de las diversas organizaciones marxistas, un partido socialdemócrata; el periodo que sigue a 1898 es un periodo de recrudecimiento del caos ideológico y orgánico dentro del Partido. El triunfo del marxismo sobre el populismo y la actuación revolucionaria de la clase obrera pusieron de manifiesto la razón que asistía a los marxistas, con lo cual aumentaron las simpatías de la juventud revolucionaria por el marxismo. El marxismo se puso de moda. Esto hizo que invadiesen las organizaciones marxistas masas enteras de jóvenes revolucionarios procedentes del campo intelectual, de formación teórica endeble, inexpertos en el aspecto político y en materia de organización y que sólo tenían una idea confusa y en gran parte falsa del marxismo, nutrida en los escritos oportunistas de los "marxistas legales", de que estaba plagada la Prensa. Esta circunstancia hizo que descendiese el nivel teórico y político de las organizaciones marxistas, deslizó en ellas las tendencias oportunistas de los "marxistas legales" y aumentó la dispersión ideológica, las vacilaciones políticas y el caos orgánico.

La marcha ascendente, cada vez más acentuada, del movimiento obrero y la clara inminencia de la revolución, reclamaban la creación de un partido único y centralizado de la clase obrera, capaz de ponerse al frente del movimiento revolucionario. Pero el estado en que se encontraban los órganos de base del Partido, los comités locales, los grupos y los círculos era tan poco halagüeño, su desarticulación orgánica y su falta de unidad ideológica tan grandes, que la creación de semejante partido ofrecía dificultades increíbles.

Estas dificultades no estribaban solamente en el hecho de tener que organizar el Partido bajo el fuego de las crueles persecuciones de zarismo, que arrebataba de las filas de las organizaciones a los mejores militantes, para mandarlos a la deportación, a la cárcel o al presidio. Había, además, otra dificultad, y era que una parte considerable de los comités locales y de sus militantes no querían levantar la vista de se pequeña labor práctica local, no comprendía el daño que hacía la falta de una unidad orgánica e ideológica del Partido, estaba acostumbrada al fraccionamiento de éste y al caos ideológico dentro de él, y se imaginaba que era posible prescindir de un partido único y centralizado.

Para crear un Partido centralizado, había que acabar con este atraso, con este estancamiento y practicismo estrecho de los órganos locales.

Pero aun había más. Existía dentro del Partido un grupo bastante numeroso de gente, que tenía sus órganos propios en la Prensa; en Rusia, "Rabochaia Misl" ("El pensamiento obrero2) y "Rabochee Dielo" ("La causa obrera") en el extranjero, y que pretendía justificar teóricamente la desarticulación orgánica y la dispersión ideológica del Partido, llegando incluso, no pocas veces, a ensalzarlas, y considerando que la tarea de crear un partido político único y centralizado de la clase obrera era una tarea innecesaria y artificiosa.

Este grupo era el de los "economistas" y sus secuaces.

Lo primero que había que hacer, para poder crear el Partido político único del proletariado, era acabar con los "economistas".

Lenin tomó en su mano esta tarea y la organización del Partido de la clase obrera.

Existían diversos criterios acerca del problema de por dónde debía comenzarse a organizar el Partido único de la clase obrera. Algunos entendían que la organización del Partido debía comenzar por la convocatoria del II Congreso de éste, dejando que él se encargase de unificar las organizaciones locales y de crear el Partido. Lenin era contrario a esta opinión. A su juicio, antes de convocar el congreso era necesario esclarecer el problema de los fines y tareas del Partido, saber qué clase de partido se pretendía organizar, deslindar ideológicamente los campos con los "economistas", decirle al Partido, honrada y abiertamente, que existían respecto a sus fines y tareas dos criterios distintos: el de los "economistas" y el de los socialdemócratas revolucionarios, desarrollar una amplia campaña de propaganda en la Prensa en pro de las ideas de la socialdemocracia revolucionaria, como la desarrollaban los "economistas" en pro de las suyas desde sus órganos, dar a las organizaciones locales la posibilidad de elegir con plena conciencia entre estas dos corrientes; sólo después de realizar esta labor previa indispensable, podría convocarse el congreso del Partido.

Leni decía, escuetamente:

"Antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido" (Lenin, t. IV, pág. 378, ed. rusa).

He aquí por qué Lenin entendía que la organización del Partido político de la clase obrera debía tener como punto de partida la creación de un periódico político combativo destinado a toda Rusia, en el que se hiciese propaganda y agitación en pro de las ideas de la socialdemocracia revolucionaria, y que la creación de este periódico tenía que ser el primer paso para la organización del Partido.

En su conocido artículo titulado "¿Por dónde empezar?", Lenin esbozaba un plan concreto de organización del Partido, que luego había de desarrollar en su célebre libro "¿Qué hacer?".

"A nuestro juicio -decía Lenin en aquel artículo-, el punto de partida para la actuación, el primer paso práctico hacia la creación de la organización deseada

[ * ] Es decir, hacia la creación del Partido. (N. de la R.).

y, finalmente, el hilo fundamental al que tendríamos que agarrarnos para desarrollar, ahondar y ensanchar inquebrantablemente esta organización, debe ser la creación de un periódico político destinado a toda Rusia... Sin éste, no sería posible desarrollar de un modo sistemático una propaganda y agitación, sólidas en el plano de los principios y extensivas a todos los aspectos, que son la tarea constante y fundamental de la socialdemocracia ahora y siempre y que deben ser, sobre todo, la tarea vital en los momentos actuales, en que el interés por la política, por los problemas del socialismo se ha despertado en las más extensas capas de la población" (Lenin, t. IV, pág. 110, ed. rusa).

Lenin entendía que un periódico así serviría de medio, no sólo para la cohesión ideológica del Partido, sino también para la unificación orgánica de las diversas organizaciones locales, formando un partido. La red de camaradas agentes y corresponsales de este periódico, que serían al mismo tiempo representantes de las organizaciones locales, constituiría el armazón en torno al cual se aglutinaría orgánicamente el Partido. Pues, "el periódico -decía Lenin-, no es sólo un propagandista y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo".

"Esta red -decía Lenin en el citado artículo- servirá de armazón precisamente para la organización que necesitamos: será lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada para poder introducir en ella una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente resistente para saber proseguir inquebrantablemente su labor bajo todas las circunstancias y ante todos los "virajes" y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo peligroso por su fuerza aplastante, cuando concentre toda su fuerza en un punto, pero sabiendo, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado" (Obra citada, pág. 112).

He ahí lo que quería que fuese el periódico "Iskra".

Y, en efecto, la "Iskra" fue precisamente el periódico político que preparó la cohesión ideológica y orgánica del Partido en toda Rusia.

Por lo que se refiere a su estructura y composición, Lenin entendía que el Partido debía constar de dos partes: a) un círculo reducido de militantes que formasen los cuadros de dirección fijos y en el cual debían entrar, fundamentalmente, los revolucionarios profesionales, es decir, los militantes sin más ocupación que el trabajo del Partido y dotados del mínimum indispensable de conocimientos teóricos, de experiencia política, de capacidad de organización y de habilidad para luchar con la policía zarista y escabullirse de ella, y b) una extensa red de organizaciones periféricas del Partido, integradas por una masa numerosísima de afiliados y rodeadas de la simpatía y el apoyo de cientos de miles de trabajadores.

"Yo afirmo -escribía Lenin-: 1) que no puede haber un movimiento revolucionario sólido sin una organización de dirigentes estable y que asegure la continuidad; 2) que cuanto más extensa sea la masa que se sienta espontáneamente arrastrada a la lucha... más apremiante es la necesidad de semejante organización y más sólida tiene que ser ésta...; 3) que dicha organización debe estar formada, fundamentalmente, por hombres entregados profesionalmente a las actividades revolucionarias; 4) que en el país de la autocracia, cuanto más restrinjamos el contingente de los miembros de una organización de este tipo, hasta no incluir en ella más que aquellos afiliados que se ocupen profesionalmente de actividades revolucionarias y que tengan ya una preparación profesional en el arte de luchar con la policía política, más difícil será "cazar" a esta organización, y 5) tanto mayor será el contingente de individuos de la clase obrera y de las demás clases de la sociedad que podrán participar en el movimiento y colaborar activamente en él" (Lenin, t. IV, pág. 456, ed. rusa.).

En cuanto al carácter del Partido que se trataba de crear y a su papel en relación con la clase obrera, así como en cuanto a los fines y tareas del Partido, Lenin entendía que éste debía ser el destacamento de vanguardia de la clase obrera, la fuerza dirigente del movimiento obrero, que unificase y orientase la lucha de clase del proletariado. La meta final del Partido había de ser el derrocamiento del capitalismo y la instauración del socialismo. Su meta inmediata, derribar al zarismo e implantar un régimen democrático. Y como el derrocamiento del capitalismo presumía el hundimiento del zarismo, el objetivo fundamental del Partido, en aquel momento concreto, consistía en poner en pie a la clase obrera y a todo el pueblo para la lucha contra el zarismo, en desencadenar un movimiento revolucionario popular contra el zarismo, y en derribar el régimen zarista, que era el primero y el gran obstáculo que se alzaba en el camino hacia el socialismo.

"La historia plantea hoy ante nosotros -decía Lenin- una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de ningún otro país. La realización de esta tarea, el hundimiento del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea, sino también (podemos decir hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional" (Lenin, t. IV, pág. 382, ed. rusa).

Y en otro lugar escribe:

"Debemos recordar que la lucha contra el gobierno por reivindicaciones parciales, la conquista de algunas concesiones aisladas, no son más que pequeñas escaramuzas con el enemigo, pequeños combates de avanzadas, y que la batalla decisiva no se ha dado aún. Ante nosotros se alza con todo su poder la fortaleza enemiga, desde la cual se nos hacen descargas cerradas que barren a nuestros mejores combatientes. Tenemos que tomar esta fortaleza y la tomaremos, si sabemos unir en un solo partido -al que se sumará cuanto hay en Rusia de vital y de honrado- todas las fuerzas del proletariado, que ya ha abierto los ojos, y todas las fuerzas revolucionarias rusas. Sólo entonces se cumplirá la gran profecía del revolucionario obrero ruso Piotr Alexeiev: "Se levantará el brazo vigoroso de los millones de hombres obreros, y el yugo del despotismo, defendido por las bayonetas de los soldados, saltará hecho añicos" (Obra citada, pág 59).

Tal era el plan de Lenin para la creación del Partido de la clase obrera, dentro de las condiciones de la Rusia zarista autocrática.

Los "economistas" no tardaron en romper el fuego contra el plan de Lenin.

Afirmaban que la lucha en el plano político general contra el zarismo era incumbencia de todas las clases y sobre todo de la burguesía, y que no presentaba, por tanto, ningún interés considerable para la clase obrera, ya que lo que fundamentalmente interesaba a los obreros era la lucha económica contra los patronos por el aumento de los salarios, la mejora de las condiciones de trabajo, etc. Por consiguiente, los socialdemócratas no debían asignarse como tarea inmediata fundamental la lucha política contra el zarismo, el derrocamiento del régimen zarista, sino la organización de la "lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno", entendiendo por lucha económica contra el gobierno la lucha por el perfeccionamiento de la legislación industrial. Los "economistas" aseguraban que por este medio podía "darse a la misma lucha económica un carácter político".

Los "economistas" ya no se atrevían a manifestarse formalmente en contra de la necesidad de un partido político para la clase obrera. Pero entendían que este partido no debía ser la fuerza dirigente del movimiento obrero, que no debía inmiscuirse en el movimiento espontáneo de la clase obrera, ni mucho menos dirigirlo, sino marchar a la zaga de él, estudiarlo y sacar de él enseñanzas.

Afirmaban asimismo los "economistas" que el papel del elemento consciente en el movimiento obrero, el papel organizador y orientador de la conciencia socialista, de la teoría socialista, era insignificante o poco menos, que la socialdemocracia no debía elevar a los obreros al nivel de la conciencia socialista, sino, por el contrario, descender ella y adaptarse al nivel de las capas medias e incluso de las más atrasadas de la clase obrera, que la socialdemocracia no debía inculcar en la clase obrera, una conciencia socialista, sino esperar a que el mismo movimiento espontáneo de la clase obrera forjase en ella una conciencia socialista por sus propias fuerzas.

En cuanto al plan orgánico de estructuración del Partido trazado por Lenin, lo consideraban como una especie de coacción a que se pretendía someter al movimiento espontáneo.

En las páginas de la "Iskra" y, sobre todo, en su célebre libro "¿Qué hacer?", Lenin se lanzó contra esta filosofía oportunista del "economismo" y no dejó piedra sobre piedra de ella.

1) Lenin señaló que el desviar a la clase obrera de la lucha política general contra el zarismo, reduciendo su misión a la lucha económica contra los patronos y el gobierno y dejando en pie e indemnes a unos y otros, significaba condenar a los obreros a eterna esclavitud. La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno es una lucha de tipo tradeunionista por lograr mejores condiciones de venta de la fuerza de trabajo a los capitalistas, pero los obreros no quieren luchar solamente por mejorar las condiciones de venta de su fuerza de trabajo, sino que quieren luchar también para destruir el mismo sistema capitalista, que los condena a la necesidad de vender a los capitalistas su fuerza de trabajo y de someterse a la explotación. Ahora bien, los obreros no podrán desplegar la lucha contra el capitalismo, no podrán desplegar la lucha por el socialismo, mientras se alce en el camino del movimiento obrero el zarismo, que es el perro de presa del capitalismo. Por eso, la tarea más urgente del Partido y de la clase obrera consiste en quitar de en medio al zarismo, despejando con ello el camino hacia el socialismo.

2) Lenin señaló que el ensalzar el proceso espontáneo del movimiento obrero y el negar el papel dirigente del Partido, reduciendo su misión a la de mero registrador de los acontecimientos, significaba: predicar el "seguidismo" (ir "a remolque" de los acontecimientos), predicar que el Partido debía marchar a la zaga del proceso espontáneo; convertirse en una fuerza pasiva del movimiento, apta solamente para contemplar el proceso espontáneo y abandonarse a su desarrollo automático. Preconizar esto equivalía a preconizar la destrucción del Partido, es decir, a dejar a la clase obrera sin partido o, lo que es lo mismo, a desarmar a la clase obrera. Y desarmar a la clase obrera en un momento en que se alzaban ante ella enemigos tan poderosos como el zarismo, armado con todos los medios de lucha, y la burguesía, organizada a la moderna y dotada de su propio partido que la dirigía en la lucha contra la clase obrera, equivalía a traicionar al proletariado.

3) Lenin señaló que el prosternarse ante el movimiento obrero espontáneo y rebajar el papel del elemento consciente, el papel de la conciencia socialista, de la teoría socialista, significaba, en primer lugar, burlarse de los obreros, que tienden hacia la conciencia como la planta hacia la luz, y en segundo lugar, desprestigiar a los ojos del Partido la teoría, es decir, el arma gracias a la cual el Partido tiene conciencia del presente y prevé el futuro, y en tercer lugar, hundirse total y definitivamente en la charca del oportunismo.

"Sin teoría revolucionaria -decía Lenin- no puede haber tampoco movimiento revolucionario... Sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir su misión de combatiente de vanguardia" (Lenin, t. IV, pág. 380, ed. rusa).

4) Lenin señaló que los "economistas" engañaban a la clase obrera al afirmar que el movimiento espontáneo del proletariado podía engendrar una ideología socialista, pues en realidad ésta no brota del movimiento espontáneo, sino de la ciencia. Al negar la necesidad de inculcar en la clase obrera una conciencia socialista, los "economistas" allanaban el camino a la ideología burguesa, ayudándola a infiltrarse, a penetrar en la clase obrera, y por consiguiente, enterraban la idea de la fusión del movimiento obrero con el socialismo y prestaban un servicio a la burguesía.

"Todo lo que sea prosternarse ante el movimiento obrero espontáneo - decía Lenin-, todo lo que se rebajar la importancia del "elemento consciente", la importancia de la socialdemocracia, equivale -independientemente en absoluto de la voluntad de quien lo hace- a fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros" (Obra citada, página 390).

Y más adelante:

"El problema se plantea solamente así: ¿ideología burguesa o ideología socialista? No hay término medio... Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella, equivale a fortalecer la ideología burguesa" (Obra citada, págs. 391-392).

5) Resumiendo todos estos errores de los "economistas", Lenin llegó a la conclusión de que a lo que ellos aspiraban no era a crear el partido de la revolución social, que emancipase a la clase obrera del capitalismo, sino un partido de "reformas sociales", cuya premisa era el mantenimiento de la dominación del capitalismo; que, por lo tanto, los "economistas" eran reformistas que traicionaban los intereses fundamentales del proletariado.

6) Finalmente, Lenin señaló que el "economismo" no había brotado en Rusia por azar, sino que sus mantenedores eran el vehículo de la influencia burguesa sobre la clase obrera y que sus aliados en los partidos socialdemócratas de los países occidentales eran los revisionistas, los adeptos del oportunista Bernstein. Entre los socialdemócratas de la Europa occidental se había ido fortaleciendo cada vez más la corriente oportunista, que actuaba bajo la bandera de la "libertad de crítica" de marxismo, exigía la "revisión" de la teoría de Marx (de aquí el nombre de "revisionismo") y exigía que se renunciase a la revolución, al socialismo, a la dictadura del proletariado. Pues bien, Lenin demostró que esta misma línea de renuncia a la lucha revolucionaria, al socialismo y a la dictadura del proletariado era la que seguían los "economistas" rusos.

Tales son las tesis teóricas fundamentales desarrolladas por Lenin en su libro "¿Qué hacer?".

La difusión de esta obra de Lenin fue tan eficaz, que al año de su aparición ("¿Qué hacer?" vio la luz en marzo de 1902), por la fecha en que se celebró el II Congreso del Partido Social Demócrata de Rusia, no quedaban ya de las posiciones ideológicas de los "economistas" más que un recuerdo poco grato, y el apelativo de "economista" comenzaba a considerarse por la mayoría de los militantes del Partido como un insulto.

El "economismo", la ideología del oportunismo, del "seguidismo" y del automatismo, había quedado completamente pulverizado.

Pero no se redujo a esto al importancia de la obra de Lenin "¿Qué hacer?".

La significación histórica de esta famosa obra consiste en que en ella Lenin:

1) puso al desnudo, por vez primera en la historia del pensamiento marxista, hasta en sus últimas raíces, las fuentes ideológicas del oportunismo, demostrando que consisten, ante todo, en prosternarse ante la espontaneidad del movimiento obrero y rebajar el papel de la conciencia socialista en el movimiento proletario;

2) reivindicó en todo su valor la importancia de la teoría, del elemento consciente, del Partido, como fuerza revolucionaria y dirigente del movimiento obrero espontáneo;

3) fundamentó de un modo brillante la tesis cardinal del marxismo, según la cual el Partido marxista es la fusión del movimiento obrero con el socialismo;

4) elaboró genialmente los fundamentos ideológicos del Partido marxista.

Las tesis teóricas desarrolladas en la obra "¿Qué hacer?" sirvieron luego de base para la ideología del Partido bolshevique.

Pertrechada con esta riqueza teórica, la "Iskra" pudo desplegar y desplegó, en efecto, una amplia campaña en pro del plan leninista de organización del Partido, en pro de la concentración de fuerzas del Partido, en pro del II Congreso del Partido, en pro de una socialdemocracia revolucionaria, contra los "economistas", contra los oportunistas de toda clase y calaña, contra los revisionistas.

La tarea más importante realizada por la "Iskra" consistió en elaborar un proyecto de programa del Partido. El programa del Partido obrero es, como se sabe, una breve exposición, plasmada en fórmulas científicas, de los fines y las tareas de lucha de la clase obrera. El programa traza tanto la meta final del movimiento revolucionario del proletariado, como las reivindicaciones por las que lucha el Partido en su marcha hacia la meta final. Por eso, la elaboración de un proyecto de programa no podía por menos de tener una importancia primordial.

Durante la elaboración del proyecto del programa surgieron, en el seno de la redacción de la "Iskra", serias discrepancias entre Lenin y Plejanov, así como entre Lenin y los demás redactores. Estas discrepancias y disensiones estuvieron a punto de conducir a una ruptura completa entre Lenin y Plejanov. Pero la ruptura no llegó a producirse aún por aquel entonces. Lenin logró que en el proyecto de programa se hiciese figurar el punto importantísimo de la dictadura del proletariado y se proclamase de un modo terminante el papel dirigente de la clase obrera en la revolución.

Obra de Lenin era también toda la parte agraria del programa del Partido. Lenin era ya entonces partidario de la nacionalización de la tierra, aunque en la primera etapa de la lucha reputaba necesario lanzar la consigna de la devolución a los campesinos de los "recortes", o sea de las tierras que les habían sido arrebatadas por los terratenientes en el momento de su "emancipación". Plejanov, en cambio, se manifestaba en contra de la nacionalización de la tierra.

Las discrepancias entre Lenin y Plejanov en torno al programa del partido eran ya un anticipo del deslinde de campos que más adelante había de trazarse entre los bolsheviques y los mensheviques.





3.

El II Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia. - Son aprobados el programa y los estatutos y se crea el Partido único. - Discrepancias en el



Congreso y aparición de dos tendencias dentro del Partido: la bolshevique y la menshevique.



El triunfo de los principios de Lenin y la lucha eficaz de la "Iskra" en pro del plan leninista de organización fueron, pues, preparando todas las condiciones fundamentales necesarias para crear el Partido, o como se decía por aquel entonces, el verdadero Partido. La tendencia de la "Iskra" triunfó entre las organizaciones socialdemócratas de Rusia. Ahora ya se podía convocar el II Congreso del Partido.

Este Congreso inició sus tareas el 17 (30) de julio de 1903. Tuvo que reunirse clandestinamente en el extranjero. Las primeras sesiones se celebraron en Bruselas. Pero, ante las persecuciones de la policía, los delegados hubieron de salir de Bélgica, y el Congreso se trasladó a Londres.

Asistieron a él 43 delegados, representando a 26 organizaciones. Cada comité tenía derecho a enviar al Congreso 2 delegados, pero algunos sólo enviaron uno. Así se explica que los 43 delegados representasen 51 votos.

La tarea fundamental de este Congreso consistía: "en crear un verdadero Partido sobre aquellas bases orgánicas y de principio que habían sido propugnadas y elaboradas por la "Iskra" (Lenin, t. IV, pág. 164, ed. rusa).

La composición del Congreso era heterogénea. No estaban representados en él abiertamente los "economistas", pues se lo impedía la derrota que habían sufrido. Pero habían llegado, con el tiempo, a disfrazarse tan hábilmente, que lograron deslizar en el Congreso algunos delegados. Además, los delegados del "Bund" sólo de palabra se diferenciaban de los "economistas", pues en realidad estaban de acuerdo con ellos.

Por tanto, en este Congreso no tomaron parte solamente los adeptos de la "Iskra", sino también sus adversarios. Los "iskristas" eran 33, es decir, la mayoría. Pero no todos los que figuraban en este campo estaban sinceramente identificados con las posiciones de Lenin. Los delegados se dividían en diversos grupos. Los leninistas, o sea los adeptos firmes de la "Iskra", contaban con 24 votos. Martov tenía 9 votos de "iskristas" poco consecuentes. Una parte de los delegados vacilaba entre la "Iskra" y sus adversarios, y disponía de 10 de votos. Estos delegados formaban el centro. Los adversarios declarados de la "Iskra" contaban con 8 votos (3 "economistas" y 5 del "Bund"). Si los defensores de la "Iskra" aparecían desunidos, sus enemigos podían ganarles la batalla.

Basta esto para comprender cuán compleja era la situación en que se desenvolvía el Congreso. Lenin desplegó grandes esfuerzos para asegurar en él el triunfo de la "Iskra".

La tarea más importante del Congreso era la aprobación del programa del Partido. El problema fundamental que provocó la oposición del sector oportunista en la discusión del programa fue el de la dictadura del proletariado. No era éste el único punto programático en que los oportunistas no estaban de acuerdo con el sector revolucionario del Congreso. Pero decidieron dar la batalla, fundamentalmente, en el punto de la dictadura del proletariado, remitiéndose al hecho de que este punto no figuraba en los programas de una serie de partidos socialdemócratas del extranjero, razón por la cual no había, según ellos, por qué incluirlo en el programa de la socialdemocracia de Rusia.

Los oportunistas oponíanse también a que figurasen en el programa del Partido las reivindicaciones referentes al problema campesino. Aquella gente no quería la revolución; por eso rehuía a los aliados de la clase obrera, a los campesinos, y los miraba con malos ojos.

Los "bundistas" y los socialdemócratas polacos se manifestaron en contra del derecho de autodeterminación de las naciones. Lenin había sostenido siempre que la clase obrera tenía el deber de luchar contra la opresión nacional. El manifestarse en contra de esta reivindicación dentro del programa, equivalía a desertar del internacionalismo proletario, a convertirse en cómplices de la opresión nacional.

Lenin asestó un golpe demoledor a la oposición en todos estos problemas.

El Congreso aprobó el programa propuesto por la "Iskra",

Este programa constaba de dos partes: el programa máximo y el programa mínimo. En el programa máximo se hablaba de la misión fundamental del Partido de la clase obrera: de la revolución socialista, del derrocamiento del poder de los capitalistas y de la instauración de la dictadura del proletariado. En el programa mínimo se exponían los objetivos inmediatos del Partido, que podían realizarse sin aguardar a que fuese derribado el régimen capitalista y se instaurase la dictadura del proletariado, a saber: derrocamiento de la autocracia zarista, implantación de la República democrática, introducción de la jornada de 8 horas para los obreros, destrucción de todos los vestigios feudales en el campo, devolución a los campesinos de las tierras que les habían sido arrebatadas por los terratenientes (los llamados "recortes").

Más tarde, los bolsheviques sustituyeron esta última reivindicación por otra; por la de la confiscación de todas las tierras de los terratenientes.

El programa aprobado por el II Congreso era el programa revolucionario del Partido de la clase obrera.

Este programa se mantuvo en vigor hasta el VIII Congreso del Partido bolshevique, convocado después del triunfo de la Revolución proletaria, en el que fue aprobado un nuevo programa.

Después de la aprobación del programa del Partido, el II Congreso pasó a la discusión del proyecto de estatuto. Una vez aprobado el programa y sentadas las bases para la unificación ideológica del Partido, el Congreso hubiera debido aprobar también los estatutos, para poner fin a la labor a la manera artesana y al mal de círculos, a la dispersión orgánica del Partido y a la ausencia de una disciplina firme dentro de él.

Pero si la aprobación del programa había sido relativamente fácil, el problema de los estatutos provocó furiosas discusiones en el seno del Congreso. La discrepancia más aguda fue la que surgió en torno al texto del primer artículo de los estatutos, en el que se definía la condición de miembro del Partido. ¿Quién podía ser miembro del Partido, cómo debía estar formado éste, qué debía ser el Partido en cuanto a organización, un todo orgánico o algo informe? Tales eran los problemas que planteaba la discusión del artículo primero de los estatutos. Estaban en pugna dos fórmulas: la de Lenin, apoyada por Plejanov y por los "iskristas" consecuentes, y la de Martov, apoyada por Axelrod, Sasulich, los partidarios vacilantes de la "Iskra", Trotski y todos los oportunistas declarados que tomaban parte en el Congreso.

La fórmula de Lenin consistía en que sólo pudiese ser miembro del Partido quien aceptase su programa, ayudase al partido en el aspecto material y estuviese afiliado a una de sus organizaciones. La fórmula de Martov, aun considerando como condiciones necesarias en todo miembro del Partido el reconocimiento del programa y la ayuda material a aquel, no reputaba requisito indispensable el hecho de formar parte de una organización del Partido, por entender que se podía ser miembro de éste sin estar afiliado a ninguna de sus organizaciones.

Lenin consideraba al Partido como un destacamento organizado, cuyos miembros no se suman por sí mismos al Partido, sino que son admitidos por una de sus organizaciones, sometiéndose con ello a la disciplina del Partido, mientras que Martov veía en él, desde el punto de vista orgánico, una entidad informe cuyos miembros se sumaban por sí mismos al Partido y no se hallaban, por tanto, sujetos a su disciplina, ya que no ingresaban en ninguna de sus organizaciones.

La fórmula de Martov, a diferencia de la de Lenin, abría de par en par las puertas del Partido a los elementos vacilantes no proletarios. En vísperas de la revolución democráticoburguesa había, entre los intelectuales de la burguesía, hombres de esta clase que simpatizaban momentáneamente con la revolución. Estos hombres podían, de vez en cuando, prestar incluso ciertos servicios al Partido. Pero no se prestaban a entrar en la organización, a someterse a la disciplina del Partido, a cumplir sus tareas, ni se expondrían a los peligros que esto llevaba aparejados. Esta clase de personas era a la que Martov y otros mensheviques proponían que fuesen considerados como afiliados al Partido, dándoles el derecho y la posibilidad de influir en los asuntos del Partido. Llegaban incluso a proponer que cualquier huelguista tuviese derecho a "contarse" como miembro del Partido, a pesar de que en las huelgas tomaban parte también elementos no socialistas, anarquistas y socialrevolucionarios.

En vez de un Partido monolítico y combativo, netamente organizado, por el que luchaban Lenin y los leninistas en el Congreso, los martovistas querían un Partido heterogéneo, difuso e informe, que no podría jamás ser un Partido combativo, aunque sólo fuese por razón de su heterogeneidad, y porque jamás podría poseer una recia disciplina.

La deserción de los "iskristas" vacilantes, que dejaron solos a los partidarios consecuentes de la "Iskra" para aliarse con los delegados del centro, y el refuerzo de los oportunistas descarados, dieron a Martov la superioridad numérica en este problema. El Congreso, por 28 votos contra 22 y una abstención, aprobó el artículo primero de los estatutos con el texto propuesto por Martov.

Después de la escisión de los "iskristas" con motivo del artículo primero de los estatutos, se agudizó todavía más la lucha dentro del Congreso. Este se acercaba al punto final, a la elección de los organismos de dirección del Partido: redacción del órgano central del Partido (la "Iskra") y Comité Central. Pero, antes de llegar a este último punto del orden del día, se produjeron en el Congreso algunos hechos que hicieron cambiar la correlación de fuerzas establecida.

En relación con los estatutos, el Congreso hubo de tratar del "Bund". Este pretendía ocupar una situación especial dentro del Partido. Exigía que se le reconociese como la única representación de los obreros judíos de Rusia. Acceder a esta petición equivalía a escindir a los obreros, dentro de las organizaciones del Partido, con arreglo a su nacionalidad, renunciando a la existencia de organizaciones únicas de clase del proletariado según el principio territorial. El Congreso rechazó el nacionalismo del "Bund" como base de organización política. En vista de esto, los "bundistas" se retiraron. Retiráronse también dos "economistas", cuando el Congreso se negó a reconocer la agrupación organizada por ellos en el extranjero como representación del Partido fuera de Rusia.

La retirada del Congreso de estos siete oportunistas hizo que la correlación de fuerzas se alterase a favor de los leninistas.

El problema de la composición de los organismos centrales del Partido ocupó el centro de la atención de Lenin desde el primer momento. Lenin consideraba necesario llevar al Comité Central a revolucionarios firmes y consecuentes. Los martovistas luchaban por dar el predominio dentro de aquel organismo a los elementos vacilantes, oportunistas. La mayoría del Congreso se colocó en este punto al lado de Lenin. El Comité Central quedó integrado por leninistas.

A propuesta de Lenin, fueron elegidos para la redacción de la "Iskra" Lenin, Plejanov y Martov. Este exigió que fuesen reelegidos para la redacción del periódico los seis antiguos redactores de la "Iskra", los cuales, en su mayoría, eran martovistas. El Congreso rechazó, por mayoría de votos, esta propuesta, siendo elegidos los tres redactores propuestos por Lenin. En vista de esto, Martov dimitió su puesto en la redacción del periódico.

Por tanto, los acuerdos tomados por el Congreso en cuanto a la formación de los organismo centrales del Partido ahondaron la derrota de los martovistas y dieron el triunfo a los partidarios de Lenin.

Desde entonces, a los partidarios de Lenin, que habían obtenido mayoría de votos en la elección de los organismos centrales por el II Congreso, se les empezó a llamar bolsheviques y a sus adversarios, que se quedaron en minoría, mensheviques.

Resumiendo las tareas del II Congreso del Partido, llegamos a las siguientes conclusiones:

1) El Congreso afianzó la victoria del marxismo sobre el "economismo", sobre el oportunismo declarado;

2) Aprobó el programa y los estatutos del Partido, creó el Partido Socialdemócrata y, con él, el marco para un Partido único;

3) Puso al desnudo la existencia de graves discrepancias en punto a organización, discrepancias que dividieron al Partido en dos campos, el de los bolsheviques y el de los mensheviques, de los cuales los primeros defendían los principios de organización de la socialdemocracia revolucionaria, mientras que los segundos se hundían en la charca de la difusión orgánica, en la charca del oportunismo;

4) Puso de manifiesto que la vacante de los antiguos oportunistas, ya derrotados por el Partido, la vacante de los "economistas", empezaba a ser ocupada dentro del Partido por nuevos oportunistas, por los mensheviques;

5) El Congreso no se mostró a la altura de su misión en lo tocante a los problemas de organización, dio pruebas de vacilaciones, llegando incluso, a veces, a dar predominio a los mensheviques, y aunque hacia el final se corrigió, no supo, no ya desenmascarar el oportunismo de los mensheviques en los problemas de organización y de aislarlos dentro del Partido, sino ni siquiera plantear ante éste semejante tarea.

Esta última circunstancia fue una de las causas fundamentales de que la lucha entre los bolsheviques y los mensheviques, lejos de aplacarse después del II Congreso, recrideciese todavía más.





4.

Manejos escisionistas de los líderes mensheviques y agudización de la lucha dentro del Partido después del II Congreso.



Después del II Congreso, la lucha dentro del Partido se agudizó todavía más. Los mensheviques esforzábanse con todo ahínco en minar los acuerdos del Congreso y apoderarse de los organismos centrales del Partido. Exigían que se incorporasen a la redacción de la "Iskra" y al Comité Central el número de representantes suyos necesarios para tener mayoría en la redacción del periódico y la paridad con los bolsheviques en el C.C. Los bolsheviques rechazaron esta exigencia, que contravenía los acuerdos explícitos del Congreso. En vista de esto, los bolsheviques crearon, a espaldas del Partido y hostil al mismo, su propia organización fraccional, a cuyo frente se hallaban Martov, Trotski y Axelrod, y "se rebelaron -según frase de Martov- contra el leninismo". Eligieron como método de lucha contra el Partido "la desorganización de todo el trabajo del Partido, saboteando, entorpeciéndolo en todo lo que podían" (palabras de Lenin). Se atrincheraron en la "Liga extranjera" de los socialdemócratas rusos, cuyos componentes, en un noventa por ciento, eran intelectuales emigrados, desligados de toda actuación práctica en Rusia, y comenzaron a hostilizar desde allí al Partido, a Lenin y a los leninistas.

Plejanov ayudó considerablemente a los mensheviques. En el II Congreso, había marchado de acuerdo con Lenin, pero después se dejó asustar por los mensheviques con la amenaza de la escisión y decidió "reconciliarse" a toda costa con ellos. El peso de sus viejos errores oportunistas le arrastraban al campo menshevique. No tardó en convertirse, de conciliador con los mensheviques oportunistas, en un menshevique más. Exigió que fuesen incorporados a la redacción de la "Iskra" todos los antiguos redactores mensheviques, rechazados por el Congreso. Y como Lenin no podía, naturalemente, avenirse a esto, salió de la redacción del periódico para hacerse fuerte en el Comité Central del Partido y derrotar desde aquí a los oportunistas. Plejanov, por sí y ante sí, infringiendo la voluntad del Congreso, incorporó a la redacción de la "Iskra" a los redactores mensheviques que había sido eliminados de ella. Desde este momento, a partir del número 52, los mensheviques convirtieron el periódico en órgano suyo y comenzaron a predicar desde él sus ideas oportunistas.

Desde entonces, se estableció, dentro del Partido, la costumbre de llamar a la vieja "Iskra", la "Iskra" leninista, bolshevique y a la nueva "Iskra", menshevique, oportunista.

Al pasar a manos de los mensheviques, la "Iskra" se convirtió en órgano de lucha contra Lenin y los bolsheviques, en órgano de propaganda del oportunismo menshevique, sobre todo en lo tocante a los problemas de organización. Los mensheviques, coaligados con los "economistas" y los "bundistas", abrieron desde las columnas de la "Iskra" una campaña contra el leninismo, como ellos lo llamaban. Plejanov, en la imposibilidad de mantener a la larga sus posiciones conciliacionistas, se sumó también a la campaña al cabo de algún tiempo. Tampoco podía ser de otro modo, según la lógica de las cosas: quien desciende al terreno de la conciliación con los oportunistas, acaba hundiéndose en el oportunismo. Desde las columnas de la nueva "Iskra" llovían en chaparrón artículos y declaraciones, sosteniendo que el Partido no debía ser un todo orgánico; que debía admitirse la existencia dentro de sus filas de grupos e individuos libres, no sujetos a la disciplina de los acuerdos de sus órganos; que había que permitir a todo intelectual simpatizante con el Partido, a "cualquier huelguista" y a "cualquier manifestante" considerarse como miembro del Partido; que el exigir que los afiliados se sometiesen a todos los acuerdos del Partido era enfocar el asunto de un modo "formal y burocrático"; que el imponer la sumisión de la minoría a la mayoría era "ahogar mecánicamente" la voluntad de los miembros del Partido; que el pretender que todos los afiliados, lo mismo los dirigentes que los militantes de filas, se sometiesen por igual a la disciplina del Partido, equivalía a instaurar dentro de éste un "régimen feudal"; que lo que "nosotros" necesitábamos en el Partido no era un régimen de centralismo, sino un "autonomismo" anárquico, que diese a los individuos y a las organizaciones del Partido derecho a no cumplir sus acuerdos.

Era una propaganda desenfrenada que tendía a relajar los lazos de la organización, a minar la cohesión y la disciplina del Partido, a glorificar el individualismo peculiar de los intelectuales y a justificar una indisciplina anárquica.

Los mensheviques arrastraban claramente al Partido a los tiempos anteriores al II Congreso, a los viejos tiempos de su dispersión orgánica, a los tiempos de los círculos aislados y de la labor a la manera artesana.

Era necesario dar a los mensheviques una respuesta cumplida.

Esta respuesta se la dio Lenin, con su célebre obra titulada "Un paso adelante, dos pasos atrás", que vio la luz en mayo de 1904.

He aquí las tesis fundamentales de organización desarrolladas por Lenin en este libro, y que más tarde sirvieron de base para la organización del Partido bolshevique:

1) El Partido marxista es una parte de la clase obrera, un destacamento de ella. Pero destacamentos de la clase obrera hay muchos, y no a todos podemos considerarlos como Partido de la clase obrera. El Partido se distingue de otros destacamentos de la clase obrera, ante todo, en que no es un destacamento puro y simple, sino un destacamento de vanguardia, un destacamento consciente, un destacamento marxista de la clase obrera, pertrechado con el conocimiento de la vida social, con el conocimiento de las leyes que rigen el desarrollo de la vida social, con el conocimiento de las leyes de la lucha de clases, lo que le capacita para conducir a la clase obrera y dirigir su lucha. Por eso no hay que confundir al Partido con la clase obrera, como no hay que confundir la parte con el todo, ni pretender que cualquier huelguista pueda considerarse como miembro del Partido, pues confundir al Partido con la clase equivale a rebajar el nivel de conciencia del Partido hasta el nivel de "cualquier huelguista", equivale a destruir el Partido, como destacamento consciente de vanguardia de la clase obrera. La misión del Partido no es rebajar su nivel hasta el de "cualquier huelguista", sino elevar a las masas obreras, elevar a "cualquier huelguista" al nivel del Partido.

"Nosotros -escribía Lenin- somos un Partido de clase, y por eso casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en épocas de guerra civil la clase en su integridad) tiene que actuar bajo la dirección del nuestro Partido, tiene que adherirse a él lo más estrechamente posible; pero sería una maniloviada

[ * ] Temperamento plácido, inactivo, con imaginación ociosa. Manilov, uno de los personajes de "Almas muertas", de Gogol. (N. del T.).

y "seguidismo" creer que casi toda o toda la clase puede estar nunca, bajo el capitalismo, en condiciones de elevarse al grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su Partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata que esté aún en su sano juicio ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical (más primitiva y más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) está en condiciones de abarcar a toda o a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que marcha detrás de él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su propio nivel avanzado, sólo significa engañarse a sí mismo, cerrar los ojos a la inmensidad de nuestras tareas y empequeñecer éstas (Lenin, t. VI, págs. 205-206, ed. rusa).

2) El Partido no es solamente el destacamento de vanguardia, el destacamento consciente de la clase obrera, sino que es, además, su destacamento organizado, con su disciplina propia, obligatoria para todos sus miembros. Por eso, los afiliados al Partido se hallan obligados a estar afiliados también a una de sus organizaciones. Si el Partido no fuese un destacamento organizado de la clase obrera, un sistema de organizaciones, sino una simple suma de individuos que se consideran por sí mismos miembros del Partido, pero que no forman parte de ninguna de sus organizaciones y que, por tanto, no están organizados, y, al no estarlo, no se hallan sujetos a los acuerdos del Partido, éste no tendría jamás una voluntad única, no podría conseguir jamás la unidad de acción de sus miembros y, por consiguiente, no estaría en condiciones de dirigir la lucha de la clase obrera. Para que el partido pueda dirigir prácticamente la lucha de la clase obrera y encauzarla hacia una meta única, es indispensable que todos sus miembros estén organizados en un gran destacamento único, soldado por una voluntad única, por la unidad de acción y la unidad de disciplina.

La objeción que a esto oponen los mensheviques cuando dicen que en este caso quedarán fuera del Partido muchos intelectuales, profesores, estudiantes, etc., que no quieren entrar en esta o en aquella organización del Partido, bien porque no soportan la disciplina de éste o bien porque, como se expresaba Plejanov en el II Congreso, consideran "depresivo para ellos el entrar en esta o en la otra organización de base"; esta objeción se vuelve contra los propios mensheviques, pues al Partido no le hacen ninguna falta afiliados de ese género, que no soporten la disciplina del Partido y se asusten de entrar en sus organizaciones. Los obreros no tienen miedo a la disciplina ni a las organizaciones y entran de buen grado en las organizaciones del Partido, cuando se deciden a afiliarse a éste. Los que temen la disciplina y la organización son los intelectuales de tendencia individualista, y éstos se mantienen, en realidad, al margen del Partido. Y hacen bien, pues el Partido se librará de la afluencia de elementos inseguros que acuden a él, sobre todo en este periodo en que comienza el movimiento ascendente de la revolución democráticoburguesa.

"Cuando digo -escribe Lenin- que el Partido debe ser una suma (y no una suma simplemente aritmética, sino un complejo) de organizaciones... expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el Partido, como destacamento de vanguardia de la clase obrera, reúna el máximum de organización posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un grado mínimo de organización (Lenin, t. VI, pág. 203, ed. rusa).

Y más adelante:

"De palabra, la fórmula de Martov parece defender los intereses de las extensas capas del proletariado; pero, de hecho, este fórmula sirve a los intereses de la intectualidad burguesa, que rehuye la disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a negar que la intelectualidad, como una capa especial dentro de las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por si individualismo y su inadptabilidad a la disciplina y a la organización" (Obra citada, pág. 212).

Y en otro lugar:

"El proletariado no teme la organización ni la disciplina... Y no va a preocuparse de que los señores profesores y estudiantes, que no quieren entrar en ninguna organización, sean considerados como miembros del Partido porque trabajan bajo el control de sus organizaciones... No es el proletariado, sino que son algunos intelectuales encuadrados en nuestro Partido, los que adolecen de falta de educación propia en materia de organización y disciplina" (Obra citada, pág. 307).

3) El Partido no es un destacamento organizado puro y simple, sino "la forma más alta de organización" entre todas las de la clase obrera, la llamada a dirigir a todas las demás organizaciones del proletariado. El Partido, como la forma más alta de organización, compuesta por los mejores hombres de la clase obrera, pertrechados con una teoría de vanguardia, con el conocimiento de las leyes de la lucha de clases y la experiencia del movimiento revolucionario, cuenta con todas las posibilidades para dirigir, como está obligado a hacerlo, a todas las demás organizaciones de la clase obrera. La tendencia de los mensheviques a disminuir y rebajar el papel dirigente del Partido conduce a debilitar todas las demás organizaciones del proletariado dirigidas a por él; consiguientemente, a debilitar y desarmar al proletariado, pues éste "no dispone, en su lucha por el Poder, de más arma que la organización" (Lenin, t. VI, pág. 328, ed. rusa).

4) El Partido es la encarnación de los vínculos que unen al destacamento de vanguardia de la clase obrera con las masas de millones de hombres del proletariado. Aunque el Partido fuese el mejor destacamento de vanguardia y se hallase magníficamente organizado, no podría vivir ni desarrollarse sin tener vínculos de unión con las masas sin partido, sin multiplicar y afianzar estos vínculos. Un Partido encerrado en sí mismo, aislado de las masas, perdidos sus vínculos o con vínculos débiles que le unan a su clase, tiene necesariamente que perder la confianza y el apoyo de las masas y se halla, por tanto, inevitablemente, condenado a perecer. Para poder vivir con plenitud y desarrollarse, el Partido tiene que multiplicar sus vínculos con las masas y conquistarse la confianza de las masas de millones de hombres de si clase.

"Para ser un partido socialdemócrata -dice Lenin- hay que conquistar el apoyo de la clase propiamente" (Obra citada, pág. 208).

5) Para funcionar bien y dirigir las masas con arreglo a un plan, el Partido debe estar organizado sobre la base del centralismo, con estatutos únicos, con una disciplina de partido igual para todos, con un solo órgano de dirección a la cabeza, a saber: el Congreso del Partido y, en los intervalos entre congreso y congreso, el Comité Central, con la sumisión de la minoría a la mayoría, de las distintas organizaciones a los organismos centrales, y de las organizaciones inferiores a las superiores. Sin ajustarse a estas condiciones, el partido de la clase obrera no puede ser verdadero partido, ni cumplir con sus deberes de dirección del proletariado.

Claro está que el régimen de ilegalidad, en que vivía el Partido bajo la autocracia zarista, no permitía a sus organizaciones, en aquellos momentos, estructurarse sobre el principio de la elección desde abajo, por cuya razón el Partido veíase obligado a mantener un carácter estrictamente conspirativo. Pero Lenin entendía que esto era, en la vida de nuestro Partido, una situación pasajera, que desaparecería al día siguiente de ser derribado el zarismo, y entonces el Partido empezaría a actuar abiertamente dentro de la legalidad, y sus organizaciones se estructurarían sobre la base de la elección democrática, sobre la base del centralismo democrático.

"Antes -escribía Lenin- nuestro Partido no era una unidad formalmente organizada, sino simplemente una suma de grupos privados, razón por la cual no existía ni podía existir entre ellos más relación que la de la influencia ideológica. Ahora, somos ya un Partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de la idea en prestigio de la autoridad, la sumisión de los organismo inferiores a los organismo superiores del Partido" (Lenin, t. VI, pág. 291, ed. rusa).

Acusando a los mensheviques de nihilismo en materia de organización y de anarquismo señorial, al no admitir sobre sus personas la autoridad del Partido y su disciplina, Lenin decía:

"Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización del Partido se le antoja una "fábrica" monstruosa, la sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un "avasallamiento"..., la división del trabajo bajo la dirección de los organismos centrales suscita en él chillidos tragicómicos contra quienes pretenden convertir a los hombres en "ruedas y tornillos" de un mecanismo (y entre estas transformaciones, la que juzga más espantosa es la de los redactores en simples colaboradores), toda mención de los estatutos de organización del Partido le mueve a un gesto de desprecio y a la observación desdeñosa (dirigida a los "formalistas") de que se puede vivir si estatutos" (Obra citada, pág. 310).

6) Si el Partido, en su actuación práctica, quiere conservar la unidad de sus filas, tiene que mantener una disciplina proletaria única, que obligue por igual a todos los miembros del Partido, tanto a los dirigentes como a los militantes de filas. Por eso, en el Partido no pueden hacerse distinciones entre gente "selecta", a la que no obliga la disciplina del Partido, y gente "del montón", obligada a someterse a ella. Sin una disciplina única e igual para todos, no se podrá mantener la integridad del Partido y la unidad dentro de sus filas.

"A la carencia total de argumentos razonables contra la redacción nombrada por el Congreso, por parte de Martov y Cía., la ilustra mejor que nada -dice Lenin- su frasecilla de "nosotros no somos siervos"... En esta frase se trasluce con notable nitidez la psicología del intelectual burgués, que cree estar por encima de la organización y la disciplina de las masas, que se consideran un "espíritu selecto"... Para el individualismo intelectual... toda organización y toda disciplina proletarias son un avasallamiento feudal" (Lenin, t. VI, pág. 286, ed. rusa).

Y más adelante:

"A medida que se estructure en nuestro país un verdadero Partido, el obrero consciente irá aprendiendo a distinguir la psicología del combatiente del ejército proletario de la psicología del intelectual burgués que se pavonea con frases anarquistas; irá aprendiendo a exigir que cumplan sus deberes de miembros del Partido no sólo los militantes de filas, sino también "los de arriba" (Obra citada, pág. 312).

Resumiendo el análisis de las discrepancias y definiendo la posición de los mensheviques como "oportunismo en los problemas de organización", Lenin entendía que uno de los pecados capitales del menshevismo era el menospreciar la importancia de la organización del Partido, como arma del proletariado en la lucha por su emancipación. Los mensheviques opinaban que la organización del Partido del proletariado no tenía gran importancia para el triunfo de la revolución. Por el contrario, Lenin entendía que la unión ideológica del proletariado por sí sola no bastaba para vencer, sino que para esto era necesario "afianzar" la unidad ideológica con la "unidad material de organización" del proletariado; Lenin consideraba que sólo bajo esta condición podía el proletariado convertirse en una fuerza invencible.

"El proletariado -escribía Lenin- no dispone, en su lucha por el Poder, de más arma que la organización. El proletariado, diseminado por el imperio de la anárquica concurrencia dentro del mundo burgués, aplastado por los trabajos forzados, al servicio del capital, lanzado constantemente a la "sima" de la miseria más completa, del embrutecimiento y de la degeneración, sólo puede hacerse y se hará inevitablemente invencible, siempre y cuando que su unión ideológica por medio de los principios del marxismo se afiance mediante la unidad material de la organización, que funda a los millones de trabajadores en el ejército de la clase obrera. Ante este ejército no prevalecerán ni el Poder senil de la autocracia rusa ni el poder caduco del capitalismo internacional" (Lenin, t. VI, pág. 328, ed. rusa).

Con estas proféticas palabras termina la obra de Lenin "Un paso adelante, dos pasos atrás".

Tales son las tesis fundamentales de organización desarrolladas por Lenin en este célebre libro.

La importancia de esta obra estriba, ante todo, en haber mantenido el principio del Partido contra el régimen de los círculos, haber defendido al Partido contra los desorganizadores, aniquilado el oportunismo menshevique en punto a los problemas de organización, y haber sentado las bases orgánicas para el Partido bolshevique.

Mas no se reduce a esto la importancia de la obra en cuestión. Su significación histórica consiste en que en ella, Lenin traza, por vez primera en la historia del marxismo, la teoría del Partido como organización dirigente del proletariado y como arma fundamental en manos de éste, sin la cual es imposible triunfar en la lucha por la dictadura proletaria.

La difusión de esta obra de Lenin entre los militantes del Partido hizo que la mayoría de la organizaciones de base se agrupase estrechamente en torno a Lenin.

Pero cuanto más estrechamente se agrupaban las organizaciones en torno a los bolsheviques, mayor era la irritación de que los líderes mensheviques daban muestras.

En el verano de 1904, los mensheviques se apoderaron de la mayoría dentro del Comité Central, gracias a la ayuda que les prestó Plejanov y a la traición de dos bolsheviques degenerados: Krasin y Noskov. Era evidente que los mensheviques marchaban rumbo a la escisión. La pérdida de las posiciones de la "Iskra" y del C. C. colocó a los bolsheviques en una situación difícil. Era necesario organizar un periódico bolshevique propio. Era necesario organizar un nuevo Congreso del Partido, el III Congreso, para elegir un nuevo C. C. y deshacer a los mensheviques.

Lenin y los bolsheviques tomaron esta tarea en sus manos.

Los bolsheviques comenzaron a hacer campaña en pro de la convocatoria del III Congreso del Partido. En agosto de 1904 se celebró en Suiza , bajo la dirección de Lenin, una conferencia a la que asistieron 22 bolsheviques. En ella se aprobó el llamamiento dirigido "Al Partido", que fue, para los bolsheviques, el programa de lucha en pro de la convocatoria del III Congreso.

En tres conferencias regionales de Comités bolsheviques (la del Sur, la del Cáucaso, y la del Norte) fue elegido un Buró de Comités de la mayoría, que se encargó de realizar el trabajo práctico de preparación para el III Congreso.

El 4 de enero de 1905 apareció el primer número del periódico bolshevique "Vperiod" ("Adelante").

Dentro del Partido se habían formado, como se ve, dos fracciones independientes, la bolshevique y la menshevique, cada una con sus organismos centrales y sus órganos en la Prensa.



RESUMEN



Durante los años de 1901 a 1904, crecieron y se fortalecieron, en Rusia, sobre la base del auge del movimiento obrero revolucionario, las organizaciones socialdemócratas marxistas. Mediante una lucha tenaz de principios contra los "economistas", triunfó la línea revolucionaria leninista de la "Iskra" y se superaron la dispersión ideológica y la labor a la "manera artesana".

La "Iskra" sirvió de lazo de unión entre los círculos y grupos socialdemócratas dispersos, y preparó el II Congreso del Partido. En este Congreso, celebrado en 1903, se formó el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, fueron aprobados el programa y los estatutos del Partido, y se crearon los organismos centrales de éste.

En la lucha entablada en el II Congreso por el triunfo definitivo de la línea de la "Iskra" manifestáronse dentro del P.O.S.D.R. dos grupos, el de los bolsheviques y el de los mensheviques.

Las principales discrepancias existentes entre los bolsheviques y los mensheviques, después del II Congreso, versaban sobre los problemas de organización.

Los mensheviques se aproximaron a los "economistas" y vinieron a ocupar el puesto de éstos en el Partido. Por el momento, el oportunismo de los mensheviques se manifestó en el terreno de los problemas de organización. Los mesheviques eran contrarios a un partido revolucionario combativo de tipo leninista. Abogaban por un partido informe, no organizado, que fuera a la zaga de los acontecimientos. Siguieron una línea escisionista dentro del Partido. Con ayuda de Plejanov, se apoderaron de la "Iskra" y del C. C., valiéndose de estas posiciones centrales para sus fines escisionistas.

Ante la amenaza de una escisión por parte de los mensheviques, los bolsheviques tomaron medidas para cerrar el paso a los escisionistas, movilizaron a las organizaciones de base en pro de la convocatoria del III Congreso y editaron un periódico propio, titulado "Vperiod".

Por tanto, en vísperas de la primera revolución rusa y ya en los comienzos de la guerra ruso-japonesa, los bolsheviques y los mensheviques aparecían como dos grupos políticos independientes el uno del otro.





1904-1907

LOS MENSHEVIQUES Y LOS BOLSHEVIQUES EN EL PERIODO DE

LA GUERRA RUSO-JAPONESA Y DE LA PRIMERA REVOLUCION

RUSA



1.

La Guerra ruso-japonesa.





A fines del siglo XIX, los Estados imperialistas comenzaron a luchar enérgicamente por el predominio en el Océano Pacífico y por el reparto de China. En esta lucha tomaba parte también la Rusia zarista. En 1900, las tropas zaristas, en unión de las tropas japonesas, alemanas, inglesas y francesas, reprimieron con indecible crueldad una insurrección popular que había estallado en China y que iba dirigida contra los imperialistas extranjeros. Con anterioridad a esto, el gobierno zarista había obligado a China a entregar a Rusia la península de Liao-tung, con la fortaleza de Port-Arthur. Rusia arrancó, además, el derecho a construir ferrocarriles en territorio chino y tendió, en el norte de Manchuria, una línea férrea: el ferrocarril de la China Oriental, enviando tropas rusas para defenderlo. La Manchuria del norte fue ocupada militarmente por la Rusia zarista. El zarismo iba acercándose cautelosamente a Corea. La burguesía rusa maquinaba planes encaminados a crear una "Rusia amarilla" en Manchuria.

En sus anexiones en el Extremo Oriente, el zarismo chocó con otra ave de rapiña, el Japón, que se había convertido rápidamente en un país imperialista y que aspiraba también a clavar su garra en el continente asiático, extendiendo sus dominios, sobre todo, a costa de China. El Japón ambicionaba también, como la Rusia zarista, adueñarse de Corea y de Manchuria. Soñaba, además, ya por aquel entonces, con apoderarse de la isla de Sajalín y del Extremo Oriente. Inglaterra, que no veía con buenos ojos el afianzamiento de la Rusia zarista en el Extremo Oriente, se inclinaba secretamente del lado del Japón. Se estaba gestando la guerra ruso-japonesa. El gobierno zarista veíase empujado a ella por la gran burguesía, ávida de nuevos mercados, y por las capas más reaccionarias de los terratenientes.

Sin aguardar a que el gobierno zarista declarase la guerra, el Japón se lanzó a ella. Por los informes del excelente servicio de espionaje que tenía montado en Rusia, calculaba que habría de enfrentarse con un adversario poco preparado. En enero de 1904, sin declaración previa de guerra, el Japón atacó inesperadamente la fortaleza rusa de Port-Arthur, infligiendo duras pérdidas a la flota rusa, que guarnecía este puerto.

Así comenzó la guerra ruso-japonesa.

El gobierno zarista especulaba con la idea de que la guerra la ayudaría a afianzar su situación política y a contener la revolución. Pero sus cálculos resultaron fallidos; la guerra sacudió todavía más los cimientos del zarismo.

El ejército ruso, mal armado y mal instruído, dirigido por generales incapaces y corrompidos, comenzó a sufrir una derrota tras otra.

La guerra servía para enriquecer a los capitalista, a los altos funcionarios y a los generales. El latrocinio florecía de un modo exuberante. Las tropas tenían pocas municiones. Justamente cuando no había bastante cartuchos, se enviaban al frente, como por burla, vagones enteros cargados de iconos. "Los japoneses nos tiran balas, nosotros les atacamos con iconos", decían amargamente los soldados. En vez de evacuar a los heridos, los trenes especiales transportaban a la retaguardia los objetos robados por los generales zaristas.

Los japoneses cercaron y luego tomaron la fortaleza de Port-Arthur. Después de infligir una serie de derrotas al ejército zarista, lo deshicieron cerca de Mukden. El ejército zarista, que constaba de 300.000 hombres, tuvo, en este descalabro, cerca de 120.000 bajas, entre muertos, heridos y prisioneros. Poco tiempo después sobrevino la derrota total y el hundimiento en el estrecho de Tsu-sima de la escuadra rusa que había sido enviada desde el Mar Báltico en socorro de Port-Arthur sitiado. El desastre de Tsu-sima representaba una catástrofe completa: de los veintidós barcos de guerra, enviados por el zar, fueron echados a pique y destruidos trece, y cuatro cayeron en poder del enemigo. La guerra estaba definitivamente perdida para la Rusia zarista.

El gobierno del zar vióse obligado a concertar una paz ignominiosa con el Japón. Este se anexionó la Corea y despojó a Rusia de Port-Arthur y de la mitad de la isla de Sajalín.

Las masas populares no querían aquella guerra, y se daban cuenta del daño que había de causar a Rusia. El pueblo pagaba muy caro el atraso de la Rusia zarista.

Bolsheviques y mensheviques adoptaron una actitud distinta ante esta guerra.

Los mensheviques, incluyendo a Trotski, descendieron a las posiciones del defensismo, es decir, abrazaron la defensa de la "patria" del zar, de los terratenientes y de los capitalistas.

En cambio, los bolsheviques encabezados por Lenin entendían que la derrota del gobierno zarista en aquella guerra de rapiña sería beneficiosa, pues conduciría al quebrantamiento del zarismo y al fortalecimiento de la revolución.

Las derrotas de las tropas zaristas pusieron al desnudo ante las más extensas masas del pueblo toda la podredumbre del zarismo. El odio contra el régimen zarista, entre las masas populares, era cada día mayor. La caída de Port-Arthur marca el comienzo de la caída de la autocracia, escribió Lenin.

El zar había querido estrangular la revolución con la guerra. Pero consiguió lo contrario. Lo que hizo la guerra ruso-japonesa fue acelerar la revolución.

En la Rusia zarista, la opresión capitalista se reforzaba con la opresión del zarismo. Los obreros no eran víctimas solamente de la explotación capitalista, de los trabajos forzados al servicio del capital, sino también de la privación de derechos que pesaba sobre todo el pueblo. Por eso, los obreros conscientes aspiraban a ponerse al frente del movimiento revolucionario de todos los elementos democráticos de la ciudad y del campo contra el zarismo. Los campesinos vivían asfixiados por la falta de tierra y por las numerosas supervivencias del feudalismo; en ellos se clavaban las garras del terrateniente y del kulak. Las nacionalidades que poblaban la Rusia zarista gemían bajo un doble yugo: el de sus propio terratenientes y capitalistas y el de los terratenientes y capitalistas rusos. La crisis económica de 1900 a 1903 había acentuado las calamidades de las masas trabajadoras, y la guerra vino a agudizarlas todavía más. Las derrotas sufridas en la guerra recrudecían el odio de las masas contra el zarismo. La paciencia del pueblo se iba agotando.

Como se ve, había causas más que suficientes para la revolución.

En diciembre de 1904, estalló una gran huelga de los obreros de Bakú, muy bien organizada y mantenida bajo la dirección del Comité Bolshevique de aquella ciudad. Esta huelga terminó con un triunfo de los obreros, gracias al cual se concertó entre éstos y los patronos de la industria petrolera el primer contrato colectivo de trabajo que registra la historia del movimiento obrero ruso.

La huelga de Bakú fue el comienzo del auge revolucionario en Transcaucasia y en una serie de regiones de Rusia.

"La huelga de Bakú -dice Stalin- fue la señal para las gloriosas acciones de enero y febrero en toda Rusia".

Esta huelga fue, en vísperas de la gran tempestad revolucionaria, como el rayo que precede a la tormenta.

Desencadenaron la tempestad revolucionaria los acontecimiento del 9 (22) de enero de 1905 en Petersburgo.

El 3 de enero de 1905 había estallado una huelga en la fábrica más importante de la capital, la fábrica Putilov (hoy "Kirov"). Esta huelga tuvo su origen en el despido de cuatro obreros. El movimiento huelguístico creció rápidamente, sumándose a él otras fábricas y empresas de Petersburgo. Pronto se convirtió en huelga general. El gobierno zarista decidió aplastar en sus mismo comienzos el movimiento, que se desarrollaba de un modo alarmante.

Ya en 1904, antes de la huelga de la fábrica Putilov, la policía había creado entre los obreros, con ayuda de un confidente, el cura Gapón, una organización titulada "Asociación de los obreros fabriles rusos". Esta organización tenía secciones en todos los distritos de Petersburgo. Al estallar la huelga, el cura Gapón propuso en las asambleas de esta sociedad un plan de provocación: el 9 de enero, todos los obreros se congregarían, para acudir en procesión pacífica, ante el Palacio de Invierno, con estandartes y retratos del zar, con objeto de entregar a éste una petición en la que se expondrían sus necesidades. El zar saldría a recibir al pueblo, y escucharía y satisfacería sus peticiones. Gapón se prestó a servir de instrumento a las maniobras de la "ojrana" zarista: tratábase de hacer un escarmiento con los obreros y ahogar en sangre el movimiento proletario. Pero el plan policíaco se volvió contra el gobierno del zar.

La petición fue discutida en las asambleas de obreros, introduciéndose en ella algunas enmiendas y modificaciones. En estas asambleas intervinieron también los bolsheviques, aunque sin presentarse abiertamente como tales. Fueron ellos quienes consiguieron que se añadiese a la petición las reivindicaciones siguientes: libertad de prensa y de palabra, libertad de asociación para los obreros, convocatoria de una Asamblea Constituyente para cambiar la forma de gobierno de Rusia, igualdad de todos ante la ley, separación de la Iglesia y el Estado, terminación de la guerra, implantación de la jornada de ocho horas y entrega de la tierra a los campesinos.

En sus intervenciones ante estas asambleas, los bolsheviques hacían ver a los obreros que la libertad no se conseguiría con súplicas al zar, sino que había que conquistarla con las armas en la mano. Les previnieron de que se haría fuego contra los obreros. Pero no lograron evitar la manifestación ante el Palacio de Invierno. Una parte considerable de los obreros creía aún que el zar les ayudaría. El movimiento se había apoderado de las masas con una fuerza enorme.

En la petición de los obreros petersburgueses se decía:

"Nosotros, obreros de Petersburgo, acudimos a ti, Señor, con nuestras mujeres, nuestros niños y nuestros padres ancianos e inválidos, a implorar de ti la verdad y tu ayuda. Vivimos en la miseria, nos oprimen, nos abruman con un trabajo agobiador, se mofan de nosotros, no nos tratan como a hombres... Lo hemos sufrido todo con paciencia, pero nos empujan cada vez más al borde de la miseria, de la esclavitud y de la ignorancia; el despotismo y la tiranía nos ahogan... Nuestra paciencia se ha agotado. Hemos llegado a ese momento terrible en que se prefiere morir a seguir soportando unos tormentos irresistibles..."

En las primeras horas de la mañana del 9 de enero de 1905, los obreros marcharon en procesión hacia el Palacio de Invierno, donde tenía su residencia el zar. Iban acompañados de sus familias, mujeres, niños y ancianos, y desfilaban con retratos del zar y estandartes de cofradías, entonando canciones religiosas, y sin armas. En total, se reunieron en las calles de Petersburgo, aquel día, más de 140.000 hombres.

Nicolás II les recibió con maneras muy poco corteses. Dio orden de disparar sobre los obreros inermes. Más de mil obreros cayeron muertos ante los fusiles de las tropas zaristas y más de dos mil resultaron heridos. Las calles de Petersburgo quedaron empapadas de sangre proletaria.

Los bolsheviques desfilaron con los obreros. Muchos de ellos cayeron muertos o fueron detenidos. Allí mismo, sobre las calles bañadas en sangre proletaria, explicaron a las masas quiénes eran los responsables de aquella matanza espantosa y cómo había que luchar contra ellos.

El 9 de enero comenzó a llamarse "Domingo sangriento". Fue una enseñanza sangrienta la que los obreros recibieron en este día. El 9 de enero murió fusilada la fe de los obreros en el zar. Comprendieron que sólo luchando podían conquistar sus derechos. Al anochecer de aquel día, en las barriadas obreras se comenzaron a levantar ya las primeras barricadas. "Ya que el zar nos ha recibido a tiros, ¡le pagaremos en la misma moneda!", decían los obreros de Petersburgo.

La horrible noticia del crimen sangriento del zar corrió como un reguero de pólvora por toda Rusia. La ira y la indignación se apoderaron de toda la clase obrera, de todo el país. No hubo ciudad donde los obreros no se declarasen en huelga en señal de protesta contra el crimen del zar y donde no formulasen reivindicaciones políticas. Ahora, los obreros se echaban a la calle con al consigna de "¡Abajo la autocracia!". En el mes de enero, el volumen de huelguistas alcanzó la enorme cifra de 440.000. En un solo mes, se pusieron en huelga más obreros que en los diez años anteriores juntos. El movimiento obrero se elevó a una altura formidable.

En Rusia había comenzado la revolución.





2.

Huelgas políticas y manifestaciones obreras.





A partir del 9 de enero, la lucha revolucionaria de los obreros tomó un carácter más agudo y más político. De las huelgas económicas y de solidaridad, los obreros pasaron a las huelgas políticas, a las manifestaciones y, en algunos sitios, a la resistencia armada contra las tropas zaristas. En Petersburgo, Moscú, Varsovia, Riga, Bakú y en otras grandes ciudades, donde se concentraban masas considerables de obreros, las huelgas revestían un carácter más tenaz y más organizado. A la cabeza del proletariado en lucha marchaban los obreros metalúrgicos. Con sus huelgas, los destacamentos obreros de vanguardia arrastraban a las capas obreras menos conscientes y lanzaban a la lucha a toda la clase obrera. La influencia de la socialdemocracia crecía rápidamente.

Las manifestaciones del Primero de Mayo dieron origen, en diversos sitios, a choques con la policía y las tropas. En Varsovia, los manifestantes fueron recibidos a tiros y hubo varios cientos de muertos y heridos. Los obreros de Varsovia respondieron al llamamiento de la socialdemocracia polaca, contestaron a la matanza con una huelga general de protesta. Durante todo el mes de mayo no cesaron las huelgas y las manifestaciones. En las huelgas de mayo tomaron parte, en Rusia, más de 200.000 obreros. La huelga general se extendió a los obreros de Bakú, Lodz e Ivánovo-Vosnesensk. Cada vez eran más frecuentes los choques entre los obreros huelguistas y las tropas del zar. Choques de éstos se produjeron en una serie de ciudades, como Odesa, Varsovia, Riga, Lodz, etc.

En el gran centro industrial de Polonia, Lodz, la lucha asumió un carácter especialmente agudo. Los obreros de Lodz llenaron las calles de esta ciudad de barricadas, en las que lucharon contra las tropas zaristas durante tres días (del 22 al 24 de junio de 1905). Aquí, la acción armada se fundió con la huelga general. Lenin consideraba estos combates como la primera acción armada de los obreros en Rusia.

Entre las huelgas producidas durante el verano, se destacó principalmente la de los obreros de Ivánovo-Vosnesensk. Esta huelga duró desde fines de mayo hasta comienzos de agosto de 1905, o sea cerca de dos meses y medios. Tomaron parte en ella unos 70.000 obreros, entre los que figuraban muchas mujeres. Dirigió esta huelga el Comité bolshevique de la región Norte. En los arrabales de la ciudad, a orillas del río Talka, se reunían casi diariamente miles de obreros. En estas asambleas discutían sus problemas y necesidades. En ellas hacían uso de la palabra los bolsheviques. Para aplastar la huelga, las autoridades zaristas ordenaron a las tropas disolver a los obreros, haciendo fuego contra ellos. Cayeron muertas varias decenas de obreros, y hubo cientos de heridos. Fue proclamado el estado de guerra en la ciudad de Ivánovo. Pero los obreros se mantenían firmes, sin reanudar el trabajo. Pasaban hambre con sus familias, pero no cedían. Sólo el agotamiento más extremo les obligó a entrar de nuevo a trabajar. Esta huelga templó a los obreros. Reveló ejemplos maravillosos de valentía, de firmeza, de abnegación y de solidaridad por parte de la clase obrera. Sirvió de verdadera escuela de educación política para los obreros de Ivánovo-Vosnesensk.

Durante esta huelga, los obreros de Ivánovo crearon un Soviet de delegados que fue, de hecho, uno de los primeros Soviets de diputados obreros de Rusia.

Las huelgas políticas pusieron en pie a todo el país.

Tras de la ciudad, comenzó a levantarse el campo. Los campesinos comenzaron a agitarse en la primavera de 1905. Marchaban en grandes muchedumbres contra los terratenientes, destruyendo sus posesiones, sus fábricas de azúcar y sus destilerías, pegando fuego a sus palacios y casas señoriales. En una serie de comarcas, los campesinos se apoderaron de las tierras de los terratenientes, procedieron a la tala en masa de los bosques y exigieron que les fuesen adjudicadas las tierras señoriales. Los campesinos confiscaron el trigo y otros productos almacenados por los terratenientes y los repartieron entre los hambrientos. Los terratenientes, aterrados, huían a la ciudad. El gobierno zarista envió a los soldados y a los cosacos para ahogar las insurrecciones campesinas. Las tropas disparaban contra los campesinos, detenían, apaleaban y torturaban a sus "instigadores". Pero los campesinos no cejaban en su lucha.

El movimiento campesino comenzó a extenderse por todo el centro de Rusia, por la región del Volga y por Transcaucasia, principalmente en Georgia.

Los socialdemócratas iban penetrando cada vez más en el campo. El Comité Central del Partido lanzó una proclama encabezada así: "¡Campesinos, escuchad nuestra palabra!". Dirigieron hojas a los campesinos los Comités socialdemócratas de Tver, Saratov, Poltava, Chernígov, Ekaterinoslav, Tiflis y muchas otras provincias. Los socialdemócratas organizaban en las aldeas mítines y círculos políticos, y creaban Comités de campesinos. En el verano de 1905, estallaron en una serie de comarcas huelgas de obreros agrícolas, organizadas por los socialdemócratas.

Pero esto no era más que el comienzo de la lucha en el campo. El movimiento campesino sólo había prendido en 85 distritos, lo que representaba la séptima parte, aproximadamente, de los distritos de la Rusia europea zarista.

El movimiento obrero y campesino, unido a la serie de derrotas de las tropas rusas en la guerra ruso-japonesa, repercutió sobre el ejército. Este baluarte del zarismo comenzó a tambalearse.

En junio de 1905 estalló una sublevación en la escuadra del Mar Negro, a bordo del acorazado "Potemkin". Por aquellos días, el "Potemkin" estaba fondeado no lejos de Odesa, donde los obreros habían declarado la huelga general. Los marinos sublevados ajustaron las cuantas a los oficiales más odiados por ellos y pusieron rumbo a Odesa. El "Potemkin" se pasó al campo de la revolución.

Lenin atribuía a esta sublevación una importancia muy grande. Reputaba necesario que los bolsheviques dirigiesen este movimiento y lo enlazasen al movimiento de los obreros, de los campesinos y de las guarniciones locales.

El zar envió contra el "Potemkin" varios barcos de guerra, pero la tripulación de estos buques se negó a disparar contra sus camaradas sublevados. Durante varios días ondeó en el acorazado "Potemkin" la bandera roja de la revolución. Pero en aquellos tiempos, en 1905, el Partido bolshevique no era aún el partido único que dirigía el movimiento, como más tarde, en 1917. En el "Potemkin" había no pocos mensheviques, socialrevolucionarios y anarquistas. Por eso, aunque en la sublevación tomaron parte algunos socialdemócratas, los sublevados no tuvieron una dirección certera y suficientemente experta. Una parte de los marinos vacilaba en los momentos decisivos. Los demás buques de la escuadra del Mar Negro no se unieron a la sublevación. Falto de carbón y de provisiones, el acorazado revolucionario vióse obligado a retirarse hacia las costas de Rumania y entregarse a las autoridades de ese país.

La insurrección de los marinos del "Potemkin" terminó con una derrota. Los marinos sublevados, que cayeron más tarde en manos del gobierno zarista, fueron entregados a los tribunales. Algunos de ellos fueron ejecutados y otros enviados a presidio. Pero el solo hecho de la sublevación tuvo una importancia extraordinaria. La insurrección del "Potemkin" fue la primera acción revolucionaria de masas que se produjo en el ejército y en la flota, la primera gran unidad de tropas zaristas que se pasó al lado de la revolución. Esta sublevación hizo que los obreros, los campesinos y, sobre todo, las propias masas de soldados y marinos viesen más clara y más cercana la idea del paso del ejército y la marina al lado de la clase obrera, al lado del pueblo.

El paso de los obreros a las huelgas políticas y a las manifestaciones de masas, el recrudecimiento del movimiento campesino, los choques armados del pueblo con la policía y las tropas y, finalmente, la sublevación en la escuadra del Mar Negro: todo indicaba que estaban madurando las condiciones para la insurrección armada del pueblo. Esto obligó a la burguesía liberal a ponerse en pie enérgicamente. Alarmada ante la revolución, pero al mismo tiempo asustando al zar con ella, pretendió llegar a un acuerdo con él contra la revolución y planteó la necesidad de decretar algunas pequeñas reformas "en favor del pueblo" para "aplacar" a éste, sembrar la discordia entre las fuerzas de la revolución y atajar con ello los "horrores de la revolución". "Es necesario cortar tierra a los campesinos, pues de otro modo nos cortarán a nosotros el pescuezo", decían los terratenientes liberales. La burguesía liberal se disponía a compartir el Poder con el zar. "Mientras el proletariado lucha, la burguesía pretende acercarse cautelosamente al Poder", escribía Lenin en aquellos días, refiriéndose a la táctica de la clase obrera y a la de la burguesía liberal.

El gobierno zarista seguía aplastando el movimiento obrero y campesino con una violencia brutal. Pero no podía desconocer que con los simples medios represivos era imposible sofocar la revolución. Por eso, sin abandonar la represión, comenzó a recurrir a las maniobras de rodeos. Por una parte, con ayuda de sus agentes provocadores, empezó a azuzar a los pueblos de Rusia unos contra otros, organizando pogromos judíos y matanzas entre armenios y tártaros. De otro lado, prometió convocar una "Asamblea representativa" - en la forma de "Zemski Sabor"

[ * ] Asamblea de representantes de estamentos en Rusia. Se convocaba en los siglos XVI y XVII para conferenciar con el gobierno. (N. del T.).

o la Duma del Estado-, encargando al ministro Buliguin que redactase el proyecto de esta Asamblea, pero con la condición de que no había de tener facultades legislativas. Todas estas medidas iban dirigidas a sembrar la discordia entre las fuerzas de la revolución y a apartar de ésta a las capas moderadas del pueblo.

Los bosheviques declararon el boicot a la Duma buliguiniana, proponiéndose como objetivo echar por tierra esta caricatura de representación popular.

Por el contrario, los mensheviques acordaron no hacer fracasar la Duma y consideraron necesario participar en ella.





3.

Discrepancias tácticas entre los bolsheviques y los mensheviques.





La revolución puso en movimiento a todas las clases de la sociedad. El viraje provocado por la revolución en la vida política del país, las hizo salir de sus viejas posiciones estancadas y las obligó a reagruparse con arreglo a la nueva situación. Cada clase, cada partido, esforzábase en trazar su táctica, su línea de conducta, su relación con las demás clases y con el gobierno. Hasta el gobierno zarista se vio obligado a elaborar, cosa insólita en él, una nueva táctica, consistente en prometer la convocatoria de una "Asamblea representativa", la Duma buliguiniana.

También el Partido socialdemócrata se vio en la necesidad de trazar su línea táctica. Así lo exigía la marcha ascendente de la revolución. Así lo exigían también los problemas prácticos impostergables que se planteaban ante el proletariado: organización de la insurrección armada, derrocamiento del gobierno zarista, instauración de un gobierno provisional revolucionario, participación de la socialdemocracia en este gobierno, relaciones con los campesinos y con la burguesía liberal, etc. Era necesario trazar la táctica marxista de la socialdemocracia, una táctica única y bien meditada.

Pero, gracias al oportunismo y a la labor escisionista de los mensheviques, la socialdemocracia rusa hallábase, en aquellos momentos, escindida en dos fracciones. Aun no podía considerarse la escisión consumada, pero, aunque formalmente estas dos fracciones no fuesen todavía dos partidos distintos, de hecho se parecían mucho a dos partidos, cada cual con sus propios organismos centrales y sus propios órganos en la prensa.

Contribuía a ahondar la escisión el hecho de que a las viejas discrepancias de los mensheviques con la mayoría del Partido en materia de organización vinieron a sumarse otras discrepancias nuevas, que afectaban a los problemas tácticos.

La falta de un Partido unido traducíase en la falta de unidad en cuanto a su táctica.

Cabía resolver la situación convocando inmediatamente el III Congreso ordinario del Partido, para establecer en él una táctica única, obligando a la minoría a aplicar honradamente los acuerdos del Congreso y a someterse a las decisiones de la mayoría. Esta solución fue, en efecto, la que propusieron los bolsheviques a los mensheviques. Pero éstos no querían ni oír hablar del Congreso. En vista de esto y considerando como un crimen el seguir teniendo al Partido sin una táctica sancionada por su órgano supremo y obligatoria para todos sus afiliados, los bolsheviques decidieron tomar en sus manos la iniciativa de convocar el III Congreso.

Fueron invitados a enviar a él sus delegados todas las organizaciones del Partido, tanto las bolsheviques como las mensheviques. Pero los mensheviques se negaron a participar en el Congreso y decidieron convocar otro por su cuenta. No lo llamaron congreso, sino conferencia, por el reducido número de delegados que a él acudieron, pero fue en realidad un congreso, el congreso del partido menshevique, cuyos acuerdos se consideraban obligatorios para todos los mensheviques.

En abril de 1905, se reunió en Londres el III Congreso del Partido Socialdemócrata de Rusia. Asistieron a él 24 delegados, en nombre de 20 Comités bolsheviques. Hallábanse representadas en él todas las grandes organizaciones del Partido.

El Congreso condenó a los mensheviques, considerándolos como "una parte que se había separado del Partido", y pasó a los problemas del orden del día, que versaban sobre la táctica del Partido.

Al mismo tiempo se reunía en Ginebra la conferencia de los mensheviques.

"Dos congresos, dos partidos", tales eran los términos en que Lenin enjuiciaba la situación.

Tanto el congreso como la conferencia examinaron, en el fondo, los mismo problemas tácticos, pero los acuerdos que recayeron sobre estos problemas fueron diametralmente opuestos. Las dos distintas series de resoluciones votadas en el congreso y en la conferencia ponían al descubierto, en toda su profundidad, las discrepancias tácticas existentes entre el III Congreso del Partido y la Conferencia menshevique, entre los bolsheviques y los mensheviques.

He aquí los puntos fundamentales de estas discrepancias.

Línea táctica del III Congreso del Partido. El Congreso entendía que, a pesar del carácter democráticoburgués de la revolución que se estaba desarrollando y a pesar de que ésta no podía, en aquellos momentos, salirse del marco de las medidas compatibles con el capitalismo, su triunfo total interesaba de un modo primordial al proletariado, pues el triunfo de esta revolución le daría la posibilidad de organizarse, de educarse políticamente, de adquirir experiencia y hábitos de dirección política de las masas trabajadoras, y de pasar de la revolución burguesa a la revolución socialista.

La táctica del proletariado, encaminada al triunfo total de la revolución democráticoburguesa, sólo podía ser apoyada por los campesinos, ya que éstos no conseguirían desembarazarse de los terratenientes y obtener sus tierras más que con el triunfo completo de la revolución. Los campesinos eran, pues, los aliados naturales del proletariado.

La burguesía liberal no estaba interesada en el triunfo completo de esta revolución, ya que necesitaba del Poder zarista como látigo contra los obreros y los campesinos, a los que temía más que a nada, por lo cual se esforzaría en mantener el zarismo, aunque restringiendo un poco sus prerrogativas. Por tanto, la burguesía liberal procuraría poner fin al asunto mediante un acuerdo con el zar, sobre la base de una monarquía constitucional.

La revolución sólo podrá triunfar si se pone a la cabeza de ella el proletariado; si éste, como jefe de la revolución, sabe asegurar su alianza con los campesinos; si se aísla a la burguesía liberal; si la socialdemocracia toma parte activa en la organización de la insurrección popular contra el zarismo; si, como resultado de una insurrección triunfante, se instaura un gobierno provisional revolucionario, capaz de extirpar las raíces de la contrarrevolución y de convocar una Asamblea Constituyente de todo el pueblo, y si la socialdemocracia no rehusa, en condiciones propicias, participar en este gobierno provisional revolucionario para llevar a su término la revolución.

Línea táctica de la conferencia menshevique. Puesto que se trata de una revolución burguesa, sólo puede tener como jefe a la burguesía liberal. A ella y no a los campesinos es a quien tiene que acercarse el proletariado. Para esto, lo más importante es no asustar a la burguesía liberal con actitudes revolucionarias y no darle pretexto para volver la espalda a la revolución, la cual se quebrantará, si la burguesía liberal se desvía de ella.

Es posible que la insurrección triunfe, pero la socialdemocracia, después del triunfo de la insurrección, deberá quedarse al margen para no atemorizar a la burguesía liberal. Es posible que, como resultado de la insurrección, se instaure un gobierno provisional revolucionario, pero la socialdemocracia no deberá participar en él en modo alguno, ya que este gobierno no será, por su carácter, un gobierno socialista, y, sobre todo, porque la participación en él de la socialdemocracia y su actitud revolucionaria podrían asustar a la burguesía liberal y socavar con ello la revolución.

Desde el punto de vista de las perspectivas de la revolución, sería mejor convocar cualquier asamblea representativa, un "Zemski Sobor" o una Duma de Estado, a la que se podría someter a la presión de la clase obrera desde afuera para convertirla en una Asamblea Constituyente o empujarla a convocar ésta.

El proletariado tiene sus intereses propios y peculiares, intereses puramente obreros, de los cuales debe preocuparse, sin intentar erigirse en jefe de la revolución burguesa, que es una revolución política general y que afecta, por tanto, a todas las clases y no al proletariado solamente.

Tales eran, en breves palabras, las dos tácticas de las dos fracciones del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia.

En su histórico libro titulado "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", Lenin hace la crítica clásica de la táctica menshevique y fundamenta de un modo genial la táctica bolshevique.

Este libro apareció en julio de 1905, o sea a los dos meses del III Congreso del Partido. A juzgar por el título de la obra, podría creerse que Lenin sólo examina en ella los problemas tácticos del periodo de la revolución democráticoburguesa, y que su crítica se refiere únicamente a los mensheviques rusos. Pero, en realidad, al criticar la táctica de los mensheviques, pone también al desnudo la táctica del oportunismo internacional y al fundamentar la táctica marxista en el periodo de la revolución burguesa y trazar las diferencias entre ésta y la revolución socialista, formula también los fundamentos de la táctica del marxismo en el periodo de transición de la revolución burguesa a la revolución socialista.

He aquí las tesis tácticas fundamentales desarrolladas por Lenin en su obra "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".

1) La tesis táctica fundamental que informa la obra de Lenin es la idea de que el proletariado puede y debe ser el jefe de la revolución democráticoburguesa, el dirigente de la revolución democráticoburguesa en Rusia.

Lenin reconocía el carácter burgués de esta revolución, puesto que, según él señalaba, "no estaba en condiciones de salirse inmediatamente del marco de una transformación puramente democrática". Pero entendía que no era un movimiento de arriba, sino una revolución popular, que ponía el movimiento a todo el pueblo, a toda la clase obrera y a todos los campesinos. Por eso, reputaba como una traición a los intereses del proletariado los intentos de los mensheviques de rebajar la importancia de la revolución burguesa para la clase obrera, de menoscabar el papel del proletariado en ella y descartar de ella a las fuerzas proletarias.

"El marxismo -escribía Lenin- no enseña al proletariado a quedarse al margen de la revolución burguesa, a no participar en ella, a entregar su dirección a la burguesía, sino que enseña, por el contrario, que debe participar del modo más enérgico y más decidido en la lucha por el democratismo proletario consecuente, en la lucha por llevar a término la revolución" (Lenin, t. VIII, pág. 58, ed. rusa).

"No debemos olvidar -escribía Lenin más adelante- que en estos momentos no hay ni puede haber otro medio de acercarse al socialismo que la libertad política completa, la República democrática" (Obra citada, pág. 104).

Lenin preveía dos posibles desenlaces para la revolución:

a) O la revolución terminaba con el triunfo completo sobre el zarismo, con el derrocamiento de éste y la instauración de la República democrática, o

b) si la revolución no era lo bastante fuerte, podía terminar con un arreglo entre el zar y la burguesía a costa del pueblo, con cualquier Constitución menguada, o mejor dicho, con cualquier caricatura constitucional.

El proletariado hallábase interesado en que la solución fuese la mejor, a saber: la del triunfo decisivo sobre el zarismo. Pero, para que esta solución fuese posible, era necesario que el proletariado supiese convertirse en jefe, en dirigente de la revolución.

"El desenlace de la revolución -escribía Lenin- depende del papel que desempeñe en ella la clase obrera: de que se limite a ser un mero auxiliar de la burguesía, aunque sea un auxiliar poderoso por la intensidad de su empuje contra la autocracia, pero políticamente impotente, o de que asuma el papel de dirigente de la revolución popular" (Obra citada, pág. 32).

Lenin entendía que el proletariado contaba con todas las posiblidades necesarias para dejar de ser auxiliar de la burguesía y convertirse en dirigente de la revolución democráticoburguesa. Estas posibilidades se cifraban, según Lenin, en lo siguiente:

En primer lugar, "el proletariado, siendo, como es por su situación, la clase más avanzada y la única consecuentemente revolucionaria, está llamado por ello a desempeñar el papel dirigente en el movimiento general democrático revolucionario de Rusia" (Lenin, t. VIII, pág. 75, ed. rusa).

En segundo lugar, el proletariado tiene su propio partido político, independiente de la burguesía, que le permite fundirse "en una fuerza política unida e independiente" (Obra citada, pág. 75).

En tercer lugar, el proletariado se halla más interesado en el triunfo decisivo de la revolución que la burguesía, ya que "en cierto sentido, la revolución burguesa es más beneficiosa para el proletariado que para la burguesía" (Obra citada, pág. 57).

"A la burguesía -escribía Lenin- le conviene apoyarse en algunas de la supervivencias del viejo régimen contra el proletariado; por ejemplo, en la monarquía, en el ejército permanente, etc. A la burguesía le conviene que la revolución burguesa no barra demasiado resueltamente todas las supervivencias del viejo régimen, sino que deje en pie algunas de ellas; es decir, que esta revolución no sea del todo consecuente, no se lleve hasta el final, no sea decidida e implacable... A la burguesía le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democráticoburgués se establezcan lentamente, gradualmente, prudentemente, de un modo cauto, por medio de reformas y no por la vía de la revolución...; que estos cambios desarrollen lo menos posible la independencia, la iniciativa y la energía revolucionarias del pueblo sencillo, es decir, de los campesinos y principalmente de los obreros, pues de otro modo a estos últimos les será tanto más fácil "cambiar de un hombro a otro el fusil", como dicen los franceses, es decir, dirigir contra la propia burguesía el arma que pone en sus manos la revolución burguesa, la libertad que ésta les da, las instituciones democráticas que brotan en el terreno limpio de feudalismo. Por el contrario, a la clase obrera le conviene más que los cambios necesarios en un sentido democráticoburgués se introduzcan no por medio de reformas, sino por la vía revolucionaria, pues el camino reformista es el camino de las dilaciones, de los aplazamientos, de la agonía dolorosa y lenta de los miembros podridos del organismo popular, y los que más y primordialmente sufren con este proceso de agonía lenta, son el proletariado y los campesinos. El camino revolucionario, en cambio, es el camino que consiste en la operación más rápida y menos dolorosa para el proletariado, en la eliminación directa de los miembros podridos, el camino de mínimas concesiones y cautelas con respecto a la monarquía y a sus instituciones repelentes, ignominiosas y podridas, que envenenan la atmósfera con su descomposición" (Obra citada, págs. 57-58).

"Precisamente por eso -continúa Lenin- el proletariado lucha en vanguardia por la República, rechazando con desprecio los consejos necios e indignos de él de quienes le dicen que tenga cuidado de no asustar a la burguesía" (Obra citada, pág. 94).

Para que la posibilidad de que el proletariado dirija la revolución se convierta en realidad, para que el proletariado se erija de hecho en jefe, en dirigente de la revolución burguesa, tienen que darse, por lo menos, según Lenin, dos condiciones.

En primer lugar, es necesario que el proletariado cuente con un aliado que se halle interesado en el triunfo decisivo sobre el zarismo y que esté dispuesto a colocarse bajo la dirección del proletariado. Esta exigencia va implícita en la propia idea de dirección, pues el dirigente deja de serlo cuando no tiene a quien dirigir y el jefe, cuando no tiene a quien mandar. Este aliado, según Lenin, eran los campesinos.

En segundo lugar, es necesario que la clase, que se halla en pugna con el proletariado por dirigir la revolución, por erigirse en su único dirigente, sea eliminada de la liza de la dirección y aislada. También esto va implícito en la misma idea de dirección, que excluye la posibilidad de admitir dos dirigentes de la revolución. Esta clase era, según Lenin, la burguesía liberal.

"Sólo el proletariado -escribía Lenin- puede ser un luchador consecuente por el democratismo. Pero, sólo pude luchar victoriosamente por el democratismo a condición de que las masas campesinas se unan a su lucha revolucionaria" (Obra citada, pág. 65).

Y más adelante:

"Entre los campesinos hay, al lado de los elementos pequeñoburgueses, una masa de elementos semiproletarios. Esto les hace ser también inestables, obligando al proletariado a fundirse en un Partido rigurosamente de clase. Pero la instabilidad de los campesinos es radicalmente distinta de la inestabilidad de la burguesía; pues en este momento concreto los campesinos se hallan menos interesados en que se mantenga indemne la propiedad privada que en arrebatar a los terratenientes sus tierras, que son una de las principales formas de aquella propiedad. Sin convertirse por ello en socialistas ni dejar de ser pequeños burgueses, los campesinos son susceptibles de actuar como los más perfectos y radicales defensores de la revolución democrática. Los campesinos procederán inevitablemente así, siempre y cuando la marcha de los acontecimientos revolucionarios que iluminan su camino no se quiebre demasiado pronto por la traición de la burguesía y la derrota del proletariado. Los campesinos se convertirán inevitablemente, bajo dicha condición, en un baluarte de la revolución y de la República; ya que sólo una revolución plenamente victoriosa puede darle al campesino todo en materia de reforma agraria, todo cuanto el campesino quiere, con lo que sueña y lo que realmente necesita" (Obra citada, págs. 94-95).

Analizando las objeciones de los mensheviques, quienes afirmaban que semejante táctica, la trazada por los bolsheviques, "obligará a las clases burguesas a volver la espalda a la revolución, con lo cual reducirá el alcance de ésta", y caracterizándolas como "una táctica de traición a la revolución", como "la táctica de convertir al proletariado en un lamentable apéndice de las clases burguesas", Lenin escribía:

"Quien comprenda verdaderamente cuál es el papel de los campesinos en la revolución rusa victoriosa, será incapaz de decir que el alcance de la revolución se reduce si la burguesía le vuelve la espalda, pues, en realidad, la revolución rusa no comenzará a adquirir su verdadero alcance, no comenzará a adquirir la mayor envergadura revolucionaria posible en la época de la revolución democráticoburguesa, hasta que la burguesía no le vuelva la espalda y el elemento revolucionario activo no sea la masa campesina, en unión del proletariado. Para ser llevada consecuentemente a su término, nuestra revolución democrática debe apoyarse en fuerzas capaces de contrarrestar la inevitable inconsecuencia de la burguesía, es decir, capaces precisamente de "obligarla a volver la espalda" (Obra citada, págs. 95-96).

Tal es la tesis táctica fundamental sobre el proletariado como jefe de la revolución burguesa, la tesis táctica fundamental sobre la hegemonía (papel dirigente) del proletariado en la revolución burguesa, desarrollada por Lenin en su obra "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".

Con ello, el partido marxista se situaba en un punto de vista nuevo ante los problemas de la táctica en la revolución democráticoburguesa, punto de vista que se distinguía profundamente de las posiciones tácticas que hasta entonces figuraban en el arsenal marxista. Anteriormente, el problema se reducía a que, en las revoluciones burguesas, por ejemplo, en las de los países occidentales, el papel dirigente quedase en manos de la burguesía, viéndose el proletariado reducido, de mejor o de peor grado, al papel de auxiliar suyo, y los campesinos convertidos en reserva de la burguesía. Los marxistas consideraban esta combinación como algo más a menos inevitable, haciendo en el acto la reserva de que el proletariado debía defender, en este trance, todo lo posible, sus reivindicaciones inmediatas de clase y tener su partido político propio. Ahora, dentro de la nueva situación histórica, el problema se planteaba, con arreglo al punto de vista de Lenin, de un modo nuevo: el proletariado pasaba a ser la fuerza dirigente de la revolución burguesa, la burguesía era desplazada de la dirección del movimiento revolucionario, y los campesinos se convertían en la reserva del proletariado.

La creencia de que Plejanov "era también partidario" de la hegemonía del proletariado responde a un equívoco. Plejanov coqueteaba con la idea de la hegemonía del proletariado, y aunque es cierto que la reconocía de palabra, de hecho era contrario a la esencia de esta idea. La hegemonía del proletariado implica el papel dirigente de éste en la revolución burguesa, con una política de alianza entre el proletariado y los campesinos y una política de aislamiento de la burguesía liberal, siendo así que Plejanov era, como sabemos, contrario a esta política de aislamiento de la burguesía liberal, partidario de una política de acuerdo con esta burguesía y contrario a la política de alianza entre el proletariado y los campesinos. En realidad, el punto de vista táctico de Plejanov era el punto de vista menshevique, que consistía en negar la hegemonía del proletariado.

2) Lenin consideraba como el medio más importante para derrocar el zarismo y conquistar la República democrática, la insurrección armada victoriosa del pueblo. Entendía, al contrario de los mensheviques, que "el movimiento revolucionario democrático general planteaba ya la necesidad de la insurrección armada", que "la organización del proletariado para la insurrección" ya "estaba a la orden del día, como una de las tareas esenciales, fundamentales y necesarias del Partido", que era necesario "tomar las medidas más enérgicas para armar el proletariado y asegurarle la posibilidad de tomar en sus manos la dirección inmediata de la insurrección" (Lenin, t. VIII, pág. 75, ed. rusa).

Para llevar a las masas a la insurrección y hacer ésta extensiva a todo el pueblo, Lenin consideraba necesario lanzar a las masas las consignas, los llamamientos adecuados para desplegar su iniciativa revolucionaria, para organizarlas con vistas a la insurrección y desorganizar el aparato del Poder del zarismo. Estas consignas eran, según él, los acuerdos tácticos del III Congreso del Partido, a cuya defensa se consagraba su obra "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".

He aquí cuáles eran estas consignas:

a) Empleo de las "huelgas políticas de masas, que pueden tener gran importancia en el comienzo y en el mismo transcurso de la insurrección" (Obra citada, pág. 75).

b) "Implantación inmediata, por la vía revolucionaria, de la jornada de 8 horas y de otras reivindicaciones inmediatas de la clase obrera" (Obra citada, pág. 88).

c) "Organización inmediata de Comités campesinos revolucionarios para implantar", por vía revolucionaria, "todos los cambios democráticos", hasta llegar a la confiscación de las tierras de los terratenientes (Obra citada, pág. 88).

d) Armamento del proletariado.

Dos puntos interesa especialmente destacar aquí:

En primer lugar, la táctica de la implantación revolucionaria de la jornada de 8 horas en la ciudad y de los cambios democráticos en el campo; es decir, su implantación sin contar con las autoridades, sin contar con la ley, prescindiendo de las autoridades y de la legalidad, destrozando las leyes vigentes e instaurando un orden nuevo por la propia fuerza de las masas, por su propia voluntad. Era éste un nuevo medio táctico cuya aplicación paralizaba el aparato de Poder del zarismo y desataba la actividad y la iniciativa creadora de las masas. Sobre la base de esta táctica surgieron los comités revolucionarios de huelga en la ciudad y los comités revolucionarios de campesinos en el campo, que habían de convertirse más tarde en los Soviets de diputados obreros y en los Soviets de diputados campesinos, respectivamente.

En segundo lugar, el empleo de las huelgas políticas de masas, el empleo de las huelgas políticas generales, que más tarde, en el transcurso de la revolución, habían de desempeñar un papel de primer orden para la movilización revolucionaria de las masas. Era ésta un arma nueva e importantísima en manos del proletariado, arma desconocida hasta entonces en la actuación de los partidos marxistas y que había de adquirir más tarde carta de naturaleza.

Lenin entendía que, como resultado de la insurrección victoriosa del pueblo, el gobierno zarista habría de ser sustituido por un gobierno provisional revolucionario. La misión de este gobierno provisional revolucionario consistiría en afianzar las conquistas de la revolución, en aplastar la resistencia de la contrarrevolución y en realizar el programa mínimo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Lenin entendía que sin esto era imposible conseguir un triunfo decisivo sobre el zarismo. Y, para cumplir con esta misión y lograr un triunfo decisivo sobre el zarismo, el gobierno provisional revolucionario debía ser, no un gobierno como otro cualquiera, sino el gobierno de la dictadura de las clases victoriosas, de los obreros y los campesinos, la dictadura revolucionaria del proletariado y de los campesinos. Remitiéndose a la conocida tesis de Marx, según la cual "la estructura provisional de todo Estado después de la revolución exige la dictadura, y una dictadura enérgica", Lenin llegaba a la conclusión de que, si se quería asegurar el triunfo decisivo sobre el zarismo, el gobierno provisional revolucionario no podía ser más que la dictadura del proletariado y de los campesinos.

"El triunfo decisivo de la revolución sobre el zarismo -escribía Lenin- es la dictadura revolucionario-democrática del proletariado y de los campesinos... Este triunfo será, precisamente, una dictadura; es decir, deberá apoyarse inevitablemente en la fuerza de las armas, en las masas armadas, en la insurrección, y no en estas o en las otras instituciones creadas "por la vía legal", "por la vía pacífica". Sólo puede ser una dictadura, porque la implantación de los cambios inmediatos y absolutamente necesarios para el proletariado y los campesinos provocará una resistencia desesperada por parte de los terratenientes, de la gran burguesía y del zarismo. Sin dictadura será imposible aplastar esta resistencia, rechazar los intentos contrarrevolucionarios. Pero no será, naturalmente, una dictadura socialista, sino una dictadura democrática. Esta dictadura no podrá tocar (sin pasar por toda una serie de grados intermedios de desarrollo revolucionario) las bases del capitalismo. Podrá, en el mejor de los casos, introducir cambios radicales en la distribución de la propiedad de la tierra a favor de los campesinos, implantar un democratismo consecuente y completo, hasta llegar a la República, desarraigar no sólo de las costumbres campesinas, sino también de los hábitos fabriles, todos los rasgos asiáticos y serviles, iniciar un mejoramiento serio en la situación de los obreros y elevar su nivel de vida, y finalmente -lo último en el orden, pero no en importancia- prender la hoguera revolucionaria en Europa. Semejante triunfo no convertirá aún, ni mucho menos, nuestra revolución burguesa en socialista; la revolución democrática no se saldrá inmediatamente del marco de las relaciones económico-sociales burguesas, pero, no obstante esto, tendrá una importancia gigantesca para el desarrollo futuro de Rusia y del mundo entero. Nada elevará a tal altura la energía revolucionaria del proletariado mundial, nada acortará tan considerablemente el camino que conduce a su victoria total, como este triunfo decisivo de la revolución que se ha iniciado ya en Rusia" (Obra citada, págs. 62-63).

En lo tocante a la actitud de la socialdemocracia ante el gobierno provisional revolucionario y a la posibilidad de que aquella participase en él, Lenin defendía íntegramente el correspondiente acuerdo del III Congreso del Partido, que decía así:

"Con arreglo a la correlación de fuerzas y a otros factores que no es posible fijar con precisión de antemano, es admisible la participación de representantes de nuestro Partido en el gobierno provisional revolucionario, con el fin de luchar implacablemente frente a todos los intentos contrarrevolucionarios y defender los intereses propios y peculiares de la clase obrera; condición necesaria para esta participación es el control riguroso del Partido sobre sus representantes y el mantenimiento inquebrantable de la independencia de la socialdemocracia, que aspira a la revolución socialista completa y es, por tanto, irreconciliablemente enemiga de todos los partidos burgueses; independientemente de que sea o no posible la participación de la socialdemocracia en el gobierno provisional revolucionario, se debe propagar entre las más extensas capas del proletariado la idea de que es necesario que el proletariado armado, dirigido por la socialdemocracia, presione constantemente al gobierno provisional, con el fin de mantener, consolidar y extender las conquistas de la revolución" (Obra citada, pág. 37).

A las objeciones de los mensheviques de que el gobierno provisional sería, a pesar de todo, un gobierno burgués y de que no era posible admitir la participación de los socialdemócratas en semejante gobierno, a menos que se quisiese cometer el mismo error que había cometido el socialista francés Millerand al entrar a formar parte del gobierno de la burguesía francesa, Lenin contestaba, haciendo ver que los mensheviques confundían dos cosas distintas y revelaban su incapacidad para abordar el problema como marxistas: en Francia, se trataba de la participación de los socialistas en un gobierno burgués reaccionario y en una época en que no existía una situación revolucionaria dentro del país, lo cual obligaba a los socialistas a no participar en aquel gobierno; en cambio, en Rusia, tratábase de la participación de los socialistas en un gobierno burgués revolucionario, que luchaba por el triunfo de la revolución, en un momento en que ésta se hallaba en su apogeo, circunstancia que hacía admisible, y, bajo condiciones propias, obligada la participación de los socialdemócratas en él, para dar la batalla a la contrarrevolución, no sólo "desde abajo" y desde afuera, sino también "desde arriba" y desde dentro del gobierno.

3) Al luchar por el triunfo de la revolución burguesa y por la conquista de la República democrática, Lenin no pensaba, ni mucho menos, detenerse en la etapa democrática y reducir el alcance del movimiento revolucionario a la consecución de los objetivos democráticoburgueses. Por el contrario, entendía que, inmediatamente después de conseguidos los objetivos democráticos, habría de comenzar la lucha del proletariado y de las demás masas explotadas por la revolución socialista. Lenin sabía esto y consideraba deber de la socialdemocracia tomar todas las medidas encaminadas a que la revolución democráticoburguesa comenzara a transformarse en revolución socialista. Si Lenin reputaba necesaria la dictadura del proletariado y de los campesinos, no era para poner fin a la revolución después de coronada la victoria sobre el zarismo, sino para prolongar todo lo posible el estado de revolución, para destruir íntegramente los vestigios de la contrarrevolución, para hacer que la llama de la revolución prendiese en Europa y, después de lograr que, durante este tiempo, el proletariado se educase políticamente y se organizase en un gran ejército, comenzar a pasar directamente hacia la revolución socialista.

Refiriéndose al alcance de la revolución burguesa y al carácter que el partido marxista debe darle, Lenin escribía:

"El proletariado debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a la masa de los campesinos, para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe consumar la revolución socialista, atrayéndose a la masa de los elementos semiproletarios de la población, para destrozar por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía. Tales son las tareas del proletariado, que los neo-iskristas (es decir, los mensheviques. N. de la R.) se representan de un modo tan mezquino en todos sus razonamientos y acuerdos sobre el alcance de la revolución" (Lenin, t. VIII, pág. 96, ed. rusa).

Y más adelante:

"¡A la cabeza de todo el pueblo, y en particular de los campesinos, por la libertad total, por la revolución democrática consecuente, por la República! ¡A la cabeza de todos los trabajadores y explotados por el socialismo! Tal debe ser, en la práctica, la política del proletariado revolucionario; esta es la consigna de clase que debe informar y determinar la solución de todos los problemas tácticos, de todos los pasos prácticos del Partido obrero durante la revolución" (Obra citada, página 105).

Para que no quedase ninguna duda, dos meses después de aparecer su libro "Las dos tácticas", en su artículo titulado "La actitud de la socialdemocracia ante el movimiento campesino", Lenin exponía:

"De la revolución democrática comenzaremos a pasar inmediatamente, en la medida de nuestras fuerzas, de las fuerzas del proletariado consciente y organizado, a la revolución socialista. Nosotros somos partidarios de la revolución ininterrumpida. No nos quedaremos a mitad de camino" (Obra citada, pág. 186).

Era éste un nuevo punto de vista ante el problema de las relaciones entre la revolución burguesa y la revolución socialista, una nueva teoría de la reagrupación de fuerzas en torno el proletariado, al terminar la revolución burguesa, para pasar directamente a la revolución socialista; la teoría de la transformación de la revolución democráticoburguesa en revolución socialista.

Al trazar este nuevo punto de vista, Lenin se apoyaba, en primer lugar, en la conocida tesis de Marx sobre la revolución ininterrumpida, tesis incluída en la "Circular de la Liga de los Comunistas", redactada a fines de la década del 40 del siglo pasado, y en segundo lugar en la conocida idea de Marx sobre la necesidad de combinar el movimiento revolucionario campesino con la revolución proletaria, expresada en una carta dirigida a Engels en 1856, en la que se dice: "Todo el problema, en Alemania, dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con una especie de segunda edición de la guerra campesina". Estas ideas geniales de Marx no habían sido desarrolladas más tarde por Marx y Engels, y los teóricos de la Segunda Internacional tomaron todas las medidas para sepultarlas y enterrarlas en el olvido. A Lenin le tocó en suerte la tarea de sacar de nuevo a la luz estas tesis olvidadas de Marx y de restaurarlas en toda su plenitud. Pero en su obra de restauración de estas tesis no se limitó, ni podía limitarse, pura y simplemente, a repetirlas, sino que las desarrolló y las elaboró en una teoría armónica de la revolución socialista, añadiendo, como aspecto obligado de esta, un nuevo factor: el de la alianza del proletariado y de los elementos semiproletarios de la ciudad y del campo, como condición para el triunfo de la revolución proletaria.

Este punto de vista hizo añicos las posiciones tácticas de la socialdemocracia de los países occidentales, que partía del supuesto de que después de la revolución burguesa las masas campesinas, sin excluir a las masas pobres del campo, se apartarían necesariamente de la revolución, por lo cual la revolución burguesa iría, forzosamente, seguida de un largo periodo de tregua, de un largo periodo "pacífico", que duraría de 50 a 100 años o más y durante el cual el proletariado sería explotado "pacíficamente" y la burguesía se enriquecería "legítimamente" hasta que llegase el momento de la nueva revolución, de la revolución socialista.

Era ésta una nueva teoría de la revolución socialista realizada, no por el proletariado aislado contra toda la burguesía, sino por el proletariado-dirigente, aliado a los elementos semiproletarios de la población, representados por los millones de hombres de las "masas trabajadoras y explotadas".

Según esta teoría, la hegemonía del proletariado en la revolución burguesa, mediante la alianza del proletariado y de los campesinos, debía convertirse gradualmente en la hegemonía del proletariado en la revolución socialista, mediante la alianza del proletariado y de las demás masas trabajadoras y explotadas, y la dictadura democrática del proletariado y de los campesinos prepararía el terreno para la dictadura socialista del proletariado.

Este punto de vista echó por tierra la teoría en boga de los socialdemócratas europeos occidentales, que negaban las posibilidades revolucionarias de las masas semiproletarias de la ciudad y del campo y partían del supuesto de que "fuera de la burguesía y el proletariado, no vemos otras fuerzas sociales en las que puedan apoyarse, en nuestro país, las combinaciones oposicionistas y revolucionarias" (Palabras de Plejanov, típicas de los socialdemócratas de la Europa occidental).

Los socialdemócratas de la Europa occidental entendían que en la revolución socialista el proletariado estaría solo contra toda la burguesía, sin aliados, frente a todas las clases y capas no proletarias. No querían tener en cuenta el hecho de que el capital no explota solamente a los proletarios, sino que explota también a millones de hombres de las capas semiproletarias de la ciudad y del campo, asfixiadas por el capitalismo y susceptibles de convertirse en aliados del proletariado en su lucha por emancipar a la sociedad del yugo capitalista. Por eso, los socialdemócratas europeos occidentales opinaban que en Europa no habían madurado aún las condiciones para la revolución socialista y que estas condiciones sólo podían considerarse maduras cuando el proletariado representase la mayoría dentro de la nación, la mayoría dentro de la sociedad, como resultado del ulterior desarrollo económico de ésta.

Este punto de vista podrido y antiproletario de los socialdemócratas de la Europa occidental era el que la teoría de la revolución socialista preconizada por Lenin venía a echar por tierra.

En la teoría de Lenin no se llegaba aún directamente a la conclusión de que era posible el triunfo del socialismo en un solo país por separado. Pero se contenían ya en ella todos o casi todos los elementos fundamentales necesarios para llegar, más tarde o más temprano, a dicha conclusión.

Como es sabido, Lenin llegó a esta conclusión en 1915, es decir, diez años más tarde.

Tales son las tesis fundamentales sobre táctica, desarrolladas por Lenin, en su histórica obra "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".

La importancia histórica de este libro consiste, ante todo, en que vino a destruir ideológicamente el punto de vista táctico pequeñoburgués de los mensheviques, pertrechando a la clase obrera de Rusia con las armas necesarias para el desarrollo futuro de la revolución democráticoburguesa, para la nueva acometida contra el zarismo, y dando a los socialdemócratas rusos una perspectiva clara sobre la transformación necesaria de la revolución burguesa en la revolución socialista.

Pero la importancia de la obra de Lenin no se reduce a esto. Su valor inapreciable reside en haber enriquecido el marxismo con una nueva teoría de la revolución y en haber echado los cimientos de la táctica revolucionaria del Partido bolshevique, gracias a la cual pudo el proletariado de nuestro país, en 1917, triunfar sobre el capitalismo.





4.

La Revolución prosigue su marcha ascendente.





Hacia el otoño de 1905, el movimiento revolucionario se extendió a todo el país, cobrando, además, un brío arrollador.

El 19 de septiembre estalló en Moscú una huelga de los obreros tipógrafos. De Moscú se extendió a Petersburgo y a otras ciudades. En Moscú fue apoyada por los obreros de otras industrias y se convirtió en una huelga general de carácter político.

En los primeros días de octubre comenzó la huelga en el ferrocarril de Moscú a Kazán. Al día siguiente, estaban en huelga los obreros de todo el nudo ferroviario de Moscú. Pronto la huelga se extendió a todos los ferrocarriles del país. Pararon también los empleados de Correos y Telégrafos. Los obreros de diversas ciudades de Rusia re reunieron en grandes mítines y acordaron abandonar el trabajo. La huelga iba extendiéndose de una fábrica a otra, de una empresa a otra, de una ciudad a otra y de una a otra región. Hacían causa común con los obreros huelguistas los pequeños empleados, los estudiantes, los intelectuales, abogados, ingenieros, médicos, etc.

La huelga política general de octubre se extendió a toda Rusia, se comunicó a casi todo el país, hasta a las comarcas más remotas, y arrastró a casi todos los obreros, hasta las capas más atrasadas. En esta huelga general de carácter político tomaron parte cerca de un millón de hombres, contando solamente los obreros industriales, sin incluir a los ferroviarios, los empleados de Correos y Telégrafos ni otras ramas de trabajo, que dieron también un gran contingente de huelguistas. Toda la vida del país quedó paralizada. El gobierno veíase atado de pies y manos.

La clase obrera marchaba a la cabeza de la lucha de las masas populares contra la autocracia.

La consigna de los bolsheviques sobre la huelga política de masas daba sus frutos.

La huelga general de octubre puso de manifiesto la fuerza, la potencia del movimiento proletario, y obligó al zar, muerto de miedo, a lanzar su mensaje del 17 de octubre de 1905. En este mensaje, el zar prometía al pueblo "las bases inconmovibles de las libertades políticas: inviolabilidad efectiva de la personalidad, libertad de conciencia, de palabra, de reunión y de asociación". Prometía, además, convocar una Duma legislativa, concediendo derechos electorales a todas las clases de la población.

La fuerza de la revolución se encargó, pues, de barrer la Duma puramente consultiva de Buliguin. La táctica bolshevique de boicot contra esta caricatura de parlamento había sido acertada.

Sin embargo, el mensaje del 17 de octubre era una maniobra para engañar a las masas del pueblo, una añazaga del zar, una especie de respiro que éste necesitaba para aturdir a los incautos, ganar tiempo, acumular fuerzas y luego descargar un golpe contra la revolución. El gobierno zarista, aunque prometía de palabra conceder la libertad, no daba nada sustancial al pueblo. De momento, los obreros y campesinos no habían recibido del gobierno otra cosa que promesas. En vez de la gran amnistía política que se esperaba, el 21 de octubre fue amnistiado solamente un puñado de presos políticos. Al mismo tiempo, con objeto de sembrar la discordia entre las fuerzas del pueblo, el gobierno organizó una serie de sangrientos pogromos de judíos, en los que perecieron miles y miles de seres, creó varias bandas policíacas, como la "Unión del pueblo ruso", la "Liga del Arcángel San Miguel", etc., destinadas a reprimir la revolución. Estas organizaciones, en las que llevaban la voz cantante los terratenientes y comerciantes reaccionarios, los popes y algunos elementos presidiables del hampa, fueron bautizadas por el pueblo con el nombre de "Centurias Negras". Los individuos de estas bandas, en colaboración con la policía, apaleaban y asesinaban impunemente a obreros avanzados, a intelectuales y estudiantes revolucionarios, pegaban fuego a los locales y disolvían a tiros los mítines y las manifestaciones. A esto se reducían, por el momento, los resultados tangibles del mensaje del zar.

Entre el pueblo circulaba por aquel entonces esta copla acerca del mensaje del zar:

"El zar, todo asustado,
ha lanzado un mensaje:
libertad a los muertos,
los vivos a la cárcel."

Los bolsheviques hacían ver a las masas que el mensaje del zar era una celada. Fustigaban como una provocación la conducta del gobierno después de dar el mensaje. Llamaban a los obreros a las armas, a preparar la insurrección armada.

Los obreros dedicábanse aún más enérgicamente a formar sus milicias armadas. Comprendían claramente que aquella primera victoria del 17 de octubre, arrancada por la huelga política general, les obligaba a seguir desplegando sus esfuerzos, a seguir luchando por el derrocamiento del zarismo.

Lenin, enjuiciando el mensaje del 17 de octubre, lo caracterizaba como un momento de cierto equilibrio provisional de fuerzas, en el que el proletariado y los campesinos, habiendo arrancado al zar aquel mensaje, no tenían aún fuerza para derribar el zarismo, pero éste no podía ya gobernar exclusivamente con los medios antiguos y veíase obligado a prometer de palabra "libertades políticas" y una Duma "legislativa".

En los días agitados de la huelga política de octubre, bajo el fuego de la lucha contra el zarismo, la iniciativa creadora revolucionaria de las masas obreras forjó una nueva y poderosa arma: los Soviets de diputados obreros.

Los Soviets de diputados obreros, asambleas de delegados de todas las fábricas y empresas industriales, eran una organización política de masas de la clase obrera sin precedente en el mundo. Estos Soviets, que aparecieron por vez primera en 1905, habían de ser el prototipo del Poder Soviético, creado por el proletariado, bajo la dirección del Partido bolshevique, en 1917. Los Soviets eran una nueva forma revolucionaria, fruto de la inventiva popular. Fueron creados exclusivamente por las capas revolucionarias de la población, saltando por encima de todas las leyes y normas del zarismo. Fueron obra de la iniciativa propia de las masas, lanzadas a la lucha contra el régimen zarista.

Los bolsheviques veían en los Soviets el germen del Poder revolucionario. Y entendían que la fuerza y la importancia de los Soviets dependían de la fuerza y de los éxitos de la insurrección.

Los mensheviques no consideraban a los Soviets ni como órganos incipientes del Poder revolucionario ni como órganos de la insurrección. Veían en ellos, simplemente, órganos de autonomía local, una especie de ayuntamientos urbanos democratizados.

El 13 (26) de octubre de 1905, efectuáronse en todas las fábricas y empresas industriales de Petersburgo las elecciones al Soviet de diputados obreros. Por la noche, se celebró la primera sesión del Soviet. Poco después del de Petersburgo, se organizó el Soviet de diputados obreros de Moscú.

El Soviet de diputados obreros de Petersburgo, por ser el del centro industrial y revolucionario más importante de Rusia, el de la capital del Imperio zarista, estaba llamado a desempeñar un papel decisivo en la revolución de 1905. Pero su mala dirección, que estaba en manos de los mensheviques, le impidió cumplir con su misión. Como es sabido, por aquel entonces Lenin no se hallaba aún en Petersburgo, sino que continuaba en el extranjero. Los mensheviques, aprovechándose de su ausencia, se deslizaron en el Soviet de Petersburgo y se adueñaron de su dirección. En estas condiciones, no es extraño que los mensheviques Jrustaliev, Trotski, Parvus y otros consiguiesen poner el Soviet de Petersburgo en contra de la política de la insurrección. En vez de acercar a los soldados al Soviet e incorporarlos a la lucha general, exigieron que fuesen alejados de Petersburgo. En vez de armar a los obreros y prepararlos para la insurrección, el Soviet daba vueltas y más vueltas sin moverse del sitio y adoptaba una actitud negativa ante la preparación del movimiento insurreccional.

Totalmente distinto fue el papel que desempeñó en la revolución el Soviet de diputados obreros de Moscú. El Soviet de Moscú llevó a cabo desde los primeros días de su existencia una política revolucionaria consecuente. La dirección de este Soviet estaba en manos de los bolsheviques. Gracias a éstos, surgió en Moscú, al lado del Soviet de diputados obreros, un Soviet de diputados soldados. El Soviet de Moscú se convirtió en el órgano de la insurrección armada.

Durante los meses de octubre a diciembre de 1905, creáronse Soviets de diputados obreros en una serie de grandes ciudades y en casi todos los centros obreros. Hubo intentos de organización de Soviets de diputados de soldados y marinos y de fusión de éstos con los diputados obreros. En algunos sitios, surgieron Soviets de diputados obreros y campesinos.

La influencia de los Soviets era inmensa. A pesar de que a menudo habían brotado de un modo espontáneo, sin estar estructurados ni tener una composición coherente, actuaban como Poder. Los Soviets implantaron por vía de hecho la libertad de prensa y la jornada de 8 horas, y se dirigieron al pueblo incitándole a no pagar los impuestos al gobierno zarista. En algunos casos, procedían a confiscar el dinero del erario zarista y lo invertían en las necesidades de la revolución.





5.

La insurrección armada de diciembre.





La lucha revolucionaria de las masas siguió desarrollándose con una fuerza enorme durante los meses de octubre y noviembre de 1905. El movimiento de huelgas obreras seguía su curso.

En el otoño de 1905 cobró amplias proporciones la lucha de los campesinos contra los terratenientes. El movimiento campesino abarcaba ya más de una tercera parte de los distritos de todo el país. En las provincias de Saratov, Tambov, Chernígov, Tiflis, Kutaís y algunas otras se desarrolló una verdadera insurrección campesina. A pesar de esto, las masas campesinas no tenían aún suficiente empuje. El movimiento campesino adolecía de falta de organización y de dirección.

Crecía también la agitación entre las masas de soldados en una serie de ciudades, como Tiflis, Vladivostok, Tashkent, Samarcanda, Kursk, Sujum, Varsovia, Kiev y Riga. Estalló también una sublevación entre los marinos de Cronstadt y en la escuadra del Mar Negro, en Sebastopol (noviembre de 1905). Pero estas sublevaciones, aisladas, fueron aplastadas por el zarismo.

En algunas unidades del ejército y de la flota, el motivo que daba origen a las sublevaciones era, no pocas veces, la grosería de los oficiales, la mala calidad del rancho ("revueltas de garbanzos"), etc.

La masa de los marinos y soldados sublevados no tenía aún clara conciencia de la necesidad de derribar el gobierno zarista y de proseguir enérgicamente la lucha armada. Los soldados y marinos sublevados abrigaban aún un espíritu demasiado pacífico y generoso: con frecuencia, cometían el error de poner en libertad a los jefes y oficiales detenidos, al estallar la sublevación, dejándose llevar de las promesas y de los subterfugios del mando.

La revolución entraba de lleno en la fase de la insurrección armada. Los bolsheviques habían llamado a las masas a la insurrección armada contra el zar y los terratenientes, explicándoles la inevitable necesidad de acudir a ella. Sin darse punto de reposo, se pusieron a preparar la insurrección armada. Desplegando su labor revolucionaria entre los soldados y los marinos, crearon dentro del ejército organizaciones militares del Partido. En una serie de ciudades se formaron milicias armadas de obreros, enseñándose a sus componentes a manejar las armas. Fue organizada la compra de armas en el extranjero y su transporte clandestino a Rusia. En estas actividades tomaron parte prestigiosos militantes del partido.

En noviembre de 1905, Lenin regresó a Rusia. Ocultándose de los gendarmes y espías zaristas, tomó personalmente parte, durante aquellos días, en la preparación de la insurrección armada. Sus artículos, publicados en el periódico bolshevique "Novaia Zhisn" ("Vida Nueva"), daban orientaciones para el trabajo diario del Partido.

Por aquel entonces, el camarada Stalin desplegaba una formidable labor revolucionaria en Transcaucasia. Desenmascaraba y deshacía a los mensheviques, como enemigos de la revolución y de la insurrección armada, y preparaba tenazmente a los obreros para la lucha decisiva contra la autocracia. En un mitin celebrado en Tiflis el día que fue hecho público el mensaje del zar, Stalin dijo a los obreros.

"¿Qué necesitamos para conseguir un verdadero triunfo? Necesitamos tres cosas: armamento, armamento y más armamento"

En diciembre de 1905, se reunió en Tammerfors (Finlandia) la conferencia de los bolsheviques. Aunque formalmente bolsheviques y menshevique formaban parte del mismo partido, del Partido socialdemócrata, de hecho representaban dos partidos distintos, cada cual con sus órganos centrales correspondientes. En esta conferencia fue donde se conocieron personalmente Lenin y Stalin. Hasta entonces, se habían mantenido constantemente en relaciones, por medio de cartas o a través de camaradas.

Entre los acuerdos de Tammerfors hay que señalar aquí dos: uno, sobre el restablecimiento de la unidad del Partido, escindido de hecho en dos, y otro, sobre el boicot a la primera Duma, a la llamada Duma de Witte.

Como por aquellos días había estallado ya en Moscú la insurrección armada, la conferencia, por consejo de Lenin, se apresuró a terminar sus tareas y los delegados regresaron a sus respectivas localidades, para tomar parte personalmente en la insurrección.

Pero tampoco el gobierno zarista se dormía. También él se preparaba para la lucha decisiva. Después de concertar la paz con el Japón, aliviando con ello su difícil situación, el gobierno zarista pasó a la ofensiva contra los obreros y los campesinos. Proclamó el estado de guerra en una serie de provincias, a las que afectaba la insurrección campesina, dio órdenes brutales -"¡nada de prisioneros!", "¡no escatimar cartuchos!"- y ordenó la detención de los dirigentes del movimiento revolucionario y la disolución de los Soviets de diputados obreros.

Los bolsheviques de Moscú y el Soviet de diputados obreros de esta capital, dirigido por ellos y vinculado a grandes masas obreras, acordaron en vista de esto llevar a cabo la preparación inmediata de la insurrección armada. El 5 (18) de diciembre, el Comité de Moscú tomó el acuerdo de proponer al Soviet declarar la huelga general de carácter político, para luego, en el transcurso de la lucha, convertirla en insurrección. Este acuerdo fue apoyado por mítines obreros de masas. El Soviet de Moscú, sometiéndose a la voluntad de la clase obrera, decidió por unanimidad declarar la huelga general.

El proletariado de Moscú contaba, al comenzar la insurrección, con su propia milicia: cerca de mil hombres, más de la mitad de los cuales eran bolsheviques. Existían también milicias en una serie de fábricas de Moscú. El número total de milicianos de que disponían los revolucionarios era de unos dos mil. Los obreros contaban con que podrían neutralizar y dividir a las tropas de la guarnición, haciendo pasar a su campo a una parte de ella.

El 7 (20) de diciembre comenzó la huelga política en Moscú. No se consiguió, sin embargo, que la huelga se extendiese a todo el país; en Petersburgo, no se encontró el apoyo necesario, lo que contribuyó a debilitar, desde el primer momento, las posibilidades de éxito de la insurrección: El ferrocarril de Nicolás, hoy de Octubre, hallábase en manos del gobierno zarista. El tráfico en esta línea ferroviaria no se paralizó, y el gobierno pudo transportar de Petersburgo a Moscú los regimientos de la Guardia para aplastar la insurrección.

La guarnición de Moscú estaba vacilante. Los obreros se habían lanzado al movimiento insurrecional, confiando, en parte, en el apoyo de la guarnición. Pero los revolucionarios perdieron tiempo, y el gobierno zarista pudo triunfar de las revueltas en la guarnición.

El 9 (22) de diciembre se levantaron en Moscú las primeras barricadas. Pronto estuvieron cubiertas de barricadas las calles de la ciudad. El gobierno zarista puso en acción la artillería. Concentró tropas, cuyo número excedía en una desproporción arrolladora al de las fuerzas de los revolucionarios. Durante nueve días, unos cuantos miles de obreros armados mantuvieron una lucha heroica. Para poder ahogar la insurrección, el zarismo vióse obligado a traer tropas de Petersburgo, de Tver y del territorio Oeste. Los órganos dirigentes del movimiento habían sido, en parte, detenidos y, en parte, aislados en la víspera del día en que comenzó la lucha. El Comité bolshevique de Moscú fue detenido. La acción armada se convirtió en una insurrección de distritos sueltos, sin conexión entre sí. Carentes de un centro de dirección y sin un plan general de lucha en toda la ciudad, los distritos luchaban, fundamentalmente, a la defensiva. Y ésta fue, como más tarde había de hacer notar Lenin, una de las razones fundamentales de la debilidad de la insurrección de Moscú y una de las causas de su fracaso.

La insurrección adquirió un carácter especialmente tenaz y encarnizado en la barriada de Krasnaia Presnia en Moscú. Esta barriada era la fortaleza principal, el centro de la insurrección. Era allí donde estaban concentradas las mejores milicias, dirigidas por los bolsheviques. Pero fue sometida a sangre y fuego, anegada en sangre y reducida a escombros por los incendios provocados por la artillería. La insurrección de Moscú quedó aplastada.

La insurrección no quedó circunscrita a Moscú. El movimiento revolucionario insurreccional se extendió también a otras ciudades y regiones, como Krasnoyarsk, Motovilija (Perm), Novorosisk, Sormovo, Sebastopol y Cronstadt.

Tomaron también parte en la lucha armada las nacionalidades oprimidas de Rusia. La insurrección prendió en casi toda Georgia. Estalló también una gran insurrección en Ucrania, en la cuenca del Donetz: en Gorlovka, Alexandrovsk y Lugansk (hoy Voroshilovgrado). En Letonia, la lucha fue tenacísima. En Finlandia, los obreros crearon su guardia roja y se lanzaron también a la insurrección.

Pero todas estas insurrecciones fueron, al igual que la de Moscú, aplastadas con una crueldad inhumana por el zarismo.

Los mensheviques y los bolsheviques enjuiciaron de un modo distinto la insurrección armada de diciembre.

El menshevique Plejanov lanzó al Partido, después de la insurrección armada, este reproche: "No había que haber empuñado las armas". Los mensheviques exponían que la insurrección era innecesaria y perjudicial, que en las revoluciones se pude prescindir de la insurrección y que el éxito no se logra con insurrecciones armadas, sino por medios pacíficos de lucha.

Los bolsheviques estigmatizaron este juicio como una traición. Ellos entendían que la experiencia de la insurrección armada de Moscú no hacía más que confirmar la necesidad de una lucha armada victoriosa de la clase obrera. Contestando al reproche de Plejanov cuando decía que "no había que haber empuñado las armas", Lenin escribió:

"Por el contrario, lo que se debió hacer fue empuñar las armas más resueltamente, con más energía y mayor acometividad, explicar a las masas la imposibilidad de una huelga puramente pacífica y la necesidad de una lucha armada intrépida e implacable" (Lenin, t. X, pág. 50, ed. rusa).

La insurrección de diciembre de 1905 marca el punto culminante de la revolución. En diciembre, la autocracia zarista infligió a la insurrección una derrota. Después del fracaso de la insurrección de diciembre, comenzó el viraje hacia el repliegue gradual de la revolución. La marcha ascendente de ésta cesó, comenzando su descenso gradual.

El gobierno zarista se apresuró a aprovecharse de esta derrota para estrangular la revolución. Los verdugos y los carceleros zaristas comenzaron su faena sangrienta. En Polonia, en Letonia, en Estonia, en la Transcaucasia, en Siberia, por todas partes hicieron estragos las expediciones de castigo.

Pero la revolución aun no estaba aplastada. Los obreros y los campesinos revolucionarios, replegábanse poco a poco y luchando. Nuevas capas de obreros eran arrastradas a la lucha. El número de obreros huelguistas fue, en 1906, de más de un millón; en 1907, 740.000. En el primer semestre del año 1906, el movimiento campesino se extendía a cerca de la mitad de los distritos de la Rusia zarista; en el segundo semestre de dicho año, a una quinta parte. La agitación dentro del ejército y de la flota continuaba.

En su lucha contra la revolución, el gobierno zarista no se limitó a la simple represión. Después de alcanzar los primeros éxitos por la vía represiva, decidió asestar un nuevo golpe a la revolución, mediante la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa". Mediante esta maniobra, aspiraba a desviar a los campesinos de la revolución, haciéndola así fracasar. En diciembre de 1905, el gobierno zarista dictó una ley sobre la convocatoria de una nueva Duma, "legislativa", a diferencia de la antigua Duma "consultiva" de Buliguin, que había fracasado gracias al boicot de los bolsheviques. La ley electoral zarista era, naturalmente, antidemocrática. Las elecciones no tenían carácter general. Quedaba privada en absoluto de voto más de la mitad de la población, por ejemplo: las mujeres y más de dos millones de obreros. El voto no era igual. Los electores se clasificaban en cuatro "curias", como se decía en el lenguaje de la época: la agraria (terratenientes), la urbana (burguesía), la campesina y la obrera. Las elecciones no eran directas, sino de varios grados. De hecho, el voto no era secreto. La ley electoral garantizaba un predominio formidable en la Duma a un puñado de terratenientes y capitalistas sobre los millones de obreros y campesinos.

Con la Duma, el zar pretendía desviar a las masas de la revolución. Una parte considerable de los campesinos creía, en aquel tiempo, en la posibilidad de obtener la tierra por medio de la Duma. Los kadetes, los mensheviques y los socialrevolucionarios engañaban a los obreros y a los campesinos, haciéndoles creer que era posible conseguir el régimen que el pueblo necesitaba sin insurrección y sin revolución. Para luchar contra este engaño de que se hacía objeto al pueblo, los bolsheviques declararon y llevaron a cabo la táctica de boicotear la primera Duma, en cumplimiento de acuerdo tomado en la Conferencia de Tammerfors.

Los obreros empeñados en la lucha contra el zarismo, exigían, al mismo tiempo, la unidad de las fuerzas del Partido, la unificación del Partido del proletariado. Los bolsheviques, pertrechados con el acuerdo de unidad tomado en la Conferencia de Tammerfors, que ya conocemos, apoyaron esta aspiración de los obreros y propusieron a los mensheviques convocar un Congreso de unificación del Partido. Bajo la presión de las masas obreras, los mensheviques no tuvieron más remedio que acceder a la unificación.

Lenin era partidario de la unificación, pero de una unificación en la cual no se eludiesen las discrepancias referentes a los problemas de la revolución. Causaban gran daño al Partido los conciliadores (Bogdanov, Krasin y otros), con sus esfuerzos por demostrar que entre los bolsheviques y los mensheviques no existían discrepancias importantes. Luchando contra los conciliadores, Lenin exigía que los bolsheviques se presentasen en el Congreso con su propia plataforma, para que los obreros pudiesen ver claramente cuáles eran las posiciones de los bolsheviques y sobre qué bases se operaba la unificación. Los bolsheviques formularon esta plataforma y la pusieron a discusión entre los miembros del Partido.

En abril de 1906 se reunió en Estocolmo (Suecia) el IV Congreso del P.O.S.D.R., que se conoce con el nombre de Congreso de Unificación. Tomaron parte en este Congreso 111 delegados con voz y voto, en representación de 57 organizaciones de base del Partido. Además, asistieron a él representantes de algunos partidos socialdemócratas nacionales: 3 del "Bund", 3 del Partido socialdemócrata polaco y 3 de la organización socialdemócrata de Letonia.

A consecuencia de la represión que se desató contra las organizaciones bolsheviques durante la insurrección de diciembre y después de ella, no todas pudieron enviar sus delegados al Congreso. Además, los mensheviques habían acogido en sus filas, durante los "días de la libertad" del año 1905, una masa de intelectuales pequeño burgueses, que no tenían la menor afinidad con el marxismo revolucionario. Basta indicar que los menshevique de Tiflis (donde había pocos obreros industriales) enviaron al Congreso el mismo número de delegados que la organización proletaria más fuerte, que era la de Petersburgo. Así se explica que en el Congreso de Estocolmo, los mensheviques contasen, aunque en proporción insignificante, con la mayoría.

Esta composición del Congreso determinó el carácter menshevique de los acuerdos tomados por él respecto a toda una serie de problemas.

En este Congreso se estableció una unificación puramente formal. En el fondo, bolsheviques y mensheviques siguieron manteniendo sus ideas y sus organizaciones propias e independientes.

Los problemas más importantes discutidos en el IV Congreso fueron: el problema agrario, la apreciación del momento y de las tareas de clase del proletariado, la actitud ante la Duma y los problemas de organización.

A pesar de tener mayoría en el Congreso, los mensheviques viéronse obligados, para no enfrentarse con los obreros, a reconocer la fórmula de Lenin en cuanto al primer artículo de los estatutos, sobre la condición de miembro del Partido.

En el problema agrario, Lenin defendió la nacionalización de la tierra, pero sólo la consideraba posible si triunfase la revolución, si se derrocase al zarismo. En estas condiciones, la nacionalización de la tierra facilitaría al proletariado, aliado a los campesinos pobres, el paso a la revolución socialista. La nacionalización de la tierra exigía la expropiación sin indemnización (confiscación) de toda la tierra de los terratenientes en provecho de los campesinos. El programa agrario de los bolsheviques llamaba a los campesinos a la revolución contra el zar y los terratenientes.

Muy otras eran las posiciones de los mensheviques. Estos defendía el programa de la municipalización. Según este programa, las tierras de los terratenientes no se adjudicarían a las colectividades de campesinos, ni siquiera se entregarían en disfrute a éstos, sino que se pondrían a disposición de los municipios (es decir, de los organismos locales o Zemstvos). Los campesinos que quisiesen tierra tendrían que arrendarla, cada cual con arreglo a sus propios medios.

El programa menshevique de la municipalización era un programa oportunista y, por ello, pernicioso para la revolución. No podía movilizar a los campesinos para una lucha revolucionaria, no tenía en miras la supresión completa de la propiedad feudal de la tierra. El programa menshevique implicaba una solución bastarda de la revolución. Los mensheviques no querían alzar a los campesinos a la revolución.

El Congreso aprobó por mayoría de votos el programa menshevique.

Pero donde los mensheviques pusieron más al desnudo su fondo antiproletario y oportunista fue al discutir la resolución presentada sobre la apreciación del momento y sobre la Duma. El menshevique Martinov se manifestó francamente en contra de la hegemonía del proletariado en la revolución. Contestando a los mensheviques, el camarada Stalin planteó el problema tajantemente.

"O hegemonía del proletariado o hegemonía de la burguesía democrática: así es como está planteado el problema dentro del Partido y en esto es en lo que estriban nuestras discrepancias".

En cuanto a la Duma, los mensheviques la preconizaban en su resolución como el mejor medio para resolver los problemas de la revolución y para liberar al pueblo del zarismo. Por el contrario, los bolsheviques consideraban la Duma como un apéndice importante del zarismo, como una pantalla para cubrir las lacerías del régimen zarista y que éste se cuidaría de quitar de en medio tan pronto como le resultase molesta.

Del Comité Central del Partido elegido en el IV Congreso, formaban parte 3 bolsheviques y 6 mensheviques. Para la redacción de órgano central fueron elegidos exclusivamente mensheviques.

Era evidente que la lucha intestina del Partido continuaría.

La lucha entre bolsheviques y mensheviques recrudeció todavía más después del IV Congreso. En las organizaciones locales, formalmente unificadas, era muy corriente que el informe acerca del Congreso corriese a cargo de dos oradores, uno bolshevique y otro menshevique. Como resultado de la discusión de las dos líneas, la mayoría de los afiliados a la organización votaba, en los más de los casos, con los bolsheviques.

La realidad se encargaba de demostrar cada vez más la razón de los bolsheviques. El Comité Central menshevique elegido en el IV Congreso iba revelando cada vez más claramente su oportunismo y su total incapacidad para dirigir la lucha revolucionaria de las masas. Durante el verano y el otoño de 1906, la lucha revolucionaria de las masas volvió a recrudecer. En Cronstadt y en Sveaborg se sublevaron los marinos. Estalló la lucha de los campesinos contra los terratenientes. Y el C. C. menshevique deba consignas oportunistas, que no eran seguidas por las masas.





6.

Disolución de la primera y convocatoria de la segunda Duma.





Como la primera Duma no resultó ser lo bastante sumisa, el gobierno zarista procedió a disolverla en el verano de 1906. El gobierno recrudeció todavía más la represión contra el pueblo, envió por todo el país expediciones de castigo, que sembraban por todas partes el terror, y proclamó su decisión de convocar en breve plazo la segunda Duma. El gobierno zarista mostraba ya claramente su insolencia. Ya no temía a la revolución, pues veía que ésta iba en descenso.

Los bolsheviques tuvieron que decidirse acerca del problema de tomar parte en la segunda Duma o boicotearla. Y al hablar de boicot, no se referían meramente a la simple abstención electoral, sino a una campaña de boicot activo. Veían en este boicot activo un medio revolucionario para poner en guardia al pueblo contra los intentos del zar de desviarle del camino revolucionario, para traerle al camino "constitucional" zarista; el medio de hacer fracasar estos intentos y de organizar una nueva acometida del pueblo contra el zarismo.

La experiencia de boicot contra la Duma buliguiniana había puesto de manifiesto que el boicot "era la única táctica acertada, confirmada plenamente por los acontecimientos" (Lenin, t. X, pág. 27, ed. rusa). Aquel boicot había sido coronado por el éxito, pues no sólo había puesto al pueblo en guardia contra los peligros que le acechaban por el camino constitucional zarista, sino que había conseguido hacer fracasar la Duma ya antes de nacer. Tuvo éxito, porque se había puesto en práctica en la etapa ascendente de la revolución y apoyándose en sus avances, y no en la etapa del descenso revolucionario, pues sólo bajo las condiciones del auge de la revolución era posible hacer fracasar la Duma.

El boicot contra la Duma de Witte, o sea contra la primera Duma, se aplicó después del fracaso de la insurrección de diciembre; cuando ya el zar había salido vencedor, es decir, cuando ya había que suponer que la revolución declinaba.

"Pero, de suyo se comprende -escribía Lenin- que este triunfo (el del zar. N. de la R.) no podía considerarse aún por aquel entonces, como decisivo. La insurrección de diciembre de 1905 tuvo su continuación en toda una serie de insurrecciones en el ejército, desarticuladas y parciales, y huelgas, que se produjeron durante en verano de 1906. La consigna del boicot contra la Duma de Witte era una consigna de lucha encaminada a concentrar y generalizar estas insurrecciones" (Lenin, t. XII, pág. 20, ed. rusa).

El boicot contra la Duma de Witte no logró hacerla fracasar, aunque socavase considerablemente la autoridad de la Duma y quebrantase la fe de una parte de la población en ella. Y no logró hacerla fracasar, porque este boicot se había llevado a cabo, como después se vió ya claro, en la etapa del descenso, de declinación de la revolución. He aquí por qué el boicot contra la primera Duma, establecido en 1906, no tuvo éxito. En su célebre folleto titulado "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo", dice Lenin, refiriéndose a aquel boicot:

"El boicot de los bolsheviques contra el "parlamento" en el año 1905 enriqueció al proletariado revolucionario con una experiencia política extraordinariamente preciosa, haciéndole ver que, en la combinación de las formas legales e ilegales, de las formas parlamentarias y extraparlamentarias de lucha es, a veces, conveniente y hasta obligado saber renunciar a las formas parlamentarias... Lo que constituyó ya un error, aunque no grande y fácilmente corregible, fue el boicot por los bolsheviques de la "Duma" en 1906... De la política y de los partidos se puede decir -con las variaciones correspondientes- lo mismo que de los individuos. No es inteligente quien no comete errores. Hombres que no cometan errores no los hay ni puede haber. Inteligente es quien comete errores que no son muy graves y sabe corregirlos bien y pronto" (Lenin, t. XXV, págs 182-183, ed. rusa).

Por lo que se refiere a la segunda Duma, Lenin entendía que, teniendo en cuenta la nueva situación y el descenso del movimiento revolucionario, los bolsheviques "debían someter a revisión el problema del boicot de la Duma" (Lenin, t. X, pág. 26, ed. rusa).

"La historia enseña -escribía Lenin- que cuando se reúne la Duma, cabe desplegar una agitación provechosa desde su interior y en torno a ella; que dentro de la Duma es posible llevar a cabo la táctica de acercamiento a los campesinos revolucionarios contra los kadetes" (Obra citada, pág. 29).

De todo esto se desprendía que es necesario no sólo saber avanzar resueltamente y en primera línea, cuando la revolución se halla en su etapa ascendente, sino también saber replegarse con acierto y apurando el terreno, cuando la etapa ascendente de la revolución cesa, cambiando de táctica con arreglo a los cambios operados en la situación; y replegarse no en desorden, sino de un modo organizado, con serenidad, sin pánico, aprovechando hasta las más pequeñas posibilidades para salvar los cuadros de la furia de la contrarrevolución, reorganizándose, acumulando fuerzas y preparándose para un nuevo ataque contra el enemigo.

Los bolsheviques decidieron participar en las elecciones a la segunda Duma.

Pero no iban a ella para intervenir en las tareas orgánicas "legislativas", coaligados a los kadetes, como lo hicieron los mensheviques, sino para utilizarla como tribuna al servicio de la revolución.

En cambio, el Comité Central menshevique hizo un llamamiento para que se pactasen acuerdos electorales con los kadetes y se les apoyase en la Duma, considerando a ésta como un organismo legislativo, capaz de poner un freno al gobierno zarista.

La mayoría de las organizaciones del Partido se manifestó en contra de la política del C.C. menshevique. Los bolsheviques exigieron que se convocase un nuevo Congreso del Partido.

En mayo de 1907 se reunió en Londres el V Congreso del Partido. Por aquel entonces, el P.O.S.D.R. (en unión de las organizaciones socialdemócratas nacionales) contaba ya con 150.000 afiliados. Asistieron al Congreso, en total, 336 delegados; de ellos, 105 bolsheviques y 97 mensheviques. Los restantes representaban a las organizaciones socialdemócratas nacionales: a la socialdemocracia polaca y letona y al "Bund", que habían sido admitidos dentro del P.O.S.D.R. en el Congreso anterior.

Trotski intentó formar en este Congreso su grupito centrista, es decir, semimenshevique, como grupo aparte, pero nadie se prestó a seguirle.

Como los bolsheviques arrastraban con ellos a los polacos y a los letones, disponían de una sólida mayoría en el Congreso.

Uno de los problemas fundamentales sobre los que giró la lucha en el Congreso fue el de las relaciones con los partidos burgueses. Este problema había sido ya objeto de lucha entre los bolsheviques y los mensheviques en el II Congreso. El Congreso enjuició con el criterio bolshevique a todos los partidos no proletarios -centurias negras, octubristas, kadetes y socialrevolucionarios- y trazó frente a ellos una táctica bolshevique.

El Congreso aprobó la política de los bolsheviques, y tomó el acuerdo de mantener una lucha implacable, tanto contra los partidos de las centurias negras -la "Unión del pueblo ruso", los monárquicos, el Consejo de la nobleza unificada- como contra la "Unión del 17 de octubre" (octubristas), el partido comercial-industrial y el partido de la "Renovación pacífica", que eran todos partidos netamente contrarrevolucionarios.

Respecto a la burguesía liberal, al partido cadete, el Congreso preconizó una lucha irreconciliable de desenmascaramiento contra él. Acordó que era necesario desenmascarar el "democratismo" hipócrita y farisaico del partido cadete y luchar contra los intentos de la burguesía liberal de ponerse a la cabeza del movimiento campesino.

Por lo que se refiere a los partidos llamados populistas o de trabajo (socialistas populares, agrupación de trabajo y socialrevolucionarios), el Congreso recomendaba que se desenmascarasen sus intentos de disfrazarse de socialistas. Al mismo tiempo, admitía la posibilidad de establecer acuerdos concretos con estos partidos para luchar conjunta y simultáneamente contra el zarismo y la burguesía kadete, ya que aquellos partidos eran, por aquel entonces, democráticos y reflejaban los intereses de la pequeña burguesía de la ciudad y del campo.

Ya antes de celebrarse el Congreso, los mensheviques habían lanzado la propuesta de convocar un llamado "Congreso obrero". El plan menshevique consistía en convocar un congreso en el que tomasen parte, con los socialdemócratas, los socialrevolucionarios y los anarquistas. Se pretendía que el tal Congreso "obrero" crease una especie de "partido sin partido" o una especie de "amplio" partido obrero pequeñoburgués sin ningún programa. Lenin desenmascaró este pernicioso intento de los mensheviques, que iba encaminado a liquidar el Partido Obrero Social Demócrata y a diluir el destacamento de vanguardia de la clase obrera entre la masa pequeñoburguesa. El Congreso condenó enérgicamente la consigna menshevique del "Congreso obrero".

En las deliberaciones del V Congreso del Partido ocupó un lugar especial el problema de los sindicatos. Los mensheviques defendían la "neutralidad" de los sindicatos; es decir, manifestábanse en contra del papel dirigente del Partido en el movimiento sindical. El Congreso rechazó la propuesta de los mensheviques y aprobó la resolución presentada por los bolsheviques sobre los sindicatos. En esta resolución se señalaba que debía lucharse por que la dirección ideológica y política de los sindicatos estuviese en manos del Partido.

El V Congreso marcó un gran triunfo de los bolsheviques en el movimiento obrero. Pero los bolsheviques no se dejaron llevar del engreimiento ni se durmieron sobre los laureles. No era esto lo que Lenin les enseñaba. Sabían que tendrían que seguir luchando en los sucesivo contra los mensheviques.

En su artículo "Apuntes de un delegado", publicado en 1907, el camarada Stalin enjuiciaba así los resultados del Congreso:

"La unificación efectiva de los obreros más avanzados de toda Rusia en un único partido extensivo a todo el país bajo la bandera de la socialdemocracia revolucionaria: he aquí el sentido del Congreso de Londres, su carácter general".

En este artículo, el camarada Stalin aporta datos sobre la composición del Congreso. Los delegados bolsheviques representaban, fundamentalmente, a los grandes centros industriales (Petersburgo, Moscú, Ural, Ivánovo-Vosnsensk y otros). En cambio, los mensheviques acudieron al Congreso representando a las regiones de pequeña producción, en las que predominaban los obreros artesanos, los semiproletarios, así como también a una serie de regiones puramente campesinas.

"Es evidente -exponía el camarada Stalin, haciendo el balance del congreso- que la táctica de los bolsheviques es la táctica de los proletarios de la gran industria, la táctica de las regiones donde las contradicciones de clase aparecen más nítidas, y la lucha de clases es más tajante. El bolshevismo es la táctica de los auténticos proletarios. Y, por otra parte, no es menos evidente que la táctica de los mensheviques es, predominantemente, la táctica de los obreros artesanos y de los semiproletarios campesinos, la táctica de aquellas regiones en que los antagonismos de clase aparecen velados y la lucha de clases disimulada. El menshevismo es la táctica de los elementos semiburgueses del proletariado. Así lo indican los números" (Actas del V Congreso del P.O.S.D.R., XI y XII, 1935).

Después de disolver la primera Duma, el zar creyó tener en la segunda un instrumento más dócil. Pero tampoco ésta colmó sus esperanzas. En vista de ello, decidió disolver también esta Duma y convocar la tercera, restringiendo todavía más los derechos electorales, en la esperanza de tener en ella un instrumento más sumiso.

Poco después del V Congreso del Partido, el gobierno zarista dio el llamado golpe de Estado del 3 de junio, disolviendo la segunda Duma. La fracción socialdemócrata de la Duma, compuesta de 65 diputados, fue detenida y deportada a Siberia. Se dictó una nueva ley electoral. El derecho de voto de los obreros y campesinos sufrió nuevas restricciones. El gobierno zarista seguía atacando.

El ministro zarista Stolypin desplegaba su sangrienta represión contra los obreros y campesinos. Miles de obreros y campesinos revolucionarios morían fusilados o ahorcados por los destacamentos de castigo. En los calabozos zaristas eran torturados y martirizados millares de revolucionarios. Las organizaciones obreras, sobre todo las de tendencia bolshevique, eran perseguidas con una crueldad especial. Los sabuesos zaristas buscaban el rastro de Lenin, que vivía clandestinamente en Finlandia. Querían clavar su garra sangrienta en el jefe de la revolución. En diciembre de 1907, arrostrando un peligro enorme, Lenin logró trasladarse de nuevo al extranjero, a la emigración.

Comenzaron los terribles años de la reacción stolypiniana.

La primera revolución rusa había terminado, pues, con una derrota.

A ello contribuyeron las causas siguientes:

1. La revolución no contaba aún con una sólida alianza de los obreros y los campesinos contra el zarismo. Los campesinos pusiéronse en pie para la lucha contra los terratenientes, contra los cuales estaban decididos a aliarse con los obreros. Pero aun no comprendían que era imposible derrocar a los terratenientes sin derrocar al zar; no comprendían que éste hacía causa común con aquéllos, y había una parte considerable de campesinos que aun creía en el zar y que cifraba sus esperanzas en la Duma zarista. Por eso, muchos campesinos no quisieron aliarse a los obreros para derrocar al zarismo. Los campesinos tenían más fe en el partido oportunista de los socialrevolucionarios que en los verdaderos revolucionarios, en los bolsheviques. Como resultado de esto, la lucha de los campesinos contra los terratenientes no llegó a adquirir la suficiente organización. Lenin escribía:

"... los campesinos actuaron demasiado desperdigados, demasiado desorganizadamente y poco a la ofensiva, siendo ésta una de las causas cardinales del fracaso de la revolución". (Lenin, t. XIX, pág. 354, ed. rusa).

2. La resistencia de una parte considerable de los campesinos a marchar de acuerdo con los obreros por el derrocamiento del zarismo se dejó sentir también en la conducta del ejército, formado, en su mayoría, por hijos de campesinos vestidos con el uniforme militar. En algunas unidades aisladas del ejército zarista se produjeron brotes de rebeldía y sublevaciones, pero la mayoría de los soldados siguió ayudando al zar a ahogar las huelgas y las insurrecciones de los obreros.

3. Tampoco los obreros actuaron con la necesaria unanimidad. Los destacamentos de vanguardia de la clase obrera desplegaron en 1905 una heroica lucha revolucionaria. Pero las capas más atrasadas -los obreros de las provincias menos industriales y los que vivían en la aldeas- se ponían en movimiento más lentamente. Su participación en la lucha revolucionaria se intensificó especialmente en 1906, pero por entonces ya la vanguardia de la clase obrera se hallaba quebrantada.

4. Aunque la clase obrera la fuerza de vanguardia, la fuerza fundamental de la revolución, dentro de las filas del Partido de la clase obrera no existían la unidad y la cohesión necesarias. El P.O.S.D.R., el partido de la clase obrera, hallábase escindido en dos grupos: el de los bolsheviques y el de los mensheviques. Los bolsheviques mantenían una línea consecuentemente revolucionaria y llamaban a los obreros al derrocamiento del zarismo. Los mensheviques, con su táctica oportunista, frenaban la revolución, sembraban el confusionismo entre una parte considerable de los obreros y escindían el proletariado. Por eso los obreros no actuaron siempre en la revolución de un modo unánime, y la clase obrera, por carecer aún de unidad dentro de sus propias filas, no pudo erigirse en verdadero jefe de la revolución.

5. La autocracia zarista contaba, para ahogar la revolución de 1905, con la ayuda de los imperialistas de occidente de Europa. Los capitalistas extranjeros temían por sus capitales invertidos en Rusia y por sus fabulosas ganancias. Temían que, si triunfaba en Rusia la revolución, se lanzasen también a ella los obreros de otros países. He aquí lo que movió a los imperialistas de la Europa occidental a ayudar al zar-verdugo. Los banqueros de Francia le concedieron un gran empréstito para aplastar la revolución. El emperador de Alemania tenía preparado un ejército de muchos miles de hombres para intervenir en ayuda del zar de Rusia.

      1. Una ayuda importante para el zar fue la paz con el Japón, concertada en septiembre de 1905. Su derrota en la guerra y los avances amenazadores de la revolución obligaron al zar a apresurar la firma de la paz. La derrota en la guerra ruso-japonesa había quebrantado al zarismo, pero la firma de la paz fortaleció la situación del zar.





RESUMEN





La primera revolución rusa representa toda una etapa histórica en el desarrollo de Rusia. Esta etapa histórica consta de dos periodos. En el primer periodo, la revolución, aprovechándose del quebrantamiento del régimen zarista, derrotado en los campos de Manchuria, sigue su marcha ascendente y pasa de la huelga general de carácter político, en octubre, a la insurrección armada; en diciembre, barre la Duma buliguiniana y arranca al zar una concesión tras otra. En el segundo periodo, el zar, después de rehacerse, gracias a la firma de la paz con el Japón, se aprovecha del miedo de la burguesía liberal a la revolución y de las vacilaciones de los campesinos, les echa a éstos como una limosna la Duma de Witte y pasa a la ofensiva contra la clase obrera y la revolución.

Los tres años que, sobre poco más o menos, duró la revolución (1905 a 1907) fueron, para la clase obrera y los campesinos, una escuela tan fecunda de educación política como no hubieran podido serlo treinta años de evolución pacífica y normal. Lo que no habían conseguido hacer ver decenas y decenas de años de desarrollo pacífico, lo hicieron ver claramente esos pocos años de revolución.

La revolución puso de manifiesto que el zarismo era el enemigo jurado del pueblo, un mal que sólo podía curarse con la tumba.

La revolución enseñó que la burguesía liberal no buscaba su aliado en el pueblo, sino en el zar; que era una fuerza contrarrevolucionaria; y que el pactar con ella equivalía a traicionar al pueblo. La revolución enseñó que el jefe de la revolución democráticoburguesa sólo podía serlo la clase obrera, que sólo ella era capaz de desalojar a la burguesía liberal, a los kadetes, de emancipar a los campesinos de su influencia, de aplastar a los terratenientes, de llevar a término la revolución y de allanar el camino hacia el socialismo.

La revolución enseñó, finalmente, que pese a sus vacilaciones, los campesinos trabajadores son la única fuerza importante capaz de aliarse a la clase obrera.

Durante la revolución lucharon dentro del P.O.S.D.R. dos líneas políticas: la de los bolsheviques y la de los mensheviques. Los bolsheviques ponían rumbo al desencadenamiento de la revolución, al derrocamiento del zarismo por la vía de la insurrección armada, a la hegemonía de la clase obrera, al aislamiento de la burguesía kadete, a la alianza con los campesinos, a la formación de un gobierno provisional revolucionario con representantes de los obreros y los campesinos, al desarrollo de la revolución hasta la victoria final. Por el contrario, el derrotero que seguían los mensheviques era el del estrangulamiento de la revolución. En vez del derrocamiento del zarismo mediante la insurrección, preconizaban su reforma y "mejoramiento"; en vez de la hegemonía del proletariado, la hegemonía de la burguesía liberal; en vez de la alianza con los campesinos, la alianza con la burguesía kadete; en vez de un gobierno provisional revolucionario, la Duma, como centro de las "fuerzas revolucionarias" del país.

Así fue como los mensheviques se hundieron en la charca del reformismo, convirtiéndose en vehículo de la influencia burguesa sobre la clase obrera y pasando a ser, de hecho, agentes de la burguesía en el campo proletario.

Los bolsheviques demostraron ser la única fuerza marxista revolucionaria que había en el Partido y en el país.

Como es lógico, después de producirse discrepancias tan graves, el P.O.S.D.R. apareció, de hecho, escindido en dos partidos, el partido bolshevique y el partido menshevique. El IV Congreso no hizo cambiar en nada la situación de hecho existente dentro del Partido. No hizo más que mantener y afianzar un poco su unidad formal. El V Congreso representó un paso de avance en el sentido de la unificación efectiva del Partido, unificación que, además, se llevó a efecto bajo la bandera bolshevique.

Haciendo el balance del movimiento revolucionario, el V Congreso del Partido condenó la línea menshevique, como una línea reformista, y aprobó la línea bolshevique, como la línea marxista revolucionaria. Con esto confirmó, una vez más, lo que había sido ya confirmado por toda la marcha de la primera revolución rusa.

La revolución puso de manifiesto que los bolsheviques saben avanzar, cuando así lo exige la situación, y que han aprendido a avanzar en vanguardia llevando con ellos el pueblo al asalto. Pero puso de relieve, asimismo, que los bolsheviques saben también replegarse ordenadamente, cuando la situación toma un carácter desfavorable, cuando la revolución declina, y han aprendido a replegarse certeramente, sin pánico y sin precipitación, para mantener indemnes sus cuadros, acumular fuerzas y, después de rehacerse con arreglo a la nueva situación, lanzarse de nuevo al ataque contra el enemigo.

No es posible vencer al enemigo, si no se sabe atacar certeramente.

No es posible evitar un descalabro en caso de derrota, si no se sabe retroceder certeramente, replegándose sin pánico y en perfecto orden.



1908-1912

LOS MENSHEVIQUES Y LOS BOLSHEVIQUES DURANTE EL

PERIODO DE LA REACCION STOLYPINIANA. LOS

BOLSHEVIQUES PASAN A FORMAR UN PARTIDO MARXISTA

INDEPENDIENTE





1.

La reacción stolypiniana.





La segunda Duma fue disuelta por el gobierno zarista mediante el acto que registra la historia con el nombre de golpe de Estado del 3 de junio de 1907. El gobierno zarista dictó una nueva ley para las elecciones a la tercera Duma, infringiendo con ello su propio mensaje del 17 de octubre de 1905, en el cual se comprometía a no dictar nuevas leyes más que de acuerdo con la Duma. La fracción socialdemócrata de la segunda Duma fue llevada a los tribunales, y los representantes de la clase obrera enviados unos a presidio y otros a la deportación.

La nueva ley electoral estaba redactada de tal modo, que aumentaba considerablemente la cantidad de representantes de los terratenientes y de la burguesía comercial e industrial en la Duma. Al mismo tiempo, se reducía hasta una cifra insignificante la representación, exigua de por sí, de los campesinos y de los obreros.

Atendiendo a su composición, la tercera Duma era la Duma de las centurias negras y de los kadetes. De los 442 diputados que la componían, había: 171 de derechas (de las centurias negras), 113 octubristas y afiliados a otros grupos afines, 101 kadetes y pertenecientes a grupos próximos a ellos, 13 trudovikis (grupo de trabajo) y 18 socialdemócratas.

Las derechas (llamadas así porque tenían sus asientos en el lado derecho de la Duma) representaban a los enemigos más rabiosos de los obreros y los campesinos: los terratenientes feudales de las centurias negras, autores de las palizas y los fusilamientos en masa de campesinos en la represión del movimiento revolucionario del campo, los organizadores de los pogromos judíos, de las matanzas de manifestantes obreros, de los bestiales incendios de los edificios en que se celebraban los mítines durante los días de la revolución. Las derechas abogaban por el aplastamiento más brutal de los trabajadores, por un Poder zarista ilimitado, contra el mensaje dado por el zar el 17 de octubre de 1905.

Un partido afín a las derechas, entre los representados en la Duma, era el partido de los octubristas o "Unión del 17 de octubre". Los octubristas representaban los intereses del gran capital industrial y de los grandes terratenientes que explotaban sus fincas con métodos capitalistas (a comienzos de la revolución de 1905, se pasó a los octubristas una parte considerable de los kadetes integrada por grandes terratenientes). Lo único que separaba a los octubristas de las derechas era el reconocimiento -que, por lo demás, no pasaba de ser puramente verbal- del mensaje del 17 de octubre. Los octubristas apoyaban íntegramente la política interior y exterior del gobierno zarista.

Los kadetes, o partido "constitucional democrático", tenían en la tercera Duma menos diputados que en la primera y en la segunda. La explicación de esto está en que una parte de los votos de los terratenientes se pasó del Partido kadete a los octubristas.

En la tercera Duma hallábase representado un grupo poco numeroso de demócratas pequeñoburgueses que se conocían con el nombre de trudovikis. En la Duma, este grupo vacilaba entre los kadetes y la democracia obrera (los bolsheviques). Lenin señalaba que, aunque fuesen extraordinariamente débiles en la Duma, los trudovikis representaban a las masas campesinas. Sus vacilaciones entre los kadetes y la democracia obrera brotaban inevitablemente de la situación de clase propia de los pequeños propietarios. Y Lenin planteaba a los diputados bolsheviques, a la democracia obrera, la tarea de "ayudar a los débiles demócratas pequeñoburgueses, de arrancarlos a la influencia de los liberales, de apretar las filas de la democracia, no sólo frente a las derechas, sino también frente a los kadetes contrarrevolucionarios... (Lenin, t. XV, pág. 486, ed. rusa).

En el transcurso de la revolución de 1905, y, sobre todo, después de su derrota, los kadetes fueron revelándose cada vez más abiertamente como una fuerza contrarrevolucionaria. Fueron quitándose cada vez más la careta "democrática", para actuar como auténticos monárquicos y defensores del zarismo. En 1909, un grupo de escritores kadetes muy destacado editó una antología titulada "Jalones", en la que daba las gracias al zarismo, en nombre de la burguesía, por haber aplastado la revolución. Arrastrándose ante el gobierno zarista del látigo y la horca y lamiéndole las botas, los kadetes escribían sin recato que había que "dar gracias a este gobierno, el único Poder que con sus bayonetas y sus cárceles nos protege todavía (es decir, protege a la burguesía liberal) de la furia popular".

Después de disolver la segunda Duma y de enviar a la cárcel o al destierro a la fracción socialdemócrata, el gobierno zarista comenzó a destrozar furiosamente las organizaciones políticas y económicas del proletariado. Las cárceles, los presidios y los lugares de deportación estaban abarrotados de revolucionarios. Estos eran sepultados en mazmorras y sometidos a martirios y torturas feroces. El terror de las bandas negras asolaba el país. El ministro zarista Stolypin cubrió de horcas y patíbulos todo el país. Millares de revolucionarios fueron ejecutados. A la horca se la llamaba, por aquel entonces, la "corbata stolypiniana".

Pero en su obra de exterminio del movimiento revolucionario de los obreros y campesinos, el gobierno zarista no podía limitarse simplemente a organizar represiones, expediciones de castigo, fusilamientos y encarcelamientos en masa. El gobierno zarista veía con alarma que la fe ingenua de los campesinos en el "padrecito zar" se iba disipando cada vez más. Esto le hizo recurrir a una maniobra de gran envergadura, discurriendo el ardid de crearse un fuerte sostén en el campo, bajo la forma de una numerosa clase de burgueses campesinos, de kulaks.

El 9 de noviembre de 1906, Stolypin dictó una nueva ley agraria, dando normas para que los campesinos pudiesen salirse de la comunidad rural y establecerse en caserías. La ley agraria de Stolypin venía a destruir el régimen comunal de posesión de la tierra. Cada campesino podía tomar en propiedad personal la tierra que le correspondía, separándose de la comunidad. Además, podía vender su parte, cosa que antes no se le permitía. La comuna quedaba obligada a asignar a los campesinos que se salieran de la comunidad toda la tierra en un mismo sitio (casería, coto redondo).

Esto permitía a los campesinos ricos, a los kulaks, comprar por poco precio las tierras de los campesinos menos pudientes. A los pocos años de haberse dictado esta ley, habían quedado completamente privados de tierras y arruinados más de un millón de campesinos humildes. A expensas de ellos, se fueron creando las caserías y cotos redondos de los kulaks, que, a veces, eran verdaderas haciendas de terratenientes, en las que se empleaba abundantemente el trabajo asalariado, la mano de obra de jornaleros. El gobierno obligaba a los campesinos a segregar de la comunidad las mejores tierras, para entregarlas a los kulaks de las caserías.

Y así como al decretarse la "liberación" de los campesinos, los terratenientes habían robado a éstos sus tierras, ahora los kulaks comenzaron a robar las tierras de la comunidad, quedándose con las mejores parcelas y comprando al malbarato los lotes de los campesinos pobres.

El gobierno zarista concedió a los kulaks grandes préstamos para ayudarles a comprar tierras y a formar sus caserías. El plan de Stolypin era hacer de los kulaks pequeños terratenientes, en quienes la autocracia zarista tuviese verdaderos defensores.

En nueve años (de 1906 a 1915), se separaron del régimen comunal más de dos millones de explotaciones campesinas.

El régimen stolypiniano empeoró todavía más la situación de los campesinos humildes y de los pobres del campo. El proceso de diferenciación de la masa campesina se acentuó. Comenzaron los choques entre los campesinos y los kulaks de las caserías.

Al mismo tiempo, los campesinos comenzaron a comprender que no entrarían en posesión de las tierras de los terratenientes, mientras existiesen el gobierno zarista y una Duma compuesta por terratenientes y kadetes.

Al principio, durante los años en que se intensificó el proceso de separación de campesinos del régimen comunal para establecerse en caserías (1907-1909), el movimiento campesino fue en descenso, pero pronto, en 1910-1911 y después, los choques entre los miembros de la comunidad y los dueños de caserías hicieron que el movimiento campesino contra los terratenientes y los kulaks de las caserías recrudeciese.

También en el terreno industrial se operaron, después de la revolución, cambios considerables. Se acentuó notablemente la concentración de la industria, o sea el incremento de las empresas y su acumulación en manos de grupos capitalistas cada vez más fuertes. Ya antes de la revolución de 1905, habían comenzado los capitalistas a organizarse en agrupaciones para elevar los precios de las mercancías dentro del país, destinando los sobrebeneficios conseguidos de este modo a un fondo de fomento de las exportaciones, con objeto de poder lanzar las mercancías al mercado exterior a bajo precio y conquistar así los mercados extranjeros. Estas agrupaciones organizadas por los capitalistas (monopolios) llamábanse trusts o consorcios. Después de la revolución, el número de trusts y consorcios capitalistas fue en aumento. Aumentó también el número de los grandes bancos, creciendo la importancia de éstos en la industria. Y creció asimismo la afluencia de los capitales extranjeros a Rusia.

Por tanto, el capitalismo, en Rusia, se iba convirtiendo cada vez más en un capitalismo monopolista, imperialista.

Después de varios años de estancamiento, la industria volvía a reanimarse: la extracción de carbón y de petróleo iba en aumento, la cantidad de metal producido aumentaba, la producción de tejidos y de azúcar crecía. La exportación de trigo cobraba fuertes proporciones.

Pero aunque durante este periodo Rusia había hecho algunos progresos en cuanto a su industria, seguía siendo un país atrasado, en comparación con la Europa occidental, y dependía del capitalismo extranjero. No existía dentro del país una producción de maquinaria industrial: había que importar todas las máquinas. No existía tampoco la industria del automóvil, ni la industria química, ni se producían abonos minerales. En la industria del armamento, Rusia iba también a la zaga de los demás países capitalistas.

Señalando el bajo nivel de consumo de metales en Rusia como signo de su atraso, Lenin escribía:

"Medio siglo después de la liberación de los campesinos, el consumos de hierro en Rusia se ha quintuplicado, y a pesar de eso, Rusia sigue siendo un país increíblemente, insólitamente atrasado, mísero y semisalvaje, cuatro veces peor pertrechado de instrumentos modernos de producción que Inglaterra, cinco veces pero que Alemania y diez veces peor que los Estados Unidos" (Lenin, t. XVI, pág. 543, ed. rusa).

Consecuencia directa del atraso económico y político de Rusia era la dependencia en que, tanto el capitalismo ruso como el propio zarismo, se hallaban respecto al capitalismo de la Europa occidental.

Esta dependencia se acusaba en el hecho de que ramas importantísimas de la Economía nacional como el carbón, el petróleo, la industria eléctrica y la metalurgia se hallasen en manos del capital extranjero, y de que casi toda la maquinaria y toda la instalación industrial que necesitaba la Rusia zarista tuviese que ser importada.

Se acusaba en los avasalladores empréstitos extranjeros, cuyos intereses pagaba el zarismo, estrujando todos los años a la población cientos y cientos de millones de rublos.

Se acusaba en los tratados secretos con los "aliados", en los cuales el zarismo se comprometía a enviar, en caso de guerra, millones de soldados rusos a los frentes imperialistas, para apoyar a los "aliados" y defender las fabulosas ganancias de los capitalistas anglofranceses.

Los años de la reacción stolypiniana caracterizáronse, especialmente, por los asaltos de bandolerismo de los gendarmes y de la policía, de los provocadores zaristas y de los asesinos de las bandas negras contra la clase obrera. Pero no eran sólo los esbirros zaristas los que torturaban y perseguían a los obreros. Tampoco se quedaban atrás, en este terreno, los patronos de las fábricas y talleres, cuya ofensiva contra la clase obrera recrudeció especialmente durante los años de estancamiento industrial y de intenso paro forzoso. Los patronos declaraban "lockouts" en masa y llevaban "listas negras", en las que figuraban los obreros conscientes que habían tomado parte activa en las huelgas. Los que aparecían en estas "listas negras" no encontraban trabajo en ninguna de las empresas enroladas en la asociación patronal de la industria correspondiente. El tipo de salario sufrió ya en 1908 una rebaja del 10 al 15 por 100. La jornada de trabajo fue prolongada en todas partes hasta 10 y 12 horas. Volvía a florecer el sistema del latrocinio en forma de multas.

La derrota de la revolución de 1905 produjo el desmoronamiento y la descomposición entre los que se habían adherido circunstancialmente a la revolución. Donde más se notaban las descomposición y el decadentismo era entre los intelectuales. Los "compañeros de viaje", que se habían pasado a las filas revolucionarias desde el campo de la burguesía durante el periodo de avance arrollador de la revolución, se separaron del Partido al sobrevenir la etapa reaccionaria. Una parte de ellos se pasó al campo de los enemigos descarados de la revolución, otros se refugiaron en las organizaciones legales de la clase obrera que salieron indemnes de la represión y esforzábanse en desviar al proletariado de la senda revolucionaria y en desacreditar al Partido revolucionario del proletariado. Apartándose de la revolución, los antiguos revolucionarios de circunstancias procuraban adaptarse a la reacción y vivir en paz con el zarismo.

El gobierno zarista se aprovechó de la derrota de la revolución para enrolar a su servicio como agentes provocadores a los desertores de la revolución más cobardes y más arrivistas. Estos viles y repugnantes confidentes y provocadores, destacados por la "ojrana" zarista entre los obreros y en las organizaciones del Partido, acechaban desde dentro y entregaban a los revolucionarios a sus verdugos.

La ofensiva de la contrarrevolución desarrollábase también en el frente ideológico. Brotó toda una muchedumbre de escritores de moda, que "criticaban" y "desacreditaban" al marxismo, que escupían a la revolución y se burlaban de ella, glorificando la traición y ensalzando la perversión sexual bajo el nombre de "culto a la personalidad".

En el campo de la filosofía, se redoblaban los intentos de "criticar", de revisar el marxismo, y surgían también todo género de corrientes religiosas, envueltas en argumentos pretendidamente "científicos".

La "crítica" del marxismo habíase puesto de moda.

Pese a la abigarrada diversidad de sus tendencias, todos estos señores perseguían un fin común: desviar a las masas de la revolución.

El decadentismo y la falta de fe se apoderó también de un parte de los intelectuales del Partido que, aun teniéndose por marxistas, jamás se habían mantenido con firmeza en las posiciones del marxismo. Entre ellos figuraban escritores como Bogdanov, Basarov, Lunacharski (que en 1905 se habían adherido a los bolsheviques) y como Yushkevich y Valentinov (mensheviques). Estos intelectuales desplegaban su "crítica" a la vez contra los fundamentos filosófico-teóricos del marxismo, es decir, contra el materialismo dialéctico, y contra sus fundamentos histórico-científicos, es decir, contra el materialismo histórico. Esta crítica se distinguía de la usual en que no se desarrollaba de un modo franco y honrada, sino velada e hipócritamente, pretextando "defender" las posiciones fundamentales del marxismo. "Nosotros -decían estos "críticos"- somos esencialmente marxistas, pero queremos "mejorar" el marxismo, depurarlo de algunas tesis fundamentales". En realidad, eran enemigos del marxismo, pues aspiraban a socavar sus cimientos teóricos, aunque de palabra negasen hipócritamente su hostilidad contra él y siguiesen llamándose, en su doblez, marxistas. El peligro de esta crítica farisaica consistía en que con ella se pretendía engañar a los militantes de filas del Partido y se les podía mover a confusión. Y cuanto más hipócrita fuese esta labor crítica de zapa de los fundamentos teóricos del marxismo, más peligrosa era para el Partido, pues se identificaba más de lleno con la campaña general emprendida por la reacción contra el Partido y contra la revolución. Una parte de los intelectuales (el grupo de los llamados "buscadores" o "constructores de dios"), que había desertado del marxismo, llegó incluso a predicar la necesidad de crear una nueva religión.

Ante los marxistas se planteaba la tarea indeclinable de dar a estos degenerados una respuesta cumplida en el campo de la teoría del marxismo, de quitarles la careta y de desenmascararlos por entero, defendiendo, de este modo, los fundamentos teóricos del Partido marxista.

Cabía pensar que tomasen en sus manos esta empresa Plejanov y sus amigos mensheviques, que se reputaban a sí mismos como "célebres teóricos marxistas". Pero, prefirieron limitarse a escribir, para cubrir las formas, un par de artículos de crítica de folletón y luego retirarse por el foro.

Fue Lenin quien afrontó y llevó a cabo esta empresa, con su famoso libro "Materialismo y Empiriocriticismo", publicado en 1909.

"En menos de medio año -escribía Lenin en esta obra- han visto la luz cuatro libros consagrados fundamental y casi exclusivamente a atacar el materialismo dialéctico. Entre ellos, y en primer lugar, figura el titulado "Apuntes sobre (contra, es lo que debería decir) la filosofía del marxismo", San Petersburgo, 1908; una colección de artículos de Basarov, Bogdanov, Lunacharski, Berman, Helfond, Yushkevich y Suvorov. Luego vienen los libros de Yushkevich, "El materialismo y el realismo crítico"; Berman, "La dialéctica a la luz de la moderna teoría del conocimiento y Valentinov, "Las construcciones filosóficas del marxismo"... ¡Todos estos individuos unidos -a pesar de las profundas diferencias que hay entre sus ideas políticas- por su hostilidad al materialismo dialéctico, pretenden, al mismo tiempo, hacerse pasar, en filosofía, por marxistas! La dialéctica de Engels es un "misticismo", dice Berman; las ideas de Engels se han quedado "anticuadas", exclama Basarov de pasada, como algo que no necesita de demostración; el materialismo se da por refutado por nuestros valientes paladines, quienes se remiten orgullosamente a la "moderna teoría del conocimiento", a la "novísima filosofía" (o al "novísimo positivismo"), a la "filosofía de las modernas ciencias naturales" e incluso a la "filosofía de las ciencias naturales del siglo XX" (Lenin, t. XIII, pág. 11, ed. rusa).

Contestando a Lunacharski, que, en la pretensión de justificar a sus amigos, los revisionistas en el campo filosófico, decía: "Tal vez nos equivoquemos, pero indagamos", escribía Lenin:

"Por lo que se refiere a mí, también yo soy, en filosofía, un "indagador". En estos apuntes (se trata de la obra "Materialismo y Empiriocriticismo". N. de la R.), me he propuesto como tarea indagar en qué ha venido a para esa gente que predica, bajo el nombre de marxismo, algo increíblemente caótico, confuso y reaccionario" (Obra citada, pág. 12).

Pero, en realidad, el libro de Lenin se salía con mucho del marco de esta modesta tarea. En realidad, este libro no es solamente una crítica de Bogdanov, Yushkevich, Basarov, Valentinov y sus maestros filosóficos, Avenarius y Mach, que en sus obras intentaban enseñar un refinado y pulido idealismo, contraponiéndolo al materialismo marxista. El libro de Lenin es, además de esto, una defensa de los fundamentos teóricos del marxismo, del materialismo dialéctico y del materialismo histórico; una generalización materialista de los descubrimientos más importantes y esenciales de la ciencia en general y, sobre todo, de las ciencias naturales, durante un periodo histórico entero, que va desde la muerte de Engels hasta la aparición de la obra "Materialismo y Empiriocriticismo".

Después de criticar y rebatir cumplidamente a los empiriocriticistas rusos y a sus maestros extranjeros, Lenin llega, en su libro, a las siguientes conclusiones contra el revisionismo teórico-filosófico:

1) "Una falsificación cada vez más sutil y el disfraz cada vez más sutil de las doctrinas antimaterialistas del marxismo: tal es lo que caracteriza al revisionismo moderno, tanto en el campo de la Economía política como en los problemas de táctica y en el campo de la filosofía en general" (Obra citada, pág. 270).

2) "Toda la escuela de Mach y Avenarius tiende al idealismo" (Obra citada, pág. 291).

3) "Nuestros machistas están todos empapados de idealismo" (Obra citada, pág. 282).

4) "Detrás del escolasticismo gnoseológico del empiriocriticismo no se puede por menos de ver la lucha de los partidos en la filosofía, lucha que refleja, en última instancia, las tendencias y la ideología de las clases enemigas dentro de la sociedad moderna" (Obra citada, pág. 292).

5) "El papel objetivo de clase del empiriocriticismo se reduce en absoluto a servir a los fideístas (reaccionarios que anteponen la fe a la ciencia. N. de la R.), en su lucha contra el materialismo en general y contra el materialismo histórico en particular" (Obra citada, pág. 292).

6) "El idealismo filosófico es... el camino hacia el obscurantismo clerical" (Obra citada, pág. 304).

Para poder juzgar la enorme importancia que esta obra de Lenin tiene en la historia del Partido bolshevique, y comprender qué riqueza teórica era la que defendía Lenin contra todos y cada uno de los revisionistas y degenerados del periodo de la reacción stolypiniana, es necesario detenerse a examinar, aunque sea brevemente, los fundamentos del materialismo dialéctico e histórico.

Este examen es tanto más necesario cuanto que el materialismo dialéctico e histórico constituyen el cimiento teórico del comunismo, las bases teóricas del Partido marxista, y todo militante activo del Partido Comunista está obligado a conocer estos fundamentos teóricos y asimilárselos.

Así pues:

1) ¿Qué es el materialismo dialéctico?

      1. ¿Qué es materialismo histórico?



2.

Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico.



[ * ] Sobre el materialismo dialéctico y el materialismo histórico es un excelente trabajo teórico del camarada Stalin publicado en 1938.



El materialismo dialéctico es la concepción del Partido marxista-leninista. Llámase "materialismo dialéctico" porque su modo de abordar los fenómenos de la naturaleza, su método de estudiar estos fenómenos y de concebirlos, es dialéctico y su interpretación de los fenómenos de la naturaleza, su modo de enfocarlos, su teoría, materialista.

El materialismo histórico es la aplicación de los principios del materialismo dialéctico al estudio de la vida social, la aplicación de los principios del materialismo dialéctico a los fenómenos de la vida de la sociedad, al estudio de ésta y de su historia.

Caracterizando su método dialéctico, Marx y Engels se remiten con frecuencia a Hegel como al filósofo que formuló los rasgos fundamentales de la dialéctica. Pero esto no quiere decir que la dialéctica de Marx y Engels sea idéntica a la dialéctica hegeliana. En realidad, Marx y Engels sólo tomaron de la dialéctica de Hegel se "médula racional", desechando la corteza idealista hegeliana y desarrollando la dialéctica, para darle una forma científica actual.

"Mi método dialéctico -dice Marx- no sólo es fundamentalmente distinto del método de Hegel, sino que es en todo y por todo, su reverso. Para Hegel, el proceso del pensamiento al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo (creador) de lo real y esto, la simple forma externa en que toma cuerpo. Para mí, lo ideal no es, por el contrario, más que lo material traducido y transpuesto a la cabeza de hombre" (C. Marx, Palabras finales a la 2ª edición del t. I del "Capital").

En la caracterización de su materialismo, Marx y Engels se remiten con frecuencia a Feuerbach, como al filósofo que restauró los derechos del materialismo. Pero esto no quiere decir que el materialismo de Marx y Engels se idéntico al materialismo de Feuerbach. En realidad, Marx y Engels sólo tomaron del materialismo de Feuerbach su "médula", desarrollándola hasta convertirla en la teoría científico-filosófica del materialismo, y desechando su escoria idealista y ético-religiosa. Es sabido que Feuerbach, que era en lo fundamental un materialista, se rebelaba contra el nombre de materialismo. Engels declaró más de una vez que "pese al cimiento materialista, Feuerbach no llegó a desprenderse de las ataduras idealistas tradicionales", y que "donde el verdadero idealismo de Feuerbach se pone manifiesto es en su filosofía de la religión y en su ética" (F. Engels, "Ludwig Feuerbach", en Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. Europa-América, t. I, págs. 414-417).

La palabra dialéctica viene del griego "dialegos", que quiere decir diálogo o polémica. Los antiguos entendían por dialéctica al arte de descubrir la verdad poniendo de manifiesto las contradicciones implícitas en la argumentación del adversario y superando estas contradicciones. Algunos filósofos de la antigüedad entendía que el descubrimiento de las contradicciones en el proceso discursivo y el choque de las opiniones contrapuestas era el mejor medio para encontrar la verdad. Este método dialéctico de pensamiento, que más tarde se hizo extensivo a los fenómenos naturales, se convirtió en el método dialéctico de conocimiento de la naturaleza, consistente en considerar los fenómenos naturales como sujetos a perpetuo movimiento y cambio y el desarrollo de la naturaleza como resultado del desarrollo de la contradicciones existentes en ésta, como el resultado de la acción mutua de las fuerzas contradictorias en el seno de la naturaleza.

La dialéctica es, fundamentalmente, todo lo contrario de la metafísica.

1) El método dialéctico marxista se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

a) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no considera la naturaleza como un conglomerado casual de objetos y fenómenos, desligados y aislados unos de otros y sin ninguna relación de dependencia entre sí, sino como un todo articulado y único, en el que los objetos y los fenómenos se hallan orgánicamente vinculados unos a otros, dependen unos de otros y se condicionan los unos a los otros.

Por eso, el método dialéctico entiende que ningún fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido, si se le enfoca aisladamente, sin conexión con los fenómenos que le rodean, pues todo fenómeno, tomado de cualquier campo de la naturaleza, puede convertirse en un absurdo, si se le examina sin conexión con las condiciones que le rodean, desligado de ellas; y por el contrario, todo fenómeno puede ser comprendido y explicado, si se le examina en su conexión indisoluble con los fenómenos circundantes y condicionado por ellos.

b) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no considera la naturaleza como algo quieto e inmóvil, estancado e inmutable, sino como algo sujeto a perenne movimiento y a cambios constantes, como algo que se renueva y se desarrolla incesantemente y donde hay siempre algo que nace y se desarrolla y algo que muere y caduca.

Por eso, el método dialéctico exige que los fenómenos se examinen, no sólo desde el punto de vista de sus relaciones mutuas y de su mutuo condicionamiento, sino también desde el punto de vista de su movimiento, de sus cambios y de su desarrollo, desde el punto de vista de su nacimiento y de su muerte.

Lo que interesa, sobre todo, al método dialéctico no es lo que en un momento dado parece estable pero comienza ya a morir, sino lo que nace y se desarrolla, aunque en un momento dado parezca poco estable, pues lo único que hay insuperable, según él, es lo que se halla en estado de nacimiento y de desarrollo.

"Toda la naturaleza -dice Engels- desde sus partículas más minúsculas hasta sus cuerpos más gigantescos, desde el grano de arena hasta el sol, desde el protozoo (célula viva primigenia. N. de la R.) hasta el hombre, se halla en estado perenne de nacimiento y muerte, en flujo constante, sujeta a incesantes cambios y movimientos" (Engels, en "Dialéctica de la naturaleza", Obras completas de Marx y Engels, ed. alemana del Instituto Marx-Engels-Lenin, de Moscú, Sonderausgabe, pág. 491).

Por eso la dialéctica -dice Engels- "enfoca las cosas y sus imágenes conceptuales, substancialmente, en sus conexiones mutuas, en su entronque y concatenación, en su dinámica, en su proceso de génesis y caducidad" ("Del socialismo utópico al socialismo científico", en Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. Europa-América, t. I, pág. 165).

c) Por oposición a la metafísica, la dialéctica no examina el proceso de desarrollo de los fenómenos como un simple proceso de crecimientos, en que los cambios cuantitativos no se traducen en cambios cualitativos, sino como un proceso en que se pasa de los cambios cuantitativos insignificantes y ocultos a los cambios manifiestos, a los cambios radicales, a los cambios cualitativos; en que éstos se producen, no de modo gradual, sino repentina y súbitamente, en forma de saltos de un estado de cosas a otro, y no de un modo casual, sino con arreglo a leyes, como resultado de la acumulación de una serie de cambios cuantitativos inadvertidos y graduales.

Por eso, el método dialéctico entiende que los procesos de desarrollo no deben concebirse como movimientos circulares, como una simple repetición del camino ya recorrido, sino como movimientos progresivos, como movimientos en línea ascensional, como el tránsito del viejo estado cualitativo a un nuevo estado cualitativo, como la evolución de lo simple a lo complejo, de lo inferior a lo superior.

"La naturaleza -dice Engels- es la piedra de toque de la dialéctica, y las modernas ciencias naturales nos brindan como prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copiosos y enriquecido con cada día que pasa, demostrando con ello que la naturaleza se mueve, en última instancia, por los cauces dialécticos y no por los carriles metafísicos, que no se mueve en la eterna monotonía de un ciclo constantemente repetido, sino que recorre una verdadera historia. Aquí, hay que citar en primer término a Darwin, quien, con su prueba de que toda la naturaleza orgánica existente, plantas y animales, y entre ellos, como es lógico, el hombre, es el producto de un proceso evolutivo que dura millones de años, ha asestado a la concepción metafísica de la naturaleza el más rudo golpe" (F. Engels, "Del socialismo utópico al socialismo científico", en Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, pág. 165).

Caracterizando el desarrollo dialéctico como el tránsito de los cambios cuantitativos a los cambios cualitativos, dice Engels:

"En física... todo cambio es una transformación de cantidad en calidad, una consecuencia del cambio cuantitativo de la masa de movimiento de cualquier forma inherente al cuerpo o que se transmite a éste. Así, por ejemplo, el grado de temperatura del agua no influye para nada, al principio, en su estado líquido; pero, al aumentar o disminuir la temperatura del agua líquida, se llega a un punto en que su estado de cohesión se modifica y el agua se convierte, en un caso, en vapor, y en otro caso, en hielo... Así también, para que el hilo de platino de la lámpara eléctrica se encienda, hace falta un mínimum de corriente; todo metal tiene su grado térmico de fusión, y todo líquido, dentro de una determinada presión, su punto fijo de congelación y de ebullición, en la medida en que los medios de que disponemos nos permiten producir la temperatura necesaria; y, finalmente, todo gas tiene su punto crítico, en que bajo una presión adecuada y enfriamiento se licua en forma de gotas... Las llamadas constantes de la física (los puntos de transición de un estado a otro. N. de la R.) no son, la mayor parte de las veces, más que los nombres de los puntos nodulares en que la suma o la sustracción cuantitativas (cambios cuantitativos) de movimiento provocan cambios cualitativos en el estado del cuerpo de que se trata; en que, por tanto, la cantidad se trueca en calidad" (F. Engels, "Dialéctica de la naturaleza", ed. cit., pág. 503).

Y más adelante, pasando a la química, Engels prosigue:

"Podríamos decir que la química es la ciencia de los cambios cualitativos de los cuerpos por efecto de los cambios operados en su composición cuantitativa. Y esto lo sabía ya el propio Hegel... Basta fijarse en el oxígeno: si combinamos, para formar una molécula, tres átomos en vez de dos, que es lo corriente, produciremos ozono, cuerpo que se distingue de un modo muy definido del oxígeno normal, tanto por su color como por sus efectos. Y no digamos de las diversas proporciones en que el oxígeno se combina con el nitrógeno o con el azufre, y cada una de las cuales produce un cuerpo cualitativamente distinto de los demás" (Obra citada, pág. 528).

Por úlitmo, criticando a Dühring, que colma de injurias a la Hegel -sin perjuicio de tomar de él, a la chita callando, la conocida tesis de que el tránsito del reino de lo insensible al reino de las sensaciones, del mundo inorgánico al mundo de la vida orgánica, representa un salto a un nuevo estado- Engels dice:

"Es, en absoluto, la línea nodular hegeliana de las proporciones de medida, en que el simple aumento o la simple disminución cuantitativa determina, al llegar a un determinado punto nodular, un salto cualitativo, como ocurre, por ejemplo, con el agua puesta a calentar o a enfriar, donde el punto de ebullición y el punto de congelación son los nódulos en -bajo una presión normal- se produce el salto a un nuevo estado de cohesión, es decir, en que la cantidad se trueca en calidad" (F. Engels, "Anti Dühring", pág. 49).

d) Por oposición a la metafísica, la dialéctica parte del criterio de que los objetos y los fenómenos de la naturaleza llevan siempre implícitas contradicciones internas, pues todos ellos tienen su lado positivo y su lado negativo, su pasado y su futuro, su lado de caducidad y su lado de desarrollo; del criterio de que la lucha entre estos lados contrapuestos, la lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que agoniza y lo que nace, entre lo que caduca y lo que se desarrolla, forma el contenido interno del proceso de desarrollo, el contenido interno de la transformación de los cambios cuantitativos en cambios cualitativos.

Por eso, el método dialéctico entiende que el proceso de desarrollo de lo inferior a lo superior no discurre a modo de un proceso de desenvolvimiento armónico de los fenómenos, sino poniendo siempre de relieve las contradicciones inherentes a los objetos y a los fenómenos, en un proceso de "lucha" entre las tendencias contrapuestas que actúan sobre la base de aquellas contradicciones.

"Dialéctica, en sentido estricto, es -dice Lenin- el estudio de las contradicciones contenidas en la misma esencia de los objetos" (Lenin, "Cuadernos filosóficos", pág. 263, ed. rusa).

Y más adelante:

"El desarrollo es la "lucha" entre tendencias contrapuestas" (Lenin, t. XIII, pág. 301, ed. rusa).

Tales son, brevemente expuestos, los rasgos fundamentales del método dialéctico marxista.

No es difícil comprender cuán enorme es la importancia que la difusión de los principios del método dialéctico tiene para el estudio de la vida social y de la historia de la sociedad y qué importancia tan enorme encierra la aplicación de estos principios a la historia de la sociedad y a la actuación práctica del Partido del proletariado.

Si en el mundo no existen fenómenos aislados, si todos los fenómenos están vinculados entre sí y se condicionan unos a otros, es evidente que todo régimen social y todo movimiento social que aparece en la historia debe ser juzgado, no desde el punto de vista de la "justicia eterna" o de cualquier otra idea preconcebida, que es lo que suelen hacer los historiadores, sino desde el punto de vista de las condiciones que han engendrado este régimen y este movimiento sociales y a las cuales se hallan vinculados.

Dentro de las condiciones modernas, el régimen de la esclavitud es un absurdo y una necedad contraria a la lógica. En cambio, dentro de las condiciones de disgregación del régimen del comunismo primitivo, la esclavitud era un fenómeno perfectamente lógico y natural ya que representaba un progreso en comparación con el comunismo primitivo.

La reivindicación de la República democráticoburguesa dentro de las condiciones del zarismo y de la sociedad burguesa, por ejemplo, en la Rusia de 1905, era una reivindicación perfectamente lógica, acertada y revolucionaria, pues la República burguesa representaba, en aquel tiempo, un progreso. En cambio, dentro de las condiciones actuales de la U.R.S.S., la reivindicación de la República democráticoburguesa sería absurda y contrarrevolucionaria, pues, comparada con la República Soviética, la República burguesa significa un retroceso.

Todo depende, pues, de las condiciones, del lugar y del tiempo.

Es evidente que, sin abordar desde este punto de vista histórico los fenómenos sociales, no podría existir ni desarrollarse la ciencia de la historia, pues este modo de abordar los fenómenos es el único que impide a la ciencia histórica convertirse en un caos de sucesos fortuitos y en un montón de los más absurdos errores.

Ahora bien, si el mundo se halla en incesante movimiento y desarrollo, y si la ley de este desarrollo es la extinción de lo viejo y el fortalecimiento de lo nuevo, es evidente que ya no puede haber ningún régimen social "inconmovible", ni pueden existir los "principios eternos" de la propiedad privada y la explotación, ni las "ideas eternas" de sumisión de los campesinos a los terratenientes y de los obreros a los capitalistas.

Esto quiere decir que el régimen capitalista puede ser sustituido por el régimen socialista, del mismo modo que, en su día, el régimen capitalista sustituyó al régimen feudal.

Esto quiere decir que hay que orientarse, no hacia aquellas capas de la sociedad que han llegado ya al término de su desarrollo, aunque en el momento presente constituyan la fuerza predominante, sino hacia aquellas otras que se están desarrollando y que tiene un porvenir, aunque no sean las fuerzas predominantes en el momento actual.

En la década del 80 del siglo pasado, en la época de lucha entre los marxistas y los populistas, el proletariado constituía, en Rusia, una minoría insignificante, en comparación con los campesinos individuales, que formaban la inmensa mayoría de la población. Pero el proletariado se estaba desarrollando como clase, mientras que los campesinos, como clase, se disgregaban. Precisamente por esto, porque el proletariado se estaba desarrollando como clase, los marxistas se orientaban hacia él. Y no se equivocaron, pues, como es sabido, el proletariado se convirtió, andando el tiempo, de una fuerza insignificante en una fuerza histórica y política de primer orden.

Esto quiere decir que en política, para no equivocarse, hay que mirar hacia delante y no hacia atrás.

Continuemos. Si el tránsito de los lentos cambios cuantitativos a los rápidos y súbitos cambios cualitativos constituye una ley del desarrollo, es evidente que las transformaciones revolucionarias llevadas a cabo por las clases oprimidas representan un fenómeno absolutamente natural e inevitable.

Esto quiere decir que el paso del capitalismo al socialismo y la liberación de la clase obrera del yugo capitalista no puede realizarse por medio de cambios lentos, por medio de reformas, sino sólo mediante la transformación cualitativa del régimen capitalista, es decir, mediante la revolución.

Esto quiere decir que en política, para no equivocarse, hay que ser revolucionario y no reformista.

Pues bien, si el proceso de desarrollo es un proceso de revelación de contradicciones internas, un proceso de choques entre fuerzas contrapuestas, sobre la base de estas contradicciones, y con el fin de superarlas, es evidente que la lucha de clases del proletariado constituye un fenómeno perfectamente natural e inevitable.

Esto quiere decir que lo que hay que hacer, no es disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo y desplegarlas en toda su extensión; no amortiguar la lucha de clases, sino llevarla a término consecuentemente.

Esto quiere decir que en política, para no equivocarse, hay que mantener una política proletaria, de clase, intransigente, y no una política reformista de armonía de intereses entre el proletariado y la burguesía, una política oportunista de "evolución pacífica" del capitalismo al socialismo.

En esto consiste el método dialéctico marxista, aplicado a la vida social y a la historia de la sociedad.

Por lo que se refiere al materialismo filosófico marxista, es, fundamentalmente, lo opuesto al idealismo filosófico.

2) El materialismo filosófico marxista se caracteriza por los siguientes rasgos fundamentales:

A) Por oposición al idealismo, que considera el mundo como la materialización de la "idea absoluta", del "espíritu universal", de la "conciencia", el materialismo filosófico de Marx parte del criterio de que el mundo es, por su naturaleza, algo material; de que los múltiples y variados fenómenos del mundo constituyen diversas formas y modalidades de la materia en movimiento; de que los vínculos mutuos y las relaciones de interdependencia entre los fenómenos que el método dialéctico pone de relieve son las leyes, con arreglo a las cuales se desarrolla la materia en movimiento; de que el mundo se desarrolla con arreglo a las leyes que rigen el movimiento de la materia, sin necesidad de ningún "espíritu universal".

"La concepción materialista del mundo -dice Engels- se limita sencillamente a concebir la naturaleza tal y como es, sin ninguna clase de aditamentos extraños" (F. Engels, "Ludwig Feuerbach", en Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. Europa-América, t. I, pág. 413).

Refiriéndose a la concepción materialista de un filósofo de la antigüedad, Heráclito, según el cual "el mundo forma una unidad por sí mismo y no ha sido creado por ningún dios ni por ningún hombre, sino que ha sido, es y será eternamente un fuego vivo que se enciende y se apaga con arreglo a leyes", dice Lenin: "He aquí una excelente definición de los principios del materialismo dialéctico" (Lenin, "Cuadernos filosóficos", pág. 318).

B) Por oposición al idealismo, el cual afirma que sólo nuestra conciencia tiene una existencia real y que el mundo material, el ser, la naturaleza, sólo existen en nuestra conciencia, en nuestras sensaciones, en nuestras percepciones, en nuestras ideas, el materialismo filosófico marxista parte del criterio de que la materia, la naturaleza, el ser, son una realidad objetiva, existen fuera de nuestra conciencia e independientemente de ella, de que la materia es lo primario, ya que constituye la fuente de la que se derivan las sensaciones, las percepciones y la conciencia, y ésta lo secundario, lo derivado, ya que es la imagen refleja de la materia, la imagen refleja del ser; parte del criterio de que el pensamiento es un producto de la materia al llegar a un alto grado de perfección en su desarrollo, y más concretamente, un producto del cerebro y éste el órgano del pensamiento, y de que, por tanto, no cabe, a menos de caer en un craso error, separar el pensamiento de la materia.

"El problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza es -dice Engels- el problema supremo de toda la filosofía... Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la naturaleza... formaban en el campo del idealismo. Los otros, los que reputaban la naturaleza como lo primario, figuran en las diversas escuelas del materialismo" (F.Engels, "Ludwig Feuerbach", en Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, págs. 407-408).

Y más adelante:

"El mundo material y perceptible por los sentidos, del que formamos parte también los hombres, es el único mundo real... Nuestra conciencia y nuestro pensamiento, por muy desligados de los sentidos que parezcan, son el producto de un órgano material, físico: el cerebro. La materia no es un producto del espíritu, sino éste el producto supremo de la materia" (F. Engels, obra citada, pág. 411).

Refiriéndose al problema de la materia y el pensamiento, manifiesta Marx:

"No es posible separar el pensamiento de la materia pensante. La materia es el sujeto de todos los cambios" (Obra citada, pág. 380).

Caracterizando el materialismo filosófico marxista, dice Lenin:

"El materialismo en general reconoce la existencia real y objetiva del ser (la materia), independientemente de la conciencia, de las sensaciones, de la experiencia... La conciencia... no es más que un reflejo del ser, en el mejor de los casos su reflejo más o menos exacto (adecuado, ideal en cuanto a precisión)" (Lenin, t. XIII, págs. 266-267, edición rusa).

Y en otros pasajes:

a) "Es materia lo que, actuando sobre nuestros órganos sensoriales, produce las sensaciones; la materia es la realidad objetiva que las sensaciones nos transmiten... La materia, la naturaleza, al existencia, lo físico, es lo primario; el espíritu, la conciencia, las sensaciones, lo psíquico, lo secundario" (Obra citada, págs. 119-120).

b) "El cuadro del mundo es el cuadro de cómo se mueve y cómo piensa la materia" (Obra citada, pág. 125).

c) "El cerebro es el órgano del pensamiento" (Obra citada, pág. 125).

C) Por oposición al idealismo, que disputa la posibilidad de conocer el mundo y las leyes por que se rige, que no cree en la veracidad de nuestros conocimientos, que no reconoce la verdad objetiva y entiende que el mundo está lleno de "cosas en sí", que jamás podrán ser conocidas por la ciencia, el materialismo filosófico marxista parte del principio de que el mundo y las leyes por que se rige son perfectamente cognoscibles, de que nuestros conocimiento acerca de las leyes de la naturaleza, comprobados por la experiencia, por la práctica, son conocimientos veraces, que tienen el valor de verdades objetivas, de que en el mundo no hay cosas incognoscibles, sino simplemente cosas aun no conocidas, pero que la ciencia y la experiencia se encargarán de revelar y de dar a conocer.

Criticando las tesis de Kant y de otros idealistas acerca de la incognoscibilidad del mundo y de las "cosas en sí" incognoscibles y defendiendo la consabida tesis del marxismo acerca de la veracidad de nuestros conocimientos, escribe Engels:

"La refutación más contundente de estas manías, como de todas las demás manías filosóficas, es la práctica, o sea el experimento y la industria. Si podemos demostrar la exactitud de nuestro modo de concebir un proceso natural reproduciéndolo nosotros mismo, creándolo como resultado de sus mismas condiciones, y si, además, los ponemos al servicio de nuestros propios fines, daremos al traste con la "cosa en sí" inasequible de Kant. Las sustancias químicas producidas en el mundo vegetal y animal siguieron siendo "cosas en sí" inasequibles hasta que la química orgánica comenzó a producirlas unas tras otras; con ello, la "cosa en sí" se convirtió en una cosa para nosotros, como, por ejemplo, la materia colorante de la rubia, la alizarina, que hoy ya no se extrae de la raíz natural de aquella planta, sino que se obtiene de alquitrán de carbón, procedimiento mucho más barato y más sencillo. El sistema solar de Copérnico fue durante trescientos años una hipótesis, por la que se podía apostar cien, mil, diez mil contra uno, pero a pesar de todo, una hipótesis, hasta que Leverrier, con los datos tomados de este sistema, pudo calcular, no sólo la necesidad de la existencia de un planeta desconocido, sino, además, el lugar en que este planeta tenía que encontrarse en el firmamento, y hasta que vino luego Galle y descubrió efectivamente este planeta: a partir de este momento, el sistema de Copérnico quedó demostrado" (Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, pág. 409).

Acusando a Bogdanov, Basarov, Yushkevich y otros partidarios de Mach de fideísmo y defendiendo la consabida tesis del materialismo de que nuestros conocimientos científicos acerca de las leyes por las que se rige la naturaleza son conocimientos veraces y de que las leyes de la ciencia constituyen verdades objetivas, dice Lenin:

"El fideísmo moderno no rechaza, ni mucho menos, la ciencia; lo único que rechaza son las "pretensiones desmesuradas" de la ciencia, y concretamente, sus pretensiones de verdad objetiva. Si existe una verdad objetiva (como entienden los materialistas) y si las ciencias naturales, reflejando el mundo exterior en la "experiencia" del hombre, son las únicas que pueden darnos esa verdad objetiva, todo fideísmo queda refutado incontrovertiblemente" (Lenin, t. XII, página 102, ed. rusa).

Tales son, brevemente expuestos, los rasgos característicos del materialismo filosófico marxista.

Fácil es comprender la importancia tan enorme que tiene la aplicación de los principios del materialismo filosófico al estudio de la vida social, el estudio de la historia de la sociedad, la importancia tan enorme que tiene el aplicar estos principios a la historia de la sociedad y a la actuación práctica del Partido del proletariado.

Si la ley por la que se rige el desarrollo de la naturaleza es la relación entre los fenómenos naturales y su interdependencia, de aquí se deduce que la relación e interdependencia entre los fenómenos sociales no constituyen tampoco un hecho fortuito, sino la ley por la que se rige el desarrollo de la sociedad.

Esto quiere decir que la vida social y la historia de la sociedad ya no son un conglomerado de hechos "fortuitos", pues la historia de la sociedad se convierte en el desarrollo de la sociedad con arreglo a sus leyes, y el estudio de la historia de la sociedad adquiere categoría de ciencia.

Esto quiere que la actuación práctica del Partido del proletariado debe basarse, no en lo buenos deseos de las "ilustres personalidades", no en los postulados de la "razón", de la "moral universal", etc., sino en las leyes del desarrollo de la sociedad y en el estudio de éstas.

Ahora bien, si el mundo es cognoscible, y nuestros conocimientos acerca de las leyes que rigen el desarrollo de la naturaleza son conocimientos veraces, que tiene el valor de verdades objetivas, esto quiere decir que también la vida social, el desarrollo de la sociedad, son susceptibles de ser conocidos; y que los datos que nos brinda la ciencia sobre las leyes del desarrollo de la sociedad son datos veraces, que tienen el valor de verdades objetivas.

Esto quiere decir que la ciencia que estudia la historia de la sociedad puede adquirir, pese a toda la complejidad de los fenómenos de la vida social, la misma precisión que la biología, por ejemplo, ofreciéndonos la posibilidad de dar una aplicación práctica a las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad.

Esto quiere decir que, en su actuación práctica, el Partido del proletariado debe guiarse, no por estos o los otros motivos fortuitos, sino por las leyes que rigen el desarrollo de la sociedad y por las conclusiones que de ellas se derivan.

Esto quiere decir que el socialismo deja de ser un sueño acerca de un futuro mejor de la Humanidad, para convertirse en una ciencia.

Esto quiere decir que el enlace entre la ciencia y la actuación práctica, entre la teoría y la práctica, su unidad, debe ser la estrella polar que guíe al Partido del proletariado.

Luego, si la naturaleza, la existencia, el mundo material son lo primario, y la conciencia, el pensamiento, lo secundario, lo derivado; si el mundo material constituye la realidad objetiva, que existe independientemente de la conciencia del hombre, y la conciencia es la imagen refleja de esta realidad objetiva, de aquí se deduce que la vida material de la sociedad, su existencia, es también lo primario, y su vida espiritual, lo secundario, lo derivado; que la vida material de la sociedad es la realidad objetiva, que existe independientemente de la voluntad de los hombres, y la vida espiritual de la sociedad, el reflejo de esta realidad objetiva, el reflejo del ser.

Esto quiere decir que la fuente donde se forma la vida espiritual de la sociedad, la fuente de la que emanan las ideas sociales, las teorías sociales, las concepciones y las instituciones políticas hay que buscarla, no en estas mismas ideas, teorías, concepciones e instituciones políticas, sino en las condiciones de la vida material de la sociedad, en la existencia social, de la cual son reflejos estas ideas, teorías, concepciones, etc.

Esto quiere decir que si en los diversos periodos de la historia de la sociedad nos encontramos con diversas ideas, teorías y concepciones sociales e instituciones políticas diferentes; si bajo el régimen de la esclavitud observamos unas ideas, teorías y concepciones sociales, unas instituciones políticas, bajo el feudalismo otras, y otras distintas bajo el capitalismo, la explicación de esto no está en la "naturaleza", ni en la "peculiaridad" de las propias ideas, teorías, concepciones e instituciones políticas, sino en las distintas condiciones de la vida material de la sociedad dentro de los diversos periodos de desarrollo social.

Según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las condiciones en que se desenvuelve su vida material, así son sus ideas, sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.

En relación con esto, dice Marx:

"No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino, por el contrario, su existencia social la que determina su conciencia" (Carlos Marx, Obras Escogidas, t. I, pág. 339).

Esto quiere decir que, en política, para no equivocarse y no convertirse en una colección de vacuos soñadores, el Partido del proletariado debe tomar como punto de partida para su actuación, no los "principios" abstractos de la "razón humana", sino las condiciones concretas de la vida material de la sociedad, que constituyen la fuerza decisiva del desarrollo social; no los buenos deseos de los "grandes hombres", sino las exigencias reales impuestas por el desarrollo de la vida material de la sociedad.

El fracaso de los utopistas, incluyendo entre ellos los populistas, los anarquistas y los socialrevolucionarios, se explica, entre otras razones, porque no reconocían la importancia primaria de la condiciones de vida material de la sociedad en cuanto al desarrollo de ésta, sino que, cayendo en el idealismo, erigían toda la actuación práctica, no sobre la exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sino, independientemente de ellas y en contra de ellas, sobre "planes ideales" y "proyectos universales", desligados de la vida real de la sociedad.

La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo estriban precisamente en que toma como base para su actuación práctica las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, sin desligarse jamás de la vida real de ésta.

Sin embargo, de las palabras de Marx no se desprende que las ideas y las teorías sociales, las concepciones y las instituciones políticas, no tengan importancia alguna en la vida de la sociedad, que no ejerzan de rechazo una influencia sobre la existencia social, sobre el desarrollo de las condiciones materiales de la vida de la sociedad. Hasta ahora, nos hemos venido refiriendo únicamente al origen de las ideas y teoría sociales y de las concepciones e instituciones políticas, a su nacimiento, al hecho de que la vida espiritual de la sociedad es el reflejo de las condiciones de su vida material. En lo tocante a la importancia de las ideas y teorías sociales y de las concepciones e instituciones políticas, en lo tocante al papel que desempeñan en la historia, el materialismo histórico no sólo no niega, sino que, por el contrario, subraya la importancia del papel y de la significación que les corresponde en la vida y en la historia de la sociedad.

Pero las ideas y teorías sociales no son todas iguales. Hay ideas y teorías viejas que han cumplido ya su misión y que sirven a los intereses de fuerzas sociales caducas. Su papel consiste en frenar el desarrollo de la sociedad, su marcha progresiva. Y hay ideas y teorías nuevas, avanzadas, que sirven a los intereses de las fuerzas de vanguardia de la sociedad. El papel de éstas consiste en facilitar el desarrollo de la sociedad, su marcha progresiva, siendo su importancia tanto más grande cuanto mayor sea la exactitud con que respondan a las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad.

Las nuevas ideas y teorías sociales sólo surgen después que el desarrollo de la vida material de la sociedad plantea a ésta nuevas tareas. Pero después de surgir se convierten en una fuerza importante, que facilita la ejecución de estas nuevas tareas planteadas por el desarrollo de la vida material de la sociedad, que facilita los progresos de ésta. Es aquí, precisamente, donde se acusa la formidable importancia organizadora, movilizadora y transformadora de las nuevas ideas, de las nuevas teorías y de las nuevas concepciones políticas, de las nuevas instituciones políticas. Por eso, las nuevas ideas y teorías sociales surgen en rigor, porque son necesarias para la sociedad, porque sin su labor organizadora, movilizadora y transformadora sería imposible llevar a cabo las tareas que plantea el desarrollo de la vida material de la sociedad y que están ya en sazón de ser cumplidas. Y como surgen sobre la base de las nuevas tareas planteadas por el desarrollo de la vida material de la sociedad, las nuevas ideas y teorías sociales se abren paso, se convierten en patrimonio de las masas populares, movilizan y organizan a éstas contra las fuerzas sociales caducas, facilitando así el derrocamiento de estas fuerzas sociales caducas que frenan el desarrollo de la vida material de la sociedad.

He aquí como las ideas y teorías sociales, las instituciones políticas, que brotan sobre la base de las tareas ya maduras para su solución planteadas por el desarrollo de la vida material de la sociedad, por el desarrollo de la existencia social, actúan luego, a su vez, sobre esta existencia social, sobre la vida material de la sociedad, creando las condiciones necesarias para llevar a término la ejecución de las tareas ya maduras de la vida material de la sociedad y hacer posible su desarrollo ulterior.

En relación con esto, dice Marx:

"La teoría se convierte en una fuerza material tan pronto como prende en las masas" (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. I, pág. 406).

Esto quiere decir que para poder actuar sobre las condiciones de la vida material de la sociedad y acelerar su desarrollo, acelerar su mejoramiento, el Partido del proletariado tiene que apoyarse en una teoría social, en una idea social que refleje certeramente las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad y que, gracias a ello, sea capaz de poner en movimiento a las grandes masas del pueblo, de movilizarlas y organizar con ellas el gran ejército del Partido proletario apto para aplastar a las fuerzas reaccionarias y allanar el camino a las fuerzas avanzadas de la sociedad.

El fracaso de los "economistas" y de los mensheviques se explica, entre otras razones, por el hecho de que no reconocían la importancia movilizadora, organizadora y transformadora de la teoría de vanguardia, de la idea de vanguardia y, cayendo en un materialismo vulgar, reducían su papel casi a la nada, y consiguientemente condenaban al Partido a la pasividad, a vivir vegetando.

La fuerza y la vitalidad del marxismo-leninismo estriban en que se apoya en una teoría de vanguardia que refleja certeramente las exigencias del desarrollo de la vida material de la sociedad, y que coloca a la teoría a la altura que le corresponde y considera su deber utilizar íntegramente su fuerza de movilización, de organización y de transformación.

Así es como resuelve el materialismo histórico el problema de las relaciones entre la existencia social y la conciencia social, entre las condiciones de desarrollo de la vida material y el desarrollo de la vida espiritual de la sociedad.

Resta sólo contestar a estas preguntas: ¿Qué se entiende, desde el punto de vista del materialismo histórico, por "condiciones de vida material de la sociedad", que son la que determinan, en última instancia, la fisonomía de la sociedad, sus ideas, sus concepciones, instituciones políticas, etc.?

¿Cuáles son esas "condiciones de vida material de la sociedad", cuáles son sus rasgos característicos?

Es indudable que en este concepto de "condiciones de vida material de la sociedad" entra, ante todo, la naturaleza que rodea a la sociedad, el medio geográfico, que es una de las condiciones necesarias y constantes de la vida material de la sociedad y que, naturalmente, influye en el desarrollo de ésta. ¿Cuál es el papel del medio geográfico en el desarrollo de la sociedad? ¿No será, acaso, el medio geográfico el factor fundamental que determina la fisonomía de la sociedad, el carácter del régimen social de los hombres, la transición de un régimen a otra?

El materialismo histórico contesta negativamente a esta pregunta.

El medio geográfico es, indiscutiblemente, una de las condiciones constantes y necesarias del desarrollo de la sociedad e influye, indudablemente, en él, acelerándolo o amortiguándolo. Pero esta influencia no es determinante, ya que los cambios y el desarrollo de la sociedad se operan con una rapidez incomparablemente mayor que los que afectan al medio geográfico. En el transcurso de tres mil años, Europa vio desparecer tres regímenes sociales: el del comunismo primitivo, el de la esclavitud y el régimen feudal, y en la parte oriental de Europa, en la U.R.S.S., fenecieron cuatro. Pues bien, durante este tiempo, las condiciones geográficas de Europa no sufrieron cambio alguno, o si sufrieron fue tan leve que la geografía no cree que merece la pena registrarlo. Y se comprende que sea así. Para que el medio geográfico experimente cambios de cierta importancia, hacen falta millones de años, mientras que en unos cientos o en un par de miles de años pueden operarse incluso cambios de la mayor importancia en el régimen social.

De aquí se desprende que el medio geográfico no puede ser la causa fundamental, el factor determinante del desarrollo social, pues, ¿cómo lo que permanece casi invariable a través de decenas de miles de años va a poder ser la causa fundamental a que obedezca el desarrollo de lo que en el espacio de unos cuantos cientos de años experimenta cambios radicales?

Asimismo, es indudable que el crecimiento de la población, la mayor o menor densidad de población, es también un factor que forma parte del concepto de las "condiciones materiales de vida de la sociedad", ya que entre estas condiciones materiales se cuenta como elemento necesario el hombre, y no podría existir la materialidad de la vida social sin un determinado mínimum de seres humanos. ¿No será, acaso, el desarrollo de la población el factor cardinal que determina el carácter del régimen social en que viven los hombres?

El materialismo histórico contesta negativamente también a esta pregunta.

Es indudable que el crecimiento de la población influye en el desarrollo de la sociedad, facilitando o entorpeciendo este desarrollo, pero no puede ser el factor cardinal a que obedece, ni su influencia puede tener un carácter determinante en cuanto al desarrollo social, ya que el crecimiento de la población de por sí no nos ofrece la clave para explicar por qué un régimen social dado es sustituido precisamente por un determinado régimen nuevo y no por otro, por qué el régimen del comunismo primitivo fue sustituido precisamente por el régimen de la esclavitud; el régimen esclavista por el régimen feudal y éste por el burgués, y no por otros cualesquiera.

Si el crecimiento de la población fuese el factor determinante del desarrollo social, a una mayor densidad de población tendría que corresponder forzosamente, en la práctica, un tipo proporcionalmente más elevado de régimen social. Pero en realidad no ocurre así. La densidad de la población de China es cuatro veces mayor que la de los Estados Unidos, a pesar de lo cual los Estados Unidos ocupan un lugar más elevado que China en lo que a desarrollo social se refiere, pues mientras que en China sigue imperando el régimen semifeudal, los Estados Unidos, hace ya mucho tiempo que han llegado a la fase culminante de desarrollo del capitalismo. La densidad de población de Bélgica es 19 veces mayor que la de los Estados Unidos y 26 veces mayor que la de la U.R.S.S., y, sin embargo, Norteamérica sobrepasa a Bélgica en lo tocante a su desarrollo social, y la U.R.S.S., le lleva de ventaja toda una época histórica, pues mientras que en Bélgica impera el régimen capitalista, la U.R.S.S. ha liquidado ya el capitalismo e instaurado el régimen socialista.

De aquí se desprende que el crecimiento de la población no es ni puede ser el factor cardinal en el desarrollo de la sociedad, el factor determinante del carácter del régimen social, de la fisonomía de sociedad.

¿Cuál es, entonces, dentro del sistema de las condiciones materiales de vida de la sociedad, el factor cardinal que determina la fisonomía de aquella, el carácter del régimen social, el paso de la sociedad de un régimen social a otro?

Este factor es, según el materialismo histórico, el modo de obtención de los medios de vida necesarios para la existencia del hombre, el modo de producción de los bienes materiales, del alimento, del vestido, del calzado, de la vivienda, del combustible, de los instrumentos de producción, etc., necesarios para que la sociedad pueda vivir y desarrollarse.

Para vivir, el hombre necesita alimentos, vestido, calzado, vivienda, combustible, etc.; para obtener estos bienes materiales, tiene que producirlos, y para poder producirlos necesita disponer de medios de producción, con ayuda de los cuales se consigue el alimento, se fabrica el vestido, el calzado, se construye la vivienda, se obtiene el combustible, etc.; necesita aprender a producir estos instrumentos y a servirse de ellos.

Instrumentos de producción, con ayuda de los cuales se producen los bienes materiales, y hombres que los manejan y efectúan la producción de los bienes materiales, por tener una cierta experiencia productiva y hábitos de trabajo: tales son los elementos que en conjunto forman las fuerzas productivas de la sociedad.

Pero las fuerzas productivas no son más que uno de los aspectos de la producción, uno de los aspectos del modo de producción, el aspecto que refleja la relación entre el hombre y los objetos y las fuerzas de la naturaleza empleados para la producción de los bienes materiales. El otro factor de la producción, el otro aspecto del modo de producción, lo constituyen las relaciones de unos hombres con otros dentro del proceso de la producción, las relaciones de producción entre los hombres. Los hombres no luchan con la naturaleza y no la utilizan para la producción de bienes materiales aisladamente, desligados unos de otros, sino juntos, en grupos, en sociedades. Por eso, la producción es siempre y bajo cualesquiera condiciones una producción social. Al efectuar la producción de los bienes materiales, los hombres establecen entre sí, dentro de la producción, tales o cuales relaciones mutuas, tales o cuales relaciones de producción. Estas relaciones pueden ser relaciones de colaboración y ayuda mutua entre hombres libres de toda explotación, pueden ser relaciones de imperio y subordinación o pueden ser, por último, relaciones de tipo transitorio entre la primera forma y la segunda. Pero , cualquiera que sea su carácter, las relaciones de producción constituyen -siempre y en todos los regímenes- un elemento tan necesario de la producción como las mismas fuerzas productivas de la sociedad.

"En la producción -dice Marx- los hombres no actúan solamente sobre la naturaleza, sino que actúan también los unos sobre los otros. No pueden producir sin asociarse de un cierto modo para actuar en común y establecer un intercambio de actividades. Para producir, los hombres contraen determinados vínculos y relaciones, y a través de estos vínculos y relaciones sociales, y sólo a través de ellos, es cómo se relacionan con la naturaleza y como se efectúa la producción" (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, ed. citada, t. V, pág. 429).

Consiguientemente, la producción, el modo de producción, no abarca solamente las fuerzas productivas de la sociedad, sino también las relaciones de producción entre los hombres, relaciones que son, por tanto, la forma en que toma cuerpo su unidad dentro del proceso de la producción de bienes materiales.

Una de las características, de la producción es que jamás se estanca en un punto durante un largo periodo, sino que cambia y se desarrolla constantemente, con la particularidad de que estos cambios operados en el modo de producción provocan inevitablemente el cambio de todo el régimen social, de las ideas sociales, de las concepciones e instituciones políticas; provocan la reorganización de todo el sistema político y social. En las diversas fases de desarrollo, el hombre emplea diversos modos de producción o, para decirlo en términos más vulgares, mantiene distinto género de vida. Bajo el régimen del comunismo primitivo, el modo de producción empleado es distinto que bajo la esclavitud, bajo el régimen de la esclavitud es distinto que bajo el feudalismo, etc. Y, en consonancia con esto, varían también el régimen social de vida de los hombres, su vida espiritual, sus concepciones e instituciones políticas.

Según sea el modo de producción existente en una sociedad, así es también, fundamentalmente, esta misma sociedad y así son sus ideas y sus teorías, sus concepciones e instituciones políticas.

O, para decirlo en términos más vulgares, según vive el hombre, así piensa.

Esto significa que la historia del desarrollo de la sociedad es, ante todo, la historia del desarrollo de la producción, la historia de los modos de producción que se suceden unos a otros a lo largo de los siglos, la historia del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción entre los hombres.

Esto quiere decir que la historia del desarrollo social es, al propio tiempo, la historia de los propios productores de bienes materiales, la historia de las masas trabajadoras, que son el factor fundamental del proceso de producción y las que llevan a cabo la producción de los bienes materiales necesarios para la existencia de la sociedad.

Esto quiere decir que la ciencia histórica, si pretende ser una verdadera ciencia, no debe seguir reduciendo la historia del desarrollo social a los actos de los reyes y de los caudillos militares, a los actos de los "conquistadores" y "avasalladores" de Estados, sino que debe ocuparse, ante todo, de la historia de los productores de los bienes materiales, de la historia de las masas trabajadoras, de la historia de los pueblos.

Esto quiere decir que la clave para el estudio de las leyes de la historia de la sociedad no hay que buscarlas en las cabezas de los hombres, en las ideas y concepciones de la sociedad, sino en el modo de producción aplicado por la sociedad en cada uno de sus periodos históricos, es decir, en la economía de la sociedad.

Esto quiere decir que la tarea primordial de la ciencia histórica es el estudio y el descubrimiento de las leyes de la producción, de las leyes del desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, de las leyes del desarrollo económico de la sociedad.

Esto quiere decir que el Partido del proletariado, para ser un verdadero partido, debe, ante todo, conocer cumplidamente las leyes del desarrollo de la producción, las leyes del desarrollo económico de la sociedad.

Esto quiere decir que en política, para no equivocarse, el Partido del proletariado debe, ante todo, tanto en lo que se refiere a la formación de su programa como en lo que atañe a su actuación práctica, arrancar de las leyes del desarrollo de la producción, de las leyes del desarrollo económico de la sociedad.

La segunda característica de la producción consiste en que sus cambios y su desarrollo arrancan siempre, como de su punto de partida, de los cambios y del desarrollo de las fuerzas productivas, y, ante todo, de los que afectan a los instrumentos de producción. Las fuerzas productivas constituyen, por tanto, el elemento más dinámico y más revolucionario de la producción. Al principio, cambian se desarrollan las fuerzas productivas de la sociedad, y luego, con sujeción a estos cambios y congruentemente con ellos, cambian las relaciones de producción entre los hombres, sus relaciones económicas. Sin embargo, esto no quiere decir que las relaciones de producción no influyan sobre el desarrollo de las fuerzas productivas y que éstas no dependan de aquéllas. Las relaciones de producción, aunque su desarrollo dependa del de las fuerzas productivas, actúan a su vez sobre el desarrollo de éstas, acelerándolo o amortiguándolo. A este propósito, conviene advertir que las relaciones de producción no pueden quedarse por un tiempo demasiado largo rezagadas de las fuerzas productivas al crecer éstas, ni hallarse en contradicción con ellas, ya que las fuerzas productivas sólo pueden desarrollarse plenamente cuando las relaciones de producción están en armonía con ellas por su carácter y su estado de progreso y dejan margen para su desarrollo. Por eso, por muy rezagadas que las relaciones de producción se queden respecto al desarrollo de las fuerzas productivas, tienen necesariamente que ponerse y se ponen realmente -más tarde o más temprano- en armonía con el nivel del desarrollo de las fuerzas productivas y con el carácter de éstas. En otro caso, nos encontraríamos ante una ruptura radical de la unidad entre las fuerzas productivas y la relaciones de producción dentro del sistema de ésta, con un descoyuntamiento de la producción en bloque, con una crisis de producción, con el derrumbamiento de las fuerzas productivas.

Un ejemplo de desarmonía entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, de conflicto entre ambos factores, lo tenemos en las crisis económicas de los países capitalistas, donde la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción está en violenta discordancia con el carácter social del proceso de producción, con el carácter de las fuerzas productivas. Resultado de esta discordancia son las crisis económicas, que conducen a la destrucción de las fuerzas productivas; y esta discordancia constituye, de por sí, la base económica de la revolución social, cuya misión consiste en destruir las relaciones de producción existentes, para crear otras nuevas, en armonía con el carácter de las fuerzas productivas.

Por el contrario, el ejemplo de una armonía completa entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, nos lo ofrece la Economía socialista de la U.R.S.S., donde la propiedad social sobre los medios de producción concuerda plenamente con el carácter social del proceso de la producción y donde, por tanto, no existen crisis económicas ni se producen casos de destrucción de las fuerzas productivas.

Por consiguiente, las fuerzas productivas no son solamente el elemento más dinámico y más revolucionario de la producción, sino que son, además, el elemento determinante de su desarrollo.

Según sean las fuerzas productivas, así tienen que ser también las relaciones de producción.

Si el estado de las fuerzas productivas responde a la pregunta de con qué instrumento de producción crean los hombres los bienes materiales que les son necesarios, el estado de las relaciones de producción responde ya a otra pregunta: ¿en poder de quién están los medios de producción (la tierra, los bosques, las aguas, el subsuelo, las materias primas, las herramientas y los edificios de producción, las vías y medios de comunicación, etc.); a disposición de quién se hallan los medios de producción; a disposición de toda la sociedad, o a disposición de determinados individuos, grupos o clases, que los emplean para explotar a otros individuos, grupos o clases?

He aquí un cuadro esquemático del desarrollo de las fuerzas productivas desde los tiempos primitivos hasta nuestros días. De las herramientas de piedra sin pulimentar se pasa al arco y la flecha y, en relación con esto, de la caza como sistema de vida a la domesticación de animales y a la ganadería primitiva; de las herramientas de piedra se pasa a las herramientas de metal (al hacha de hierro, arado con reja de hierro, etc.) y, en consonancia con esto, al cultivo de las plantas y a la agricultura; viene luego el mejoramiento progresivo de las herramientas metálicas para la elaboración de materiales, se pasa a la fragua de fuelle y a la alfarería y, en consonancia con esto, se desarrollan los oficios artesanos, se desglosan estos oficios de la agricultura, se desarrolla la producción independiente de los artesanos y, más tarde, la manufactura; de los instrumentos artesanos de producción se pasa a la máquina, y la producción artesana y manufacturera se transforma en la industria mecánica, y, por último, se pasa al sistema de máquinas, y aparece la gran industria mecánica moderna: tal es, en líneas generales y no completas, ni mucho menos, el cuadro de desarrollo de las fuerzas productivas sociales a lo largo de la historia de la Humanidad. Además, como es lógico, el desarrollo y perfeccionamiento de los instrumentos de producción corren a cargo de hombres relacionados con la producción y no se realizan con independencia de éstos; por tanto, a la par con los cambios y el desarrollo de los instrumentos de producción, cambian y se desarrollan también los hombres, como el elemento más importante de las fuerzas productivas, cambian y se desarrollan su experiencia, en punto a la producción, sus hábitos de trabajo y su talento para el empleo de los instrumentos de producción.

En consonancia con los cambios y el desarrollo experimentados por las fuerzas productivas de la sociedad en el curso de la historia, cambian también y se desarrollan las relaciones de producción entre los hombres, sus relaciones económicas.

La historia conoce cinco tipos fundamentales de relaciones de producción: el comunismo primitivo, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo.

Bajo el régimen del comunismo primitivo, la base de las relaciones de producción es la propiedad social sobre los medios de producción. Esto es lo que, en substancia, corresponde al carácter de las fuerzas productivas durante este periodo. Las herramientas de piedra y el arco y la flecha, que aparecen más tarde, excluían la posibilidad de luchar aisladamente contra las fuerzas de la naturaleza y contra las bestias feroces. Si no querían morir de hambre, ser devorados por la fieras o sucumbir a manos de las tribus vecinas, los hombres de aquella época veíanse obligados a trabajar en común, y así era cómo recogían los frutos en el bosque, cómo organizaban la pesca, cómo construían sus viviendas, etc. El trabajo en común condujo a la propiedad en común sobre los instrumentos de producción al igual que sobre los productos. Aun no había surgido la idea de la propiedad privada sobre los medios de producción, exceptuando la propiedad personal de ciertas herramientas, que al mismo tiempo que herramientas de trabajo eran armas de defensa contra las bestias feroces. No existía aún explotación, no existían clases.

Bajo el régimen de la esclavitud, la base de las relaciones de producción es la propiedad del esclavista sobre los medios de producción, así como también sobre los propios productores, los esclavos, a quienes el esclavista podía vender, comprar y matar, como a ganado. Estas relaciones de producción se hallan, fundamentalmente, en consonancia con el estado de las fuerzas productivas durante este periodo. Ahora, en vez de las herramientas de piedra, el hombre dispone ya de herramientas de metal. En vez de aquella mísera economía primitiva basada en la caza y que no conocía ni la ganadería ni la agricultura, existen la ganadería, la agricultura, los oficios artesanos y la división del trabajo entre estas diversas ramas de producción; existe la posibilidad de efectuar un intercambio de productos entre los distintos individuos y las distintas sociedades y la posibilidad de acumular riquezas en manos de unas cuantas personas; se produce, en efecto, una acumulación de medios de producción en manos de una minoría y surge la posibilidad de que esta minoría sojuzgue a la mayoría y convierta a sus componentes en esclavos. Ya no existe el trabajo libre y en común de todos los miembros de la sociedad dentro del proceso de la producción, sino que impera el trabajo forzoso de los esclavos, explotados por los esclavistas que no trabajan. No existe tampoco, por tanto, propiedad social sobre los medios de producción ni sobre los productos. La propiedad social es sustituída por la propiedad privada. El esclavista es el primero y fundamental propietario con plenitud de derechos.

Ricos y pobres, explotadores y explotados, hombres con plenitud de derechos y hombres privados totalmente de derechos; una furiosa lucha de clases entre unos y otros: tal es el cuadro que presenta el régimen de la esclavitud.

Bajo el régimen feudal, la base de las relaciones de producción es la propiedad del señor feudal sobre los medios de producción y su propiedad parcial sobre los productores, sobre los siervos, a quienes ya no puede matar, pero a quienes sí puede comprar y vender. A la par con la propiedad feudal, existe la propiedad personal del campesino y del artesano sobre los instrumentos de producción y sobre su hacienda a su industria privada, basada en el trabajo personal. Estas relaciones de producción se hallan, fundamentalmente, en consonancia con el estado de las fuerzas productivas durante este periodo. El perfeccionamiento progresivo de la fundición y elaboración de metales, la difusión de arado de hierro y del telar, los progresos de la agricultura, de la horticultura, de la viticultura y de la fabricación del aceite, la aparición de las primeras manufacturas junto a los talleres de los artesanos: tales son los rasgos característicos del estado de las fuerzas productivas durante este periodo.

Las nuevas fuerzas productivas exigen que se deje al trabajador cierta iniciativa en la producción, que sienta cierta inclinación al trabajo y se halle interesado en él. Por eso, el señor feudal prescinde de los esclavos, que no sienten ningún interés por su trabajo, no ponen en él la menor iniciativa, y prefiere entendérselas con los siervos, que tiene su propia hacienda y sus herramientas propias y se hallan interesados en cierto grado por el trabajo en la medida necesaria para trabajar la tierra y pagar al señor en especie, con una parte de la cosecha.

Durante este periodo, la propiedad privada hace nuevos progresos. La explotación sigue siendo casi tan rapaz como bajo la esclavitud, aunque un poco suavizada. La lucha de clases entre los explotadores y los explotados es el rasgo fundamental del feudalismo.

Bajo el régimen capitalista, la base de las relaciones de producción es la propiedad capitalista sobre los medios de producción y la inexistencia de propiedad sobre los productores, obreros asalariados, a quienes el capitalista no puede matar ni vender, pues se hallan exentos de los vínculos de sujeción personal, pero que carecen de medios de producción, por lo cual, para no morirse de hambre, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo al capitalista y a doblar la cerviz al yugo de la explotación. A la par con la propiedad capitalista sobre los medios de producción, existe y se halla, en los primeros tiempos, muy generalizada la propiedad privada del campesino y del artesano, libres de la servidumbre, sobre sus medios de producción, y basada en el trabajo personal. En lugar de los talleres de los artesanos y de las manufacturas, surgen las grandes fábricas y empresas, dotadas de maquinarias. En lugar de las haciendas de los nobles, cultivadas con los primitivos instrumentos campesinos de producción, aparecen la grandes explotaciones agrícolas capitalistas, montadas a base de la técnica agraria y dotadas de maquinaria agrícola.

Las nuevas fuerzas productivas exigen trabajadores más cultos y más despiertos que los siervos, mantenidos en el embrutecimiento y en la ignorancia; trabajadores capaces de entender y manejar las máquinas. Por eso, los capitalistas prefieren tratar con obreros asalariados libres de los vínculos de la servidumbre y lo suficientemente cultos para saber manejar la maquinaria.

Pero después de desarrollas las fuerzas productivas en proporciones gigantescas, el capitalismo se enreda en contradicciones insolubles para él. Al producir cada vez más mercancías y hacer bajar cada vez más sus precios, el capitalismo agudiza la competencia, arruina a una masa de pequeños y medianos propietarios, los convierte en proletarios y rebaja su poder adquisitivo, con lo cual la venta de las mercancías producidas se hace imposible. Al dilatar la producción y concentrar en enormes fábricas y empresas a millones de obreros, el capitalismo da al proceso de producción un carácter social y va minando con ello su propia base, ya que el carácter social del proceso de producción reclama la propiedad social sobre los medios de producción, mientras que la propiedad sobre los medios de la producción sigue siendo una propiedad privada capitalista, incompatible con el carácter social que el proceso de producción presenta.

Estas contradicciones irreductibles entre el carácter de las fuerzas productivas y el de las relaciones de producción se manifiestan en las crisis periódicas de superproducción, en que los capitalistas, no encontrando compradores solventes, como consecuencia del empobrecimiento de la masa de la población, provocado por ellos mismos, se ven obligados a quemar los productos, a destruir las mercancías elaboradas, a paralizar la producción y a devastar las fuerzas productivas, y en que millones y millones de seres se ven condenados al paro forzoso y al hambre, no porque escaseen las mercancías, sino por todo lo contrario: por haberse producido en exceso.

Esto quiere decir que las relaciones capitalistas de producción ya no están en consonancia con el estado de las fuerzas productivas de la sociedad, sino que se hallan en irreductible contradicción con ellas.

Esto quiere decir que el capitalismo lleva en su entraña la revolución, una revolución que está llamada a suplantar la actual propiedad capitalista sobre los medios de producción por la propiedad socialista.

Esto quiere decir que el rasgo fundamental del régimen capitalista es la más encarnizada lucha de clases entre los explotadores y explotados.

Bajo el régimen socialista, que hasta hoy sólo es una realidad en la U.R.S.S., la base de las relaciones de producción es la propiedad social sobre los medios de producción. Aquí, ya no hay explotadores ni explotados. Los productos creados se distribuyen con arreglo al trabajo, según el principio de "el que no trabaja no come". Las relaciones mutuas entre los individuos dentro del proceso de producción tiene el carácter de relaciones de colaboración fraternal y de mutua ayuda socialista entre los trabajadores libres de toda explotación. Las relaciones de producción se hallan en plena consonancia con el estado de las fuerzas productivas, pues el carácter social del proceso de producción es refrendado por la propiedad social sobre los medios de producción.

Por eso, la producción socialista de la U.R.S.S. no conoce las crisis periódicas de superproducción ni los absurdos que acarrean.

Por eso, en la U.R.S.S., las fuerzas productivas se desarrollan con ritmo acelerado, ya que sus respectivas relaciones de producción, al hallarse en consonancia con ellas, no oponen la menor traba a este desarrollo.

Tal es el cuadro que presenta el desarrollo de las relaciones de producción entre los hombres, en el curso de la historia de la Humanidad.

Tal es la relación de dependencia en que el desarrollo de las relaciones de producción se halla con respecto al desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad, y sobre todo, con respecto al desarrollo de los instrumentos de producción, por virtud de la cual los cambios y el desarrollo que experimentan las fuerzas productivas se traducen, más temprano o más tarde, en los cambios y el desarrollo congruentes de las relaciones de producción.

"El uso y la creación de medios de trabajo

[ * ] Por "medios de trabajo" entiende Marx, principalmente, los instrumentos de producción. (N. de la R.).

-dice Marx- aunque en germen se presenten ya en ciertas especies animales, caracterizan el proceso de trabajo específicamente humano, razón por la cual Franklin define al hombre como un animal que fabrica instrumentos. Y así como la estructura de los restos fósiles de huesos tiene una gran importancia para reconstruir la organización de especies animales desaparecidas, los vestigios de medios de trabajo nos sirven para apreciar antiguas formaciones económicas de la sociedad ya sepultadas. Lo que distingue a las épocas económicas unas de otras no es qué se produce, sino cómo se produce... Los medios de trabajo no son solamente el graduador de desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino también el exponente de las relaciones sociales en que se trabaja" (C. Marx, "El Capital", t. I, pág. 189).

Y en otros pasajes:

a) "Las relaciones sociales están íntimamente vinculadas a las fuerzas productivas. Al descubrir nuevas fuerzas productivas, los hombres cambian de modo de producción, y al cambiar de modo de producción, la manera de ganarse la vida, cambian todas sus relaciones sociales. El molino movido a brazo engendra la sociedad con los señores feudales; el molino de vapor, la sociedad de los capitalistas industriales" (C. Marx, "Miseria de la Filosofía", en Carlos Marx y F. Engels, Obras Completas, ed. citada, t. VI, pág. 179).

b) "Existe un movimiento constante de incrementación de las fuerzas productivas, de destrucción de las relaciones sociales y de la formación de las ideas; lo único inmutable es la abstracción del movimiento" (C. Marx, obra citada, pág. 364).

Caracterizando el materialismo histórico, tal como se formula en el "Manifiesto del Partido Comunista", dice Engels:

"La producción económica y la estructuración social que de ella se deriva necesariamente en cada época histórica, constituyen la base sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época... Por tanto, toda la historia de la sociedad, desde la disolución del régimen primitivo de propiedad colectiva sobre el suelo, ha sido una historia de luchas de clase, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del progreso social... Ahora esta lucha ha llegado a una fase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado) no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la burguesía), sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y la lucha de clases..." (Prólogo de Engels a la edición alemana de 1883, "Manifiesto del Partido Comunista", ed. Europa-América, 1938, pág. 9).

La tercera característica de la producción consiste en que las nuevas fuerzas productivas y las nuevas relaciones de producción congruentes con ellas no surgen desligadas del viejo régimen, después de desaparecer éste, sino que se forman en el seno de él; y no como fruto de la acción premeditada y consciente del hombre, sino de un modo espontáneo, inconsciente e independientemente de la voluntad humana, por dos razones.

En primer lugar, porque los hombres no son libres para elegir tal o cual modo de producción, pues cada nueva generación, al entrar en la vida, se encuentra ya con un sistema establecido de fuerzas productivas y relaciones de producción, como fruto del trabajo de las pasadas generaciones, en vista de lo cual, si quiere tener la posibilidad de producir bienes materiales, no tiene, en los primeros tiempos, más remedio que aceptar el estado de cosas con que se encuentra dentro del campo de la producción y adaptarse a él.

En segundo lugar, porque cuando perfecciones éste o el otro instrumento de producción, éste o el otro elemento de las fuerzas productivas, el hombre no sabe, no comprende, ni se le ocurre siquiera pensar en ello, qué consecuencias sociales puede acarrear su innovación, sino que piensa única y exclusivamente en su interés personal, en facilitar su trabajo y en obtener algún provecho inmediato y tangible para sí.

Cuando algunos de los individuos de la sociedad comunista primitiva empezaron a sustituir, paulatinamente y tanteando el terreno, las herramientas de piedra por las de hierro, ignoraban, naturalmente, y no paraban mientes en ello, qué consecuencias sociales había de tener esta innovación; no sabían ni comprendían que el paso a las herramientas metálicas significaba un cambio radical en la producción, cambio que al fin de cuentas conduciría al régimen de la esclavitud; lo único que a ellos les interesaba era facilitar su trabajo y conseguir un provecho inmediato y sensible; la acción consciente con que realizaban aquel acto no se salía del estrecho marco de esta ventaja tangible, de carácter personal.

Cuando, dentro del periodo del régimen feudal, la joven burguesía europea comenzó a organizar, junto a los pequeños talleres gremiales de los artesanos, las grandes empresas manufactureras, imprimiendo con ello un avance a las fuerzas productivas de la sociedad, no sabía, naturalmente, ni paraba mientes en ello, qué consecuencias sociales había de acarrear esta innovación: no sabía ni comprendía que esta "pequeña" innovación conduciría a una reagrupación tal de las fuerzas sociales, que necesariamente desembocaría en la revolución, la cual iría dirigida tanto contra la realeza, cuyas mercedes apreciaba tanto, como contra la nobleza, cuyo rango soñaban con escalar no pocos de sus mejores representantes; lo único que le preocupaba era abaratar la producción de mercancías, lanzar una cantidad mayor de artículos a los mercados de Asia y de la América recién descubierta, y obtener mayores ganancias; la acción consciente con que realizaban aquel acto no se salía del estrecho marco de esta finalidad tangible.

Cuando los capitalistas rusos, juntamente con los capitalistas extranjeros, comenzaron a aclimatar en Rusia de un modo intensivo la moderna gran industria mecánica, dejando intacto al zarismo y a los campesinos entregados a la voracidad de los terratenientes, no sabían, naturalmente, ni paraban mientes en ellos, qué consecuencias sociales había de acarrear este importante incremento de las fuerzas productivas; no sabían ni comprendían que este importante salto que se daba en el campo de las fuerzas productivas de la sociedad conduciría a una reagrupación tal de las fuerzas sociales, que daría al proletariado la posibilidad de unir con él a los campesinos y de llevar a cabo la revolución socialista victoriosa; lo único que ellos querían era incrementar hasta el máximum la producción industrial, dominar el gigantesco mercado interior del país, convertirse en monopolistas y sacar mayores ganancias de la Economía nacional; la conciencia con que realizaban aquel acto no iba más allá del horizonte empírico y estrecho de sus intereses personales.

En relación con esto, dice Marx:

"En la producción social de su vida (es decir, en la producción de los bienes materiales necesarios para la vida de los hombres. N. de la R.), los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes

[ * ] Subrayado por nosotros. (N. de la R.).

de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales" (Carlos Marx, Obras Escogidas, ed. citada, pág. 339).

Esto no significa, naturalmente, que los cambios operados en la relaciones de producción y el paso de las viejas relaciones de producción a otras nuevas discurran lisa y llanamente, sin conflictos y sin conmociones. Por el contrario, esto cambios revisten, generalmente, la forma de un derrocamiento revolucionario de las viejas relaciones de producción para dar paso a la instauración de otras nuevas. Hasta llegar a un cierto periodo, el desarrollo de las fuerzas productivas y los cambios que se operan en le campo de las relaciones de producción discurren de un modo espontáneo, independientemente de la voluntad de los hombres. Pero sólo hasta un determinado momento, hasta el momento en que las fuerzas productivas que surgen y se desarrollan logran madurar cumplidamente. Una vez que las nuevas fuerzas productivas están en sazón, las relaciones de producción existentes y sus representantes, las clases dominantes, se convierten en ese obstáculo "insuperable" que sólo puede eliminarse por medio de la actuación consciente de las nuevas clases, por medio de la acción violenta de estas clases, por medio de la revolución. Aquí se destaca con gran nitidez la enorme importancia de las nuevas ideas sociales, de las nuevas instituciones políticas, del nuevo Poder político, llamados a liquidar por la fuerza las viejas relaciones de producción. Del conflicto entre las nuevas fuerzas productivas y las viejas relaciones de producción, de las nuevas exigencias económicas de la sociedad surgen nuevas ideas sociales; estas nuevas ideas organizan y movilizan a las masas, las masas se funden en un nuevo ejército político, crean un nuevo Poder revolucionario y utilizan este Poder para liquidar por la fuerza el viejo régimen establecido en el campo de la relaciones de producción, y refrendar el régimen nuevo. El proceso espontáneo de desarrollo deja el puesto a la acción consciente del hombre; el desarrollo pacífico, a la transformación violenta; al evolución, a la revolución.

"El proletariado -dice Marx- se ve obligado a organizarse como clase para luchar contra la burguesía...; mediante la revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante, destruye por la fuerza las relaciones vigentes de producción" ("Manifiesto del Partido Comunista", ed. citada, pág. 37)

Y en otros lugares en sus obras:

a) "El proletariado se valdrá del Poder político para ir despojando gradualmente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y procurando aumentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las fuerzas productivas" (Obra citada, pág. 36).

b) "La violencia es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva" (Marx, "El Capital", t. II, pág. 788).

He aquí en qué términos formulaba Marx, con trazos geniales, la esencia del materialismo histórico, en el memorable "prólogo" escrito en 1859 para su famoso libro "Contribución a la crítica de la Economía política":

"En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias, independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El sistema de producción de la vida material condiciona todo el proceso de la vida social, política y espiritual. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino, por el contrario, su existencia social la que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las condiciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han movido hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se traducen en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se transforma más o menos lenta, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas transformaciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales operados en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, ideológicas, en una palabra, en las que los hombres cobran conciencia de este conflicto y lo combaten. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de transformación por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la sociedad antigua. Por eso, la Humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización" (C. Marx, Obras Escogidas, t. I, págs. 338-339).

Tal es la concepción del materialismo marxista, en su aplicación a la vida social, en su aplicación a la historia de la sociedad.

Tales son los rasgos fundamentales del materialismo dialéctico y del materialismo histórico.

Por los expuesto, se ve qué riqueza teórica era la que defendía Lenin para el Partido contra los ataques de los revisionistas y de los degenerados y cuán inmensa fue la importancia que tuvo la publicación de su libro "Materialismo y Empiriocriticismo" para el desarrollo del Partido bolshevique.





3.

Los bolsheviques y los mensheviques durante los años de la reacción stolypiniana .





Durante los años de la reacción, el trabajo en las organizaciones del Partido era muchísimo más difícil que en el periodo precedente de avance de la revolución. El contingente de afiliados al Partido descendió bruscamente. Muchos elementos pequeño-burgueses que se habían adherido circunstancialmente al Partido, principalmente entre los intelectuales, comenzaron a abandonar sus filas, temerosos de las persecuciones del gobierno zarista.

Lenin señalaba que en momentos como éstos los partidos revolucionarios deben completar su aprendizaje. En los periodos de auge de la revolución aprenden a avanzar, en los periodos de reacción deben aprender a replegarse certeramente, a pasar a la clandestinidad, a mantener y fortalecer el Partido como organización clandestina, a utilizar todas la posibilidades legales y todas las organizaciones legales, principalmente las organizaciones de masas, para fortalecer los vínculos con éstas.

Los mensheviques batíanse en retirada llenos de pánico, sin fe en un nuevo avance de la revolución, renegando bochornosamente de las reivindicaciones revolucionarias del programa y de las consignas revolucionarias del Partido, y pretendían liquidar, destruir el Partido clandestino revolucionario del proletariado. De aquí el nombre de liquidadores con que comenzó a designarse a esta calaña de mensheviques.

A diferencia de los mensheviques, los bolsheviques estaban convencidos de que a la vuelta de pocos años sobrevendría un nuevo avance de la revolución y de que era deber del Partido preparar a las masas para este nuevo avance. Los problemas fundamentales de la revolución no habían sido resueltos. Los campesinos no habían obtenido las tierras de los terratenientes, los obreros no habían conseguido la jornada de 8 horas, no había sido derrocada la autocracia zarista, odiada por el pueblo; y habían vuelto a ser estranguladas las pequeñas libertades que le habían sido arrancadas al zarismo en 1905. Es decir, las causas que habían provocado esta revolución seguían en pie. Por eso, los bolsheviques estaban convencidos de que sobrevendría un nuevo avance del movimiento revolucionario, se preparaban para él y concentraban las fuerzas de la clase obrera.

Otra de las razones que daba a los bolsheviques la seguridad de que era inevitable un nuevo avance de la revolución fue que la revolución de 1905 había enseñado a los obreros a conquistar sus derechos por medio de la lucha revolucionaria de masas. Durante los años de reacción, durante los años de ofensiva del capital, los obreros no podían olvidar las enseñanzas de 1905. Lenin citaba cartas de obreros, en las que éstos, exponiendo los abusos y las burlas de que volvían a hacerles objeto los patronos, exclamaban: "¡Aguardar, que ya vendrá un nuevo 1905!"

El objetivo político fundamental de los bolsheviques seguía siendo el mismo de 1905: derrocar el zarismo, llevar a término la revolución democráticoburguesa, pasar a la revolución socialista. Los bolsheviques no perdían de vista ni un minuto este objetivo y seguían desplegando ante las masas las consignas revolucionarias fundamentales: República democrática, confiscación de las tierras a los terratenientes, jornada de 8 horas.

Pero la tácticadel Partido no podía seguir siendo la misma que en el periodo de auge de la revolución de 1905. Por ejemplo, durante los primeros tiempos no era posible llamar a las masas a la huelga política general, ni a la insurrección armada, porque el Partido se hallaba ante un periodo de descenso del movimiento revolucionario, ante un cansancio enorme de la clase obrera y ante un fortalecimiento considerable de las clases reaccionarias. El Partido no podía por menos de tener en cuenta la nueva situación. Había que sustituir la táctica de la ofensiva por la táctica de la defensiva, por la táctica de la acumulación de fuerzas, por la táctica de retirar los cuadros a la clandestinidad y organizar el trabajo clandestino del Partido, por la táctica de combinar el trabajo ilegal del Partido con su labor en las organizaciones obreras legales.

Y los bolsheviques supieron cumplir esta misión.

"Hemos sabido trabajar durante largos años con vistas a la revolución -decía Lenin-. No en vano dicen de nosotros que somos firmes como la roca. Los socialdemócratas han creado un Partido proletario que no se desanima ante el fracaso de la primera acometida guerrera, que no pierde la cabeza ni se deja llevar de aventuras" (Lenin, t. XII, pág. 126, ed. rusa).

Los bolsheviques luchaban por mantener y afianzar las organizaciones clandestinas del Partido. Pero, al mismo tiempo, consideraban necesario utilizar todas las posibilidades legales, hasta el más pequeño resquicio legal, para mantener y fortalecer los vínculos con las masas, reforzando con ello el Partido.

"Fue el periodo en que nuestro Partido dio el viraje, de la lucha revolucionaria abierta contra el zarismo a la lucha por medio de rodeos, a la utilización de todas y cada una de las posibilidades legales, desde las mutualidades obreras hasta la tribuna de la Duma. Fue el periodo de repliegue, después de haber sido derrotados en la revolución de 1905. Este viraje exigía de nosotros la asimilación de nuevos métodos de lucha para, después de acumular fuerzas, lanzarnos de nuevo a la lucha revolucionaria abierta contra el zarismo" (Stalin, "Actas taquigráficas del XV Congreso del P. C. (b) de la U.R.S.S.", 1935, págs. 366-367).

Las organizaciones legales que habían salido indemnes servían como de pantalla para las organizaciones clandestinas del Partido y de medio de enlace con las masas. Para mantener los vínculos con éstas, los bolsheviques se valían de los sindicatos y de las demás organizaciones sociales de carácter legal: mutualidades, cooperativas obreras, clubs y sociedades culturales, Casas del Pueblo, etc. Utilizaban la tribuna de la Duma para desenmascarar la política del gobierno zarista, para desenmascarar a los kadetes, para atraer a los campesinos al lado de los obreros. El mantenimiento de la organización clandestina del Partido y la dirección a través de ella de todas las demás formas de actuación política garantizaban al Partido la aplicación de la línea política acertada y la preparación de las fuerzas para el nuevo avance revolucionario.

Los bolsheviques aplicaron su línea revolucionaria, luchando en dos frentes: contra los liquidadores, enemigos abiertos del Partido, y contra los llamados otsovistas, adversarios encubiertos de él.

Los bolsheviques, con Lenin a su frente, mantuvieron una lucha intransigente contra los liquidadores desde el momento mismo en que surgió este tendencia oportunista. Lenin señalaba que los liquidadores eran agentes de la burguesía liberal dentro del Partido.

En diciembre de 1908, celebróse en París la quinta Conferencia (nacional) del P.O.S.D.R. A propuesta de Lenin, esta Conferencia condenó la posición de los liquidadores, es decir, los intentos de una parte de los intelectuales afiliados al Partido (mensheviques) de "liquidar la organización existente del P.O.S.D.R. y sustituirla por una agrupación informe, mantenida a toda costa dentro del marco de la legalidad, aunque para ello hubiese que renunciar de un modo claro y franco al programa, a la táctica y a las tradiciones del Partido" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, pág. 128).

La Conferencia hizo un llamamiento a todas la organizaciones del Partido para que luchasen enérgicamente contra estos intentos de los liquidadores.

Pero los mensheviques ni se atuvieron a este acuerdo de la Conferencia del Partido y fueron descendiendo cada vez más por la senda de los liquidadores, traicionando a la revolución y acercándose a los kadetes. Los mensheviques volvían la espalda cada vez más descaradamente al programa revolucionario del Partido del proletariado, a las reivindicaciones de la República democrática, de la jornada de 8 horas y de la confiscación de las tierras de los terratenientes. A costa de renunciar al programa y a la táctica del Partido, querían obtener del gobierno zarista la autorización para que funcionase un partido pretendidamente "obrero", con existencia abierta y legal. Estaban dispuestos a hacer las paces con el régimen stolypiniano y adaptarse a él, razón por la cual se daba también a los liquidadores el nombre de "partido obrero stolypiniano".

Al mismo tiempo que luchaban contra estos adversarios descarados de la revolución, contra los liquidadores -acaudillados por Dan, Axelrod y Potresov, ayudados por Martov, Trotski y otros mensheviques-, los bolsheviques mantenían también una lucha implacable contra los liquidadores encubiertos, contra los "otsovistas", que disfrazaban su oportunismo con frases "izquierdistas". Se comenzó a dar el nombre de "otsovistas" a un grupo de ex bolsheviques que exigía que el Partido retirase los diputados obreros de la Duma y renunciase en general a toda actuación dentro de las organizaciones legales.

Estos afiliados al Partido bolshevique, que en 1908 exigían la retirada de los diputados socialdemócratas de la Duma, y de aquí el nombre de "otsovistas" (del ruso "otsovat": revocar, retirar), formaron un grupo aparte constituido por Bogdanov, Lunacharski, Alexinski, Pokrovski, Bubnov y otros, que comenzó a luchar contra Lenin y contra la línea leninista. Los "otsovistas" negábanse resueltamente a trabajar en los sindicatos obreros y en las demás organizaciones legales. Con ello, inferían un grave daño a la causa obrera. Rompían los vínculos entre el Partido y el proletariado, privaban a aquél de enlace con las masas sin partido, querían encerrarse en la organización clandestina y, al mismo tiempo, exponían a ésta a los golpes del enemigo, al privarla de la posibilidad de atrincherarse detrás de las organizaciones legales. Los "otsovistas" no comprendían que en la Duma y a través de ella los bolsheviques podían influir sobre los campesinos, podían desenmascarar la política del gobierno zarista, la política de los kadetes, quienes pretendían arrastrar con ellos a los campesinos por medio del engaño. Los "otsovistas" entorpecían la labor de acumular fuerzas para el nuevo avance revolucionario. Eran, por tanto, "liquidadores al revés", pues aspiraban a liquidar la posibilidad de valerse de las organizaciones legales y de hecho renunciaban a la dirección proletaria sobre las grandes masas sin partido, renunciaban a la labor revolucionaria.

En una Conferencia ampliada de la redacción del periódico bolshevique "Proletari" ("El Proletario"), convocada en 1909 para enjuiciar la conducta de los "otsovistas", fue condenada la actitud de este grupo. Los bolsheviques declararon que no tenían la menor afinidad con ellos y los expulsaron del Partido.

Tanto los liquidadores como los "otsovistas" no habían sido nunca más que elementos pequeñoburgueses circunstancialmente adheridos al proletariado y a su Partido y que, al llegar los momentos difíciles para el proletariado, se quitaron la careta y descubrieron su verdadera faz.





4.

La lucha de los bolsheviques contra el trotskismo.





Mientras los bolsheviques luchaban encarnizadamente en dos frentes -contra los liquidadores y los "otsovistas"- por mantener la línea del Partido proletario, Trotski apoyaba a los mensheviques liquidadores. Fue precisamente por estos años cuando Lenin le llamó "el Judas Trotski". Este organizó en Viena (Austria) un grupo publicístico y comenzó a editar un periódico "situado por encima de las fracciones", que en realidad era un periódico menshevique. He aquí lo que por entonces escribía Lenin acerca de él: "Trotski se comporta como el más ruin arrivista y fraccionista... Charla mucho del Partido, pero se conduce peor que todos los demás fraccionistas".

Más tarde, en 1912, Trotski fue el organizador del Bloque de Agosto, que no era sino un bloque de todos los grupos y tendencias antibolsheviques contra Lenin y contra el Partido. A este bloque antibolshevique se unieron los liquidadores y los "otsovistas", demostrando con ello su afinidad. Trotski y los trotskistas adoptaban en todos los problemas fundamentales una posición liquidadora. Sin embargo, Trotski disfrazaba su tendencia liquidadora con una actitud centrista, es decir, conciliadora, afirmando que él estaba al margen de los bolsheviques y de los mensheviques y luchaba por conciliarlos. Con este motivo, decía Lenin que Trotski era más vil y más dañino que los liquidadores descarados, porque engañaba a los obreros, haciéndoles creer que estaba "por encima de las fracciones", cuando en realidad apoyaba con todas sus fuerzas a los liquidadores mensheviques. El trotskismo era el grupo principal entre los fomentadores del centrismo.

"El centrismo -escribe el camarada Stalin- es un concepto político. Su ideología es la ideología de la adaptación, la ideología de la supeditación de los intereses proletarios a los intereses de la pequeña burguesía dentro de un partido común. Esta ideología es extraña y hostil al leninismo (Stalin, "Problemas del Leninismo", pág. 397, ed. rusa).

Durante este periodo, Kamenev, Zinoviev y Rykov actuaban, de hecho, como agentes solapados de Trotski, pues le ayudaban no pocas veces en su lucha contra Lenin. Con el apoyo de Zinoviev, Kamenev, Rykov y otros aliados encubiertos de Trotski, fue convocado en enero de 1910, en contra de Lenin, un Pleno del Comité Central. Por aquel entonces, a consecuencia de la detención de gran número de bolsheviques, había cambiado la fisonomía del C.C. del Partido y esto dio a los elementos vacilantes la posibilidad de hacer votar acuerdos antileninistas. Así se explica que en este Pleno se acordase suspender la publicación del periódico bolshevique "Proletari" y ayudar con dinero al periódico "Pravda" ("La Verdad"), que Trotski editaba en Viena. Kamenev pasó a formar parte de la redacción del periódico trotskista y se esforzó, en unión de Zonoviev, en convertirlo en órgano del Comité Central.

Sólo ante la insistencia de Lenin se logró que el Pleno de enero del C.C. tomase el acuerdo de condenar a los liquidadores y a los "otsovistas", pero también aquí Zinoviev y Kamenev defendieron tenazmente la propuesta trotskista de que no se llamase a los liquidadores por su verdadero nombre.

Ocurrió tal y como había previsto y advertido Lenin: sólo los bolsheviques acataron los acuerdos del Pleno, suspendiendo la publicación de su órgano "Proletari", mientras los mensheviques seguían publicando su periódico fraccional y liquidador "La Voz del Socialdemócrata".

La posición de Lenin fue apoyada enteramente por el camarada Stalin, quien publicó un artículo especial en el número 11 del "Socialdemócrata". En este artículo se condenaba la conducta de los cómplices del trotskismo y se hablaba de la necesidad de liquidar la anormal situación creada dentro de la fracción bolshevique por la actitud traidora de Kamenev, Zinoviev y Rykov. En su artículo, el camarada Stalin destacaba las tareas urgentes, que habían de ser resueltas más tarde por la Conferencia del Partido celebrada en Praga: convocatoria de una conferencia general del Partido, publicación de un periódico legal de éste y creación de un centro clandestino para la actuación práctica en Rusia. Este artículo se basaba en los acuerdos del Comité de Bakú, que apoyaba sin reservas a Lenin.

Para contrarrestar el bloque antibolshevique de Agosto, el bloque de Trotski, del que formaban parte exclusivamente elementos hostiles al Partido, desde los liquidadores y los trotskistas hasta los "otsovistas" y los "constructores de dios", fue creado un bloque de partidarios del mantenimiento y fortalecimiento del Partido proletario clandestino. En este bloque entraron los bolsheviques, con Lenin a la cabeza, y un pequeño número de mensheviques defensores del Partido, la frente de los cuales se hallaba Plejanov. Aunque en una serie de problemas Plejanov y su grupo de mensheviques defensores del Partido permanecían en las posiciones mensheviques, manteníanse resueltamente al margen del Bloque de Agosto y de los liquidadores y pugnaban por llegar a un acuerdo con los bolsheviques. Lenin aceptó la propuesta de Plejanov y pactó un bloque temporal con él, contra los elementos enemigos del Partido, teniendo en cuenta que este bloque era beneficioso para el Partido y funesto para los liquidadores.

El camarada Stalin apoyó incondicionalmente este bloque. Hallábase por aquel entonces en la deportación, de donde dirigió a Lenin una carta, en la que decía:

"A mi modo de ver, la línea del bloque (Lenin-Plejanov) es la única acertada: 1) esta línea y sólo ella es la que responde a los verdaderos intereses de la actuación dentro de Rusia, que exige la cohesión de todos los elementos que verdaderamente están con el Partido; 2) esta línea y sólo ella es la que acelera el proceso de liberación de las organizaciones legales del yugo de los liquidadores, abriendo un foso entre los obreros mensheviques y los liquidadores y poniendo en dispersión y aplastando a éstos" (Antología "Lenin y Stalin", ed. rusa, t. I, págs. 529-530).

Gracias a su hábil combinación de trabajo clandestino con el trabajo legal, los bolsheviques llegaron a tener en las organizaciones obreras legales una fuerza considerable. Esto se puso de relieve, entre otras cosas, en la gran influencia que los bolsheviques acreditaron en los grupos obreros de cuatro congresos legales celebrados durante este periodo: el de las Universidades Populares, el Congreso femenino, el de los médicos de fábricas y el Congreso contra el alcoholismo. Las intervenciones de los bolsheviques en estos congresos legales tuvieron una gran importancia política y repercutieron en todo el país. Así, por ejemplo, la delegación obrera bolshevique que intervino en el Congreso de las Universidades Populares desenmascaró la política del zarismo, que ahogaba toda labor cultural, y demostró que sin acabar con el zarismo no era posible pensar en un verdadero auge cultural en Rusia. La delegación obrera que intervino en el Congreso de los médicos fabriles expuso las espantosas condiciones sanitarias en que tenía que vivir y trabajar los obreros, para llegar a la conclusión de que sin derrocar el régimen zarista no había posibilidad de organizar como era debido la higiene fabril.

Los bolsheviques fueron poco a poco desalojando a los liquidadores de las diversas organizaciones legales indemnes en que se habían atrincherado. La peculiar táctica de frente único con el grupo plejanovista de afiliados al Partido, permitió a los bolsheviques ganar a una serie de organizaciones obreras mensheviques (distrito de Viborg, Ekaterinoslav, etc.).

Durante este difícil periodo, los bolsheviques dieron, con su actuación, un ejemplo de cómo se debe combinar el trabajo legal con la labor clandestina.





5.

La conferencia del partido en Praga (1912).





La lucha contra los liquidadores y los "otsovistas", así como la lucha contra los trotskistas, planteaba a los bolsheviques la tarea inmediata de reforzar la cohesión de todos los bolsheviques y de formar con ellos un Partido bolshevique independiente. Era esto absolutamente necesario, no sólo para acabar con las tendencias oportunistas dentro del Partido, tendencias que sembraban la discordia entre la clase obrera, sino, además, para llevar a término la obra de concentrar las fuerzas de la clase obrera y preparar a ésta para el nuevo avance de la revolución.

Pero para poder cumplir esta tarea era necesario, ante todo, limpiar al Partido de oportunistas, de mensheviques.

Ahora, ya ningún bolshevique dudaba de que la convivencia de los bolsheviques con los mensheviques en un solo partido era algo inconcebible. La conducta traidora de los mensheviques durante el periodo de la reacción stolypiniana, sus intentos de liquidar el Partido proletario y de organizar un nuevo partido, de tipo reformista, hacían inevitable la ruptura con ellos. Conviviendo en un partido con los mensheviques, los bolsheviques asumían de un modo o de otro una responsabilidad moral por la conducta de aquéllos. Y los bolsheviques no podían, en modo alguno, cargar con ninguna responsabilidad moral por la conducta descaradamente traidora de los mensheviques, a menos que quisiesen convertirse también ellos en traidores al Partido y a la clase obrera. La unidad con los mensheviques dentro de un solo partido convertíase, pues, en una traición a la clase obrera y al Partido de ésta. Era necesario, por tanto, llevar a término la ruptura efectiva con los mensheviques, romper con ellos de un modo formal y orgánico, expulsar a los mensheviques del Partido.

Este camino era el único por el cual se podía restaurar el Partido revolucionario del proletariado, con unidad de programa, unidad de táctica y unidad de organización de clase.

Era el único camino por el cual se podía instaurar dentro del Partido una unidad efectiva (y no meramente formal), unidad que había sido rota por los mensheviques.

Tal era la tarea que había de cumplir la VI Conferencia general del Partido, conferencia preparada por los bolsheviques.

Pero este problema no era más que uno de los aspectos del aspecto. La ruptura formal con los mensheviques y la formación de un partido aparte con los bolsheviques constituían, indudablemente, una tarea política muy importante. Pero a los bolsheviques, se les planteaba, además, otra, más importante aun. No se trataba solamente de romper con los mensheviques y constituir un partido independiente, sino que se trataba, ante todo, de crear, rompiendo con los mensheviques, un nuevo partido, de crear un partido de nuevo tipo, un partido distinto de los partidos socialdemócratas corrientes de los países occidentales, un partido libre de elementos oportunistas y capaz de conducir al proletariado a la lucha por el Poder.

En su lucha contra los bolsheviques, todos los mensheviques, sin distinción de matices, desde Axelrod y Martinov hasta Martov y Trotski, se servían invariablemente de armas sacadas del arsenal de los socialdemócratas del Occidente de Europa. Querían poseer en Rusia un partido como, por ejemplo, el Partido socialdemócrata alemán o el francés. Y luchaban contra los bolsheviques, precisamente porque presentían en ellos algo nuevo, insólito, distinto de la socialdemocracia occidental. ¿Y qué eran, por aquel entonces, los partidos socialdemócratas de Occidente? Una mezcla, un conglomerado de elementos marxistas y oportunistas, de amigos y enemigos de la revolución, de partidarios y adversarios de la causa del Partido, con una conciliación ideológica gradual de los primeros con los segundos y una sumisión gradual y efectiva de aquéllos a éstos. Conciliación con los oportunistas, con los traidores a la revolución, ¿en nombre de qué?, preguntaban los bolsheviques a los socialdemócratas de la Europa occidental. En nombre de "la paz dentro del Partido", en nombre de la "unidad", se les contestaba. ¿La unidad con quién, con los oportunistas? Sí, contestaban aquéllos; con los oportunistas. Era evidente que partidos así no podían ser partidos revolucionarios.

Los bolsheviques no podían por menos de observar que, después de la muerte de Engels, los partidos socialdemócratas de la Europa occidental habían comenzado a degenerar de partidos de al revolución social en partidos de "reformas sociales", y que todos ellos se habían convertido ya, como organizaciones, de fuerzas dirigentes en simples apéndices de sus propios grupos parlamentarios.

Los bolsheviques no podían desconocer que un partido así perjudica gravemente al proletariado, que un partido así no es capaz de conducir a la clase obrera a la revolución.

Los bolsheviques no podían desconocer que lo que necesita el proletariado no son partidos de éstos, sino un partido distinto, nuevo, un auténtico Partido marxista, irreconciliable en su actitud frente a los oportunistas y revolucionario en su actitud frente a la burguesía, un partido fundido en una unidad fuerte y monolítica, un partido que fuese el Partido de la revolución social, el Partido de la dictadura del Proletariado.

Un partido así, un partido nuevo de este tipo, era precisamente el que los bolsheviques aspiraban a crear. Y, en efecto, los bolsheviques crearon, forjaron este partido. Toda la historia de su lucha contra los "economistas", los mensheviques, los trotskistas, los "otsovistas", los idealistas de todos los matices, hasta llegar a los empiriocriticistas, no era, precisamente, más que la historia de la preparación de este tipo de partido. Los bolsheviques aspiraban a forjar un partido nuevo, el Partido bolshevique, que pudiera servir de modelo para cuantos quisieran crear un partido marxista auténticamente revolucionario. Este era el Partido que los bolsheviques venían preparando ya desde los tiempos de la vieja "Iskra". A su preparación se entregaron tenaz y ardorosamente, arrollando todos los obstáculos. En esta labor de preparación desempeñaron un papel decisivo trabajos de Lenin tales como "¿Qué hacer?", "Las dos tácticas", etc. El libro de Lenin "¿Qué hacer?" preparó ideológicamente este tipo de partido. Su libro "Un paso adelante, dos pasos atrás" lo preparó en el terreno de la organización. El libro "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática" lo preparó en el terreno político. Finalmente, el libro de Lenin "Materialismo y Empiriocriticismo" lo preparó en el terreno teórico.

Con seguridad puede afirmarse que jamás hubo en la historia ningún grupo político tan concienzudamente preparado para formar un partido, como el grupo bolshevique.

En tales condiciones, la formación de un Partido bolshevique independiente era algo perfectamente preparado y en sazón.

La misión de la VI Conferencia del Partido consistía en coronar la obra, ya madura, con el acto de la expulsión de los mensheviques y la formación del nuevo partido, del Partido bolshevique.

La VI Conferencia nacional del Partido se celebró en Praga, en enero de 1912. Estuvieron representadas en ella más de 20 organizaciones del Partido. Formalmente, tuvo, por tanto, la importancia propia de un Congreso.

En la circular sobre la Conferencia, después de comunicar la reconstitución del aparato central del Partido, que había sido destruido, y la creación del C.C., decíase que los años de reacción eran los años más duros por los que había pasado el Partido desde la constitución de la socialdemocracia rusa como organización definida. Pero, a pesar de todas las persecuciones, a pesar de los terribles golpes asestados desde fuera y de la traición y las vacilaciones de los oportunistas dentro de él, el Partido del proletariado había mantenido en pie su bandera y su organización.

"La socialdemocracia de Rusia no sólo había logrado mantener indemnes su bandera, su programa, sus postulados revolucionarios, sino que había mantenido también su organización, que habría podido salir quebrantada y debilitada, pero que ninguna persecución habían logrado aniquilar", decíase en la circular de convocatoria de la Conferencia.

La Conferencia de Praga registró los primeros signos del nuevo auge del movimiento revolucionario de Rusia y de la reanimación de la labor del Partido.

Por los informes de los delegados, la Conferencia comprobó que "entre los obreros socialdemócratas de base se desarrolla en todas partes una enérgica labor encaminada a fortalecer los grupos y organizaciones clandestinos de la socialdemocracia".

La Conferencia pudo comprobar que en la base se acataba por todas partes la norma más importante de la táctica bolshevique durante el periodo de repliegue: la de combinar la labor clandestina con el trabajo legal en las diversas sociedades y agrupaciones obreras de este carácter.

En la Conferencia de Praga fue elegido un Comité Central bolshevique. De él formaban parte: Lenin, Stalin, Ordzhonikidze, Sverdlov, Spandarián, Goloshchekin y otros. Los camaradas Stalin y Sverdlov fueron elegidos en ausencia de ellos, pues se hallaban deportados. Entre los miembros suplentes del C.C. fue designado el camarada Kalinin.

Se estableció un centro de carácter práctico para la dirección del trabajo revolucionario en Rusia (El Buró ruso del C.C.), al frente del cual se puso el camarada Stalin. Formaban parte de él, además de éste, los camaradas I. Sverdlov, S. Spandarián, S. Ordzhonikidze, M. Kalinin y Goloshchekin.

La Conferencia de Praga hizo el balance de toda la lucha anterior de los bolsheviques contra el oportunismo y acordó expulsar del Partido a los mensheviques.

Después de la expulsión de los mensheviques, quedó constituido, en esta Conferencia, el Partido bolshevique independiente.

Habiendo aplastado ideológicamente y en el terreno de la organización a los mensheviques, con su expulsión del Partido, los bolsheviques conservaron la vieja bandera del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia, nombre que el Partido bolshevique siguió usando hasta el año 1918, con la palabra "bolshevique" añadida entre paréntesis.

Refiriéndose a los resultados de la Conferencia de Praga, escribía Lenin a Gorki, a comienzos de 1912:

"Por fin se ha logrado, pese a la canallada de los liquidadores, hacer renacer el Partido y su Comité Central. Espero que se alegrará usted con nosotros de esto" (Lenin, t. XXIX, pág. 19, ed. rusa).

Y el camarada Stalin, valorando la importancia de la Conferencia de Praga, decía:

"Esta Conferencia tuvo una importancia grandísima en la historia de nuestro Partido, pues deslindó los campos entre los bolsheviques y los mensheviques y unió a las organizaciones de todo el país en un Partido bolshevique único" (Actas taquigráficas del XV Congreso del P.C. (b) de la U.R.S.S., págs. 361-362).

Después de la expulsión de los mensheviques y de la constitución de los bolsheviques en partido independiente, el Partido bolshevique aumentó en solidez y fortaleza. El Partido se fortalece al depurarse de los elementos oportunistas: he aquí una de las consignas del Partido bolshevique, como partido de nuevo tipo, distinto por principio de los partidos socialdemócratas de la Segunda Internacional. Los partidos de la Segunda Internacional, aunque se llamasen de palabra marxistas, de hecho toleraban dentro de sus filas a los adversarios del marxismo, a los oportunistas descarados, permitiéndoles descomponer y echar a pique a la Segunda Internacional. Por el contrario, los bolsheviques mantenían una lucha intransigente contra los oportunistas, limpiando el Partido proletario de la basura del oportunismo y consiguiendo crear un partido de nuevo tipo, Partido leninista, el Partido que más tarde había de conquistar la dictadura del proletariado.

Si hubiesen permanecido dentro de las filas del Partido proletario los oportunistas, el Partido bolshevique jamás habría podido marchar hacia los objetivos y arrastrar con él al proletariado, jamás habría podido tomar el Poder y organizar la dictadura proletaria, jamás habría podido salir vencedor de la guerra civil, jamás habría podido edificar el socialismo.

En los acuerdos de la Conferencia de Praga se destacaron como consignas políticas fundamentales e inmediatas las reivindicaciones que formaban el programa mínimo del Partido: la República democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de las tierras de los terratenientes.

Bajo estas consignas revolucionarias, realizaron los bolsheviques la campaña electoral para la cuarta Duma.

Bajo estas consignas se desarrolló el nuevo auge del movimiento revolucionario de las masas obreras en los años de 1912 a 1914.





RESUMEN





Los años de 1908 a 1912 fueron un periodo dificilísimo para la actuación revolucionaria. Después de la derrota de la revolución, bajo las condiciones del descenso del movimiento revolucionario y del cansancio de las masas, los bolsheviques cambiaron de táctica y pasaron de la lucha abierta contra el zarismo a la lucha por medios indirectos. Bajo las duras condiciones de la reacción stolypiniana, los bolsheviques aprovecharon las más pequeñas posibilidades legales para mantener el enlace con las masas (desde las mutualidades obreras y los sindicatos hasta la tribuna de la Duma) y acumulaban incansablemente fuerzas para el nuevo auge del movimiento revolucionario.

En la dura situación creada por la derrota de la revolución, por el derrumbamiento de las corrientes de oposición, el desengaño en punto a la revolución y la acentuación de los ataques revisionistas de una serie de intelectuales desertores del Partido (Bogdanov, Basarov, etc.) contra los fundamentos teóricos de éste, los bolsheviques acreditaron ser la única fuerza dentro del Partido que no plegaba su bandera, que se mantenía leal a su programa y rechazaba los ataques de los "críticos" de la teoría marxista (libro de Lenin "Materialismo y Empiriocriticismo"). El temple ideológico marxista-leninista y su capacidad para comprender las perspectivas de la revolución ayudaron al núcleo fundamental de los bolsheviques, estrechamente agrupados en torno a Lenin, a defender la causa del Partido y sus principios revolucionarios. "No en vano dicen de nosotros que somos firmes como la roca", escribía Lenin, hablando de los bolsheviques.

Durante este periodo, los mensheviques van alejándose cada vez más de la revolución. Se convierten en liquidadores, exigen la liquidación, la destrucción del Partido clandestino, revolucionario, del proletariado, se apartan cada vez más abiertamente del programa del Partido y de sus tareas y consignas revolucionarias, e intentan organizar su propio partido, un partido reformista, que los obreros bautizan con el nombre de "partido obrero stolypiniano". Trotski ayuda a los liquidadores, cubriéndose farisaicamente con la consigna de la "unidad del partido", que significaba, en realidad, la unidad con los liquidadores.

De otra parte, un grupo de bolsheviques, incapaces de comprender la necesidad de dar un viraje hacia nuevos métodos, hacia métodos indirectos de lucha contra el zarismo, exige que se renuncie a la utilización de las posibilidades legales y que se retiren los diputados obreros de la Duma. Este grupo, el de los "otsovistas", empuja al Partido a romper sus enlaces con las masas, entorpece la concentración de fuerzas para el nuevo avance de la revolución. Disfrazándose con frases "izquierdistas", renuncia, en realidad, a la lucha revolucionaria, ni más ni menos que los liquidadores.

Liquidadores y "otsovistas" se unen contra Lenin en bloque, el Bloque de Agosto, organizado por Trotski.

Los bolsheviques triunfan en la lucha contra los liquidadores y los "otsovistas", en la lucha contra el Bloque de Agosto y defienden con éxito al Partido proletario clandestino.

El acontecimiento más importante de este periodo es la Conferencia de Praga del P.O.S.D.R. (enero de 1912). En esta Conferencia fueron expulsados del Partido los mensheviques y se acabó para siempre con la convivencia formal de bolsheviques y mensheviques en un solo partido. Los bolsheviques dejaron de ser un grupo político para formar un partido independiente: el Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (bolshevique). La Conferencia de Praga puso los cimientos para un partido de nuevo tipo, para el Partido del Leninismo, para el Partido bolshevique.

La depuración del Partido proletario mediante la eliminación de los oportunistas, de los mensheviques, llevada a cabo por la Conferencia de Praga, tuvo una grande y decisiva importancia para el futuro desarrollo del Partido y de la revolución. Si los bolshevique no hubiesen expulsado del Partido a los traidores a la causa obrera, a los oportunistas mensheviques, el Partido proletario no hubiera podido conducir las masas a la conquista de la dictadura del proletariado en el año 1917.







1912-1914

EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE LOS AÑOS DE AUGE DEL

MOVIMIENTO OBRERO, QUE PRECEDIERON A LA PRIMERA

GUERRA IMPERIALISTA



1.

El auge del movimiento revolucionario durante los años de 1912 a 1914.





El triunfo de la reacción stolypiniana no duró mucho tiempo. Un gobierno que no quería dar nada al pueblo, fuera del látigo y la horca, no podía ser estable. La represión, a fuerza de prodigarse, acabó por no asustar al pueblo. Comenzó a desaparecer el cansancio que se había apoderado de los obreros en los años que siguieron a la derrota de la revolución. Los obreros volvían a ponerse en pie para la lucha. El pronóstico de los bolsheviques, cuando decían que surgiría inevitablemente un nuevo auge revolucionario, vióse confirmado por la realidad. En 1911, la cifra de huelguistas pasó ya de 100.000, mientras que en los años precedentes no había pasado nunca de 50 a 60.000. La Conferencia del Partido, celebrada en Praga en enero de 1912, pudo registrar ya la reanimación iniciada en el movimiento obrero. Pero cuando el movimiento revolucionario comienza verdaderamente su marcha ascendente es en los meses de abril y mayo de 1912, al estallar las huelgas políticas de masas provocadas por la matanza de obreros del Lena.

El 4 de abril de 1912, en el curso de una huelga declarada en las minas de oro del Lena, en Siberia, las tropas, ejecutando órdenes de un oficial de la gendarmería zarista, hicieron fuego y resultaron más de 500 obreros muertos y heridos. Esta matanza hecha en una masa de mineros inermes, que marchaban pacíficamente a tratar con la administración de las minas, sublevó de indignación a todo el país. Este nuevo crimen de la autocracia zarista había sido perpetrado en provecho de los capitalistas ingleses, dueños de las minas de oro del Lena, para aplastar una huelga económica de los mineros. Los capitalistas ingleses y sus comanditarios rusos sacaban de estas minas ganancias fabulosas, más de 7 millones de rublos todos los años, a costa de la explotación más desvergonzada de los obreros. Abonaban a éstos un salario insignificante y los alimentaban con víveres averiados y podridos. Cansados ya de tantos abusos y vejaciones, los 6.000 obreros de las minas del Lena habían abandonado el trabajo.

El proletariado contestó a la matanza del Lena con huelgas, manifestaciones y mítines de masas en Petersburgo, en Moscú y en todos los centros y regiones industriales.

"Estábamos tan perplejos y tan conmovidos -escribían en su resolución los obreros de un grupo de empresas- que no acertábamos a encontrar las palabras necesarias. Cualquier protesta que hubiésemos formulado habría sido una sombra débil de la indignación que hervía en el alma de cada de uno de nosotros. Pero nada vamos a remediar con lágrimas y con protestas; lo único que puede salvarnos es la lucha organizada de las masas".

La indignación y la cólera de los obreros se acrecentaron todavía más cuando el ministro zarista Makarov, contestando en la Duma a una pregunta de la fracción socialdemócrata acerca de los motivos de la matanza del Lena, declaró insolentemente: "¡Así ha ocurrido y así seguirá ocurriendo!" La cifra de obreros que tomaron parte en las huelgas políticas de protesta contra la carnicería del Lena aumentó hasta 300.000.

Las jornadas del Lena fueron un verdadero huracán desencadenado en la atmósfera de "pacificación" creada por el régimen stolypiniano.

He aquí lo que escribe a este propósito el camarada Stalin en el periódico "Sviesdá" ("La Estrella"), de Petersburgo, en 1912:

"Las matanzas del Lena rompieron el hielo del silencio, y el río del movimiento popular se puso en marcha. ¡Se puso en marcha!... Todo lo que había de malo y de funesto en el régimen actual, todo lo que martirizaba a la atormentadísima Rusia, todo venía a condensarse en un punto: en los acontecimientos del Lena. Esa es la razón de por qué fueron precisamente las descargas del Lena las que dieron la señal para el movimiento de huelgas y manifestaciones".

En vano los liquidadores y los trotskistas habían pretendido enterrar la revolución. Los acontecimientos del Lena revelaban que las fuerzas revolucionarias estaban vivas, que en el seno de la clase obrera se había acumulado una masa formidable de energía revolucionaria. En las huelgas del Primero de Mayo de 1912 tomaron parte cerca de 400.000 obreros. Estas huelgas presentaban un carácter netamente político y se desarrollaron bajo las consignas revolucionarias bolsheviques: República democrática, jornada de 8 horas, confiscación de todas las tierras de los terratenientes. Estas consignas fundamentales estaban concebidas en el sentido de unir, bajo ellas, para el asalto revolucionario contra la autocracia, no sólo a las grandes masas obreras, sino también a los campesinos y a los soldados.

"La grandiosa huelga de mayo del proletariado de toda Rusia -escribía Lenin, en su artículo titulado "El auge de la revolución"- y las manifestaciones de calle unidas a ella, las proclamas y los discursos revolucionarios ante muchedumbres obreras, revelaban claramente que Rusia entraba en una fase de auge de la revolución" (Lenin, t. XV, pág. 533, ed. rusa).

Los liquidadores, alarmados ante el espíritu revolucionario de los obreros, se manifestaron en contra de la lucha huelguística, que ellos calificaban de "juego de azar huelguístico". Los liquidadores y su aliado Trotski querían sustituir la lucha revolucionaria del proletariado por una "campaña de peticiones". Se les proponía a los obreros firmar un papelito, una "petición", suplicando la concesión de "derechos" (la abolición de las restricciones del derecho de asociación y de huelga, etc.), para luego pasarlo a la Duma. Pero los liquidadores sólo lograron reunir al pie de su "petición" 1.300 firmas, mientras que en torno a las consignas revolucionarias lanzadas por los bolsheviques se agrupaban cientos de miles de obreros.

La clase obrera marchaba por el camino trazado por los bolsheviques.

La situación económica del país, durante este periodo, presentaba el siguiente cuadro:

La paralización industrial había sido seguida, ya en el año 1910, por una reanimación de la industria y por el incremento de la producción en las ramas fundamentales. La fundición de hierro, que en 1910 había arrojado 3.046.000 toneladas, arrojó en 1912, 4.193.000 y en 1913, 4.635.000. La extracción de carbón de hulla dio, en 1910, 24.930.000 toneladas y en 1913 se remontó ya a 36.265.000.

A la par con el desarrollo de la industria capitalista, creció rápidamente el proletariado. El desarrollo de la industria se caracterizaba por la concentración progresiva de la producción en las grandes y potentes empresas. En 1901, trabajaba en grandes empresas, de más de 50 obreros, el 46,7 por 100 de todos los obreros del país; en 1910, cerca del 54 por 100, o sea más de la mitad del total de obreros trabajaba en empresas de este tipo. Esto representaba una concentración industrial sin precedentes. Incluso en un país tan desarrollado industrialmente como los Estados Unidos no trabajaba en grandes empresas, por aquella época, más de una tercera parte, aproximadamente, del número total de obreros.

El incremento y la concentración del proletariado en grandes empresas, contando con un Partido revolucionario como el Partido bolshevique, convertían a la clase obrera de Rusia en una fuerza formidable dentro de la vida política del país. Las brutales formas de explotación de los obreros en las empresas, unidas al insoportable régimen policíaco de los esbirros zaristas, daban a cualquier huelga de cierta importancia un carácter político. Y este entrelazamiento de la lucha política con la lucha económica infundía a las huelgas de masas una fuerza especialmente revolucionaria.

A la cabeza del movimiento obrero revolucionario marchaba el heroico proletariado de Petersburgo, y tras él venían la región del Báltico, Moscú y su provincia, después la región del Volga y el Sur de Rusia. En 1913, el movimiento se extendió al territorio Oeste, a Polonia y al Cáucaso. En el año 1912, la cifra total de huelguistas fue, según los datos oficiales, de 725.000, y según otros datos más completos, pasó de un millón de obreros; en el año 1913, tomaron parte en el movimiento huelguístico, según los datos oficiales, 861.000 obreros, y según datos más completos, 1.272.000. En la primera mitad del año 1914, se habían declarado en huelga cerca de un millón y medio de obreros, aproximadamente.

Como se ve, el auge de la revolución durante los años de 1912 a 1914 y la envergadura del movimiento huelguístico colocaban a Rusia en una situación parecida a la de los primeros meses de la revolución de 1905.

Las huelgas revolucionarias de masas del proletariado trascendían, por su significación, a todo el pueblo. Este movimiento iba dirigido contra la autocracia. Las huelgas despertaban la simpatía de la inmensa mayoría de la población trabajadora. Los fabricantes y los industriales se vengaban de los obreros huelguistas declarando lockouts. En 1913, los capitalistas de la provincia de Moscú lanzaron al arroyo a 50.000 obreros textiles. En el mes de marzo de 1914, fueron despedidos en un solo día, en Petersburgo, 70.000 obreros. Los obreros de otras empresas y ramas industriales ayudaban a los huelguistas y a los camaradas represaliados, víctimas de los lockouts, con colectas en masa y, en ocasiones, con huelgas de solidaridad.

El auge del movimiento obrero y las huelgas de masas pusieron también en pie y arrastraron a la lucha a las masas campesinas. Los campesinos volvieron a lanzarse a la lucha contra los terratenientes, destruyendo sus posesiones y las caserías de los kulaks. De 1910 a 1914 produjéronse más de 13.000 acciones campesinas.

Comenzaron a producirse, también, manifestaciones revolucionarias entre las tropas. En 1912, estalló una sublevación armada entre las tropas del Turquestán. Se incubaban movimientos insurrecciónales en la escuadra del Báltico y en Sebastopol.

El movimiento de huelgas y manifestaciones revolucionarias, dirigidas por el Partido bolshevique, revelaba que la clase obrera no luchaba por reivindicaciones parciales, por "reformas", sino por liberar al pueblo del zarismo. Rusia marchaba rumbo hacia una nueva revolución.

Con objeto de estar más cerca de Rusia, en el verano de 1912, Lenin se trasladó de París a Galitzia (en la antigua Austria). Aquí, celebráronse dos conferencias de miembros del C.C. y militantes responsables, presididas por él: una en Cracovia, a fines de 1912, y otra, en el otoño de 1913, en el pueblecillo de Poronino, no lejos de aquella ciudad. En estas reuniones se tomaron acuerdos sobre los problemas más importantes del movimiento obrero: sobre la marcha ascendente de la revolución, sobre las huelgas y las tareas del Partido, sobre el fortalecimiento de las organizaciones clandestinas, sobre la fracción socialdemócrata de la Duma, sobre la prensa del Partido y sobre la campaña de los seguros sociales.





2.

El periódico bolshevique "Pravda".





Un arma poderosa con que contaba el Partido bolshevique para fortalecer sus organizaciones y conquistar influencia entre las masas fue el diario bolshevique "Pravda" ("La Verdad"), que se editaba en Petersburgo. Este periódico había sido fundado, según las indicaciones de Lenin, por iniciativa de Stalin, Olminski y Poletaiev. Era un periódico obrero de masas, que nació con el nuevo auge del movimiento revolucionario. Su primer número vio la luz el 22 de abril (5 de mayo del nuevo calendario) de 1912. Fue un acontecimiento verdaderamente memorable para los proletarios. En homenaje a la aparición del primer número de la "Pravda", se acordó declarar la fecha del 5 de mayo jornada de fiesta de la prensa obrera.

Antes de aparecer la "Pravda", publicábase un semanario bolshevique con el título de "Sviesdá", destinado a los obreros más conscientes. "Sviesdá" desempeñó un importante papel durante las jornadas del Lena. En sus columnas vio la luz una serie de artículos políticos combativos de Lenin y Stalin, que movilizaron a la clase obrera para la lucha. Pero en las condiciones que creaba la marcha ascendente de la revolución, al Partido bolshevique no le bastaba ya con un periódico semanal. Necesitaba un diario político, destinado a las grandes masas obreras. Y esto es lo que era la "Pravda".

Durante este periodo, la "Pravda" desempeñó un papel extraordinariamente importante. La "Pravda" atrajo al bolshevismo a las grandes masas de la clase obrera. En una situación como aquella, de incesantes persecuciones policíacas, de multas y de secuestros del periódico por la publicación de artículos y correspondencias que no agradaban a la censura, la "Pravda" sólo podía existir gracias al apoyo activo de decenas de miles de obreros avanzados. Unicamente las grandes colectas hechas entre los obreros le permitían hacer frente a las enormes multas que se le imponía. No pocas veces, una parte considerable de la tirada de los números que se había ordenado secuestrar llegaba, a pesar de todo, a sus lectores, gracias a que los obreros más conscientes se presentaban por la noche en la imprenta y sacaban los paquetes del periódico.

En dos años y medio, el gobierno zarista suspendió por ocho veces la publicación de la "Pravda", pero ésta, con el apoyo de los obreros, reaparecía siempre con un nuevo título, semejante al prohibido, por ejemplo: "Por la Pravda", "El Camino de la Pravda", "La Pravda del Trabajador".

Mientras que la "Pravda" vendía, por término medio, 40.000 ejemplares diarios, la tirada del diario menshevique "Luch" ("El Rayo") no pasaba de 15 a 16.000.

Los obreros consideraban la "Pravda" como algo propio, tenían gran fe en ella y escuchaban atentamente su voz. Cada ejemplar de la "Pravda", pasando de mano en mano, servía para decenas de lectores, formaba su conciencia de clase, los educaba, los organizaba, los llamaba a la lucha.

¿De qué hablaba la "Pravda"?

En cada uno de sus números se publicaban decenas de correspondencias de obreros, en las que se describía la vida de los proletarios, la brutal explotación y los múltiples abusos y vejaciones de que les hacían objeto los capitalistas y sus gerentes y capataces. Eran condenaciones tajantes y precisas del régimen capitalista. En las noticias de la "Pravda" aparecían frecuentemente casos de suicidios de obreros parados, muertos de hambre y desesperados ya por no encontrar trabajo.

La "Pravda" hablaba de las necesidades y las reivindicaciones de los obreros de las distintas fábricas y ramas industriales, y describía cómo luchaban los obreros por sus reivindicaciones. Casi en todos los números se informaba acerca de las huelgas planteadas en las diferentes empresas. Cuando se desarrollaban huelgas importantes y largas, el periódico organizaba a los obreros de otras empresas y ramas industriales para que ayudasen con colectas a los huelguistas. A veces, en estas colectas para el fondo de ayuda a los huelguistas se reunían decenas de miles de rublos, sumas enormes para aquellos tiempos, en que la mayoría de los obreros ganaba de 70 a 80 céntimos de rublo al día. Esto educaba a los obreros en el espíritu de la solidaridad proletaria y de la conciencia de unidad de intereses entre todos los obreros.

No había acontecimiento político, no había triunfo o derrota, ante el cual los obreros no reaccionasen enviando a la "Pravda" cartas, saludos, protestas, etc. En sus artículos, la "Pravda" esclarecía las tareas del movimiento obrero desde un punto de vista consecuentemente bolshevique. Su carácter de periódico legal no le permitía preconizar directamente el derrocamiento del zarismo. Tenía que expresarse por medio de alusiones, que los obreros conscientes comprendían perfectamente y se encargaban de explicar a las masas. Así, por ejemplo, cuando la "Pravda" hablaba de "las reivindicaciones íntegras y completas del año 1905", los obreros sabían que se trataba de las consignas revolucionarias de los bolsheviques: derrocamiento del zarismo, República democrática, confiscación de las tierras de los terratenientes y jornada de 8 horas.

La "Pravda" organizó a los obreros avanzados en vísperas de las elecciones a la cuarta Duma. Desenmascarando la posición traidora de los partidarios de un acuerdo con la burguesía liberal, de los defensores del "partido obrero stolypiniano" -de los mensheviques- llamaba a los obreros a votar por los partidarios de "las reivindicaciones íntegras del año 1905", es decir, por los bolsheviques. Las elecciones eran de tercer grado. Primero, los obreros elegían en asambleas a sus delegados, quienes luego designaban a los compromisarios que eran los encargados de votar a los diputados obreros de la Duma. El día de las elecciones, la "Pravda" publicó la listas de los compromisarios bolsheviques cuya candidatura recomendaba a los obreros. Ni fue posible publicar esta lista antes, para no exponer a los candidatos recomendados al peligro de ser detenidos.

La "Pravda" ayudaba a organizar las acciones del proletariado. Con motivo de un gran lockout planteado en Petersburgo en la primavera de 1914, en condiciones en que no era conveniente declarar una huelga de masas, la "Pravda" aconsejó a los obreros que recurrieran a otras formas de lucha, a mítines de masas en las fábricas y a manifestaciones en las calles. El periódico no podía hacer abiertamente semejante indicación. Pero el llamamiento de la "Pravda" fue comprendido por los obreros conscientes que leyeron en sus columnas el artículo de Lenin, publicado bajo el modesto título de "Sobre las formas del movimiento obrero", en el que se decía que, en aquel momento, era necesario sustituir la huelga por otra forma más elevada del movimiento obrero, lo que equivalía a preconizar la organización de mítines y manifestaciones.

Así era como los bolsheviques combinaban la actuación revolucionaria clandestina con la agitación y la organización legal de las masas obreras a través de la "Pravda".

Pero la "Pravda" no se ocupaba solamente de la vida de los obreros, de las huelgas y las manifestaciones obreras. En sus columnas se trataba sistemáticamente de la vida campesina, del hambre que pasaban los campesinos, de la explotación de los campesinos por los terratenientes feudales, del robo de las mejores tierras de los campesinos para engrosar las caserías de los kulaks, por obra de la "reforma" stolypiniana. La "Pravda" hacía ver a los obreros conscientes la gran cantidad de material inflamable que se iba acumulando en el campo. Ponía de relieve ante el proletariado que las tareas de la revolución de 1905 no habían sido resueltas y que surgiría una nueva revolución. Y enseñaba que, en esta segunda revolución, el proletariado tendría que actuar como el verdadero jefe, como el verdadero dirigente del pueblo, y que en esta revolución contaría con un aliado tan fuerte como los campesinos revolucinarios.

Los mensheviques pugnaban por quitar de la cabeza al proletariado la idea de la revolución. Predicaban a los obreros que debían dejar de preocuparse del pueblo, de los campesinos hambrientos y del imperio de los terratenientes feudales de las centurias negras, para luchar solamente por la "libertad de asociación", dirigiendo, para ello, "peticiones" al gobierno del zar. Los bolsheviques hacían ver a los obreros que estas prédicas mensheviques, en que se les invitaba a renunciar a la revolución y a la alianza con los campesinos, servían a los intereses de la burguesía, que los obreros vencerían con toda seguridad al zarismo, si sabían atraerse a su lado a los campesinos, como aliados suyos, y que debían volver la espalda a los malos predicadores, enemigos de la revolución, del tipo de los mensheviques.

¿De qué trataba la "Pravda", en la sección titulada "La vida del campesino"?

Pondremos como ejemplo algunas de las correspondencias publicadas en el año 1913.

En una información enviada por un corresponsal de Samara y que apareció bajo el epígrafe de "Un pleito agrario", se comunicaba que de los 45 campesinos de la aldea de Novojasbulat, en el distrito de Bugulmá, acusados de haber hecho resistencia al funcionario encargado de practicar el deslinde de las parcelas de los que se separaban de la comunidad, gran parte habían sido condenados a largas penas de cárcel.

En una breve noticia enviada por un corresponsal de la provincia de Pskov, se decía: "Los campesinos de la aldea de Psitsa (en las inmediaciones de la estación de Savale) se alzaron en armas contra los guardias rurales. Hay varios heridos. Las causas del choque han sido conflictos agrarios. En Psitsa fueron concentrados guardias rurales; han salido para este pueblo el vicegobernador y el fiscal".

Un corresponsal de la provincia de Ufá informaba acerca de la venta de los lotes de tierras de los campesinos y exponía que el hambre y la ley sobre la separación de la comunidad rural habían venido a reforzar el proceso de privación de tierras de los campesinos. Véase, por ejemplo, lo ocurrido en el caserío de Borisovka. En él había 27 casas que poseían 543 hectáreas de tierras de labor. En la época de hambre, 5 labradores vendieron a perpetuidad 31 hectáreas, arazón de 25 a 33 rublos cada una; es decir, tres o cuatro veces menos de lo que valía la tierra. 7 labradores hipotecaron 177 hectáreas, obteniendo a cambio 18 a 20 rublos por hectárea, pagaderos en seis años y al doce por ciento de interés anual. Teniendo en cuenta el empobrecimiento de la población campesina y el tipo brutal de intereses, podía afirmarse con seguridad que de las 177 hectáreas la mitad pasaría a manos del usurero, pues era muy poco probable que en un plazo de 6 años pudiesen pagar una suma tan enorme ni la mitad de los deudores.

En un artículo titulado "La gran propiedad de los terratenientes y la pequeña propiedad campesina en Rusia", publicado en la "Pravda", Lenin hacía ver de un modo tangible a los obreros y a los campesinos cuán fabulosa era la riqueza de tierras detentada por los parásitos terratenientes. Entre 30.000 terratenientes de los más fuertes acaparaban cerca de 70 millones de hectáreas de tierra. Mientras tanto, los campesinos tenían que contentarse con una extensión equivalente, repartida entre 10 millones de familias. Cada uno de aquellos grandes terratenientes detentaba, por término medio, 2.300 hectáreas de tierra; en cambio, a cada familia campesina, incluyendo los kulaks, le correspondían, por término medio, 7 hectáreas; pero, además, había 5 millones de familias campesinas pobres; es decir, la mitad de la población campesina, que no poseía, por toda hacienda, más que una o dos hectáreas. Estos hechos demostraban de un modo tangible la raíz de la miseria y del hambre de los campesinos estaba en el régimen de los grandes terratenientes, en las supervivencias del feudalismo, de las que los campesinos sólo podían liberarse mediante la revolución, dirigida por la clase obrera.

A través de los obreros relacionados con el campo, la "Pravda" penetraba en la aldea, despertando a la lucha revolucionaria a los campesinos más conscientes.

En el periodo en que se fundó la "Pravda", las organizaciones socieldemócratas clandestinas estaban enteramente en manos de los bolsheviques. En cambio, las formas legales de organización -lo fracción de la Duma, la prensa, las mutualidades obreras, los sindicatos- no habían sido aún rescatadas por entero de manos de los mensheviques. Los bolsheviques tuvieron que librar una lucha enérgica para desalojar a los liquidadores de las organizaciones legales de la clase obrera. Esta lucha fue coronada por el éxito, gracias a la "Pravda".

La "Pravda" ocupaba un lugar central en la lucha en pro de la causa del Partido, en pro de la reconstitución de un Partido obrero revolucionario de masas. Sus campañas hacían que las organizaciones legales se agrupasen estrechamente en torno a los centros clandestinos del Partido bolshevique y encaminaban el movimiento obrero hacia una meta definida: la preparación de la revolución.

La "Pravda" contaba con una cantidad enorme de corresponsales obreros. Más de 11.000 correspondencias obreras fueron publicadas en sus columnas en un solo año. Pero no eran las cartas y la colaboración de sus corresponsales el único medio por el que mantenía contacto con las masas obreras. Su redacción era visitada diariamente por numerosos obreros de las fábricas. En ella, se concentraba una parte considerable del trabajo de organización del Partido. Celebrábanse allí reuniones con los representantes de las células de base del Partido, allí llegaban los informes sobre la labor del Partido en las fábricas y empresas industriales y desde allí se transmitían las instrucciones del Comité de Petersburgo y del Comité Central del Partido.

Como fruto de dos años y medio de lucha tenaz contra los liquidadores por la reconstitución de un Partido obrero revolucionario de masas, los bolsheviques consiguieron que, hacia el verano de 1914, el Partido bolshevique, la táctica "pravdista", contasen con las cuatro quintas partes de los obreros activos de Rusia. Así lo atestigua, por ejemplo, el hecho de que 5.600 grupos obreros, de los 7.000 que en 1914 organizaron colectas para la prensa obrera, recogiesen dinero para los periódicos bolsheviques, y sólo 1.400, para los mensheviques. En cambio, éstos disponían de muchos "amigos ricos" entre la burguesía liberal y los intelectuales burgueses, que les aportaban más de la mitad del dinero necesario para sostener su periódico.

A los bolsheviques se les solía conocer por esta época con el nombre de "pravdistas". Con la "Pravda" se desarrolló toda una generación del proletariado revolucionario que más tarde había de ponerse al frente de la Revolución Socialista de Octubre. Detrás de la "Pravda" marchaban decenas y centenares de miles de obreros. Durante los años del auge revolucionario (1912 a 1914) se echaron los sólidos cimientos de un Partido bolshevique de masas, contra el cual habían de estrellarse todas las persecuciones del zarismo en el periodo de la guerra imperialista.

"Sobre la "Pravda" del año 1912 se cimentó el triunfo del bolshevismo en 1917" (Stalin).

Otro órgano legal del Partido, extensivo a toda Rusia, era la fracción bolshevique de la cuarta Duma.

En 1912, el gobierno convocó las elecciones a la cuarta Duma. El Partido bolshevique concedió gran importancia a la participación en estas elecciones. La fracción socialdemócrata de la Duma y la "Pravda" eran los puntos fundamentales de resistencia legal para toda Rusia, a través de los cuales el Partido bolshevique desarrollaba su labor revolucionaria entre las masas.

El Partido bolshevique fue a las elecciones de la Duma con su plataforma independiente y bajo consignas propias, luchando al mismo tiempo contra los partidos gubernamentales y contra la burguesía liberal (contra los kadetes). Los bolsheviques desarrollaron su campaña electoral bajo las consignas de la República democrática, la jornada de 8 horas y la confiscación de las tierras de los terratenientes.

Las elecciones a la cuarta Duma celebráronse en el otoño de 1912. A comienzos de octubre, el gobierno, descontento de la marcha de las elecciones en Petersburgo, intentó violar los derechos electorales de los obreros en una serie de grandes fábricas. Como respuesta a esto, el Comité de Petersburgo del Partido bolshevique, a propuesta del camarada Stalin, invitó a los obreros de las empresas más importantes a declarar una huelga de un día. El gobierno, viéndose colocado en una situación difícil, no tuvo más remedio que ceder, y las asambleas obreras pudieron elegir a los candidatos que mejor les parecieron. Los obreros, por una mayoría inmensa, votaron a favor del "Mandato" a los delegados y al diputado, redactado por el camarada Stalin. El "Mandato de los obreros petersburgueses a su diputado obrero" recordaba las tareas aun no resueltas del año 1905.

"...Opinamos -decía el "Mandato"- que Rusia se halla en vísperas de movimientos de masas inminentes, tal vez más profundos que en el año 1905... A la cabeza de estos movimientos se pondrá, como se puso también en el año 1905, la clase más avanzada de nuestra sociedad, el proletariado ruso. Y su aliado no puede ser otro que la sufridísima masa campesina, vitalmente interesada en la emancipación de Rusia.

En el "Mandato" se declaraba que las futuras acciones del pueblo tendrían que revestir la forma de una lucha en dos frentes, tanto contra el gobierno zarista como contra la burguesía liberal, ansiosa de llegar a un acuerdo con el zarismo.

Lenin concedía una gran importancia a este "Mandato", en el que se llamaba a los obreros a la lucha revolucionaria. Y en sus resoluciones, los obreros recogían este llamamiento.

Los bolsheviques triunfaron en las elecciones, siendo enviado a la Duma, en representación de los obreros de Petersburgo, el camarada Badaiev.

Los obreros votaban, en las elecciones a la Duma, aparte de los demás sectores de la población (en la llamada "curia" obrera"). De los nueve diputados elegidos por los obreros, seis eran miembros del Partido bolshevique: Badaiev, Petrovski, Muranov, Samoilov, Shagov y Malinovski (que más tarde resultó ser un confidente de la policía). Los diputados bolsheviques procedían de los centros industriales más importantes, en los que estaban concentradas, por lo menos, las cuatro quintas partes de la clase obrera. En cambio, algunos liquidadores elegidos para la Duma, no debían su acta a la curia obrera, sino a otros sectores de la población. Así se explica que en la Duma hubiese 7 diputados liquidadores frente a los 6 bolsheviques. En los primeros momentos, los diputados bolsheviques y los liquidadores constituyeron en la Duma una fracción socialdemócrata única. Pero en octubre de 1913, después de una lucha tenaz contra los liquidadores, que entorpecían la labor revolucionaria de los bolsheviques, los diputados bolsheviques, siguiendo las instrucciones de su Comité Central, salieron de la fracción socialdemócrata común y pasaron a formar una fracción bolshevique independiente.

Los diputados bolsheviques pronunciaban en la Duma discursos revolucionarios, desenmascarando el régimen de la autocracia, e interpelaban al gobierno acerca de los actos de represión contra los obreros y de la explotación inhumana de que hacían objeto a éstos los capitalistas.

Su actuación en la Duma versaba también sobre el problema agrario y en sus discursos se incitaba a los campesinos a luchar contra los terratenientes feudales y se desenmascaraba al partido kadete, contrario a la confiscación de las tierras de los terratenientes y a su entrega a los campesinos.

Los bolsheviques presentaron a la Duma un proyecto de ley sobre la jornada de 8 horas, proyecto que, naturalmente, no podía ser aprobado por la ultrarreaccionaria Duma, pero que tuvo una gran importancia en el terreno de la agitación.

La fracción bolshevique de la Duma actuaba en estrecho contacto con el Comité Central del Partido y con Lenin, de quien recibía indicaciones. Ocupábase de su dirección inmediata, mientras permaneció en Petersburgo, el camarada Stalin.

Los diputados bolsheviques no se limitaban a actuar en la Duma, sino que desplegaban también una gran actividad fuera de ella. Visitaban las fábricas y los talleres, recorrían los centros obreros del país, informando ante ellos, organizaban asambleas clandestinas, en las que explicaban los acuerdos del Partido, y creaban nuevas organizaciones de éste. Los diputados sabían combinar hábilmente la actuación legal con el trabajo ilegal, clandestino.





3.

Triunfo de los bolsheviques en las organizaciones legales.





El Partido bolshevique dio durante este periodo muestras de dirección ejemplar de todas las formas y manifestaciones de la lucha de clases del proletariado. Creaba organizaciones clandestinas. Editaba hojas ilegales. Desarrollaba una labor revolucionaria clandestina entre las masas. Y a la par con todo esto, iba penetrando cada vez más de lleno en las diversas organizaciones legales de la clase obrera. El Partido aspiraba a ganarse los sindicatos, las Casas del Pueblo, las Universidades nocturnas, los clubes y las mutualidades obreras. Estas organizaciones legales habían sido desde antiguo el refugio de los liquidadores. Los bolsheviques lucharon enérgicamente por convertir estas sociedades legales en puntos de resistencia del Partido bolshevique. Combinando hábilmente la labor clandestina con el trabajo dentro de la legalidad, los bolsheviques se atrajeron a la mayoría de los sindicatos de las dos capitales. En las elecciones celebradas en 1913 para cubrir los puestos de dirección del Sindicato Metalúrgico de Petersburgo, obtuvieron los bolsheviques un triunfo brillantísimo. En una asamblea de 3.000 metalúrgicos, sólo votaron por los liquidadores unos 150 obreros.

Otro tanto debe decirse de la organización legal que representaba la fracción socialdemócrata de la cuarta Duma. Aunque los mensheviques contaban con 7 diputados y los bolsheviques con 6 solamente, aquellos siete mensheviques, procedentes en su mayoría de regiones no obreras, apenas representaban, aproximadamente, a una quinta parte del proletariado, mientras que los seis bolsheviques procedentes de los principales centros industriales del país (Petersburgo, Moscú, Ivánovo-Vosnesensk, Kostromá, Ekaterinoslav y Jarkov), representaban a más de las cuatro quintas partes de la clase obrera de Rusia. Los obreros consideraban como sus diputados a los seis bolsheviques (Badaiev, Petrovski, etc.) y no a los siete mensheviques.

Los bolsheviques consiguieron ganar las organizaciones legales porque, pese a las brutales persecuciones del zarismo y a las encarnizadas campañas de los liquidadores y los trotskistas, supieron mantener en pie el Partido clandestino y asegurar una disciplina férrea dentro de sus filas, defendiendo con firmeza los intereses de la clase obrera, manteniendo estrecho contacto con las masas y librando una lucha intransigente contra los enemigos del movimiento obrero.

Por tanto, los bolsheviques triunfaron en toda la línea dentro de las organizaciones legales y los mensheviques sufrieron una derrota completa. Tanto en el terreno de la agitación desde la tribuna de la Duma como en el campo de la prensa obrera y de otras organizaciones legales, los mensheviques fueron relegados a segundo plano. La clase obrera, arrastrada por el movimiento revolucionario, se agrupaba marcadamente en torno a los bolsheviques y volvía la espalda a los mensheviques.

Para colmo de su fracaso, los mensheviques sufrieron también una derrota aplastante en el campo del problema nacional. Para actuar en el movimiento revolucionario de la periferia de Rusia, era necesario tener un programa claro sobre el problema nacional. Los mensheviques carecían de todo programa, fuera del punto de la "autonomía cultural" del "Bund", que no podía satisfacer a nadie. Sólo los bolsheviques tenían un programa marxista sobre el problema nacional, programa expuesto en el estudio del camarada Stalin titulado "El marxismo y el problema nacional" y en los artículos de Lenin "Sobre el derecho de autodeterminación de las naciones" y "Apuntes críticos sobre el problema nacional".

No es extraño que, después de tales derrotas de los mensheviques, el Bloque de Agosto comenzase a cuartearse por todas sus junturas. Este bloque, compuesto por los elementos más heterogéneos, no resistió los embates de los bolsheviques y comenzó a desmoronarse. El Bloque de Agosto, creado para luchar contra los bolsheviques, no tardó en derrumbarse bajo los golpes de éstos. Los primeros que salieron de él fueron los del grupo del "Vperiod" ("Adelante") (Bogdanov, Lunacharski, etc.); les siguieron los letones, y luego se dispersaron todos los demás.

Derrotados en su lucha contra los bolsheviques, los liquidadores apelaron a la ayuda de la Segunda Internacional. Esta acudió en su socorro. Bajo el pretexto de una "reconciliación" entre los bolsheviques y los liquidadores, bajo el pretexto de restablecer la "paz dentro del Partido", la Segunda Internacional exigió que los bolsheviques cesasen en sus críticas contra la política oportunista de los liquidadores. Pero los bolsheviques mantuvieron una actitud irreductible: se negaron a acatar los acuerdos de la Segunda Internacional oportunista y no hicieron ni la menor concesión.

El triunfo de los bolsheviques en las organizaciones legales no fue ni podía ser casual. No sólo porque los bolsheviques eran los únicos que tenían una teoría marxista certera, un programa claro y un partido proletario revolucionario templado en los combates, sino porque, además, el triunfo de los bolsheviques reflejaba la marcha ascendente del movimiento revolucionario.

El movimiento obrero revolucionario se desarrollaba cada vez más, extendiéndose a nuevas ciudades y regiones. Al entrar en el año 1914, las huelgas, lejos de aplacarse, cobraron nuevo incremento. Aumentaban sin cesar su tenacidad y arrastraban a un número de obreros cada vez mayor. El 9 de enero se declararon en huelga 250.000 obreros, de ellos 140.000 solamente en Petersburgo. El Primero de Mayo se registró más de medio millón de huelguistas, de los cuales correspondían a Petersburgo más de 250.000. La firmeza de que daban pruebas los obreros huelguistas era extraordinaria. La huelga de la fábrica "Obujov", en Petersburgo, duró más de dos meses y la de la fábrica "Lessner", unos tres meses. Las intoxicaciones en masa producidas en una serie de fábricas en Petersburgo provocaron una huelga de 115.000 obreros, seguida de manifestaciones. El movimiento seguía creciendo. La cifra total de huelguistas, durante el primer semestre de 1914 (incluyendo los primero días del mes de julio), fue de 1.425.000 obreros.

En mayo comenzó la huelga general de los obreros de la industria petrolera en Bakú, que atrajo la atención de todo el proletariado ruso. Esta huelga se desarrolló organizadamente. El 20 de junio, se celebró en Bakú una manifestación de 20.000 obreros. La policía adoptó medidas draconianas contra los obreros de aquella ciudad. En señal de protesta y de solidaridad con los obreros de Bakú, estalló la huelga en Moscú, de donde se extendió a otras regiones.

El 3 de julio, se celebró en la fábrica "Putilov" de Petersburgo un mitin con motivo de la huelga de Bakú. La policía disparó contra los obreros. Una indignación enorme se apoderó del proletariado de Petersburgo. El 4 de julio, respondiendo al llamamiento del Comité de Petersburgo del Partido, declaráronse en huelga en este ciudad, en señal de protesta, 90.000 obreros; el 7 de julio había ya 130.000 huelguistas; el 8 de julio, 150.000, y el 11 de julio, 200.000.

La agitación se apoderó de todas las fábricas; por todas partes se celebraban mítines y manifestaciones. Hubo hasta intentos de levantar barricadas, como, en efecto, llegaron a levantarse en Bakú y en Lodz. En una serie de puntos, la policía hizo fuego sobre los obreros. Para aplastar el movimiento, el gobierno tomó medidas "extraordinarias", la capital fue transformada en un campamento militar y fue suspendida la "Pravda".

En este momento, se presentó en escena una nueva fuerza de orden internacional: la guerra imperialista, que había de cambiar el rumbo de los acontecimientos. En pleno desarrollo de los acontecimiento revolucionarios de julio, llegó a Petersburgo el presidente de la República francesa, Poincaré, para entrevistarse con el zar y tratar del comienzo de la guerra, que se avecinaba. Pocos días después, Alemania declaraba la guerra a Rusia. El gobierno zarista aprovechó la guerra para destrozar las organizaciones bolsheviques y ahogar el movimiento obrero. La marcha ascendente de la revolución fue interrumpida por la guerra mundial, en la que el gobierno zarista buscaba su salvación contra la revolución.





RESUMEN



Durante los años del nuevo auge revolucionario (1912 a 1914), el Partido bolshevique se puso al frente del movimiento obrero y lo condujo, bajo las consignas bolsheviques, hacia la nueva revolución. El Partido supo combinar el trabajo clandestino con el trabajo legal. Venciendo la resistencia de los liquidadores y de sus amigos, los trotskistas y los "otsovistas", se apoderó de todas las formas del movimiento legal y convirtió las organizaciones legales en puntos de resistencia para su actuación revolucionaria.

Luchando contra los enemigos de la clase obrera y contra sus agentes dentro del movimiento proletario, el Partido reforzó sus filas y acrecentó sus vínculos con la clase obrera. Valiéndose ampliamente de la tribuna de la Duma para la agitación revolucionaria y fundando un magnífico periódico obrero de masas, la "Pravda", el Partido educó a una nueva generación de obreros revolucionarios, la generación de los "pravdistas". Esta promoción de obreros se mantuvo, durante los años de la guerra imperialista, fiel a la bandera del internacionalismo y de la revolución proletaria. Más tarde, constituyó el núcleo del Partido bolshevique en las jornadas de la Revolución de Octubre de 1917.

En vísperas de la guerra imperialista, el Partido bolshevique dirigía las acciones revolucionarias de la clase obrera. Estas acciones eran combates de avanzada, a los que puso fin la guerra imperialista, pero que fueron reanudados tres años más tarde para el derrocamiento del zarismo. El Partido bolshevique entraba en la dura etapa de la guerra imperialista con las banderas del internacionalismo proletario desplegadas.





1914 - marzo de 1917

EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERIODO DE LA

GUERRA IMPERIALISTA.




LA SEGUNDA REVOLUCIÓN EN RUSIA

1.

Origen y causas de la guerra imperialista



El 14 (27) de julio de 1914, el gobierno zarista decretó la movilización general. El 19 de julio (1 de agosto), Alemania declaró la guerra a Rusia.

Rusia entró en la guerra.

Ya mucho tiempo antes que la guerra comenzase, los bolsheviques, encabezados por Lenin, habían previsto que estallaría inevitablemente. En los congresos internacionales socialistas, Lenin había formulado propuestas encaminadas a trazar la línea revolucionaria de conducta que debía adoptar los socialistas cuando la guerra estallase.

Lenin señalaba que la guerra era un satélite inevitable del capitalismo; la rapiña de territorios extranjeros, la apropiación y el saqueo de las colonias, la conquista de nuevos mercados, habían provocado repetidas veces guerras de anexión de los Estados capitalistas. Para los países capitalistas, la guerra es un fenómeno tan natural y tan legítimo como la explotación de la clase obrera.

Las guerras hiciéronse todavía más inevitables a fines del siglo XIX y comienzos del XX, al pasar el capitalismo, definitivamente, a la fase culminante y última de su desarrollo: el imperialismo. Bajo el imperialismo, adquirieron una importancia decisiva en la vida de los Estados capitalistas las potentes agrupaciones (monopolios) de los capitalistas y de los bancos. El capital financiero se convirtió en el amo de los Estados capitalistas. Y el capital financiero exigía nuevos mercados, la anexión de nuevas colonias, nuevas bases para la exportación de capitales y nuevas fuentes de materias primas.

Pero a fines del siglo XIX, todo el territorio del planeta se hallaba ya repartido entre los Estados capitalistas. Ahora bien; en la época imperialista, el capitalismo se desarrolla de un modo extraordinariamente desigual y a saltos: países que antes aparecían en primer lugar, ven amortiguarse el ritmo relativo de desarrollo de su industria, mientras que otros, que antes eran países atrasados, dan un rápido salto, los alcanzan y sobrepasan. La correlación entre las fuerzas económicas y militares de los Estados imperialistas había cambiado. Manifestábase la aspiración a proceder a un nuevo reparto del mundo. La lucha por un nuevo reparto del mundo tenía que provocar, inevitablemente, la guerra imperialista. La guerra de 1914 fue una guerra por un nuevo reparto del mundo y de las zonas de influencia. Esta guerra había sido largamente preparada por todos los Estados imperialistas. Los imperialistas de todos los países fueron culpables de ella.

La guerra había sido preparada, en particular, por Alemania y Austria de un lado, y de otro, por Francia, Inglaterra y Rusia, mediatizada por ellas. En 1907, se había constituido la Triple Entente, alianza entre Inglaterra, Francia y Rusia. Otra alianza imperialista existía entre Alemania, Austria-Hungría e Italia. Pero al estallar la guerra de 1914, Italia se salió de esta alianza, y más tarde se adhirió a la Entente, Alemania y Austria-Hungría contaban con el apoyo de Bulgaria y de Turquía.

Alemania preparábase para la guerra imperialista, ambicionando despojar a Inglaterra y a Francia de sus colonias, y a Rusia de Ucrania, Polonia y los territorios del Báltico. Con la construcción del ferrocarril de Bagdad, Alemania amenazaba la dominación de Inglaterra en el Cercano Oriente. Inglaterra veía con temor el incremento de los armamentos navales de Alemania.

La Rusia zarista aspiraba al reparto de Turquía y soñaba conquistar los estrechos que unen el Mar Negro al Mediterráneo (los Dardanelos) y anexionarse Constantinopla. Entraba también en los planes del gobierno zarista la anexión de Galitzia, que formaba parte de Austria-Hungría.

Inglaterra aspiraba a aplastar por medio de la guerra a su peligrosa competidora Alemania, cuyas mercancías iban desalojando cada vez más a los productos ingleses del mercado mundial antes de la guerra. Además, abrigaba el propósito de quitar a Turquía la Mesopotamia y Palestina y de establecerse sólidamente en Egipto.

Los capitalistas franceses aspiraban a arrebatar a Alemania la cuenca del Sarre, rica en carbón y en hierro, y las provincias de Alsacia-Lorena, de que Alemania había despojada a Francia en la guerra de 1870-1871.

Fueron, pues, las formidables contradicciones existentes entre los dos grupos de Estados capitalistas las que condujeron a la guerra imperialista.

Esta guerra de rapiña, en la que se ventilaba el reparto del mundo, afectaba a los intereses de todos los países imperialistas, razón por la cual se vieron arrastrados a ella, en el transcurso de su desarrollo, el Japón, los Estados Unidos y otra serie de países.

La guerra adquirió carácter mundial.

La burguesía había preparado la guerra imperialista, manteniendo sus preparativos en el más profundo secreto, para que no se enterasen los pueblos. Cuando la guerra estalló, todos los gobiernos imperialistas se esforzaron en demostrar que no eran ellos los que atacaban a los países vecinos, sino que eran víctimas de la agresión de éstos. La burguesía engañaba al pueblo, ocultando los verdaderos fines de la guerra, su carácter imperialista, anexionista. Todos los gobiernos imperialistas declararon que hacían la guerra en defensa de la patria.

Ayudaron a la burguesía a engañar al pueblo los oportunistas de la Segunda Internacional. Los socialdemócratas de la Segunda Internacional traicionaron vilmente la causa del socialismo, la causa de la solidaridad internacional del proletariado. Lejos de levantarse en contra de la guerra, lo que hicieron fue ayudar a la burguesía a lanzar a los obreros y campesinos de los Estados beligerantes unos contra otros, bajo el pabellón de la defensa de la patria.

El hecho de que Rusia entrase en la guerra imperialista, al lado de la Entente, de Francia e Inglaterra, tenía su razón de ser. No hay que perder de vista que antes de 1914 las ramas más importantes de la industria rusa se hallaban en manos del capital extranjero, y principalmente del capital francés, inglés y belga, es decir, de los países de la Entente. Las fábricas metalúrgicas más importantes de Rusia eran propiedad de capitalistas franceses. Casi las tres cuartas partes de la metalurgia rusa (el 72 por ciento) dependían del capital extranjero. Otro tanto ocurría con la producción del carbón de hulla en la cuenca del Donetz. La mitad, aproximadamente, de la extracción de petróleo hallábase en manos del capital anglofrancés. Una parte considerable de las ganancias de la industria rusa iba a parar a los bancos extranjeros, y principalmente a los de Inglaterra y Francia. Todas estas razones, a las cuales hay que añadir los empréstitos de miles de millones concertados por el zar en Francia e Inglaterra, encadenaban al zarismo al imperialismo anglofrancés y convertían a Rusia en tributaria de estos países, en una semicolonia suya.

La burguesía rusa esperaba que, lanzándose a la guerra, mejoraría su situación, conquistaría nuevos mercados, se enriquecería con los pedidos y los suministros de guerra, y al mismo tiempo podría, valiéndose de la situación creada por la guerra, aplastar el movimiento revolucionario.

La Rusia zarista entró en la guerra sin estar preparada para ella. La industria rusa hallábase muy atrasada respecto a la de otros países capitalistas. Predominaban en ella las viejas fábricas con una instalación ya muy gastada. La agricultura rusa, con un régimen semifeudal de posesión de la tierra y masas de campesinos reducidos a la más extrema miseria, no podía ofrecer una base económica para mantener una guerra larga.

El zar tenía su principal sostén en los terratenientes feudales. Los grandes terratenientes de las centurias negras, coaligados con los grandes capitalistas, eran los amos del país y de la Duma. Estos elementos apoyaban en bloque la política interior y exterior del gobierno zarista. La burguesía imperialista rusa tenía puestas todas sus esperanzas en la autocracia zarista, en el puño de hierre que podía asegurarle la conquista de nuevos mercados y de nuevos territorios, y además aplastar el movimiento revolucionario de los obreros y los campesinos.

El partido de la burguesía liberal -los kadetes- se hacía pasar por un partido de oposición, pero apoyaba sin reservas la política exterior del gobierno zarista.

Los partidos pequeñoburgueses, socialrevolucionario y menshevique, encubriendo su conducta con la bandera del socialismo, ayudaron a la burguesía, desde el primer momento de la guerra, a engañar al pueblo, a ocultar el carácter imperialista y rapaz de la guerra. Predicaban la necesidad de defender a la "patria" burguesa contra los "bárbaros prusianos", apoyaban la política de la "paz interior", y de este modo ayudaban al gobierno del zar a hacer la guerra, exactamente lo mismo que los socialdemócratas alemanes ayudaban al gobierno del káiser a guerrear contra los "bárbaros rusos".

El Partido bolshevique fue el único que permaneció fiel a la gran bandera del internacionalismo revolucionario, manteniéndose firme en las posiciones marxistas y luchando resueltamente contra la autocracia zarista, contra los capitalistas y terratenientes y contra la guerra imperialista. El Partido bolshevique mantuvo, desde los primeros días de la guerra, el punto de vista de que ésta no se había desencadenado para defender la patria, sino para apoderarse de territorios extranjeros, para saquear a otros pueblos en interés de los terratenientes y capitalistas y de que los obreros debían adoptar frente a ella una actitud de lucha decidida.

La clase obrera apoyaba al Partido bolshevique.

Es cierto que los vapores patriótico-burgueses, que al comienzo de la guerra emborracharon a los intelectuales y al sector de los kulaks, contaminaron también a una parte de los obreros. Pero fue, principalmente, a los que estaban enrolados entre el hampa de la "Unión del pueblo ruso" y a un sector de los obreros influidos ideológicamente por los socialrevolucionarios y los mensheviques. Estos elementos no reflejaban ni podían reflejar, naturalmente, el estado de espíritu de la clase obrera. Eran los elementos que desfilaban en la manifestaciones chovinistas de la burguesía, organizadas por el gobierno zarista en los primeros días de la guerra.





2.

Los partidos de la Segunda Internacional se pasan al lado de sus gobiernos imperialistas.





Lenin habían puesto en guardia, repetidas veces, contra el oportunismo de la Segunda Internacional y la falta de firmeza de sus jefes. Había afirmado siempre que los jefes de la Segunda Internacional sólo de palabra eran contrarios a la guerra y que en caso de que la guerra estallase desertarían seguramente de sus posiciones y se pasarían al lado de la burguesía imperialista, se convertirían seguramente en defensores de la guerra. El pronóstico de Lenin se confirmó desde los primeros días de aquélla.

En 1910, en el Congreso celebrado por la Segunda Internacional en Copenhague, se había tomado un acuerdo que obligaba a los socialistas a votar en los parlamentos contra los créditos de guerra. El Congreso mundial de la Segunda Internacional celebrado en Basilea, en 1912, durante la guerra de los Balcanes, declaró que los obreros de todos los países consideraban un crimen disparar unos contra otros para acrecentar las ganancias de los capitalistas. Tal era la posición que se adoptaba, de palabra, en las resoluciones de los Congresos.

Pero cuando empezaron a tronar los cañones de la guerra imperialista y se planteó la necesidad de llevar a la práctica aquellas resoluciones, los jefes de la Segunda Internacional se revelaron como traidores al proletariado y servidores de la burguesía, pasándose al campo de los defensores de la guerra.

El 4 de agosto de 1914, la socialdemocracia alemana votó en el parlamento los créditos de guerra, votó en pro de la guerra imperialista. Y exactamente lo mismo hicieron, en su aplastante mayoría, los socialistas de Francia, de Inglaterra, de Bélgica y de los demás países.

La Segunda Internacional había dejado de existir. Se descompuso de hecho en una serie de partidos socialchovinistas aislados que hacían la guerra los unos contra los otros.

Los jefes de los partidos socialistas, traicionando al proletariado, se pasaron a la posición del socialchovinismo y abrazaron la defensa de la burguesía imperialista. Ayudaron a los gobiernos imperialistas a engañar a la clase obrera y a inyectarle el veneno del nacionalismo. Bajo la bandera de la defensa de la patria, estos socialtraidores comenzaron a azuzar a los obreros alemanes contra los franceses y a los obreros franceses e ingleses contra los alemanes. Sólo una minoría insignificante de hombres dentro de la Segunda Internacional se mantuvo en la posición internacionalista, marchando en contra de la corriente; sin una convicción muy firme y de un modo bastante vago, es cierto, pero, a pesar de todo, marchando en contra de la corriente.

El Partido bolshevique fue el único que levantó desde el primer momento y sin vacilaciones la bandera de la lucha resuelta contra la guerra imperialista. En las tesis sobre la guerra, redactadas por Lenin en el otoño de 1914, se indicaba que el derrumbamiento de la Segunda Internacional no obedecía a una casualidad. A la Segunda Internacional, decía Lenin, la han echado a pique los oportunistas, contra los cuales hacía ya mucho tiempo que venían poniendo en guardia los mejores representantes del proletariado revolucionario.

Los partidos de la Segunda Internacional estaban infectados de oportunismo ya antes de la guerra. Los oportunistas predicaban abiertamente la renuncia a la lucha revolucionaria, la teoría de la "evolución pacífica del capitalismo al socialismo". La Segunda Internacional no quería luchar contra el oportunismo, era partidaria de vivir en paz con él y le dejaba fortalecerse. Y, siguiendo la política de conciliación con el oportunismo, acabó por convertirse ella también en oportunista.

A expensas de las ganancias que arrancaba de las colonias y de la explotación de que hacía objeto a los países atrasados, la burguesía imperialista corrompía sistemáticamente, mediante una política de salarios elevados y de otros gajes, a una minoría escogida de obreros calificados, a la llamada aristocracia obrera. De este reducido sector obrero salían muchos de los dirigentes de los sindicatos y de las cooperativas, muchos de los diputados y concejales, muchos de los redactores de la prensa y de los funcionarios de las organizaciones socialdemócratas. Al estallar la guerra, estos individuos, temerosos de perder su posición privilegiada, se hicieron enemigos de la revolución, convirtiéndose en los defensores más rabiosos de su burguesía y de sus gobiernos imperialistas.

De oportunistas se convirtieron en socialchovinistas.

Los socialchovinistas -incluyendo entre ellos los mensheviques y socialrevolucionarios rusos- predicaban la paz de clases entre los obreros y la burguesía dentro del país y la guerra con otros pueblos en el exterior. Engañaban a las masas acerca de los verdaderos responsables de la guerra, haciéndoles creer que la burguesía de su propio país estaba libre de toda culpa. Muchos socialchovinistas pasaron a ser ministros de los gobiernos imperialistas de sus países.

No menos peligrosa para la causa del proletariado era la posición de los socialchovinistas encubiertos, de los llamados centristas. Los centristas -Kautski, Trotski, Martov y otros- defendían y justificaban a los socialchovinistas declarados y, por tanto, traicionaban, en unión de éstos, al proletariado, encubriendo su traición con frases "izquierdistas" acerca de la lucha contra la guerra, frases dirigidas a engañar a la clase obrera. De hecho, los centristas apoyaban la guerra, pues no a otro cosa equivalía su propuesta de no votar contra los créditos de guerra, limitándose a abstenerse de esta votación. También ellos, ni más ni menos que los socialchovinistas, exigían que se renunciase a la lucha de clases mientras durase la guerra, para no estorbar a sus gobiernos imperialistas llevar la guerra. Ante los problemas más importantes de la guerra y del socialismo, el centrista Trotski se manifestaba siempre contra Lenin, contra el Partido bolshevique.

Desde los primeros días de la guerra, Lenin comenzó a agrupar fuerzas para crear una nueva Internacional, la Tercera Internacional. La tarea de fundar la Tercera Internacional para sustituir a la Segunda que había dado en quiebra tan bochornosamente, aparece ya en el manifiesto lanzado contra la guerra, en noviembre de 1914, por el Comité Central del Partido bolshevique.

En febrero de 1915 se celebró en Londres una conferencia de socialistas de los países de la Entente, en la cual intervino, por encargo de Lenin, el camarada Litvinov. Este exigió que los socialistas (Vandervelde, Sembat, Guesde) saliesen de sus gobiernos burgueses de Bélgica y Francia y rompiesen totalmente con los imperialistas, abandonando la colaboración con ellos. Y exigió que los socialistas mantuviesen una lucha resuelta contra sus propios gobiernos imperialistas y condenasen a cuantos votasen a favor de los créditos de guerra. Pero la voz de Litvinov no encontró el menor eco en este conferencia.

A comienzos de septiembre de 1915 se reunió en Zimmerwald la primera Conferencia de los internacionalistas. Lenin decía que esta Conferencia había sido el "primer paso" en el desarrollo del movimiento internacional contra la guerra. Lenin formó en ella el grupo de la izquierda de Zimmerwald. Pero el único que, dentro de la izquierda zimmerwaldiana, mantuvo una posición certera y consecuente desde el principio hasta el fin contra la guerra fue el Partido bolshevique, con Lenin a la cabeza. La izquierda zimmerwaldiana editaba en alemán un periódico titulado "Vorbote" ("El Precursor"), donde se publicaron varios artículos de Lenin.

En 1916 se consiguió reunir en el pueblecillo suizo de Kienthal la segunda Conferencia internacionalista, que se conoce con el nombre de segunda Conferencia zimmerwaldiana. Por aquel entonces, se habían ido definiendo grupos de internacionalistas en casi todos los países y se destacaba ya con trazos acusados la escisión entre los elementos internacionalistas y los socialchovinistas. Y, sobre todo, las propias masas, bajo la influencia de la guerra y de las calamidades provocadas por ella, se iban orientando hacia la izquierda. El manifiesto de Kienthal fue el fruto de un acuerdo entre los diversos grupos que se debatieron en la Conferencia. Representaba, en comparación con el manifiesto de Zimmerwald, un paso de avance.

Pero tampoco la Conferencia de Kienthal adoptó las tesis fundamentales de la política bolshevique: transformación de la guerra imperialista en guerra civil; derrota, en la guerra, del gobierno imperialista del propio país y organización de la Tercera Internacional. No obstante, la Conferencia de Kienthal hizo posible el desgajamiento de los elementos internacionalistas, que más tarde habían de formar la Tercera Internacional, la Internacional Comunista.

Lenin criticaba los errores de los internacionalistas poco consecuentes dentro de las filas de los socialdemócratas de izquierda, tales como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, a la par que les ayudaba a adoptar una posición certera.





3.

Teoría y táctica del Partido bolshevique sobre los problemas de la guerra, de la paz y de la revolución.





Los bolsheviques no eran simples pacifistas, enamorados de la paz y que se contentasen con predicar la paz a todo trance, como la mayoría de los socialdemócratas de izquierda. Los bolsheviques eran partidarios de la lucha revolucionaria activa por la paz, hasta llegar al derrocamiento del Poder de la burguesía imperialista causante de las guerras. Los bolsheviques vinculaban la causa de la paz a la causa del triunfo de la revolución proletaria, pues entendían que el medio más seguro para acabar con la guerra y conquistar una paz justa, una paz sin anexiones ni indemnizaciones, era el derrocamiento del Poder de la burguesía imperialista.

Frente a los mensheviques y los socialrevolucionarios, que renegaban de la revolución, y frente a la consigna traidora del mantenimiento de la "paz interior", mientras durase la guerra, los bolsheviques lanzaron la consigna de "transformación de la guerra imperialista en guerra civil". Esta consigna significaba que los trabajadores, incluyendo entre ellos los obreros y los campesinos armados, vestidos con el uniforme militar, debían volver las armas contra su burguesía y derribar el Poder de ésta, si querían liberarse de la guerra y conseguir una paz justa.

Frente a la política de los mensheviques y socialrevolucionarios, de defensa de la patria burguesa, los bolsheviques defendían la política de "derrota del propio gobierno, en la guerra imperialista". Esto significaba que era necesario votar contra los créditos de guerra, crear organizaciones revolucionarias clandestinas dentro del ejército, apoyar los actos de confraternización de los soldados en los frentes y organizar acciones revolucionarias de los obreros y los campesinos contra la guerra, convirtiéndolas en una insurrección contra el gobierno imperialista de su propio país.

Los bolsheviques entendían que el mal menor que podría acarrearle al pueblo la guerra imperialista sería la derrota militar del gobierno zarista, pues esta derrota facilitaría el triunfo del pueblo sobre el zarismo y la lucha victoriosa de la clase obrera por emanciparse de la esclavitud capitalista y de las guerras imperialistas. Al sostener esto, Lenin entendía que esta política de derrota del propio gobierno imperialista debía ser seguida, no sólo por los revolucionarios rusos, sino por los partidos revolucionarios de la clase obrera en todos los países beligerantes.

Los bolsheviques no eran contrarios a toda guerra. Eran contrarios solamente a la guerra anexionista, a la guerra imperialista. Los bolsheviques entendían que hay dos clases de guerra:

a) las guerras justas, no anexionistas, de liberación, que tiene como finalidad defender al pueblo contra una agresión exterior y contra cuantos intenten esclavizarle, o liberar al pueblo de la esclavitud del capitalismo o, finalmente, emancipar a las colonias y a los países dependientes del yugo de los imperialistas; y

b) las guerras injustas, anexionistas, que tienen como finalidad la anexión y esclavización de países y pueblos extranjeros.

Los bolshevique apoyaban la primera clase de guerras. En cambio, propugnaban mantener una lucha resuelta contra las guerras de la segunda clase, llegando hasta la revolución y el derrocamiento del gobierno imperialista del propio país.

Los trabajos teóricos de Lenin durante la guerra tuvieron una importancia enorme para la clase obrera del mundo entero. En la primavera de 1916, escribió Lenin su obra titulada "El imperialismo, fase culminante del capitalismo". En este libro, Lenin pone de manifiesto que el imperialismo es la fase culminante del capitalismo, la fase en que éste se convierte de capitalismo "progresivo" en capitalismo parasitario, en descomposición; que el imperialismo es el capitalismo agonizante. Lo cual no quiere decir, naturalmente, que el capitalismo vaya a morir por sí solo, sin la revolución proletaria, que se vaya a pudrir por la raíz. Lenin ha enseñado siempre que no cabe derrotar al capitalismo sin la revolución de la clase obrera. Por eso, aun definiendo el imperialismo como el capitalismo agonizante, Lenin apunta al mismo tiempo, en esta obra, que el "imperialismo es el umbral de la revolución social del proletariado".

Lenin ponía de relieve que en la época del imperialismo, el yugo capitalista se hace cada vez más duro, que bajo las condiciones del imperialismo crece la indignación del proletariado contra los fundamentos del capitalismo y van madurando, dentro de los países capitalistas, los elementos para una explosión revolucionaria.

Lenin ponía de relieve que en la época del imperialismo se agudiza la crisis revolucionaria en los países coloniales y dependientes, y van creciendo los elementos de indignación y los elementos para la lucha de liberación contra el imperialismo.

Lenin ponía de relieve que, bajo las condiciones del imperialismo, se agudizan especialmente el desarrollo desigual y las contradicciones del capitalismo; y que la lucha por los mercados para dar salida a las mercancías y exportar los capitales, la lucha por las colonias y por las fuentes de materias primas, hace que se produzcan, inevitablemente y de un modo periódico, guerras imperialistas por un nuevo reparto del mundo.

Lenin ponía de relieve que, precisamente como consecuencia de este desarrollo desigual del capitalismo, surgen las guerras imperialistas, que debilitan las fuerzas del imperialismo y hacen posible la ruptura del frente del imperialismo por su punto más débil.

Y, partiendo de todas estas premisas, llegaba a la conclusión de que era perfectamente posible para el proletariado romper el frente imperialista por un sitio cualquiera o por varios; de que era posible el triunfo del socialismo, empezando por algunos países e incluso por un solo aisladamente; de que el triunfo simultáneo del socialismo en todos los países era imposible, dada la desigualdad del desarrollo del capitalismo en ellos; de que el socialismo empezaría a triunfar solamente en uno o en varios países y que los demás seguirían siendo algún tiempo países burgueses.

He aquí cómo formulaba Lenin esta conclusión genial, en dos artículos diferentes, escritos durante la guerra imperialista:

1) "La desigualdad de desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De donde se deduce que es posible que el socialismo empiece a triunfar solamente en algunos países capitalistas, o incluso en un solo país aisladamente. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentará contra el resto del mundo, contra el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países"... (Del artículo titulado "Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa", escrito en agosto de 1915. Lenin, t. XVIII, págs. 232-233, ed. rusa).

2) "El desarrollo del capitalismo sigue un curso extraordinariamente desigual en los diversos países. Es esto una consecuencia inevitable del régimen de producción de mercancías. De aquí la conclusión inmutable de que el socialismo no puede triunfar simultáneamente en todos los países. Empezará triunfando en uno o en varios países, y los demás seguirán siendo durante algún tiempo países burgueses o preburgueses. Esto provocará, necesariamente, no sólo rozamientos, sino incluso la tendencia abierta de la burguesía de los demás países a aplastar al proletariado triunfante del Estado socialista. En tales condiciones, la guerra sería, de nuestra parte, una guerra legítima y justa. Sería una guerra por el socialismo, por liberar a los otros pueblos de la burguesía" (Del artículo titulado "El programa de guerra de la revolución proletaria", escrito en el otoño de 1916. Lenin, t. XIX, pág. 325, ed. rusa).

Era ésta una nueva y acabada teoría de la revolución socialista, la teoría de la posibilidad del triunfo del socialismo en países aislados, de las condiciones de este triunfo y de sus perspectivas, teoría cuyas bases habían sido esbozadas por Lenin ya en 1905, en su folleto "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática".

Esta teoría descartaba de un modo radical aquel punto de vista en boga entre los marxistas en el periodo del capitalismo preimperialista que consistía en considerar imposible el triunfo del socialismo en un solo país, cualquiera que fuese, entendiendo que el socialismo triunfaría al mismo tiempo en todos los países civilizados. Lenin, basándose en los datos sobre el capitalismo imperialista expuestos en su notable libro "El imperialismo, fase culminante del capitalismo", volteó este punto de vista, como anticuado, y sentó un nuevo punto de vista teórico, según el cual el triunfo simultáneo del socialismo en todos los países era imposible, siendo en cambio, posible su triunfo en un solo país capitalista aisladamente.

La importancia incalculable de la teoría de Lenin sobre la revolución socialista no estriba solamente en haber enriquecido y desarrollado el marxismo con una nueva teoría. Su importancia consiste, además, en que da una perspectiva revolucionaria a los proletarios de los distintos países, en que desarrolla su iniciativa para lanzarse al asalto contra su propia burguesía nacional, les enseña a aprovecharse de la situación de guerra para organizar esta ofensiva y fortalece su fe en el triunfo de la revolución proletaria.

Tal era la posición teórica y táctica de los bolsheviques en cuanto a los problemas de la guerra, de la paz y de la revolución.

Tomando como base esta posición, desarrollaron su labor práctica en Rusia los bolsheviques.

A pesar de las furiosas persecuciones policíacas, los diputados bolsheviques de la Duma, Badaiev, Petrovski, Muranov, Samoilov y Shagov recorrieron, al comienzo de la guerra, una serie de organizaciones obreras, informando acerca de la actitud de los bolsheviques ante la guerra y la revolución. En noviembre de 1914, la fracción bolshevique de la Duma organizó una conferencia para enjuiciar el problema de la actitud que debía seguirse ante la guerra. Al tercer día, fue detenida la Conferencia en pleno. Los tribunales condenaron a todos los diputados bolsheviques imponiéndoles la pena de inhabilitación y deportándolos a la Siberia oriental. El gobierno zarista acusó "de alta traición" a los diputados bolsheviques de la Duma.

En este proceso, se desplegó un cuadro de las actividades de los diputados bolsheviques que podía enorgullecer al Partido. Los diputados bolsheviques se comportaron valientemente ante sus jueces, convirtiendo el proceso en una tribuna desde la cual desenmascararon la política anexionista del régimen zarista.

Muy otro fue el comportamiento de Kamenev, encartado en el mismo proceso. Llevado de su cobardía, en cuanto se vio en peligro renegó de la política del Partido bolshevique, declarando ante el Tribunal que estaba en desacuerdo con los bolsheviques en el problema de la guerra y poniendo como testigo en apoyo de sus afirmaciones al menshevique Iordanski.

Los bolsheviques realizaron una gran labor en contra de los Comités de la industria de guerra, puestos al servicio de ésta, y contra los intentos de los mensheviques de someter a los obreros a la influencia de la burguesía imperialista. La burguesía estaba vitalmente interesada en presentar ante la opinión general la guerra imperialista como una guerra de todo el pueblo. Durante la guerra, la burguesía consiguió adquirir una gran influencia en los asuntos del Estado, creándose, con las uniones de los Zemstvos y de los ayuntamientos urbanos, una organización propia, extensiva a toda Rusia. Necesitaba someter también a su dirección e influencia a los obreros. Para ello, discurrió el recurso de crear "grupos obreros" adscritos a los Comités de la industria de guerra. Los mensheviques hicieron suya esta idea de la burguesía. A ésta le convenía incorporar a dichos Comités representantes de los obreros para que se encargasen de hacer entre las masas obreras labor de agitación en torno a la necesidad de intensificar el trabajo de producción en las fábricas de obuses, cañones, fusiles, cartuchos y demás industrias que trabajaban para la guerra. "¡Todo y todos para la guerra!", tal era la consigna de la burguesía. En realidad, esta consigna significaba entonces: "¡Enriquezcámonos sin tasa con los suministros de guerra y con la anexión de territorios extranjeros!" Los mensheviques participaron activamente en esta obra pseudopatriótica emprendida por la burguesía. Ayudaban a los capitalistas, haciendo una intensa labor de agitación entre los obreros, para que éstos tomasen parte en las elecciones de los "grupos obreros" adscritos a los Comités de la industria de guerra. Los bolsheviques se manifestaron en contra de esta superchería. Preconizaron el boicot a los Comités de la industria de guerra y mantuvieron eficazmente este boicot. No obstante, una parte de los obreros participó en las actividades de aquellos Comités, bajo la dirección del conocido menshevique Gvosdiev y del confidente Abrosimov. Cuando los delegados de los obreros se reunieron en septiembre de 1915 para proceder a la elección definitiva de los "grupos obreros" de los citados comités, la mayoría de los delegados votó en contra de ellos y formuló una enérgica resolución contraria a la participación en los Comités de la industria de guerra, declarando que la tarea que los obreros tenían planteada era la de luchar por la paz y por el derrocamiento del zarismo.

Los bolsheviques desplegaron también una gran labor dentro del ejército y de la flota. Explicaban a la masas de soldados y marinos quiénes eran los culpables de los inauditos horrores de la guerra y de los sufrimientos del pueblo, y les hacían ver que el único camino que tenía el pueblo para salir de la carnicería imperialista era la revolución. Creaban células bolsheviques dentro del ejército y de la flota, en las unidades del frente y en la retaguardia y distribuían proclamas con llamamientos contra la guerra.

Los bolsheviques fundaron el "Grupo central de la organización militar de Cronstadt" que se hallaba en estrecho contacto con el Comité de Petrogrado del Partido. Adscrita al Comité de Petrogrado, se creó una organización militar para el trabajo entre la guarnición. En agosto de 1916, el jefe de la policía secreta de Petrogrado informaba que el "Grupo central de Cronstadt es una organización muy seria, de carácter conspirativo, cuyos miembros sin todas personas calladas y precavidas. Esta organización tiene también representantes en tierra".

En el frente, el Partido bolshevique hacía labor de agitación en pro de la confraternización entre los soldados de los ejércitos beligerantes, subrayando que el enemigo era la burguesía mundial y que sólo se podría poner fin a la guerra, convirtiendo la guerra imperialista en guerra civil y volviendo las armas cada cual contra su propia burguesía y el gobierno de ésta. Cada vez menudeaban más los casos de unidades que se negaban a atacar. Casos de estos diéronse ya en 1905, y, sobre todo, en 1916.

Donde los bolsheviques desplegaban una labor más intensa era en los ejércitos del frente del Norte, en la región del Báltico. A comienzos del año 1917, el general Russki, general en jefe de los ejércitos del frente Norte, informaba al Alto Mando acerca de la formidable labor revolucionaria desarrollada por los bolsheviques en aquel frente.

La guerra impuso un cambio radical gigantesco en la vida de los pueblos y en la vida de la clase obrera internacional. Ponía sobre el tapete la suerte de los Estados, la suerte de los pueblos, la suerte del movimiento socialista. Era también, por tanto, una piedra de toque, una prueba para todos los partidos y tendencias que se llamaban socialistas ¿Permanecerían estos partidos y tendencias fieles a la causa del socialismo, a la causa del internacionalismo, o preferirían traicionar a la clase obrera, tirar por los suelos su bandera y arrastrarla a los pies de su propia burguesía nacional? Tal era el problema que estaba planteado.

La guerra demostró que los partidos de la Segunda Internacional no resistieron la prueba, sino que traicionaron a la clase obrera y arriaron su bandera ante la burguesía de su propio país, ante su burguesía nacional, imperialista.

No podía ser otra la conducta de partidos como aquellos que cultivaban en su seno el oportunismo y estaban educados en la política de concesiones a los oportunistas, a los nacionalistas.

La guerra demostró que el Partido bolshevique fue el único partido que supo afrontar con honor la prueba y que permaneció fiel hasta el fin a la causa del socialismo, a la causa del internacionalismo proletario.

Y era lógico que fuese así, pues sólo un partido de nuevo tipo, sólo un partido educado en el espíritu de la lucha intransigente contra el oportunismo, sólo un partido libre de oportunismo y de nacionalismo, sólo un partido así podía salir victorioso de aquella gran prueba y permanecer fiel a la causa de la clase obrera, a la causa del socialismo y del internacionalismo.

El Partido en que se daban todas esas condiciones era el Partido bolshevique.





4.

Las tropes zaristas son derrotadas en el frente.





La guerra había entrado ya en el tercer año. Devoraba millones de vidas humanas, dejando un reguero de muertos, de heridos, de seres que perecían a consecuencia de las epidemias producidas por la guerra. La burguesía y los terratenientes se enriquecían con ella, mientras que los obreros y campesinos sufrían cada vez más miseria y más privaciones. La guerra destruía la Economía nacional de Rusia. Cerca de 14 millones de trabajadores fuertes y sanos habían sido arrebatados a la producción por el ejército. Parábanse fábricas y talleres. La siembra de los campos de cereales iba en descenso, por falta de brazos. La población y los soldados en el frente pasaban hambre y andaban desnudos y descalzos. La guerra había devorado todos los recursos del país.

El ejército zarista sufría derrota tras derrota. La artillería alemana descargaba sobre las tropas zaristas verdaderas granizadas de proyectiles, mientras en el ejército zarista escaseaban los cañones, las municiones y hasta los fusiles. A veces, había un fusil por cada tres soldados. Ya en plena guerra, se descubrió la traición del ministro de Guerra zarista, Sujomlinov, que resultó estar en relaciones con los espías alemanes. El propio ministro de Guerra se encargaba de ejecutar las instrucciones del espionaje alemán: dejar el frente desabastecido de municiones, no enviar al frente cañones ni fusiles. Algunos ministros y generales zaristas contribuían bajo cuerda a los éxitos del ejército alemán: en unión de la zarina, que estaba en relaciones con los alemanes, delataban a éstos los secretos militares. No tiene, pues, nada de extraño que, en estas condiciones, el ejército zarista fuese derrotado y obligado a batirse en retirada. Hacia el año 1916, los alemanes consiguieron ya apoderarse de Polonia y de una parte de la región del Báltico.

Todo esto despertaba el odio y la cólera contra el gobierno zarista por parte de los obreros, de los campesinos, de los soldados y de los intelectuales, y acentuaba y agudizaba el movimiento revolucionario de las masas populares contra la guerra y contra el zarismo, tanto en la retaguardia como en el frente, lo mismo en el centro que en la periferia.

El descontento comenzó a prender también en la burguesía imperialista rusa. Esta sentíase indignada ante el hecho de que se hiciesen los amos de la Corte granujas de la calaña de Rasputín, que laboraban claramente en pro de una paz separada con los alemanes. Se iba convenciendo cada vez más que el gobierno zarista era incapaz de llevar una guerra victoriosa. Temía que el zarismo, para salvar la situación recurriese a una paz separada con Alemania. En vista de esto, la burguesía rusa decidió organizar un complot palaciego para quitar de en medio al zar Nicolás II, poniendo en el trono al gran duque Miguel Romanov, que se hallaba vinculado con la burguesía. Con esto, pretendía matar dos pájaros de un tiro: en primer lugar, escalar el poder y asegurar la prosecución de la guerra imperialista, y en segundo lugar, atajar con un pequeño complot palaciego el avance de la gran revolución popular, cada vez más amenazador.

La burguesía rusa contaba, para esta empresa, con el apoyo incondicional de los gobiernos inglés y francés. Estos gobiernos veían que el zar era incapaz de proseguir la guerra y temían que terminase por firmar una paz separada con los alemanes. Si el gobierno zarista concertaba una paz separada, los gobiernos de Inglaterra y Francia perderían, con Rusia, a un aliado que, además de entretener en su frente las fuerzas del enemigo, ponía a disposición de Francia decenas de millares de soldados rusos escogidos. He aquí por qué apoyaban a la burguesía rusa en sus intentos de llevar a cabo el complot palaciego.

El zar hallábase, por tanto, aislado.

A la par que se multiplicaban los reveses en el frente, el desastre de la Economía se iba acentuando cada vez más. En los meses de enero y febrero de 1917 la catástrofe del abastecimiento de las materias primas y los combustibles llegó a su punto culminantes y a su máxima agudización. El aprovisionamiento de Petrogrado y de Moscú cesó casi en absoluto. Comenzaron a cerrarse una fábrica tras otra. El cierre de fábricas vino a acentuar el paro forzoso. La situación hacíase verdaderamente insoportable para los obreros. Masas cada vez más extensas del pueblo iban convenciéndose de que no había más que un camino para salir de aquella situación insostenible: el derrocamiento de la autocracia zarista.

El zarismo estaba atravesando claramente una crisis mortal.

La burguesía creía poder resolver la crisis por medio de un complot palaciego.

Pero fue el pueblo quien la resolvió a su manera.





5.

La Revolución de febrero.





El año 1917 comenzó con la huelga del 9 de enero. Durante esta huelga, celebráronse manifestaciones en Petrogrado, Moscú, Bakú y Nizhni-Nóvgorod; el 9 de enero abandonaron el trabajo cerca de la tercera parte de los obreros de Moscú. Una manifestación de 2.000 personas fue disuelta violentamente por la policía montada en la avenida Tverskaia. En Petrogrado, los soldados se unieron a los manifestantes, en la calzada de Viborg.

"La idea de la huelga general -informaba la policía de Petrogrado- va ganando nuevos adeptos de día en día y adquiriendo la misma popularidad que en 1905".

Los mensheviques y los socialrevolucionarios esforzábanse por encauzar el movimiento revolucionario incipiente dentro del marco conveniente para la burguesía liberal. Los mensheviques propusieron que el 14 de febrero, día de la apertura de la Duma, se organizase un desfile de obreros delante de ésta. Pero las masas obreras, marchando detrás de los bolsheviques, no desfilaron ante la Duma, sino en manifestación por las calles.

El 18 de febrero de 1917 estalló, en Petrogrado, la huelga de los obreros de la fábrica "Putilov". El 22 de febrero pusiéronse en huelga los obreros de la mayoría de las grandes fábricas. El 23 de febrero (8 de marzo), Jornada Internacional de la Mujer, las obreras, respondiendo al llamamiento del Comité bolshevique de Petrogrado, lanzáronse a la calle en manifestación contra el hambre, contra la guerra y contra el zarismo. En Petrogrado, esta manifestación de las obreras fue apoyada con una acción huelguística general de los obreros. La huelga política comenzaba a convertirse en una manifestación política general contra el régimen zarista.

El 24 de febrero (9 de marzo), la manifestación se renovó con nuevos bríos. La huelga afectaba ya a cerca de 200.000 obreros.

El 25 de febrero (10 de marzo), el movimiento revolucionario se extendió a todo el Petrogrado obrero. Las huelgas políticas por distrito convirtiéronse en una huelga política general en toda la ciudad. Por todas partes surgían manifestaciones y choques con la policía. Sobre las masas obreras campeaban carteles rojos con estas consignas: "¡Abajo el zar!", "¡Abajo la guerra!", "¡Pan!".

En la mañana del 26 de febrero (11 de marzo), la huelga política y la manifestación comenzaron a convertirse en intentos de insurrección. Los obreros desarmaban a la policía y a los gendarmes para armarse ellos. Pero el choque armado con la policía terminó con una matanza de manifestantes en la plaza Snamenskaia.

El general Jabalov, jefe de la región militar de Petrogrado, ordenó que los obreros se reintegrasen al trabajo el 28 de febrero (13 de maezo), conminando con enviar al frente a los que no acatasen esta orden. El 25 de febrero (10 de marzo), el zar cursa al general Jabalov esta orden imperativa: "Exijo que mañana se ponga fin a los desórdenes en la capital".

Pero ya no era posible "poner fin" a la revolución.

El 26 de febrero (11 de marzo), la cuarta compañía del batallón de reserva del regimiento de Pavlovsk rompió el fuego, pero no contra los obreros, sino contra los destacamentos de guardias montados que habían comenzado a disparar contra los obreros. La lucha por ganarse a las tropas revestía el carácter más enérgico y tenaz, sobre todo por parte de las mujeres obreras, que se mezclaban entre los soldados, confraternizaban con ellos y les incitaban a ayudar al pueblo a derribar la autocracia zarista, tan odiada por él.

La dirección del trabajo práctico del Partido bolshevique corría, por aquellos días, a cargo del Buró del Comité Central del Partido, residente en Petrogrado, al frente del cual estaba el camarada Molotov. El 26 de febrero (11 de marzo), el Buró del C.C. lanzó un manifiesto llamando a las masas a proseguir la lucha armada contra el zarismo y a constituir un Gobierno provisional revolucionario.

El 27 de febrero (12 de marzo), las tropas de Petrogrado se negaron a disparar contra los obreros y comenzaron a pasarse al pueblo levantado en armas. En la mañana del 27 de febrero, los soldados sublevados no pasaban de 10.000; aquel mismo día por la noche, ascendían ya a 60.000.

Los obreros y soldados levantados en armas empezaron a detener a los ministros y generales zaristas y a sacar de las cárceles a los revolucionarios. Los presos políticos, puestos en libertad, se unían a la lucha revolucionaria.

En las calles había todavía tiroteo entre el pueblo y los guardias y gendarmes que habían emplazado sus ametralladoras en los tajados de las casas. Pero el rápido paso de las tropas al lado de los obreros decidió la suerte de la autocracia zarista.

Cuando la noticia del triunfo de la revolución en Petrogrado llegó a otras ciudades y al frente, los obreros y los soldados comenzaron a derribar por todas partes a los representantes de la autoridad zarista.

La revolución democráticoburguesa de Febrero había triunfado.

La revolución triunfó, porque se puso al frente de ella la clase obrera, acaudillando el movimiento de masas de millones de campesinos vestidos de uniforme militar "por la paz, por el pan y por la libertad". La hegemonía del proletariado fue lo que aseguró el triunfo de la revolución.

"La revolución ha sido obra del proletariado, que ha dado pruebas de heroísmo, ha derramado su sangre y ha arrastrado con él a las más extensas masas de los trabajadores y de la población más pobre...", escribía Lenin en los primeros días de la revolución (Lenin, t. XX, págs. 23-24, ed. rusa).

La primera revolución, la revolución de 1905, había preparado el terreno para el rápido triunfo de la segunda revolución, de la revolución de 1917.

"Sin los tres años de formidables combates de clases y de energía revolucionaria desplegada por el proletariado ruso de 1905 a 1907, hubiera sido imposible una segunda revolución tan rápida, que ha cubierto su etapa inicial en unos cuantos días", indicaba Lenin (Obra citada, pág. 13).

En los primeros días de la revolución, aparecieron ya los Soviets. La revolución triunfante apoyábase en los Soviets de diputados obreros y soldados. Los obreros y soldados levantados en armas crearon sus Soviets respectivos. La revolución de 1905 había revelado que los Soviets son los órganos de la insurrección armada y, al mismo tiempo, el germen del nuevo Poder, del Poder revolucionario. La idea de los Soviets vivía en la conciencia de las masas obreras y la pusieron en práctica al día siguiente de ser derribado el zarismo, aunque con la diferencia de que, mientras los Soviets creados en 1905 eran solamente Soviets de diputados obreros, los que se crearon en febrero de 1917 eran, por iniciativa de los bolsheviques, Soviets de diputados obreros y soldados.

Mientras los bolsheviques se ponían al frente de la lucha directa de las masas en las calles, los partidos oportunistas, mensheviques y socialrevolucionarios, preocupábanse de obtener puestos de diputados en los Soviets, alcanzando en ellos una mayoría propia. A este resultado contribuyó, en parte, el hecho de que la mayoría de los dirigentes bolsheviques se hallaban en la cárcel o en la deportación (Lenin se encontraba en la emigración, y Stalin y Sverdlov estaban deportados en Siberia), mientras los mensheviques y socialrevolucionarios se paseaban libremente por las calles de Petrogrado. Así se explica que los representantes de los Partidos oportunistas, los mensheviques y los socialrevolucionarios, se adueñasen de la dirección en el Soviet de Petrogrado y en su Comité Ejecutivo. Y otro tanto aconteció en Moscú y en otra serie de ciudades. Solamente en Ivánovo-Vosnesensk, Krasnoyarsk y algunos otros puntos lograros los bolsheviques tener la mayoría en los Soviets desde el primer momento.

El pueblo armado, los obreros y soldados, al enviar sus representantes al Soviet, veían en él el órgano del Poder popular. Entendían y creían que el Soviet de diputados obreros y soldados daría satisfacción a todos los anhelos del pueblo revolucionario y que su primer acto sería concertar la paz.

Pero el exceso de confianza de los obreros y soldados les jugó una mala pasada. Los socialrevolucionarios y mensheviques no pensaban ni remotamente en poner fin a la guerra, en conquistar la paz. Su propósito era aprovecharse de la revolución para proseguir la guerra. En cuanto a la revolución y a las reivindicaciones revolucionarias del pueblo, los socialrevolucionarios y los mensheviques entendían que la revolución ya estaba terminada y que el problema que ahora se planteaba era consolidarla y entrar en los cauces de la vida "normal", de la vida constitucional, del brazo de la burguesía. Así, la dirección socialrevolucionaria-menshevique del Soviet de Petrogrado tomó todas las medidas que estaban en sus manos para ahogar el problema de la terminación de la guerra, el problema de la paz, y entregar el Poder a la burguesía.

El 27 de febrero (12 de marzo) de 1917, los diputados liberales de la Duma, confabulados entre bastidores con los líderes socialrevolucionarios y mensheviques, formaron el Comité provisional de la Duma, poniendo al frente de él al presidente de la cuarta Duma, al terrateniente monárquico Rodzianko. Algunos días después de esto, el Comité Provisional de la Duma y los líderes socialrevolucionarios y mensheviques del Comité Ejecutivo del Soviet de diputados obreros y soldados, a espaldas de los bolsheviques, se pusieron de acuerdo sobre la formación de un nuevo gobierno en Rusia: el Gobierno provisional burgués, presidido por el príncipe Lvov, a quien el zar Nicolás II, ya antes de la revolución de Febrero, tenía en cartera como primer ministro para su gabinete. Entraron a formar parte del Gobierno provisional, el jefe de los kadetes, Miliukov, el jefe de los octubristas, Guchkov, y otros destacados representantes de la clase capitalista; en calidad de representante de la "democracia", fue incorporado al gobierno el socialrevolucionario Kerenski.

De este modo, los líderes socialrevolucionarios y mensheviques de Comité Ejecutivo de Soviet entregaron el Poder a la burguesía; informando de ellos después de producirse el hecho, el Soviet de diputados obreros y soldados refrendó por mayoría de votos la conducta de aquellos líderes, a pesar de las protestas de los bolsheviques.

Y así se formó en Rusia un nuevo Poder estatal, compuesto -como decía Lenin- por representantes de "la burguesía y de los terratenientes aburguesados".

Pero, al lado del gobierno burgués, existía otro Poder: el Soviet de diputados obreros y soldados. Los diputados soldados del Soviet eran, fundamentalmente, campesinos movilizados para la guerra. El Soviet de diputados obreros y soldados era el órgano de la alianza de los obreros y campesinos contra el Poder zarista y, al mismo tiempo, el órgano de su Poder, el órgano de la dictadura de la clase obrera y de los campesinos.

Se estableció, pues, un original entrelazamiento entre dos poderes, entre dos dictaduras: la dictadura de la burguesía, encarnada en el Gobierno provisional, y la dictadura del proletariado y de los campesinos, representada por el Soviet de diputados obreros y soldados.

Se estableció una dualidad de poderes.

¿Cómo se explica que en los Soviets tuviesen mayoría, la principio, los mensheviques y socialrevolucionarios?

¿Cómo se explica que los obreros y campesinos triunfantes entregasen voluntariamente el Poder a los representantes de la burguesía?

Lenin explicaba esto por los millones de hombres inexpertos en política que habían despertado con ansias de participar en la vida política. Eran, en gran parte, pequeños propietarios, campesinos, obreros que hasta hacía poco trabajaban en el campo, hombres que ocupaban un lugar intermedio entre la burguesía y el proletariado. Rusia era, por aquel entonces, el más pequeñoburgués de todos los grandes países europeos. En este país, "la gigantesca ola pequeñoburguesa lo inundaba todo, ahogaba al proletariado consciente, no sólo por su volumen, sino también ideológicamente: es decir, contagiaba, infestaba a sectores extensísimos de obreros con sus ideas políticas pequeñoburguesas" (Lenin, t. XX, pág. 115, ed. rusa).

Esta ola de elementos pequeñoburgueses fue también la que sacó a la superficie a los partidos pequeñoburgueses mensheviques y socialrevolucionarios.

Otra causa que Lenin señalaba, era el cambio operado durante la guerra en cuanto a los elementos que componían el proletariado, y el insuficiente nivel de conciencia y de organización del proletariado en los primeros momentos de la revolución. Durante la guerra, habíanse operado cambios considerables en la composición del proletariado. Cerca de un 40 por 100 de los cuadros obreros habían sido movilizados militarmente. Con el fin de sustraerse a la movilización, se metieron en las fábricas, en los años de guerra, muchos pequeños propietarios, artesanos y tenderos, ajenos a la psicología proletaria.

Estos sectores obreros de tipo pequeñoburgués eran un terreno abonado para el cultivo de los políticos pequeñoburgueses, mensheviques y socialrevolucionarios.

He aquí por qué las grandes masas del pueblo, inexpertas en política, inundadas por la oleada de los elementos pequeñoburgueses y emborrachadas por los primeros éxitos de la revolución, marcharon durante los primeros meses de ésta a la zaga de los partidos oportunistas y se prestaron a ceder a la burguesía el Poder estatal, creyendo ingenuamente que el Poder burgués no había de estorbar la labor de los Soviets.

Esto planteaba al Partido bolshevique la tarea de hacer ver a las masas, por medio de una paciente labor de esclarecimiento, el carácter imperialista del Gobierno provisional, la tarea de poner al desnudo la traición de los socialrevolucionarios y mensheviques, haciendo comprender a las masas que no era posible lograr la paz, sin substituir el Gobierno provisional por el Gobierno de los Soviets.

Y el Partido bolshevique tomó en sus manos esta empresa con toda energía.

El Partido reanudó la publicación de sus órganos legales de prensa. Cinco días después de la revolución de Febrero, ya comenzó a publicarse en Petrogrado la "Pravda" y, algunos días más tarde, apareció en Moscú "El Socialdemócrata". Empezó a actuar a la cabeza de las masas que iban sobreponiéndose a la confianza en la burguesía liberal, en los mensheviques y socialrevolucionarios. Explicó pacientemente a los soldados y a los campesinos la necesidad de que actuasen juntamente con la clase obrera. Les hizo ver que los campesinos no obtendrían la paz ni la tierra, si la revolución no seguía avanzando, si el Gobierno provisional de la burguesía no era sustituido por el Gobierno de los Soviets.





RESUMEN





La guerra imperialista estalló como consecuencia de la desigualdad de desarrollo de los países capitalistas, como consecuencia de la ruptura del equilibrio entre las principales potencias, como consecuencia de la necesidad en que se veían los imperialistas de proceder a un nuevo reparto del mundo por medio de la guerra y de crear un nuevo equilibrio de fuerzas.

La guerra no habría adquirido un carácter tan desastroso, y hasta es probable que no hubiera llegado a tomar tales proporciones, si los partidos de la Segunda Internacional no hubiesen traicionado la causa de la clase obrera, si no hubiesen infringido los acuerdos de los congresos de la Segunda Internacional contra la guerra, si se hubiesen decidido a proceder activamente y poner en pie a la clase obrera contra sus propios gobiernos imperialistas, contra los incendiarios de la guerra.

El Partido bolshevique fue el único partido proletario que se mantuvo fiel a la causa del socialismo y del internacionalismo, organizando la guerra civil contra su propio gobierno imperialista. Todos los demás partidos de la Segunda Internacional, vinculados con la burguesía a través de su grupo dirigente, resultaron estar entregados de pies y manos al imperialismo, desertaron al campo de los imperialistas.

La guerra, reflejo de la crisis general del capitalismo, agudizó esta crisis y debilitó al capitalismo mundial. Los obreros de Rusia y el Partido bolshevique fueron los primeros del mundo que supieron aprovechar eficazmente la debilidad del capitalismo para romper el frente imperialista, derribar al zar y crear los Soviets de diputados obreros y soldados.

Las grandes masas de la pequeña burguesía, de los soldados e incluso de los obreros, embriagadas por los primeros éxitos de la revolución y confiadas en las seguridades que les deban los mensheviques y socialrevolucionarios de que en adelante todo marcharía bien, se dejaron llevar de la confianza en el Gobierno provisional, apoyaron a éste.

Ante el Partido bolshevique se planteaba la tarea de explicar a las masas de obreros y soldados, embriagadas por los primero éxitos, que aun había un largo trecho que recorrer hasta el triunfo total de la revolución, que mientras el Poder se hallase en manos de los Gobierno provisional de la burguesía y mandasen en los Soviets los oportunistas, los mensheviques y socialrevolucionarios, el pueblo no obtendría la paz, ni la tierra ni el pan; que, para que la victoria fuese completa, era necesario dar un paso más hacia adelante y entregar el Poder a los Soviets.





Abril 1917-1918

EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERIODO DE

PREPARACIÓN Y REALIZACIÓN DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

DE OCTUBRE

1.

Situación del país después de la Revolución de Febrero.





Los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional confirmaban día tras día la justeza de la línea bolshevique. Todos los hechos indicaban que el Gobierno provisional no estaba con el pueblo, sino en contra de él, no defendía la paz, sino la guerra, no quería ni podía dar al país la paz, ni la tierra, ni el pan. La labor de esclarecimiento de los bolsheviques encontraba un terreno favorable.

Mientras los obreros y los soldados derribaban al gobierno zarista y destruían las raíces de la monarquía, el Gobierno provisional se inclinaba claramente hacia la conservación del régimen monárquico. El 2 de marzo envió subrepticiamente a Guchkov y Shulguin a entrevistarse con el zar. La burguesía quería entregar el Poder al gran duque Miguel, hermano de Nicolás Romanov. Pero cuando, en un mitin de ferroviarios, Guchkov terminó su discurso con el grito de "¡Viva el emperador!", los obreros exigieron que el orador fuese inmediatamente detenido y cacheado, y exclamaron indignados: "¡Tan bueno es Juan como Diego!".

Era evidente que los obreros no estaban dispuestos a consentir la restauración de la monarquía.

Mientras los obreros y los campesinos, llevando a cabo la revolución y derramando su sangre, esperaban que se pusiese fin a la guerra, luchaban por el pan y la tierra y reclamaban medidas resueltas en la lucha contra el desastre económico, el Gobierno provisional permanecía sordo a estas reivindicaciones vitales del pueblo. Aquel Gobierno, formado por los más caracterizados representantes de los capitalistas y terratenientes, no pensaba siquiera en satisfacer las exigencias de los campesinos, entregándoles la tierra. Ni podía tampoco dar pan a los trabajadores, ya que para esto hubiera tenido que lesionar los intereses de los grandes comerciantes en cereales y arrebatar el trigo por todos los medios a los terratenientes y a los kulaks, cosa que no se decidía a hacer un gobierno como aquél, vinculado con los intereses de estas clases. Tampoco podía dar al pueblo la paz. El gobierno provisional, enlazado a los imperialistas anglofranceses, no solamente no pensaba en poner fin a la guerra, sino que, lejos de ello, intentaban valerse de la revolución para intensificar todavía más la participación de Rusia en la guerra imperialista y para dar satisfacción a sus ambiciones imperialistas sobre la conquista de Constantinopla y de los Dardanelos y sobre la anexión de Galitzia.

Era evidente que pronto terminaría la actitud de confianza de las masas del pueblo en la política del Gobierno provisional.

Veíase claramente que la dualidad de poderes, que se había creado después de la revolución de Febrero, no podría sostenerse ya por mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos exigía que el Poder se concentrase en uno de los dos sitios: o en el regazo del Gobierno provisional o en manos de los Soviets.

Es cierto que la política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios encontraba aún apoyo en las masas del pueblo. Todavía eran muchos los obreros, y más aún los soldados y campesinos, que confiaban en que "pronto vendría la Asamblea Constituyente a arreglarlo todo como era debido", que creían que la guerra no se hacía por obtener conquistas, sino porque era necesaria para la defensa del Estado. A estos era a los que Lenin llamaba defensistas honradamente equivocados. Esta gente consideraba todavía acertada la política de promesas y exhortaciones de los socialrevolucionarios y mensheviques. Pero era indudable que las promesas y las exhortaciones no seguirían surtiendo efecto durante mucho tiempo, pues la marcha de los acontecimientos y la conducta del Gobierno provisional descubrían y ponían de manifiesto día tras día que la política oportunista de los socialrevolucionarios y mensheviques no hacía otra cosa que postergar la acción y engañar a la gente confiada.

El Gobierno provisional no siempre se limitaba a seguir una política de lucha solapada contra el movimiento revolucionario de las masas, una política de manejos subrepticios contra la revolución. De vez en cuando, intentaba pasar a la ofensiva franca y abierta contra las libertades democráticas, intentaba "restablecer la disciplina", principalmente entre los soldados, intentaba "imponer el orden", es decir, hacer entrar a la revolución dentro del marco conveniente para la burguesía. Pero, por mucho que se esforzase en lograr esto, no lo conseguía, y las masas populares ponían en práctica celosamente las libertades democráticas: la liberad de palabra, de prensa, de reunión, de asociación y de manifestación. Los obreros y los soldados se esforzaban en utilizar plenamente los primeros derechos democráticos conquistados por ellos, para participar de un modo activo en la vida política del país, con objeto de poder comprender y esclarecer la situación creada y decidir acerca de su actuación ulterior.

Después de la revolución de Febrero, las organizaciones del Partido bolshevique, que bajo las duras condiciones del zarismo habían trabajado ilegalmente, salieron de la clandestinidad y comenzaron a desarrollar abiertamente su labor política y de organización. Por aquel entonces, la cifra de afiliados al Partido bolshevique era de 40 a 45.000. Pero eran cuadros templados en la lucha. Los comités del Partido fueron reorganizados sobre la base del centralismo democrático y se estableció el principio de designar por elección de abajo arriba todos los órganos del Partido.

El paso del Partido a la legalidad puso de manifiesto las discrepancias existentes en su seno. Kamenev y algunos militantes de la organización de Moscú, como, por ejemplo. Rykov, Bubnov y Noguin, abrazaron la posición semimenshevique de apoyo condicionado al Gobierno provisional y a la política de los defensistas. Stalin, que acababa de regresar del destierro, Molotov y otros, en unión de la mayoría del Partido, defendieron la política de desconfianza en el Gobierno provisional, se manifestaron en contra del defensismo y preconizaron la lucha activa por la paz y contra la guerra imperialista. Una parte de los militantes del Partido vacilaba, reflejando con ello su atraso político, resultado de su larga estada en la cárcel o en el destierro.

Se notaba la ausencia del jefe del Partido, de Lenin.

El 3 (16) de abril de 1917, después de una larga expatriación, Lenin regresó a Rusia.

La llegada de Lenin tuvo una importancia enorme para el Partido y para la revolución.

Hallándose aún en Suiza, apenas recibió las primeras noticias de la revolución, Lenin escribió al Partido y a la clase obrera de Rusia, en sus "Cartas desde lejos":

"¡Obreros! Habéis hecho prodigios de heroísmo proletario y popular, en la guerra civil contra el zarismo. Tendréis que hacer prodigios de organización del proletariado y de todo el pueblo para preparar vuestro triunfo en la segunda etapa de la revolución" (Lenin, t. XX, pág. 19, ed. rusa).

Lenin llegó a Petrogrado el 3 de abril por la noche. En la estación de Finlandia y en la plaza que da acceso a ella, se congregaron para recibirle miles de obreros, de soldados y de marinos. Un entusiasmo indescriptible se apoderó de las masas, cuando Lenin bajó del tren. El jefe de la revolución fue cogido y llevado en volandas hasta la gran sala de espera, donde aguardaban los mensheviques Chjeidse y Skobelev para dirigirle un saludo de "bienvenida" en nombre del Soviet de Petrogrado, saludo en el que "expresaban la esperanza" de que Lenin "marcharía de acuerdo" con ellos. Pero Lenin, sin escucharles, pasó de largo, dirigiéndose a la masa de los obreros y soldados, y, subido a un carro blindado, pronunció su famoso discurso, en el que llamaba a las masas a luchar por el triunfo de la Revolución Socialista. "¡Viva la Revolución Socialista!", fueron las palabras con que Lenin puso fin a este discurso, el primero que pronunciaba, después de largos años de destierro.

A su llegada a Rusia, Lenin se entregó con toda energía al trabajo revolucionario. Al día siguiente de su llegada, pronunció en una reunión del Partido bolshevique un informe sobre la guerra y la revolución, volviendo luego a exponer las tesis de este informe en una asamblea a la que asistieron, además de los miembros del Partido, los mensheviques.

Tales fueron las célebres "Tesis de Abril" de Lenin, que trazaron al Partido y al proletariado la línea revolucionaria clara del paso de la revolución burguesa a la revolución socialista.

Las Tesis de Lenin tuvieron una importancia enorme para la revolución y para el trabajo ulterior del Partido. La revolución significaba un viraje grandioso en la vida del país, y el Partido, en las nuevas condiciones de lucha planteadas después del derrocamiento del zarismo, necesitaba una nueva orientación para marchar con paso audaz y seguro por el nuevo camino. Esta orientación fue dada al Partido por las Tesis de Lenin.

Las Tesis de Abril de Lenin trazaban un plan genial de lucha del Partido para el paso de la primera a la segunda etapa de la revolución, para el paso de la revolución dmocráticoburguesa a la revolución socialista. Toda la historia anterior del Partido le preparaba para esta misión grandiosa. Ya en 1905, en su folleto titulado "Las dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática", decía Lenin que, después de derrotar al zarismo, el proletariado pasaría a la realización de la revolución socialista. Lo que las Tesis contenían de nuevo era la fundamentación teórica, el plan concreto para abordar el paso a la revolución socialista.

En el terreno económico, las medidas de transición podían resumirse así: nacionalización de toda la tierra del país, mediante la confiscación de las tierras de los terratenientes; fusión de todos los bancos en un solo Banco Nacional, sometido al control del Soviet de diputados obreros; implantación del control sobre la producción social y el reparto de los productos.

En el terreno político, Lenin preconizaba el paso de la República parlamentaria a la República de los Soviets. Esto significaba un importante avance en el terreno de la teoría y la práctica del marxismo. Hasta entonces, los teóricos marxistas venían considerando la República parlamentaria como la mejor forma política de transición hacia el socialismo. Ahora, Lenin preconizaba la sustitución de la República parlamentaria por la República de los Soviets, como la forma más adecuada de organización política de la sociedad en el periodo de transición del capitalismo al socialismo.

"La peculiaridad del momento actual en Rusia -decían las Tesis- consiste en el paso de la primera etapa de la revolución, que ha dado el Poder a la burguesía por carecer el proletariado del grado necesario de conciencia y de organización, a su segunda etapa, que pondrá el Poder en manos del proletariado y de los campesinos más pobres" (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).

Y un poco más adelante:

"No una República parlamentaria -volver a ello desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás-, sino una República de los Soviets de diputados obreros, campesinos y jornaleros del campo, en todo el país, de abajo arriba" (Obra citada, pág. 88).

La guerra, decía Lenin, sigue siendo una guerra de rapiña, una guerra imperialista, aun bajo el nuevo gobierno, bajo el Gobierno provisional. Y es misión del Partido explicar esto a las masas y hacerles comprender que, sin derrocar la burguesía, es imposible poner fin a la guerra, no con una paz impuesta por la fuerza, sino con una paz verdaderamente democrática.

En relación con el Gobierno provisional, Lenin lanzó esta consigna: "¡Ni el menor apoyo al Gobierno provisional!".

En sus Tesis, Lenin señalaba además que, por el momento el Partido bolshevique estaba en minoría dentro de los Soviets y que en éstos predominaba el bloque menshevique-socialrevolucionario, que servía de vehículo a la influencia de la burguesía sobre el proletariado. Por tanto, la misión del Partido consistía en:

"Explicar a las masas que el Soviet de diputados obreros es la única forma posible de gobierno revolucionario, por cuya razón, mientras este gobierno se someta a la influencia de la burguesía, nuestra misión sólo puede consistir en explicar los errores de su táctica de un modo paciente, sistemático, tenaz y adaptándose especialmente a las necesidades prácticas de las masas. Mientras estemos en minoría, desarrollaremos una labor de crítica y esclarecimiento de los errores, manteniendo, al mismo tiempo, la necesidad de que todo el Poder del Estado pase a los Soviets de diputados obreros..." (Lenin, t. XX, pág. 88, ed. rusa).

Esto quiere decir que Lenin no incitaba a la insurrección contra el Gobierno provisional, sostenido en aquel momento por la confianza de los Soviets, que no exigía su derrocamiento, sino que aspiraba, por medio de una labor de esclarecimiento y de reclutamiento, a conquistar la mayoría dentro de los Soviets, a cambiar la política de éstos y, a través de ellos, la composición y la política del Gobierno.

El punto de vista que aquí se adoptaba era el del desarrollo pacífico de la revolución.

Lenin exigía, además, que el Partido se quitase la "ropa sucia", que dejase de llamarse Partido socialdemócrata. Socialdemócratas se llamaban también los partidos de los Segunda Internacional y los mensheviques rusos. Era un nombre manchado, deshonrado por los oportunistas, por los traidores al socialismo. Lenin proponía que el Partido bolshevique adoptase el nombre de Partido Comunista, que era como llamaban a su partido Marx y Engels. Esta denominación es científicamente exacta, puesto que la meta final del Partido bolshevique es la consecución del comunismo. La Humanidad, al salir del capitalismo, sólo puede pasar directamente al socialismo, es decir, al régimen de propiedad colectiva de los medios de producción y de distribución de los productos en proporción al trabajo de cada cual. Pero nuestro Partido, decía Lenin, ve más allá. El socialismo deberá inevitablemente irse convirtiendo poco a poco en el comunismo, cuya divisa es: "De cada cual con arreglo a su capacidad, a cada cual con arreglo a sus necesidades".

Finalmente, Lenin en sus Tesis de Abril exigía la fundación de la nueva Internacional, de la Tercera Internacional o Internacional Comunista, libre de las taras del oportunismo y del socialchovinismo.

Las Tesis de Lenin levantaron un griterío rabioso entre la burguesía, los mensheviques y los socialrevolucionarios.

Los mensheviques dirigieron un llamamiento a los obreros, poniéndoles en guardia con el grito de que "la revolución estaba en peligro". Para los mensheviques, el peligro consistía en que los bolsheviques lanzasen la reivindicación del paso del Poder a los Soviets de diputados obreros y soldados.

Plejanov publicó en su periódico titulado "Edinstvo" ("Unidad") un artículo en el que calificaba el discurso de Lenin como "el discurso de un hombre que deliraba". Y remitíase a las palabras del menshevique Chjeidse, quien había declarado: "Lenin quedará solo al margen de la revolución, pero nosotros seguiremos nuestro camino".

El 14 de abril, se celebró la Conferencia bolshevique de la ciudad de Petrogrado. En esta Conferencia, fueron ratificadas las Tesis de Lenin, que sirvieron de base para sus deliberaciones.

Poco después, las organizaciones locales del Partido ratificaron también las Tesis de Lenin.

Todo el Partido, con excepción de algunos individuos aislados del tipo de Kamenev, Rykov y Piatakov, aprobó las Tesis de Lenin con extraordinario entusiasmo.





2.

Comienza la crisis del Gobierno provisional.





Mientras los bolsheviques se preparaban para el desarrollo ulterior de la revolución, el Gobierno provisional proseguía sus manejos contra el pueblo. El 18 de abril, el ministro de Relacionas Exteriores del Gobierno provisional, Miliukov, declaró a los aliados que "todo el pueblo aspiraba a proseguir la guerra mundial hasta conseguir un triunfo decisivo" y les aseguraba que era "intención del Gobierno provisional cumplir escrupulosamente los deberes asumidos para con nuestros aliados".

Es decir, que el Gobierno provisional juraba lealtad a los tratados zaristas y prometía seguir derramando cuanta sangre del pueblo fuese necesaria para que los imperialistas consiguiesen su "victoria final".

El 19 de abril llegó a conocimiento de los obreros y soldados esta declaración (la "nota Miliukov"). El 20 de abril, el Comité Central del Partido bolshevique invitó a las masas a protestar contra la política imperialista del Gobierno provisional. El 20 y el 21 de abril (3 y 4 de mayo) de 1917, salieron a la calle en manifestación masas de obreros y soldados, en número que no bajaría de 100.000 hombres, movidas por un sentimiento de indignación contra la "nota Miliukov". En los carteles leíanse estas consignas: "¡Que se publiquen los tratados secretos!", "¡Abajo la guerra!", "¡Todo el Poder a los Soviets!". Los obreros y los soldados marcharon desde los suburbios hasta el centro de la ciudad, en dirección a la residencia del Gobierno provisional. En la avenida Nevski y en otros puntos se produjeron choques con algunos grupos sueltos de burgueses.

Los contrarrevolucionarios más descarados, como el general Kornilov, declaraban que debía disolverse a tiros la manifestación, y llegaron incluso a dar las órdenes pertinentes. Pero las tropas, a quienes cursaron estas órdenes se negaron a ejecutarlas.

Un pequeño grupo de miembros del Comité del Partido en Petrogrado (Bagdatiev y otros) lanzó durante esta manifestación la consigna del derrocamiento inmediato del Gobierno provisional. El C.C. del Partido bolshevique condenó severamente la conducta de estos aventureros de "izquierda", reputando aquella consigna como extemporánea y falsa, como una consigna que impedía al Partido ganar la mayoría dentro de los Soviets y que se hallaba en contradicción con el punto de vista del desarrollo pacífico de la revolución, adoptado por el Partido.

Los acontecimientos del 20 y 21 de abril marcaron el comienzo de la crisis del Gobierno provisional.

Era la primera grieta importante que se abría en la política oportunista de los mensheviques y socialrevolucionarios.

El 2 de mayo de 1917, Miliukov y Guchkov fueron separados del Gobierno provisional bajo la presión de las masas.

Se constituyó el primer Gobierno provisional de coalición, en el que entraron, al lado de los representantes de la burguesía, los mensheviques (Skobelev y Tsereteli) y los socialrevolucionarios (Chernov, Kerenski y otros).

Por donde los mensheviques, que en 1905 no admitían que los representantes de la socialdemocracia participasen en un Gobierno provisional revolucionario, reputaban ahora admisible dar sus representantes a un Gobierno provisional contrarrevolucionario.

Con esto, los mensheviques y los socialrevolucionarios se pasaban al campo de la burguesía contrarrevolucionaria.

El 24 de abril de 1917 inauguró sus tareas la VII Conferencia (Conferencia de Abril) del Partido bolshevique. Por primera vez, desde que existía el Partido, se reunía abiertamente una conferencia bolshevique, que, por su importancia, ocupa en la historia del Partido el mismo lugar que un congreso.

La Conferencia de Abril, en la que estaban representados los bolsheviques de toda Rusia, reveló el desarrollo impetuoso del Partido. Asistieron a ella 133 delegados con voz y voto y 18 con voz pero sin voto, representando en total a 80.000 miembros organizados del Partido.

La Conferencia de Abril discutió y trazó la línea del Partido en todos los problemas fundamentales de la guerra y al revolución: la situación del momento, la guerra, el Gobierno provisional, los Soviets, el problema agrario, el problema nacional, etc.

Lenin desarrolló en su informe los puntos de vista expuestos ya por él en las Tesis de Abril. La misión del Partido consistía en realizar el paso de la primera etapa de la revolución, "que ha dado el Poder a la burguesía... a su segunda etapa, que pondrá el Poder en manos del proletariado y de los campesinos más pobres" (Lenin). El Partido deberá poner rumbo hacia la preparación de la revolución socialista. Como la tarea más inmediata del Partido, Lenin lanza la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!".

La consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!" significaba que era necesario acabar con la dualidad de poderes, es decir, con la división del Poder entre el Gobierno provisional y los Soviets, que era necesario entregar a éstos todo el Poder y expulsar de los órganos del Poder a los representantes de los terratenientes y los capitalistas.

La Conferencia de Abril estableció que una de las tareas más importantes del Partido consistía en explicar incansablemente a las masas la verdad de que "el Gobierno provisional es, por su carácter, el órgano de dominación de los terratenientes y de la burguesía" y desenmascarar la funesta política oportunista de los socialrevolucionarios y mensheviques, que engañaban al pueblo con promesas mentirosas y lo sometían a los golpes de la guerra imperialista y de la contrarrevolución.

En esta Conferencia, Kamenev y Rykov se levantaron contra Lenin. Siguiendo las huellas de los mensheviques, repetían que Rusia no estaba preparada para la revolución socialista, que en Rusia sólo era posible una República burguesa y proponían al Partido y a la clase obrera limitarse a "controlar" el Gobierno provisional. En realidad, su posición, al igual que la de los mensheviques, era la de mantener el capitalismo, la de mantener el Poder de la burguesía.

Zinoviev intervino también en la Conferencia de Abril contra Lenin respecto al problema de si el Partido bolshevique debía continuar dentro de la unión de Zimmerwald o romper con ella, para crear la nueva Internacional. Los años de guerra habían demostrado que aquella organización, aun haciendo propaganda a favor de la paz, no había llegado a romper, de hecho, con los defensistas burgueses. Por eso, Lenin insistía en la necesidad de salir inmediatamente de esta organización, y crear una nueva Internacional, la Internacional Comunista. Zinoviev proponía seguir con los zimmerwaldianos. Lenin condenó enérgicamente esta actitud de Zinoviev, calificando su táctica de "archioportunista y perniciosa".

La Conferencia de Abril enjuició también los problemas agrario y nacional.

Después de escuchar el informe de Lenin sobre el problema agrario, la Conferencia aprobó una resolución sobre la confiscación de las tierras de los terratenientes para ponerlas a disposición de los Comités de Campesinos y sobre la nacionalización de todas las tierras del país. Los bolsheviques llamaban a los campesinos a luchar por la tierra y hacían ver a las masas campesinas que el Partido bolshevique era el único partido revolucionario que ayudaba a los campesinos de una manera real a derrocar a los terratenientes.

Tuvo gran importancia el informe del camarada Stalin sobre el problema nacional. Ya antes de la revolución, en vísperas de la guerra imperialista, Lenin y Stalin habían trazado las bases para la política del Partido bolshevique respecto al problema nacional. Lenin y Stalin decían que el Partido proletario debía apoyar al movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos contra el imperialismo. En relación con esto, el Partido bolshevique defendía el derecho de autodeterminación de las naciones hasta llegar a la separación del Estado a que pertenecían para formar Estados propios e independientes. Este punto de vista fue el que defendió en la Conferencia, informando por el C. C., el camarada Stalin.

En contra de Lenin y Stalin intervino Piatakov, quien ya durante la guerra había adoptado ante el problema nacional, en unión de Bujarin, una posición nacionalchovinista. Piatakov y Bujarin eran contrarios al derecho de autodeterminación de las naciones.

La posición resuelta y consecuente del Partido ante el problema nacional, la lucha del Partido por la igualdad plena de derechos de las naciones y por la destrucción de todas las formas y modalidades de opresión y desigualdad nacionales, le valieron la simpatía y el apoyo de las nacionalidades oprimidas.

He aquí el texto de la resolución sobre el problema nacional aprobado por la Conferencia de Abril:

"La política de opresión nacional, herencia de la autocracia y de la monarquía, es defendida por los terratenientes, los capitalistas y la pequeña burguesía en interés de la conservación de sus privilegios de clase y de la desunión de los obreros de distintas nacionalidades. El imperialismo moderno, con su tendencia reforzada a la sumisión de los pueblos débiles, es un nuevo factor de agudización del yugo nacional.

En la sociedad capitalista es posible acabar con la opresión nacional, en la medida en que ésta lo permite, sólo mediante un régimen republicano consecuente democrático y un sistema de gobierno que garantice la plena igualdad de derechos de todas las naciones y lenguas.

Debe reconocerse a todas las naciones enclavadas dentro de Rusia el derecho a separarse libremente y a formar Estados independientes. La negación de este derecho y la negativa a tomar las medidas encaminadas a garantizar su realización práctica, equivale a apoyar la política de conquistas o anexiones. El reconocimiento por el proletariado del derecho de las naciones a su separación es lo único que garantiza la plena solidaridad de los obreros de distintas naciones y permite un acercamiento verdaderamente democrático entre éstas...

El problema del derecho de las naciones a separase libremente, no debe confundirse con el problema de la conveniencia de que se separe tal o cual nación y de que esta separación se lleve a cabo en tal o cual momento. Este problema deberá resolverlo el Partido del proletariado de un modo absolutamente independiente en cada caso concreto, desde el punto de vista de los intereses del desarrollo de toda la sociedad y de la lucha de clases del proletariado por el socialismo.

El Partido exige una amplia autonomía regional, que se acabe con la fiscalización desde arriba, que se suprima la existencia de una lengua oficial y obligatoria y se delimiten las fronteras de los territorios descentralizados y autónomos, sobre la base de las condiciones económicas y de vida, apreciadas por la propia población local, del censo nacional de población, etc.

El Partido del proletariado rechaza resueltamente la llamada "autonomía nacional-cultural", que consiste en sustraer de la competencia del Estado los asuntos escolares, etc., para ponerlos en manos de una especie de dietas nacionales. La autonomía nacional-cultural traza fronteras artificiales entre los obreros que viven en la misma localidad y que incluso trabajan en la misma empresa, según pertenezcan a ésta o a la otra "cultura nacional", con lo que refuerzan los lazos entre los obreros y la cultura burguesa de cada nación por separado, siendo así que la misión de la socialdemocracia consiste en fortalecer la cultura internacional del proletariado del mundo entero.

El Partido exige que se incluya en la Constitución una ley fundamental por la que se declare nula cualquier clase de privilegios a favor de una nación y toda clase de infracciones contra los derechos de las minorías nacionales.

Los intereses de la clase obrera exigen la fusión de los obreros de todas las nacionalidades de Rusia en organizaciones proletarias únicas, tanto políticas como sindicales, cooperativas, culturales, etc. Sin esta fusión de los obreros de diversas nacionalidades en organizaciones únicas, el proletariado no podría mantener una lucha victoriosa contra el capitalismo internacional y contra el nacionalismo burgués" ("Resoluciones del P.C. (b) de la U.R.S.S.", parte I, páginas 239-240).

Asó fue desenmascarada, en la Conferencia de Abril, la línea oportunista, antileninista, de Kamenev, Zinoviev, Piatakov, Bujarin, Rykov y sus contados adeptos.

La Conferencia marchó unánimemente detrás de Lenin, adoptando una actitud clara y decidida ante todos los problemas fundamentales y trazando el rumbo hacia la victoria de la revolución socialista.





3.

Exitos del Partido bolshevique en la capital.





El Partido, tomando como base los acuerdos de la Conferencia de Abril, desplegó una labor intensísima por la conquista de las masas, por su educación combativa y por si organización. La línea del Partido, durante este periodo, estribaba en conquistar la mayoría dentro de los Soviets y aislar de las masas a los partidos menshevique y socialrevolucionario por medio del esclarecimiento paciente de la política bolshevique y el desenmascaramiento de la política de compromisos de aquellos partidos.

Además de su labor en el seno de los Soviets, los bolsheviques desarrollaban un trabajo gigantesco en los sindicatos y en los comités de fábricas y empresas industriales.

Pero donde los bolsheviques realizaban la labor más intensa era en el seno del ejército. Por todas partes comenzaron a crearse organizaciones militares. Los bolsheviques trabajaban incansablemente en los frentes y en la retaguardia por organizar a los soldados y a los marinos. A la obra de revolucionarización de los soldados contribuyó en sumo grado un periódico destinado al frente que publicaban los bolsheviques con el título de "Okopnaia Pravda" ("Pravda de las Trincheras").

Gracias a esta labor de propaganda y agitación de los bolsheviques, se consiguió que ya en los primeros meses de la revolución los obreros de muchas ciudades procediesen a reelegir los Soviets, en particular los de distrito, expulsando de ellos a los mensheviques y socialrevolucionarios y sustituyéndolos por afiliados al Partido bolshevique.

La labor de los bolsheviques dio excelente resultado, sobre todo en Petrogrado.

En la Conferencia de Comités de fábricas que se celebró en Petrogrado del 30 de mayo al 3 de junio de 1917, se agrupaban ya en torno a los bolsheviques las tres cuartas partes de los delegados. El proletariado de la capital marchaba ya casi en su totalidad bajo la consigna bolshevique de "¡Todo el Poder a los Soviets!".

El 3 (16) de junio de 1917 se reunió el I Congreso de los Soviets de toda Rusia. Los bolsheviques estaban aún en minoría dentro de los Soviets; en este Congreso contaban con poco más de 100 delegados, contra 700 a 800 que tenían los mensheviques, socialrevolucionarios y otros partidos.

En el I Congreso de los Soviets, los bolsheviques pusieron al desnudo con gran insistencia lo funesta que era la política de compromisos con la burguesía y desenmascararon el carácter imperialista de la guerra. Lenin pronunció en este Congreso un discurso en el que demostró la justeza de la línea bolshevique, declarando que sólo el Poder de los Soviets podía dar pan y sacar al país del desastre económico.

Por aquellos días, desarrollábase en los barrios obreros de Petrogrado una campaña de masas para organizar una manifestación que llevase al Congreso de los Soviets las reivindicaciones del pueblo. Queriendo adelantarse a esta manifestación organizada libremente por los propios obreros y especulando con la idea de utilizar en su provecho la actitud revolucionaria de las masas, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado acordó convocar una manifestación en la capital para el 18 de junio (1 de julio). Los mensheviques y los socialrevolucionarios creían que esta manifestación desfilaría bajo consignas antibolsheviques. El Partido bolshevique se entregó con gran energía a la preparación de este acto de masas. El camarada Stalin escribió, por aquel entonces, en la "Pravda" que "...nuestra misión consiste en conseguir que la manifestación del 18 de junio en Petrogrado desfile bajo nuestras consignas revolucionarias".

La manifestación del 18 de junio de 1917, que desfiló por delante de la tumba de las víctimas de la revolución, se convirtió en una verdadera revista de las fuerzas del Partido bolshevique. Reveló el grado de madurez revolucionaria, cada vez mayor, de las masas y la creciente confianza de éstas en el Partido bolshevique. Las consignas de los mensheviques y socialrevolucionarios, predicando la confianza en el Gobierno provisional y la necesidad de continuar la guerra, se perdían entre la inmensa masa de consignas bolsheviques. 400.000 manifestantes marchaban bajo banderas en las que campeaban estas consignas: "¡Abajo la guerra!", "¡Abajo los diez ministros capitalistas!", "¡Todo el Poder a los Soviets!".

Era el fracaso completo de los mensheviques y socialrevolucionarios, el fracaso del Gobierno provisional en la capital.

No obstante, el Gobierno provisional, sostenido por el apoyo del I Congreso de los Soviets, decidió proseguir su política imperialista. Y fue precisamente el 18 de junio cuando el gobierno, cumpliendo la voluntad de los imperialistas anglofranceses, lanzó a las tropas del frente a la ofensiva. La burguesía veía en esta ofensiva la única posibilidad de acabar con la revolución. Si la ofensiva tenía éxito, la burguesía confiaba en que podría tomar en sus manos todo el Poder, desalojar a los Soviets y aplastar a los bolsheviques. Si fracasaba, podría echar la culpa de todo a los mismo bolsheviques, acusándoles de desmoralizar al ejército.

No podía caber la menor duda de que la ofensiva se derrumbaría, como, en efecto, se derrumbó. El cansancio de los soldados, su ignorancia de los fines perseguidos con la ofensiva, su desconfianza en los mandos, extraños a la tropa, la escasez de municiones y artillería: todo contribuyó al derrumbamiento de la ofensiva en el frente.

Las noticias acerca de la ofensiva emprendida y luego las de su ruidoso fracaso, excitaron los ánimos de la capital. La indignación de los obreros y soldados no tenía límites. Dábanse cuenta de que, cuando predicaba una política de paz, el Gobierno provisional engañaba al pueblo. Dábanse cuenta de que el Gobierno provisional abogaba por la continuación de la guerra imperialista. Dábanse cuenta de que el Comité Ejecutivo Central de los Soviets y el Soviet de Petrogrado no querían o no podían oponerse a los actos criminales del Gobierno provisional y marchaban a rastras a la zaga de él.

La indignación revolucionaria de los obreros y soldados de Petrogrado se desbordaba. El 3 (16) de julio, comenzaron a producirse manifestaciones espontáneas en Petrogrado, en la barriada de Viborg. Estas manifestaciones continuaron durante todo el día. Algunas de ellas desembocaron en una grandiosa manifestación general con armas bajo la consigna del paso del Poder a los Soviets. El Partido bolshevique era contrario a la acción armada en aquel momento, por entender que la crisis revolucionaria no estaba aún madura, que el ejército y las provincias no estaban aún preparados para apoyar la insurrección en la capital, que una insurrección aislada y prematura en Petrogrado sólo serviría para facilitar a la contrarrevolución el aplastamiento de la vanguardia revolucionaria. Pero, cuando se vio que era imposible contener a las masas y evitar que se lanzasen a la manifestación, el Partido acordó tomar parte en ella, con el fin de darle un carácter pacífico y organizado. El Partido bolshevique logró lo que se proponía, y cientos de miles de manifestantes marcharon hacia el Soviet de Petrogrado y hacia el Comité Ejecutivo Central de los Soviets, donde exigieron que éstos se hiciesen cargo del Poder, rompiesen con la burguesía imperialista y emprendiesen una política activa de paz.

A pesar del carácter pacífico de la manifestación, fueron lanzadas contra los manifestantes las tropas de la reacción, los destacamentos de cadetes y de oficiales. Por las calles de Petrogrado corrió abundante la sangre de los obreros y los soldados. Para aplastar a los obreros, se trajeron del frente las unidades militares más retrógradas y contrarrevolucionarias.

Los mensheviques y socialrevolucionarios, unidos a la burguesía y a los generales blancos, después de aplastar la manifestación de los obreros y los soldados, se lanzaron rabiosamente sobre el Partido bolshevique. La redacción de la "Pravda" fue saqueada y destruida. Fueron suspendidos la "Pravda", la "Soldatskasia Pravda" ("Pravda del soldado") y otra serie de periódicos bolsheviques. El obrero Voinov fue asesinado en la calle por los cadetes por el solo hecho de estar vendiendo el "Listok Pravdi" ("Hoja de la Pravda"). Comenzó el desarme de los guardias rojos. Las unidades revolucionarias de la guarnición de Petrogrado fueron alejadas de la capital y enviadas al frente. Menudearon las detenciones, tanto en los frentes como en la retaguardia. El 7 de julio, se dio la orden de detener a Lenin. Fue detenida toda una serie de militantes prestigiosos del Partido bolshevique. Fue destruida la imprenta "Trud" ("Trabajo"), donde se imprimían las publicaciones bolsheviques. En la requisitoria del Fiscal de la Audencia de Petrogrado, se decía que Lenin y gran número de bolsheviques debían comparecer ante los tribunales como reos de "alta traición" y responsables de la organización de un levantamiento armado. La acusación contra Lenin había sido urdida en el Estado Mayor del general Denikin sobre la base de datos inventados por espías y provocadores.

Con esto, el Gobierno provisional de coalición, del que formaban parte representantes tan caracterizados de los mensheviques y socialrevolucionarios como Tsereteli y Skobelev, Kerenski y Chernov, se sumía en la charca del imperialismo y de la contrarrevolución abierta y descarada. En vez de una política de paz, desarrollaba una política de continuación de la guerra. En vez de defender los derechos democráticos del pueblo, adoptaba la política de liquidación de estos derechos y de represión armada contra los obreros y los soldados.

Lo que no se habían atrevido a hacer los representantes de la burguesía, Guchkov y Miliukov, lo hacían los "socialistas" Kerenski y Tsereteli, Chernov y Skobelev.

Se había acabado la dualidad de poderes.

Y se había acabado en provecho de la burguesía, pues todo el Poder pasó a manos del Gobierno provisional, y los Soviets, con su dirección social revolucionaria y menshevique, se convirtieron en un apéndice del Gobierno provisional.

Había terminado el periodo pacífico de la revolución, poniéndose a la orden del día la fuerza de las bayonetas.

Ante los cambios operados en la situación, el Partido bolshevique decidió cambiar de táctica. Pasó a la clandestinidad, ocultando a su jefe, Lenin, en sitio rigurosamente secreto, y comenzó a prepararse para la insurrección, con el fin de derrocar el Poder de la burguesía mediante las armas e instaurar el Poder Soviético.





4.

El Partido bolshevique rumbo a la preparación de la insurrección armada.





En medio de una campaña increíblemente encarnizada de la prensa burguesa y pequeñoburguesa, se reunió en Petrogrado el VI Congreso del Partido bolshevique. Reuníase este Congreso a los diez años del V Congreso en Londres y a los cinco años de la Conferencia bolshevique de Praga. Sus sesiones duraron desde el 26 de julio hasta el 3 de agosto de 1917, y tuvieron carácter clandestino. La prensa se limitó a anunciar la convocatoria del Congreso, sin indicar el sitio en que había de reunirse. Las primeras sesiones se celebraron en la barriada de Viborg. Las últimas, en la escuela de las inmediaciones de la Puerta de Narva, en el sitio donde ahora se levanta la Casa de Cultura. La prensa burguesa pedía la detención de todos los congresistas. Pero, aunque se pusieron en campaña los sabuesos de la policía para descubrir el sitio en que se reunía el Congreso, no pudieron averiguarlo.

Es decir, que a los cinco meses de derribado el zarismo, los bolsheviques tenían que reunirse subrepticiamente, y el jefe del Partido proletario, Lenin, veíase obligado a vivir oculto en una choza, cerca de la estación de Rasliv.

Lenin, acechado por los esbirros del Gobierno provisional, no pudo asistir al Congreso, pero dirigió sus tareas desde el retiro clandestino en que se encontraba, por medio de sus discípulos y colaboradores en Petrogrado: Stalin, Sverdlov, Molotov y Ordzhonikidse.

Asistieron al Congreso 157 delegados con voz y voto, y 128 con voz solamente. El Partido contaba, por aquel entonces, con unos 240.000 afiliados. Hacia el 3 de julio, es decir, antes de ser aplastada la manifestación obrera de este mes, cuando los bolsheviques trabajaban aún en la legalidad, el Partido tenía 41 órganos de prensa, de los cuales se publicaban 29 en ruso y 12 en otras lenguas.

La batida contra los bolsheviques y contra la clase obrera en las jornadas de Julio, lejos de disminuir la influencia del Partido bolshevique, sólo sirvió para acrecentarla. Los delegados de base expusieron ante el Congreso multitud de hechos demostrativos de que los obreros y soldados comenzaban a abandonar en masa a los mensheviques y socialrevolucionarios, a los que motejaban despreciativamente con el nombre de "socialcarceleros". Los obreros y los soldados afiliados a los partidos menshevique y socialrevolucionario rompían sus carnets y salían con maldiciones de estos partidos, pidiendo a los bolsheviques que les admitiesen en sus filas.

Los problemas fundamentales planteados en el VI Congreso fueron: el informe político del Comité Central y el problema de la situación política. En sus informes sobre estos problemas, el camarada Stalin puso de manifiesto con toda claridad y precisión que, a pesar de todos los esfuerzos de la burguesía por aplastar la revolución, ésta crecía y se desarrollaba. Señaló que la revolución planteaba el problema de la implantación del control obrero sobre la producción y distribución de los productos, de la entrega de la tierra a los campesinos y del paso del Poder de manos de la burguesía a manos de la clase obrera, y de los campesinos pobres. Y dijo que la revolución se convertía, por su carácter, en una revolución socialista.

Después de las jornadas de Julio, cambió bruscamente la situación política del país. Ya no existía dualidad de poderes. Por no querer tomar todo el Poder, los Soviets, con su dirección socialrevolucionaria y menshevique, quedaron reducidos a la impotencia. El Poder se concentró en manos del Gobierno provisional de la burguesía, el cual continuaba desarmando a la revolución, aplastando sus organizaciones y persiguiendo al Partido bolshevique. La posibilidad de un desarrollo pacífico de la revolución había desaparecido. Sólo cabía -decía el camarada Stalin- una solución: derrocar el Gobierno provisional y tomar el poder por la fuerza. Y sólo el proletariado, aliado a los campesinos pobres, podía tomar el Poder por la fuerza.

Los Soviets, cuya dirección seguía en manos de los mensheviques y socialrevolucionarios, se habían ido deslizando al campo de la burguesía y, en la situación existente, sólo podían actuar como auxiliares de la Gobierno provisional. Después de las jornadas de Julio, la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!" debía abandonarse, dijo el camarada Stalin, pero sin que el abandono temporal de esta consigna significara, ni mucho menos, que se renunciaba a luchar por el Poder de los Soviets. No se trataba de los Soviets en general, es decir, de los Soviets como órganos de lucha revolucionaria, sino que se trataba solamente de aquellos Soviets concretos, dirigidos por los mensheviques y socialrevolucionarios.

"El periodo pacífico de la revolución ha terminado -dijo el camarada Stalin-; ha comenzado el periodo no pacífico de la revolución, un periodo de choques y explosiones..." ("Actas del VI Congres del P. C. (b) de la U.R.S.S.", página 111).

El Partido marchaba hacia la insurrección armada.

En el Congreso hubo gente que, reflejando la influencia burguesa, se manifestó en contra del rumbo hacia la revolución socialista.

El trotskista Preobrazhenski propuso que en la resolución sobre la conquista del Poder se dijese que sólo se podría encaminar al país por la senda socialista si triunfaba la revolución proletaria en la Europa occidental.

El camarada Stalin rebatió esta proposición trotskista.

"No está descartada -dijo el camarada Stalin- la posibilidad de que sea precisamente Rusia el país que rompa la marcha hacia el socialismo... Hay que rechazar esa idea caduca de que sólo Europa pude señalarnos el camino. Hay un marxismo dogmático y un marxismo creador. Yo me sitúo en el terreno del segundo" (Obra citada, págs. 233-234).

Bujarin, abrazando posiciones trotskistas, afirmó que los campesinos tenían ideas defensistas, que formaban un bloque con la burguesía y no marcharían con la clase obrera.

Refutando a Bujarin, el camarada Stalin demostró que había diversas clases de campesinos: los campesinos ricos, que apoyaban a la burguesía imperialista, y los campesinos pobres, que deseaban aliarse a la clase obrera y la apoyaban en la lucha por el triunfo de la revolución.

El Congreso rechazó las enmiendas de Preobrazhenski y Bujarin y aporobó el proyecto de resolución del camarada Stalin.

El Congreso examinó y aprobó la plataforma económica del Partido bolshevique, cuyos puntos fundamentales eran: confiscación de las tierras de los terratenientes y nacionalización de toda la tierra del país, nacionalización de los bancos, nacionalización de la gran industria, control obrero sobre la producción y la distribución.

Subrayó el Congreso la importancia de la lucha por el control obrero sobre la producción, que desempeñaba un gran papel, como medida de transición hacia la nacionalización de la gran industria.

En todos los acuerdos, el VI Congreso insistió de un modo especial en la importancia de la tesis leninista sobre la alianza del proletariado y de los campesinos pobres, como condición para el triunfo de la revolución socialista.

La teoría menshevique de la neutralidad de los sindicatos fue condenada por el Congreso. Este señaló que, para poder resolver los grandes problemas que se le planteaban a la clase obrera de Rusia, era indispensable que los sindicatos fuesen organizaciones combativas de clase que acatasen la dirección política del Partido bolshevique.

El Congreso aprobó una resolución "Sobre las organizaciones juveniles", que por aquel entonces surgían no pocas veces espontáneamente. Con su trabajo sucesivo, los bolsheviques lograron afianzar los lazos de estas organizaciones juveniles con el Partido, convertirlas en reservas de éste.

Uno de los problemas que se examinaron en el Congreso fue el de la comparecencia de Lenin ante los Tribunales. Kamenev, Rykov, Trotski y otros habían sostenido, ya con anterioridad al Congreso, que Lenin debía entregarse a los tribunales de la contrarrevolución. El camarada Stalin se manifestó resueltamente en contra de esta tendencia. El VI Congreso compartió también el punto de vista de Stalin, por entender que lo que se preparaba no era un proceso, sino una represión. El Congreso no dudó ni un momento que el propósito de la burguesía no era otro que el de deshacerse físicamente de Lenin, como de su más peligros enemigo. Formuló su protesta contra la enconada campaña policíaco-burguesa de que se hacía objeto a los jefes del proletariado revolucionario y dirigió un saludo a Lenin.

En el VI Congreso fueron aprobados los nuevos estatutos del Partido. En ellos, se determinaba que toda la organización del Partido se basaría en los principios del centralismo democrático.

Esto significaba lo siguiente:

1) Carácter electivo de todos los órganos de dirección del Partido de abajo arriba;

2) rendición periódica de cuentas de la gestión de los órganos del Partido ante las organizaciones del Partido correspondientes;

3) severa disciplina de Partido y sumisión de la minoría a la mayoría;

4) obligatoriedad incondicional de los acuerdos de los órganos superiores para los inferiores y para todos los miembros del Partido.

Los estatutos del Partido disponían que los nuevos afiliados fuesen admitidos por las organizaciones de base, mediante recomendación de dos miembros del Partido y previa ratificación de la Asamblea general de afiliados de la organización de base.

El VI Congreso admitió en el Partido a los llamados "mezhraiontzi", con su líder Trotski. Era éste un pequeño grupo que había sido creado en Petrogrado en 1913 y del que formaban parte elementos trotskistas-mensheviques y algunos antiguos bolsheviques, desviados del Partido. Durante la guerra, esta organización tuvo un carácter centrista. Luchaba contra los bolsheviques, pero sin estar de acuerdo tampoco en muchas cosas con los mensheviques, por lo que ocupaba una posición intermedia, centrista, vacilante. Al celebrarse el VI Congreso, los miembros de esta organización declararon que estaban identificados en un todo con los bolsheviques y pidieron su ingreso en el Partido. El Congreso accedió a su petición, confiando en que con el tiempo llegarían a ser verdaderos bolsheviques. Algunos de ellos, como, por ejemplo, Volodarski, Uritski y otros, llegaron, en efecto, a convertirse en bolsheviques después de su ingreso en el Partido. Pero Trotski y los elementos más afines a él, que no eran muchos, no ingresaron en el Partido, como había de demostrarse andando el tiempo, para trabajar a favor de él, sino para quebrantar y minar su fuerza desde dentro.

Todos los acuerdos del VI Congreso se encaminaban a preparar al proletariado y a los campesinos pobres para la insurrección armada. El VI Congreso encauzó el Partido hacia la insurrección armada, hacia la revolución socialista.

El manifiesto del Partido lanzado por el VI Congreso invitaba a los obreros, a los soldados y a los campesinos a preparar sus fuerzas para los encuentros decisivos con la burguesía. Y terminaba con estas palabras:

"¡Preparaos para nuevas batallas, camaradas de lucha! ¡Permaneced firmes, valientes y serenos, sin dejaros llevar de provocaciones, acumulando fuerzas y formando vuestras columnas de combate! ¡Agrupaos bajo la bandera del Partido, proletarios y soldados! ¡Formad bajo nuestra bandera, oprimidos del campo!".





5.

La intentona del general Kornilov contra la Revolución.





Después de adueñarse de todo el Poder, la burguesía comenzó a prepararse para aplastar a los ya impotentes Soviets e instaurar una dictadura contrarrevolucionaria descarada. El millonario Riabushinski declaraba cínicamente que no veía más que una salida a la situación, y era que "la mano descarnada del hambre, la miseria del pueblo, agarrase por el cuello a los falsos amigos de éste, los Soviets y Comités democráticos". En el frente hacían estragos los Consejos de Guerra, prodigando la pena de muerte contra los soldados. El 3 de agosto de 1917, el general en jefe Kornilov pidió que se implantase también la pena de muerte en la retaguardia.

El 12 de agosto, se abrió en el Gran Teatro de Moscú la Conferencia de Estado convocada por el Gobierno provisional para movilizar las fuerzas de la burguesía y de los terratenientes. A esta Asamblea asistieron, principalmente, los representantes de los terratenientes, de la burguesía, del generalato, de la oficialidad y de los cosacos. Los Soviets estuvieron representados en ella por los mensheviques y los socialrevolucionarios.

El día en que comenzaba sus sesiones la Conferencia de Estado, los bolsheviques organizaron en Moscú, en señal de protesta, una huelga general, en la que tomó parte la mayoría de los obreros. Estallaron también huelgas en una serie de ciudades.

El socialrevolucionario Kerenski amenazó fanfarronamente, en su discurso ante la Conferencia, con aplastar "a sangre y fuego" cualquier intento de movimiento revolucionario, incluyendo las tentativas de los campesinos de apoderarse por sí y ante sí de las tierras de los terratenientes.

El general contrarrevolucionario Kornilov pidió, sin andarse con rodeos, que se "suprimiesen los Comités y los Soviets".

En el Estado Mayor del general en jefe pululaban alrededor del general Kornilov banqueros, comerciantes e industriales, con promesas de dinero y ayuda.

También se entrevistaron con él los representantes de los "aliados", es decir, de Inglaterra y Francia, exigiendo que no se demorase el ataque contra la revolución.

Las cosas combinaban para la conspiración contrarrevolucionaria del general Kornilov.

Esta conspiración preparábase sin recato. Con el fin de desviar la atención de lo que tramaban, los conjurados hicieron correr el rumor de que los bolsheviques de Petrogrado preparaban un levantamiento para el 27 de agosto, fecha en que se cumplirían los seis meses del día de la revolución. El Gobierno Provisional, con Kerenski a la cabeza, se lanzó a perseguir rabiosamente a los bolsheviques y acentuó el terror contra el Partido del proletariado. Al mismo tiempo, el general Kornilov concentraba tropas para hacerlas marchar sobre Petrogrado, con el fin de acabar con los Soviets e instaurar un gobierno de dictadura militar.

Kornilov se puso de acuerdo con Kerenski respecto a su proyectada acción contrarrevolucionaria. Pero, en el mismo momento en que Kornilov comenzó a actuar, Kerenski, dando un brusco viraje, cambió de frente y se separó de su aliado. Temía que las masas del Pueblo, después de levantarse contra los kornilovistas y aplastarlos, barriesen también, echándole al mismo montón, al gobierno burgués de Kerenski, si éste no se desentendía a tiempo de los autores de la korniloviada.

El 25 de agosto, Kornilov envió sobre Petrogrado el 3er cuerpo de caballería, al mando del general Krimov, y declaró que se proponía "salvar la Patria". Como respuesta a la sublevación kornilovista, el Comité Central del Partido bolshevique hizo un llamamiento a los obreros y a los soldados para que opusiesen una resistencia activa y armada a la contrarrevolución. Los obreros comenzaron a armarse y a prepararse rápidamente para la lucha. En estos días, se multiplicaron los destacamentos de guardias rojos. Los sindicatos movilizaron a sus afiliados. Las unidades revolucionarias de tropas de Petrogrado se prepararon también para el combate. Alrededor de Petrogrado se abrieron trincheras, se tendieron alambradas y se levantaron los rieles de las vías férreas. De Cronstadt llegaron unos cuantos miles de marinos armados para la defensa de la capital. Se enviaron al encuentro de la "División salvaje", que avanzaba sobre Petrogrado, delegados que explicaron a aquellos soldados montañeses la intención del movimiento kornilovista, consiguiendo que estas tropas se negasen a marchar sobre la capital. Se enviaron también agitadores a otras unidades kornilovistas. Fueron creados Comités revolucionarios y Estados Mayores para la lucha contra los sublevados en todos los sitios donde había algún peligro.

En aquellos días, los líderes socialrevolucionarios y mensheviques, entre ellos Kerenski, muertos de miedo, iban a buscar amparo en los bolsheviques, convencidos de que éstos eran la única fuerza efectiva de la capital capaz de aplastar a Kornilov.

Pero, aun movilizando a las masas para aplastar el movimiento de Kornilov, los bolsheviques no cejaron en su lucha contra el Gobierno Kerenski, desenmascarando ante las masas a este Gobierno y a los mensheviques y socialrevolucionarios, que, con toda su política, ayudaban objetivamente a la intentona contrarrevolucionaria de Kornilov.

Gracias a todas estas medidas, fue aplastada la intentona de Kornilov. El general Krimov se pegó un tiro. Kornilov y sus cómplices, Denikin y Lukomski, fueron detenidos (aunque pronto habían de ser puestos de nuevo en libertad por Kerenski).

El aplastamiento de la intentona kornilovista puso el descubierto e iluminó de golpe la correlación de fuerzas entre la revolución y la contrarrevolución. Demostró el fracaso total de todo el campo contrarrevolucionario, desde los generales y el partido kadete hasta los mensheviques y los socialrevolucionarios, cogidos en las redes y prisioneros de la burguesía. Era evidente que la política de prolongación de aquella guerra agotadora, que al alargarse provocaba el desastre económico del país, había quebrantado definitivamente la influencia de estos partidos entre las masas del pueblo.

El aplastamiento de la korniloviada revelaba, además, que el Partido bolshevique se había convertido ya en la fuerza decisiva de la revolución, en una fuerza capaz de deshacer los manejos de la contrarrevolución, cualesquiera que ellos fuesen. El Partido bolshevique no era todavía un partido gobernante, pero durante los días de la korniloviada actuó como una verdadera fuerza de gobierno, pues sus instrucciones eran seguidas sin vacilar por los obreros y los soldados.

Finalmente, el aplastamiento de la intentona kornilovista vino a demostrar que aquellos Soviets que se creía agonizantes, encerraban en su seno, en realidad, una grandiosa fuerza de resistencia revolucionaria. No cabía dudar de que habían sido precisamente los Soviets y sus Comités revolucionarios los que habían cerrado el paso a las tropas de Kornilov y contra los que se habían estrellado sus fuerzas.

La lucha contra la korniloviada infundió nuevos ánimos en los languidecidos Soviets de diputados obreros y soldados, los arrancó de la política oportunista que los tenía prisioneros, los empujó al ancho camino de la lucha revolucionaria y los colocó junto al Partido bolshevique.

La influencia de los bolsheviques dentro de los Soviets era mayor que nunca.

Comenzó también a ganar terreno rápidamente la influencia de los bolsheviques en el campo.

La sublevación kornilovista hizo ver a las grandes masas campesinas que los terratenientes y los generales, una vez destrozados los bolsheviques y los Soviets, se cebarían luego en los campesinos. Por eso, las grandes masas de campesinos pobres empezaron a agruparse cada vez más estrechamente en torno a los bolsheviques. Los campesinos medios, cuyas vacilaciones habían frenado el desarrollo de la revolución durante los meses de abril a agosto de 1917, después de la derrota de Kornilov, comenzaron a volverse de un modo decidido hacia el Partido bolshevique, uniéndose a la masa de los campesinos pobres. Las grandes masas campesinas empezaron a comprender que el Partido bolshevique era el único que podía liberarlas de la guerra, el único capaz de acabar con los terratenientes y el único que estaba dispuesto a dar la tierra a los campesinos. Los meses de septiembre y octubre de 1917 registraron un alza enorme en el número de incautaciones de tierra de los terratenientes por los campesinos. El cultivo de las tierras de los terratenientes por decisión de los propios campesinos, adquirió un carácter general. Persuaciones y destacamentos de castigo ya no eran capaces de contener a los campesinos en su marcha arrolladora hacia la revolución.

La revolución iba en ascenso.

Comenzó a desarrollarse la fase de animación y renovación de los Soviets, la fase de bolshevización de los Soviets. Las fábricas y empresas industriales y las unidades militares, al reelegir a sus diputados, ya no enviaban a los Soviets a mensheviques y socialrevolucionarios, sino a representantes del Partido bolshevique. Al día siguiente de aplastar la intentona de Kornilov, el 31 de agosto, el Soviet de Petrogrado se pronunció a favor de la política de los bolsheviques. El antiguo Presidium del Soviet de Petrogrado, formado por mensheviques y socialrevolucionarios, con Chjeidse a la cabeza, se retiró, dejando el puesto libre a los bolsheviques. El 5 de septiembre, el Soviet de diputados obreros de Moscú se pasó al lado de los bolsheviques. También se retiró por el foro, dejando el camino abierto a los bolsheviques, el Presidium socialrevolucionario-menshevique de este Soviet.

Esto significaba que se daban ya las premisas fundamentales necesarias para una insurrección victoriosa.

Volvía a estar a la orden del día la consigna de "¡Todo el Poder a los Soviets!".

Pero ya no era la antigua consigna del paso del Poder a manos de los Soviets mensheviques y socialrevolucionarios. No; ahora era la consigna de la insurrección de los Soviets contra el Gobierno provisional, con el fin de entregar todo el Poder del país a los Soviets dirigidos por los bolsheviques.

Comenzó a producirse la desbandada entre los partidos oportunistas.

En el seno del partido socialrevolucionario se formó, bajo la presión de los campesinos de orientación revolucionaria, un ala izquierda, el ala de los socialrevolucionarios de "izquierda" que comenzó a manifestar su descontento por la política de compromisos con la burguesía.

También en el partido menshevique se definió un grupo de "izquierda", el de los llamados "internacionalistas", que comenzaban a oscilar hacia los bolsheviques.

Los anarquistas, que formaban un grupo insignificante en cuanto a su influencia, se escindieron definitivamente en varios grupitos, de los cuales unos se mezclaron con delincuentes vulgares y provocadores, con los deshechos de la sociedad, mientras que otros se convirtieron en expropiadores "ideológicos", que robaban a los campesinos y a las gentes modestas de las ciudades y arrebataban a los clubs obreros sus edificios y sus ahorros, y otros, finalmente, se pasaron sin recato al campo contrarrevolucionario, acoplando su vida personal a la escalera de servicio de la burguesía. Todos ellos eran contrarios a cualquier clase de Poder, pero muy especialmente el Poder revolucionario de los obreros y campesinos, pues estaban seguros de que este Poder revolucionario no les permitiría desvalijar al pueblo ni expoliar los bienes del pueblo.

Después del aplastamiento de la intentona de Kornilov, los mensheviques y socialrevolucionarios hicieron una nueva tentativa para quebrantar el creciente auge de la revolución. Con este fin, convocaron el 12 de septiembre de 1917, una conferencia democrática de representantes de los partidos socialistas, de los Soviets oportunistas, de los sindicatos de los Zemstvos, de los círculos comerciales e industriales y de las unidades militares de toda Rusia. De esta conferencia salió el Preparlamento (Consejo provisional de la República). Con ayuda de este Preparlamento, los oportunistas confiaban en que podrían detener la marcha de la revolución y desviar al país de la senda de la revolución soviética a la del desarrollo burgués-constitucional, a la senda del parlamentarismo burgués. Fue una tentativa desesperada de aquellos políticos fracasados, que se empeñaban en volver atrás la rueda de la revolución. Era una idea condenada a dar en quiebra, como, en efecto, ocurrió. Los obreros, que se burlaban de la gimnasia parlamentaria de los oportunistas, pusieron en solfa el Preparlamento, bautizándole con un nombre despectivo ("antebaño").

El C.C. del Partido bolshevique acordó boicotear el Preparlamento. Y, aunque la fracción bolshevique de este organismo, en que figuraban individuos como Kamenev y Teodorovich, no quería abandonar sus escaños, el C.C. del Partido la obligó a dejarlos.

Kamenev y Zinoviev defendieron tenazmente la participación en el Preparlamento, confiando en que con ello podrían desviar al Partido de la labor preparatoria de la insurrección. El camarada Stalin intervino enérgicamente en la fracción bolshevique de la Conferencia democrática de toda Rusia en contra de la participación en el Preparlamento, que calificó de "aborto kornilovista".

Lenin y Stalin consideraron un grave error la participación en el Preparlamento, aunque hubiese sido por poco tiempo, ya que aquello pudo infundir a las masas la esperanza engañosa de que aquel organismo era capaz de hacer algo por los trabajadores.

Al mismo tiempo, los bolsheviques preparaban tenazmente la convocatoria del II Congreso de los Soviets, en el que confiaban contar con la mayoría. Y, pese a todos los subterfugios de los mensheviques y socialrevolucionarios encastillados en el Comité Ejecutivo Central, ante la presión de los Soviets bolsheviques, hubo de ser convocado el II Congreso de los Soviets de toda Rusia para la segunda quincena de Octubre de 1917.





6.

La insurrección de octubre en Petrogrado.





Los bolsheviques comenzaron a prepararse enérgicamente para la insurrección. Lenin señaló que, teniendo como tenían ya mayoría en los Soviets de diputados obreros y soldados de las dos capitales, Moscú y Petrogrado, los bolsheviques podían y debían tomar en sus manos el Poder. Haciendo el balance del camino recorrido, Lenin subrayaba: "La mayoría del pueblo está con nosotros". En sus artículos y cartas al Comité Central y a las organizaciones bolsheviques, Lenin trazaba un plan concreto para la insurrección: decía cómo debían utilizarse las unidades militares, la flota y los guardias rojos, qué puntos decisivos era necesario ocupar en Petrogrado para garantizar el éxito de la insurrección, etc.

El 7 de octubre, Lenin se trasladó clandestinamente de Finlandia a Petrogrado. El 10 de octubre de 1917, se celebró la histórica sesión del Comité Central del Partido bolshevique, en la que se acordó dar comienzo a la insurrección armada pocos días después. La histórica resolución aprobada por el C.C. del Partido y redactada por Lenin decía:

"El C.C. reconoce qua tanto la situación internacional de la revolución rusa (insurrección de la flota alemana, signo agudo de la marcha ascendente de la revolución socialista mundial en toda Europa, luego la amenaza de una paz entre imperialistas con el fin de estrangular la revolución en Rusia), como la situación militar (decisión indudable de la burguesía rusa y de Kerenski y Cía. de entregar Petrogrado a los alemanes) y la conquista por el Partido proletario de la mayoría dentro de los Soviets; unido todo ello a la insurrección campesina y al viraje de la confianza del pueblo hacia nuestro Partido (elecciones de Moscú); y, finalmente, la preparación manifiesta de una segunda korniloviada (evacuación de tropas de Petrogrado, concentración de cosacos en esta capital, cerco de Minsk por los cosacos, etc.), pone a la orden del día la insurrección armada.

Reconociendo, pues, que la insurrección armada es inevitable y se halla plenamente madura, el C.C. insta a todas las organizaciones del Partido a guiarse por esto y a examinar y resolver desde este punto de vista todos los problemas prácticos (Congreso de los Soviets de la región Norte, salida de tropas de Petrogrado, acciones en Moscú y Minsk, etc)" (Lenin, t. XXI, pág. 330, ed. rusa).

Intervinieron y votaron en contra de esta histórica resolución dos miembros del C.C.: Kamenev y Zinoviev. También ellos soñaban, como los mensheviques, con una República parlamentaria burguesa e injuriaban a la clase obrera, afirmando que no era lo bastante fuerte para realizar la revolución socialista, que no estaba aún capacitada para tomar el Poder.

Trotski, aunque en esta sesión no votó abiertamente contra la resolución del C.C., presentó una enmienda a ella que, de haberse aceptado, habrá reducido a la nada y hecho fracasar la insurrección. Propuso que ésta no comenzase hasta la apertura del II Congreso de los Soviets, lo que equivalía a dar largas a la insurrección, a fijar de antemano el día en que había de estallar, poniendo en guardia con ello al Gobierno provisional.

El C.C. del Partido bolshevique envió delegados con plenos poderes a la cuenca del Donetz, al Ural, a Helsingfors, a Cronstadt, al frente sudoccidental, etc., con el fin de organizar sobre el terreno la insurrección. Los camaradas Voroshilov, Molotov, Dzerzhinski, Ordzhonikidse, Kirov, Kaganovich, Kuibyshev, Frunze, Yaroslavski y otros recibieron misiones especiales del Partido para dirigir la insurrección en distintos lugares. En el Ural, en Shadrinsk, entre las tropas, actuó el camarada Zhdanov. En el frente occidental, en Bielorrusia, fue el camarada Ezhov el que preparó para la insurrección a la masa de los soldados. Los delegados del C.C. pusieron en conocimiento de los dirigentes de las organizaciones bolsheviques de base el plan de la insurrección y los estimularon a preparar y movilizar sus fuerzas para ayudar al movimiento en Petrogrado.

Se creó, por el mandato del Comité Central del Partido, el Comité Militar Revolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado, que había de asumir las funciones de Estado Mayor legal de la insurrección.

A la par que ocurría esto, la contrarrevolución apresurábase también a concentrar sus fuerzas. La oficialidad del ejército se organizaba en la entidad contrarrevolucionaria titulada "Liga de Oficiales". Los contrarrevolucionarios creaban por todas partes Estados Mayores para la formación de batallones de choque. Hacia fines de octubre, la contrarrevolución disponía de 43 batallones de éstos. Organizáronse, además, batallones formados exclusivamente por los "Caballeros de San Jorge".

El Gobierno de Kerenski planteó el problema de su traslado de Petrogrado a Moscú. Esto indicaba que estaba preparando la entrega de Petrogrado a los alemanes, para atajar la insurrección en esta capital. Pero la protesta de los obreros y soldados de Petrogrado obligó al Gobierno provisional a permanecer allí.

El 16 de octubre, se celebró una sesión ampliada del C.C. del Partido bolshevique. En ella se eligió un Centro del Partido encargado de dirigir la insurrección, con el camarada Stalin a la cabeza. Este Centro era el núcleo dirigente del Comité Militar Rvolucionario adscrito al Soviet de Petrogrado y fue el que dirigió prácticamente toda la insurrección.

En esta sesión del C.C., los capituladores Zinoviev y Kamenev volvieron a pronunciarse contra la insurrección. Y habiendo obtenido la merecida réplica, combatieron abiertamente desde la prensa a la insurrección y al Partido. El 18 de octubre, un periódico menshevique titulado "Novaia Zhisn" ("Vida Nueva") publicó una declaración de Kamenev y Zinoviev, manifestando que los bolsheviques preparaban una insurrección y que ellos consideraban esta insurrección como una aventura. Con ello, Kamenev y Zinoviev ponían en conocimiento de los enemigos la decisión del C.C. acerca del movimiento y de su organización para una fecha inmediata. Este acto era una traición. Lenin escribió, a propósito de esto: "Kamenev y Zinoviev han delatado a Rodzianko y a Kerenski el acuerdo del C.C. de su Partido sobre la insurrección armada". Y planteó ante el Comité Central la expulsión del Partido de Zinoviev y Kamenev.

Los enemigos de la revolución, prevenidos por los traidores, comenzaron a tomar sin pérdida de tiempo las medidas necesarias para atajar la insurrección y aplastar al Estado Mayor dirigente de la revolución, al Partido bolshevique. El Gobierno provisional celebró un Consejo de ministros secreto, en el que se acordaron las medidas de lucha contra los bolsheviques. El 19 de octubre, el gobierno trajo apresuradamente tropas del frente a Petrogrado. Comenzaron a pulular por las calles patrullas reforzadas. En Moscú, es donde la contrarrevolución logró concentrar una cantidad muy grande de fuerzas. El Gobierno provisional había trazado el plan de atacar y tomar el palacio del Smolny, sede del Comité Central del Partido bolshevique, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets y aplastar el centro dirigente de los bolsheviques. Para ello, fueron trasladadas a Petrogrado tropas de cuya lealtad creía estar seguro el gobierno.

Pero los días y las horas de vida del Gobierno provisional estaban contados. No había ya fuerza capaz de detener la marcha arrolladora de la Revolución Socialista.

El 21 de octubre, fueron enviados a todas las unidades revolucionarias de tropas comisarios bolsheviques del Comité Militar Revolucionario. Durante los días que precedieron a la insurrección, se desarrolló una enérgica labor preparatoria de la lucha en el seno de las unidades militares y en las fábricas y empresas industriales. Se asignaron también misiones concretas a los barcos de guerra, a los cruceros "Aurora" y "Sariá Svobodi" ("Amanecer de la libertad").

En la sesión del Soviet de Petrogrado, a Trotski, fanfarronenado, se le fue la lengua y delató al enemigo la fecha de la insurrección, el día señalado por los bolsheviques para desencadenar el movimiento. Para no dar al Gobierno de Kerenski la posibilidad de hacer fracasar la insurrección armada, el C.C. del Partido decidió comenzar y llevar a cabo la insurrección antes de la fecha proyectada, la víspera del día en que habían de abrirse las sesiones del II Congreso de los Soviets.

Kerenski comenzó a actuar en las primeras horas de la mañana del 24 de octubre (6 de noviembre), dando orden de suspender el periódico titulado "Rabochi Put" ("La Senda Obrera"), órgano central del Partido bolshevique, y enviando los carros de asalto al local de la redacción de este periódico y al de la imprenta de los bolsheviques. Pero, hacia las 10 de la mañana, siguiendo instrucciones del camarada Stalin, los guardias rojos y los soldados revolucionarios desalojaron a los carros de asalto y reforzaron la guardia de la imprenta y de la redacción del periódico. Hacia las 11, salió "La Senda Obrera", con un llamamiento para derribar al Gobierno provisional. Al mismo tiempo, y siguiendo instrucciones del Centro del Partido para la insurrección, fueron concentrados urgentemente en el Smolny los destacamentos de soldados revolucionarios y de guardias rojos.

La insurrección había comenzado.

En la noche del 24 de Octubre, se trasladó Lenin al Smolny, para hacerse cargo personalmente de la dirección del movimiento. Durante toda la noche, no cesaron de llegar al Smolny unidades revolucionarias de tropas y destacamentos de guardias rojos. Los bolsheviques los enviaban al centro de la ciudad, a cercar el Palacio de Invierno, donde se había atrincherado el Gobierno provisional.

El 25 de octubre (7 de noviembre), la Guardia Roja y las tropas revolucionarias tomaron las estaciones de ferrocarril, las centrales de Correos y Telégrafos, los Ministerios y el Banco del Estado.

Fue disuelto el Preparlamento.

El Palacio del Smolny, residencia del Soviet de Petrogrado y del Comité Central del Partido bolshevique, convirtióse en Cuartel General de la revolución; era de aquí de donde salían todas las órdenes de batalla.

Los obreros de Petrogrado demostraron en estas jornadas que habían pasado, bajo la dirección del Partido bolshevique, por una buena escuela. Las unidades militares revolucionarias, preparadas para la insurrección por la labor de los bolsheviques, cumplían exactamente las órdenes de batalla que se les daban y se batían en fraternal compenetración con la Guardia Roja. La marina de guerra no desmereció del ejército. Cronstadt era una fortaleza del Partido bolshevique, donde hacía ya mucho tiempo que no se reconocía el Poder del Gobierno provisional. Con el estruendo de sus cañones, enfilados sobre el Palacio de Invierno, el crucero "Aurora" anunció, el 25 de octubre, el comienzo de la nueva era, la era de la Gran Revolución Socialista.

El 25 de octubre (7 de noviembre), se publicó un llamamiento del Partido bolshevique "A los ciudadanos de Rusia". En él se decía que el Gobierno Provisional burgués había sido derribado y que el Poder había pasado a manos de los Soviets.

El Gobierno provisional se había refugiado en el Palacio de Invierno, bajo la protección de los cadetes y de los batallones de choque. En la noche del 25 al 26 de octubre, los obreros, soldados y marinos revolucionarios tomaron por asalto al Palacio de Invierno y detuvieron al Gobierno provisional.

La insurrección armada en Petrogrado había vencido.

El II Congreso de los Soviets de toda Rusia abrió sus sesiones en el Smolny a las 10 y 45 minutos de la noche del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917, cuando se hallaba en todo su apogeo la insurrección triunfante en Petrogrado, y el Poder, en la capital, había pasado ya de hecho a manos del Soviet de la ciudad.

Los bolsheviques obtuvieron en este Congreso una aplastante mayoría. Los mensheviques, los delegados del "Bund" y los socialrevolucionarios de derecha, viendo que ya no tenían nada que hacer allí, se retiraron del Congreso, no sin antes declarar que renunciaban a tomar parte en sus tareas. En esta declaración hecha pública en el Congreso de los Soviets, calificaban como una "conspiración militar" la Revolución de Octubre. El Congreso puso en la picota a los mensheviques y socialrevolucionarios, manifestando que, no sólo no lamentaba su retirada, sino que se congratulaba de ella, ya que, gracias a la retirada de los traidores, el Congreso se convertía en un verdadero Congreso revolucionario de diputados obreros y soldados.

En nombre del Congreso, fue proclamado el paso de todo al Poder a manos de los Soviets.

En el llamamiento del II Congreso de los Soviets se decía:

"Apoyándose en la voluntad de la inmensa mayoría de los obreros, soldados y campesinos y en la insurrección triunfante llevada a cabo por los obreros y la guarnición de Petrogrado, el Congreso toma en sus manos el Poder".

En la noche del 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917, el II Congreso de los Soviets aprobó el decreto sobre la paz. El Congreso proponía a los países beligerantes concertar inmediatamente un armisticio por un plazo mínimo de tres meses, para entablar negociaciones de paz. Al mismo tiempo que se dirigía a los gobierno y a los pueblos de todos los países beligerantes, el Congreso hacía un llamamiento a los "obreros conscientes de las tres naciones más adelantadas de la Humanidad y de los tres Estados más importantes que toman parte en la actual guerra: Inglaterra, Francia y Alemania". E invitaba a estos obreros a que ayudasen a "llevar rápidamente a término la causa de la paz y con ella, la causa de la liberación de las masas trabajadoras y explotadas de toda esclavitud y de toda explotación".

En la noche del mismo día, el II Congreso de los Soviets aprobó también el decreto sobre la tierra, en el que se declaraba "inmediatamente abolida, sin ningún género de indemnización, la propiedad de los terratenientes sobre la tierra". Esta ley se aprobó, tomando como base un mandato campesino general, redactado con arreglo a los 242 mandatos locales formulados por los campesinos. En él se declaraba balido para siempre el derecho de propiedad privada sobre la tierra, que pasaba a ser sustituida por la propiedad de todo el pueblo, del Estado. Las tierras de los terratenientes, de la familia imperial y de la iglesia eran entregadas en disfrute gratuito a todos los trabajadores.

Mediante este decreto, la Revolución Socialista de Octubre entregaba a los campesinos más de 150 millones de hectáreas de tierra, que hasta entonces habían estado en manos de los terratenientes, de la burguesía, de la familia real, de los conventos y de la Iglesia.

Los campesinos quedaban libres del deber de pagar las rentas a los terratenientes, rentas que ascendían a cerca de 500 millones de rublos oro al año.

Todas las riquezas del subsuelo (el petróleo, el carbón y los minerales, etc.), los bosques y las aguas pasaban a ser propiedad del Pueblo.

Finalmente, del II Congreso de los Soviets de toda Rusia salió el primer Gobierno Soviético, el Consejo de Comisarios del Pueblo, formado en su totalidad por bolsheviques. Para presidirlo, fue designado Lenin.

Con esto, terminó sus tareas el histórico II Congreso de los Soviets.

Los delegados del Congreso se diseminaron por el país, para difundir la nueva del triunfo de los Soviets en Petrogrado y asegurar la victoria del Poder Soviético en toda Rusia.

No en todas partes fue tan rápido el paso del Poder a los Soviets. Ya estaba instaurado en Petrogrado el Poder Soviético, y en las calles de Moscú se reñían todavía empeñados y furiosos combates que duraron aún varios días. Antes de consentir que el Poder pasase a manos del Soviet de Moscú, los partidos contrarrevolucionarios, mensheviques y socialrevolucionarios, unidos a los guardias blancos y a los cadetes, desencadenaron la lucha armada contra los obreros y los soldados. Costó varios días aplastar a los facciosos e instaurar en Moscú el Poder de los Soviets.

En el propio Petrogrado y en sus inmediaciones, se hicieron, durante los primeros días del triunfo de la revolución, algunas tentativas contrarrevolucionarias para derrocar el Poder Soviético. El 10 de noviembre de 1917, Kerenski, que ya en plena insurrección había huido de Petrogrado a un sector del frente Norte, concentró algunas unidades de cosacos y las envió sobre Petrogrado, con el general Krasnov a la cabeza. El 11 de noviembre de 1917, la organización contrarrevolucionaria titulada "Comité de salvación de la patria y de la revolución", acaudillada por socialrevolucionarios, desencadenó en Petrogrado una sublevación de cadetes. Pero esta sublevación fue aplastada sin gran esfuerzo. Tras un solo día de lucha, al anochecer del 11 de noviembre, los marinos y los guardias rojos liquidaron la sublevación de los cadetes, y el 13 de noviembre era derrotado el general Krasnov cerca de las alturas de Pulkovo. Lenin dirigió personalmente el aplastamiento de esta sublevación antisoviética, lo mismo que había dirigido la insurrección de Octubre. Su firmeza inquebrantable y su serena seguridad en el triunfo animaban y fundían en un sólido bloque a las masas. El enemigo fue aplastado. Krasnov cayó prisionero y dió su "palabra de honor" de que no volvería a luchar contra el Poder Soviético. Se le puso en libertad bajo esta "palabra de honor"; pero, algún tiempo después, Krasnov traicionaba su palabra de general. Kerenski logró escaparse, disfrazado de mujer, "en dirección desconocida".

También el general Dujonin intentó promover una sublevación en Moguilev, en el Cuartel General del ejército. Cuando el Gobierno Soviético ordenó a Dujonin entablar inmediatemente negociaciones para concertar un armisticio con el mando alemán, este general se negó a cumplir las órdenes del Gobierno. En vista de esto, el Poder Soviético decretó su destitución. El alto mando contrarrevolucionario fue aplastado, y Dujonin pereció a manos de las tropas sublevadas contra él.

Asimismo intentaron una salida contra el Poder Soviético los consabidos oportunistas emboscados en el Partido: Kamenev, Zinoviev, Rykov, Shliapnikov y otros. Estos elementos comenzaron a exigir la formación de "un gobierno socialista homogéneo", con participación de los mensheviques y socialrevolucionarios, a quienes la Revolución de Octubre acababa de derribar. El 15 de noviembre de 1917, el C.C. del Partido bolshevique aprobó una resolución, desechando todo compromiso con estos partidos contrarrevolucionarios y declarando a Kamenev y Zinoviev esquiroles de la revolución. El 17 de noviembre, Kamenev, Zinoviev, Rykov y Miliutin, desconformes con la política del Partido, declararon que dimitían sus puestos en el Comité Central. El mismo día, 17 de noviembre, Noguin, en su nombre y en nombre de Rykov, V. Miliutin, Teodorovich, A. Shliapnikov, D. Riazanov, Yurenev y Larin, que habían entrado a formar parte del Consejo de Comisarios del Pueblo, formuló una declaración de desacuerdo con la política del C.C. del Partido, anunciando que los individuos mencionados dimitían sus cargos en el Gobierno Soviético. La huída de este puñado de cobardes produjo gran júbilo entre los enemigos de la Revolución de Octubre. Toda la burguesía y sus lacayos se frotaban las manos de gusto, chillando acerca del derrumbamiento del bolshevismo y pronosticando el naufragio del Partido bolshevique. Pero este puñado de desertores no consiguió hacer que el Partido vacilase ni un minuto. El Comité Central los cubrió con su desprecio, como a desertores de la revolución y lacayos de la burguesía, sin detenerse un instante en su camino.

En cuanto a los socialrevolucionarios de "izquierda", deseando no perder si influencia entre las masas campesinas, que simpatizaban claramente con los bolsheviques, decidieron no romper con éstos y mantener, por el momento, el frente único con ellos. El Congreso de los Soviets campesinos, celebrado en noviembre de 1917, reconoció todas las conquistas de la Revolución Socialista de Octubre y los decretos del Poder Soviético. Se pactó un acuerdo con los socialrevolucionarios de "izquierda", algunos de los cuales (Kolegaiev, Spiridonova, Proshián y Steinberg) fueron incluidos en el Consejo de Comisarios del Pueblo. Pero este acuerdo sólo se mantuvo en pie hasta la firma de la paz de Brest-Litovsk y la constitución de los Comités de campesinos pobres; la profunda diferenciación de clases que se produjo entonces entre los campesinos, hizo que los socialrevolucionarios de "izquierda", cuya posición reflejaba cada vez más acentuadamente los intereses de los kulaks, desencadenaran una sublevación contra los bolsheviques, siendo aplastados por el Poder Soviético.

Desde octubre de 1917 hasta enero-febrero de 1918, la revolución soviética logró extenderse por toda Rusia. Tan rápido fue el ritmo con que el Poder de los Soviets se fue instaurando a lo largo del territorio del inmenso país, que Lenin hablaba de la "marcha triunfal" del Poder Soviético.

La Gran Revolución Socialista de Octubre había triunfado.

Entre las diversas causas que determinaron este triunfo tan relativamente fácil de la Revolución Socialista en Rusia, conviene destacar, como fundamentales, las siguientes:

1. La revolución de Octubre se enfrentó con un enemigo tan relativamente débil, tan mal organizado y tan inexperto políticamente, como la burguesía rusa. La burguesía rusa, económicamente débil aun y enteramente dependiente de los suministros al Gobierno, no tenía ni la independencia política ni la iniciativa necesarias para encontrar una salida a la situación. No poseía esa experiencia en las picardías y en los manejos políticos en gran escala que posee, por ejemplo, la burguesía francesa, ni había pasado por la escuela de cambalaches y granujadas de gran estilo en que es maestra, por ejemplo, la burguesía inglesa. La burguesía rusa que, días antes, se esforzaba en llegar a un acuerdo con el zar, derrocado por la revolución de Febrero no supo, al subir al Poder, después de esto, hacer cosa mejor que continuar en sus líneas fundamentales la política del aborrecido autócrata. Abogaba, lo mismo que el zar, por la "guerra hasta la victoria final", a pesar de que la guerra arruinaba y agotaba al país y dejaba exhaustas las energías del pueblo y del ejército. Abogaba, lo mismo que el zar, por la conservación en sus líneas fundamentales de la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, a pesar de que los campesinos perecían por falta de tierras y sucumbían bajo la opresión de los terratenientes. En cuanto a la política seguida respecto a la clase obrera, la burguesía rusa iba todavía más allá que el zar en su odio contra el proletariado, pues no sólo se esforzó en mantener y robustecer la opresión de los patronos, sino que, además, la hacía insoportable, mediante la aplicación de lockouts en masa.

No era, pues, extraño que el pueblo no viese ninguna diferencia esencial entre la política del zar y la de la burguesía y transfiriese al Gobierno provisional de ésta su odio contra el zarismo.

Mientras los partidos oportunistas socialrevolucionario y menshevique conservaron cierta influencia sobre el pueblo, la burguesía pudo atrincherarse detrás de ellos y mantener en sus manos el Poder. Pero, después que los mensheviques y socialrevolucionarios se desenmascararon como agentes de la burguesía imperialista, perdiendo con ello su influencia sobre el pueblo, la burguesía y su Gobierno provisional quedaron en el aire.

2. A la cabeza de la Revolución de Octubre figuraba una clase revolucionaria como la clase obrera de Rusia, templada en las luchas, que había pasado en poco tiempo por dos revoluciones y había sabido conquistar, en vísperas de la tercera revolución, la autoridad de dirigente del pueblo, en su lucha por la paz, por la tierra, por la libertad y por el socialismo.

Si no hubiese existido este dirigente de la revolución, acreedor a la confianza del pueblo, que era la clase obrera de Rusia, no se hubiese logrado tampoco la alianza entre los obreros y los campesinos, sin la cual no habría podido triunfar la Revolución de Octubre.

3. La clase obrera de Rusia contaba con una aliado tan importante en la revolución como eran los campesinos pobres, que formaban la aplastante mayoría de la población campesina. La experiencia de ocho meses de revolución, que valía, indudablemente, por la de decenas de años de desarrollo "normal", no había pasado en vano para las masas trabajadoras del campo. Durante estos meses, habían tenido ocasión de pulsar en la realidad a todos los partidos de Rusia y convencerse de que no eran los kadetes, ni los socialrevolucionarios, ni los mensheviques los que pelearían contra los terratenientes ni derramarían su sangre por los campesinos; de que sólo había en Rusia un partido que no se hallaba vinculado con los terratenientes y que estaba dispuesto a aplastar a éstos para satisfacer las necesidades de los campesinos, y este partido era el Partido bolshevique. Esta circunstancia fue la que sirvió de base real para la alianza del proletariado con los campesinos pobres. La existencia de esta alianza entre la clase obrera y los pobres del campo determinó también la conducta de los campesinos medios, que vacilaron durante largo tiempo y sólo en vísperas de la insurrección de Octubre se orientaron debidamente hacia la revolución, uniéndose a los campesinos pobres.

Huelga demostrar que sin esta alianza la Revolución de Octubre no hubiera podido vencer.

4. La clase obrera tenía a su cabeza un partido tan experto en las luchas políticas como el Partido bolshevique. Sólo un partido como el bolshevique, suficientemente intrépido para conducir al pueblo al asalto decisivo y suficientemente prudente para sortear todos los obstáculos que se alzaban en el camino hacia la meta; sólo un partido así, podía fundir tan hábilmente en un gran torrente revolucionario movimientos revolucionarios tan diversos como el movimiento democrático general por la paz, el movimiento democrático-campesino por la incautación de las tierras de los terratenientes, el movimiento de liberación nacional de los pueblos oprimidos por la igualdad de derechos de las naciones y el movimiento socialista de la clase obrera por el derrocamiento de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado.

Es indudable que la fusión de estas diversas corrientes revolucionarias en un poderoso torrente revolucionario único fue lo que decidió la suerte del capitalismo en Rusia.

5. La Revolución de Octubre estalló en un momento en que la guerra imperialista estaba aún en su apogeo, en que los principales Estados burgueses se hallaban escindidos en dos campos enemigos, en que estos Estados, empeñados en una guerra de unos contra otros y debilitándose mutuamente, no podían inmiscuirse a fondo en los "asuntos de Rusia" interviniendo activamente contra la Revolución de Octubre.

Es indudable que esta circunstancia facilitó considerablemente el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre.





7.

La lucha del Partido bolshevique por la consolidación del Poder soviético.





Para consolidar el Poder Soviético, era necesario destrozar, romper el antiguo aparato del Estado burgués y sustituirlo por el nuevo aparato del Estado Soviético. Era necesario, asimismo, destruir los restos del régimen de castas y de opresión nacional, abolir los privilegios de la Iglesia, acabar con la prensa contrarrevolucionaria y con las organizaciones contrarrevolucionarias de todo género, tanto legales como ilegales, y disolver la Asamblea Constituyente burguesa. Por último, era necesario nacionalizar, tras de la tierra, toda la gran industria, y, sobre todo, salir de la situación de guerra, acabar con la guerra, que era el mayor obstáculo que se oponía a la consolidación del Poder Soviético.

Todas estas medidas fueron llevadas a cabo a la práctica en el transcurso de unos cuantos meses, desde fines de 1917 a mediados de 1918.

Fue roto y liquidado el sabotaje de los funcionarios de los viejos ministerios, organizado por los socialrevolucionarios y los mensheviques. Fueron suprimidos los ministerios, creándose, para sustituirlos, aparatos soviéticos de administración y los correspondientes Comisariados del Pueblo. Se creó el Consejo Supremo de Economía nacional, encargado de dirigir la industria del país. Se organizó la Comisión extraordinaria de toda Rusia (la "Cheka") para luchar con la contrarrevolución y el sabotaje, poniéndose al frente de ella a F. Dzerzhinski. Se dio un decreto creando el Ejército y la Flota Rojos. Fue disuelta la Asamblea Constituyente, que había sido elegido, fundamentalmente, antes de la Revolución de Octubre, y se había negado a confirmar los decretos del II Congreso de los Soviets sobre la paz, sobre la tierra y sobre la instauración del Poder Soviético.

Con el fin de liquidar definitivamente los residuos del feudalismo, del régimen de castas y de la desigualdad de derechos en todos los órdenes de la vida social, se dieron una serie de decretos aboliendo los privilegios de casta, suprimiendo las restricciones nacionales y religiosas, separando la Iglesia del Estado y la escuela de la Iglesia y concediendo igualdad de derechos a las mujeres y a las diversas nacionalidades de Rusia.

En un decreto especial del Gobierno Soviético, que se conoce con el nombre de "Declaración de derechos de los pueblos de Rusia", se estatuyó como ley el libre desarrollo de los pueblos de toda Rusia y su plena igualdad de derechos.

Con el fin de minar la fuerza económica de la burguesía y de organizar la nueva Economía nacional soviética, y, sobre todo, la nueva industria soviética, fueron nacionalizados los bancos, los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante y toda la gran industria, en sus diversas ramas: industria carbonífera, metalúrgica, petrolífera, química, de construcción de maquinaria, textil, azucarera, etc.

Con objeto de emancipar al país de su dependencia financiera y de su explotación por los capitalistas extranjeros, fueron anulados los empréstitos exteriores concertados en nombre de Rusia por el zar y el Gobierno provisional. Los pueblos del País Soviético no tenían por qué pagar las deudas contraídas para prolongar la guerra de rapiña y que habían entregado el país esclavizado a las garras del capital extranjero.

Todas estas medidas y otras semejantes atacaban en su raíz las fuerzas de la burguesía, de los terratenientes, de la burocracia reaccionaria y de los partidos contrarrevolucionarios, consolidando considerablemente el Poder Soviético en el interior del país.

Pero la situación del Poder Soviético no podía considerarse plenamente afianzada, mientras Rusia se hallase en estado de guerra con Alemania y Austria. Para consolidar definitivamente el Poder Soviético, era necesario poner fin a la guerra. Por eso, el Partido desplegó su lucha por la paz desde los primeros días del triunfo de la Revolución de Octubre.

El Gobierno Soviético propuso "a todos los países beligerantes y a sus gobierno entablar negociaciones inmediatas para una paz justa y democrática". Pero los "aliados", Inglaterra y Francia se negaron a aceptar la propuesta del Gobierno Soviético. En vista de la negativa de Francia e Inglaterra a entablar negociaciones de paz, el Gobierno Soviético, cumpliendo la voluntad de los Soviets, decidió entrar en negociaciones con Alemania y Austria.

Estas negociaciones comenzaron el 3 de diciembre, en Brest-Litovsk. El 5 de diciembre, se firmó el convenio de armisticio, es decir, de suspensión temporal de las hostilidades.

Las negociaciones de paz se desarrollaron en una situación en que la Economía nacional se derrumbaba, en que todo el país estaba cansado de la guerra, las unidades militares abandonaban las trincheras y los frentes se desmoronaban. Durante las negociaciones se puso de manifiesto que los imperialistas alemanes pretendían apoderarse de enormes porciones del territorio del antiguo imperio zarista y convertir a Polonia, a Ucrania y a los países del Báltico en Estados vasallos de Alemania.

Continuar la guerra en estas condiciones equivalía a jugarse a una carta la existencia de la República soviética, que acababa de nacer. Planteábase ante la clase obrera y los campesinos la necesidad de aceptar las duras condiciones de paz, y de replegarse ante el bandolero más peligroso por aquel entonces, el imperialismo alemán, para obtener una tregua, robustecer el Poder Soviético y crear un nuevo ejército, el Ejército Rojo, capaz de defender al país contra los ataques de sus enemigos.

Todos los contrarrevolucionarios, comenzando por los mensheviques y los socialrevolucionarios y acabando por los guardias blancos más caracterizados, desplegaron una campaña rabiosa de agitación contra la firma de la paz. Su línea era clara: aspiraban a romper las negociaciones de paz, provocar la ofensiva de los alemanes y exponer a un golpe al naciente Poder Soviético, poniendo en peligro las conquistas de los obreros y los campesinos.

En esta empresa tenebrosa, tenían por aliados a Trotski y a su escudero Bujarin, quien, en unión de Radek y de Piatakov, acaudillaba el grupo antibolshevique que se disfrazaba con el nombre de grupo de los "comunistas de izquierda". Trotski y el grupo de los "comunistas de izquierda" libraron en el seno del Partido una lucha furiosa contra Lenin, exigiendo la continuación de la guerra. Estas gentes hacían claramente el juego a los imperialistas alemanes y a los contrarrevolucionarios dentro del país, ya que laboraban por exponer a la naciente República Soviética, carente aun de ejército, a los golpes del imperialismo alemán.

Era, verdaderamente, una política de provocadores, hábilmente disfrazada con frases izquierdistas.

El 10 de febrero de 1918, se interrumpieron las negociaciones de paz de Brest-Litovsk. A pesar de que Lenin y Stalin insistían, en nombre del C.C. del Partido bolshevique, en que se firmase la paz, Trotski, que era presidente de la delegación soviética de paz enviada a Brest, traicionó abiertamente las instrucciones concretas del Partid bolshevique. Declaró que la República Soviética se negaba a firmar la paz en las condiciones propuestas por Alemania, y, al mismo tiempo, comunicó a los alemanes que los Soviets no harían la guerra y continuarían desmovilizando su ejército.

La cosa era monstruosa. Ni los mismos imperialistas alemanes podían pedir más de aquel traidor a los intereses del País Soviético.

El gobierno alemán dio por terminado el armisticio y pasó a la ofensiva. Los restos de nuestro antiguo ejército no hicieron frente al empuje de las tropas alemanas y comenzaron a dispersarse. Los alemanes avanzaban rápidamente, ocupando territorios inmensos y amenazando a Petrogrado. El imperialismo alemán, irrumpiendo en el país de los Soviets, se trazaba como objetivo derrocar el Poder Soviético y convertir al país en una colonia suya. El antiguo ejército zarista, que se derrumbaba, no podía hacer frente a las legiones armadas del imperialismo alemán y se replegaba ante los golpes del ejército enemigo.

Pero la intervención armada de los imperialistas alemanes provocó una potente oleada de ardor revolucionario dentro del país. La clase obrera respondió al grito de "¡La patria socialista está en peligro!" lanzada por el Partido y el Gobierno Soviético, poniendo en pie de guerra numerosas unidades del Ejército Rojo. Los jóvenes destacamentos del nuevo ejército, del ejército del pueblo revolucionario, rechazaron heroicamente la acometida del bandolero imperialista alemán, armado hasta los dientes. En Narva y Pskov, los invasores alemanes se encontraron con una réplica enérgica. Su avance sobre Petrogrado quedó contenido. El día en que fueron rechazadas las tropas del imperialismo alemán -el 23 de febrero- fue el día en que nació el Ejército Rojo.

Ya el 18 de febrero de 1918, el C.C. del Partido bolshevique había aprobado la propuesta de Lenin de enviar un telegrama al gobierno alemán sobre la conclusión inmediata de la paz. Para arrancar condiciones más favorables, los alemanes prosiguieron la ofensiva y hasta el 22 de febrero no se mostró al gobierno alemán dispuesto a firmar la paz, señalando, además, condiciones mucho más duras que las primitivas.

Lenin, Stalin y Sverdlov hubieron de mantener una lucha empeñadísima en el seno del Comité Central contra Trotski, Bujarin y demás trotskistas, hasta conseguir que se tomase el acuerdo de concertar la paz. Lenin señaló que Bujarin y Trotski "ayudabanentorpecían los avances y el desarrollo de la revolución en Alemania" (Lenin, t. XXII, pág. 307, ed. rusa).

El 23 de febrero, acordó el C.C. aceptar las condiciones impuestas por el Mando alemán y firmar el tratado de paz. La traición de Trotski y Bujarin le costó cara a la República de los Soviets. Fueron anexionadas por Alemania, Letonia y Estonia, además de Polonia, y Ucrania quedó separada de la República Soviética y convertida en un Estado vasallo de Alemania. Se impuso, además, al País Soviético la obligación de pagar una contribución de guerra a los alemanes.

Entretanto, los llamados "comunistas de izquierda" proseguían su lucha contra Lenin, hundiéndose cada vez más en el pantano de la traición.

El Buró regional del Partido de Moscú, del que lograron adueñarse temporalmente los "comunistas de izquierda" (Bujarin, Osinski, Yakovleva, Stukov, Mantzev), aprobó una resolución escisionista de desconfianza en el C.C. y declaró que consideraba "casi inevitable la escisión del Partido en un plazo inmediato". Y se llegaba hasta el extremo de incluir en esta resolución un acuerdo antisoviético: "En interés de la revolución internacional -declaraban en ella los "comunistas de izquierda"-, consideramos conveniente aceptar la posibilidad de la pérdida del Poder Soviético, que se está convirtiendo en un Poder puramente formal".

Lenin calificó esta resolución de "peregrina y monstruosa".

Por aquel entonces, el Partido no veía aún clara la causa real de esta conducta antibolshevique de Trotski y de los "comunistas de izquierda". Pero el proceso del Bloque antisoviético derechista-trotskista, celebrado recientemente (a comienzos de 1938), ha revelado que Bujarin y el grupo de "comunistas de izquierda", acaudillado por él, se hallaban ya en aquel tiempo, juntamente con Trotski y los socialrevolucionarios de "izquierda", en relaciones secretas y conspirativas contra el Gobierno de los Soviets. Se ha comprobado que Bujarin, Trotski y sus cómplices en la conjura se proponían como objetivo romper el tratado de paz de Brest-Litovsk, detener a V. I. Lenin, I. V. Stalin e I. M. Sverdlov, asesinarlos y formar un nuevo gobierno, compuesto de bujarinistas, trotskistas y socialrevolucionarios de "izquierda".

A la par que organizaba clandestinamente este complot contrarrevolucionario, el grupo de los "comunistas de izquierda", apoyado por Trotski, atacaba abiertamente al Partido bolshevique, aspirando a escindirlo y a descomponer sus filas. Pero, en aquellos momentos difíciles, el Partido formó un bloque en torno a Lenin, Stalin y Sverdlov y apoyó al Comité Central, tanto en el problema de la paz como en los demás problemas planteados.

El grupo de los "comunistas de izquierda" quedó aislado y derrotado.

Para tomar una decisión definitiva sobre el problema de la paz, se convocó al VII Congreso del Partido bolshevique.

El VII Congreso del Partido abrió sus sesiones el 6 de marzo de 1918. Era el primer Congreso que se convocaba después de la toma del Poder por el Partido bolshevique. Asistieron a él 46 delegados con voz y voto y 58, sin derecho a votar. Estuvieron representados en este Congreso 145.000 afiliados. En realidad, el Partido tenía ya más de 270.000 miembros. Esta diferencia se explica por el carácter urgente del Congreso, que impidió a muchas organizaciones enviar delegados, no habiendo podido hacerlo tampoco las encalvadas en el territorio ocupado por los alemanes.

Informando sobre la paz de Brest-Litovsk, Lenin dijo en este Congreso: "...la dura crisis por la que atraviesa nuestro Partido, con motivo de la formación dentro de él de una oposición de izquierda, es una de las mayores crisis por las que ha pasado la revolución rusa" (Lenin, t. XXII, pág. 321, ed. rusa).

La resolución presentada por Lenin sobre la paz de Brest-Litovsk fue aprobada por 30 votos contra 12 y 4 abstenciones.

Al día siguiente de aprobarse esta resolución, Lenin escribía en su artículo titulado "Una paz desgraciada":

"Insoportablemente duras son las condiciones de paz. Pero, a pesar de todo, la historia se impondrá... ¡A trabajar en la organización, en la organización y en la organización! El porvenir, cualesquiera que sean las pruebas por las que pasemos, es nuestro" (Obra citada, pág. 288).

En la resolución aprobada por el Congreso se advertía que sería inevitable que en el futuro surgiesen también ataques bélicos de los Estados imperialistas contra la República de los Soviets, por cuya razón el Congreso consideraba deber fundamental del Partido tomar las medidas más enérgicas y decisivas con objeto de elevar la disciplina en el seno del Partido y la de los obreros y campesinos en general, poner a las masas en condiciones de defender abnegadamente la patria socialista, organizar el Ejército Rojo e instruir militarmente a toda la población.

El Congreso, después de ratificar la justeza de la línea leninista en el problema de la paz de Brest-Litovsk, condenó la posición de Trotski y de Bujariny estigmatizó el intento de los "comunistas de izquierda", derrotados, de proseguir en el mismo Congreso su labor escisionista.

La firma de la paz de Brest-Litovsk dio al Partido la posibilidad de ganar tiempo para afianzar el Poder Soviético y poner en orden la Economía del país.

La firma de la paz dio al Partido la posibilidad de aprovecharse de los choques existentes dentro del campo imperialista (continuación de la guerra de Austria y Alemania con la Entente), de descomponer las fuerzas del adversario, de organizar la Economía soviética y de crear el Ejército Rojo.

La paz de Brest-Litovsk permitió al proletariado mantener a su lado a los campesinos y acumular fuerzas para aplastar a los generales blancos en el periodo de la guerra civil.

Durante el periodo de la Revolución de Octubre, Lenin había enseñado al Partido bolshevique cómo hay que avanzar resueltamente y sin miedo, cuando se dan las condiciones necesarias para ello. Durante el periodo de la paz de Brest-Litovsk, le enseñó cómo hay que retroceder, ordenadamente, cuando las fuerzas del adversario superan a ciencia cierta las propias, con el fin de preparar con la mayor energía la nueva ofensiva contra el enemigo.

La historia ha confirmado plenamente la justeza de la línea leninista.

En el VII Congreso se tomó el acuerdo de cambiar el nombre del Partido y de redactar un nuevo programa. El Partido pasó a llamarse Partido Comunista de Rusia (bolshevique) -P.C.R. (b)-. Lenin propuso este nombre, por ajustarse exactamente al objetivo que el Partido bolshevique se propone, que es la realización del comunismo.

Para la redacción del nuevo programa del Partido fue elegida una Comisión especial, de la que formaban parte Lenin, Stalin y otros, tomándose como base el proyecto presentado por Lenin.

Como se ve, el VII Congreso realizó una obra histórica formidable: derrotó a los enemigos emboscados dentro del Partido, a los "comunistas de izquierda" y a los troskistas, consiguió sacar al país de la guerra imperialista, logró la paz, y con ella una tregua que permitió al Partido ganar tiempo para organizar el Ejército Rojo, e impuso al Partido la misión de implantar un orden socialista en la Economía nacional.





8.

El plan de Lenin para abordar la construcción del socialismo.





Después de concertar la paz y obtener una tregua, el Poder Soviético abordó el problema de desarrollar la construcción del socialismo. Lenin llamaba al periodo, que va desde noviembre de 1917 hasta febrero de 1918, el periodo de "ataque de Guardia Roja contra el capital". Durante el primer semestre del año 1918, el Poder Soviético logró destruir la potencia económica de la burguesía, concentrar en sus manos los puestos de mando de la Economía nacional (las fábricas y empresas industriales, los bancos, los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante, etc.), destrozar el aparato del Estado burgués y liquidar victoriosamente los primeros intentos de la contrarrevolución para derrocar el Poder Soviético.

Pero todo esto distaba todavía mucho de ser suficiente. Para poder avanzar, era necesario pasar del derrumbamiento de lo viejo a la construcción de lo nuevo. Por eso, en la primavera de 1918, se inició el paso a la nueva etapa de la construcción socialista, se pasó de la "expropiación de los expropiadores", al afianzamiento organizado de las victorias conseguidas, a la edificación de la Economía nacional soviética. Lenin consideraba necesario aprovecharse hasta el máximum de la tregua para abordar el problema de echar los cimientos de la Economía socialista. Los bolsheviques tenían que aprender a organizar de un modo nuevo la producción y a administrarla. Lenin escribía que el Partido bolshevique había logrado convencer a Rusia y había conseguido arrancarla de manos de los ricos para entregarla al pueblo; ahora, decía Lenin, es necesario que el Partido bolshevique aprenda a gobernar y administrar a Rusia.

En esta etapa, Lenin reputaba como tareas fundamentales las de contabilizar lo que se producía en la Economía nacional y controlar el consumo de todos los artículos producidos. En la economía rusa predominaban los elementos pequeñoburgueses. Millones de pequeños industriales y campesinos formaban el terreno que servía de base para el desarrollo del capitalismo. Estos pequeños empresarios no reconocían ni la disciplina del trabajo ni la disciplina general del Estado; no se sometían a ningún requisito de contabilidad ni de control. En aquellos momentos difíciles, constituía un peligro especialmente grande el elemento pequeño burgués de especulación y mercantilismo, y las tentativas de estos pequeños industriales y comerciantes de enriquecerse a costa de la miseria del pueblo.

El Partido bolshevique desplegó una lucha enérgica contra la desidia en la producción, contra la falta de disciplina de trabajo en la industria. Las masas iban asimilando, lentamente nuevos hábitos de trabajo. Esto hacía que la lucha por una disciplina en el trabajo fuese, durante este periodo, la tarea central.

Lenin señaló la necesidad desplegar la emulación socialista en la industria, de implantar al salario a destajo, de luchar contra el igualitarismo, aplicando, a la par con medidas educativas de persuasión, medidas de coacción contra cuantos pretendieran estafar al Estado, contra los haraganes y los especuladores. Entendía que la nueva disciplina, una disciplina de trabajo, una disciplina de camaradería, una disciplina soviética, sería forjada por los millones de trabajadores en la práctica de su trabajo cotidiano. Y hacía notar que "esta obra llenará toda una época histórica" (Lenin, t. XXIII, pág. 44, ed. rusa).

Todos estos problemas de la construcción del socialismo, los problemas de la creación de nuevas relaciones de producción de tipo socialista, fueron esclarecidos por Lenin en su notable trabajo titulado "Las tareas actuales del Poder Soviético".

Los "comunistas de izquierda", del brazo de los socialrevolucionarios y mensheviques, lucharon también contra Lenin respecto a estos problemas. Bujarin, Osinski y otros se manifestaron en contra de la implantación de una disciplina, en contra de la dirección unipersonal de las empresas, en contra del empleo de especialistas en la industria, en contra de la instauración de un régimen de contabilidad y de control financiero. Y calumniaban a Lenin, afirmando que semejante política representaba la vuelta al régimen burgués. Al mismo tiempo, los "comunistas de izquierda" predicaban la tesis trotskista sobre la imposibilidad de que en Rusia saliese adelante la edificación socialista y triunfase el socialismo.

Detrás de las frases "izquierdistas" de los "comunistas de izquierda" se escondía la defensa de los kulaks, de los haraganes, de los especuladores, que eran enemigos de la disciplina del trabajo y veían con hostilidad la reglamentación por el Estado de la vida económica, el régimen de contabilidad y de control.

Después de perfilar los problemas de la organización de la nueva industria soviética, el Partido bolshevique acometió los problemas del campo. En el campo, estaba en ebullición, por aquel entonces, la lucha de los campesinos pobres contra los kulaks. Estos acaparaban por la fuerza, se apoderaban de las tierras que les habían sido arrebatadas a los terratenientes. Los campesinos pobres estaban necesitados de ayuda. Los kulaks luchaban contra el Estado proletario, negándose a venderle el trigo a precio de tasa. Proponíanse obligar al Estado Soviético, por medio del hambre, a renunciar a la implantación de medidas socialistas. El Partido bolshevique se trazó el objetivo de aplastar a los kulaks contrarrevolucionarios. Para organizar a los campesinos pobres y luchar con éxito contra los kulaks, que disponían del trigo sobrante, se organizó una campaña de los obreros en el campo.

"¡Camaradas obreros! -escribía Lenin- recordad que la revolución atraviesa por una situación crítica. Recordad que sois vosotros y nadie más que vosotros quienes podéis salvar la revolución. Decenas de miles de obreros escogidos, adelantados, entregados a la causa del socialismo, incapaces de rendirse al soborno ni a la rapiña, capaces de crear una fuerza férrea contra los kulaks, los especuladores, los merodeadores, las gentes venales, los desorganizadores: he ahí lo que nos hace falta" (Lenin, t. XXIII, pág. 25, ed. rusa).

"La lucha por el pan es la lucha por el socialismo", dijo Lenin, y bajo esta consigna se desarrolló la organización de los obreros para la campaña en las aldeas. Se dictó una serie de decretos por los que se instauraba una dictadura del abastecimiento y se concedían a los órganos del Comisariado de Abastecimiento poderes extraordinarios para comprar trigo a precios de tasa.

Por un decreto del 11 de junio de 1918, fueron creados los Comités de campesinos pobres. Esto Comités desempeñaron un gran papel en la lucha contra los kulaks, en el nuevo reparto de las tierras confiscadas y la distribución de los aperos de labranza y del ganado de labor, en la adquisición a los kulaks de los productos sobrantes y en avituallamiento de los centros obreros y del Ejército Rojo. 50 millones de hectáreas de tierras detentadas por los kulaks pasaron a manos de los campesinos pobres y medios. Y fue confiscada a los kulaks, en beneficio de los campesinos pobres, una parte considerable de los medios de producción.

La organización de estos Comités de campesinos pobres representó una etapa de avance en la marcha de la revolución socialista en el campo. Estos comités eran los baluartes de la dictadura del proletariado en la aldea. Y fueron, además, en una medida considerable, el cauce a través del cual se reclutaron los cuadros del Ejército Rojo entre la población campesina.

La campaña de los proletarios en las aldeas y la organización de los Comités de campesinos pobres afianzaron el Poder Soviético en el campo y tuvieron una enorme importancia política para atraer a los campesinos medios al lado del Poder Soviético.

A fines de 1918, después de cumplir su misión, los Comités de campesinos pobres dejaron de existir, fundiéndose con los Soviets rurales.

El 4 de julio de 1918, se abrió el V Congreso de los Soviets. Los socialrevolucionarios de "izquierda" desplegaron en este Congreso una lucha rabiosa contra Lenin, en defensa de los kulaks. Exigieron que se pusiese fin a la campaña contra los kulaks y se renunciase a enviar al campo destacamentos obreros encargados del abastecimiento. Y cuando se convencieron de que su actitud encontraba una resistencia firme por parte de la mayoría del Congreso, organizaron una sublevación en Moscú, se apoderaron de una calle y comenzaron a cañonear desde ella el Kremlin. Pero, en término de pocas horas, esta aventura socialrevolucionaria de "izquierda" fue aniquilada por los bolsheviques. Y aunque las organizaciones locales de los socialrevolucionarios de "izquierda" intentaron también sublevarse en una serie de puntos del país, la aventura fue rápidamente liquidada en todas partes.

Como ha venido a demostrar últimamente el proceso contra el Bloque antisoviético derechista-trotskista, la sublevación de los socialrevolucionarios de "izquierda" se produjo con conocimiento y de acuerdo con Bujarin y Trotski, y formaba parte del plan general de un complot contrarrevolucionario de los bujarinistas, los trotskistas y los socialrevolucionarios de "izquierda" contra el Poder Soviético.

Por aquellos mismos días, el socialrevolucionario de "izquierda" Bliumkin, que más tarde había de pasar a ser agente de Trotski, se deslizó en la embajada alemana y, con el fin de provocar una guerra con Alemania, asesinó al embajador alemán en Moscú, Mirbach. Pero el Gobierno Soviético logró evitar la guerra y hacer fracasar la provocación de los contrarrevolucionarios.

En el V Congreso de los Soviets fue aprobada la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, la primera de todas las constituciones soviéticas.





RESUMEN





Durante los ocho meses que van desde febrero a octubre de 1917, el Partido bolshevique realiza una dificilísima labor: conquista la mayoría de la clase obrera y, dentro de los Soviets, atrae al lado de la Revolución Socialista a millones de campesinos. Arranca a estas masas a la influencia de los partidos pequeño-burgueses (socialrevolucionarios, mensheviques, anarquistas) y va desenmascarando paso a paso, la política de esto partidos, dirigida contra los intereses de los trabajadores. El Partido bolshevique despliega una labor política gigantesca en el frente y en la retaguardia, preparando a las masas para la Revolución Socialista de Octubre.

Los momentos decisivos en la historia del Partido bolshevique durante este periodo, fueron: la llegada de Lenin de la emigración, sus Tesis de Abril, la Conferencia de Abril del Partido y el VI Congreso de éste. Los acuerdos del Partido infundieron a la clase obrera fuerza y seguridad en el triunfo y le dieron soluciones para los problemas más importantes de la Revolución. La Conferencia de Abril encaminó al Partido hacia la lucha por el paso de la revolución democráticoburguesa a la revolución socialista. El VI Congreso orientó al Partido hacia la insurrección armada contra la burguesía y su gobierno provisional.

Los partidos oportunistas, socialrevolucionarios y mensheviques, anarquistas y demás partidos no comunistas, coronaron su trayectoria: todos ellos se convirtieron, ya antes de la Revolución de Octubre en partidos burgueses, defendiendo la integridad y la conservación del régimen capitalista. Sólo el Partido bolshevique dirigió a las masas en su lucha por el derrocamiento de la burguesía y la instauración del Poder de los Soviets.

Al mismo tiempo, los bolsheviques aplastaron los intentos de los capituladores dentro del partido, los intentos de Zinoviev, Kamenev, Rykov, Bujarin, Trotski, Piatakov y otros de desviar al Partido del camino de la Revolución Socialista.

La clase obrera, dirigida por el Partido bolshevique, aliada a los campesinos pobres y apoyada por los soldados y marinos, derribó el Poder de la burguesía, instauró el Poder de los Soviets, fundó un nuevo tipo de Estado, el Estado soviético socialista, abolió la propiedad de los terratenientes sobre la tierra, entregó ésta en disfrute a los campesinos, nacionalizó toda la tierra del país, expropió a los capitalistas, puso término a la guerra conquistando la paz, obtuvo la necesaria tregua y creó con ello las condiciones indispensables para el desarrollo de la construcción socialista.

La Revolución Socialista de Octubre destruyó el capitalismo, arrebató a la burguesía los medios de producción y convirtió las fábricas y empresas industriales, la tierra, los ferrocarriles y los bancos en propiedad de todo el pueblo, en propiedad social.

Instauró la dictadura del proletariado y entregó la dirección de un inmenso Estado a la clase obrera, convirtiéndola con ello en clase dominante.

Con esto, la Revolución Socialista de Octubre abre en la historia de la Humanidad una nueva era, la era de las revoluciones proletarias.









1918-1920

EL PARTIDO BOLSHEVIQUE DURANTE EL PERIODO DE LA

INTERVENCIÓN MILITAR EXTRANJERA Y DE LA GUERRA CIVIL



1.

Comienza la intervención militar extranjera.





La firma de la paz de Brest-Litovsk y el afianzamiento del Poder Soviético, como resultado de la serie de medidas de tipo económico-revolucionario adoptadas por él, en los momentos en que la guerra seguía en si apogeo en los frentes occidentales, provocaron una alarma muy grande entre los imperialistas de la Europa occidental y, sobre todo, entre los de la Entente.

Los imperialistas del campo de la Entente temían que la paz entre Alemania y Rusia aliviase la situación militar de Alemania, empeorando con ello, por lo tanto, la situación de las tropas de la Entente. Temían, además, que la firma de la paz entre Rusia y Alemania acentuase el anhelo de paz en todos los países y en todos los frentes, quebrantando de este modo la causa de la guerra, la causa de los imperialistas. Temían, finalmente, que la existencia del Poder Soviético en un territorio tan enorme como el de Rusia y los éxitos logrados por él dentro del país, después del derrocamiento del Poder de la burguesía, fuesen un ejemplo contagioso para los obreros y soldados de los países occidentales, en los que fermentaba un profundo descontento contra aquella guerra interminable y que -siguiendo el ejemplo de los rusos- podían llegar a volver las bayonetas contra sus amos y opresores. Por todas estas razones, los gobiernos de la Entente decidieron lanzarse a la intervención militar contra Rusia, con el fin de derribar el Poder Soviético e instaurar un Poder burgués que restableciese el régimen capitalista dentro del país, anulase el tratado de paz con los alemanes y rehiciese el frente de guerra contra Alemania y Austria.

Los imperialistas de la Entente se embarcaron alegremente en esta tenebrosa aventura, convencidos como estaban de la inestabilidad del Poder Soviético y seguros de que, a poco que sus enemigos se esforzasen, su caída sería inevitable y rápida.

Mayor era aún la alarma que los éxitos del Poder Soviético y su afianzamiento infundían en las filas de las clases derrocadas -entre los terratenientes y los capitalistas-, en las filas de los partidos derrotados -kadetes, mensheviques, socialrevolucionarios, anarquistas y nacionalistas burgueses de todas las calañas- y en las filas de los generales blancos, de la oficialidad cosaca, etc.

Desde los primeros días del triunfo de la Revolución de Octubre, todos estos elementos enemigos gritaban a pleno pulmón que el Poder Soviético no podía echar raíces en Rusia, que estaba condenado a morir, que se hundiría forzosamente al cabo de una, o dos semanas, a la vuelta de un mes, o a lo sumo, de dos o tres meses. Y como el Poder Soviético, a pesar de los exorcismos de sus adversarios, seguía existiendo y afianzándose, los enemigos del Poder Soviético dentro de Rusia viéronse obligados a reconocer que el nuevo Poder era mucho más fuerte de lo que ellos habían pensado y que para derribarlo era necesario desplegar esfuerzos muy serios y desencadenar una rabiosa lucha de todas las fuerzas de la contrarrevolución. En vista de esto, decidieron desarrollar una amplia labor sediciosa y contrarrevolucionaria encaminada a agrupar las fuerzas de la contrarrevolución, a reclutar cuadros militares y a organizar la sublevación, sobre todo, en las regiones de cosacos y de kulaks.

Y así, ya en la primera mitad del año 1918, se formaron de un modo definido dos grupos de fuerzas dispuestas a luchar por el derrocamiento del Poder Soviético: en el extranjero, los imperialistas de la Entente, y, dentro de Rusia, la contrarrevolución.

Ninguna de estas dos fuerzas contaba con elementos suficientes para lanzarse por sí solas a conseguir el objetivo apetecido. La contrarrevolución interior disponía de algunos cuadros militares, así como también de cierta cantidad de hombres, reclutados principalmente entre los cosacos acomodados y los kulaks, con los que necesitaba contar para desencadenar la insurrección contra el Poder Soviético. Pero carecía de dinero y de armas. En cambio, los imperialistas extranjeros tenían dinero y armas, pero no podían "asignar" a la intervención la cantidad necesaria de tropas, no sólo porque las necesitaban para hacer la guerra contra Alemania y Austria, sino porque, además, estas tropas podían resultar poco seguras para la lucha contra el Poder Soviético.

Las condiciones de lucha contra los Soviets imponían la unificación de ambas fuerzas antisoviéticas, las del extranjero y las del interior. Y esta unificación se llevó a cabo, en efecto, en la primera mitad del año 1918.

Así fue cómo se forjó la intervención armada extranjera contra el Poder Soviético, apoyada por las sediciones contrarrevolucionarias de los enemigos de los Soviets dentro de Rusia.

Con esto, terminaba la tregua y comenzaba la guerra civil en Rusia, la guerra de los obreros y campesinos de los pueblos de Rusia contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético.

Los imperialistas de Inglaterra, Francia, el Japón y los Estados Unidos comenzaron su intervención militar sin previa declaración de guerra, a pesar de que esta intervención no era sino una guerra desencadenada contra Rusia, y una guerra, además, de la peor especie. Estos bandoleros "civilizados" extendieron su zarpa y desembarcaron sus tropas en el territorio ruso subrepticiamente, como unos rateros.

Las tropas anglofrancesas desembarcaron en el Norte de Rusia, ocuparon Arjanguelsk y Murmansk, apoyando a la sublevación de guardias blancos organizada en este región, derribaron el Poder de los Soviets y crearon el llamado "gobierno del Norte de Rusia", gobierno faccioso de guardias blancos.

Las tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok, se apoderaron de la provincia marítima, disolvieron los Soviets y apoyaron a los guardias blancos facciosos, que después se encargaron de restaurar el régimen burgués.

En el Cáucaso del Norte, los generales Kornilov, Alexeiev y Denikin, apoyados por los ingleses y los franceses, organizaron un "ejército voluntario" de guardias blancos, desencadenaron una sublevación de cosacos ricos y abrieron la campaña contra los Soviets.

En la región del Don, los generales Krasnov y Mármontov, apoyados secretamente por los imperialistas alemanes (el tratado de paz entre Alemania y Rusia les impedía prestarles un apoyo franco), desencadenaron la sublevación de los cosacos del Don, ocuparon la región bañada por este río y abrieron también la campaña contra los Soviets.

En la región central del Volga y en Siberia los anglofranceses intrigaron para organizar la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco. Este cuerpo de ejército, compuesto por prisioneros de guerra, había sido autorizado por el Gobierno Soviético para regresar a su país por Siberia y el Extremo Oriente. Por el camino, los socialrevolucionarios y los ingleses y franceses le indujeron a sublevarse contra el Poder Soviético. La sublevación de este cuerpo de ejército fue la señal para el alzamiento sedicioso de los "kulaks" del Volga y de Siberia y de los obreros de las fábricas de Votkinsk e Izhevsk influenciados por los socialrevolucionarios. En la región del Volga fue instaurado un gobierno de guardias blancos y socialrevolucionarios, con residencia en Samara. En Omsk, se estableció el gobierno de los guardias blancos de Siberia.

Alemania no tomó ni podía tomar parte en esta campaña de intervención del bloque anglo-francés-japonés-norteamericano, entre otras cosas, por la sencilla razón de que se hallaba en guerra contra este bloque. Pero, a pesar de esto y de la existencia de un tratado de paz entre Alemania y Rusia, ningún bolshevique abrigaba la menor duda de que el gobierno alemán del káiser era un enemigo tan feroz del País Soviético como los intervencionistas ingleses, franceses, japoneses y norteamericanos. Y, en efecto, los imperialistas alemanes hicieron lo posible y lo imposible por aislar, quebrantar y hundir al País de los Soviets. Separaron a Ucrania de la Rusia Soviética -cierto es que a base de un "tratado" con la Rada ucraniana-, introdujeron sus tropas en Ucrania, a petición de la Rada ucraniana de los guardias blancos, y comenzaron a saquear y oprimir ferozmente al pueblo ucraniano, prohibiéndole mantener el menor el menor contacto con la Rusia Soviética. Separaron de ésta a la Transcaucasia, introdujeron en su territorio, a petición de los nacionalistas georgianos y azerbaidzhanos, tropas alemanas y turcas, empezaron a mandar como amos y señores en Tiflis y en Bakú, y ayudaron por todos los medios, aunque por debajo de cuerda, ciertamente, con armas y provisiones al general Krasnov, sublevado en el Don contra el Poder Soviético.

La Rusia Soviética veíase, de este modo, aislada de las regiones que eran sus fuentes básicas de abastecimiento, de materias primas y de combustibles.

La vida en la Rusia Soviética, durante este periodo, fue terriblemente dura. Escaseaba el pan. Escaseaba la carne. El hambre atenaceaba a los obreros. Los obreros de Moscú y Petrogrado recibían una ración de un octavo de libra de pan cada dos días. Había días en que no se repartía ni un pedazo de pan. Las fábricas estaban paradas o trabajaban muy poco tiempo, pues no había materias primas ni combustible. Pero la clase obrera no se amilanaba, ni se amilanaba tampoco el Partido bolshevique. Las increíbles dificultades de este periodo y la lucha desesperada contra ellas revelaron cuán inagotables son las energías que atesora la clase obrera y cuán grande e inconmensurable es la fuerza de la autoridad del Partido bolshevique.

El Partido proclamó al país un campamento de guerra y reconstruyó su vida económica, política y cultural en consonancia con esto. El Gobierno Soviético declaró que "la patria socialista estaba en peligro" y llamó al pueblo a la defensa revolucionaria. Lenin lanzó la consigna de "¡Todo para el frente!", y cientos de miles de obreros y campesinos se enrolaron como voluntarios en el Ejército Rojo y se fueron al frente. Cerca de la mitad del total de afiliados al Partido y a las Juventudes Comunistas marcharon a ocupar su puesto en los frentes de lucha. El Partido puso al pueblo en pie para la guerra de salvación de la Patria contra la invasión de las tropas de los intervencionistas extranjeros y contra la sublevación de las clases explotadoras derrocadas por la revolución. El Consejo de la Defensa obrera y campesina, organizado por Lenin, dirigía el envío de hombres, víveres, equipos y armas a los frentes. El paso del sistema del voluntariado al servicio militar obligatorio llevó a las filas del Ejército Rojo a centenares de miles de hombres de refuerzo, y en poco tiempo el Ejército Rojo se convirtió en un ejército de un millón de combatientes.

A pesar de la durísima situación del país y de la juventud del Ejército Rojo, que no había logrado fortalecerse todavía, las medidas de defensa adoptadas no tardaron en acarrear los primeros éxitos. El general Krasnov fue repelido de Tsaritsin, cuya toma daba por segura, y rechazado más allá del Don. Las andanzas del general Denikin quedaron localizadas dentro de una región reducida del Cáucaso Norte, y el general Kornilov fue muerto en combate contra el Ejército Rijo. Los checoslovacos y las bandas de socialrevolucionarios y guardias blancos fueron desalojados de Kazán, Simbirsk y Samara y arrojados a los Urales. La sublevación del guardia blanco Savinkov en Yaroslavl, organizada por el jefe de la Misión inglesa en Moscú, Lockhart, fue aplastada y Lockhart detenido. Los socialrevolucionarios, que habían asesinado a los camaradas Uritski y Volodarski y perpetrado el atentado criminal contra la vida de Lenin, fueron sometidos al terror rojo en respuesta al terror blanco desencadenado por ellos contra los bolsheviques, siendo aplastados en todos los puntos más a menos importantes de la Rusia central.

En estos combates contra los enemigos se templó y se hizo fuerte y vigoroso el joven Ejército Rojo.

Los comisarios comunistas que actuaron durante este periodo en el Ejército Rojo desempeñaron un papel decisivo en la obra de fortalecimiento del Ejército, en la obra de su educación política, en la obra de reforzamiento de su capacidad combativa y de su disciplina.

Pero el Partido bolshevique comprendía que esto éxitos del Ejército Rojo no resolvían el problema, que no eran más que los éxitos iniciales. Comprendía que le aguardaban nuevos combates, aun más encarnizados, y que el país sólo podría recobrar las regiones perdidas, que eran sus fuentes de abastecimiento de materias primas y de combustible, a fuerza de una larga y dura lucha contra sus enemigos. Por eso, los bolsheviques comenzaron a prepararse intensivamente para una larga guerra y decidieron poner a toda la retaguardia al servicio del frente. El Gobierno Soviético implantó el comunismo de guerra. El Poder de los Soviets puso bajo su control, además de la gran industria, la industria pequeña y mediana, con el fin de acumular los artículos de primera necesidad para abastecer de ellos al ejército y al campo. Implantó el monopolio del comercio del trigo, prohibió el comercio privado de cereales e introdujo el sistema de la contingentación de productos agrícolas, con objeto de movilizar todo el sobrante de los productos recolectados por los campesinos, formar un stock de trigo y abastecer de víveres al Ejército y a los obreros. Finalmente, implantó el trabajo obligatorio, extensivo a todas las clases de la población. Esta incorporación de la burguesía al trabajo físico obligatorio permitía utilizar a los obreros para otros trabajos más importantes con vistas al frente, y con ella el Partido ponía en práctica el principio de "el que no trabaja, no come".

Todo este sistema de medidas impuestas por las condiciones extraordinariamente difíciles en que había que organizar la defensa del país, tenía carácter provisional y se englobaba bajo el nombre de comunismo de guerra.

El país se preparaba para una larga y dura guerra civil contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético. A fines del año 1918, hubo necesidad de triplicar el contingente del ejército. Este ejército exigía que se acumulasen los medios necesarios para abastecerlo.

He aquí cómo se expresaba Lenin, por aquellos días:

"Hemos decidido tener un ejército de un millón de hombres para la primavera; ahora, necesitamos un ejército de tres millones de hombres. Podemos tener este ejército y lo tendremos".





2.

Derrota militar de Alemania.





Mientras el País Soviético se preparaba para nuevos combates contra los intervencionistas extranjeros, en el Occidente, en la retaguardia y en los frentes de los países beligerantes, producíanse acontecimiento decisivos. Alemania y Austria iban quedándose exhaustas entre los tormentos de la guerra y de la crisis de subsistencias. Mientras Inglaterra, Francia y los Estados Unidos movilizaban nuevos y nuevas reservas, Alemania y Austria estrujaron las últimas y exiguas reservas de que podían disponer. Tal como estaba la cosa, Alemania y Austria, agotadas hasta más no poder, tenían que ser derrotadas sin tardanza.

Entretanto, iba fermentando dentro de estos países la indignación del pueblo contra aquella guerra interminable y aniquiladora y contra los gobiernos imperialistas de estos países que habían llevado al pueblo al agotamiento y al hambre. También aquí se revelaba la formidable influencia revolucionaria de la Revolución de Octubre, de actos de confraternización entre los soldados soviéticos y los soldados austro-alemanes en el frente ya antes de la paz de Brest-Litovsk y, después de ésta, la influencia de la misma cesación de la guerra contra la Rusia Soviética y de la paz concertada con ella. El ejemplo de Rusia, donde el pueblo había logrado poner fin a la guerra mediante el derrocamiento de su gobierno imperialista, no podía menos de servir de enseñanza a los obreros austro-alemanes. Y los soldados alemanes del frente oriental que habían sido desplazados al frente occidental, después de la paz de Brest, tenían forzosamente que contribuir a descomponer el ejército alemán, destacado allí con sus relatos acerca de los actos de confraternización con los soldados soviéticos y acerca del modo cómo éstos habían sabido desembarazarse de la guerra. En cuanto al ejército austriaco, había comenzado a descomponerse ya antes que el alemán, como resultado de las mismas causas.

Todas estas circunstancias contribuyeron a acrecentar en las tropas alemanas el anhelo de paz, a hacer que no diesen ya pruebas de la misma combatividad de antes y a que comenzasen a retroceder ante el empuje de las tropas de la Entente; en el interior de Alemania, estalló, en noviembre de 1918, la revolución, derribando al káiser y a su gobierno.

Alemania vióse obligada a reconocer su derrota y a pedir la paz a la Entente.

De este modo, Alemania, potencia de primer rango, quedaba reducida de pronto a la situación de una potencia de segundo orden.

Desde el punto de vista de la situación del Poder Soviético, este hecho ejerció cierta influencia negativa, ya que convertía a los Estados de la Entente, organizadores de la intervención contra el Poder Soviético, en la fuerza dominante de Europa y Asia, dándoles la posibilidad de acentuar la intervención y de organizar el bloqueo del País Soviético, apretando todavía más las mallas en torno al Poder de los Soviets. Y esto fue, en efecto, lo que ocurrió, como veremos adelante. Pero, por otra parte, tenía una importancia positiva aun más considerable, ya que venía a aliviar radicalmente la situación del país de los Soviets. En primer lugar, daba al Poder Soviético la posibilidad de anular el tratado bandidesco de paz de Brest-Litovsk, de poner fin a los pagos que le habían sido impuestos a título de indemnizaciones y de desplegar una lucha abierta, en el terreno militar y político, por liberar a Estonia, a Letonia, a Bielorrusia, Lituania, Ucrania y Transcaucasia del yugo del imperialismo alemán. En segundo lugar -y esto era lo más importante-, la existencia en el centro de Europa, en Alemania, de un régimen republicano y de Soviets de diputados obreros y soldados, tenía necesariamente que repercutir de un modo revolucionario, como en efecto repercutió, en los países de Europa, circunstancia que no podía dejar de fortalecer la situación del Poder Soviético en Rusia. Es cierto que la revolución alemana no era una revolución socialista, sino una revolución burguesa, y que los Soviets en Alemania servían de dócil instrumento al Parlamento de la burguesía, ya que su dirección estaba en manos de los socialdemócratas, que eran oportunistas de la calaña de los mensheviques rusos, circunstancia que explica, especialmente, la debilidad de aquella revolución. Cuán débil era la revolución en Alemania lo demuestra un solo hecho: el que permitiese que fuesen impunemente asesinados por los guardias blancos alemanes unos revolucionarios tan prestigiosos como Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht. Pero, con todo, era una revolución; el káiser había sido derribado del trono; los obreros rompieron sus cadenas y, aunque no se hubiese conseguido otra cosa, esto tenía necesariamente que fomentar la revolución en el Occidente, no podía dejar de provocar el auge de la revolución en los países europeos.

La revolución comenzó a avanzar en Europa. En Austria, venía desarrollándose el movimiento revolucionario. En Hungría, fue proclamada la República de los Soviets. La oleada revolucionaria hizo aparecer a los Partidos Comunistas en Europa.

Esto creó una base real para la unificación de los Partidos Comunistas en la Tercera Internacional, en la Internacional Comunista.

En marzo de 1919, en Moscú, en el primer Congreso de los Partidos Comunistas de varios países, a iniciativa de Lenin y de los bolsheviques, fue fundada la Internacional Comunista. Y aunque el bloqueo y las persecuciones de los imperialistas impidieron a muchos delegados llegar a Moscú, tomaron parte en este primer Congreso representantes de los más importantes países de Europa y América. El Congreso fue dirigido por Lenin.

En su informe sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, Lenin puso de manifiesto la significación del Poder Soviético, como la auténtica democracia para los trabajadores. El Congreso aprobó el Manifiesto dirigido al proletariado internacional, en el que se hacía un llamamiento a la lucha resuelta por la dictadura del proletariado y por el triunfo de los Soviets en todos los países.

En este Congreso se eligió el Comité Ejecutivo de la Comintern (C.E. de la I.C.), órgano ejecutivo de la Tercera Internacional o Internacional Comunista.

Así fue fundada esta organización proletaria revolucionaria internacional de nuevo tipo, la Internacional Comunista, la Internacional marxista-leninista.

En una situación formada por circunstancia contradictorias, en la que se reforzaba el bloque reaccionario de Estados de la Entente contra el Poder Soviético, de una parte, y, de otra, se acentuaba el auge revolucionario en Europa, principalmente en los países que habían salido derrotados de la guerra, circunstancia que aliviaba considerablemente la situación del País Soviético, se reunió, en marzo de 1919, el VIII Congreso del Partido bolshevique.

En este Congreso tomaron parte 301 delegados con voz y voto, representando a 313.766 afiliados. Había, además, 102 delegados con voz, pero sin derecho a votar.

Lenin consagró las primeras palabras de su discurso de apertura a la memoria de I. M. Sverdlov, uno de los mejores organizadores del Partido bolshevique, muerto en vísperas de la apertura del Congreso.

En este Congreso fue aprobado el nuevo programa del Partido. En él se define lo que es el capitalismo y su fase culminante, el imperialismo. Se comparan los dos sistemas de Estado: el sistema de la democracia burguesa y el sistema soviético. Se señalan minuciosamente las tareas concretas del Partido en su lucha por el socialismo: llevar hasta el final la expropiación de la burguesía, organizar la Economía del país con arreglo a un plan socialista único, hacer que los sindicatos intervengan en la organización de la Economía nacional, implantar la disciplina socialista del trabajo, utilizar a los técnicos en la Economía Nacional bajo el control de los órganos soviéticos, incorporar gradualmente, y con arreglo a un plan, a los campesinos medios a la labor de la edificación socialista.

El VIII Congreso aprobó la propuesta de Lenin de incluir en el programa, a la par que la definición del imperialismo como etapa culminante del capitalismo, la descripción del capitalismo industrial y del régimen de producción simple de mercancías, que figuraba en el viejo programa aprobado ya en el II Congreso del Partido. Lenin consideraba necesario que fuese tenida en cuenta, en el programa, la complejidad de la Economía rusa y se señalase la existencia, en el país, de diversas formaciones económicas, incluyendo entre ellas el régimen de pequeña propiedad de mercancías, cuyo exponente era el campesino medio. Por eso, al discutirse el programa, intervino enérgicamente contra las ideas antibolsheviques de Bujarin, que proponía eliminar de él los puntos en que se hablaba del capitalismo, de la pequeña producción de mercancías y del régimen económico del campesino medio. Las ideas de Bujarin representaban la negación menshevique-trotskista de la importancia del campesino medio para la edificación soviética. Al mismo tiempo, Bujarin esfumaba el hecho de que era el régimen de pequeña producción de mercancías de los campesinos el que engendra y fomenta el desarrollo de los elementos "kulaks".

Lenin salió también al paso de las ideas antibolsheviques de Bujarin y Piatakov sobre el problema nacional. Estos manifestáronse en contra de que se incluyese en el programa el punto en que se reconoce el derecho de autodeterminación de las naciones y se pronunciaron contra la igualdad de derechos de los pueblos, bajo el pretexto de que esta consigna estorbaba, según ellos, al triunfo de la revolución proletaria y entorpecía la unificación de los proletarios de diversas nacionalidades. Lenin echó por tierra estas funestísimas concepciones absorbentes y chovinistas de Bujarin y Piatakov.

En los trabajos del VIII Congreso del Partido, ocupó un lugar importante el problema de la actitud que debía adoptarse ante los campesinos medios. Como resultado del célebre decreto sobre la tierra, la aldea se convertía cada vez más en aldea de campesinos medios. Ahora, éstos formaban la mayoría dentro de la población campesina. El estado de espíritu y la conducta de los campesinos medios, vacilantes entre la burguesía y el proletariado, tenían una importancia grandísima para la suerte de la guerra civil y de la edificación socialista. El desenlace de la guerra civil dependía, en buena parte, del lado a que se inclinase el campesino medio, de la clase que supiese atraérselo, de que esta clase fuese el proletariado o la burguesía. Si los checoslovacos, los guardias blancos, los kulaks, los socialrevolucionarios y los mensheviques lograron derribar el Poder Soviético en la región del Volga, en el verano de 1918, fue porque contaron con el apoyo de una parte considerable de los campesinos medios. Y lo mismo ocurrió en las sublevaciones organizadas por los kulaks en la Rusia central. Pero, a partir de otoño de 1918, el estado de espíritu de las masas de campesinos medios comenzó a orientarse resueltamente hacia el Poder Soviético. Los campesinos veían que el triunfo de los blancos conducía a la restauración del poder de los terratenientes, con su secuela de despojos de tierras, saqueos, torturas y apaleamientos de campesinos. A este cambio operado en cuanto al modo de pensar de los campesinos contribuyó también la actuación de los Comités de campesinos pobres, que aplastó a los kulaks. En relación con esto, Lenin lanzó, en noviembre de 1918, esta consigna:

"Saber llegar a un acuerdo con los campesinos medios, sin cejar ni un minuto en la lucha contra los kulaks y tomando como sólido punto de apoyo solamente a los campesinos pobres" (Lenin, t. XXIII, pág. 294, ed. rusa).

Cierto es que las vacilaciones existentes entre los campesinos medios no cesaron totalmente, pero este sector de la población campesina se acercó más al Poder Soviético y comenzó a prestarle un apoyo más firme. A ello contribuyó, en buena parte, la política con respecto al campesino medio trazada en el VIII Congreso del Partido.

El VIII Congreso marcó un viraje en la política del Partido con respecto a los campesinos medios. En el informe de Lenin y en los acuerdos del Congreso, se señaló la nueva línea del Partido ante este problema. El Congreso exigió que las organizaciones del Partido y todos los comunistas estableciesen una rigurosa diferencia y separación entre los campesinos medios y los kulaks, tratando de atraer a los primeros al lado de la clase obrera mediante una política de atención solícita a sus necesidades. Había que lucha con el atraso de los campesinos medios por el método de la persuasión, pero en modo alguno con medidas de coacción y de violencia. Por eso, el Congreso trazó la norma de que, al implantar medidas socialistas en el campo (al crear las comunas y los artels agrícolas), no se permitiese la coacción. Siempre que resultasen afectados los intereses vitales de los campesinos medios, era necesario llegar a un acuerdo práctico con ellos y hacerles concesiones en cuanto a la fijación de los métodos de implantación de transformaciones socialistas. El Congreso acordó aplicar una política de una alianza sólida con los campesinos medios, pero manteniendo dentro de ella el papel dirigente del proletariado.

La nueva política de relaciones con los campesinos medios, preconizada por Lenin en el VIII Congreso, exigía que el proletariado se apoyase en los campesinos medios, mantuviese una sólida alianza con los campesinos medios y que luchase contra los kulaks. Hasta el VIII Congreso, el Partido había seguido, en general, la política de neutralizar a los campesinos medios. Es decir, que su objetivo era conseguir que el campesino medio no se pusiese del lado del kulak, del lado de la burguesía, en general. Pero ahora, esto ya no bastaba. El VIII Congreso pasó de la política de neutralización del campesino medio a la política de una sólida alianza con él para luchar contra la intervención de los guardias blancos y de las tropas extranjeras, así como para la construcción victoriosa del socialismo.

La línea trazada por el VIII Congreso respecto a la actitud que debía seguirse con las grandes masas campesinas, con los campesinos medios, tuvo una importancia decisiva en cuanto al desenlace victorioso de la guerra civil contra la intervención extranjera y los guardias blancos que le servían de auxiliares. En el otoño de 1919, cuando tuvieron que elegir entre el Poder Soviético y Denikin, los campesinos apoyaron a los Soviets, y la dictadura proletaria derrotó a su más peligroso enemigo.

En el VIII Congreso se planteó también, con caracteres especiales, el problema de la organización del Ejército Rojo. En este Congreso, se destacó la llamada "oposición militar", en la que aparecían encuadrados no pocos de los antiguos "comunistas de izquierda". Pero justamente con estos representantes del "comunismo de izquierda", ya liquidado, la "oposición militar" englobaba a militantes del Partido que jamás habían formado parte de ninguna oposición, pero que estaban descontentos con la dirección que Trotski daba al ejército. La mayoría de los delegados militares estaban marcadamente en contra de Trotski, en contra de su admiración por los técnicos militares procedentes del viejo ejército zarista, una parte de los cuales traicionó abiertamente al Poder Soviético en la guerra civil, en contra de la actitud arrogante y hostil de Trotski para con los viejos cuadros bolsheviques dentro del ejército. En el Congreso se adujeron ejemplos de la "práctica" con que Trotski había intentado fusilar a toda una serie de comunistas que ocupaban puestos responsables en el frente y que no le agradaban a él, haciendo con ello el juego al enemigo, y en que, sólo gracias a la intervención del Comité Central y a las protestas de los militantes activos del frente, se había conseguido evitar la muerte de estos camaradas.

Sin embargo, aunque luchando en contra del falseamiento de la política militar del Partido por Trotski, la "oposición militar" defendía concepciones falsas respecto a una serie de problemas de la organización del Ejército. Lenin y Stalin intervinieron resueltamente en contra de la "oposición militar", que defendía las supervivencias de las guerrillas dentro del Ejército y luchaba contra la creación de un Ejército Rojo regular, contra el empleo de los técnicos militares, contra esa disciplina férrea, sin la cual no puede existir un verdadero ejército. Saliendo al paso de la "oposición militar", el camarada Stalin exigía la creación de un ejército regular, penetrado del espíritu de la más severa disciplina.

"O creamos -decía el camarada Stalin- un verdadero ejército obrero-campesino, y predominantemente campesino, un ejército rigurosamente disciplinado y defenderemos la República, o pereceremos".

Pero al mismo tiempo que desechaba una serie de propuestas de la "oposición militar", el Congreso asestó un golpe contra Trotski, exigiendo que se mejorase la actuación de los organismos militares centrales y se reforzase el papel de los comunistas dentro del Ejército.

Como resultado de la labor de la comisión militar nombrada por el Congreso, se logró que en éste recayese un acuerdo unánime sobre el problema militar.

Los acuerdos del VIII Congreso sobre el problema militar sirvieron para fortalecer al Ejército Rojo y estrechar todavía más sus lazos con el Partido.

El Congreso examinó, además, el problema de la organización del Partido y de los Soviets, el problema del papel dirigente del Partido en la actuación de los Soviets. En la discusión de este problema, el Congreso hubo de rechazar la posición del grupo oportunista Sapronov-Osinski, que negaba el papel dirigente del Partido en la actuación de los Soviets.

Finalmente, en relación con la enorme afluencia de nuevos afiliados, el Congreso acordó mejorar la composición social del Partido y revisar los ingresos.

Era el paso hacia la primera depuración de las filas del Partido.





3.

Recrudece la intervención. - Bloqueo del País Soviético.





Después de derrotar a Alemania y a Austria, los Estados de la Entente decidieron lanzar grandes efectivos militares contra el País Soviético. Al retirarse las tropas alemanas, después de su derrota, de Ucrania y de Transcaucasia, vinieron a ocupar su puesto los anglofranceses, que enviaron su escuadra al Mar Negro y desembarcaron sus tropas en Odesa y en Transcaucasia. La conducta seguida por los intervencionistas de la Entente, en los territorios ocupados por ellos, era tan bestial, que llegaba a suprimir por las armas a grupos enteros de obreros y campesinos. Después de ocupar el Turquestán, el salvajismo de los invasores les llevó a apresar y conducir al Transcaspio a 26 dirigentes bolsheviques de Bakú, los camaradas Shaumián, Fioletov, Dzhaparidse, Malyguin, Asisbekov, Korganov y otros, asesinándoles bestialmente, con ayuda de los socialrevolucionarios.

Algún tiempo después, los intervencionistas declararon el bloqueo de Rusia. Quedaron cortadas todas las comunicaciones marítimas y de otro género con el mundo exterior.

Con ello, el País Soviético veíase cercado casi por todas partes.

La Entente cifraba sus principales esperanzas, por aquel entonces, en el almirante Kolchak, puesto por ella en Siberia, en Omsk. Kolchak fue proclamado "regente supremo de Rusia". Toda la contrarrevolución rusa se hallaba bajo su mando.

El frente oriental pasó a ser, por tanto, el frente principal de la guerra civil.

En la primavera de 1919, Kolchak, después de reunir un formidable ejército, se acercó casi hasta el Volga. Fueron lanzadas contra él las mejores fuerzas bolsheviques; los jóvenes comunistas y los obreros fueron movilizados. En abril de 1919, el Ejército Rojo infligió a Kolchak una seria derrota. Las tropas de Kolchak no tardaron en empezar a replegarse en todo el frente.

En el momento en que las operaciones ofensivas del Ejército Rojo en el frente oriental estaban en su apogeo, Trotski propuso un plan sospechoso: detenerse delante de los Urales, cesar en la persecución de los kolchakistas y lanzar las tropas desde el frente oriental al frente Sur. El C.C. del Partido, comprendiendo perfectamente bien que no era posible dejar los Urales y Siberia en manos de Kolchak, donde, con ayuda de los japoneses y de los ingleses, podría rehacerse y ponerse de nuevo en pie, rechazó aquel plan y dio instrucciones para proseguir la ofensiva. Trotski, desconforme con estas instrucciones, pidió que se le relevase de su puesto; pero el C.C. se negó a ello, obligándole, al mismo tiempo, a dejar de intervenir en la dirección de las operaciones del frente oriental. La ofensiva del Ejército Rojo contra Kolchak siguió desarrollándose con nuevo brío. El Ejército Rojo infligió a Kolchak una serie de nuevas derrotas y limpió de blancos los Urales y Siberia, donde el Ejército Rojo se hallaba apoyado por un potente movimiento de guerrilleros organizado en la retaguardia de los blancos.

En el verano de 1919, los imperialistas asignaron al general Yudenich, que se hallaba a la cabeza de la contrarrevolución en el frente noroeste (en la región del Báltico, cerca de Petrogrado), la misión de distraer al Ejército Rojo del frente oriental por medio de una ataque sobre Petrogrado. La guarnición de dos de los fuertes que defendían esta capital, trabajada por la agitación contrarrevolucionaria de los oficiales blancos, se sublevó contra el Poder Soviético, y en el Estado Mayor del frente fue descubierto un complot contrarrevolucionario. El enemigo amenazaba a Petrogrado. Pero gracias a las medidas tomadas por el Poder Soviético con ayuda de los obreros y de los marinos, los fuertes amotinados fueron limpiados de blancos, las tropas de Yudenich derrotadas y su caudillo, arrojado a Estonia.

La derrota de Yudenich cerca de Petrogrado facilitó la lucha contra Kolchak. A fines de 1919, su ejército quedó definitivamente deshecho. Kolchak fue detenido y fusilado en Irkutsk, en ejecución de la sentencia dictada por el Comité Revolucionario.

Kolchak había sido, pues, liquidado.

En Siberia, corría en boca del pueblo esta copla burlesca sobre Kolchak:

"Uniforme inglés,
Correaje francés,
Tabaco japonés,
de Omsk el amo es.

El uniforme se ha gastado.
El correaje se ha chafado,
El tabaco se ha fumado,
Y el amo de Omsk se ha acabado".

En vista de que Kolchak había defraudado las esperanzas cifradas en él, los intervencionistas cambiaron su plan de agresión contra la República de los Soviets. Las tropas desembarcadas en Odesa debieron volver de nuevo a bordo de sus barcos, pues el contacto con las tropas de la República Soviética les contagiaba el espíritu revolucionario y ya comenzaban a sublevarse contra sus opresores imperialistas. Así, por ejemplo, en Odesa se sublevaron los marinos franceses, bajo la dirección de André Marty. Todo esto contribuyó a que, después de aplastado Kolchak, la Entente concentrase la tención en el general Denikin, compañero de armas de Kornilov y organizador del "ejército voluntario". Denikin operaba contra el Poder Soviético, por aquel entonces, en el sur, en la región de Kubán. La Entente pertrechó a su ejército con una gran cantidad de armas y municiones y lo puso en marcha hacia el Norte contra el Poder de los Soviets.

Por tanto, el frente Sur pasaba a ser el frente principal de la guerra civil.

Denikin comenzó su gran campaña contra el Poder Soviético en el verano de 1919. Trotski echó por tierra el trabajo realizado en el frente sur, y las tropas soviéticas sufrieron una derrota tras otra. A mediados de octubre, los blancos eran dueños de toda Ucrania, habían tomado Orel y se acercaban a Tula, que era el centro que abastecía al Ejército Rojo de cartuchos, fusiles y ametralladoras. Los blancos se aproximaban a Moscú. La situación de la República de los Soviets era muy apurada. El Partido dio el grito de alarma y llamó al pueblo a al resistencia. Lenin lanzó la consigna de "¡Todos a lucha contra Denikin!". Los obreros y los campesinos, respondiendo a la inspiración de los bolsheviques, pusieron en tensión todas sus fuerzas para aplastar al enemigo.

Con objeto de organizar el aplastamiento de Denikin, el Comité Central del Partido envió al frente Sur a los camaradas Stalin, Voroshilov, Ordzhonikidse y Budiony. Trotski fue separado de la dirección de las operaciones del Ejército Rojo en el Sur. Antes de la llegada del camarada Stalin, el mando del frente Sur, de acuerdo con Trotski, había preparado un plan, según el cual el ataque principal contra Denikin se haría desde Tsaritsin sobre Novorosisk, a través de las estepas del Don, donde el Ejército Rojo habría tenido que marchar por un terreno completamente impracticable y atravesar regiones pobladas de cosacos, una parte considerable de los cuales se hallaba, por entonces, bajo la influencia de los guardias blancos. El camarada Stalin sometió este plan a una crítica tajante y propuso al Comité Central otro concebido por él para aplastar a Denikin, en que el ataque principal seguiría la línea Jarkov-Cuenca del Donetz-Rostov. Este plan aseguraba una marcha rápida de las tropas del Ejército Rojo contra Denikin, pues en él se preveía el paso del Ejército Rojo por regiones obreras y campesinas, es decir, por territorios en que la población simpatizaba manifiestamente con las tropas soviéticas. Además, la rica red de ferrocarriles con que contaba esta región permitía abastecer al Ejército Rojo con regularidad de todos los elementos necesarios. Finalmente, este plan ofrecía la posibilidad de liberar la Cuenca del Donetz, asegurando para el país al aprovisionamiento de combustible.

El Comité Central aprobó el plan del camarada Stalin. En la segunda quincena de octubre de 1919, después de una encarnizada resistencia, Denikin fue derrotado por el Ejército Rojo en los combates decisivos que se libraron cerca de Orel y de Voronezh. Denikin comenzó a replegarse a toda prisa, y luego se dirigió precipitadamente hacia el Sur, perseguido por las tropas soviéticas. A comienzo de 1920, habían sido rescatados del poder de los blancos toda Ucrania y el Cáucaso Norte.

Mientras se libraban aquellos combates decisivos en el frente Sur, los imperialistas volvieron a lanzar el cuerpo de ejército de Yudenich sobre Petrogrado, con el fin de distraer del frente Sur fuerzas del Ejército Rojo y de aliviar la situación de las tropas de Denikin. Los blancos llegaron hasta las mismas puertas de Petrogrado. El heroico proletariado de la capital formó con sus pechos una muralla para defe